Psicología Esotérica II



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El Sacrificio de un Salvador del Mundo. Éste es el tema del romance histórico de todos esos Hijos de Dios que, en el transcurso de las épocas, han llegado a comprender la significación del propósito divino de Dios, del Verbo encarnado a través de un planeta, de los ángeles solares que a su vez son el Verbo encarnado en una forma humana. Aunque represente este drama, como lo hizo el Cristo, para presentar al hombre el simbolismo de la muerte y del sacrificio, o como lo hizo el Buddha, para demostrar al hombre el sacrificio y la muerte del deseo personal (mencionando sólo dos de los manifestados Hijos de Dios), el tema sigue siendo el mismo -la muerte de lo inferior a fin de liberar lo superior- o –en escala mayor- la muerte de lo más elevado en el orden y la escala del ser, a fin de liberar lo inferior.
Pero la lección que debe ser aprendida (y el hombre la está aprendiendo), es que, muerte, dolores y tristezas, pérdidas y desgracias, alegrías y aflicciones, tal como lo comprende la conciencia humana, existen porque el hombre todavía se identifica con la vida de la forma y no con la vida y la conciencia del alma, el ángel solar, cuya percepción es, potencialmente, la de la Deidad planetaria, cuya mayor percepción es, a su vez, potencialmente la de la Deidad solar. El momento en que el hombre se identifica con su alma y no con su forma, comprende el significado de la Ley del Sacrificio; espontáneamente está regido por ella, convirtiéndose en aquel que premeditadamente elegirá morir. Pero no hay dolor ni tristeza y tampoco verdadera muerte.
Tal el misterio de la ilusión y del espejismo. Todos los Salvadores del Mundo están libres de estos dos factores esclavizantes. No son engañados. Sería bueno señalar, al margen, que en la Nueva Era se ampliará el concepto que tenemos acerca del término Salvador Mundial. En la actualidad se aplica predominantemente a las almas que pertenecen al rayo de la enseñanza, el segundo rayo o crístico, las cuales están representando el drama de la salvación. Pero esto es un error, y se debe al poderoso espejismo emocional de la era pisciana, influencia astral que tiene sus raíces en la anterior civilización Atlante que precedió a la nuestra. En esa época el cuerpo astral era el tema de atención. Gran parte de lo que sucede hoy y puede suceder, tiene sus raíces en ese aspecto de la energía. Las simientes entonces sembradas, florecen ahora. Esto es muy bueno y necesario, aunque cause angustia al experimentarlo.
Pero debe reconocerse que los Salvadores del Mundo vienen para servir a la raza, sacrificándose de diversas maneras y en muchas formas. Pueden aparecer como grandes gobernantes, dictadores, políticos, estadistas, científicos y artistas. Su trabajo es salvar, restituir o renovar y revelar, y lo cumplen sacrificándose a sí mismos. Por lo tanto, deben ser reconocidos por lo que son, siendo hoy incomprendidos, mal interpretados y juzgados erróneamente por sus errores, más que por sus objetivos, pero son almas consagradas. Rescatan, elevan, integran e iluminan, y el resultado neto de su trabajo, desde el punto de vista histórico, es bueno.
La Ley del Sacrificio y el impulso de dar, pueden observarse también en todos los reinos de la naturaleza. Tenemos su ejemplo en los sacrificios básicos que tienen lugar entre los reinos. Las cualidades esenciales de los elementos minerales y químicos de la tierra podrían servir de ejemplo. Son necesarios para otras formas de vida y fueron otorgados al hombre por medio del reino vegetal y el agua que bebe, por eso en el primero y más denso reino de la naturaleza (cuya conciencia está tan distanciada de la nuestra) tiene vigencia el proceso de dar. Sin embargo, no es posible delinear esta Ley del Sacrificio en los reinos subhumanos, y aquí debemos confinar nuestra atención al mundo de la conciencia y del vivir humano.
b. EL TRABAJO DE SALVAR O LA SALVACIÓN
La Ley del sacrificio también significa salvar y subyace en todo el proceso evolutivo, y surge con clara significación en la familia humana. El instinto de perfeccionarse, el ansia de progresar (física, emocional e intelectualmente), el esfuerzo por aliviar la mala situación, la tendencia a la filantropía, que tan rápidamente se está extendiendo por el mundo, y el sentido de responsabilidad, que permite al hombre comprender que es el custodio de su hermano, son todas expresiones de este instinto de sacrificio. Este factor, reconocido por la sicología moderna, tiene una significación mucho más amplia que la que tuvo hasta ahora. Tal tendencia instintiva rige la Ley de Renacimiento. Es la expresión de un factor aún mayor del proceso creador; principal impulso determinante que impelió al Alma de Dios Mismo a entrar en la vida de la forma, e impele a la vida, en el arco evolutivo, a descender a la materia, produciendo así la inmanencia de Dios. También constituye lo que obliga a la humanidad a luchar implacablemente por el bienestar material. Es además lo que impulsa al hombre, con el tiempo, a volver la espalda "al mundo de la carne y del demonio", según El Nuevo Testamento, y a orientarse hacia las cosas que tienen importancia espiritual. El hijo pródigo sacrificó el hogar del Padre cuando decidió alejarse hacia lejanos países. Desperdició y sacrificó su sustancia por haber abusado de la experiencia de la vida en la tierra, hasta que agotó todos sus recursos y tuvo que sacrificar lo que tanto había querido, pero descubrió que no lo satisfacía. Por las cosas de menor valor sacrificó los valores superiores y tuvo que regresar a su punto de origen. Ésta es la historia de la vida de todos los Hijos de Dios que vinieron a la encarnación, expuesta en forma simbólica en la Biblia, tema que está en todas las Biblias del mundo.
El anhelo de sacrificarse, de abandonar esto por aquello, de elegir una forma o línea de conducta sacrificando otra, de perder para eventualmente ganar, es la historia que subsiste en la evolución, lo cual debe ser comprendido en forma sicológica. Es el principio que rige la vida misma y corre como canon dorado de belleza a través de los oscuros elementos con los cuales se forja la historia humana. Cuando este impulso de sacrificio para conquistar, adquirir o salvar, lo que se considera deseable, sea comprendido, se revelará la clave del desarrollo del hombre. Esta tendencia o anhelo es algo distinto del deseo, tal como hoy se comprende y estudia académicamente, pero lo que en verdad significa es el surgimiento de lo más divino en el hombre. Constituye un aspecto del deseo; es la parte activa y dinámica, no la parte sentimental-sensual; es la característica predominante de la Deidad.
Sin embargo, es interesante que los que estudian esoterismo observen que este anhelo de salvar y sacrificarse, con el fin de redimir, obra de distintas maneras en los diferentes esquemas planetarios. Cada Señor de Rayo de un esquema, que se manifiesta por medio de un planeta, expresa este impulso de diferente manera y cada manifestación es tan distinta de las otras, que lo único que puede hacer el ser humano es presentir el método que existe en nuestro propio planeta. Los iniciados saben que las características sicológicas variables de las Vidas de rayo condicionan muy especialmente el método de expresar el sacrificio en el transcurso de la manifestación. La gran corriente de energía viviente que se manifiesta en el esquema evolutivo de nuestra Tierra está condicionada por el temperamento, la actitud y la orientación de un "Divino Rebelde". Sólo la rebelión produce dolor y tristeza, pero dicha rebelión es inherente a, e innata en la Deidad de nuestro planeta, "Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser". En consecuencia, constituye una tendencia mayor que la del ente individual. Esta verdad asombrosa respecto a la Vida planetaria, sólo puede expresarse en forma velada mediante la simbología y en términos del pensamiento humano. Incluso en esto, existe siempre un riesgo, pues los hombres interpretan lo que leen, oyen y experimentan, relacionándolo con ellos mismos.
El Antiguo Comentario reza:
"Entró en la vida y supo que era la muerte.

"Tomó una forma y se entristeció porque era oscura.

“Se obligó a salir del lugar secreto y buscó el lugar de la luz, y la luz le reveló lo que menos buscaba.

"Esperaba obtener permiso para regresar.

"Buscó el Trono en lo alto y a Aquel que estaba sentado en él. Exclamó: ‘No buscaba esto. Buscaba la paz, la luz, la libertad de servir, de demostrar mi amor y de revelar mi poder. Aquí no hay luz. Aquí no hay paz. Dejadme regresar.'

"Pero Aquel que estaba sentado en el Trono no volvió la cabeza. Parecía no escuchar ni oír.

"Entonces desde la esfera inferior de las tinieblas y del dolor, surgió una voz que exclamó: ‘Aquí sufrimos. Buscamos la luz. Necesitamos la gloria de un Dios entrante. [Sólo he hallado estas dos últimas palabras para poder expresar el antiguo símbolo que estoy traduciendo.]

“Elévanos a los Cielos. Entra, Oh Señor, en la tumba. Resucítanos a la luz y haz el sacrificio.

‘Derriba los muros de la prisión y penetra en el dolor.'

"El Señor de la Vida retornó. No le agradó, de allí el dolor."


Las mismas condiciones que fusionan la ley del Sacrificio con el dolor, la tristeza y la dificultad, existen también en los planetas Marte y Saturno, pero no en los demás planetas. Quienes han leído detenidamente La Doctrina Secreta y el Tratado sobre Fuego Cósmico, saben que la Tierra no es un planeta sagrado. Sin embargo, Saturno, Marte y la Tierra, constituyen, de manera esotéricamente curiosa, la personalidad de una maravillosa Vida de rayo, cuya energía es de tercer rayo. Existen, como ya se ha especificado, siete planetas sagrados, pero sólo diez esquemas planetarios y, en tres casos (los de los tres rayos mayores), tres planetas constituyen la personalidad de cada Vida de rayo. Algunos pensadores esotéricos creen que nuestro sistema solar incluye doce planetas, pero su conclusión tiene una base. La personalidad de dicha Vida de tercer rayo actúa por intermedio de los siguientes planetas:


  1. El cuerpo mental se expresa por intermedio del planeta Saturno.




  1. El cuerpo astral se expresa por medio del planeta Marte.




  1. El cuerpo físico se expresa mediante el planeta Tierra.

La potencia de esta Vida es tal que requiere tres esquemas completos -los tres están estrechamente aliados y son interdependientes- para que ella pueda expresarse. Urano, Júpiter y Venus están similarmente aliados a fin de manifestar o expresar una gran Vida.


Estos hechos constituyen un grandioso misterio y no niegan la afirmación de que Venus tiene una relación particular e íntima con la Tierra. Lo que se quiere subrayar es difícil de expresar, pero tiene gran importancia. Permítaseme ser más explícito, empleando las siguientes afirmaciones:


  1. Sólo tres esquemas planetarios son conscientes del dolor y la tristeza tal como comprendemos estos términos; ninguno de ellos conoce tan bien o los siente tanto como nuestro Logos planetario.




  1. El dolor y la tristeza son el resultado de la rebelión y del divino descontento. El instinto de perfeccionamiento, basado en el descontento, ha implicado necesariamente el temperamento o la actitud planetaria que reconoce las dualidades.




  1. Existe una etapa que se debe alcanzar en la conciencia humana donde aquello que está detrás de las dualidades -la etapa de unificación esencial- puede ser y será reconocido.




  1. Cuando esto tenga lugar, la conciencia de nuestra humanidad se fusionará con la subyacente conciencia del todo, que no reconoce el dolor ni la tristeza y ha quedado fuera de la comprensión que rige predominantemente la conciencia de las tres grandes Vidas de nuestro sistema solar.




  1. Esta verdad vagamente sentida se halla detrás del más elevado pensamiento metafísico, por ejemplo, el de la Ciencia Cristiana (Christian Science), Unidad (Unity), Ciencia Divina (Divine Science) y el énfasis puesto sobre la unificación por el cristianismo y las escuelas esotéricas.

El instinto de perfeccionamiento mediante el sacrificio es diverso.


Primero, el instinto por el mejoramiento individual que conduce al egoísmo, a la codicia y lleva, a los que poseen mente materialista, a adquirir posesiones materiales.
Segundo, el instinto de aliviar la mala situación de otras personas, ante todo por el móvil egoísta (para evitar la angustia personal que proporciona ver sufrir a otros) y, después, por el servicio puro y desinteresado, que es una cualidad del alma.
Tercero, tenemos la dedicación activa y el total sacrificio del yo inferior separado, mediante el poder de "permanecer en el ser espiritual"; lógicamente significa haber alcanzado ese estado de conciencia que trasciende lo que puede ser denominado simbólicamente el estado de conciencia "Tierra, Saturno y Marte".
Sin embargo, no debe olvidarse que la contribución que se haga a estas tres grandes Vidas planetarias, puesto que personifican preeminentemente la Ley del Sacrificio mediante el dolor y la rebelión, contribuyó grandemente a la totalidad y a enriquecer la suma total. Las unidades de vida divina y los átomos de energía eléctrica que pasan a través de estos tres esquemas planetarios están sujetos a ellos con el fin de adquirir esa sensibilidad síquica que, de otra manera, sería imposible. Únicamente esas unidades de vida que están predominantemente coloreadas por el tercer rayo de actividad, pasan durante un tiempo a través de estos tres esquemas. Aquí hay un indicio de por qué predominan las Mónadas de tercer rayo entre los hijos de los hombres. El rayo de inteligencia activa, que se expresa por medio de los siete tipos de rayo, es sobre todo el rayo al cual pertenecen la mayoría de las mónadas humanas, especialmente en la actualidad. Por lo tanto, hallaremos que los tipos sicológicos dados a continuación coloran el grueso de la humanidad, y que el rayo de inteligencia activa se expresa a través de:


  1. La voluntad, evoca el propósito divino.




  1. El amor, expresa la cualidad divina.




  1. El intelecto, refleja la intuición.




  1. El conflicto, produce la armonía.




  1. El conocimiento o la ciencia, conduce a la irradiación.




  1. El idealismo, establece el canon divino.




  1. El ritual u organización, manifiesta la Deidad.

Por lo tanto, hablando sicológicamente, cuando se haya obtenido un mayor conocimiento de las energías que determinan el tipo de un hombre, por ejemplo, un individuo cuya Mónada se presume que pertenece al tercer rayo, su ego al cuarto rayo y su personalidad al séptimo, se designará como Tres, IV, 7. Dentro de esta simple fórmula habrá diferenciaciones menores; una personalidad de séptimo rayo puede tener un cuerpo mental de primer rayo, un cuerpo astral de quinto, y un cuerpo físico de tercer rayo. La fórmula que la describiría sería:


1

Tres, IV. 7 . 5

3
Esta interpretación significa:
Mónada tercer rayo.

Ego cuarto rayo.

Personalidad séptimo rayo.

Cuerpo mental primer rayo.

Cuerpo astral quinto rayo.

Cuerpo físico tercer rayo.


De acuerdo a la fórmula que antecede será útil para los estudiantes hacer un análisis de sí mismos y de otros, y establecer sus fórmulas personales, lo cual debe hacerse consultando conjuntamente sus horóscopos. Esto será tratado más detalladamente después de haber considerado las implicaciones astrológicas de los rayos en el siguiente tomo de esta serie.
Por lo tanto, la Ley del Sacrificio no puede ser eliminada del esquema de nuestra Tierra, en lo que se refiere a las reacciones humanas y subhumanas, respecto al pesar y al dolor, como tampoco puede ser eliminada de los planetas Saturno y Marte. Es relativamente desconocida en los otros esquemas. Bienaventuranza y Sacrificio son términos sinónimos en lo que concierne a nuestro Logos solar y también para la mayoría de los Logos planetarios. Esto no debe olvidarse. Los más evolucionados hijos de los hombres en la Tierra han logrado, en ínfima medida, liberarse de las limitaciones impuestas por el pesar y el dolor, y conocen el éxtasis del místico, la exaltación del iniciado, la exquisita agonía del sacrificio o cualquier otro sentimiento llevado a la sublimación. Cuando esto ha sido logrado, el mecanismo del sufrimiento y la capacidad para registrar percepciones sensorias son trascendidas y, momentáneamente, el hombre pasa al plano de la unidad, donde no existe dolor, pena, rebeldía ni sufrimiento. Cuando el viviente y vibrante antakarana o puente, ha sido construido, este "camino de escape" se convierte en sendero normal de la vida. Entonces se evade automáticamente del dolor, pues enfoca su conciencia en otro lugar. En los casos mencionados y donde el antakarana no es un hecho consumado y establecido, el delgado filamento del "camino de escape" parcialmente construido, al estar bajo una enorme presión y excitación, surge violentamente como un trémulo haz de luz y toca momentáneamente esa luz que es el Yo. De allí el éxtasis y la exaltación. Pero esto no dura y no se repite conscientemente hasta no haber pasado la tercera iniciación. Después de eso el "camino de escape" se convierte en el "camino de la vivencia diaria" (traducción inadecuada de una oculta y antigua frase). Luego se trasciende paulatinamente el sufrimiento, y los pares de opuestos -placer y dolor- ya no dominan al discípulo.
Lo antedicho constituye el tema de la sicología esotérica y, cuando se comprenda correctamente, explicará:


  1. La influencia saturnina en la vida humana.




  1. La cesación de la rebelión, o el fin de la influencia marciana.




  1. La construcción del antakarana, que libera al hombre del control de la vida de la personalidad.




  1. La evocación de la conciencia grupal.




  1. La consiguiente negación del dolor y el pesar.




  1. La entrada en el Nirvana y el comienzo del verdadero Camino.

La Ley del Sacrificio significa también:


c. RENUNCIAR A LO ADQUIRIDO
Éste es el tema básico de El Bhagavad Gita. En este tratado sobre el alma y su desarrollo, se enseña a "realizar la acción sin apegos", estableciendo así las bases para posteriores renunciamientos que pueden efectuarse sin dolor ni sentido de pérdida, porque se ha adquirido el poder, latente siempre en nosotros, de desprendernos de las posesiones adquiridas.
Esta ley actúa de diversas maneras y sólo es posible indicar algunas de las significaciones generales que contienen las principales lecciones que debe aprender todo discípulo.
Primero, el alma debe desprenderse de la personalidad. Durante épocas, ésta se ha identificado con el yo personal inferior y, por intervención del mismo, ha adquirido experiencia y mucho conocimiento. Llegará el momento en que ese medio "no será tan apreciado" por el alma, y se invertirán sus respectivas posiciones. El alma ya no se identifica con la personalidad, pero ésta se identifica con el alma y pierde su cualidad y posición separatista. Todo lo que ha adquirido en el transcurso de largos siglos de lucha y contienda, dolor y placer, desgracias y deseos satisfechos y todo lo que la rueda de la vida, girando incesantemente, ha puesto en posesión del alma, Todo debe ser abandonado. La vida del discípulo se convierte entonces en una serie de desprendimientos, hasta haber aprendido la lección del renunciamiento.
La secuencia consiste en lograr, primero, el desapasionamiento, luego, la discriminación y, finalmente, el desapego. Los discípulos deben meditar sobre estas tres palabras, si alguna vez quieren cosechar los frutos del sacrificio.
"Habiendo compenetrado los mundos con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco". Tal es el tema del esfuerzo del alma y tal es el espíritu que debe subsistir en todo trabajo creador. En este pensamiento reside la clave del símbolo de la Ley del Sacrificio -una cruz rosada con un pájaro que vuela sobre ella. Ésta es la cruz amada (el rosado es el color del afecto), y el pájaro (símbolo del alma) que vuela libre en tiempo y espacio.
Segundo, el alma también debe desprenderse, no sólo de su atadura y adquisiciones logradas por el contacto con el yo personal, sino definitivamente de su atadura con los otros yoes personales. Los discípulos tienen que aprender a conocer a las personas únicamente en el plano del alma, y aquí reside una dura lección para muchos discípulos. Pocos son los que se han preocupado de sí mismos y lograron el desapego personal y no les interesa el contacto con el yo personal inferior. Están aprendiendo a trascender todo eso, o lo habrán trascendido en cierta medida, pero su amor por los hijos, la familia, los amigos y los íntimos, es para ellos de suprema importancia, amor que los mantiene prisioneros en los mundos inferiores. No se han detenido a pensar que esa amor es primordialmente amor a las personalidades y sólo secundariamente amor por las almas. Contra esta roca, muchos discípulos se estrellan durante vidas, hasta que llega el momento en que por el dolor, el pesar y las constantes pérdidas de lo que más quieren, su amor entra en una faz nueva, superior y verdadera. Se elevan por encima de lo personal y vuelven a encontrar -después de las pérdidas y el sufrimiento- a quienes ahora aman como almas. Entonces se dan cuenta que en vez de perder han ganado, que sólo ha desaparecido lo ilusorio, efímero y falso, adquiriendo al Hombre verdadero que jamás volverán a perder.
Tal es el problema que frecuentemente deben enfrentar los padres que se hallan en el Sendero del Discipulado y aprenden, por intermedio de sus hijos, la lección que los liberará para recibir la iniciación. Retienen a sus hijos, y por ser esto contrario a la ley de la naturaleza, les ocasionan desastre. Éste es el máximo egoísmo. Sin embargo, si sólo pudieran saber y ver correctamente, se darían cuenta que para retener hay que desapegarse y para conservar hay que liberar. Tal es la ley.
Tercero, el alma debe también aprender a renunciar a los frutos, o a lo adquirido, sirviendo, y a servir sin apegarse a los resultados, a los medios, a las personas o a las alabanzas. Trataré esto más delante.
Cuarto, el alma debe también desprenderse del sentido de responsabilidad por lo que otros discípulos puedan hacer. Algunos ávidos servidores retienen a sus colaboradores y no quieren perder el dominio que ejercen sobre ellos y sus actividades en el plano externo. Éste es un error sutil que se oculta detrás de un sentido de virtuosa responsabilidad y adhesión a los principios, tal como lo concibe el individuo, y la acumulada experiencia del discípulo -que lógicamente es una experiencia incompleta. La relación que existe entre los discípulos es egoica y no personal. Es el vínculo del alma, no de la mente. Cada personalidad sigue su propio curso, debe hacerse cargo de sus propias responsabilidades, cumplir su propio dharma, y agotar su propio karma, la cual será responsable de sí misma ante su Señor y Maestro, el Alma. Y tendrá que responder. ¿ Esto en sí, infiere separación y soledad? Sí, en lo que a las actividades externas concierne. La única forma de llevar a cabo un trabajo unido consiste en que los servidores colaboren desde el punto de vista del vinculo subjetivo interno.
En esta época de la historia del mundo, de su periódica salvación de las condiciones que están destruyendo la actual civilización, es necesario que los aspirantes comprendan que la salvación debe llevarse a cabo bajo la Ley del Sacrificio y que sólo puede lograrse una relativa unidad externa en estos momentos. La mayoría de los servidores no poseen aún una visión suficientemente clara, como para trabajar con perfecta unidad de propósitos y objetivos, técnicas y métodos, o una completa comprensión y unicidad en el acercamiento. Esta fluida y perfecta colaboración reside todavía en el futuro. Es magníficamente posible establecer contacto y conexión internos basados en la comprensión de la unidad de propósitos y en el amor del alma y, para ello, todos los discípulos deben luchar y esforzarse. Debido a que predomina en esta época la mente separatista, no es posible en el plano externo llegar a un completo acuerdo sobre los detalles, métodos e interpretaciones de los principios. La colaboración y las relaciones internas deben ser establecidas y desarrolladas a pesar de las divergentes opiniones externas. Cuando el alma mantiene ese vínculo interno y los discípulos se desprenden del sentido de autoridad sobre los demás y de su responsabilidad por las actividades ajenas y, al mismo tiempo, contribuyen mutuamente en el Trabajo Uno, entonces las diferencias, las divergencias y los puntos d desacuerdo serán automáticamente superados. Existen actualmente tres reglas de importancia para los discípulos:



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