Revista Latina de Comunicación Social # 0



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Fuente: elaboración propia.

El elevado empleo de fuentes de allegados a las personas que protagonizan la información –agresor y víctima– no se justifica por su relevancia en la construcción del discurso informativo. Los siguientes ejemplos muestran el escaso aporte periodístico que implica la introducción de estas voces en el relato explicativo de la actualidad, pues no pueden más que contribuir con vaguedades o ilustrar el dolor de los familiares:

“Los vecinos de la pareja explicaron que ninguno de los dos hombres eran conflictivos y afirmaron no haber escuchado la discusión tras la cual se produjo el crimen” (Abc, 04/07/2010)

«Se lo han llevado para siempre», «a ese lo mato yo, aunque me pase el resto de mi vida en la cárcel», eran las exclamaciones furiosas de los más cercanos a Rafael, un hombre muy discreto” (LV, 04/07/2010).

“Según sus allegados, ambos eran buenas personas” (Abc, 27/07/2011)

“…según algunos clientes, su relación parecía «cordial»” (LR, 27/07/2011)

“Una comerciante […] aseguraba ayer que Jon estuvo por allí la tarde del martes y que no le notó nada extraño, que le vio «hasta buen color»” (EC, 21/11/2014).

5.5. Motivos del crimen: móvil y responsabilidad del homicida

El análisis revela que la gran mayoría de informaciones alude a los celos como posible móvil que explicaría la ejecución del crimen. Así ocurre en el 55% de las piezas observadas.

Muchas veces esta causa se ubica en el mismo titular de la información, determinando desde el inicio el marco desde el que se aborda la noticia en su conjunto: “Un joven mata a su novio en Xàbia tras una discusión por celos” (LV, 04/07/2010), “El flirteo en una fiesta del orgullo gay desencadenó el crimen de Xàbia” (LV, 05/07/2010), “Los celos del sargento metódico” (EP, 28/07/2011), “El presunto asesino del actor Koldo Losada cometió el crimen por celos” (EP, 22/11/2014). El recurso a este móvil en la narración del crimen puede propiciar una explicación del mismo que sitúe al agresor como perjudicado por un estado de turbación generado por la víctima: “…confesó que un delirio se apoderó de su mente cuando vio que su pareja flirteaba con otros hombres en una velada homosexual celebrada en Valencia” (LV, 05/07/2010), “Ángel no pudo soportar que, en apenas medio año, Marcos ya estuviera con otro hombre” (LR, 27/07/2011). En otras ocasiones, la agresión se sitúa como el punto último de una discusión mantenida por homicida y víctima, una descripción que puede implicar cierto reparto de responsabilidad en la ejecución del crimen: “Ya por la tarde la gente los vio discutiendo en la puerta donde trabajaba la víctima” (EP, 27/07/2011), “Pasadas las cuatro de la tarde, y como consecuencia de una violenta discusión, presumiblemente por celos, el agente…” (Abc, 27/07/2011).

Asimismo, aunque con menor frecuencia, encontramos menciones a la salud mental del agresor, una circunstancia que se indica en el 18% de las piezas, como ilustran estos ejemplos: “...el agresor sí recibía tratamiento médico por depresión” (LV, 04/07/2010), “…la Ertzaintza sospecha que el detenido pudo sufrir algún tipo de trastorno y actuar movido por celos enfermizos” (EC, 21/11/2014). Los móviles no son excluyentes en algunas de las unidades examinadas, siendo posible dar con noticias en las que son diversos los motivos que se indican para intentar explicar el suceso: “…al sargento se le cruzaron ayer los cables y el hecho de que siempre llevara dos armas encima hizo que una discusión al uso, mezclada con celos, acabara de la peor forma” (LR, 27/07/2011).



No es habitual dar con afirmaciones que sugieran una clara descarga de responsabilidad por parte del autor del crimen, pero en tres unidades analizadas detectamos muestras de esta circunstancia. Así ocurre cuando se plantea un posible intercambio en la distribución de roles de víctima-agresor, como en el titular “«Marcos amenazó al sargento»” (LR, 28/07/2011), hecho que también se recoge en el desarrollo de otra pieza: “…Marcos había amenazado a Ángel Luis con que, si no le dejaba en paz, revelaría a todo su entorno su condición homosexual” (Abc, 28/07/2011), o cuando se pone en valor el supuesto cariño del homicida por la víctima, como vemos en este otro titular: “«Se le ha ido la cabeza, Koldo era el amor de su vida»” (EC, 22/11/2014). En el 36% de las piezas no hallamos ninguna referencia al motivo que pudo desencadenar el crimen.



Fuente: elaboración propia.

5.6. Sensacionalismo

Algo más de la mitad de las informaciones analizas incluyen elementos sensacionalistas (52%) en su desarrollo. Las 17 piezas en las que hemos detectado esta característica apuestan por la descripción de pormenores y detalles escabrosos, como podemos observar en los siguientes ejemplos, relacionados con los diferentes casos analizados:

“La rigidez del cadáver indicaba que el acuchillamiento mortal…” / “Los gritos de dolor despertaron a los vecinos” (LV, 05/07/2010)

“Momentos de pánico” / “El guardia sangraba por la boca” (Abc, 27/07/2011)

“El travesti de Chueca degolló a hachazos a su novio tras romper” (Abc, 23/12/2011)

“…fue encontrado por la noche sin vida, tirado en el pasillo de la casa, con una toalla ensangrentada en la cabeza” (Abc, 21/11/2014)

Otras muestras evidencian voluntad sensacionalista al, por ejemplo, poner de relieve aquellos aspectos del hecho que mayor impacto o morbo pueden despertar al implicar cierto desajuste respecto a aquello socialmente asumido, como ocurre con las profesiones que suelen desempeñar los varones homosexuales. De este modo, cabe destacar dos titulares que subrayan la profesión del homicida, una circunstancia que probablemente no se habría destacado de no implicar la reacción mencionada: “Un guardia civil mata a su ex novio” (EM, 27/07/2011) y “Un bombero travestido mata a su novio” (EM, 22/12/2011). Por último, es preciso señalar la inclusión de una infografía que representa cómo fue ejecutado uno de los homicidios, con el dibujo de la víctima, del agresor, y de los puntos en los que impactaron las balas entre otros detalles (LR, 27/07/2011).

5.7. Empleo de eufemismos y estereotipos

Ocho de las informaciones analizadas (24%) introducen alguna expresión eufemística en su redacción. El eufemismo más habitual es el que define a un miembro de la pareja homosexual –habitualmente la víctima– como “compañero sentimental” del otro. En algunos casos, como en la noticia cuyo titular es “Detenido en Jávea tras matar a su compañero sentimental” (LR, 04/07/2010), esta es la única fórmula discursiva empleada para definir la relación entre los dos varones y se repite en dos ocasiones más, sin introducir posibles sinónimos. Otras veces, la expresión se combina con otras. Asimismo, es preciso señalar que resulta común encontrar términos alejados de cualquier voluntad eufemística, como novio, marido y pareja.

Aunque con menor frecuencia que los eufemismos, también identificamos el uso de algunas imágenes estereotipadas que acompañan al mundo gay. Ocurre así en siete de las informaciones analizadas (21%). En ocasiones, estas representaciones aparecen junto con el móvil del delito que se desliza en la narración de los hechos, especulando sobre aspectos que sintonizan fácilmente con prejuicios como la promiscuidad de los varones homosexuales –“…según el detenido, los problemas empezaron porque el fallecido estuvo tonteando con otros jóvenes” (EM, 05/07/2010), “El flirteo en una fiesta del orgullo gay desencadenó el crimen de Xàbia” (LV, 05/07/2010)– o su elevado apetito sexual: “El detenido en Xàbia dice que mató a su novio porque se durmió antes del sexo” (EM, 05/07/2010). Otros ejemplos responden a imágenes aceptadas con cierta generalidad, como las que sitúan a los gays como hombres que cuidan excesivamente su imagen –“Marcos Hernández era un hombre que cuidaba mucho su cuerpo, pasada muchas horas en el gimnasio entrenándolo” (EP, 27/07/2011)– o como varones que asumen un rol femenino/masculino cuando se encuentran en una relación sentimental –“Quienes le conocen desde niño sostienen que […] «era el lado femenino de la pareja»” (EC, 22/11/2014)–. Asimismo, observamos estereotipos no exclusivamente ligados a la comunidad LGTB y que responden, en general, al mundo de las relaciones de pareja: “…aseguran que el hecho de que el sargento del Instituto Armando tuviera «varias propiedades» había «influido» en el amor que Marcos sentía por el guardia civil” (LR, 28/07/2011).

5.8. Categorización del suceso

Como podemos observar en el gráfico, son dos las categorizaciones más empleadas (18%) para catalogar los homicidios que tienen lugar en el seno de una pareja del mismo sexo: violencia doméstica –“…procedieron al arresto de Ezkurdia, como presunto autor de un delito de violencia doméstica” (EM, 21/11/2014)– y crimen pasional. El empleo de este último concepto –ya prácticamente inexistente en el tratamiento periodístico de otros tipos de violencia– acostumbra a aparecer ligado a la mención de los celos como posible móvil del suceso y es identificado en piezas vinculadas a la cobertura de los diferentes casos: “En pocos segundos cruzó el umbral de los crímenes pasionales” (LV, 05/07/2010), “Al parecer, la víctima y el agente habían mantenido una relación sentimental que se rompió hace unos meses, por lo que todo apunta a un crimen pasional” (Abc, 27/07/2011), o “La violencia de la agresión podría indicar que se trata de un crimen pasional” (EC, 22/11/2014).






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