Psicología Esotérica II



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  1. También dichas guías provienen de la propia y poderosa personalidad integrada del hombre, que a menudo no la re­conoce por lo que es. La ambición, el deseo o los propósitos vanidosos de la personalidad, podrán descender del cuerpo mental y plasmarse en el cerebro y, sin embargo, el hombre, en su conciencia cerebral, creerá que le llega desde una fuente externa y foránea. Sin embargo, él ha respondido todo el tiempo a los mandatos e impulsos de su propia per­sonalidad. Esto frecuentemente ocurre a tres tipos de per­sonas:




  1. Aquellos cuyo ego o personalidad pertenecen al sexto rayo.




  1. Los que están abiertos a los espejismos del plano astral, debido a la sobreestimulación del plexo solar.




  1. Los que son susceptibles, por una u otra razón, a la men­guante energía pisciana.




  1. Como es sabido, la guía puede provenir de la propia alma del individuo, cuando por la práctica de la meditación, la disciplina y el servicio, ha establecido contacto con ella y existe, por consiguiente, un canal directo de comunicación entre el alma y el cerebro, a través de la mente. Cuando dicha comunicación es clara y directa, constituye la verda­dera guía divina proveniente de la divinidad interna. Sin embargo, si la mente no se ha desarrollado, ni existe pu­reza de carácter y el hombre no está totalmente libre del control de la personalidad, la comunicación podrá ser distorsionada y mal interpretada. La mente debe aplicar debi­damente la verdad o la guía impartida. Cuando se capta correcta y verdaderamente la divina voz interna, sólo en­tonces la guía es infalible y la voz del Dios interno habla con claridad a Su instrumento, el hombre, en el plano físico.




  1. Cuando esta última forma de guía se haya establecido, esta­bilizado, fomentado, desarrollado y comprendido, será po­sible lograr otros tipos de guías espirituales. Para ello se debe pasar a través de, o someterse a la norma de valores que constituyen el alma misma. La percepción del alma es parte de la percepción total. El reconocimiento de la percepción del alma acontece en forma gradual y progresiva en lo que respecta al hombre en el plano físico. Las células cerebrales deben ser despertadas paulatinamente y desarro­llada la correcta respuesta interpretativa. Por ejemplo, cuan­do el hombre es consciente del Plan de Dios, creerá que un Maestro o un miembro de la Jerarquía le imparte informa­ciones sobre dicho Plan, y podrá también pensar que el conocimiento le llega por medio del contacto inmediato esta­blecido con una forma mental del Plan. El obtener e inter­pretar correctamente este conocimiento, forzosa y sencillamente reconoce aquello que su alma inevitablemente sabe, porque su alma es un aspecto del alma universal y parte integrante de la Jerarquía planetaria.

Existen otras fuentes de donde provienen las guías, las ins­piraciones y las revelaciones, pero para los propósitos sicológicos de nuestro estudio bastará lo antedicho.


Ahora entraremos en el tema de los sueños que está adqui­riendo tanta importancia en las mentes de ciertos sicólogos emi­nentes y en determinadas escuelas de sicología. De ninguna ma­nera abrigo la intención de criticar o atacar sus teorías. Han llegado a establecer un hecho muy importante y significativo -la realidad de la interna vida subjetiva de la humanidad, fundada en antiguos recuerdos, en las enseñanzas actuales y en contactos de distintos tipos. La verdadera comprensión de la vida de sue­ños de la humanidad establecerá:


  1. La realidad de la reencarnación.




  1. La realidad de que durante el sueño o inconsciencia se rea­liza alguna actividad.




  1. La realidad del alma, aquello que persiste y tiene continuidad.

Estos tres hechos proporcionan una línea definida de acerca­miento a los problemas que estamos considerando y, si los anali­záramos, corroborarían la posición adoptada por los esotéricos.


El origen de la palabra soñar es en sí discutible y no se conoce nada verdaderamente positivo ni comprobado al respecto. Pero tiene mucha importancia lo que de ella se infiere y lo que sugiere. El Diccionario Webster, autoridad reconocida, le da dos orígenes a la palabra. Uno deriva de la raíz sánscrita que sig­nifica “dañar o herir”, el otro, de la raíz anglosajona que sig­nifica “goce o alegría”. ¿ No contendrán ambas derivaciones cier­ta medida de veracidad, y al buscar su antiguo origen y raíz, no se podrá descubrir el verdadero significado? En cualquier caso dos conceptos emanan del estudio comprensivo de estas deriva­ciones.
Primero, que los sueños originalmente fueron considerados indeseables, probablemente porque revelaban o indicaban, en la mayoría de los casos, la vida astral del que soñaba. En la época atlante, cuando el hombre poseía una conciencia básicamente astral, los sueños controlaban casi totalmente su conciencia física externa. En esos días, la orientación de la vida diaria, la vida religiosa y sicológica (tal como existía) se fundaba en la perdida ciencia de los sueños, y es esta perdida ciencia la que el sicólogo moderno (aunque no le agrade la idea) está recobrando rápidamente y tratando de interpretar. La mayoría de las personas (aunque no todas) que necesitan atención e instrucción sicológica poseen conciencia atlante, y este hecho ha inducido al sicólogo a poner inconscientemente el actual énfasis sobre los sueños y su inter­pretación.
Desearía volver a repetir que la verdadera sicología aparecerá y se aplicarán las correctas técnicas cuando el sicólogo esté bien seguro (como primera y necesaria medida) a qué rayo per­tenece el paciente, las implicaciones astrológicas y el tipo de con­ciencia que posee (Ariana o Atlante).
En el transcurso del tiempo, los sueños de las mentes más inteligentes eran cada vez más de naturaleza futurista e idealista, y a medida que surgían a la superficie, eran recordados y regis­trados, y comenzaron a controlar en tal forma el cerebro del hombre que el énfasis puesto por el anglosajón en la alegría y el goce, oportunamente llegó a convertirse en la descripción de la generalidad de los sueños. Aquí tenemos el origen de las utopías, las fantasías y las presentaciones idealistas de la belleza y la alegría futuras que caracterizan la vida mental del ser humano evolucionado, las cuales han sido expresión de las esperanzas (aún no cumplidas) expuestas en La República de Platón, en El Pa­raíso Recuperado de Milton y en las mejores producciones utó­picas, idealistas y creadoras, de nuestros poetas y escritores occi­dentales. Así Oriente y Occidente presentan una teoría sobre los sueños -de naturaleza astral e intuitiva superior- que cons­tituye un cuadro completo de la vida de deseos de la raza. Esta vida de deseos abarca toda la gama, desde las ideas indecentes y la bestialidad inmunda que a veces extraen los sicólogos de sus pacientes (revelando una vida de deseos y una conciencia astral de orden muy inferior), hasta los proyectos idealistas y los bien concebidos paraísos y órdenes cósmicas que corresponden a las clases superiores de aspirantes. Sin embargo, todos ellos tienen cabida dentro del reino de los Sueños. Esto también atañe a los sueños relacionados con la frustración sexual y los ideales no realizados; todos indican la existencia de un anhelo muy poderoso para satisfacer el egoísmo, o para mejorar y lograr el bienestar del grupo.
Dichos sueños podrán contener en sí mismos antiguas ilu­siones y espejismos astrales muy fuertes y poderosos, debido a su antiguo origen y al deseo racial, o de lo contrario personifi­car la respuesta sensible de la humanidad evolucionada a los siste­mas y regímenes de vida que aguardan en la zona periférica de la manifestación, esperando la futura precipitación y expresión.
Esto les indicará cuán vasto es este tema, porque no sólo incluye los hábitos astrales del pasado de la raza, que tienden no sólo -cuando existen ciertas condiciones patológicas o están fomentadas por las inquietantes frustraciones- a dominar, sino también a incluir la capacidad de los aspirantes del mundo orien­tados espiritualmente para hacer contacto con los planes desig­nados para la raza, considerándolos como posibilidades deseables.
Habiendo explicado así el alcance de este tema, me agradaría hacerles notar que sólo procuro, en el limitado tiempo que dis­pongo, realizar dos cosas:


  1. Tratar brevemente las condiciones que fomentan los sueños.




  1. Indicar las fuentes donde pueden originarse los sueños y qué los produce.

No espero que el sicólogo común acepte estas teorías, pero en alguna parte habrá quienes poseen mentes suficientemente am­plias como para aceptar algunas de las sugerencias y así benefi­ciarse y, por cierto, beneficiar también a sus pacientes.


Las principales causas que producen una angustiosa vida de sueños, consiste, en todos los casos, en la frustración o en la inca­pacidad que tiene el alma para imponer sus deseos o designios sobre su instrumento, el hombre. Estas frustraciones se agrupan en tres categorías:


  1. Frustración sexual. Este tipo de frustración conduce en mu­chos casos, especialmente en la persona común, a darle ex­cesiva importancia al sexo y a una incontrolada imagina­ción sexual, a celos sexuales, pocas veces reconocidos, o a un escaso desarrollo físico.




  1. Ambición frustrada. Esto produce la retención de los re­cursos de la vida, una constante angustia interna, despierta la envidia, el odio, la amargura y la intensa antipatía por los que triunfan, y es causa de múltiples anomalías.




  1. Amor frustrado. El sicólogo común quizás incluiría esto bajo la denominación de frustración sexual, pero el esotérico no lo considera así. Podrá haber una plena satisfacción se­xual o una completa liberación de su aferramiento y, sin embargo, el amor magnético externo del sujeto sólo hallará frustración y falta de respuesta.

Donde haya estos tres tipos de frustración existirá, frecuente­mente, una vida de sueños vívida y malsana, impedimentos físicos de diversa índole e infelicidad cada vez más profunda.


Observarán que estas frustraciones constituyen, como es de esperar, simples expresiones del deseo frustrado, y es en este sector particular (ligado con la conciencia atlante) donde nece­saria y principalmente el sicólogo moderno lleva a cabo su tra­bajo. En el esfuerzo por conducir al paciente a una comprensión de su dificultad y de acuerdo a lo que constituye la línea de me­nor resistencia, el sicólogo se esfuerza por aliviar la situación, enseñándole a evocar y a hacer que surjan a la superficie de su conciencia los episodios olvidados y su vida de sueños. A menudo olvidan dos factores importantes, que es la fuente fructífera de los frecuentes fracasos en traer alivio. Primero, cuando el paciente desciende a las profundidades de su vida de sueños traerá a la superficie no sólo esas cosas indeseables de su “vida de de­seos” no reconocida, sino también lo que estuvo presente en vidas anteriores. Penetra en un pasado astral muy remoto. No hace tan sólo eso sino que -a través de la puerta abierta de su propia vida astral- puede extraer de, o sintonizarse con la vida astral de la raza. Entonces logra hacer surgir el mal racial que quizás no tenga relación personal con él. Esto es muy peligroso, pues podría ser mucho más poderoso que la capacidad actual del hom­bre para manejarlo.
Segundo, en el deseo de verse libre de lo que contiene dentro de sí mismo y le produce dificultades, en el deseo de agradar al sicólogo (fomentado por algunos de ellos bajo el método de tras­ferencia) y en el deseo de producir lo que cree que el sicólogo quiere que él produzca, frecuentemente extraerá de su imagina­ción personal y de la imaginación colectiva, o se sintonizará te­lepáticamente con la imaginación de quien trata de aliviarlo y ayudarlo. Por lo tanto, produce algo que fundamentalmente es falso y engañoso. Éstos dos puntos exigen cuidadosa atención, pues hay que proteger al paciente de sí mismo, de la vida mental racial circundante y también del sicólogo que trata de ayudarlo. Esto es algo difícil de realizar ¿no es verdad?
Ahora quisiera intercalar algo que creo necesario y sugestivo. Se pueden aplicar tres principales métodos para ayudar a la per­sona que busca asistencia sicológica, cualquiera sea al caso y el sujeto. Tenemos ante todo el método que ya hemos tratado, el cual hurga el pasado del paciente, trata de desentrañar esas condiciones básicas determinantes y ocultas en los acontecimientos ocurridos en su niñez o infancia. Se dice que los acontecimientos descubiertos proporcionan una dirección o giro equívoco a la naturaleza de deseos, o a la vida mental; inician la predisposición a tener complejos-gérmenes y constituyen en consecuencia la fuente de toda dificultad. Este método (aunque el sicólogo no se dé cuen­ta) puede conducir a vidas pasadas, abriendo así una puerta que muy bien pudo dejar cerrada hasta poder abrirla sin pe­ligro alguno.
El segundo método, que a veces va combinado con el an­terior, consiste en llenar el momento actual con una ocupación constructiva y creadora, expulsando así los elementos indesea­bles de la vida mediante el poder dinámico expulsor que ejerce el nuevo interés absorbente y supremo. Quisiera indicarles que este método podría aplicarse con menos peligros si la vida subje­tiva de los sueños y las dificultades ocultas no fueran tratadas por lo menos temporariamente. Este método constituye (para la persona término medio, de conciencia estrictamente atlante, pero que ahora ha comenzado a desarrollar la actividad mental), por lo general, una forma sólida y segura de trabajar, siempre y cuando el sicólogo obtenga la colaboración comprensiva de la persona implicada,
El tercer método que ha sido aprobado por la Jerarquía, y sus miembros emplean en su trabajo, consiste en hacer surgir conscientemente el poder del alma. Este poder entonces afluye a través de la vida, de los vehículos y de la conciencia de la perso­nalidad limpiando y purificando así todos los aspectos de la natu­raleza inferior. Será evidente, sin embargo, que dicho método sólo es útil para quienes (y existen muchos en la actualidad) han alcanzado ese grado de desenvolvimiento al que se puede llegar y entrenar la mente y, por lo tanto, el alma puede impresionar al cerebro, vía la mente.
Si se estudian estos tres métodos se llegarán a comprender los tres sistemas que los sicólogos podrían elaborar y desarrollar a fin de manejar los tres tipos de conciencia moderna -la Iemu­riana, la inferior que existe hoy en nuestro planeta; la atlante, la que más prevalece hoy, y la ariana que se está desarrollando y desenvolviendo con gran rapidez. Actualmente los sicólogos apli­can el método inferior para ayudar a todos los grupos y estados de conciencia. Esto realmente no parece ser muy inteligente, ¿verdad?
Ahora surge el interrogante sobre el origen de los sueños. También aquí, como en los casos que consideramos en conexión con el origen de los llamados guías, enumeraré simplemente los orígenes y dejaré que el estudiante de sicología aplique adecuada­mente la información cuando enfrente algún problema vinculado con los sueños. Estas fuentes son aproximadamente diez, y po­drían definirse de la manera siguiente:


  1. Los sueños producidos por la actividad cerebral. En es­tos casos el sueño del sujeto es muy liviano. Realmente nunca abandona su cuerpo y el hilo de la conciencia no se retira total­mente como sucede cuando se duerme profundamente o se está inconsciente. Por lo tanto, se identifica íntimamente con su cuer­po; debido al retiro parcial del hilo de la conciencia, está en un estado de aturdimiento y de confusa autoidentificación, más bien que dormido. Este estado podrá persistir durante toda la noche o en las horas que duerme. Pero por lo general sólo persiste du­rante las dos primeras horas y más o menos una hora antes de volver a la total conciencia vigílica. Los problemas, preocupaciones, placeres, aflicciones, etc., de las horas vigílicas, agitan todavía las células cerebrales, pero el reconocimiento y la inter­pretación de estas impresiones vagas y agitadas es insegura y de naturaleza confusa. No se le debe dar ninguna importancia a este tipo de sueños. Indica nerviosidad física y poca disposición para dormir, pero no tiene una profunda significación sicológica ni significado espiritual. Son los más comunes en la actualidad, debido al predominio de la conciencia atlante y a la tensión bajo la cual viven hoy los pueblos. Es muy fácil darle indebida importancia a las divagaciones desatadas, estúpidas y confusas de un cerebro inquieto, sin embargo, la dificultad reside en que el hom­bre no duerme profundamente.

No es bueno inducir a soñar, ni entrenar a las personas para que recuerden su vida de sueños, cuando por naturaleza duer­men profundamente y poseen la capacidad de dormirse fácilmente y no sueñan. La evocación de los sueños tal como se lleva acabo mediante los métodos empleados por ciertas escuelas de sicología, sólo debería aplicarse forzosamente (si se puede emplear esta palabra) por la determinación de la voluntad durante las etapas posteriores en el Sendero. Hacerlo previamente produce a me­nudo una especie de continuidad de conciencia que agrega más complejos del plano astral a los de la vida diaria del plano físico; pocas personas son lo bastante competentes para manejar ambos y, cuando se persiste en el esfuerzo de evocar los sueños, las células cerebrales no descansan y puede sobrevenir insomnio. La ley de la naturaleza ordena que todas las formas que tienen vida deben a veces dormir.


Ahora analizaremos dos tipos de sueños, en relación con la naturaleza astral o emocional, que se tienen con mucha frecuencia.


  1. Los sueños en que se recuerdan cosas. Dichos sueños constituyen el recuerdo de cosas vistas y sonidos oídos, mientras se duerme, en el plano astral. En este plano se halla generalmente el hombre cuando el hilo de la conciencia se separa del cuerpo. En dicho caso participa de ciertas actividades, o adopta la posición del espectador que ve cosas reales, actuaciones, personas, etc., etc., así como una persona las ve cuando camina en la calle de una gran ciudad, u observa desde una ventana. Estas cosas y sonidos generalmente dependerán de la vida de deseos y de las predilec­ciones del sujeto, lo que le agrada o no, lo que desea y le atrae. Buscará y frecuentemente hallará a aquellos que ama; a veces buscará y hallará a aquellos a quienes quiere hacerles daño y tendrá la ocasión de herir a los que odia; se favorecerá a sí mismo, participando en el cumplimiento de lo que desea, lo cual siempre es posible imaginativamente en el plano astral. Dichos deseos abarcarán toda la gama, desde el deseo de la satisfacción sexual hasta el anhelo del aspirante, espiritualmente orientado, por ver al Maestro, al Cristo o al Buddha. Las formas mentales creadas por los similares deseos de la multitud satisfarán sus deseos y, al despertar, traerá consigo les recuerdos de esa satisfacción en forma de un sueño. Los sueños relacionados con las satisfacciones astrales son ilusorios y evocados y relacionados por uno mismo, sin embargo, indican una experiencia real, aunque sólo se haya realizado astralmente, lo cual será de valor para el sicólogo inte­resado, dentro de lo que puedan indicarle las tendencias caracterológicas del paciente. No obstante, puede surgir una dificultad Dichas formas mentales (a las cuales el hombre ha respondido y ha encontrado en ellas una satisfacción imaginaria) personifican la expresión de la vida de deseos de la raza y existen, en conse­cuencia, en el plano astral para que todos las vean. Muchas per­sonas las ven, hacen contacto con ellas y pueden identificarse con las mismas al regresar a la conciencia vigílica. En realidad, no han hecho más que registrar estas formas mentales del mismo modo que se puede registrar el contenido de un escaparate al pasar delante. Por ejemplo, algo horrible puede inducir a una persona a relacionar inocentemente un sueño, que en realidad es sólo el registro de algo que ha visto o experimentado, de lo cual ha sido testigo durante el tiempo que dormía, pero con el cual no tiene ninguna conexión. Esta experiencia la asocia con desa­grado y disgusto y, con mucho sentimiento, relata su experiencia al sicólogo y frecuentemente le da una interpretación que le revela las profundidades del mal que testimonian, aparentemente, sus deseos no realizados. El sicólogo saca a la superficie los anhelos inexpresados, le advierte al sujeto que éstos desaparecerán cuan­do se los enfrentan, y que el fantasma de su desorden mental y sicológico será conjurado. A no ser que el sicólogo posea verdadera iluminación, culpará al sujeto que está bajo su cuidado, de haber tenido una experiencia que nunca ha pasado, pues sólo fue testigo. Expongo esto como un ejemplo de lo que ocurre muy a menudo y produce mucho daño. Hasta que los sicólogos no acepten que la vida de la humanidad continúa durante el sueño, al separarse del cuerpo físico por la noche, con frecuencia cometerán tales errores. Las implicaciones son evidentes.




  1. Los sueños que constituyen recuerdos de actividades rea­les. Dichos sueños registran actividades verdaderas. No han sido simplemente observadas, registradas y relatadas por el su­jeto. Cuando una persona ha alcanzado:




  1. Un estado de verdadera integración del cuerpo astral y del cuerpo vital o etérico, además del cuerpo físico, entonces estos tres aspectos funcionan armónicamente.




  1. La capacidad de emprender una actividad ordenada mien­tras duerme. Entonces el hombre puede plasmar en el cerebro físico el conocimiento de estas actividades y al volver a la conciencia vigílica las lleva a la práctica mediante el cuerpo físico.

Por lo tanto los sueños del hombre en realidad serán ni más ni menos que la relación de la continuidad de las actividades des­plegadas durante el día, tal como se llevaron a cabo en el plano astral. Constituirán simplemente el registro, impresionado en el cerebro físico, de sus actividades y emociones, sus propósitos e intenciones y sus conocidas experiencias. Éstas son tan reales y verídicas como cualesquiera de las que registra el cerebro durante las horas vigílicas. No obstante, en la mayoría de los casos, son registros parciales y de naturaleza mixta, porque los espejismos, las ilusiones y las percepciones de lo que hacen los demás (según se registran en la segunda categoría de sueños explicada anterior­mente) podrán producir todavía algún efecto. Los registros mixtos y las erróneas identificaciones, etc., conducen a muchas dificul­tades. El sicólogo debe tener en cuenta:




  1. La edad o experiencia del alma del paciente; determinar si el paciente ha participado en forma ilusoria en el sueño relatado, o ha sido una actividad percibida o re­gistrada, o un real y verdadero acontecimiento experi­mentado por el hombre mientras dormía.




  1. La capacidad del sujeto para recordar perfectamente la experiencia relatada, capacidad que depende de haber establecido previamente la continuidad de conciencia, de manera que en el momento de regresar, el cerebro del hombre implicado es fácilmente impresionado por la experiencia del verdadero hombre, cuando se halla fuera del cuerpo.




  1. Que el paciente no desea impresionar al sicólogo su in­nata honestidad, el control que ejerce sobre su imagina­ción y la capacidad para expresarse verbalmente.



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