Revolución de la Dialéctica



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EL ESFUERZO


Para experimentar la Verdad no se necesita esfuerzo alguno. La gente está acostumbrada a esforzarse en todo y supone, equivocadamente, que es imposible experimentar la Verdad sin esfuerzo.

Podemos necesitar esfuerzo para ganarnos el pan de cada día o para jugar un partido de fútbol, o para cargar un fardo bien pesado, pero es absurdo creer que sea necesario el esfuerzo para experimentar eso que es la Verdad.

La comprensión reemplaza al esfuerzo cuando se trata de comprender la verdad escondida íntimamente en el fondo secreto de cada problema.

No necesitamos esfuerzo alguno para comprender todos y cada uno de los defectos que llevamos escondidos en los distintos terrenos de la mente.

No necesitamos esfuerzo para comprender que la envidia es uno de los más potentes resortes de la máquina social. ¿Por qué quieren muchas gentes progresar? ¿Por qué quieren muchas personas tener hermosas residencias y coches elegantísimos? Todo el mundo envidia lo ajeno, la envidia es pesar por el bien ajeno.

Las mujeres elegantes son envidiadas por otras mujeres menos elegantes y esto sirve para intensificar la lucha y el dolor. Las que no tienen quieren tener y hasta dejan de comer para comprar ropa y adornos de toda especie con el único propósito de no ser menos que nadie.

Todo paladín de una gran causa es odiado mortalmente por los envidiosos. La envidia del impotente, del vencido, del mezquino, se disfraza con la toga del juez o con la túnica de la santidad y de la maestría, o con el sofisma de que se aplaude, o con la belleza de la humildad.

Si comprendemos en forma íntegra que somos envidiosos, es lógico que la envidia entonces termina y en su lugar aparece la estrella que se alegra y resplandece por el bien ajeno.

Existen gentes que quieren dejar de ser codiciosas pero codician no ser codiciosas, he ahí una forma de codicia.

Existen hombres que se esfuerzan por conseguir la virtud de la castidad, pero cuando ven en la calle una muchacha bonita le echan algunos bonitos piropos, y si la muchacha es amiga, no pueden menos que agasajarla, decirle bellas palabras, admirarla, alabarle sus bellas cualidades, etc. El trasfondo de toda esa coquetería se encuentra en los resortes secretos de la lujuria subconsciente, tenebrosa y sumergida.

Cuando comprendemos sin esfuerzo alguno todos los juegos de la lujuria, ésta se aniquila y nace en su lugar la inmaculada flor de la castidad.

No es con esfuerzo alguno como podemos adquirir esas virtudes. El yo se robustece cuando se esfuerza por adquirir virtudes. Al yo le encantan las condecoraciones, las medallas, los títulos, los honores, las virtudes, las bellas cualidades, etc.

Cuentan las tradiciones griegas que Aristipo, el filósofo, queriendo demostrar su sabiduría y modestia, se vistió con una vieja túnica llena de remiendos y agujeros, empuñó el báculo de la filosofía y se fue por las calles de Atenas. Cuando Sócrates le vio llegar a su casa exclamó: ¡Oh, Aristipo, se ve tu vanidad a través de los agujeros de tu vestidura!.

Los pedantes, los vanidosos, los orgullosos, creyéndose muy humildes, se visten con la túnica de Aristipo. La humildad es una flor muy exótica, quien presuma de humilde está lleno de orgullo.

En la vida práctica hacemos muchos esfuerzos inútiles cada vez que un nuevo problema nos atormenta. Apelamos al esfuerzo para solucionarlo, luchamos y sufrimos, pero entonces, lo único que conseguimos es hacer locuras y complicar más y más la existencia.

Los desilusionados, los desencantados, aquellos que ya ni siquiera quieren pensar, aquellos que no pudieron resolver un problema vital, encuentran la solución cuando su mente está serena y tranquila, cuando ya no tenían esperanza alguna.

Ninguna verdad se puede comprender por medio del esfuerzo. La verdad viene como ladrón en la noche, cuando menos se le espera.

Las extra-percepciones sensoriales durante la meditación, la iluminación, la solución de algún problema, sólo son posibles cuando no existe ningún tipo de esfuerzo consciente o subconsciente, cuando la mente no se esfuerza en ser más de lo que es.

El orgullo también se disfraza de sublime, la mente se esfuerza por ser algo más de lo que es. La mente, serena como un lago, puede experimentar la Verdad, pero cuando la mente quiere ser algo más, está en tensión, está en lucha y entonces la experiencia de la Verdad se hace imposible.

No debemos confundir la Verdad con las opiniones. Muchos opinan que la Verdad es esto o aquello, o que la Verdad es tal o cual libro, o tal o cual creencia o idea, etc.

Quien quiera experimentar la Verdad no debe confundir las creencias, ideas, opiniones y teorías con eso que es la Verdad.

Debemos experimentar la Verdad en forma directa, práctica y real; esto sólo es posible en la quietud y silencio de la mente, y esto se logra por medio de la meditación.

Vivenciar la Verdad es lo fundamental. No es por medio del esfuerzo como podemos experimentar la Verdad. La Verdad no es el resultado, la Verdad no es el producto del esfuerzo. La Verdad adviene a nosotros por medio de la comprensión profunda.

Necesitamos esfuerzo para trabajar en la Gran Obra, esfuerzo para transmutar nuestras energías creadoras, esfuerzo para vivir, luchar y recorrer el camino de la Revolución Integral, pero no necesitamos esfuerzo para comprender la Verdad.


LA ESCLAVITUD PSICOLÓGICA


No cabe la menor duda de que estamos al borde de una tercera conflagración mundial y por eso hemos escrito este libro titulado «La Revolución de la Dialéctica».

Los tiempos han cambiado y estamos iniciando una nueva Era entre el augusto tronar del pensamiento. Ahora se necesita una Ética revolucionaria basada en una Psicología revolucionaria.

Sin una ética de fondo, las mejores fórmulas sociales y económicas quedan reducidas a polvo. Es imposible que el individuo se transforme si no se preocupa por la disolución del yo.

La esclavitud psicológica destruye la convivencia. Depender psicológicamente de alguien es esclavitud. Si nuestra manera de pensar, sentir y obrar, depende de la manera de pensar, sentir y obrar de aquellas personas que conviven con nosotros, entonces estamos esclavizados.

Constantemente recibimos cartas de muchas gentes deseosas de disolver el yo, pero se quejan de la mujer, de los hijos, del hermano, de la familia, del marido, del patrón, etc. Esas gentes exigen condiciones para disolver el yo, quieren comodidades para aniquilar el ego, reclaman magnífica conducta de aquellos que con ellos conviven.

Lo más chistoso de todo esto es que esas pobres gentes buscan diversas evasivas, quieren huir, abandonar su hogar, su trabajo, etc., dizque para realizarse a fondo.

Pobres gentes..., sus adorados tormentos son sus amos, naturalmente. Estas gentes no han aprendido a ser libres, su conducta depende de la conducta ajena.

Si queremos seguir la senda de la castidad y aspiramos a que primero la mujer sea casta, entonces estamos fracasados. Si queremos dejar de ser borrachos pero nos apenamos cuando nos ofrecen la copa por aquello del qué dirán, o porque se puedan enojar nuestros amigos, entonces jamás dejaremos de ser borrachos.

Si queremos dejar de ser corajudos, irascibles, iracundos, furiosos, pero como primera condición exigimos que aquellos que conviven con nosotros sean dulces y serenos y que no hagan nada que nos moleste, entonces sí estamos bien fracasados porque ellos no son santos y en cualquier momento acabarán con nuestras buenas intenciones.

Si queremos disolver el yo necesitamos ser libres. Quien dependa de la conducta ajena no podrá disolver el yo. Nuestra conducta debe ser propia y no debe depender de nadie. Nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, deben fluir independientemente desde adentro hacia afuera.

Las peores dificultades nos ofrecen las mejores oportunidades. En el pasado existieron sabios rodeados de toda clase de comodidades y sin dificultades de ninguna especie. Esos sabios, queriendo aniquilar el yo, tuvieron que crearse a sí mismos situaciones difíciles.

En las situaciones difíciles tenemos oportunidades formidables para estudiar nuestros impulsos internos y externos, nuestros pensamientos, sentimientos, acciones, nuestras reacciones, voliciones, etc.

La convivencia es un espejo de cuerpo entero donde podemos vernos tal como somos y no como aparentemente somos. Es una maravilla la convivencia, si estamos bien atentos, podemos descubrir a cada instante nuestros más secretos defectos, ellos afloran, saltan fuera cuando menos lo esperamos.

Hemos conocido muchas personas que dicen: Yo ya no tengo ira, y a la menor provocación truenan y relampaguean. Otros dicen: Yo ya no tengo celos, pero basta una sonrisa del cónyuge o la cónyuge a cualquier buen vecino, para que sus rostros estén verdes de celos.

Las gentes protestan por las dificultades que les ofrece la convivencia. No quieren darse cuenta de que esas dificultades, precisamente, les están brindando todas las oportunidades necesarias para la disolución del yo. La convivencia es una escuela formidable, el libro de esa escuela consta de muchos tomos, el libro de esa escuela es el yo.

Necesitamos ser libres de verdad si es que realmente queremos disolver el yo. No es libre quien depende de la conducta ajena. Sólo aquél que se hace libre de verdad sabe lo que es el amor. El esclavo no sabe lo que es el verdadero amor. Si somos esclavos de pensar, sentir y hacer de los demás, jamás sabremos lo que es amor.

El amor nace en nosotros cuando acabamos con la esclavitud psicológica. Necesitamos comprender muy profundamente, y en todos los terrenos de la mente, todo ese complicado mecanismo de la esclavitud psicológica.

Existen muchas formas de esclavitud psicológica. Es necesario estudiar todas esas formas si es que realmente queremos disolver el yo.

Existe esclavitud psicológica no sólo en lo interno, sino también en lo externo. Existe la esclavitud íntima, la secreta, la oculta, de la que no sospechamos ni siquiera remotamente.

El esclavo cree que ama, cuando en verdad sólo está temiendo. El esclavo no sabe lo que es el verdadero amor.

La mujer que teme a su marido, cree que le adora cuando en verdad sólo le está temiendo. El marido que teme a su mujer, cree que la ama, cuando en realidad lo que sucede es que le teme. Puede temer que se vaya con otro, o que su carácter se torne agrio, o que se le niegue sexualmente, etc.

El trabajador que le teme al patrón, cree que le ama, que le respeta, que vela por sus intereses, etc. Ningún esclavo psicológico sabe lo que es amor, la esclavitud psicológica es incompatible con el amor.

Existen dos géneros de conducta: el primero es la que viene de afuera hacia adentro y el segundo es la que va de adentro hacia afuera. La primera es el resultado de la esclavitud psicológica y se produce por reacción: Nos pegan y pegamos, nos insultan y contestamos con groserías. El segundo tipo de conducta es el mejor, el de aquél que ya no es esclavo, el de aquél que ya nada tiene que ver con el pensar, sentir y hacer de los demás. Ese tipo de conducta es independiente, es conducta recta y justa. Si nos pegan, contestamos bendiciendo; si nos insultan, guardamos silencio; si quieren emborracharnos, no bebemos, aún cuando nuestros amigos se enojen, etc.

Ahora comprenderán nuestros lectores por qué la libertad psicológica trae eso que se llama amor.


LA PERSONALIDAD KALKIANA


Tenemos que hacernos cada vez más conscientes de la labor que estamos realizando. Es fundamental conocer la diferencia que hay entre el Movimiento Gnóstico y todas las demás organizaciones que hay por ahí, pseudo esotéricas y pseudo ocultistas, etc. Ante todo, tenemos que sabernos situar, centrar, si es que queremos comprender la labor que debemos realizar.

Si echamos una ojeada en general a las diversas escuelas que hay actualmente en el mundo, todas de tipo pseudo esotérico y pseudo ocultista, venimos muy fácilmente a descubrir su origen.

En alguna ocasión sucedió en Roma el caso de una monja que caía constantemente en trance hipnótico. Tenía ella su confesor y con él hubo de aclarar la causa causorum de esos trances fatales. Ante todo, el confesor logró saber que ella había tenido un amante y a pesar de estar enclaustrada, conservaba una fotografía del amante. El confesor se la hizo traer, de pronto, se dio cuenta éste, que con sólo mirar ella aquella figura, caía en trance. Resolvió aquel confesor asesorarse por un psicólogo y sometieron a la monja aquella a experimentos psíquicos. Entonces, se pudo evidenciar que no era la fotografía de aquel hombre la que la ponía en estado de trance, sino unas piedras muy brillantes que había en el marco de la foto.

Continuaron las investigaciones y muy pronto se pudo sacar, como consecuencia o corolario, que toda clase de objetos brillantes predisponen a los estados hipnóticos. Como resultado devino prácticamente toda una escuela. Se pudo verificar que, mediante los estados hipnóticos, sería posible modificar en alguna forma los estados psicológicos de los pacientes, y se resolvió, por ende, utilizar la hipnosis para curar pacientes o curar enfermos.

Nacieron así los famosos médicos hipnotistas. Fue entonces cuando hicieron su aparición en el mundo muchos secuaces de la Hipnología, de la Catalepsia, del Mediumnismo, etc. No está de más recordar con cierto énfasis a Richard Charcott, Luis Zea Uribe, César Lombroso, Camile Flamarión, etc.

Entre esa escuela de hipnotistas se distinguieron especialmente: un inglés cuyo nombre no recuerdo en estos precisos instantes y el famoso Charcott. En cuando al primero, tenía todas las propiedades del Hanasmussen; el otro, el segundón, no hay duda de que era el "nene de mamá", me refiero a Charcott. Sus experimentos fueron muy notables, pero como quiera que él era el "baby", el consentido de la familia, todo lo que él hiciera era una maravilla.

Bien, si hago mención de todos estos pasajes a grosso modo, y de experimentos de magnetismo, de hipnología, catalepsia, espiritiadera y cincuenta cosas más por el estilo, es con un solo propósito: hacerles ver a ustedes de dónde salieron las diversas escuelas de tipo pseudo esotérico y pseudo ocultista de esta negra edad del Kali Yuga.

Por aquellos tiempos de las señoritas Fox de Mirville, que lograban servir de instrumento para la materialización de la famosa Katie King, fantasma que duró materializándose tres años seguidos ante los ojos de los distintos científicos del mundo entero; por aquellos días de la Eusapia Paladino de Nápoles, en los que toda la Europa se agitó con los fenómenos psíquicos, fue cuando apareció el Teosofismo de tipo oriental. Y claro, ustedes lo saben, lo sabe todo aquel que haya visitado esas organizaciones, en dichas escuelas siempre hay una mezcla de espiritiadera con teorías de tipo indostánico. Nunca se vio libre el Teosofismo del fenómeno espiritista.

Cuando conocemos el origen de las diversas organizaciones que actualmente existen, no puede extrañarnos en forma alguna el que el Teosofismo se halle mezclado con algo de mediumnismo. Que se asusten los teósofos ante el Tantrismo es apenas normal, porque no es una escuela de tipo esotérico, sino pseudo-ocultista y nada más.

Incuestionablemente, de aquella escuela de hipnotistas tuvieron que desprenderse, y lo hicieron, como es natural, muchas ramas u organizaciones, llamémosles pseudo rosacrucismo, pseudo yoguismo, etc. Son tan innumerables que necesitaríamos consultar un diccionario para conocer el nombre de todas.

Pero vamos al fondo de la cuestión: ¿cuál es el basamento de tales escuelas? El Dogma de la Evolución. ¿De dónde salió ese tan cacareado dogma? De un señor Darwin.

Parece increíble que el señor Darwin se haya echado a la bolsa a muchas figuras eminentes, a muchos investigadores esoteristas, pseudo esoteristas y a muchos aspirantes sinceros. Pero así lo fue, no lo podemos negar.

La concepción que sobre la reencarnación crearon las instituciones pseudo esotéricas en el mundo occidental es falsa. Nunca dijo el Señor Krishna que todos los seres humanos se reencarnaban. Él dijo que tan solo los Buddhas, los Dioses, los Héroes solares, tenían derecho a la reencarnación. Los demás estamos sometidos a la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas, eso es claro.

Tampoco se dijo nunca en Oriente que todos los seres Humanoides poseyeran los cuerpos existenciales superiores del Ser. Pero fue fácil para las escuelas de tipo pseudo esotérico y pseudo-ocultista hacerle creer a la humanidad que todo el mundo ya posee dichos vehículos superiores. Así no tienen ellos ningún inconveniente en tratar el tema "El Septenario del Hombre", con una seguridad tal que pareciera como si verdaderamente todos los Humanoides poseyeran todo ese conjunto de vehículos.

Bueno, el resultado de esta especie de morbosidad, difundida por el mundo occidental, de estas escuelas de tipo subjetivo, incoherente, vago e impreciso, ha sido la Personalidad Kalkiana, es decir, la personalidad propia de esta edad del Kali Yuga.

Las personalidades kalkianas son irrespetuosas, irreverentes. Este tipo de personalidad de las escuelas pseudo esotéricas y pseudo ocultistas han perdido, no sólo el sentido de la auténtica devoción y de la verdadera religiosidad, sino también el de la veneración a los Patriarcas antiguos. Así que la humanidad, pudiendo ser dirigida por religiones verdaderamente sabias, se ha degenerado en sus sabihondeces ridículas, formándose así la personalidad kalkiana.

Conviene que se sepa confrontar una personalidad kalkiana con una personalidad auténticamente Esoterista. ¿Cuál es su diferencia? La personalidad kalkiana está llena de sabihondeces, embotellada en el Dogma de la Evolución, mal informada sobre la constitución interna del hombre, desconoce los misterios tántricos, teme el desarrollo de la Serpiente ígnea en la espina dorsal, y además, el hecho de estar atiborrada de teorías produce en ella una sensación de auto suficiencia.

Incuestionablemente, la personalidad kalkiana es víctima del auto engaño. Cree haberlo logrado todo cuando no ha logrado nada y lo peor es que ha perdido el sentido de la veneración, ha olvidado la verdadera y auténtica religiosidad, ha perdido también la humildad ante el Logos Creador. Esta es la personalidad kalkiana.

Nosotros no podemos seguir por el camino de la personalidad kalkiana, no podemos aceptar esos falsos dogmas como son los de la Evolución, como son los de creer que ya todos los Humanoides son Hombres perfectos, completos, con los cuerpos existenciales ya formados; como son el temer a la Serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes y a la experiencia vívida; etc. Preferimos mejor seguir por el camino de la Sabiduría auténtica, la senda de los Tantras, la de la disolución del ego y la del reconocimiento de nuestra propia miseria e incapacidad. Preferimos reconocer que no somos nada, que somos tan solo míseros gusanos del lodo. Nos preocupamos, eso sí, por trabajar en nosotros mismos, sobre nosotros mismos. Queremos la disolución de nuestro mí mismo, del sí mismo.

Usamos el poder inteligente de la Energía Creadora. Trabajamos en la Forja de los Cíclopes que tanto asusta a los pseudo esoteristas y pseudo ocultistas. Estamos, pues, en un camino diferente, distinto, revolucionario en un ciento por ciento, y que sin embargo tiene una antigüedad espantosa, que se pierde en la noche insoportable de todas las edades.

Ciertamente, las características de la personalidad kalkiana son inconfundibles. Ante todo la auto suficiencia y el terrible orgullo y la espantosa vanidad fundamentada en las teorías. Vemos, por ejemplo, en las escuelas de psicoanálisis, parapsicología, etc., qué terrible orgullo y auto suficiencia embarga a esas gentes con verdaderas personalidades kalkianas. Estas descollan no solamente dentro de ciertos grupos, sino que se aparecen en televisión, figuran en la prensa, en la radio, y tienen al mundo completamente envenenado con un tipo de vibraciones, que en esoterismo se denominan Veneniooskirianas.

Tienen una auto suficiencia completa, miran con desdén a las gentes de la Edad Media, se creen auto súper civilizados, creen que han llegado al non plus ultra de la sabiduría. Es tal su orgullo que piensan conquistar el Infinito, el Espacio exterior, se ríen de lo que ellos consideran supersticiones de los sabios medievales, he ahí el tipo de la personalidad kalkiana.

¿Y cómo hacerles comprender a esas personalidades kalkianas que están equivocadas?.

No bastaría simplemente que lo negaran, ¿verdad? Como quiera que esas personalidades kalkianas manejan la razón y que esa es su arma de combate, su caballito de batalla, pues hay que llevarles a comprender lo que es el proceso de razonamiento.

Hay que hacerles saber a esas gentes auto suficientes y orgullosas que don Emmanuel Kant, el filósofo de Königsberg, el gran pensador alemán, escribió una obra titulada «La Crítica de la Razón Pura», como también escribió «La Crítica de la Razón Práctica».

Si estudiamos a don Emmanuel Kant veremos cómo hace para descifrarnos, no solamente en sus prosilogismos, esilogismos y silogismos, sino también en la forma como analiza los conceptos de contenido en la «Crítica de la Razón Pura».

Es claro que mediante las percepciones sensoriales externas informamos a la mente, entonces ésta elabora sus conceptos de contenido, basados precisamente, en los ensambles nústicos sensoriales. Desde este punto de vista, la razón no podría saber nada que no perteneciera al mundo de los cinco sentidos, puesto que los conceptos de contenido se elaboran únicamente con el ensamble sensorial, y por tal motivo, está circunscripta nada más que por los datos aportados por los sentidos. Por lo tanto, ¿qué puede saber la razón subjetiva sobre los intuitos? ¿Y sobre las ideas a priori? ¿Y sobre aquello que escapa a los conceptos de contenido basados únicamente en las percepciones sensoriales externas? ¡Nada! ¿Verdad?.

Existe otro tipo de razón que la personalidad kalkiana desconoce absolutamente, quiero referirme en forma enfática a la razón objetiva. Obviamente, ésta tiene por basamento los datos de la conciencia y es con tales datos con los que funciona.

En esoterismo auténtico, a la conciencia se le llama Zoostat.

La razón objetiva estuvo desarrollada antes de que surgiera la época Greco romana. La tuvieron en desarrollo los primitivos arios de la primera sub raza de la gran raza Aria, que floreciera en el Asia Central. La poseyeron las gentes de la segunda sub raza anterior al período de los Rishis solares. También la usaron los egipcios de las antiguas Dinastías de los faraones, los babilónicos, los sabios del Afganistán, del Turquestán y del Irak y vino a concluir, prácticamente, con el Razonamiento griego.

Fueron los griegos, quienes comenzando a jugar con la palabra, terminaron por establecer el razonamiento subjetivo, basado en las percepciones sensoriales externas, ahogando a la razón objetiva, eliminándola de la faz de la tierra. Desde entonces, la humanidad únicamente posee el razonamiento subjetivo, las percepciones sensoriales externas, los datos aportados por los sentidos.

Los conceptos de contenido están basados en los ensambles sensoriales, etc. y nada puede saber la razón subjetiva sobre aquello que se escape de los factores antes mencionados. Nada puede saber la razón subjetiva sensualista sobre lo real, sobre lo divinal, sobre los misterios de la vida y de la muerte, etc. Es completamente ignorante de todo aquello que se escape de su círculo de acción que son los cinco deficientes sentidos.

Incuestionablemente, existen los poderes del corazón, aquellas cualidades que están mucho más allá del intelecto y de su proceso meramente razonativo y de las cuales nada sabe ni conoce la razón subjetiva sensualista.

En la tierra sagrada de los Vedas existe un viejo manuscrito que dice lo siguiente: "Aquel que meditare en el centro del corazón logrará control sobre el Tatwa Vayú -el principio etérico del aire- y alcanzará también los siddhis -los poderes de los santos-".

Me viene a la memoria en estos momentos el caso de José de Cuppertino. Dicen que se elevó por los aires setenta veces y este hecho mágico, que sucediera por allá en el 1650, fue el motivo por el cual fue canonizado. Es indudable que tenía desarrollado el centro del corazón. Cuando un cardenal le interrogó, le dijo: "Bueno, ¿por qué en el momento en que Ud. se va a elevar estando en oración, lanza un clamor?". Entonces él contestó: "La pólvora, cuando se inflama en el arcabuz, estalla con gran ruido, lo mismo le sucede al corazón inflamado por el Divino Amor".

De manera que en forma práctica, José de Cuppertino dio la clave de los estados Jinas. El corazón es que hay que desarrollar para poder lograr los estados Jinas.

La extraordinaria Santa Cristina levitaba constantemente. Ya muerta, -se creía que estaba muerta- la iban a enterrar y de pronto, de entre el ataúd, se levantó flotando hasta el campanario de la iglesia.

Podríamos seguir narrando innumerables casos... Por cierto, el de Francisco de Asís: El buen hermano que le cuidaba le traía la comida y el monje estaba ya en levitación, en oración, flotando en la atmósfera. Otras veces no alcanzaba ya el buen hermano a darle los alimentos porque no le alcanzaba, ya estaba demasiado alto Francisco de Asís, a tal grado que a veces se perdía en una arboleda que estaba por ahí cerca.

Todos estos místicos tenían desarrollado el centro del corazón. No teniendo desarrollado ese centro no se puede adquirir destreza en los estados Jinas.

Por lo común, el que ha desarrollado el intelecto sufre mucho para lograr los estados Jinas, porque sí desarrolla el intelecto, pero a expensas de las fuerzas del corazón, succionando las fuerzas del cardias pierde los poderes del cardias. Mejor dicho: cambia los poderes del cardias por el intelecto.

Mejor sería no ser intelectual pero sí tener los poderes del cardias, ¿verdad? Pero no por eso deben preocuparse los instructores, el corazón puede desarrollarse nuevamente cultivando la emoción superior, la música avanzada de los grandes Maestros, la meditación. Haciéndose más místicos, más profundamente devotos, así se va desarrollando nuevamente el corazón, eso es muy interesante.

Además tenemos que llegar a saber, mis caros hermanos, a comprender, que el ser humano está dividido en dos conciencias: la verdadera y la falsa.

Cuando uno viene a este mundo trae en la esencia, depositados por la naturaleza, todos los datos que uno necesita para la Autorrealización íntima del Ser, pero, ¿qué sucede? Que le meten a uno en escuelitas, le dan una falsa educación que para nada sirve y muchos consejos y preceptos. En fin, total que crea uno una conciencia falsa, y la verdadera conciencia, aquella donde están depositados los datos que uno necesita para seguir la huella, para seguir el camino, para llegar a la Liberación del Ser, queda allá en el fondo y catalogada tristemente con el nombre de sub-conciencia, ¡Habrase visto cosa más absurda!.

Nosotros tenemos que sincerarnos a sí mismos, reconocer que esta conciencia falsa que nos han formado fue hecha con todas las teorías, con todo lo que aprendimos en Primaria, Secundaria, Preparatoria, etc., y otras tantas cosas; con los ejemplos de nuestros mayores, con los prejuicios de la sociedad en donde vivimos, pues no es la verdadera conciencia.

Debemos eliminar lo que tenemos de falso, esta conciencia falsa que se basa en lo que nos han dicho, en los preceptos de la escuela, en las lecciones de la preparación, etc. Eliminar completamente, erradicar definitivamente esa conciencia falsa para que solamente quede en nosotros la verdadera conciencia, la Conciencia superlativa del Ser, eso es lo que cuenta.

Vean ustedes cómo estos psicoanalistas modernos, estos famosos psiquiatras, psicólogos, parapsicólogos, secuaces de los hipnólogos y demás, se esfuerzan cada vez más y más por ahogar a la verdadera conciencia del Ser, por suprimirla, por eliminarla. Quieren por todos sus medios, vigorizar más, cada vez más, esa conciencia falsa que poseemos.

Mesmer fue un hombre maravilloso, presintió que existía una doble conciencia en los seres humanos y se propuso estudiarla. Al darse cuenta de que había una conciencia falsa y que existía una legítima conciencia real, la cual estaba archivada en el fondo, dijéramos, subestimada, empezó a hacer experimentos de magnetismo, muy contrarios a la hipnología, por supuesto.

¡Pobre Mesmer! Mucho le ridiculizaron en su época y le siguen todavía ridiculizando. Contra él se levantó la crítica y aún se le critica en la actualidad. Muchos textos de hipnotismo comienzan hablando contra Mesmer. Le odian los hipnotizadores porque, precisamente, se pronunció contra esa conciencia falsa, descubrió que existía una doble conciencia: la falsa y la verdadera. Mesmer vino a desenmascarar a la conciencia falsa ante el veredicto solemne de la opinión pública y es claro que casi se le tragaron, esa es la cruda realidad de los hechos.

Bueno, para no desviarnos tanto del tema, lo que quiero decir es que el desarrollo interior sólo se logra procurando tirar a la basura a la conciencia falsa y poner atención a la verdadera conciencia, a la auténtica conciencia.

¿Qué se entiende por conciencia falsa? Aquella que nos han formado desde que nacimos, esa que se hizo con los ejemplos, con los preceptos de todos nuestros familiares, esa que nos formaron en la escuela, en la Secundaria, etc., esa que se formó con todos los prejuicios sociales habidos y por haber.

Todo eso hay que tirarlo al fondo de la basura y poner a flote la verdadera conciencia para trabajar. Eso indica que hay que convertirse en un niño para trabajar, volverse un infante, un pequeñuelo en el momento de trabajar, desprovisto de teorías y poniendo en juego la verdadera Sabiduría.

Así pues, he hecho este capítulo con el propósito de que nos centremos, de que reconozcamos la situación en que estamos en este mundo, de que entendamos que no vamos por el camino de todas las escuelitas, sectas y órdenes que forma la personalidad kalkiana, que somos diferentes, eso es todo.


CONTUMACIA


Contumacia es la insistencia de señalar un error, y por eso, jamás me cansaré de insistir en que la causa de todos los errores es el ego, el mí mismo. No me importa que los animales intelectuales se molesten porque hablo en contra del ego, cueste lo que cueste, seguiré con la contumacia.

Han pasado dos grandes guerras mundiales y el mundo se encuentra al borde de la Tercera Guerra Mundial. El mundo se halla en crisis, por doquiera hay miseria, enfermedades e ignorancia.

Nada bueno nos han dejado las dos guerras mundiales. La primera guerra mundial nos dejó la terrible gripe que mató a millones de personas en el año de 1918. La segunda guerra mundial nos dejó una peste mental peor que la peste de la primera. Nos referimos a la abominable "filosofía existencialista" que ha envenenado totalmente a las nuevas generaciones y contra la cual se promulga la Revolución de la Dialéctica.

Todos nosotros hemos creado este caos social en el que vivimos y entre todos debemos trabajar para disolverlo y hacer un mundo mejor, mediante las enseñanzas que entrego en esta obra.

Desgraciadamente, la gente sólo piensa en su yo egoísta y dice: ¡Primero yo, segundo yo y tercero yo! Ya lo hemos dicho y lo volvemos a repetir: El ego sabotea los órdenes que establece la Psicología Revolucionaria.

Si queremos de verdad y muy sinceramente la Revolución de la Dialéctica, necesitamos primero la transformación radical del individuo.

Son muchas las personas que aceptan la necesidad de un cambio interior radical, total y definitivo, pero desgraciadamente, exigen estímulos e incentivos especiales.

A las personas les gusta que se les diga que van bien, que se les de palmaditas en el hombro, que se les diga bonitas palabras estimulantes, etc.

Son muchas las personas que exigen algún verso muy bonito que les sirva de aliciente, alguna creencia, alguna ideología o cualquier utopía para cambiar.

Hay quienes exigen la esperanza de un buen empleo como aliciente para cambiar. Hay quienes exigen algún buen noviazgo o un magnífico matrimonio que les sirva de aliciente para cambiar.

Nadie quiere cambiar así porque sí, pero sí un buen incentivo para la acción. A la gente le encantan los estímulos. No quieren comprender las pobres gentes que los tales estímulos son muy huecos y superficiales y que, por lo tanto, es apenas lógico decir que no sirven.

Los estímulos, jamás en la vida, nunca en la historia de los siglos, han podido provocar dentro de algún individuo un cambio radical, total y definitivo.

Dentro de toda persona existe un centro energético que no puede ser destruido con la muerte del cuerpo físico y que se perpetúa, para desgracia del mundo, en nuestros descendientes. Ese centro es el yo, el mí mismo, el sí mismo. Necesitamos con suma urgencia inaplazable producir un cambio radical dentro de ese centro energético llamado Yo.

Las palmaditas en el hombro, las bonitas palabras, las bellas lisonjas, los lindos estímulos, los nobles alicientes, etc., jamás podrán producir ningún cambio radical en ese centro energético llamado yo y que está dentro de nosotros mismos.

Si muy sinceramente y de todo corazón queremos un cambio radical dentro de ese centro llamado yo, tenemos que reconocer nuestro estado lamentable de miseria y pobreza interior y olvidarnos de nosotros mismos para trabajar desinteresadamente por la humanidad. Esto significa abnegación, completo olvido de uno mismo y completo abandono del sí mismo.

Es imposible que haya un cambio radical dentro de nosotros mismos si sólo pensamos en llenar nuestras bolsas de dinero y más dinero.

El yo, el mí mismo, quiere crecer, mejorar, evolucionar, relacionarse con los grandes de la Tierra, conseguir influencias, posición, fortuna, etc. Los cambios superficiales en nuestra persona no sirven para nada, no cambian nada y no transforman a nadie ni a nada.

Necesitamos, dentro de cada uno de nosotros, un cambio profundo. Dicho cambio sólo puede realizarse en el centro que llevamos dentro, en el yo. Necesitamos quebrantar como a taza de alfarero a dicho centro egoísta.

Es urgente extirpar el yo para producir dentro de cada uno de nosotros un cambio profundo, radical, total y verdadero. Así como estamos, así como somos, sólo podemos servir para amargarnos la vida y amargársela a nuestros semejantes.

El yo quiere llenarse de honores, virtudes, dinero, etc. El yo quiere placeres, fama, prestigio, etc., y en su loco afán por extenderse, crea una sociedad egoísta en la cual sólo hay disputas, crueldades, codicia insaciable, ambiciones sin límites ni orillas, guerras, etc.

Para desgracia nuestra, somos miembros de una sociedad creada por el yo. Dicha sociedad es inútil, dañina y perjudicial. Sólo extirpando radicalmente el yo, podemos cambiar integralmente y cambiar el mundo.

Si de verdad queremos la extirpación radical del yo, es urgente tener la memoria quieta para que la mente se serene, y luego auto observarnos con calma para conocernos a sí mismos.

Debemos contemplarnos a sí mismos como quien está contemplando y aguantando sobre sí mismo un torrencial aguacero.

Nadie en la vida puede disolver el yo buscando sustitutos, dejando el licor y cambiándolo por el cigarrillo, abandonando a una mujer para casarse con otra, dejando un defecto para reemplazarlo por otro o saliendo de una escuela para otra escuela.

Si de verdad queremos un cambio radical dentro de nosotros mismos, debemos dejar a un lado todas esas cosas que nos parecen positivas, todos esos hábitos viejos y todas esas costumbres equivocadas.

La mente es la sede central del yo. Necesitamos un cambio en la sede central para que dentro de cada uno de nosotros haya revolución verdadera.

Sólo con absoluta abnegación y comprensión de lo que desgraciadamente somos, y sin estímulos o incentivos de ninguna especie, podemos de verdad lograr la extirpación del yo.

LOS ESTADOS DEL EGO


Los estados del ego se encuentran clasificados de la siguiente forma:

ESTEREOPSIQUICOS: Son los estados identificativos que se encuentran íntimamente relacionados con las percepciones exteriores que se reciben a través de los cinco sentidos y que están vinculadas con el mundo de las impresiones.

NEOPSIQUICOS: Son los estados procesadores de datos, es decir, los que bien interpretan o mal interpretan todas las múltiples situaciones que vive el animal intelectual. En estos estados trabaja nuestra mala secretaria que es la personalidad.

ARQUEOPSIQUICOS: Son los estados regresivos -memoria del ego- que se encuentran en los 49 niveles del subconsciente. Son los recuerdos del pasado que están archivados en forma fotográfica y fonográfica.


"BLUE TIME" O TERAPÉUTICA DEL REPOSO


En el umbral misterioso del Templo de Delfos existía grabada en la piedra viva una máxima griega que decía: NOSCE TE IPSUM, "Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses".

El estudio de sí mismo, la serena reflexión, es obvio que en última instancia concluye en la quietud y en silencio de la mente.

Cuando la mente está quieta y en silencio, no sólo en el nivel superficial, intelectual, sino en todos y cada uno de los 49 departamentos subconscientes, adviene entonces lo nuevo, se desembotella la esencia, la conciencia, y viene el despertar del alma, el éxtasis y el Shamadi.

La práctica diaria de la meditación nos transforma radicalmente. Las gentes que no trabajan en la aniquilación del yo viven mariposeando de escuela en escuela y no encuentran su centro permanente de gravedad, mueren fracasadas sin haber logrado la Autorrealización íntima del Ser.

El despertar de la conciencia sólo es posible mediante la liberación y emancipación del dualismo mental, del batallar de las antítesis, del oleaje intelectual. Cualquier lucha subconsciente, infra-consciente o inconsciente, se convierte en una traba para la liberación de la esencia.

Toda batalla antitética, por insignificante e inconsciente que sea ella, acusa, en los infiernos atómicos del hombre, puntos obscuros desconocidos. Observar y conocer esos aspectos infrahumanos del sí mismo, resulta indispensable para lograr la absoluta quietud y silencio de la mente. Sólo en ausencia del yo es posible experimentar y vivir la Revolución Integral y la Revolución de la Dialéctica.

El "Blue Time" o Terapéutica del Reposo tiene reglas básicas, sin las cuales resultaría imposible emanciparnos de los grilletes mortificantes de la mente. Estas reglas son:

1-RELAJACIÓN: Es indispensable aprender a relajar el cuerpo para la meditación; ningún músculo debe quedar en tensión. Es urgente provocar y graduar el sueño a voluntad. Es evidente que de la sabia combinación de sueño y meditación resulta eso que se llama Iluminación.

2-RETROSPECCIÓN: ¿Qué se busca a través de la retrospección? El animal intelectual, debido a la vida mecánica que vive diariamente, se olvida de sí mismo y cae en la fascinación; anda con la conciencia dormida sin recordar qué hizo en el instante de levantarse, desconociendo los primeros pensamientos del día, sus actuaciones y lugares donde ha estado.

La retrospección tiene como finalidad la toma de conciencia de todas las actuaciones o acciones del pasado. Al realizar la retrospección en la meditación, no pondremos objeciones a la mente; traeremos el recuerdo de las situaciones del pasado, desde el instante en el que se inicie la retrospección hasta el momento de la vida que nosotros deseemos. Cada recuerdo debemos estudiarlo sin identificarnos con él.

3-REFLEXIÓN SERENA: Primeramente, hay que hacernos plenamente conscientes del estado de ánimo en el que nos encontramos antes de qué surja cualquier pensamiento. Observar serenamente nuestra mente, poner atención plena en toda forma mental que haga su aparición en la pantalla del intelecto.

Es perentorio convertirnos en vigías de nuestra propia mente durante cualquier actividad agitada, y detenernos por un instante para observarla.

4-PSICOANÁLISIS: Indagar, inquirir, investigar la raíz y el origen de cada pensamiento, recuerdo, afecto, emoción, sentimiento, resentimiento, etc., conforme van surgiendo en la mente.

Durante el psicoanálisis se deberá examinar, aquilatar e inquirir sobre el origen, causa, razón o motivo fundamental de todo pensamiento, recuerdo, imagen y asociación, conforme van surgiendo desde el fondo del subconsciente.

5-MANTRALIZACIÓN O KOAN: Los objetivos de esta etapa son: a) Mezclar dentro de nuestro universo interior las fuerzas mágicas de los mantrams o koanes. b) Despertar conciencia. c) Acumular íntimamente átomos Crísticos de altísimo voltaje.

En este trabajo psicológico el intelecto debe asumir un estado receptivo, íntegro, uni total, pleno, tranquilo y profundo. Con los koanes o frases que descontrolan a la mente se logra el estado receptivo uni total.

6-ANÁLISIS SUPERLATIVO: Consiste en un conocimiento introspectivo de sí mismos. Introvertirnos es indispensable durante la meditación de fondo.

En este estado se trabajará en el proceso de la comprensión del yo o defecto que se quiere desintegrar. El estudiante gnóstico se concentrará en el agregado psicológico y lo mantendrá en la pantalla de la mente. Ante todo, es indispensable ser sincero consigo mismo.

El análisis superlativo consta de dos fases, que son:

a) Auto exploración: Indagar en lo profundo de la conciencia y en los 49 niveles del subconsciente cuándo fue la primera vez en la vida que se manifestó el defecto, cuándo la última y en qué momentos es que tiene más fuerza para manifestarse.

b) Auto descubrimiento: Investigar cuáles son los alimentos del yo. Fraccionar y dividir al defecto en varias partes y estudiar cada una de éstas para lograr conocer de qué clase de yoes proviene y qué clase de yoes derivan de él.

7-AUTO-JUICIO: Sentar al defecto en estudio en el banquillo de los acusados. Traer a juicio los daños que ocasiona a la conciencia y los beneficios que traería a nuestra vida la aniquilación del defecto que se está juzgando.

8-ORACIÓN: A la Divina Madre Kundalini, la Madre interior e individual, se le pedirá con mucho fervor. Se le hablará con franqueza e introvertiendo todos los defectos y fallas que tenemos para que Ella, que es la única capaz de desintegrar los yoes, los desintegre hasta su misma raíz.

Resulta agradable e interesante asistir, cada vez que se pueda, a las Salas de meditación-Lumisiales gnósticos.

Es imprescindible practicar la meditación siempre con los ojos cerrados a fin de evitar las percepciones sensoriales externas.




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