Razones epistemológicas, sociales y político administrativas para pensar la psicología en una facultad de ciencias sociales y humanas



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RAZONES EPISTEMOLÓGICAS, SOCIALES Y POLÍTICO - ADMINISTRATIVAS PARA PENSAR LA PSICOLOGÍA EN UNA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS



Carlos Bolívar Bonilla Baquero

Educador y Psicólogo Social

Dr. En Ciencias Sociales, Niñez y Juventud

Profesor titular Universidad Surcolombiana

Director Grupo de Investigación CRECER

Categoría B Colciencias

Neiva 3 de Mayo de 2010

RAZONES EPISTEMOLÓGICAS, SOCIALES Y POLÍTICO - ADMINISTRATIVAS PARA PENSAR LA PSICOLOGÍA EN UNA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS


INTRODUCCIÓN

La iniciativa de promover una reflexión académica formal acerca del posible traslado del Programa de Psicología a otra Facultad se ha reactivado, en abril de 2010, al conocerse la disposición favorable a esta intención de los respectivos Decanos: el de la Facultad de Salud y el de Ciencias Sociales y Humanas. Por tal motivo se actualiza esta ponencia, preparada hace un año, para un foro estudiantil.
La esencia de la vida académica universitaria reside en la posibilidad siempre abierta de dialogar de modo crítico en torno a cualquier tema o problema de las ciencias, las artes, la política, la tecnología o la cultura en general. En una universidad no pueden existir temas o problemas intocables, prohibidos o considerados fuera de toda duda o cuestionamiento. Menos cuando temas como el del carácter científico de la Psicología poseen una larga tradición polémica.
Por supuesto que para que los diálogos o debates sean considerados académicos, y por tanto provechosos, deben estar amparados en la fuerza de la coherencia argumentativa de quienes participan en ellos y en el respeto mutuo de las personas que deliberan. Sólo así se verán beneficiados los jóvenes estudiantes, las comunidades académicas, la institución y la sociedad.
Con esta introducción resulta claro que debatir acerca de la pertenencia del Programa de Psicología a una u otra Facultad es, ante todo, un elemental ejercicio de la democracia universitaria. Es una oportunidad de intercambiar puntos de vista y argumentos acerca de la Psicología como disciplina científica, como profesión, como programa curricular y como unidad administrativa. Es decir, se trata de una excelente ocasión para trascender el individualismo docente, concentrado en la “dictadura” de clases, para hacer uso público de la razón en una universidad pública.
Ante un tema tan complejo y multideterminado como el que hoy se vuelve a discutir, esta ponencia se presenta tan sólo como una perspectiva teórica razonable y plausible. Es la perspectiva del grupo CRECER, ofrecida como una contribución al debate. No se presenta como portadora de LA verdad que todo lo aclara, pues este tipo de verdad, en singular, no existe.

1. FUNDAMENTACIÓN EPISTEMOLÓGICA.
Que la Psicología pertenezca a una Facultad de Ciencias de la Salud o a una Facultad de Ciencias Sociales y Humanas es, en lo fundamental, un asunto de epistemología (Vargas, 2.006). El problema tiene que ver con la concepción de ciencia y de Psicología que se posea. Con el carácter científico que a esta última se atribuya, con la definición de su objeto de estudio y sus elecciones metodológicas investigativas. Puesto que una Facultad agrupa disciplinas y profesiones afines por su estatuto teórico e investigativo, se supone que la razón más importante que la justifica es la de reunir un conjunto de pares académicos que, dada su afinidad científica, pueden dialogar e interactuar de modo constante en beneficio de sus proyectos de docencia, investigación y proyección social.
En el caso de la Universidad Surcolombiana, y en el de muchas otras, se reproduce este debate epistemológico, histórico e inconcluso, en la pregunta: ¿Psicología en (como) Ciencias de la Salud o en (como) Ciencias Sociales y Humanas?
La respuesta está directamente relacionada con si se adopta sobre la ciencia (psicológica) una concepción moderna o posmoderna - crítica de la Modernidad - según Gergen (2.007), y allí, en ese debate actual, si se le atribuye a la Psicología un estatuto epistemológico más propio de las Ciencias Naturales (Biología, Química, Física, Fisiología, Anatomía) o de las Ciencias Sociales y Humanas (Antropología, Sociología, Historia, Pedagogía, Comunicología).
No se niegan los aportes que estos dos conjuntos de ciencias ofrecen a la Psicología. De lo que se trata es de caracterizar un énfasis epistemológico de la disciplina, en directa relación con las prioridades de atención profesional planteadas desde el entorno social, histórico y político de una universidad pública.
Una breve reseña histórica resulta útil para comprender mejor el debate actual entre los modernos y posmodernos en torno a la filosofía de la ciencia, para instalar allí la propuesta del grupo CRECER. Conviene recordar que la Psicología tiene sus raíces en La Grecia clásica como parte constitutiva de la filosofía. Su objeto de estudio en aquella época era el alma (psyche), entendida no únicamente como aliento vital, sino como la dimensión espiritual del ser humano, en la cual se ubican las características más valiosas de la existencia, llamadas por los griegos virtudes, tales como la templanza, la continencia, la valentía, la justicia y la prudencia.
La Psicología jugaba así un importante papel en la perspectiva de contribuir, mediante la reflexión sobre el alma, al conocimiento y cuidado de cada persona tras el ideal de la areté, es decir, la formación de un ciudadano íntegro capaz de conocimiento, sensibilidad estética, participación política, destreza y fortaleza corporal.
En síntesis, en La Grecia clásica la preocupación de los filósofos por el alma estaba directamente relacionada con la reflexión ética, en el sentido de esclarecer y cultivar (de aquí cultura) las virtudes necesarias para un conocimiento y dominio del sí mismo, en tanto ciudadano. Conocimiento y dominio que le permitiera a cada quien obrar de manera correcta y justa en su interacción con los demás y con el Estado. Es lo que se conoce como una preocupación por la “vida buena”.
Hay entonces, desde el nacimiento de la Psicología, una preocupación por la vida psíquica en tanto vida ética, social y política. Una concepción humanista de lo psíquico. No era, en aquel tiempo, la Psicología una búsqueda de las virtudes espirituales como derivadas de un órgano físico, a estudiarse independientemente de la condición social del ciudadano. La Medicina sí contemplaba esta opción al ocuparse de lo físico y atribuirle a las sustancias o fluidos del cuerpo responsabilidades en el comportamiento de las personas. De modo, pues, que se era colérico por un tipo de bilis, o melancólico por otro. Están así planteados dos enfoques con énfasis teóricos diferentes para cada campo de saber: La Psicología, el alma (psyche) y la Medicina lo físico (physicus). Miradas que tienen puntos de convergencia y acentos argumentativos diversos para privilegiar sus interacciones.
Se puede introducir aquí una pregunta, con base en lo expuesto, acerca de si la preocupación de los filósofos griegos tiene o no vigencia para la Psicología en el contexto de la sociedad actual, en especial la colombiana, o si, como creen algunos, esa preocupación por la reflexión en torno a las virtudes que distinguen a los humanos, el conocimiento interior de cada quien y la integridad en las relaciones interpersonales, son ya cosas superadas; asuntos del pasado que nada tienen que ver con la Psicología. Al respecto no sobra recordar que dos flagelos gravísimos del país son la violencia y la corrupción política, el desprecio de toda ética.
También es pertinente preguntar entonces si un Programa de Psicología puede darse el lujo de ignorar la filosofía, de no tener ni una cátedra al respecto, de desconocer a los filósofos clásicos y contemporáneos. Pensadores que han estudiado y estudian en profundidad los enigmas básicos de la existencia humana y, sobre los cuales, en buena medida, se fundamenta la Psicología.
Desde aquel momento histórico los filósofos dieron la discusión acerca de si el conocimiento del alma y el cultivo de las virtudes podía ser un conocimiento propio de los tratados formales y enseñables (Episteme) o propio de la reflexión personal sobre las vivencias cotidianas (Doxa), no enseñable. Algo así como un anticipo del debate actual, en términos de si la Psicología es una ciencia natural positivista de lo universal, o una ciencia social y humana, fenomenológica y hermenéutica, de lo singular o idiográfico.
La Edad Media trajo consigo otra concepción de alma, en el contexto del cristianismo, como don divino, cuyo conocimiento es accesible tan sólo por medio de la fe en el saber revelado por Dios a través de las autoridades de la iglesia. La fe se impone a la razón, con ello la cosmovisión del creacionismo y el geocentrismo se da por sentada como conocimiento incuestionable. El alma, a diferencia de los griegos, es para los cristianos separable del cuerpo y le supervive.
Para San Agustín (Álvarez, 2.002), por ejemplo, el hombre posee cuerpo y alma siendo ésta última más valiosa que el primero. El cuerpo debe someterse a la orientación del alma hacia el bien, hacia la vida buena y feliz, que sólo es posible si se acepta que el alma está sometida a Dios y que éste es principio y fin de la sabiduría. En un intento de integrar elementos de la filosofía griega y teología, este autor reconoce como decisivas para la vida buena y mundana las virtudes de la templanza, la fortaleza y la justicia. Virtudes que él subordina a las teologales, que sí conducen a la verdadera felicidad extraterrena, como la fe, la esperanza y la caridad.
En medio de sus preocupaciones religiosas, diferentes pensadores admiten que tanto San Agustín como Santo Tomás sentaron unas bases conceptuales relevantes para la actual Psicología, al sustentar la necesidad de estudiar acerca del sí mismo, el libre albedrío, las funciones cognoscitivas y el comportamiento humano como manifestación del espíritu.
El dominio de lo religioso, amalgamado con una organización social monárquica y un modo de producción económica feudal, es roto por un conjunto de acontecimientos e ideas que, frente a lo existente, aparece como nuevo o moderno.
La Modernidad puede entonces ser entendida como una nueva forma de pensar el mundo, que configura una promesa sumamente atractiva. Se trata de una oferta de emancipación de las ideas religiosas, míticas o supersticiosas que sumían al hombre en la ignorancia. Una aspiración de libertad y autonomía para participar de manera activa y crítica en la organización de nuevas formas de sociedad. Una propuesta de conocimiento y control de la naturaleza que conduciría al progreso y el desarrollo de la humanidad.
Deseo que se fundamenta en el reconocimiento de la capacidad cognoscente del hombre, la razón, expresada en su forma más elaborada, la ciencia moderna. Por esto, para muchos filósofos, la Modernidad es también la muerte de Dios. Esta nueva ciencia, para diferenciarse de los mitos y creencias religiosas, deberá ampararse en la fuerza de los hechos observables, probados empíricamente, de tal modo que pueda manifestarse en principios o leyes universales que permitan alcanzar la verdad objetiva. Ya no se trata de cultivar virtudes humanas para conseguir la “vida buena”, sino de dominar la naturaleza para hacerla productiva y rentable. No se trata de cultivarse espiritualmente para ser. Se tata de tener para ser feliz.
La ciencia sería así un reflejo directo de la realidad que revelaría sus misterios, captados por los sentidos mediante la metodología y las técnicas observacionales del experimento. Nace la epistemología positivista que determina el origen de las Ciencias Naturales, en especial, desde el modelo de la Física y la Astronomía. Filosofía que condena a muerte la subjetividad, por considerarla metafísica y tóxica para la consecución de un conocimiento científico objetivo.
El debate iniciado por los griegos está clausurado. No hay diferentes tipos de conocimientos ni vale la pena interrogarse acerca de los nexos entre psiquismo y vida ciudadana. Hay sólo un conocimiento de importancia, el de la ciencia positivista. Si otros conocimientos aspiran a ser importantes o científicos, como el psicológico, deberán producir su saber mediante el modelo de la Física o la Astronomía, tendrán que apoyarse en las Matemáticas. De lo contrario, no pasarán de ser simple charlatanería.
Algunos epistemólogos actuales juzgan que Descartes (1.993) es el padre teórico de la modernidad científica. Como se recordará, el ilustre pensador francés definió el pensar como el primer principio de su filosofía, su epistemología positivista y su antropología dualista. Este principio era para él distintivo de lo humano por oposición a lo animal y material. Pensar constituye lo humano, pero no cualquier modo de pensar. Se trata de pensar fundamentado en la lógica matemática, considerada como la ciencia madre, la ciencia del orden y la medida. Única ciencia capaz de superar la incertidumbre y el azar, propios de formas de pensamiento tradicional o pre modernas que se aventuraban a predecir sin demostrar, como en los casos del astrólogo, el alquimista, el mago y el hechicero.
El pensar que caracteriza lo humano, según Descartes, requiere de las Matemáticas para que la experiencia se transforme en experimento, única vía para llegar al conocimiento verdadero del mundo, a la certeza, mediante la evidencia:
aquellos que buscan el recto camino de la verdad no deben ocuparse de ningún objeto del que no puedan tener una certeza igual a la de sus demostraciones matemáticas y geométricas” (p. XXXVIII -XXXIX).
El ser humano es concebido como un sujeto de razón monológica y auto suficiente para su constitución. Razón que el filósofo francés homologa unas veces al entendimiento, otras al pensamiento y, otras más, al alma. Pese a que admite en esta razón humana la presencia de cualidades imaginarias y sensibles, estas serán vistas como no confiables y engañosas para el ejercicio del conocimiento científico:
en fin, ya que estemos despiertos o ya que estemos dormidos, no debemos dejarnos persuadir nunca sino por la evidencia de nuestra razón. Y se ha de observar que digo por nuestra razón, y no por nuestra imaginación ni por nuestros sentidos” (p.56).
Es tal el peso determinista que Descartes le asigna a este tipo de razón en la configuración de lo humano y en el proceso de conocimiento que desde, el pienso, luego soy, define al sujeto pensante como: “una sustancia cuya esencia o naturaleza no es sino pensar y que para existir no necesita lugar alguno ni depender de cosa alguna material” (p.47). Por esto, el cuerpo es independiente del pensar y, aun sin su existencia corpórea: “el alma no dejaría de ser lo que es” (p.47)
Además de la supervaloración de la razón individual lógico matemática, aparece aquí una segunda suposición epistemológica tan importante para los modernos como discutible para los posmodernos, que consiste en creer que existe una realidad objetiva independiente del sujeto cognoscente. Esta realidad es objetiva mientras que el sujeto tiende a ser subjetivo (por sus creencias, prejuicios, sentimientos, etc.), lo cual puede afectar negativamente la búsqueda de objetividad en el conocimiento. Por esta razón, lo subjetivo (el alma) se debe desterrar o combatir mediante técnicas y procedimientos que sí garanticen objetividad en las observaciones de los fenómenos.
De este modo la objetividad no se ampara en las personas sino en los instrumentos y herramientas que, como un cronómetro, un test, una cámara de video, un electroencefalógrafo o un polígrafo, sí pueden medir los hechos tal como ellos son. Para la ciencia moderna positivista los hechos hablan por sí solos.
Desde el comienzo de este tipo de ciencia, en el siglo XVII, los intereses por el conocimiento se acoplaron con los de las necesidades tecnológicas del naciente capitalismo, en especial, en aquello de considerar útil e importante únicamente al conocimiento preciso, real y rentable. Desdeñando el conocimiento sobre lo intangible, impreciso, subjetivo e “irreal”.
Comte (1.986) publica en 1844, El Discurso Sobre El Espíritu Positivo, en el cual afirma que todo conocimiento humano ha evolucionado por tres estadios: el teológico, el metafísico y el positivo. El verdadero conocimiento científico, corresponde al tercer estadio, el positivo, donde el conocimiento es real porque la imaginación se subordina a la observación, para producir las leyes que rigen los fenómenos, que: “es en lo que consiste realmente la ciencia”. Leyes que, por lo demás, son invariables.
Por positivismo se entenderá, desde este autor, lo real frente a lo quimérico. Lo útil y no lo inútil. La certeza y no la indecisión. Lo preciso ante lo vago y, finalmente, positivo, es creación ordenada y organizada, es progreso, frente a todo lo metafísico y teológico que es negativo: desorden, caos y estancamiento.
Es en este contexto donde otro positivista, E. Durkheim (1995), proclamará la necesidad de una Psicología objetiva que estudie los hechos mentales como si fueran cosas, es decir, desde fuera de los mismos; tal como el físico estudia el movimiento de una esfera. El positivismo decimonónico llegará a reducir el problema de la verdad científica a la correspondencia entre enunciados y realidad. Una teoría es científica si el lenguaje en que se expresa corresponde fielmente con la realidad, de lo contrario no. El neopositivismo del siglo XX buscará, sin éxito, la lógica analítica del lenguaje como validación de la verdad.
El neopositivismo, llamado también positivismo o empirismo lógico, tiene las mismas pretensiones básicas del positivismo clásico, con otros medios. Se admite como único el conocimiento científico obtenido mediante su fisicalización. Que además de verificable mediante prueba empírica, también se pueda y deba expresar en un lenguaje que resista el análisis de la lógica sintáctica y gramatical propio de la ciencia universal unificada. Se rechaza por no significativo para la ciencia el conocimiento metafísico cargado de subjetividad que se exprese en lenguaje común o no lógico. Para Carnap (1.978), uno de los fundadores de esta escuela, el psicólogo debe actuar en lo investigativo como el médico y como el fisiólogo, al determinar estados físicos y evidencias tangibles de funcionalidad en la conducta.
De allí que, para este pensador, el modelo conductista sea el ideal en Psicología y, en concordancia, afirma que todo conocimiento psicológico es siempre traducible al lenguaje fisicalista: “Toda proposición psicológica se refiere a sucesos físicos que tienen lugar en el cuerpo de la persona (o personas) en cuestión; por ello, la psicología resulta una parte de la ciencia unificada, basada en la física” (P.203). Y luego advierte de modo preciso que la Psicología es una rama de la Física, en la medida en que reduce todo concepto a relaciones de magnitud. A una sistemática atribución de números a puntos espacio – temporales. Discurso este que se refleja actualmente en la operacionalización de variables de la investigación cuantitativa.
2. LA PSICOLOGÍA Y LA CRÍTICA A LA MODERNIDAD: DEL ÉNFASIS OFICIAL AL EMERGENTE.
Sin embargo, luego de varios siglos de desarrollo de la ciencia moderna, la promesa del progreso, el orden, la sociedad democrática y el conocimiento verdaderamente objetivo del mundo, la sociedad o el psiquismo humano, no se ha cumplido.
El desencanto se fundamenta en experiencias de la humanidad tan contrarias al proyecto de Modernidad, como Auschwitz, Hiroschima, las hambrunas africanas, la contaminación progresiva del aire, los ríos, los mares y el incremento de la brecha entre ricos y pobres. Experiencias que ponen en duda, y hasta prueban, la incapacidad de la poderosa racionalidad científico-tecnológica para liberar a los seres humanos de la ignorancia y el sufrimiento; para conocer y controlar el mundo.
La Física en que se ampara el positivismo y el neopositivismo también tambalea con los avances de la Teoría de la Relatividad y de la Microfísica del siglo XX, que hacen poco sostenibles las aspiraciones de objetividad, precisión y causalidad lineal. Einstein demuestra que los conceptos de espacio y tiempo son relativos a la perspectiva del observador, no absolutos. Heisenberg enseña que todo observador altera con su observación la realidad observada. Bohor introduce el principio de complementariedad, según el cual, es posible explicar desde dos perspectivas opuestas un acontecimiento. En el mundo sub atómico de la microfísica los científicos admiten que las fronteras entre energía y materia se hacen borrosas y que se enfrentan a lo indeterminado, incierto e inobservable.
A lo anterior se puede sumar el fraccionamiento del ser humano y de la vida misma en múltiples ciencias con sus respectivos objetos de estudio, y en el interior de cada ciencia diferentes orientaciones, muchas veces contradictorias, lo que ha generado más una Torre de Babel que el reino prometido del conocimiento verdadero y objetivo que dice cómo es la realidad.
La postura de crítica a la Modernidad o Posmodernidad, que anima esta ponencia, hace suyo el cuestionamiento a la reducción de la razón humana a razón científica técnica instrumental. A la limitación de lo científico a epistemología positivista y modelo de Ciencias Naturales. A la ilusión de la objetividad, la neutralidad valorativa y la negación de la subjetividad en la producción de conocimiento. Es una crítica que denuncia la falsa promesa de la Modernidad: quiso acabar con los mitos y creó el mito de la razón omnisapiente. Atacó la religión y sacralizó la ciencia y la tecnología. Prometió emancipación y generó la enajenación del mundo de la vida, al tecnificarlo y cosificarlo. Ofreció igualdad y participación social y ha propiciado iniquidad y exclusión.
Todo lo dicho no significa que la postura posmoderna sea enemiga de la razón, la ciencia y la tecnología. No quiere decir que le dé igual la verdad o la falsedad, lo objetivo y lo subjetivo. Significa, como plantea Rorty (2002), una postura que relativiza el conocimiento científico-racional para darle igual importancia a otras maneras de pensar y crear. El conocimiento científico es visto como una herramienta propia de la creatividad humana para enfrentar el mundo, que no agota la creatividad ni, por tanto, las infinitas herramientas que el ser humano tiene y puede crear.
La Posmodernidad invita a la integralidad en las cosmovisiones, al reencuentro entre la tradición y lo nuevo, entre ciencia y arte, entre filosofía y política. Ella cuestiona la pretensión de un conocimiento unívoco y objetivo porque considera que la vida es polisemia permanente y que la subjetividad e intersubjetividad son condiciones inseparables del mundo por conocer.
Los hechos no hablan por sí solos, como dicen los positivistas para defender la objetividad. Esto no es cierto, ni las cosas, ni los hechos, ni la naturaleza hablan por sí solos. Hablan los seres humanos, inventan lenguajes, códigos, símbolos, números; para asignárselos a los hechos y decir luego que estos últimos hablan por sí solos, que son juicios “objetivos”. No hay hechos, sólo interpretaciones, como denuncia Nietzsche, citado por Gutiérrez (2.004), pues la realidad que los sujetos conocen es una construcción social mediada por el lenguaje. El lenguaje es una invención humana caracterizada por la polisemia y el pragmatismo (Wittgenstein, 1998), no por lo unívoco, eso quiere decir que existen múltiples lenguajes, entonces, ¿cómo saber cuándo un enunciado científico en verdad corresponde con la realidad?
Ibáñez (1.994), al tratar este tema en el campo de la Psicología, considera que adoptar el mito de la objetividad pone al psicólogo en un rol de simple comentarista de lo que ve, separado de toda responsabilidad y compromiso. Así, él no es quien juzga y concluye, sino que es la ciencia la que habla por él. La ciencia dice la verdad de la realidad que el psicólogo no puede decir. Según este autor, el investigador con esta postura pretende olvidar que:
Un físico es un trozo de materia que investiga la materia. Un biólogo es un trozo de vida que investiga la vida. Un sociólogo es un trozo de sociedad que investiga la sociedad” (P.13).
En el mismo sentido crítico se puede agregar que el desplazamiento de la responsabilidad del sujeto a la técnica, trata de ocultar que las técnicas e instrumentos de observación y medición son creaciones humanas edificadas sobre presupuestos teóricos y unidades o criterios de medición arbitrarios, pactados convencionalmente por una cierta comunidad científica. Sábato (1.979), luego de abandonar su brillante carrera de físico en Francia para dedicarse a la literatura, al cuestionar el desprecio de la ciencia moderna por lo metafísico, pregunta con ironía a los científicos si puede existir algo más metafísico que la medición del tiempo. Medición sobre la cual se estructura buena parte de la experimentación científica.
Todo observador, lejos de observar los hechos tal como son, los observa desde unos supuestos teóricos, intereses, hipótesis o convicciones que le permiten buscar, e interpretar aquello que ve desde este conjunto de significados previos (Fourez, 2.008). Por eso no es de extrañar que, ante el mismo hecho, se creen versiones, historias y explicaciones diferentes. Aspecto este de crucial importancia en la Psicología y que con frecuencia puede observarse, cuando una persona consulta a varios psicólogos o profesionales del campo Psi y obtiene diferentes respuestas a su demanda. Ninguna realidad, menos la psíquica, puede ser comprendida sino como una construcción de carácter histórico-social; biográfica y contextual.
La crítica posmoderna también se dirige a la escisión que creó la Modernidad entre razón teórica o científica y razón práctica o moral. Al ser la ciencia una ocupación sobre los hechos, y lo moral un asunto de valores intangibles no susceptibles de verificación empírica, estos últimos fueron relegados al terreno de lo metafísico y la ciencia se asumió como axiológicamente neutral o ajena al problema del bien y del mal, de lo correcto o incorrecto, de lo justo e injusto.
Feyerabend (1.989), desde su anti-epistemología o anarquismo epistemológico y Foucault (1.976; 2.007), desde su arqueología y genealogía, denuncian las inevitables implicaciones del conocimiento científico con el poder político y económico, su hipócrita declaración de neutralidad valorativa. Las categorías de Biopolítica y Biopoder, de este último filósofo y psicólogo, permiten entender, por ejemplo, el dominio hegemónico de las terapias farmacológicas auspiciadas por las multimillonarias ganancias de los grandes laboratorios.
De la misma manera, y a propósito de la pretendida imposición en esta Facultad de Ciencias de la Salud de un uniforme para los psicólogos, las categorías antes mencionadas favorecen el entendimiento y la comprensión del origen de este vestuario en las instituciones modernas. Nacidos para establecer jerarquías destinadas al control disciplinario de los cuerpos y la sociedad, desde el argumento de la cientificidad, los uniformes acompañan la prisión, la escuela, la fábrica, la cárcel, la milicia y, por supuesto, el hospital. La intención de uniformar para separar a quien tiene el poder del saber (los normales) de quien no sabe (los anormales). De uniformar la singularidad y la diversidad, para controlarla, se oculta de muy variada forma, en especial en el campo de la salud, con argumentos tan discutibles como el de la higiene y el de la identidad institucional. Como se comprenderá, la higiene no reside en el uniforme del personal y la identidad profesional es mucho más que ropa idéntica.
En un sentido más trascendente, esta crítica a la razón moderna exige que la razón teórica y la razón práctica, ciencia y ética, sean vistas como interdependientes y complementarias aunque, desde luego, con características y ámbitos diferentes. El conocimiento científico no es políticamente aséptico. Al contrario, tiene profundas repercusiones en la organización social y en la calidad de vida de las personas: puede beneficiar a las mayorías o aumentar la brecha entre los que todo lo poseen y aquellos que nada tienen. Por eso, no puede ser ajeno al debate que de cuenta de sus implicaciones éticas.
Si se ha hecho esta reseña histórica de la filosofía de la ciencia, ha sido para ubicar allí el desarrollo de la Psicología o de las psicologías y responder, desde la perspectiva del grupo CRECER, a la pregunta por la pertenencia más indicada de esta disciplina a una Facultad de Ciencias de la Salud o a una de Ciencias Sociales y Humanas.
De manera sintética se puede decir que de persistir en una concepción positivista o moderna de la ciencia, la Psicología, desde los primeros esfuerzos de Wundt (1.926), debería dedicarse al estudio experimental de los procesos psicológicos simples, como la sensación o la percepción de un estímulo. Pero, si la Psicología desea estudiar los procesos psicológicos complejos, como el lenguaje, la moralidad o la sexualidad, debe asumir una metodología no experimental, observacional, de hondo carácter cultural, en lo que él mismo denominó, una psicología de los pueblos. Enfoque que más tarde retoma Vigostky.
Según González (2002) y Lopera (2004), Wundt no pudo desarrollar la integralidad de su proyecto, pero fue visionario al advertir la diferenciación entre una Psicología más cerca de las Ciencias Naturales y una más próxima a las Ciencias del Espíritu. Tanto González como Lopera coinciden en que el conductismo norteamericano inaugurado por investigadores como Watson, reforzó el surgimiento de una Psicología empírica e instrumental-cuantitativa que destierra definitivamente cualquier opción de lo subjetivo o lo mental como objeto de estudio, al adscribir de modo exclusivo a la metodología experimental.
González respalda esta adscripción de la Psicología Conductista a las Ciencias Naturales con una cita tan clara como radical del propio Watson:
La psicología desde una representación conductista es puramente una razón objetiva de la ciencia natural. Su objetivo técnico es la predicción y el control de la conducta. Las formas de introspección no constituyen una parte esencial de sus métodos (…). El conductista en su esfuerzo de obtener una respuesta unitaria del comportamiento animal no reconoce una línea divisoria entre el hombre y la bestia. La conducta del hombre con todo su refinamiento y complejidad forma sólo una parte del esquema conductual total de la investigación”. (p. 13)
Por lo expuesto, se puede apreciar que la Modernidad ha configurado una concepción de ciencia y, con base en ella, una concepción de ciencia psicológica. Por esto Lopera concluye que:
Pese a esta exclusión del objeto de la psicología: ya no más la conciencia, ni la experiencia interior, ni la mente, ni mucho menos la inquietante y metafísica alma, sino sólo la conducta de los organismos en general –animal y humana- pese a ello, decíamos, rápidamente esta propuesta tomó la guía de la psicología en su conjunto y se convirtió en la psicología oficial”.
Psicología oficial desde la cual se supone que existe algo llamado normalidad y un sentido o meta existencial ideal hacia los cuales todos deben marchar. No hacerlo es desviarse y caer en lo anormal y patológico, por eso la principal labor del psicólogo es la de normalizar al “desadaptado”, a lo cual no se le ve ninguna implicación política.
Es en este contexto de científicidad donde nace una Psicología moderna que se concibe como una ciencia natural experimental que puede dialogar con sus ciencias pares (Biología, Química, Física, Fisiología, Neuroanatomía) y, por tanto, puede académica y administrativamente ubicarse en una Facultad De Ciencias Naturales o Ciencias De La Salud. Una Psicología que, según autores como Ardila y Rosselli (2.007), es una derivación directa del cerebro:
Desde hace apenas un par de siglos suponemos que el cerebro es responsable de la actividad psicológica, es decir, recordamos con nuestro cerebro, hablamos con nuestro cerebro y pensamos con nuestro cerebro. O más exactamente, quien recuerda, habla y piensa es nuestro cerebro; lo que llamamos psicología es simplemente la resultante de nuestra actividad cerebral” (P. XV).
Como se advierte en la introducción de esta ponencia, aquí no se desconoce la importancia científica del enfoque oficial de la Psicología. Se cuestiona su determinismo orgánico, estructural y funcional del cerebro que pretende borrar el carácter social y cultural de la subjetividad humana. Y, por tanto, que niegue los aportes de las Ciencias Sociales y Humanas. Por el contrario, para una Psicología emergente, lo orgánico es apenas una condición potencial que sólo adquiere sentido cuando se actualiza en la interacción social.
Por esto se cree que lo biológico tiende a explicar la conducta homogénea de los cachorros, mientras que lo cultural los humaniza. Proceso de humanización que posibilita la construcción psíquica de lo singular y lo común y que remite al complejo fenómeno de convivir como unidad en la diversidad. Como bien se sabe, un individuo desde el nacimiento aislado por completo de sus semejantes, puede poseer el cerebro más sano del mundo sin jamás hacerse humano. Nunca podrá elaborar lenguaje, razonamiento alguno ni sentimientos morales.

Es claro cómo en esta concepción oficial los sujetos pensantes y las condiciones sociales y culturales en las que se hace posible pensar y hablar con algún sentido, desaparecen. Sólo queda un responsable de procesos tan complejos, el cerebro. Tal como irónicamente titula uno de sus libros LLinás (2.002), El Cerebro y EL Mito del Yo.
Por esto se cree que la cientificidad de la Psicología reside en una estrecha cooperación con las denominadas Neurociencias y no con las Ciencias Sociales y Humanas. Colaboración que reduce el objeto de estudio de la Psicología a la investigación sobre algunas funciones psicológicas, como la memoria o la percepción, aisladas de otras funciones y, sobre todo, del contexto mundo vital y sociocultural de las personas, es decir, en la artificialidad de laboratorio. Lugar desde el cual se estudia la función cerebral de un sujeto abstracto, apolítico, sin clase social ni género alguno; universal y estandarizado. No desde la complejidad del psiquismo y la constitución subjetiva de seres humanos concretos, singulares y en la interacción social propia de la vida cotidiana.
Se concibe de esta manera una Psicología, o mejor, una Neuropsicología de tipo estructural funcionalista que toma por objeto de estudio algunas funciones psicológicas no sólo aisladas, sino como asignificativas. Del mismo modo como para el fisiólogo la visión y la audición son lo que el ojo y el oído hacen, sin entrar en consideraciones acerca de la importancia del significado contextual de lo que se oye y se ve, el psicólogo estudia el pensamiento, el lenguaje, la memoria o la atención, como productos funcionales de determinadas sustancias y estructuras cerebrales. No como propios del devenir humano en determinados contextos.
Para Peña (1.993), la influencia de la biología en la Psicología ha sido tan notoria que durante muchos años persistió la idea de considerar a esta última disciplina como una división de la primera. Por ello los procesos psicológicos se asumieron como procesos fisiológicos. En la historia de la psicología en Colombia, este autor señala que el comienzo de la psiquiatría, en el siglo XX, marcaría el nacimiento de la Psicología con su enfoque organicista y biológico.
Aunque este enfoque se muestre despolitizado se relaciona directamente con las teorías europeas de la frenología y la de degeneración de la raza, de colombianos como Luis López de Mesa. Con la primera, se atribuyeron explicaciones del comportamiento humano a las características antropométricas del cráneo y el cerebro. Con la segunda, se explicaron las causas del atraso socio-económico de la nación, a factores como el alcoholismo y la pereza de sus gentes, ocasionados por su degeneración genética racial.
Entre tanto, en el desarrollo histórico de las Ciencias Sociales y Humanas también hay pensadores que anticipan la crítica a la ciencia moderna positivista, sin etiquetarlos por esto de posmodernos, pero que se constituyen en pilares de una Psicología diferente. Se trata de pensadores que, como Dilthey (1995), reivindican ante el positivismo decimonónico y el neopositivismo los fenómenos humanos como diferentes de los fenómenos naturales y, por tanto, no tratables desde unas Ciencias Naturales sino desde unas Ciencias del Espíritu. Las primeras, orientadas a la explicación causal de lo humano. Las segundas, dirigidas a la comprensión histórica social y biográficamente contextualizada de la subjetividad.
Husserl (1991) reivindica la categoría del mundo de la vida, como el mundo vital que plantea enigmas referidos a la sociedad, la cultura y la subjetividad, entre ellos, la libertad, la autonomía, la comunicación y el sentido y sin sentido de la existencia. Husserl alude directamente a la necesidad de una Psicología Fenomenológica Trascendente que se ocupe de este mundo de la vida, cosificado y despreciado por las Ciencias Naturales de corte positivista.
Gadamer (1997) va más lejos y sustenta que la comprensión hermenéutica no es un asunto de método de las Ciencias Sociales y Humanas, sino que es el modo de ser propio del sujeto frente a toda experiencia en y con el mundo. La comprensión hermenéutica no es un asunto técnico, es la condición esencial del carácter histórico-social del ser humano, que le hace imposible vivir sin interpretar para comprender.
La hermenéutica constituye el camino de la comprensión para acceder a las verdades, no a LA verdad, que no pueden ser conseguidas por la vía del método científico de las Ciencias Naturales, como ocurre con las complejas verdades de las experiencias del Arte, la Historia, la Moral, la Sexualidad, la Filosofía y la vida cotidiana.
Este filósofo cuestiona la concepción de comprensión propuesta por autores como Dilthey, entendida de modo psicológico como ponerse en el lugar del otro para revivir sus sentimientos. La comprensión hermenéutica que Gadamer proclama va más allá, es una búsqueda de acuerdo con el otro sobre el sentido de algo. Proceso en el cual aparece la lingüisticidad como condición imprescindible. De modo tal que el lenguaje es el medio que hace posible la experiencia hermenéutica. Lenguaje que se hace vivo en la conversación.
Este autor afirma que la comprensión hermenéutica, mediante el lenguaje, está presente en toda acción humana, incluyendo el quehacer denominado científico objetivo, que tanto rechaza la subjetividad. Con pensadores como el citado, una categoría potente y novedosa es la de intersubjetividad. Con la cual se supera el solipsismo encerrado en la auto reflexión del juicio personal, que existía en las propuestas anteriores de las Ciencias del Espíritu fenomenológicas.
Se llega así al reconocimiento del lenguaje, y en particular del diálogo hermenéutico, como proceso a través del cual es posible adentrarse en el mundo subjetivo e intersubjetivo de los seres humanos, en lo que se llama el Giro Lingüístico en filosofía, al pasar de la razón mono lógica a la razón dialógica.

3. ¿QUÉ TIPO DE ÉNFASIS PRIVILEGIAR EN LA FORMACIÓN DEL PSICÓLOGO, PARA LA REGIÓN SURCOLOMBIANA Y LA ACTUAL SOCIEDAD?

Desde los antecedentes epistemológicos planteados, se puede llegar a la conclusión de admitir que el campo de lo psicológico es tan vasto y complejo como para reducirlo con seguridad a un único objeto de estudio. Más sensata parece ser la consideración de considerar en su interior diferentes abordajes epistémicos, con énfasis y matices distintos, más o menos complementarios. Un cambio de Facultad no puede negar la necesidad de seguir contemplando en el plan de estudios de un pregrado esta diversidad. Todos los enfoques actuales se mantendrán.
No obstante, como se ha tratado de mostrar, estos énfasis y enfoques no son sólo teóricos. Ellos tienen implicaciones políticas y se relacionan de modo directo con las concepciones de lo científico; la organización de la formación curricular del profesional en Psicología; la unidad académica administrativa-Facultad- responsable de dicha formación y, en especial, con las demandas de la sociedad en la cual va a trabajar un profesional.
Por lo tanto, aquí se defiende una posibilidad, la de pensar una Psicología que destaque mucho mejor sus nexos con lo histórico social del contexto regional nacional. Que, en este marco de referencia, considere de importancia del estudio del psiquismo y la subjetividad. Objeto de estudio entendido como la búsqueda de respuestas plausibles para comprender el proceso de sociogénesis que permite la ontogénesis de la constitución subjetiva. Posición que asume el principio teórico de la interacción social como básico, según el cual, las propiedades específicamente psicológicas del ser humano son el resultado de formas particulares de socialización, hechas posibles por la construcción histórica de instrumentos semióticos (Bronckart y otros, 2.000). Pensadores estos con los cuales se puede afirmar que:
Antes que “imaginar” estructuras neurológicas que condicionarían las conductas humanas, se trata de analizar en qué medida la organización de las significaciones psíquicas, de las acciones y los discursos, conlleva históricamente una reorganización del cerebro humano” (P. 95).
Se reconoce, en esta propuesta, una relación entre subjetividad y psiquismo en los términos siguientes: la subjetividad, concebida como la configuración de maneras de pensar, sentir, valorar, representar e imaginar, que guían las acciones, como una creación humana histórica y colectiva que antecede la constitución psíquica singular. El objeto de estudio convoca a desentrañar el proceso mediante el cual, del vacio psíquico inicial de la existencia, se pasa a la elaboración del YO y del NOSOTROS. Es un objeto de estudio que indaga por el proceso que sujeta el individuo a una cultura y no pierde de vista su condición social. Se supera así la mirada moderna individualista del psiquismo, puesta en un ser ahistórico.
El objeto de estudio así definido es compatible con la concepción de Vygostky, sintetizada en su sentencia acerca de que las funciones psicológicas aparecen primero como interpsíquicas (sociogénesis) mediadas por el lenguaje y, luego sí, devienen intrapsíquicas (ontogénesis). Propuesta no ajena a la de Lopera (2.004), para quien el objeto de estudio de la Psicología es la búsqueda de comprensión de la cultura encarnada.
La definición de este objeto de estudio no concibe la psique como una mecánica racional bien aceitada, en palabras de Castoriadis (2002), sino como imaginación radical, flujo permanente de representaciones, deseos, afectos. Es decir, como capacidad creadora indeterminada, a la cual sólo se puede lograr una aproximación de modo provisional y relativo para su comprensión. El psiquismo se entiende como una complejidad paradójica que entrecruza las cualidades de lo consciente e inconsciente; lo intuitivo con lo lógico; lo racional con lo irracional; lo cognitivo con lo afectivo.
Desde esta perspectiva teórica es muy difícil concebir el psiquismo y su funcionamiento como susceptible de explicaciones reduccionistas precisas, algorítmicas, lógico matemáticas. Por la misma razón no se acepta que lo psicológico sea limitado al estudio técnico de procesos tales como la atención, la percepción, la memoria o el lenguaje, sino que también incluye procesos como los de la intuición, la inteligencia, la creatividad, la imaginación, la representación y los que se relacionan con la amplia gama de los sentimientos humanos: la culpa, la vergüenza, la indignación, la humillación; la solidaridad, la benevolencia, el amor, y el respeto, entre tantos otros. Estas últimas cualidades humanas han sido reivindicadas en la actualidad como objeto de estudio por parte de la Psicología Positiva. Enfoque teórico que también se beneficiaría de un dialogo académico mucho más cercano con las Ciencias Sociales y Humanas.
El psiquismo y los procesos de constitución subjetiva, como objetos de estudio, se expresan de modo muy diverso a través de lo verbal y lo gestual; de múltiples inteligencias y de sensibilidades diferentes como las de la estética y la ética. Un objeto de estudio así definido implica la concepción del ser humano como sujeto y agente, capaz de reflexividad para la emancipación de su condición biológica y la transformación de sus entornos sociales de existencia.
Desde estas consideraciones epistemológicas se aboga por una Psicología como ciencia histórica hermenéutica y crítica de la sociedad. Se reclama una Psicología que no se sienta en la misión de “normalizar” y encauzar hacia el ideal de vida (?) a quienes practican la diferencia o estilos de vida singulares, alternativos a la masificación mediocre del consumismo globalizado. Esto implica un ejercicio de la labor psicológica a la manera ética del Psicoanálisis, donde el psicoanalista no pretende actuar por el paciente ni moralizar ni determinar desde su saber la cura. Lo que el psicoanalista pretende es promover, mediante el diálogo, la auto reflexión del paciente para que éste se responsabilice de su situación-transformación.
El Psicoanálisis se constituye así en uno de los mejores ejemplos del uso del lenguaje como medio de comprensión hermenéutica emancipadora, según Habermas (1982), orientada al esclarecimiento de lo inconsciente por parte del propio sujeto. Algo imposible mediante las tecnologías farmacológicas orientadas a modificar químicamente la conciencia, mientras paciente y terapeuta ignoran o claudican en la búsqueda de aquello que origina la aflicción de las personas.
Una Psicología como la propuesta aquí requiere de enfatizar en el dialogo con los aportes de las Ciencias Sociales y Humanas que tienen en común la preocupación por el mundo de la vida cotidiana de las personas. Es lo que defienden destacados psicólogos y psiconeurólogos como Bruner (2.000) y Gardner (2000).
Esto es, reconocer que la comprensión del psiquismo y la subjetividad exige el énfasis de conocimientos para interpretar la historia de vida de los sujetos y sus colectividades; la comunicación que emplean y su permanente renegociación de significantes y significados; la educación que han recibido; las justificaciones morales que asumen; la sexualidad que temen y disfrutan; las posturas políticas que adoptan; los conceptos del Derecho que defienden; la sensibilidad estética que cultivan, entre tantos otros fenómenos mundo vitales. Sin este tipo de conocimientos, propios de las Ciencias Sociales y Humanas, la formación del psicólogo será precaria.

4. FENÓMENOS RELEVANTES Y DATOS SIGNIFICATIVOS DEL CONTEXTO NACIONAL PARA LA FORMACIÓN DEL PSICÓLOGO.
En el contexto de la nación colombiana se destacan fenómenos como el de las múltiples violencias: político militar, de género, maltrato infantil, de delincuencia común, entre tantas. Además, en el país existen índices alarmantes de pobreza, desempleo, deserción escolar, impunidad, corrupción en la administración pública y una nefasta partidocracia tradicional. Todo en su conjunto confluye como un serio obstáculo para la edificación de una sana subjetividad, el bienestar de las mayorías y el desarrollo de una real sociedad de justicia y democracia participativa. Situación que exige para su superación un compromiso ético y político de la institución universitaria-plasmado de modo parcial hoy en su teleología-a través de Ciencias como las Sociales y Humanas, capaces de un ejercicio del conocimiento y la formación profesional de carácter crítico.
A continuación se ofrecen algunos datos de actualidad sobre la realidad social del país, que invitan a pensar en la conveniencia institucional de una Psicología como la aquí propuesta, en una Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.
Según datos recientes del DANE y Planeación Nacional, más de 20.000.000 de colombianos viven en la pobreza y la indigencia. Esto significa que la mitad de la población en este país no posee las condiciones básicas requeridas para vivir con dignidad.
Si a una sociedad con tales niveles de pobreza se le agrega una administración de justicia ineficiente, la situación se torna dramática. Para la Unión Europea, en 2009, en Colombia la impunidad aumentó del 95% al 97%, en los últimos tres años. De los 62.737 homicidios reportados entre enero de 2005 y mayo de 2008, sólo 1.699 terminaron en condena (Gómez, 2009).
Sin aceptar una relación de exclusivo determinismo causal entre pobreza y violencia, tampoco se puede negar que la primera de estas condiciones constituye un poderoso factor para el ejercicio de la segunda. Las siguientes cifras evidencian la progresiva escalada de este flagelo en el país. En 2.007, según El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se presentaron 16.318 casos de homicidios. De éstos, 296 en el Departamento del Huila. En 2008, esta misma fuente informó de 14.038 homicidios y, en 2009, de 16.296. A 21 de abril, antes de terminar los primeros cuatro meses de 2010, han ocurrido en Colombia 7.324 muertes violentas, lo cual hace razonable pensar que este año podrían ocurrir cerca de 22.000. Sólo entre enero y febrero de 2010 se han presentado 18 muertes violentas en Neiva.
En 2009, en Bogotá, los casos denunciados por violencia contra el adulto mayor, los niños y niñas, entre familiares y entre las parejas, sumaron 25.262. En Neiva, el año pasado se reportaron 1.653 de estos casos. En los meses de enero y febrero de 2010, en esta misma ciudad, se han registrado 23 casos de violencia contra los niños y niñas, 153 de pareja y 38 entre familiares.
Además de lo anterior, de 1997 a 2009 el conflicto armado ha generado 3.303.979 desplazados, de los cuales más de un millón son niños y niñas (Acción Social-Presidencia de la República, 2010). Cerca de un millón de niños, niñas y jóvenes abandona cada año sus estudios para ingresar al mundo del trabajo en condiciones de riesgo, la prostitución y la delincuencia, entre otras formas del rebusque. Por si fuera poco, en la actualidad hay 2.5 millones de desempleados.
Estos datos, que obviamente no son los únicos ni cubren todos los problemas de convivencia y salud pública, sí son suficientes para afirmar que en una sociedad como la colombiana, donde la principal causa de mortalidad y malestar está representada por las muy variadas formas de violencia e intolerancia, la Psicología y la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, están éticamente obligadas a ofrecer sus conocimientos para orientar y modificar estas maneras de interacción cotidiana. Para insistir en un énfasis formativo orientado a la prevención de todos aquellos factores asociados al deterioro de la calidad de vida y a la promoción de las condiciones que la benefician.
Frente a este panorama, una universidad pública y las Ciencias Sociales y Humanas, como la Psicología, no pueden priorizar una mirada clínica hospitalaria, curativa e individualista y descontextualizada, de los sujetos involucrados en fenómenos tan complejos como los señalados. Todos estos problemas sólo pueden ser comprendidos e intervenidos como procesos de configuraciones subjetivas alimentadas por condiciones históricas culturales; sociales y políticas; familiares y biográficas, susceptibles de deconstrucción. De allí el importante papel de una formación profesional crítica, preventiva e interdisciplinaria con énfasis en Ciencias Sociales y Humanas.

5. BREVE COMENTARIO SOBRE LA PSICOLOGÍA COMO DISCIPLINA Y COMO PROFESIÓN.
En esta ponencia, las profesiones se entienden como el ejercicio de apropiación del conocimiento científico producido sobre un objeto de estudio, con fines de aplicación laboral. Aplicación que exige una acreditación estatal y un reconocimiento social y económico para el profesional. El conocimiento sobre el objeto de estudio es mucho más complejo y vasto que el aplicado en un determinado sector laboral. Es el objeto de estudio el que permite clasificar epistemológicamente una ciencia, no la profesión.
En Psicología, durante la formación del psicólogo, se combinan los conocimientos de diferentes paradigmas (sobre sus objetos de estudio) y las orientaciones hacia la intervención profesional. De modo tal que, por ejemplo, se puede hablar del conocimiento psicológico concebido desde el Conductismo, el Psicoanálisis, el Cognitivismo Cultural o el Humanismo, y de aplicaciones laborales de esos conocimientos en la salud, el deporte, la educación, las empresas, las comunidades o la rama judicial, entre otras.
Es, pues, en este orden de ideas, un error pretender clasificar la Psicología como ciencia por sus aplicaciones laborales y no por la definición de su campo de conocimiento y sus objetos de estudio. Por esto es inaceptable que se afirme que la Psicología es una Ciencia de la Salud porque allí trabajan unos psicólogos. Si así fuera, para ser coherentes, la Psicología sería también una ciencia educativa o pedagógica, una ciencia empresarial, una ciencia deportiva, una ciencia comunitaria y una ciencia jurídica, entre otras.
Si con este argumento tan pobre lo que se pretende es justificar la pertenencia de Psicología a una Facultad de Ciencias de la Salud, es decir, por la importancia del empleo en ese sector, conviene hacer ver que en el actual plan de estudios de la Surcolombiana, el 80% de las prácticas laborales no son del sector salud. Este último constituye el 20%. Es lo mismo que ocurre cuando se cita, para defender la Psicología en salud, la ley 1090 de 2006, pues ella: “reglamenta el ejercicio de la profesión de psicología”. Como es obvio, no es por ley que una ciencia define o se gana su estatuto epistemológico.
Por consideraciones académicas y epistemológicas los expertos del Ministerio de Educación Nacional y Colciencias, han clasificado la Psicología en Ciencias Sociales y Humanas, no en Ciencias de la Salud.

6. LA FALACIA DE PERDER LO CLÍNICO SI PSICOLOGÍA PASA A OTRA FACULTAD.
En directa relación con lo expuesto, resulta necesario también fijar la posición acerca de qué se entiende por clínico o Psicología Clínica. Según Corominas (2.000), hay, al menos, dos acepciones de lo clínico, una, que se instala en la tradición médica proveniente de la antigüedad griega, recogida por la palabra KLINE, que significa cama, de la cual deriva KLINIKE, la práctica de atender el enfermo en su cama. De allí la Modernidad tomo el nombre para la institución hospitalaria encargada de las personas aquejadas en su salud. Nace así una profesión médica con predominio curativo, no preventivo. En consecuencia, hay entonces una Psicología Clínica que se concibe para tratar a quienes se hospitalizan por sus trastornos mentales. Concepciones dominantes de Medicina y Psicología propias de una Facultad de Salud como a la que hoy se pertenece.
Otra interpretación y tradición de la palabra clínico se relaciona con la voz latina CURA, cuyo significado más antiguo significa el que cuida a otros. Cuidar a otros no siempre significa que estos se encuentren enfermos, al contrario, pueden estar sanos y el cuidado entonces va dirigido a prevenir la enfermedad y promover la salud. Por esto en la actualidad no es extraño hablar de clínica deportiva o clínica laboral, para referirse a los conocimientos y prácticas que pueden beneficiar el desempeño de los deportistas y los trabajadores, sin que ellos padezcan patología alguna.
Desde este enfoque, el psicólogo tiene mayores opciones clínicas si no restringe su labor a terapéutica hospitalaria, sino que la amplía a promoción y prevención en instituciones educativas, laborales, deportivas y comunitarias, entre otras. Todo con el fin de propiciar mejores condiciones de calidad de vida. Es decir, si con sus conocimientos contribuye al cuidado y bienestar de los demás. Se trata de un enfoque perteneciente a Facultades de Ciencias Sociales y Humanas.
Si Psicología pasa a otra Facultad no pierde ni una ni otra concepción de lo clínico. Tal vez se gane la superación del reduccionismo de lo clínico a hospitalario, por imitar el modelo médico, cuando al interactuar con otros profesionales de Ciencias Sociales y Humanas, los estudiantes y profesores comprendan mejor el valor ampliado de lo clínico. En cuanto al hospital, como no es propiedad privada de la Facultad de Salud, las prácticas que allí se hacen se seguirán haciendo. Prácticas que, como ya se señaló, constituyen el 20% de la formación hacia lo laboral, mientras el 80% lo constituyen las prácticas en áreas como la educativa, la jurídica, la organizacional y la comunitaria, más propias de las Ciencias Sociales y Humanas.

Es importante aprovechar la ocasión para invitar a pensar que también en la metodología de investigación el concepto de lo clínico posee enfoques diferentes para médicos y psicólogos. Para un psicólogo como Piaget, se trata de la interpretación hermenéutica de las entrevistas cualitativas integradas a la ejecución de tareas, juegos o dibujos, que los niños y niñas desarrollan mientras dialogan con el investigador. Se trata de niños y niñas normales. Para el médico, hace referencia al estudio de casos de pacientes con alguna particularidad en su enfermedad, abordados desde su óptica terapéutica amparada en los laboratorios y fármacos.


Pero si estos argumentos no son suficientes para hacer ver que lo clínico hospitalario no depende de estar en una Facultad de Salud, hay que preguntarse entonces si las principales universidades del país que no tienen Psicología en esta Facultad, no poseen componente clínico. Por ejemplo, la Nacional, la del Norte, la de los Andes o la de Antioquia. Universidades que tienen Psicología en una Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.

7. ¿QUÉ “AVANCES” SE HAN LOGRADO EN PSICOLOGÍA, DURANTE SUS 14 AÑOS DE PERMANENCIA EN LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD? ¿QUÉ ESPERAR CON EL CAMBIO?
Para concluir esta ponencia, es conveniente invitar a los profesores y estudiantes a evaluar con actitud crítica lo logrado por el Programa de Psicología en sus años 14 de adscripción a la Facultad de Ciencias de la Salud. Puesto que en la eventualidad de su paso a otra Facultad esta evaluación podría resultar significativa. La valoración, definitivamente, tiene que ver con el ejercicio del poder y la justicia desde la administración, es decir, el ejercido por los sucesivos Decanos y sus Consejos de Facultad.
Por ahora, se quiere destacar que en lo relacionado con factores considerados esenciales para el proceso de Acreditación, como el recurso docente de tiempo completo de planta, las bases de datos, la bibliografía especializada, los laboratorios y la planta física, el desarrollo es casi nulo. Sobre todo si el desarrollo en estos factores se cuantifica comparativamente con los Programas de Medicina y Enfermería.
En los 14 años de permanencia en esta Facultad se han nombrado tan sólo dos profesores nuevos de tiempo completo. La planta física no ha crecido un solo metro cuadrado, los laboratorios son incipientes y la bibliografía especializada es obsoleta. No existe una sola suscripción a revistas de Psicología. Pese a que todos los años los profesores piden fortalecer estos recursos.
Mientras tanto, según información de la Oficina de Personal de la Universidad (2009), en Medicina hay 74 profesores de planta, 26 de tiempo completo y 48 de medio tiempo. Desde 2.004 se han vinculado 6 de los primeros y 9 de los segundos. En Enfermería hay 19 de tiempo completo y 1 de medio tiempo. De ellos, 6 se han vinculado en los últimos cinco años. Durante todos estos años Psicología ha presentado las respectivas justificaciones para ampliar su planta docente, con resultados negativos. Si esto no es tener un tratamiento administrativo injusto, ¿qué es? Deberían los estudiantes inquietos comparar las bibliografías y revistas de las tres carreras “hermanas” para juzgar mejor la situación actual.
Como recordará la comunidad universitaria, en marzo de 2009, los estudiantes realizaron un cese de actividades como protesta ante estas deficiencias. El paro concluyó con un acta de compromiso en la cual se consignaron “logros” como: cinco nuevos profesores de tiempo completo ocasional, adquisición de bibliografía, equipos didácticos, laboratorios, adecuación de salones y uso equitativo del auditorio. Más de un año después nada de esto se ha cumplido, a excepción de una reciente convocatoria para tres profesores ocasionales.
Mientras tanto, se ha vivido también el incumplimiento del reemplazo de un docente de tiempo completo, trasladado de común acuerdo entre el profesor y el actual Decano, a Medicina. En el presupuesto de inversiones de 2010, para laboratorios, (según informe de Planeación, 2010) hay otro ejemplo contundente de administración para la iniquidad, pues se encuentran asignados $ 150.000.000, repartidos entre los de: Neurociencias y Fisiología, Genética, Inmunología y Simulación en Enfermería. Nada de Psicología. La cámara de Gesell, por ejemplo, sigue sin poder funcionar por falta de reparaciones que no suman $8.000.000.
Los verdaderos logros académicos conseguidos en medio de estas carencias, como el de los grupos de investigación y sus producciones, los resultados ECAES y el registro calificado, corresponden a un grupo de docentes y estudiantes que, con las uñas y su dedicación, ha sorteado los obstáculos de gestión y política administrativa en esta Facultad.
Se debe pensar muy bien la posible adscripción de Psicología a otra Facultad. Opción que no debe verse como la solución a todas las dificultades que se han encontrado en la Facultad de Salud. Lo que sí parece promisorio, desde el enfoque epistemológico aquí sustentado, es la ganancia de un espacio académico administrativo de interlocución con pares que no ven la Psicología como una disciplina extraña de menor valía y, en consecuencia, se puede esperar un trato administrativo de justicia como equidad. Se sabe que la concepción de las Ciencias Sociales y Humanas, así como de la Comunicación Social y el Periodismo que en esta Facultad se practica, es afín y complementaria con el énfasis de la Psicología que aquí se sustenta. Esto, por supuesto, favorece el dialogo y el trabajo interdisciplinario.
La composición misma del Consejo de Facultad de Ciencias Sociales y Humanas hace pensar en una conveniencia para la toma de decisiones: allí habrá equilibrio en representación, voz y voto entre psicólogos y comunicadores sociales. Lo que no sucede en la Facultad de Salud.
La decisión del traslado a otra Facultad debe contar con el respaldo real y pleno de la administración central. Debe quedar muy claro y por escrito en los respectivos acuerdos, que se trata de una nueva adscripción administrativa que preserva, en principio, TODO lo que actualmente posee el Programa de Psicología: Su planta física, sus docentes, posgrados, grupos de investigación, recursos financieros asignados proporcionalmente en la Facultad de Salud, laboratorios, libros y equipos didácticos, entre otros. Posteriormente, y sólo en la medida en que haya garantías administrativas certificadas, se podría pensar en algunos cambios como los de planta física y docentes. Antes no.
En este sentido también es necesario advertir que los estudiantes actuales seguirán con el mismo plan de estudios con el que se matricularon en primer semestre. Nada de lo curricular tendrá modificaciones. Los nuevos estudiantes, matriculados después del traslado, únicamente tendrán, en lo inmediato, un cambio curricular obvio relacionado con los cursos del componente de Facultad.
Se advierte que el cambio no debe hacerse con falsas expectativas. Nadie ha prometido que ahora todos los problemas se solucionarán. Se sostiene que habrá el respeto a la disciplina psicológica, el dialogo de pares, la administración compartida y la equidad en la distribución de los recursos humanos, técnicos y financieros. Lo que en la Facultad de Salud no hubo en 14 años.
Debe mencionarse que, como incentivos también valiosos, La Facultad de Ciencias Sociales y Humanas tiene acreditado de alta calidad el Programa de Comunicación Social y Periodismo. Cuenta con la maestría en Conflicto, Territorio y Cultura. Posee siete profesores de tiempo completo de planta, de los cuales cuatro tienen título de Doctor y tres de Maestría. Administra, además, los medios audiovisuales de la universidad: televisión, prensa y radio; en el segundo semestre de este año empezará a dirigir la emisora de la institución. Y, su revista, PERIFERIA, está próxima a obtener la indexación.
Para finalizar, es necesario ir en las proyecciones más allá del traslado de Psicología a una nueva Facultad. Se espera que el trabajo mancomunado de psicólogos y comunicadores sociales apunte a la creación de nuevos programas curriculares, como los de Historia, Antropología y Sociología. Todos ellos requeridos para orientar mejor el presente y el futuro de la región y del país.

Neiva, 3 de mayo de 2010.



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