Revista Latina de Comunicación Social # 0



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Fuente: elaboración propia.

En ocasiones, también se introducen otros conceptos vinculados a violencia doméstica, aunque implican matices que evidencian la dificultad para conceptualizar y categorizar con rigor el fenómeno al que nos referimos: violencia de género (9%), violencia dentro de la pareja (6%) o violencia intrafamiliar (3%). Es significativo que ni una sola de las piezas considere estos casos como manifestaciones de violencia en parejas del mismo sexo o violencia intragénero, que son dos de los conceptos más empleados por quienes estudian estas agresiones desde el mundo asociativo o académico.



5.9. Equiparación con otros tipos de violencia

Tan solo en nueve de las piezas analizadas (27%) encontramos referencias que permitan interpretar el hecho informativo como una manifestación más de un tipo de violencia general que puede sufrir cualquier pareja independientemente del sexo de sus miembros, más allá del nombre que se le atribuya al fenómeno. Así, observamos desde equiparaciones poco precisas en cuanto a su categorización –“…la historia de amor y desamor de esta pareja ha terminado, como la de tantas otras relaciones conflictivas, en el cementerio” (LR, 28/07/2011)– a otras más explícitas: “La violencia doméstica no entiende de sexos” (Abc, 04/07/2010).

Algunos de los ítems exponen incluso lo que puede entenderse como una reivindicación, pues se defiende la equiparación sin distinciones de la violencia cometida en el interior de relaciones homosexuales con la que sufren las mujeres heterosexuales a manos de sus parejas machistas. En algunos casos, como producto de la inclusión de alguna fuente: “Los portavoces coincidieron en que este asesinato «constituye una expresión más de la falta de respeto y del abuso de poder que existe en muchas relaciones de pareja, sean homosexuales o heterosexuales»” (EC, 22/11/2014). En otros, es la propia voz del periodista quien reclama la necesidad de equiparar los distintos crímenes:

Mientras miles de gays celebraban ayer el día del Orgullo entre música y fiesta, en Xàbia un terrible suceso volvía a equiparar, por desgracia, a las parejas homosexuales con las heterosexuales. Y es que la violencia dentro de las relaciones sentimentales no entiende de géneros. Esta vez fueron dos hombres los que escenificaron en Xàbia la tragedia tantas veces contada, aunque con protagonistas diferentes (EM, 04/07/2010).

También observamos otros ejemplos más sutiles en los que la equiparación se deduce al mencionar como antecedentes, tras el relato de lo ocurrido, casos de violencia machista: “En lo que va de año, tres mujeres han fallecido en la Comunitat Valenciana víctimas de violencia de género…” (LR, 04/07/2010)

5.10. Tematización

Es muy extraño dar con perspectivas que abran el foco más allá del suceso particular sobre el que informan para abordarlo como un problema social de mayor complejidad. El 88% de las piezas codificadas se limitan a informar de lo ocurrido como un hecho episódico. Solo en cuatro ocasiones observamos cierto esfuerzo por tematizar el fenómeno, poniendo en relación el caso concreto con otros crímenes sucedidos. Una de estas propuestas opta por una tematización que tendría en cuenta únicamente la violencia ocurrida en el seno de parejas del mismo sexo: “Se trata del segundo crimen entre una pareja homosexual registrado en la provincia de Alicante. El primero sucedió en…” (EM, 04/07/2010). El resto de muestras apuestan, sin embargo, por abordar la presentación del caso como un ejemplo más de violencia de género: “Este crimen de violencia de género es el décimo en la Comunidad en lo que va de año…” (EM, 22/12/2011), “…se han multiplicado las muertes violentas. Diez mujeres han sido asesinadas por sus esposos…” (Abc, 22/12/2011).



5.11. Ayuda

Solamente en una de las piezas analizadas detectamos la inclusión de un elemento de servicio/ayuda que pueda orientar a personas que se encuentren en una situación similar. Se trata del servicio telefónico que acostumbra a indicarse en las informaciones sobre violencia de género: “(Teléfono 016 de atención a las víctimas de malos tratos)” (LR, 04/07/2010).



Discusión y conclusiones

El análisis realizado sobre el tratamiento periodístico de estos cuatro casos de violencia intragénero nos permite identificar algunas características predominantes en el tipo de lectura que los medios de comunicación ofrecen en torno a esta realidad. Si bien es cierto que la interpretación de los resultados no puede generalizarse más allá de los hechos específicos observados, el examen sí nos ofrece suficientes evidencias para señalar que la cobertura en torno a estos sucesos presenta rasgos parecidos a los que investigaciones previas (Berganza, 2003; Vives-Cases et al., 2005; Rodríguez, 2008; Menéndez, 2014) han reconocido en el discurso periodístico sobre la violencia de género anterior a 1997: su presentación como crímenes pasionales o una narración de los hechos que disculpa al agresor. De este modo, podríamos señalar que la información que se elabora en torno a las agresiones en parejas del mismo sexo sitúa este problema lejos de ser considerado como objeto merecedor de atención política-social.

Siguiendo las etapas que, de acuerdo con Downs (1972), constituyen el ciclo de atención de los problemas públicos, los casos examinados ubicarían a la violencia intragénero en la fase de pre-problema al encontrarnos con un enmarcado periodístico que le otorga escasa visibilidad (no aparece en portada, su emplazamiento se da en espacios menores y, sobre todo, en páginas pares) y que favorece los aspectos morbosos y sensacionalistas sin presentar las agresiones como indicadores de un problema que debiera generar cierta alarma o preocupación general. Diríamos, por ello, que la violencia en parejas del mismo sexo se aborda con estrategias informativas que hace 20 años eran habituales en el tratamiento de la violencia de género.

Este tipo de cobertura se explicaría por el hecho de que, como hemos visto, esta violencia no es equiparada mediáticamente a la de género en la mayor parte de los casos. Su presentación parece indicar que se trata de un fenómeno parecido, pero no igual. El hecho de que solo un 9% de las unidades de análisis emplease el concepto “violencia de género” para referirse a estas agresiones –fórmula más frecuente cuando los medios abordan la violencia contras las mujeres (Rodríguez, 2008)– confirmaría el sesgo heterosexista que domina la expresión en sintonía con la formulación que se adoptó en la ley de 2004, tal y como han advertido algunos colectivos y académicos (Coll-Planas et al., 2008). Pese a que esta preferencia por evitar la utilización del concepto “violencia de género” para identificar las agresiones que un varón gay puede recibir por parte de su pareja acercaría el discurso periodístico al de los colectivos LGTB que consideran que este fenómeno no es violencia machista, la falta de contacto con estas asociaciones podría explicar que la cobertura no favorezca un enmarcado de problemática social que avalase una de las demandas principales del mundo asociativo; esto es, una ley específica para proteger a los integrantes de estas parejas.

En efecto, la falta de reconocimiento de las organizaciones LGTB –que se deduce de su no incorporación como fuentes informativas– y los elementos que evidencian un enfoque episódico de esta violencia (presentes en el 88% de las unidades) pueden señalar que el fenómeno no ha superado las fases de agitación (Bosch y Ferrer, 2000) y de legitimación (Fagoaga, 1994). Esta evaluación de la cobertura periodística queda fundamentada si atendemos al enmarcado dominante de estos casos como noticias de sucesos y no como problema social, reproduciendo elementos que se han considerado negativos en el tratamiento mediático de la violencia de género de acuerdo con diversas investigaciones (Berganza, 2003; Vives-Cases et al., 2005; Marín et al., 2011) y códigos deontológicos (Rodríguez, 2008): imágenes de la víctima, falta de contextualización (con un enfoque informativo que se limita a describir el hecho y que, cuando lo explica, lo hace como caso singular y no como expresión de una violencia de mayores dimensiones), predominio de fuentes policiales y del entorno íntimo (sin incorporar a autoridades públicas o a expertos), ausencia de información de ayuda o servicios y empleo de expresiones que vinculan la agresión con una manifestación emocional/pasional y que presentan al agresor con ciertos atributos que pueden atenuar su responsabilidad en el crimen.

El paralelismo de este tipo de periodismo con el que dominó el tratamiento de la violencia de género antes de la muerte de Ana Orantes en 1997 (Gómez, 2012) nos exige preguntarnos si el paso de un enfoque episódico a otro temático podrá verse favorecido a partir de la cobertura de un caso insignia, que suponga un antes y un después debido a su impacto en la sociedad. En este sentido, el homicidio del varón de Bilbao parece reunir características que podrían otorgarle ese papel. La cobertura de este asesinato fue la que generó mayor número de unidades de análisis y la única que motivó la publicación de un editorial en uno de los periódicos analizados, lo que significa elevar el asunto a un tema de consideración y reflexión colectiva. Nuevas investigaciones que amplíen el análisis a futuro casos y a otros medios de comunicación (audiovisuales, digitales…) permitirían confirmar o no si este último homicidio impulsa un cambio en el modo de cubrir esta realidad.

Aunque el tratamiento episódico de la violencia intragénero y esa desconexión entre la esfera periodística y la de las organizaciones pudiera hacer prever una representación de las identidades gays a partir de prejuicios y estereotipos en la medida en que el varón homosexual pudiera ser abordado como el “otro” diferente (Israel, 2006; Coll-Planas, 2010), la presunción de que la cobertura quedaría dominada por aspectos eufemísticos y estereotipados tan solo se confirmaría parcialmente, pues estos no aparecen más que en una de cada cuatro piezas, lo cual revela que el discurso periodístico ha alcanzado un elevado grado de naturalidad a la hora de informar sobre la realidad de las relaciones gays. Así, si investigaciones anteriores (Carratalá, 2011a) habían demostrado que los eufemismos eran una estrategia útil en casos en los que el periodismo había de lidiar con el drama y la muerte en informaciones relacionadas con varones gays, los casos examinados señalan que la normalización de lo que se incorpora como natural en la agenda pública favorece una representación periodística más precisa y libre de prejuicios y ruidos interculturales. No obstante, los elementos de este tipo todavía presentes evidencian que algunas imágenes comúnmente aceptadas sobre la comunidad LGTB continúan siendo, en ocasiones, reforzadas por el discurso mediático, según comprobamos en algunos ejemplos en los que no reconocemos el ejercicio de un periodismo intercultural que derribe barreras entre un “nosotros” heterosexual y un “ellos” homosexual.

En conclusión, los resultados expuestos en el estudio confirman mayoritariamente la hipótesis de partida, que indicaba que la información periodística sobre la violencia en parejas del mismo sexo abordaría el fenómeno mediante estrategias similares a las que caracterizaron la cobertura de la violencia de género hasta que la sociedad la asumió como un problema de todos. En este caso, la información sobre los hechos sigue evidenciando un enfoque básicamente episódico propio de la crónica de sucesos, lo que se pone de manifiesto atendiendo a las fuentes mayoritariamente empleadas (entorno próximo, policía…), las imágenes reproducidas (rostro de la víctima, levantamiento del cadáver, lugar del crimen…), categorización de los hechos (crimen pasional), acento en el móvil del crimen (celos, delirio, drogas…), aspectos sensacionalistas (detalles escabrosos, circunstancias impactantes, infografía del crimen…) y a la culpabilización de la víctima –a quien se llega incluso a denominar como “amor fatal” del asesino (LR, 27/07/2011)– que se desprende del empleo de diversas estrategias narrativas (flirteaba con otros, no complació sexualmente al homicida, fue poco cuidadoso al iniciar una nueva relación tras la ruptura con el agresor, participó en –si no motivó– la discusión previa, había amenazado al homicida…).

El tratamiento primordialmente episódico del fenómeno de la violencia intragénero explica que la tematización de estos hechos sea muy escasa, así como la confusión sobre el modo en que deben ser categorizados e interpretados. El hecho de que algunas muestras de la cobertura equiparen esta realidad con la violencia de género –y todavía más que lo presenten como violencia doméstica– sugiere cierto interés desde la profesión periodística por construir un relato más explicativo sobre los hechos, que se aleje de lo particular para abordarlo como un problema de mayor calado. La ausencia de fuentes expertas y vinculadas a las organizaciones de defensa de los derechos de la comunidad LGTB en las informaciones examinadas ahonda en las carencias explicativas y dificulta todavía más una interpretación precisa de esta realidad, que parece no haber superado aún las primeras fases que cualquier asunto debe atravesar hasta quedar legitimado como problema que merece la consideración de toda la sociedad.

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Cómo citar este artículo / Referencia normalizada

A Carratalá (2016): “La información en prensa española sobre casos de violencia en parejas del mismo sexo”. Revista Latina de Comunicación Social, 71, pp. 40 a 65.



http://www.revistalatinacs.org/071/paper/1083/03es.html

DOI: 10.4185/RLCS-2016-1083

- En el interior de un texto:

… A Carratalá (2016: 40-65)…


Artículo recibido el 14 de noviembre de 2015. Aceptado el 29 de diciembre.

Publicado el 15 de enero de 2016




http://www.revistalatinacs.org/071/paper/1083/03es.html Página


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