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Lo que nos dice o no nos dice



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Lo que nos dice o no nos dice

Pasemos a la letra de nuestro himno nacional. Lo que noto en primer lugar es la abundancia de un lenguaje guerrero que para nada me inspira ese estado de paz, igualdad y tranquilidad con el que sigo soñando para Guatemala. Se nos habla, eso sí, de verdugos y tiranos; de una bandera que llamará a vencer o a morir en caso de una invasión extranjera; de un pueblo que prefiere morir que ser esclavo; de padres que lucharon -sin choque sangriento- para colocar a Guatemala en un trono de amor (sea lo que esto sea); de la espada que salva el honor; de los hijos valientes y altivos de la patria que nunca esquivan la ruda pelea para defender su tierra y su hogar, a pesar de venerar la paz. Sí, sólo padres e hijos, aunque seguramente madres e hijas tuvieron una participación importante.



Al parecer, el himno está lleno de valores dignos de admiración pero, honestamente, yo preferiría más referencias a lo que considero los motores de una nación: el sentido de la justicia y la igualdad para todas las personas; el espíritu de lucha por llevar al país a alcanzar mejores condiciones de vida -a través del acceso democrático a la educación, a la salud, al trabajo, a la justicia, etc.- para que eso sea lo que vea nuestro ya casi extinto quetzal cuando remonte su vuelo, más que el cóndor y el águila real. Francamente, preferiría que el himno hiciera un llamamiento a estos anhelos, en lugar de ser uno a defender el honor de la patria frente a invasiones extranjeras, pues ya hemos visto que ante éstas no ha valido el ánima fiera, que no ha podido frente a la apropiación del país por manos extranjeras, el tratado de libre comercio ni los acuerdos militaristas que el ejército ha hecho con otros gobiernos para supuestamente defender al pueblo.

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Readaptando estrofas *
Aquí, un juego del que mucha gente disfruta: cambiar letras de canciones; manipular las palabras, modificar intenciones, jugar a buscar nuevos significados. Reírse de la solemnidad de los himnos y revivir, en una patria ideal, la creación espontánea. Así que... ¡Saludo Uno!
¡Guatemala feliz...! que tus alas

no te viole jamás el verdugo;

ni haya esclavos que laman el culo

de tiranos que venden la paz.




Si mañana a tu suelo sagrado

lo amenaza inversión extranjera,

no vender otra vez la bandera

a resistir la invasión llamará.


CORO

Mil colores tu hermosa bandera

tolerancia pronto implicarán;

y tus mujeres con ánima fiera

nunca ciegas ni esclavas serán.
De tus viejas y duras cadenas

heredaste una mano corrupta,

el tratado que el hambre fecunda

y la espada que causa el dolor.


Nuestras madres luchan cada día

encendidas en fe y optimismo

y lograrán sin choque sangriento

convertirte en un signo de amor.


CORO

Y lograrán sin choque sangriento

convertirte en un signo de amor,

que en la patria en enérgico acento

darán vida al ideal redentor.
Degradado pedazo de tierra

salvaremos su verde ancestral.

¡Ojalá venga ciega locura

y sus colores pretenda limpiar!




Pues sus hijas e hijos altivos,

que veneran la paz cual presea,

bien pensado y sin ruda pelea

que defiendan su vida y su hogar.


CORO

Bien pensado y sin ruda pelea

que defiendan su tierra y su hogar,

que tan sólo el amor su alma impere

y la paz en la patria a lograr.
Recostada en montaña soberbia,

extranjeros desean de ella

toda el ala de grana y de oro

y devalúan a nuestro quetzal.


Ave indiana que vive en tu escudo,

paladión no protege tu suelo;

¡Ojalá que remonte su vuelo

y nos saque de manos de Sam!


CORO

¡Ojalá que remonte su vuelo,

más que el cóndor y el águila real,

y en sus alas levante hasta el cielo,

Guatemaya, tu nombre inmortal!

* Idea original de unos tales Pepe Palma y Rafa Álvarez. Adaptación modernizada de L. Escobar y J. M. Arrivillaga.





[índice]
Las mujeres en la época de la Independencia

Claudia Dary / Antropóloga guatemalteca
La manera en que nos enseñan la historia de la Independencia está llena de romanticismo, carente de visión crítica. Los acontecimientos se han relatado como un tedioso listado de próceres, todos varones. En mi colegio se celebraba de forma criollista, con actos en que aparecían niñitos vestidos con trajes parecidos a los del siglo XIX y el baile del son por niñas ataviadas “de inditas”, como se decía. No faltaban los poemas a la patria; tampoco el concurso de oratoria que ensalzaba a los símbolos patrios. Aprendí que la Independencia fue protagonizada por unos señores que firmaron papeles con largas plumas de ave y una señora que tocaba marimba y quemaba cohetes frenéticamente.

¿Qué significó en realidad la Independencia para la gran mayoría de guatemaltecas de aquellos tiempos? ¿Cómo participaron y en qué se beneficiaron de ella? Entenderlo requiere situar la Independencia de España dentro del contexto de la Guatemala decimonónica y del derrumbe del imperio colonial español.






El contexto

A principios del siglo XIX, España estaba en franca decadencia como potencia europea, endeudada con las casas inglesas y sufría fuerte retraso económico y tecnológico. El Antiguo Régimen estaba incapacitado para regenerarse internamente. A la vez, los movimientos separatistas en Guatemala tuvieron como detonantes la Revolución Francesa, la independencia de las colonias inglesas en 1776, el movimiento mexicano y los levantamientos antiesclavistas en Haití y República Dominicana.

H
Aún falta mucho para que desaparezcan las cadenas que mantienen la opresión de las mujeres y otros grupos marginados desde la llamada independencia. Foto: Wulf H. Meyer
acia 1821, Guatemala tenía un millón de habitantes; de ellos, aproximadamente 600,000 indígenas. La mayoría de la población era rural y habitaba en pueblos pequeños y caseríos dispersos. Apenas entre 25 y 30,000 personas residían en la capital, centro económico y político del país. La población estaba compuesta por personas a quienes el sistema colonial etiquetó usando categorías étnico-raciales diversas: indios, españoles, criollos, pardos, mulatos, mestizos y negros.

La economía descansaba en el cultivo del añil y su comercio era monopolizado por la oligarquía urbana, dueña de casas comerciales de la capital íntimamente relacionadas con las de Cádiz. Muchas familias ricas eran prestamistas; otras poseían haciendas ganaderas. El azúcar y el algodón también constituyeron rubros importantes. Es probable que allí se haya empleado mano de obra indígena y femenina para corte de algodón.

A inicios del siglo XIX, los pobladores rurales vivían de cultivos de subsistencia y abastecían los mercados urbanos. El país se hallaba sumido en la pobreza por la caída de los precios del añil, crisis que afectó a otros sectores como la incipiente industria textil capitalina. Era visible el desempleo urbano, pues cuando decayó el furor de la construcción de la Nueva Guatemala, artesanos y albañiles quedaron sin trabajo. Las comunidades indígenas estaban agobiadas por cargas tributarias: debían aportar a las cajas de la comunidad, las cofradías y la iglesia. Bajo el repartimiento debían trabajar en obras públicas y las haciendas del añil, devengando pagos miserables. Además tenían que llevar cargas a diferentes lugares. Sobre sus espaldas viajaba la harina para las panaderías de la ciudad.

A las mujeres se las requería en haciendas para cocinarles a los mozos. Muchas sirvieron en las “casas grandes” capitalinas. Trabajaron como lavanderas, planchadoras, cocineras, prostitutas, “chichiguas” o amamantadoras; otras como costureras, pureras o comerciantas del mercado, vendiendo frutas, verduras, quesos, embutidos y arena para lavar trastos.




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