Revista Latina de Comunicación Social # 0



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La (in)visibilidad de gays y lesbianas en el relato mediático

La falta de visibilidad que, de acuerdo con los colectivos defensores de los derechos de la comunidad LGTB, sufre la violencia ejercida en parejas del mismo sexo resulta coherente con la dinámica de ocultación mediática tradicionalmente padecida por la comunidad homosexual. Esta escasa presencia de la realidad gay en el relato periodístico evidencia que la esfera pública conformada por los medios de comunicación ha encontrado dificultades en su tarea de actuar como puente entre la esfera privada, en la que son diversas las identidades que pueden entrar en juego, y la social, que privilegia claramente la heterosexual (Sampedro, 2008: 40).

Por este motivo, la invisibilidad, como una de las estrategias representativas más frecuentes cuando se trata de excluir todo lo que no encaja en el ideal de sociedad coherentemente estructurada (Gimeno, 2008: 72), se ha revelado como un recurso habitual del discurso periodístico que juega en contra de la naturalización de las orientaciones sexuales no normativas. En ocasiones, la ocultación es absoluta; otras veces, se juega con el empleo de eufemismos con tal de mantener una distancia aparentemente respetuosa con una realidad que el periodismo ha tardado en gestionar de manera conveniente, con precisión y rigor (Carratalá, 2011a). El resultado de ese enmascaramiento, más o menos absoluto, no es inocuo para la comunidad gay y lésbica, pues su no-representación puede conllevar graves efectos sobre sus vidas dado que, cuando un grupo de personas no existe en los medios de comunicación dominantes, no se discute sobre ellas, no se las critica ni tampoco son examinadas por el resto de la sociedad, incluyendo por quienes tienen la capacidad para tomar decisiones y gestionar políticas (De Jong, 2006: 39).

Coll-Planas indica que este ejercicio mediático se correspondería con los postulados del imperialismo cultural según el cual la aceptación de las personas homosexuales sólo se contemplaría como una acción razonable siempre y cuando estas mantengan su orientación sexual recluida en el ámbito privado. Por ello, esta práctica se ejecuta por medio del empleo de los estereotipos, la invisibilización, la inferiorización, la imposición de un imaginario social heterosexista y la homofobia liberal (2010: 103). De esta manera, el relato mediático configura y refuerza la construcción tanto de las representaciones hegemónicas como de las minoritarias.

Estas últimas incluyen las identidades sexuales alejadas de la heteronormatividad, de igual modo que a otras muchas minorías sociales. Unas y otras se ven, pues, afectadas al quedar arrinconadas en el relato periodístico o al ser incorporadas a él a partir de una serie de códigos que fortalecen y recuperan estereotipos, prejuicios y representaciones sesgadas. Según Taibi, “los grupos minoritarios o desfavorecidos son asociados con problemáticas y aspectos negativos” (2003: 36). Esos vínculos son los que nutren y dotan de vigor a las ideas que la mayoría de los individuos comparten sobre aquellas comunidades con las que su experiencia cotidiana puede no haberles puesto en contacto, pues todas las referencias que rodean a estas identidades en el discurso público funcionan como implicaciones ideológicas (Van Dijk, 2008).

Estas propuestas de lectura no han sido apenas cuestionadas durante mucho tiempo porque, precisamente, se alimentaban de las ideas y mitos culturalmente asumidos en torno a la homosexualidad. Por ello, tal y como ya indicaba Lippmann, “imaginamos la mayor parte de las cosas antes de experimentarlas […] todas esas ideas preconcebidas gobernarán casi por completo nuestro proceso íntegro de percepción” (2003: 88), una acción favorecida por la llamada percepción humana selectiva (Rodrigo, 2000: 57), que nos empuja a centrar nuestra atención en aquellos aspectos de la realidad cuya evidencia ya teníamos interiorizada de antemano como parte incuestionable de la misma. La misma idea comparte Gomis, que afirma:

“El hecho se inserta a menudo en un marco ya previsto y preparado para él y como consecuencia se interpreta con las claves más a mano, que a veces son las del prejuicio. Se tiende a ver entonces en un hecho lo que se esperaba o se temía ver.” (Gomis, 1991: 69).

En efecto, tanto el prejuicio como el estereotipo constituyen dos de las herramientas que durante más tiempo han servido como fuente de control social al funcionar como dispositivos no neutrales que “han sido considerados como aquellas actitudes y opiniones previas que determinan nuestra interpretación acerca del otro” (Israel, 2006: 42). Su inclusión en el discurso mediático dificulta la tarea de interpretación precisa de la compleja realidad social inherente al ejercicio periodístico. Por ello, algunos autores reivindican la necesidad de poner en marcha prácticas comunicativas que dejen a un lado esos recursos que obstaculizan la explicación y la comprensión de las identidades minoritarias.

En opinión de Israel, la clave está en el llamado periodismo intercultural, aquel que se practica en la cobertura de “los acontecimientos en los que tienen un protagonismo informativo mujeres y grupos minoritarios” y que se caracteriza por la aproximación que hace a quienes son diferentes, por su capacidad por reconocer como iguales a los distintos, cuestionando la división entre “nosotros” y “ellos” que pone en riesgo el derecho a la diferencia (2000: 1).

Planteamiento del estudio

4.1. Objetivos e hipótesis
El objetivo principal de este trabajo es conocer cuáles son las características principales de la cobertura que la prensa española ha ofrecido sobre la violencia en parejas del mismo sexo a lo largo de cinco años a partir de la observación de algunos rasgos del discurso periodístico que pueden resultar significativos de acuerdo con los resultados obtenidos en el examen del tratamiento periodístico de la violencia de género, que, como hemos visto, cuenta con una mayor tradición académica, y de las pautas de representación habituales de la comunidad homosexual, también señaladas en el marco teórico del trabajo. Este objetivo nos obliga a centrar nuestra atención en el tipo de enfoque que la prensa ha ofrecido sobre este fenómeno, identificando los atributos con los que aparece asociado.

El estudio de ese marco, según De Vreese, nos permite fijar la atención no tanto en la notabilidad del asunto sino en el modo en que es presentado, observando así los aspectos que sobre este tema gozan de mayor énfasis o relevancia (2005: 53). El subrayado de esos elementos y las relaciones que se establezcan entre ellos permiten a los medios construir una narrativa que incorpore, entre otras cuestiones, la definición del problema abordado y el análisis de sus causas (Entman, 2007: 164). Por lo tanto, se trata de conocer qué tipo de lectura sobre la violencia intragénero facilitan los medios de comunicación españoles, pues es a través de esa función interpretativa como el periodismo es capaz de problematizar la realidad; esto es, de definir y enmarcar todo aquello que está en juego en la sociedad (Neveu, 2004: 84).

Dada la falta de visibilidad que este fenómeno tiene en la sociedad española, según afirman quienes han realizado las primeras aproximaciones analíticas al mismo, consideramos que la información periodística disponible estará lejos de presentarlo como un problema social que merezca ser objeto de atención pública. Por lo tanto, nuestra hipótesis de partida es que el tratamiento informativo de la violencia en parejas del mismo sexo mostrará rasgos similares a los que caracterizaron la cobertura sobre violencia de género durante una primera etapa, hasta finales de los años 90, además de particularidades propias del discurso periodístico sobre las orientaciones sexuales minoritarias, tradicionalmente construido sobre prejuicios y estereotipos.

Corpus y metodología

Para el desarrollo de este análisis, se ha sometido a estudio la cobertura periodística que la prensa española ha realizado sobre los casos de violencia en parejas del mismo sexo conocidos entre el 1 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2014 y que ha sido posible identificar mediante una búsqueda avanzada a través de la herramienta en línea MyNews, una base de datos de prensa que almacena las ediciones de los principales periódicos españoles desde 1996, sumando en total más de 200 periódicos y 800 fuentes online. La exploración de esos cinco años dio como resultado informaciones referidas a cuatro episodios de violencia en parejas homosexuales. En todos los casos, se trata de parejas gays y, además, también en todos los casos se trata de homicidios.

Para componer el corpus de unidades de análisis, se tomó la decisión de sumar todas las piezas vinculadas a los sucesos delimitados que fueron publicadas durante los tres días posteriores a la comisión del delito en las cuatro cabeceras de difusión estatal con redacción en Madrid. Ordenadas de más a menos lectores según los datos ofrecidos por el Estudio General de Medios (EGM), las cabeceras examinadas son El país (EP), El mundo (EM), Abc (Abc) y La razón (LR). Para esta investigación, se tomarán en consideración las ediciones locales que estos cuatro diarios publican en Madrid. Asimismo, se consideró pertinente incluir la cabecera regional más leída en aquellos episodios que hubieran tenido lugar en otras comunidades autónomas.

Los casos de estudio cuyo tratamiento informativo es sometido a análisis son:

El homicidio del joven R.C.C., de 30 años, en Xàbia (Alicante). Su novio lo apuñaló el 3 de julio de 2010. Se recogen las informaciones aparecidas entre el 4 y el 6 de ese mismo mes. Pese a que el diario regional más leído en Alicante es el Diario Información, no ha sido posible recuperar las noticias publicadas por esta cabecera, de tal modo que se incluye finalmente en el análisis la cobertura ofrecida por el segundo periódico regional más leído en la provincia, La verdad de Alicante (LV). En total, se obtienen 10 unidades de análisis.

Los tiros mortales recibidos por M.H., de 28 años, en Madrid. Le disparó su ex novio, que seguidamente se suicidó, el 26 de julio de 2011. Se realiza el seguimiento de la cobertura periodística publicada entre el 27 y 29 de ese mes. Se recogen 10 unidades de análisis.

El homicidio de M.A.A., de 40 años, en Madrid. El crimen lo perpetró su novio, que se suicidó tras cometer el delito. Los hechos tuvieron lugar el 20 de diciembre de 2011, pese a que no se descubrieron hasta el día siguiente. Por ello, se observan las ediciones publicadas entre el 22 y el 24 de ese mes. Tan solo se recuperan tres unidades de análisis.

El asesinato del actor K.L., de 54 años, en Bilbao. El marido de la víctima fue quien acabó con su vida. El suceso ocurrió el 19 de noviembre de 2014, pero el cadáver no fue hallado hasta el día siguiente. La revisión hemerográfica se realiza observando las informaciones publicadas entre el 21 y el 23 de ese mes. Además de los cuatro diarios estatales examinados, en este caso se suma la cabecera El Correo Español-El Pueblo Vasco (EC). La búsqueda suma 12 unidades de análisis.

En total, pues, el corpus se compone de 35 piezas redaccionales sobre las que se llevará a cabo un análisis de contenido. De acuerdo con la tradicional definición aportada por Berelson (1971: 18), esta técnica nos facilita el estudio del contenido manifiesto de los mensajes a través de una descripción objetiva, sistemática y cuantitativa. También Bardin señala que el análisis de contenido consiste en “un conjunto de técnicas de análisis de comunicaciones tendente a obtener indicadores (cuantitativos o no) por procedimientos sistemáticos y objetivos de descripción del contenido de los mensajes” (1986: 32).

Nuestra aproximación al corpus será fundamentalmente cuantitativa, con el objetivo de identificar y contabilizar la presencia de características específicas o dimensiones de los documentos y, con ello, ser capaces de obtener información sobre los mensajes, imágenes y representaciones vinculados con esas piezas y sobre su significancia social desde un punto de vista más amplio (Hansen et al., 1998). Las ventajas de esta apuesta metodológica han sido subrayadas por numerosos científicos sociales, que destacan el alto grado de rigor, precisión y fiabilidad que su utilización aporta a los datos resultantes al someter los mensajes a categorías explícitamente identificadas (Deacon et al., 1999: 133).

Para ello, hemos elaborado una hoja de codificación que se compone de 11 diferentes categorías que abordan distintos aspectos vinculados con el enmarcado de la cobertura, como la presentación visual de la información, las fuentes empleadas o los móviles del crimen señalados, entre otros. No obstante, conscientes de las limitaciones de esta técnica cuando el número de unidades a examinar es escaso, también exploraremos algunos aspectos de la cobertura analizada desde una perspectiva más cualitativa, vinculados a las opciones discursivas más significativas, y que permitan ilustrar e interpretar algunos de los datos que el examen cuantitativo ponga de manifiesto.

Así, por ejemplo, el trabajo examina críticamente el empleo de eufemismos (Carratalá, 2011a) y también las implicaciones ideológicas (Van Dijk, 2008) que pueden desprenderse de la inclusión de determinados estereotipos, de la categorización que se hace de los hechos narrados y de la motivación del homicidio al que apuntan las informaciones. Las 11 variables tomadas en consideración durante el procedimiento de análisis han sido elaboradas a partir de la revisión bibliografía efectuada y, por lo tanto, recogen las categorías que los estudios realizados hasta el momento han demostrado más significativas en la investigación sobre la cobertura mediática tanto de la violencia de género como de la comunidad LGTB:

1) Presentación y jerarquización de las noticias. La valoración del espacio otorgado a las piezas, si por ejemplo se encuentran en una ubicación privilegiada o no dentro del medio (portada, página par/impar...), se ha demostrado relevante en diversos trabajos anteriores sobre cómo la prensa aborda la violencia machista (Marín et al., 2011; Zurbano, 2012).

2) Empleo de imágenes. En investigaciones previas (Marín et al., 2011), el análisis de la presencia o no de acompañamiento gráfico y el contenido del mismo (agresor, cadáver, vecinos, localización...) se ha revelado como un aspecto significativo del tratamiento informativo de la violencia de género. Asimismo, algunos códigos y manuales deontológicos, como el elaborado por el Instituto de la Mujer y por profesionales de RTVE en 2002, recogido por Rodríguez (2008), también hacen referencia a cuestiones relacionadas con ello, como es la necesidad de respetar la dignidad de la víctima mientras sí se acepta identificar la figura del agresor.

3) Información e interpretación. La necesidad de ir más allá de la simple descripción de los hechos e intentar contextualizar y aportar datos constituye un factor clave en la cobertura de este fenómeno, tal como se ha señalado en análisis precedentes (Marín et al., 2011). De acuerdo con Berganza (2003), “la explicación del contexto en el que se producen este tipo de delitos adquiere una gran importancia a la hora de la definición y reconocimiento social del problema”.

4) Fuentes empleadas. El estudio de qué actores son incorporados como fuentes en la construcción de la información sobre violencia de género se ha demostrado muy útil para evaluar si la cobertura se plantea como una noticia de sucesos o como problema social (Berganza, 2003; Vives-Cases et al., 2005; Marín et al., 2011). Asimismo, el análisis de este indicador también se ha considerado de interés en la investigación sobre cómo el periodismo aborda noticias vinculadas con la realidad LGTB (Carratalá, 2011b).

5) Motivos del crimen: móvil y responsabilidad del homicida. Algunas de las investigaciones realizadas hasta el momento sobre cómo el periodismo aborda la violencia de género han alertado del peligro que supone introducir algunos atenuantes en la narración de los hechos que puedan presentar al agresor como un enfermo (Marín et al. 2011). Asimismo, determinados manuales de estilo, como el del Instituto Andaluz de la Mujer, subrayan que no debe exponerse la agresión como si fuera una consecuencia lógica de la pasión amorosa de algunos sujetos. Según señala Rodríguez (2008) en su estudio, deben evitarse calificativos atribuidos al asesino como celoso, bebedor o enfermo mental para así no frivolizar, minimizar o distorsionar la noticia desviando la atención de las verdaderas causas.

6) Sensacionalismo. De acuerdo con Berganza (2003), uno de los riesgos de la contextualización de esta realidad es la representación de la violencia como espectáculo, lo que supone una recreación sensacionalista centrada en la descripción de detalles y elementos morbosos. También otros estudios (Marín et al., 2011) analizan hasta qué punto el periodismo pone el acento en los pormenores y se acerca al amarillismo cuando se trata de informar sobre violencia de género. La recomendación de huir del tratamiento sensacionalista queda recogida, además, en el manual de urgencia elaborado por el Instituto de la Mujer y RTVE, donde se advierte del riesgo de confundir el morbo con el interés social y se pide no caer en el amarillismo (Rodríguez, 2008). Asimismo, el sensacionalismo ha sido un indicador examinado en coberturas periodísticas relacionadas con la comunidad LGTB (Carratalá, 2011b).

7) Empleo de eufemismos y estereotipos. Los eufemismos y los estereotipos son dos estrategias de representación identitaria habituales cuando la comunidad LGTB es objeto de información periodística, según se ha demostrado en investigaciones anteriores (Carratalá, 2011a; 2011b). Los estudios previos que han observado su presencia y el hecho de que algunos manuales de estilo sobre cómo cubrir la violencia de género expliciten la importancia de evitar su difusión (Rodríguez, 2008) justifica que sean incluidos como categoría de análisis.

8) Categorización del suceso. La mayoría de estudios desarrollados sobre el tratamiento informativo de la violencia de género han revelado la importancia de analizar qué terminología se emplea para aludir a una misma realidad (Rodríguez, 2008). Así, Berganza (2003) señala cómo, a finales de los 80, los casos de malos tratos conyugales no se relacionaban con el marco en el que se suelen producir, desapareciendo así cualquier referente de la violencia de género en los textos. Otros trabajos también han fijado su atención en este asunto, subrayando la desigual presencia de conceptos como violencia de género, machista o contra la mujer (Marín et al., 2011) y reflexionando sobre el modo en que las formas de nombrar, caracterizar y representar los diferentes aspectos de la violencia de género influirá en la concepción de los públicos sobre qué es, cómo puede manifestarse y cuáles son los recursos a su alcance (Zurbano, 2010a).

9) Equiparación con otros tipos de violencia. Analizar si el fenómeno sobre el que se lleva a cabo la cobertura informativa es igualado a otras agresiones se demuestra de interés como señalan Rodríguez (2008), que identificó cómo algunos casos de violencia de género fueron equiparados al parricidio de manera incorrecta, o Zurbano (2012), que examinó hasta qué punto las diversas manifestaciones de violencia de género cubiertas por la prensa pueden quedar o no encuadradas de manera explícita bajo el concepto tal y como es empleado de manera habitual.

10) Tematización. La necesidad de examinar marcadores temáticos (Zurbano, 2012) en la información sobre violencia de género ha sido subrayada por diversas investigaciones previas, como la de Berganza (2003), que explica cómo en la década de los 90 se produjo el paso de noticias episódicas a noticias temáticas mediante la relación de unos hechos con otros y su presentación como una problemática social, o Vives-Cases et al. (2005), que subrayaron cómo la falta de un enfoque más multidimensional de la violencia de género ofrecía una versión simplificada del problema y de sus posibles soluciones.

11) Ayuda. La recomendación de ofrecer información útil, de servicio, durante la cobertura de agresiones de violencia de género es subrayada en algunos manuales, como el de RTVE (Rodríguez, 2008). Investigaciones previas (Zurbano, 2010b; Marín et al., 2011) han incluido en su análisis la identificación de la presencia de elementos de este tipo en las noticias que examinaron.

Resultados

En primer lugar, es necesario señalar que de las 35 piezas identificadas como pertinentes para nuestro estudio, dos no formarán parte del análisis cuantitativo diseñado para conocer las características del discurso informativo sobre la violencia intragénero al tratarse de dos artículos englobados en los llamados géneros de opinión (una columna y un editorial). De este modo, la codificación se ha realizado a partir del análisis de 33 unidades de carácter informativo.

Como ya se ha avanzado en el apartado metodológico, el caso de estudio que recibió una mayor cobertura fue el del homicidio de K.L., al contar con 12 piezas. Esta circunstancia podría explicarse, al menos en parte, por la notoriedad pública de la víctima, que había trabajado como actor en diversas ficciones audiovisuales. Respecto al medio de comunicación que en más ocasiones dedica espacio a informar sobre esta violencia, observamos que es el diario Abc el que otorgó más atención a los cuatro sucesos examinados al publicar ocho piezas sobre los mismos, lo que le sitúa muy próximo del periódico El País, que sumó siete ítems en su cobertura de los crímenes seleccionados.

Las cabeceras regionales destacan, por otro lado, por ofrecer un mayor seguimiento a estas muertes, algo lógico si se tiene en cuenta que el factor noticioso de proximidad resulta mucho más relevante para estos medios. Así, La Verdad publicó tres piezas, durante tres jornadas consecutivas, sobre el homicidio registrado en Xàbia en 2010 (frente, por ejemplo, a Abc, que solo lo recogió el día posterior al suceso). El Correo difundió cinco piezas –más el editorial que no es codificado– sobre el crimen del actor en Bilbao (Abc, sin embargo, únicamente dedicó una noticia a cubrir estos hechos).



5.1. Presentación y jerarquización de las noticias

Observamos que la mayor parte de las ocasiones las informaciones difundidas sobre violencia intragénero no cuentan con llamada en portada (73%). En solo nueve casos, la noticia fue destacada en la primera plana del medio o en la portadilla interior que abre las páginas que componen la edición regional en el caso de los diarios estatales. Asimismo, el 61% de las informaciones fueron ubicadas en página par, revelando así el dominio de este espacio, tradicionalmente considerado de menor importancia, frente a las planas impares. En relación a la extensión, la mayoría de unidades examinadas (58%) se debaten entre ocupar ¼ y ½ página. Una de cada tres piezas se extiende a lo largo de una o más páginas.



5.2. Empleo de imágenes

La mayor parte de las unidades analizadas (76%) cuentan con acompañamiento gráfico, que siempre, excepto en una ocasión, se trata de una fotografía. La víctima es el elemento principal de estas imágenes, que en numerosas ocasiones buscan identificarla mediante una foto reciente (28%) o retratan el momento en el que se produce el levantamiento del cadáver (21%). Como podemos observar en el gráfico, resulta menos habitual que el contenido gráfico identifique al agresor o que retrate el lugar del suceso o a los más allegados a los sujetos implicados en la noticia.





Fuente: elaboración propia.

5.3. Información e interpretación

La amplia mayoría de piezas (82%) podrían ser consideradas propias del género genuinamente informativo, dado que se limitan a recoger datos e hipótesis sobre el crimen o declaraciones sobre el entorno próximo de la víctima y del homicida. Solo cuatro de las unidades codificadas se aproximan a relatos más interpretativos, cercanos a la crónica y al artículo-retrato de los implicados. Dado el predominio del discurso informativo, no sorprende que la mayoría de titulares (52%) respondan también a este registro, siendo menor el número de casos en los que observamos titulares interpretativos/expresivos (33%), como ocurre con “Pasión gay en el gym” (LR, 27/07/2011), o que recojan citas o declaraciones (15%). Estos últimos se reservan para reproducir afirmaciones del entorno de la víctima, de los conocidos del agresor o, incluso, la declaración de este último: “El detenido en Xàbia dice que mató a su novio porque se durmió antes del sexo” (EM, 05/07/2010)

Muchas de las piezas informativas intentan, no obstante, aportar cierta contextualización de los hechos narrados, tanto sincrónica (observada en el 55% de las informaciones) como diacrónica (más presente, hasta en el 76% de los ítems, sobre todo al tratar de ofrecer un recorrido por la evolución de la pareja que protagoniza el hecho informativo). No obstante, en ambos casos nos referimos a la contextualización del suceso en sus circunstancias específicas, sin abordar su posible lectura como manifestación particular de un fenómeno violento de mayor alcance. Estos son dos ejemplos de cómo algunas informaciones tratan de interpretar la agresión específica a partir del historial sentimental de la pareja:

“…no existen denuncias anteriores por otros casos de violencia doméstica en el seno de la pareja” (LV, 06/07/2010)

“Fuentes de la investigación explicaron a Abc que el funcionario acosaba constantemente a Marcos […] Le llamaba por teléfono, iba a verle al trabajo…” (Abc, 28/07/2011)

5.4. Fuentes empleadas

En buena parte de las unidades de análisis detectamos fuentes vinculadas con el entorno personal de las personas implicadas: familiares, amigos, vecinos… Estas voces se recogen en más de la mitad de las informaciones (55%). Es destacable el elevado número de casos en los que la información se presenta sin explicitar las fuentes que han proporcionado los datos o hipótesis reflejadas (42%), bajo fórmulas como “fuentes próximas a la investigación”. Sí se explicita que se ha consultado a fuentes policiales en un 30% de las informaciones examinadas. Sorprende la ínfima inclusión de fuentes oficiales del ámbito político, que aparecen en cuatro noticias; judiciales, solo citadas en dos ocasiones, y expertos, que tan solo observamos en una noticia en la que un criminólogo analiza el homicidio ocurrido en Bilbao. En ninguna de las informaciones se cita a fuentes vinculadas con las organizaciones de defensa de los derechos de la comunidad LGTB.






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