Programa de formacion para laicos-as



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Códigos latentes

Los ejercicios se vivencian de una manera lineal, concatenada; pero su eficacia reside en ciertas claves que Ignacio va interponiendo bajo la experiencia vivida. Son mensajes subliminales o bien, puntos de estructuras profundas que generan unos códigos latentes o supuestos.

Resaltamos los que leídos desde nuestra propuesta psico - histórico – espiritual, subyacen en ellos.

Para la reflexión personal y el intercambio grupal...

¿Cómo me siento identificado(a) desde mi espiritualidad con este proceso? ¿Qué clave pondría yo?

Código psicológico latente

Ignacio, a quien alguna vez lo han llamado el fundador de la psicología, aprovecha los elementos psicológicos de las personas a través de todos los Ejercicios. Vamos a señalar alguno de esos códigos latentes que funcionan como aceleradores del proceso espiritual y de la conversión.



Principio y fundamento. El código psicológico que utiliza es el deseo de libertad. La libertad concebida, con todo, no como un bien ya adquirido. Una libertad que se traduce en una gran disponibilidad, y a la que Ignacio llama indiferencia.

Primera Semana. Parte de la riqueza de la culpa sana, que la descubre como fecunda y como fuerza para la conversión. Aprovecha también el aborrecimiento, un recurso que proviene de una experiencia del cuerpo: cuando hay hartura de algo, esto se aborrece. Pues bien, los Ejercicios invitan a pedir conocimiento de la malicia del pecado para hartarse de él. Luego la culpa fecunda lleva a la reparación –que no es directamente con Dios, sino con quien ha sufrido la ofensa y en dónde Él está encarnado: ¿qué estoy haciendo, qué debo hacer por Cristo?, y este es el tercer código secreto psicológico de la primera semana: la sorpresa de descubrir que la experiencia de ser pecador(a) perdonado(a) habilita para la misión, que da la fuerza de la reparación, de recomponer el mundo. ¡Esta es la gran sorpresa cristiana!.

Segunda Semana. Aquí, además de retomar en la meditación del Reino la sorpresa de que el pecado no aleja del seguimiento sino que el pecado habilita para la misión, se postula la emulación como factor de seguimiento. La emulación es un resorte humano fortísimo: “mira lo que hacen otros... ¿y tú, qué eres capaz de hacer?”. Con este mecanismo, invitan los Ejercicios a compararse con hazañas históricas y con la invitación de grandes líderes humanos, por eso, el entusiasmo con la misión es la clave resultante de la meditación del Reino. En la Encarnación prosigue la emulación pero ahora es desde Dios: la Trinidad se decide a redimir al género humano... “yo también quiero hacer lo mismo. Si Dios se encarna, cómo no voy a hacer yo lo mismo; si Dios redime, como no voy a colaborar yo...”. La emulación en segunda semana, lleva a la solidaridad.

Toda la Vida Oculta es una posibilidad de enamorarse de Jesús, utilizando para ello la contemplación y la aplicación de sentidos: tocándolo, sintiéndolo, conviviendo con Él; es decir, enamorándose desde lo sensible. En Banderas se aprovecha lo cognitivo del seguimiento: entrar a potenciar la fuerza de la racionalidad para entender las cosas en bandos –aquí o allá, no hay medio-. En Binarios se trabaja el papel de la voluntad -algo que no se puede desdeñar en la vida cristiana, cuidando de no caer en voluntarismos-, es la revisión del deseo: “¿de veras, quieres hacerlo?”. Por último, en tres maneras de Humildad se sirve del afecto capaz de realizar las máximas locuras, metiéndose en el Eros –fuerza- que entraña el amor. La elección es el ejercicio más claro de la voluntad.

En esta semana se da una pedagogía interna muy interesante, toda ella a partir de los hondos deseos. Los Ejercicios llevan a realizar una escalada durante toda la segunda semana que va desde permitirse simplemente desear desear32, hasta dejar que broten los deseos un tanto ingenuos -como en la meditación del Reino- para enseñarnos, finalmente, que lo que toca desear y demandar es “pedir ser puestos(as) con el Hijo”.

En segunda semana se vive una evolución psicológica en el amor despertando la pasión por el Reino. Es decir, todo es para seguir a Jesús, no sólo para contemplarlo sino para seguirlo en una misión...



Tercera Semana. En esta parte los Ejercicios hacen sacar toda la fuerza del cariño hasta las últimas consecuencias: amar es estar dispuesto(a) a padecer por el que se quiere. Es vivir la amistad con Jesús hasta lo último: llegar a la gran solidaridad de entender qué es entregar la vida por el amigo. Los Ejercicios invitan a querer hasta padecer con quien se ama, ayudándonos así, a saber convivir con un elemento de la vida cotidiana difícil de saber integrar: el sufrimiento. En ellos se nos convida a resistir las consecuencias de la congruencia en la misión, y se nos hace ver, por otra parte, que se trata del dolor presente de Cristo en los que sufren –a causa de nuestro pecado- en este momento histórico. Es decir, no es únicamente la pasión histórica de Jesús, sino la pasión que Cristo padece EN la humanidad. Este código psicológico de captar el dolor de Cristo en los(as) demás, rompe todo género de eventual intimismo.

Cuarta Semana. Las teclas que aquí se tocan son las de la alegría y el entusiasmo que son cruciales para vivir en plenitud, y la de la esperanza que da sentido a la existencia. La invitación de esta semana es a alegrarme con la alegría del amigo a quien he seguido desde la sensibilidad en el dolor, y le sigo ahora en el gozo. La otra invitación importante es a la esperanza, con toda la gran capacidad de movilización que ella tiene: funciona cuando todo lo demás se acaba; esto significa que no se va a poder vivir el riesgo de la Misión sino desde la fuerza del Resucitado.

Contemplación para alcanzar amor. Toca la clave del agradecimiento, una de las cualidades humanas más finas y que hablan de la calidad de una persona. Y entonces, invita a vivir el amor como resumen de toda la experiencia, pero con dos ejes claves: poniéndolo más en obras que en palabras, y en la comunicación de bienes, teniendo como modelo la relación de amantes que se dan uno al otro.

Otro código psicológico latente que funciona a lo largo de todos los Ejercicios, es el que hacen las adiciones: pequeños medios y acciones de parte de quien hace los Ejercicios, que sirven de medio para que acontezca la obra de Dios, no porque Él las necesite para su acción, sino porque nosotros(as) las necesitamos para vivir con mayor conciencia la experiencia, dándonos cuenta de a dónde voy y a qué33. Es hacernos conscientes de que hay una parte mía; una colaboración pequeña pero significativa en la obra de Dios. Esto mismo se nota en todo el proceso de elección.



Para la reflexión personal y el intercambio grupal...

¿Qué teclas psicológicas se han tocado más en mí? ¿Cómo el cuerpo ha tomado partido, de hecho? ¿Cuánto experimento que la sensibilidad ha sido alterada por Dios?

Código espiritual latente

En todos los Ejercicios el código espiritual oculto es el modo como trabaja la Espíritu. Esta acción de la Espíritu se deja entrever en toda la experiencia: es ella quien siempre saca del caos los procesos –personales y universales- y les da el toque de belleza ordenada (cosmos), es ella quien constantemente nos está invitando a la profecía: denunciando lo que no es la Alianza y el Reino y anunciándolo con sus rasgos más significativos. La Espíritu es quien nos enseña a gustar los gustos de Dios; es ella quien engendra en nosotros a Jesús, es ella quien lo manifiesta, es ella quien lo defiende; es ella, finalmente, quien lo resucita.

Toda esta actividad suya en la Revelación la va haciendo experiencia quien hace los Ejercicios. La Espíritu se nos comunica directamente por una parte, de ahí que el que acompaña simplemente ponga a la criatura con su Creador, es decir, en aparente prescindencia eclesial; pero por otro lado, la Espíritu nos hace cuerpo, genera la Iglesia. Por esa razón está quien acompaña, como persona con densidad eclesial, juez y testigo del acontecer de Dios en la persona que está acompañando. Las reglas para sentir con la Iglesia34 nos hacen percatarnos de esta dimensión.

Es la Espíritu quien hace entender la activa pasividad que modela todos los ejercicios, y que es esencial en la comprensión y vivencia de la espiritualidad cristiana. Es ella quien nos enseña que la vida es lucha enfrentada contra el mal de este mundo, y por eso abre a la experiencia del discernimiento. Es ella la que se revela en la presencia de mociones que llevan siempre a la mesa del Banquete del Reino. Es la Espíritu quien comunica finalmente la consigna: el modo por dónde Dios quiere llevarme, por donde me ha llevado siempre, por donde promete seguirme llevando...



Para la reflexión personal e intercambio grupal...

¿Cómo siento la suavidad de la Espíritu? ¿Cómo vivo la pasiva actividad? ¿Cómo me siento libre porque estoy frente a Dios pero siempre desde el cuerpo de la Iglesia?

Código latente de compromiso

La necesidad de compromiso se manifiesta desde el requisito de quién puede entrar a Ejercicios. Ignacio sólo postula la posibilidad de hacerlos en su totalidad en personas, no únicamente cualificadas, sino que han tomado su vida en serio comprometiéndose con ella, por una parte, y por otra, cuya actividad tiene trascendencia en la historia.

El principio y fundamento, nos pone de cara al Reino de Dios, y éste tiene siempre que ver con obras de justicia. El texto de Ef. 2,10 ...hechura suya somos; creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso que practicáramos, es el texto que ayuda a encuadrar el sueño de Dios en las obras del Reino. Esto significa que la gran libertad que se gana en Principio y Fundamento, frente a los bienes de la tierra como frente al resto de todo, no puede entenderse como una acción aislada y sola, sino como una libertad frente a las propias riquezas captando su función social. Implica esto una disponibilidad, no sólo de cara a Dios, sino de cara a quien se puede ofrecer esa riqueza: es para bien de la humanidad. En este sentido enmarcamos el Principio y Fundamento de cara a las obras de la solidaridad y el compromiso.

La experiencia de pecado de la primera semana, lleva a captar la responsabilidad en la historia macro, y también a los pequeños niveles personales. Es decir, de alguna manera los dilemas del Principio y Fundamento -riqueza que pobreza, honor que deshonor- se convierten en materia de pecado para el examen de la Primera Semana; pero sobre todo, el juicio final, da la pauta de lo que es verdaderamente pecado: la insolidaridad humana, pues el primer analogado del pecado es el pecado estructural. Esta lectura de la significación del pecado, es una manera de hacer vivos hoy los Ejercicios –teológicamente-.

En la meditación del Reino, a Ignacio se le traduce –el Reino- en pobreza en contra de todo tipo de riqueza, en sencillez frente a toda vanagloria y poder. Esto provoca un compromiso del mismo género en el(a) ejercitante, a la vez que lo(a) dispone a asumir el riesgo del seguimiento y el compromiso. Es claro que se impone una tarea de gran magnitud... También es verdad que el concepto de lo que es Reinado de Dios no estaba tan desarrollado en tiempos de Ignacio, como lo está ahora gracias a la exégesis; con todo, el mero hecho de postularlo pone en evidencia su importancia. El Reino al que viene Jesús es compromiso con los desheredados de la Historia. La respuesta que brota de esta meditación es el compromiso con el grito del dolor de la gente que sufre, invita al compromiso con los(as) pobres y pecadores(as).

Es también muy evidente dentro de los códigos latentes de los Ejercicios, que es a causa de la predicación del Reino que los poderes confabulan contra Jesús. Es el poder el que lo mata, y el que lo sigue matando –¡aún la misma Iglesia Institución!-. Entonces, la pasión de Jesús pone de relieve el dolor actual del mundo, pone de manifiesto a los crucificados de hoy, que lo están, en conexión directa con nuestro modo de ser y de actuar; es nuestra falta de compromiso con la historia lo que crucifica a nuestros congéneres, y es al compromiso a lo que mueve esta experiencia. Pero es un compromiso que implica persecución y muerte –pero no en abstracto, ni en línea de mortificación sin sentido- sino como consecuencia lógica.

En el momento de la Resurrección se da la reivindicación del justo que fue aplastado por los injustos. Se mueve la tecla de la justicia: en Jesús se da la posibilidad de que por fin se haga justicia con los desheredados, con los aplastados. Es la buena nueva de que el dolor de este mundo no es la última palabra. Por eso, la invitación latente de los Ejercicios en torno al compromiso, apunta a que se saque fuerza de los(as) pobres y pecadores(as), a que se descubra la esperanza escondida, entremezclada con la muerte35.

La contemplación para alcanzar amor nos da la clave de todo ulterior comportamiento: que debe ser no desde las ideologizaciones sino desde el amor, un amor que se pone en obras, un amor que se comunica. Toda esta contemplación me invita a encontrar su presencia por todas partes. Por la fe sabemos que su presencia está debatiéndose en la dialéctica de muerte y resurrección. Que se está completando lo que falta a la pasión de Cristo. Por tanto, un efecto de la Contemplación es -con ese amor que se pone en obras y no palabras- establecer la comunicación más honda de lo que tenemos, que en primer lugar es: de nuestras personas, tiempos, preocupaciones y posesiones.

Una actitud que traspasa toda la experiencia de los Ejercicios, es la historización de todo lo vivido; la preocupación de que todo contribuya a cambiar el rostro del mundo: ¿qué hay que hacer con esto? Es un pragmatismo definitivo que se trasluce, por ejemplo, en la insistencia de pedir lo que parece que más conduce, aunque después pase lo que Dios quiere. De aquí dimana toda una serie de acciones nacidas de nuestros deseos en conexión con los deseos de Dios.

Para la reflexión personal y el intercambio grupal...

¿Había captado este elemento en los Ejercicios Espirituales como una fuerza interna? ¿Cómo los Ejercicios solo se captan desde este código? ¿Cómo he vivido esto en los Ejercicios?

La huella que dejan los Ejercicios

Las personas que terminan Ejercicios han sufrido seguramente, una modificación en su inconsciente. No se sale el(a) mismo(a) que entró. Los Ejercicios dejan una huella en las personas que los hacen36. Estas huellas se traducen en ciertos rasgos que serán como una impronta con la que se realiza la misión y el compromiso, serán siempre una marca en la espiritualidad, que se va a notar cuando se entreguen al compromiso histórico37.

Quienes han hecho Ejercicios tienen en su modo de ser y actuar unas características que traslucen la huella que ellos dejaron...

Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de ser compañero(a). Para quien ha hecho la experiencia de ejercicios, Jesús es central porque así lo ha experimentado. No sólo lo conoce sino que ha llegado –por gracia- a sentir como Jesús para actuar como Él, ha sido llevado a encarnarse con su sensibilidad. Por esto, el centro de la vida es el Señor al que se le experimenta amigo, compañero porque en el coloquio de la oración ha aprendido a hablar con el Señor: como un amigo habla a otro amigo (EE. 54). Esta experiencia hace que quien pasa por la experiencia de los Ejercicios, fomente la compañía de la persona de Jesús, pero también genere compañía entre los demás. El compañerismo se le convierte en algo esencial: compartir el pan, compartirse por los demás, volverse nutrición para otros y otras. Es decir, quien ha vivido la experiencia de los Ejercicios, tiene una huella que no le permite ser, de ninguna manera, una personalidad aislada, y por eso, de alguna forma tiene que tener experiencia de vida con otros(as), de comprometerse con otros y otras, para los(as) demás.

Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de ser apasionado(a) por la misión. Para quien hace la experiencia de Ejercicios, la construcción del Reino le parecerá lo más importante de la vida, y realiza esta tarea desde donde esté ubicado(a) pues se ha dejado forjar en la invitación del Reino: ahí las grandes hazañas propuestas por ese Compañero que es Jesús, seducen por sí mismas y preparan una de las huellas más distintivas de quien ha hecho Ejercicios: “encargarse de los(as) demás” –lo que Ignacio llamaba “ayudar a las almas”-.

Quien se apasiona por llevar adelante el Reino, se dedica a realizar obras, no sólo porque sean buenas, sino porque tocan el corazón de la historia, haciendo allí actividades que la reestructuren y se institucionalizan porque cobran fuerza en sí mismas. Obras que modifiquen el modo como está constituido el mundo, y faciliten una sociedad más acorde con el Reino, y por otra parte, se compromete en que se genere una Humanidad Nueva digna de habitar ese Reino.



Quien ha hecho Ejercicios... tienen la huella de ser defensor(a) del nombre de Dios en la historia. Quien sale de Ejercicios estará impactado por defender el nombre de Dios en la historia. Buscar su verdadera gloria, que como nos dijo Ireneo es que las personas tengan vida. Sabe que es el Reino su pasión pero que este Reino es sobre todo de Dios, que Su gloria está en juego. Por tanto se dedica con denuedo y osadía a generar estructuras y trabajos que tengan incidencia en la historia para que haya vida que es lo que de verdad da gloria a Dios. Se coloca en los lugares más neurálgicos para incidir en ellos y lograr lo que pretende, por esto, no busca el modo bueno, sino el mejor, el que más toque, el que más cambie, el que haga que todas las personas tengan vida, y vida abundante. Quienes hagan Ejercicios manifestarán una espiritualidad de tipo ético y no tanto cultual, y por tanto, tendrán que estar –física y/o moralmente, con algún vínculo orgánico- en una obra “de punta” que de alguna manera incida para hacer las cosas de otro modo, para servir mejor a más personas, estructuralmente.

Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de una espiritualidad de paradojas. Quien hace Ejercicios, tendrá que lidiar con una vida y una espiritualidad de paradojas. Sabe que tiene que poner de su parte, pero que tiene que dejar obrar a Dios. Sabe que hay que hacer como si todo dependiera de sí, sabiendo que en definitiva todo depende de Dios. Es decir, tiene que ser capaz de ponerse desde Dios en toda su apertura infinita, y de poder estar al mismo tiempo frente a una persona concreta con sus necesidades más específicas y particulares.

Esta huella de los Ejercicios favorecerá que la persona realice tareas de frontera y de riesgos extremos, abrazando por ejemplo, cosas que pueden sonar contradictorias en sí mismas: la máxima inculturación desde la máxima fidelidad al Evangelio, que pueda ser revolucionario(a) y cristiano(a), que sea capaz de criticar a la Iglesia y a la vez sentirse hijo(a) amante de ella... Sabrá buscar puntos claves de influencia y a la vez, sabrá ir siempre hacia abajo, hacia las mayorías desposeídas, hacia el encuentro con los más pobres. Ayudará a que el pobre crea en el pobre, ¡la máxima paradoja social y política!. Vivirá armónicamente la aparente contradicción de la primacía del actuar, de la participación en la vida social del mundo, y a la vez, la búsqueda de espacios de silencio, desierto y oración, y la opción de la austeridad en el modo de vida, sin escatimar la excelencia de los medios.



Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de un modo determinado de orar. De aquí en adelante quien sale de Ejercicios tendrá una vida de oración muy especial, como la que ha vivenciado: contextuada, evaluada, discernida, cotejada. Quien ha hecho Ejercicios ha recibido un entrenamiento muy fuerte con un tipo de oración que es de petición, eso sí, pero de petición de lo fundamental: en torno al Reino, en torno a la mayor gloria de Dios, por una parte, y por otra, una oración que está toda ella concatenada, entrelazada. Se pide por donde el Señor ya ha venido dando... de allí que la última oración – y lo que entonces se desarrolló- es el punto de partida de lo que sigue. Es decir, que los puntos de oración los ofrece la oración anterior. Esto da una contundencia muy fuerte al modo de orar.

Ora a veces utilizando la meditación, es decir, el ejercicio de la racionalidad, de la voluntad, de la memoria, pero muchas más veces ora utilizando la contemplación que es el ejercicio de la sensibilidad, de lo intuitivo, de lo sensible. Esto significa que es una oración que capta la totalidad humana y privilegia el cuerpo. La inclusión adecuada del cuerpo, es también el medio que hace más sensible al dolor de Cristo, al padecer en sí mismo(a), de alguna manera, el dolor del pueblo.

Quien aprende a orar en los Ejercicios, se habitúa a una oración contextuada ya que la ruta de los Ejercicios es la combinación de la Historia de la Salvación -presentada al modo de Ignacio- en articulación con la historia de la propia conversión: la biografía espiritual38. Todo esto nos está indicando el talante de la oración de quien hace Ejercicios: es una oración que hace a la persona contemplativa en la acción, y en una acción que tendrá repercusión política porque quiere cambiarle el rostro al mundo.

Es además, una oración que es evaluada. No se concibe, propiamente hablando, una oración que no traiga consigo su propio examen. Más aún, es una oración –que por el dinamismo del discernimiento- exige el cotejamiento con un(a) acompañante psico - histórico – espiritual, por una parte, pero también que no tiene plena validez sin la confirmación subjetiva: cuánto ha crecido la persona con todo lo que está viviendo, y sobre todo, la confirmación histórica: cuánto Reino ha producido la oración que se viene llevando.



Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de la conciencia de proceso. Quien sale de Ejercicios queda con la impronta de que todo es un proceso. No comerá ansias. Las cosas se van gestando, se va dando cuenta de lo que toca hacer. No se aceleran los procesos humanos ni históricos. Es decir, quien ha hecho Ejercicios, capta que el compromiso histórico es un proceso que tiene requisitos para vivirse, un camino abierto que se va recorriendo por etapas.

Quien hace Ejercicios, tiene la huella de una espiritualidad que implica la experiencia, el compromiso con la transformación del mundo desde su quehacer personal concreto y formación intelectual constante, para mejor servir. Experiencia, compromiso y formación, tres palabras que hacen que sea una espiritualidad completamente dinámica pero procesual.



Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella del hábito de discernimiento Y es que quien sale de Ejercicios es persona de discernimiento, con todo lo que esto significa, porque ha comprendido por propia experiencia, la necesidad de aprender a historizar las mociones, y por otra parte de impedir que las tretas tomen cuerpo y realidad. Quien hace Ejercicios ha entendido que discernir es optar; que todo lo que va manifestándose en su interior o en el exterior, si viene de Dios, son impulsos e invitaciones para que se vaya realizando el Reino. Ha hecho del discernimiento una actitud vital que le permite discernir “en caliente”, es decir, en el momento mismo que están sucediendo las cosas, o en el momento que las está examinando, justamente porque se ha hecho una persona contemplativa en la acción, y en la acción del Reino.

Quien ha hecho Ejercicios... tiene la huella de la dinámica psico – histórica – espiritual. Finalmente quien sale de Ejercicios comprende a cabalidad el trípode de la espiritualidad en la que nos estamos moviendo: una personalidad bien fundada que ponga de pie, pero abierta a los demás, una vivencia de la fuerza de la Espíritu que concita a la historia, y un compromiso con esa misma historia para hacerla más humana, más divina, donde encuentra a Dios y donde también las heridas de los otros sanan las propias.

Es decir, quien hace Ejercicios tiene en sí mismo(a) la huella de la dinámica que implica el trípode psico - histórico – espiritual: un trabajo personal que hace descubrir el manantial, y en él el Agua Viva –Dios-, lanzándome a la solidaridad porque soy agua para los demás; desde una espiritualidad que me cura porque me comunica el amor incondicional de Dios y me lanza a la historia; y en donde el compromiso es escenario místico porque ahí puedo encontrar el rostro de Jesús, y por otra parte, el dolor de los(as) que sufren cura mi dolor... Es una dinámica cíclica, en donde lo personal lleva a lo espiritual y esto al compromiso, pero a la vez, cada uno de ellos, re - orienta hacia los otros.



Para la reflexión personal y el intercambio grupal...

¿Me examino en cada uno de estos rasgos... ¿dónde están mis fortalezas? ¿dónde mis debilidades? ¿Qué no debo pasar por alto?


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