Resiliencia y autoconcepto en estudiantes de la escuela



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RESILIENCIA Y AUTOCONCEPTO
EN ESTUDIANTES DE LA ESCUELA
SECUNDARIA

Linda Droguett Latorre


Director: Juan de Dios Uriarte
Línea de investigación: Autoconcepto
Departamento: Psicología Evolutiva y de la Educación.
2010

INDICE


Pág.

Resumen y Abstract. 2


Capítulo1:Introducción 3
Capítulo 2: Estudio Empírico 11

2.1. Planteamiento del problema de investigación

2.2. Objetivos de la investigación

2.3. Diseño

2.4. Hipótesis (interrogantes, expectativas)

2.5. Variables e instrumentos de medida.

2.6. Participantes

2.7. Análisis de los datos

2.8. Procedimiento (desarrollo de la investigación)

Conclusiones

Bibliografía

RESUMEN
La investigación que a continuación se presenta es de tipo cuantitativa, descriptiva, correlacional y transeccional, que intenta comprobar lo que muchos teóricos han aseverado: que el autoconcepto y la resiliencia están positivamente relacionados.

Para ratificar dicha teoría y así comprobar la hipótesis de la investigación se aplicaron dos instrumentos: AF5 de Autoconcepto y Test de Resiliencia para adolescentes.

La muestra que se utilizó para aplicar los instrumentos fue extraída de la totalidad de estudiantes pertenecientes a las escuelas secundarias municipalizadas de la ciudad de Iquique, en Chile y constó de 368 estudiantes adolescentes de ambos sexos.

ABSTRACT

CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN (Marco teórico)


En este tiempo en que la sociedad está expuesta a vertiginosos cambios producidos por los avances tecnológicos y la globalización que conducen, quiéralo o no, a la despersonalización del individuo y a la posterior pérdida de su identidad, si no se resuelve bien la crisis de identidad se puede aceptar una identidad creada por los padres, los amigos o la autoridad.

Se necesita que cada individuo se conozca y tenga suficiente satisfacción con lo que es y lo que hace, a la vez que se sienta con la capacidad y habilidad suficientes para enfrentar la vida; es decir, tenga un elevado autoconcepto y también un alto nivel de resiliencia.

De ahí la importancia de conocer el nivel del autoconcepto y de resiliencia de los adolescentes de forma tal que se pueda desarrollar en ellos estas características de su personalidad con el objetivo de prepararlos para enfrentar los desafíos de esta sociedad del siglo XXI.

En la presente investigación se trabajó con dos constructos del ámbito de la Psicología Educativa con el objetivo de relacionarlos: El Autoconcepto y la Resiliencia.

Autoconcepto:

En las últimas décadas se ha venido subrayando la importancia del autoconcepto en el bienestar psicosocial desde diferentes ámbitos de la Psicología (Stevens, 1996 en García F. y Musitu, G (2001). También los psicólogos clínicos, los psicólogos de la educación y los psicólogos sociales, defienden la importancia de este constructo en la explicación del comportamiento humano. (Gergen, 1984 en García y Musitu, 2001).

El autoconcepto o autoimagen es la representación que la persona tiene de sí misma; son las creencias que cada persona tiene sobre sus características: a nivel físico, sicológico, intelectual, social y afectivo.

Por otra parte, el desarrollo que se le ha dado a este ámbito de estudio desde la Psicología Cognitiva ha contribuido a otorgar al autoconcepto un lugar central en el complejo entramado de los procesos psicosociales del ser humano

Los factores que determinan el autoconcepto son los siguientes:


  • La actitud o motivación: es la tendencia a reaccionar frente a una situación tras evaluarla positiva o negativa. Es la causa que impulsa a actuar, por tanto, será importante plantearse los porqué de nuestras acciones, para no dejarnos llevar simplemente por la inercia o la ansiedad.

  • El esquema corporal: supone la idea que tenemos de nuestro cuerpo a partir de las sensaciones y estímulos. Esta imagen está muy relacionada e influenciada por las relaciones sociales, las modas, complejos o sentimientos hacia nosotros mismos.

  • Las aptitudes: son las capacidades que posee una persona para realizar algo adecuadamente (inteligencia, razonamiento, habilidades, etc.)

  • Valoración externa: es la consideración o apreciación que hacen las demás personas sobre nosotros. Son los esfuerzos sociales, halagos, contacto físico, expresiones gestuales, reconocimiento social, etc.

Se destacan tres características esenciales:

  • No es innato: el autoconcepto se va formando con la experiencia y la imagen proyectada o percibida en los otros.

  • Es un todo organizado: el individuo tiende a ignorar las variables que percibe de él mismo que no se ajustan al conjunto y tiene su propia jerarquía de atributos a valorar.

  • Es dinámico: puede modificarse con nuevos datos, provenientes de una reinterpretación de la propia personalidad o de juicios ajenos. (Wikipedia, 2009)

Cuando se habla de autoconcepto se hace referencia al conjunto de sentimientos, percepciones y valoraciones que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto persona. Percepciones relativas a uno mismo y que aluden a las propias características y capacidades, al concepto de uno mismo en relación con los demás y el medio, a los valores, metas, ideales, percibidos positiva o negativamente por el sujeto. Se hace referencia a las dimensiones básicas que definen a la persona, como son: habilidades, rasgos físicos, rasgos emocionales y afectivos. En suma, es la imagen y valoración que tiene un individuo de sí mismo, contemplando el conjunto de características y experiencias por las que pasa.

El autoconcepto es uno de los más importantes resultados del proceso socializador y educativo. Proporciona pautas para interpretar la experiencia; es el marco de referencia sobre la base del cual se organizan todas las experiencias. El significado y valor de la realidad dependen, en gran parte, de cómo la persona se ve a sí misma; según el concepto que de sí misma tenga la persona interpretará la realidad. Es necesario tener un autoconcepto positivo para una conveniente adaptación del sujeto, para la felicidad personal y para un funcionamiento eficaz.

Derivado de lo anterior es que, una de las funciones psicológicas más importantes que se le atribuyen a la familia es la formación del autoconcepto de los individuos que la integran a través de las distintas técnicas de socialización que los padres utilizan, del grado de comunicación padres-hijos y del clima familiar. Todo ello, contribuye tanto al contenido del autoconcepto como a su componente evaluativo/valórico o autoestima.

Los planteamientos actuales más relevantes presentan al autoconcepto como una entidad con múltiples facetas o como un conglomerado de múltiples concepciones en el que conviven aspectos estables con otros cambiantes y maleables.

Uno de los aspectos más conflictivos y polémicos en los últimos años es el relacionado con la multidimensionalidad del autoconcepto. Uno de los primeros autores que describió empíricamente el autoconcepto como un constructo multidimensional fue Fitts ( 1965) , quien le atribuyó tres factores internos : identidad, autosatisfacción y conducta; y cinco externos: físico, moral, personal, familiar y social.

Un modelo teórico alternativo que ha gozado de gran aceptación, es el modelo jerárquico y multifacético de Shavelson, Hubner y Stanton (1876); Estos autores conciben el autoconcepto como la percepción que el individuo tiene de sí mismo, la cual se basa directamente en sus experiencias en relación con los demás y en las atribuciones que él mismo hace de su propia conducta. Desde este modelo se plantea que el autoconcepto del adolescente puede dividirse en autoconcepto académico y autoconcepto no académico configurándose este último por componentes emocionales, sociales y físicos. Estos autores definen siete características básicas del autoconcepto:



  1. Está organizado: el individuo adopta un sistema de categorización particular que da significado y organiza las experiencias de la persona; las categorías representan una forma de organizar las experiencias propias y de atribuirles un significado.

  2. Es multifacético: El sistema de categorización parece incluir áreas tales como la escuela, la aceptación social, el atractivo físico y las habilidades sociales y físicas.

  3. Su estructura puede ser jerárquica. Sus dimensiones tienen diferentes significados e importancia en función de los valores y de la edad de los sujetos.

  4. El autoconcepto global es relativamente estable. Su variabilidad depende de su ubicación en la jerarquía, de manera que las posiciones inferiores son más variables.

  5. Es experimental: se va construyendo y diferenciando a lo largo del ciclo vital del individuo.

  6. Tiene un carácter evaluativo: La dimensión evaluativa varía en importancia y significado dependiendo de los individuos y las situaciones. Esta valoración diferencial depende, probablemente, de la experiencia pasada del individuo en una cultura y sociedad particular, en una familia, etc.

  7. Es diferenciable de otros constructos con los cuales está teóricamente relacionado (habilidades académicas, autocontrol, habilidades sociales, etc.)

(Resines, 2009)

Resiliencia:

En psicología, el término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a muertes o períodos de dolor emocional. Cuando un sujeto o grupo animal es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o, incluso, resultar fortalecido por los mismos. El concepto de resiliencia se corresponde con el término entereza.

Este concepto fue introducido en el ámbito psicológico hacia los años 70 por el paido-psiquiatra Michael Rutter, directamente inspirado en el concepto de la física. En la opinión conductista de Rutter, la resiliencia se reducía a una suerte de "flexibilidad social" adaptativa.

El concepto se profundizó al transcender al conductismo, por ejemplo, con las investigaciones del etólogo Boris Cyrulnik, quien amplió el concepto de resiliencia observando a los sobrevivientes de los campos de concentración, los niños de los orfelinatos rumanos y los niños en situación de calle bolivianos.

La resiliencia es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas (E. Chávez y E. Yturralde, 2006)

La resiliencia es un proceso dinámico que tiene por resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad (Luthar, 2000)

La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, es decir, la capacidad de proteger la propia integridad, bajo presión y, por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles. (Vanistendael , 1994)

La resiliencia se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e intra-psíquicos que posibilitan tener una vida «sana» en un medio insano. Estos procesos se realizan a través del tiempo, dando afortunadas combinaciones entre los atributos del niño y su ambiente familiar, social y cultural. (Rutter, 1992)

Habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva. (ICCB, Institute on Child Resilience and Family, 1994)

Concepto genérico que se refiere a una amplia gama de factores de riesgo y su relación con los resultados de la competencia. Puede ser producto de una conjunción entre los factores ambientales y el temperamento, y un tipo de habilidad cognitiva que tienen algunos niños aun cuando sean muy pequeños. (Osborn, 1996)

Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. (Grotberg, 1995)

La resiliencia significa una combinación de factores que permiten a un niño, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos. (Suárez Ojeda, 1995)

La resiliencia es una respuesta global en la que se ponen en juego los mecanismos de protección, entendiendo por estos no la valencia contraria a los factores de riesgo, sino aquella dinámica que permite al individuo salir fortalecido de la adversidad, en cada situación especifica y respetando las características personales. (Infante, 1997)

El nuevo concepto: en el marco de investigaciones de epidemiología social se observó que no todas las personas sometidas a situaciones de riesgo sufrían enfermedades o padecimientos de algún tipo, sino que, por el contrario, había quienes superaban la situación y hasta surgían fortalecidos de ella. A este fenómeno se lo denomina en la actualidad resiliencia

El trabajo que dio origen a este nuevo concepto fue el de E. E. Werner (1992), quien estudió la influencia de los factores de riesgo, los que se presentan cuando los procesos del modo de vida, de trabajo, de la vida de consumo cotidiano, de relaciones políticas, culturales y ecológicas, se caracterizan por una profunda inequidad y discriminación social, inequidad de género e inequidad etnocultural que generan formas de remuneración injustas con su consecuencia: la pobreza, una vida plagada de estresores, sobrecargas físicas, exposición a peligros (más que “factores de riesgo” deberíamos considerarlos procesos destructivos [Breilh, 2003] que caracterizan a determinados modos de funcionamiento social o de grupos humanos). Werner siguió durante más de treinta años, hasta su vida adulta, a más de 500 niños nacidos en medio de la pobreza en la isla de Kauai. Todos pasaron penurias, pero una tercera parte sufrió además experiencias de estrés y/o fue criado por familias disfuncionales por peleas, divorcio con ausencia del padre, alcoholismo o enfermedades mentales. Muchos presentaron patologías físicas, psicológicas y sociales, como desde el punto de vista de los factores de riesgo se esperaba. Pero ocurrió que muchos lograron un desarrollo sano y positivo: estos sujetos fueron definidos como resilientes.

Como siempre que hay un cambio científico importante, se formuló una nueva pregunta que funda un nuevo paradigma: ¿por qué no se enferman los que no se enferman?

Primero se pensó en cuestiones genéticas (“niños invulnerables” se los llamó), pero la misma investigadora miró en la dirección adecuada. Se anotó que todos los sujetos que resultaron resilientes tenían, por lo menos, una persona (familiar o no) que los aceptó en forma incondicional, independientemente de su temperamento, su aspecto físico o su inteligencia. Necesitaban contar con alguien y, al mismo tiempo, sentir que sus esfuerzos, su competencia y su autovaloración eran reconocidas y fomentadas, y lo tuvieron. Eso hizo la diferencia. Werner dice que todos los estudios realizados en el mundo acerca de los niños desgraciados, comprobaron que la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo. O sea que la aparición o no de esta capacidad en los sujetos depende de la interacción de la persona y su entorno humano.

 

Pilares de la resiliencia: a partir de esta constatación se trató de buscar los factores que resultan protectores para los seres humanos, más allá de los efectos negativos de la adversidad, tratando de estimularlos una vez que fueran detectados. Así se describieron los siguientes:



 

Autoestima consistente. Es la base de los demás pilares y es el fruto del cuidado afectivo consecuente del niño o adolescente por un adulto significativo, “suficientemente” bueno y capaz de dar una respuesta sensible.

Introspección. Es el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Depende de la solidez de la autoestima que se desarrolla a partir del reconocimiento del otro. De allí la posibilidad de cooptación de los jóvenes por grupos de adictos o delincuentes, con el fin de obtener ese reconocimiento.

Independencia. Se definió como el saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas; la capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento. Depende del principio de realidad que permite juzgar una situación con prescindencia de los deseos del sujeto. Los casos de abusos ponen en juego esta capacidad.

Capacidad de relacionarse. Es decir, la habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas, para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros. Una autoestima baja o exageradamente alta producen aislamiento: si es baja por autoexclusión vergonzante y si es demasiado alta puede generar rechazo por la soberbia que se supone.

Iniciativa. El gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes.

Humor. Encontrar lo cómico en la propia tragedia. Permite ahorrarse sentimientos negativos aunque sea transitoriamente y soportar situaciones adversas.

Creatividad. La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. Fruto de la capacidad de reflexión, se desarrolla a partir del juego en la infancia.

Moralidad. Entendida ésta como la consecuencia para extender el deseo personal de bienestar a todos los semejantes y la capacidad de comprometerse con valores. Es la base del buen trato hacia los otros.

Capacidad de pensamiento crítico. Es un pilar de segundo grado, fruto de las combinación de todos los otros y que permite analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se sufre, cuando es la sociedad en su conjunto la adversidad que se enfrenta. Y se propone modos de enfrentarlas y cambiarlas. A esto se llega a partir de criticar el concepto de adaptación positiva o falta de desajustes que en la literatura anglosajona se piensa como un rasgo de resiliencia del sujeto (Melillo, 2002).

 

Las fuentes interactivas de la resiliencia: de acuerdo con Edith Grotberg (1997), para hacer frente a las adversidades, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, los niños toman factores de resiliencia de cuatro fuentes que se visualizan en las expresiones verbales de los sujetos (niños, adolescentes o adultos) con características resilientes:



  • “Yo tengo” en mi entorno social.

  • “Yo soy” y “yo estoy”, hablan de las fortalezas intrapsíquicas y condiciones personales.

  • “Yo puedo”, concierne a las habilidades en las relaciones con los otros.

Tengo: Personas alrededor en quienes confío y que me quieren incondicionalmente.

Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar los peligros. Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder.

Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.

Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender.

Soy: Alguien por quien los otros sienten aprecio y cariño.

Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.

Respetuoso de mí mismo y del prójimo.

Estoy: Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.

Seguro de que todo saldrá bien.

Puedo: Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.

Buscar la manera de resolver mis problemas.

Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.

Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o actuar.

Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

 

¿Cómo se desarrolla la resiliencia? si decimos que un pilar de la resiliencia es la autoestima y sabemos que ésta se desarrolla a partir del amor y el reconocimiento del bebé por parte de su madre y su padre, es en ese vínculo que empieza a generarse un espacio constructor de resiliencia en el sujeto. Por supuesto que pueden ocurrir distintos procesos, más o menos favorables, que van trazando diferentes destinos.



Este primer pilar de la resiliencia está en la base del desarrollo de todos los otros: creatividad, independencia, introspección, iniciativa, capacidad de relacionarse, humor y moralidad.

Boris Cyrulnik (2001) ha realizado aportes sustantivos sobre las formas en que la adversidad hiere al sujeto, provocando el estrés que generará algún tipo de enfermedad y padecimiento. En el caso favorable, el sujeto producirá una reacción resiliente que le permite superar la adversidad. Su concepto de "oxímoron", que describe la escisión del sujeto herido por el trauma, permite avanzar aún más en la comprensión del proceso de construcción de la resiliencia, a la que le otorga un estatuto que incluimos entre los mecanismos de desprendimiento psíquicos. Éstos, descriptos por Edward Bibring (1943), a diferencia de los mecanismos de defensa, apuntan a la realización de las posibilidades del sujeto en orden a superar los efectos del padecimiento. “El oxímoron revela el contraste de aquel que, al recibir un gran golpe, se adapta dividiéndose. La parte de la persona que ha recibido el golpe sufre y produce necrosis, mientras que otra parte mejor protegida, aún sana pero más secreta, reúne, con la energía de la desesperación, todo lo que puede seguir dando un poco de felicidad y sentido a la vida"(Cyrulnik, 2001).

La resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre los dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social. Esto elimina la noción de fuerza o debilidad del individuo; por eso en la literatura sobre resiliencia se dejó de hablar de niños invulnerables. Tiene contactos con la noción de apuntalamiento de la pulsión. Como dice Freud (1929) "[...] la libido sigue los caminos de las necesidades narcisistas y se adhiere a los objetos que aseguran su satisfacción". La madre, que es la primera suministradora de satisfacción de las necesidades del niño, es el primer objeto de amor y también de protección frente a los peligros externos; modera la angustia, que es la reacción inicial frente a la adversidad traumática, en grado o medida aún mínima. Va constituyendo un sustrato de seguridad, lo que Bowlby y Ainsworth llaman una relación de apego seguro (Marrone, 2001), derivado de una base emocional equilibrada, posibilitada por un marco familiar y social estables. Son los padres o cuidadores sustitutos, como mediadores con el medio social, los que ayudan a su constitución a través de una acción neutralizadora de los estímulos amenazantes. Si bien esta condición inicial del sujeto sigue existiendo toda la vida, siempre será fundamental un otro humano para superar las adversidades mediante el desarrollo de las fortalezas que constituyen la resiliencia.

 Problemática.

En las últimas décadas se ha venido subrayando la importancia, tanto del autoconcepto como de la resiliencia en el bienestar psicosocial desde diferentes ámbitos de la Psicología.
Planteamiento del problema de investigación

Los nuevos tiempos han traído consigo nuevos desafíos, enfrentamientos a situaciones difíciles y contextos adversos como la pobreza y el fracaso tanto profesional como personal, emocional, familiar o social, ante lo cual hay sujetos que logran salir adelante mientras otros sucumben ante él. A la capacidad de los sujetos de salir adelante a pesar de las dificultades, se le ha denominado resiliencia.

Antecedentes.

Muchas investigaciones se han realizado relacionadas con el Autoconcepto, analizando además, cada una de sus dimensiones. Así es como se han elaborado tests para conocer el Autoconcepto en cada una de sus dimensiones: Académico/profesional, social, emocional, familiar y físico.

A su vez, en Resiliencia, tanto en Estados Unidos como Europa, incluso en Chile, donde se encuentra la Fundación CEANIM (Centro de Estudios y Atención del Niño y la Mujer) quien educa en Resiliencia a profesionales de la educación y personas en general, sobretodo apelando a rescatar emocionalmente a niños y mujeres obres y/o maltratadas.

Relacionando ambos constructos, también se han realizado estudios, entre los que se destacan dos, que a continuación se explicitan.

a) Castro María Elena y Llanes, Jorge (2002), relacionan el Autoconcepto con la Resiliencia indicando que “el autoconcepto puede entenderse como la comprensión que tengo de mí mismo, de mi entorno, de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mis habilidades y capacidades, positiva o negativa de estas características, en términos de satisfacción o insatisfacción o de agrado o desagrado, como el “para qué soy bueno” y lo que los demás aprecian de mí. Este concepto va mucho más allá de la simple autoestima, es decir, de qué tanto me quiero. El autoconcepto es más integral y abarca el fortalecimiento o la resiliencia de lo que es su capacidad para hacer frente a los estresores y a las adversidades de la vida. Una persona fortalecida o resiliente tiene un autoconcepto que lo habilita para resolver problemas y ser competente en su interacción social con los demás.

b) Al respecto, García Ucha, F. (1996) en http://ucha.blogia.com/ indica que: “En un monográfico sobre resiliencia Lara Molina, E. y colaboradores (2000) destacan:

Los niños que tienen un alto grado de resiliencia al cual se vinculan a una elevada autoestima y buen autoconcepto presentan características particulares, tales como:


  • Motivación de logro.

  • Mayor actitud de acercamiento a situaciones y personas nuevas.

  • Autosuficiencia.

  • Actitud dirigida a la resolución de problemas.

  • Menor evitación de los problemas.

  • Menor fatalismo frente a situaciones difíciles.

  • En cuanto a temperamento, muestran un humor básico positivo.

  • Coeficiente intelectual verbal y matemático normal.

Por otra parte, se señala que es posible fomentar una personalidad resiliente en etapas posteriores de la vida”.

Objetivos de la investigación

Objetivo General: Relacionar el autoconcepto con la resiliencia de los estudiantes adolescentes.

Objetivos específicos:



  1. Conocer el nivel de autoconcepto, en cada uno de sus cinco dimensiones, de cada uno de los adolescentes analizados.

  2. Conocer el nivel de resiliencia, en sus siete dimensiones, de cada uno de los adolescentes analizados.


CAPÍTULO 2: ESTUDIO EMPÍRICO




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