Reconstruir el tejido social mediante la práctica de transformar el pasado: Diseño de una intervención en violencia política



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X.3.1. Premisas

La intervención que se propone a continuación esta fundamentada en el concepto de trauma psicosocial que acuñó Martín-Baró (2003, 1990) al hacer un análisis de las consecuencias de la guerra en El Salvador. Central a este concepto es la noción que las consecuencias del trauma son eminentemente sociales ya que ha afectado el tejido social mismo donde las personas encuentran sus sentidos cotidianos y proyectos de vida. Por lo tanto, la meta de la intervención sería la de reparar el tejido social rasgado por la barbarie que se instaló en la vida cotidiana de la población civil (Ackermann y cols., 2005; Martín Beristain, 1999a, 1999b). Este tejido social no es el del pasado sino, principalmente, el presente en el cual habita la comunidad violentada desde las estructuras de poder. En el caso de violencia política ésta se ha desarrollado en escenarios donde grupos o poblaciones enteras han sido sometidas a actos de violencia extrema como masacres u operativos militares donde murieron o desaparecieron muchas personas, tortura, destrucción de sus viviendas y formas de vida, desplazamiento forzado de población civil, operaciones de aniquilamiento y otras de control físico y psicológico de la población (del Valle Cóbar, 2004; Paz, 2004).


El concepto de trauma psicosocial tan importante para entender la intencionalidad y las característica de la intervención que aborda este tipo de violencia tiene tres características importantes. La primera es la naturaleza dialéctica del trauma ya que éste aparece en las relaciones interpersonales e intergrupales donde quedan visibilizados dos intereses contrapuestos. La persona, ciertamente, ha sufrido las consecuencias individualmente pero esa individualidad está inmersa en una serie de identificaciones y sentidos de vida colectiva que hacen que aquella se experimente socialmente. En segundo lugar está el hecho de que para que la intervención pueda atender a una realidad vivida y sentida por las víctimas de la violencia política, ésta tiene que ir dirigida a la reparación del tejido social ya que el trauma ha sido social: sus causas son sociales y su vivencia es de manera importante social. Esta segunda característica es definitoria y central para la intervención que aquí se propone. La tercera es que de no atenderse socialmente el trauma psicosocial éste tenderá a reproducirse y matizar algunas relaciones importantes de los colectivos y personas dentro de la comunidad. En general, el fortalecimiento de la organización social de las comunidades y la toma de conciencia política favorece la reconciliación en el período de la posguerra (Ackermann y cols., 2005; Ibáñez y Díaz, 1999; Lira, 2004; Martín Beristain, 2000; Pérez Sales, 1997).

Cabe, al mismo tiempo, hacer dos observaciones sobre el modelo que aquí se presenta. La primera es que el modelo tiene características recursivas, aunque en el diagrama que lo resume pareciera que obedeciera a una secuencia lineal. En esta intervención con frecuencia habrá que retornar a etapas anteriores para que, en vista a los procesos iniciales los subsiguientes se puedan ir amoldando y adaptando a la experiencia vivencial de los y las participantes. Las acciones a desplegar y los recursos requeridos, por lo tanto, tendrán que irse modificando a lo largo de la intervención, siempre teniendo en cuenta el objetivo general y principal de la intervención. Esta característica hace honor a la complejidad del fenómeno que se está atendiendo y al que, Nirenberg, Brawerman y Ruiz (2006, p. 42) identifica como un proceso de “con marchas y contramarchas y retroalimentaciones frecuentes, donde la reflexión, la sistematización y la evaluación brindan elementos importantes para la reprogramación en los distintos momentos (del diagnóstico de la población y recursos, del planteamiento de objetivos, de la formulación de actividades, etcétera”. Esta característica fenomenológica va íntimamente unida a la manera cómo actúa la memoria a la cual se accede no de manera directa, lineal y transparente sino con frecuencia de manera indirecta, recursiva, reconstructiva e inhibitoria .


La segunda observación va íntimamente ligada a la primera y se refiere a la necesidad de evaluar el proceso y no sólo los resultados y, por lo tanto, hace referencia a una evaluación interna de la marcha de la intervención a lo largo del período de su ejecución. Para ello se hace necesario contar con una línea de base que provea información respecto al clima comunitario y grupal que se pretende llevar a niveles consistentes con una salud mental holística e integrada. Por otro lado, no conviene olvidar que entre la formulación contextualizada de la intervención y el momento en que se ésta se inicia puede transcurrir algún tiempo en el pueden desarrollarse eventos importantes íntimamente ligados con los procesos contemplado en la intervención. Esto necesariamente obliga a un mejor afinamiento del proceso de intervención que lleva a revisar la ejecución de distintas actividades, incluyendo la metodología del trabajo o formas en que se están desarrollando las acciones. Además, como observa Martín Beristain (2005) la evaluación de los procesos precisa tener siempre a la vista la finalidad última de la intervención que se centra en la reparación del tejido social, y el inicio de cambios sociales donde la participación social pueda contribuir a sentar las bases para una convivencia social basada en la verdad, la justicia, y la reconciliación.

X.3.2. Los pasos para el diseño de la intervención

Esta intervención psicosocial post-guerra tiene como objetivo abordar la memoria dolorida de comunidades afectadas por la guerra. Algunas de estas comunidades con frecuencia han experimentado el desplazamiento interno durante el conflicto bélico por períodos que pueden variar desde pocos días (como en el caso de población civil desplazada en el país a raíz de operaciones militares o insurgentes puntuales), varias semanas o meses (como en el caso de países donde el conflicto se instala de manera semi-permanente en los lugares de origen de la población civil), o varios años (donde por intermedio de organismos internacionales se han instalado campos de refugiado para acoger a los desplazados típicamente en países vecinos ya que los lugares de origen han quedado destruidos o están en zonas de enfrentamiento bélico). En la mayoría de esos casos, hay pérdidas de vidas y esta pérdida se experimenta colectivamente ya sea porque el desplazamiento ha sido colectivo o porque los operativos militares señalaban esos colectivos como objetivos de represión. La vida en campos de refugiados también es profundamente colectiva. Con frecuencia las circunstancias de las desapariciones o muertes de personas permanecen sin conocerse por bastante tiempo y la pérdida queda relegada a una memoria colectiva que, como ha quedado apuntado anteriormente, es calificada de sospechosa o atentatoria al orden post-conflicto. Con igual frecuencia, los sobrevivientes regresan a su país o lugares de origen como repobladores y ahí intentan reconstruir sus vidas personales, familiares y colectivas.

Los objetivos que persigue la intervención son los siguientes:
Objetivo global:


  • Reconstruir el tejido social rasgado después de un conflicto bélico atendiendo la memoria dolorida de comunidades afectadas por la guerra.


Objetivos específicos:


  • Acompañar a comunidades en la recuperación de la memoria de pérdidas de familiares o amigos acaecidos durante el conflicto armado ya clausurado.



  • Asistir a las comunidades en la elaboración del duelo a fin de fomentar el bienestar social y colectivo.




  • Empoderar a las comunidades para que narren su historia colectiva y fortalezcan su sentido de identidad social.




  • Potenciar la organización comunitaria y los lazos de solidaridad con otras comunidades.




  • Construir un monumento que visibilice los nombres de los caídos.




  • Dignificar la vida de los sobrevivientes de la guerra y de los muertos o desaparecidos.

La intervención psicosocial en violencia política que aquí proponemos consta de 6 procesos o etapas en las que quedan recogidas las distintas fases identificadas en el capítulo segundo. Sin menoscabo de adicionar o dividir algunos procesos en componentes más pequeños con actuaciones focalizadas, los seis procesos que hemos identificado son los siguientes:


1. La indagación previa donde se investiga sobre las condiciones en distintas comunidades que permitan grados aceptables de participación y adhesión a la intervención de la población beneficiaria.
2. La selección de la comunidad y de los participantes interesados en abordar personal y comunitariamente la temática de la memoria dolorida que milita en contra de la salud mental social y personal.
3. La preparación de actividades que conlleva principalmente el conocer desde distintas fuentes los eventos traumáticos documentados y conocidos por terceras personas, es decir la historia oficial y el cotejo de ésta desde las experiencias de las víctimas y comunidades afectadas.
4. El apoyo al duelo alterado con el que han tenido que convivir las comunidades y que es parte integral de la memoria dolorida.
5. La exploración de distintas acciones a tomar para recuperar la memoria histórica para colocarla como parte del imaginario social. La dignificación de los muertos, desaparecidos y sobrevivientes mediante la construcción de un monumento a la memoria conteniendo los nombres de los caídos o desaparecidos en la guerra, diario mural, video y otro producto tangible que visibilice la historia colectiva de sufrimiento y el reclamo de justicia.
6. La devolución social del proceso por medio de la cual toda la comunidad participa y comenta sobre la intervención y los efectos benéficos que ha experimentado o espera experimentar, incluyendo la consideración de actos solidarios con otras comunidades con características similares. La Figura X.1 describe esquemáticamente la intervención. Es de notar que los procesos están concatenados temporalmente pero que, como se ha señalado anteriormente, existe cierta recursividad inherente a la dinámica de la intervención.
El Cuadro X.1 de este capítulo identifica esos procesos y los relaciona con las etapas propuestas en el segundo capítulo. Tres cosas aparecen claras al hacer la comparación establecida en el Cuadro X.1. La primera es que los procesos del modelo de intervención psicosocial en violencia política pueden convergir en más de una fase de las nueve que se identifican en el capítulo segundo de este manual. Dicho de otra manera, no hay una correspondencia secuencial de uno a uno entre la intervención concreta que se propone y las fases indispensables del programa de intervención. La razón fundamental de esta flexibilidad reside en la complejidad del fenómeno de la memoria dolorida que requiere de “marchas y contramarchas” pues el duelo alterado que se atiende así lo demanda. Por otro lado, las tareas pendientes del duelo alterado reclaman un entorno seguro para su abordaje, y éste se va construyendo paulatinamente a medida que las personas entran en confianza con las demás personas de su grupo o comunidad (Fernández Liria, Rodríguez Vega, y Diéguez Porres, 2006; Yáñez, 2002). Con frecuencia el ambiente de confianza y seguridad tiene adelantos y retrocesos.
La segunda es que dada las características de la intervención en violencia política, la selección de participantes tiene que venir temprano en la programación pues son ellos y ellas las que proveerán la información básica sobre la que se elabora el duelo y esto guiará el desarrollo de actividades. En otras palabras, el carácter participativo requiere la selección de los participantes muy temprano en la intervención. El concepto de participación que aquí se maneja va más allá del tradicional en el cual las personas se involucran voluntariamente o son animadas a colaborar. Implica sobre todo que éstas son activas en la formulación misma del proyecto, sus actividades y la toma de decisiones a lo largo de toda la intervención (Nirenberg, Brawerman y Ruiz, 2006). La tercera es que la devolución social que cualquier proyecto de intervención o de investigación-acción debe considerar importante no se circunscribe a la elaboración de un informe final. Si bien este informe es importante por razones de dejar establecida una memoria para que provea una base sistemática para su replicabilidad y para dar cuenta de las actividades en el caso de que el proyecto haya obtenido financiamiento de algún donante, lo importante es que el informe sirva para monitorear el impacto de la intervención a mediano y largo plazo.


1. Indagación Previa

Estructura Comunitaria

Historia de la Comunidad

Condiciones

Socio - Políticas


Reuniones con autoridades comunidad



Listado de posibles participantes

Documentación de Hemerotecas, Reportes Militares y otros



Narración Colectiva de Acontecimientos

Video y otros tipos de apoyo audiovisual

Grupos de Discusión

Fotos, documentos y pertenencias personales

Estructura Comunitaria

Acciones a corto plazo

Acciones a largo plazo

Reunión Comunidad y Acto conmemorativo

Socialización de la experiencia a otras comunidades

Elaboración de informe

Figura X.1: Las Llaves de la Memoria:

Modelo de intervención Psicosocial en Violencia Política





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