Programa de formacion para laicos-as



Descargar 231.92 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión09.05.2019
Tamaño231.92 Kb.
  1   2   3   4



PROGRAMA DE FORMACION PARA LAICOS-AS
COMO PREPARACIÓN PARA LOS EE DE DICIEMBRE 2003

Tema de Octubre:


San Ignacio de Loyola y los

Ejercicios Espirituales

Comisión de Espiritualidad

Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús

Octubre del 2003.

Objetivos:


  • Fortalecer el proceso de estudio, reflexión y preparación para la vivencia de los Ejercicios Espirituales de Diciembre 2003 y/o Enero 2004 como seguimiento al Taller de Espiritualidad Laical Ignaciana.

  • Tener el espacio y el momento de encuentro vivencial con Ignacio de Loyola, al conocer su Biografía y su aporte; así como de la estructura interna, los requisitos básicos, el engranaje metodológico y los códigos latentes en los Ejercicios Espirituales.

  • Compartir en los grupos de vida, LO NUEVO, EL ENFASIS Y LAS RELACIONES (NER) que establece cada quien desde su proceso de vida y lo que aprende para su crecimiento tanto a nivel humano-psicológico, histórico como espiritual.



Contenido:


Documento No. 6
San Ignacio de Loyola y los Ejercicios Espirituales


El laico Ignacio de Loyola

Lo primero que quiero resaltar, es el carácter de laico de Ignacio de Loyola cuando experimentó todas aquellas vivencias que luego plasmó en los Ejercicios Espirituales, y finalmente marcaron el modo en la Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola era laico, cuando inició su proceso de conversión en Loyola y empieza a reconocer la existencia de diversos espíritus. Era laico, cuando vivió la intensa experiencia de Manresa1. Era laico, cuando experimentó y escribió los Ejercicios Espirituales. Era laico cuando empezó a tener junto a él compañeros a los que les fue dando los Ejercicios, y así, les fue comunicando un modo específico de ser.


La espiritualidad Ignaciana, la ignacianidad, nace pues como un carisma2 laical, descubierto por un laico y con una metodología -los Ejercicios- que fueron concebidos desde esta perspectiva. Sólo pasados muchos años y muchas experiencias, los compañeros deciden constituir la Compañía de Jesús, en donde se plasma la espiritualidad Ignaciana cuando ésta se hace congregación religiosa. Pero el origen del carisma Ignaciano, es laical: en Manresa, en 1522, vivió Ignacio la experiencia espiritual más fuerte (la misma que luego plasma como “método” en los Ejercicios espirituales), y sólo hasta 1534, en Montmartre (París) hace votos religiosos; es decir, durante más de diez años vivió su espiritualidad como laico. La compañía de Jesús da un modelo de cómo se hace cuerpo un carisma, pero no lo agota, por principio. El carisma Ignaciano puede ser vivido – y es vivido- en personas y en instituciones no jesuitas, con pleno derecho3.
Estas afirmaciones, toman fuerza, si miramos detenidamente la historia de Ignacio. La fuente de la espiritualidad Ignaciana se dio en la experiencia de Manresa, justo después de su conversión, y esta experiencia la vivió él como un laico. Como laico, Ignacio escribió los Ejercicios después de haber sido una experiencia vivida en él. El peregrino penitente –laico- que llega a Manresa, sale convertido en un peregrino apóstol –laico-. Esos once meses son de los más decisivos en la vida de Ignacio y en su obra: durante esa estadía es cuando tiene una de las experiencias místicas que más marcaran a Ignacio: la del Cardoner4. Allí, -como él mismo lo expresa-:
se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande que le parecían todas las cosas nuevas (...) y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados setenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes (Autobiografía, Nº 30)5
Luego, una vez que se ha persuadido Ignacio de que no puede vivir y morir en Tierra Santa, como era su hondo deseo desde su convalecencia, comienza –porque experimenta que lo necesita para poder fundamentar y contagiar su experiencia- la formación intelectual. Allí su vocación laical, la típica suya, comienza a manifestar un elemento importante: búsqueda de compañeros a quienes les va dando los Ejercicios y les va comunicando un modo de ser. Pedro Fabro, uno de sus primeros compañeros, en 1540 es el fundador y animador de uno de estos grupos llamado “congregación del Nombre de Jesús”. El objetivo de esta agrupación era la renovación de la vida espiritual de los seglares, el apostolado de enseñar la doctrina cristiana, asistir a los pobres vagabundos y acompañar a los ajusticiados en la hora de la muerte6.
Sin embargo, la Compañía de Jesús, por muchas razones históricas, prácticamente se ha adueñado de toda la espiritualidad Ignaciana, de toda la ignacianidad. A pesar de que desde muy tempranamente había instituido las Congregaciones Marianas (agrupaciones estudiantiles que emanaban de la experiencia de los Ejercicios en donde se unían virtud, ciencia y servicio) seguía siendo el carisma algo de pertenencia exclusiva de los jesuitas. De algún modo lo compartían con los laicos en estas Congregaciones, pero que no eran considerados, finalmente, como auténticamente ignacianos. Por otra parte, también desde el mismo inicio de la Compañía, hubo una atracción de aplicar el carisma a institutos religiosos femeninos7, y aunque existieron algunos fundados según este carisma, fueron respaldados por algún jesuita en particular, pero no aprobados por la Compañía de Jesús como tal. Es decir, de cierto modo, “robaban” el carisma Ignaciano, pero no les era legítimamente compartido.
Una de las grandes aplicaciones de esta espiritualidad Ignaciana hecha por los jesuitas para la vivencia del carisma desde los laicos(as), a lo que llamamos ignacianidad, fue la ratio studiorum8. Como es bien conocido, con las primeras Reglas del Colegio Romano se fue elaborando el documento que culminó en esa estructura de los estudios promulgada en enero de 1599. La ratio, fue la guía del sistema educativo de la Compañía por doscientos años.9 Esto, en principio, debió ser siempre fuente de ignacianidad, en muchos de nuestros estudiantes. Es decir, siguiendo la estructura de estudios propuesta por la ratio, se haría de quienes estudiaban en nuestros colegios, personas Ignacianas, ya que con dicho plan de estudios, se les transmitiría el carisma ignaciano.
El desconocimiento de este documento de la ratio studiorum, el anquilosamiento del modelo, la imposibilidad de un sistema unificado de educación para todos los colegios de la Compañía en el mundo, el avance de la ciencia –que no quedaba asumido en él- y la inquietud de si la educación ofrecida en los colegios de la Compañía cumplía la finalidad apostólica de la misma, lleva primero, al olvido este documento, y luego a una nueva formulación sobre lo que es la espiritualidad ignaciana y la educación de la Compañía10. Posteriormente, estas mismas inquietudes, y la necesidad de hacer más práctico el modo de aplicar la ignacianidad a la educación, hacen que se elabore el Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI): una experiencia educativa formulada desde el mismo esquema de los Ejercicios Espirituales.11.
A pesar de esto, mirándolo sólo desde esta perspectiva, queda reducida la ignacianidad al ámbito educativo, y por tanto a las personas que se encuentran en este campo, o a una herramienta pedagógica12; más que a un modo de vida, a una manera de situarse en el mundo, que es lo que tendría que ser.

Tomado de:

La espiritualidad ignaciana, es laical. Carlos R. Cabarrús, sj. Revista Cardoner, URL, 2000.

Genialidad de los Ejercicios Espirituales

La genialidad de los Ejercicios reside, en primer lugar, en que Ignacio logró convertir en método la gracia que él recibió: cómo vivir el seguimiento de Jesús desde una manera concreta. Esa es la agudeza de los Ejercicios, que un carisma se vuelva método, que el Evangelio se vuelva espiritualidad, pero no porque se aprenda teología, sino porque propone una metodología para encontrar la espiritualidad.

Metodología, etimológicamente, significa tratado hacia el camino... Esto significa que Ignacio plasmó su experiencia de gracia en un tratado para encontrar el camino de amar y seguir a Jesús. Por esto, en los Ejercicios todo lleva una finalidad, nada se desperdicia, se vuelven escuela de vida, escuela de oración. Es un método de conversión que modifica el inconsciente e invierte el patrón de comportamiento: entro a Ejercicios como me comportaba en la vida, y luego me puedo comportar en la vida como me comporté en Ejercicios. Por otra parte, esta metodología hace que la vivencia del evangelio desde una perspectiva concreta -experimentar el amor que redime, la pasión por la persona de Jesús, y la centralidad del Reino hasta las últimas consecuencias- se convierta en espiritualidad pujante.

Otras escuelas espirituales privilegian, por ejemplo, un modo de oración, pero pocas estructuran un camino para enseñar a practicarla. Lo interesante de los Ejercicios es que son, de una vez, escuela de oración, pero de una oración muy específica: de petición, contextuada en un esquema, evaluada y cotejada con el esquema mismo, con un sistema de discernimiento muy trabajado y por el acompañamiento de alguna persona experta. Ignacio tenía una gran desconfianza en las personas dadas a muchas oraciones, pues el noventa y tantos por ciento de esas personas, -decía- son ilusas. De ahí que diera tanta importancia a la necesidad de evaluar, cotejar y, sobre todo, hacer historia la oración -¿qué he hecho, qué hago, qué debo hacer por Cristo?13. Esta oración se ofrece con varias modalidades: meditación, contemplación –y aplicación de sentidos-, con el compás de la respiración, la oración vocal, etc.

Los Ejercicios también son una escuela para aprender a cambiar, para aprender a vivir desde otras dimensiones, desde otros criterios. Aprovechan una gran cantidad de herramientas psicológicas para propiciar que se implemente el cambio: la culpa fecunda, la emulación, los deseos más profundos, el apasionamiento por la persona de Jesús, la atracción por la tarea, el heroísmo, el darle sentido al dolor, el gusto por la alegría y por el sentido, por el placer –de tanto gozo del Resucitado-. En este sentido los Ejercicios son escuela para vivir ya de manera diferente, no según las reglas del mundo, sino en la onda de la Espíritu.

La genialidad de los Ejercicios reside también en que, a fuerza de ir examinando -en ese laboratorio espiritual que ellos son-, se van detectando los pasos fundamentales por donde Dios nos lleva -la consigna-, su modo para con cada uno(a).

Es también genial en los Ejercicios la captación que hacen de toda la persona: toma los aspectos más racionales volitivos –toda nuestra parte masculina- pero luego para los temas más trascendentales nos hace realizarlo desde la contemplación, desde la experiencia de meter el cuerpo, de dejarse llevar, de la pasividad –toda nuestra parte femenina-. Siempre con el referente principal del cuerpo, no tanto porque así lo explicite, sino porque en la práctica nos lo hace meter todo entero. Es lo que cuida de modo muy detallista con las adiciones14.

Todo esto nos lleva a verificar otra gran genialidad: nos enseñan que a partir del cuerpo, lo más importante es sentir –más que racionalizar- ...porque no el mucho saber harta y satisface… sino el gustar de las cosas internamente-15. En los Ejercicios, “experimentar” es fundamental, determinante. Tres verbos ejes son cruciales en el camino de experimentar en los Ejercicios: “sentir” –dejar que mi sensibilidad vibre de la misma manera que vibra la de Jesús-, “hacer” -hacer con Jesús y como Él, en el horizonte de que venga el Reino- y “padecer” -consecuencia lógica de pretender el Reino a la manera de Jesús, frente al poder de este mundo que lo ahoga-16. Por eso, lo básico de la espiritualidad ignaciana es experimentar, sentir... Sentir que es experimentar, amar, gozar, padecer... es experimentar la culpa fecunda, es aborrecer el pecado hasta producir “hartura y fastidio”; es dejarse invitar y apasionarse por la invitación de jalonar el Reino, es desear profundamente, es amor, es querer padecer por quien amo, es alegrarse profundamente de la alegría de Jesús que ya ha vencido al mundo y a la muerte. Sentir que es, finalmente, experimentarse como una pareja de personas amantes, donde sólo toca en todo amar y servir.

Para hacer posible este experimentar, Ignacio –gran conocedor de la persona- aprovecha mecanismos psicológicos que posibilitan la experiencia. Por ejemplo, capta el papel de la culpa sana como resorte para vivir la experiencia de la conversión, emplea el mecanismo de la emulación para disponer al compromiso con el Reino desde el seguimiento de Jesús, utiliza la sensibilidad, la inmersión total de la persona en la contemplación y la aplicación de sentidos -ver, oír, gustar...- para posibilitar el conocimiento de Jesús que lleva al seguimiento, “...conocimiento interno del Señor... para que más le ame y le siga”17 etc.

Es insistente Ignacio en que la experiencia de Ejercicios se vive sintiendo no pensando y sin embargo, paradójicamente es un método super racional, pero reubicando la racionalidad. Se privilegia el sentir: el proceso se hace con la razón, pero se recorre con la sensación del cuerpo. Es decir, hay que seguir el método, la hora de oración, los exámenes, la secuencia, el entreverado de las peticiones... ¡pero desde la totalidad de la persona –corazón, entrañas, mente, cuerpo- y movidos(as) por la gracia!.



Los Ejercicios tienen unos requisitos básicos

Para que sea posible realizar los Ejercicios, y sobre todo, para que estos alcancen el fin que se pretende, es necesario que las personas que se acercan a ellos tengan lo que Ignacio llama subiecto, es decir, personalidad con riquezas, capacidades y disposiciones a las grandes empresas. Esto como colofón de una preparación para ello. No sólo se trata de tener o no cualidades, puesto que Francisco Javier y Pedro Fabro las tenían18, sino de maduración de procesos, de curación de heridas, de gran capacidad de deseos concertados y armonizados, de densidad y armonía personal, de aprender a vivir del propio pozo –diríamos nosotros-. De allí que en la presentación que hacemos desde el ICE –Instituto Centroamericano de Espiritualidad-, se coloque como requisito para hacerlos, un proceso de crecimiento personal que nos resulta insustituible, aunque lograble desde diversas formas. De ahí que se sugiera un taller de crecimiento personal y un taller de discernimiento de espíritus, previos a los Ejercicios Espirituales, como el modelo más deseado.

Pero, por otra parte, Ignacio da los Ejercicios a personas que puedan ser agentes multiplicadores que incidan en la historia. Es decir, personas de subiecto cristiano. En nuestro lenguaje, personas con una responsabilidad seria, personas que tengan un compromiso probado con el dolor humano, con los grandes interrogantes de la existencia. No se debe hacer la experiencia de Ejercicios sin haber tenido una experiencia con los(as) pobres -empobrecidos(as) y desahuciados(as)- y pecadores(as). Esto significa que la experiencia de los Ejercicios debe estar acompañada de una experiencia retante en lo humano, en lo histórico.

Muchas veces los Ejercicios pierden su mordiente, precisamente porque no son acompañados o precedidos de un haber compartido, por lo menos por espacios serios y significativos, con el dolor de la humanidad, con la injusticia y con el querer devolverle el rostro humano al mundo19. No obstante, esta experiencia de contacto serio con el dolor del mundo –sobre todo para los(as) laicos(as)- no está determinada únicamente por un tiempo largo de contacto con el sufrimiento de las mayorías, sino por un encuentro significativo –por los efectos internos que ella produce- con esa realidad; un encuentro que puede partir de un acontecimiento inesperado o traumático, una experiencia casual pero marcante, un diálogo profundo con alguien que ha compartido de cerca esa realidad, los medios de comunicación, o algo similar. De allí que también en la presentación que hacemos del ICE, se ofrezca previamente a los Ejercicios la posibilidad de un encuentro con el dolor del mundo: serio, analizado y comprometedor en el futuro.



Para la reflexión personal e intercambio grupal...

¿Cómo la experiencia de dolor me facilitó la experiencia de Ejercicios? ¿Hasta dónde el proceso de conocimiento personal –o la falta de este- ha tenido influencia en esta experiencia?

Engranaje metodológico

No es obvio que se comience una experiencia de espiritualidad a partir de “poner las cartas sobre la mesa” –Principio y fundamento-, para luego pasar a trabajar sobre el pecado. Así lo concibió, sin embargo, Ignacio. El objetivo del Principio y Fundamento es, ciertamente, ganar la libertad, ganar la indiferencia: “...por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas...”20. Indiferencia entendida como libertad frente a todo, especialmente frente a las grandes sombras de la vida: la muerte, la enfermedad, el dinero, el poder… Esta libertad se convertirá en experiencia fundante y generadora de una serie de actitudes.

Luego, la experiencia de Primera Semana21 es la del(a) pecador(a) perdonado(a). Acá lo que se tiene que vivenciar es cómo ha estado entorpecido nuestro “hacer”; es captar que, por causa de nuestro pecado22, “se hace” llevar a la muerte a Jesús… Hacerse consciente de ese pecado, y hacerlo por medio de comparaciones, es su gran estrategia; y todo para llevarnos a sentir hartazgo, aborrecimiento, y hacer caer en la cuenta de que a quien he ofendido en todas mis víctimas, es al mismo Señor. Esta experiencia es la que posibilita el diálogo propuesto por Ignacio: “¿Qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, qué debo hacer por Cristo?” 23. Aquí nos encontramos con que el sentir se convierte en un hacer, ¡en una tarea!. Es decir, la experiencia fundamental de la primera semana es la del(a) pecador(a) perdonado(a) a quien el perdón se le convierte en misión, pues no es a pesar de ser pecadores(as), sino precisamente por ello (1 Cor. 1, 25 ss) por lo que se nos invita a seguir a Jesús, para ser puestos(as) con Él24, en la tarea de construir el Reino.

A continuación, se tiene la experiencia de la contemplación25 del Reino que introduce de lleno a una modalidad del hacer. Es hacerlo todo al modo de Jesús. Y es hacer también nosotros(as) el Reino. Un hacer que es también “dejarse hacer”, dejarse afectar –ser puesto(a), ser elegido(a)-, dejar actuar a la Espíritu (la gracia). En la Segunda Semana se comienza prosiguiendo el diálogo con el Señor que invita a realizar el Reino como tarea de ese perdón. Aunque no es obvio hacerlo, Ignacio lo propone fomentando la emulación de grandes hazañas históricas.

Después, la contemplación de la Encarnación nos va a hacer sentir lo que experimenta la Trinidad, viendo con ella, para luego percatarnos de la extrema solidaridad suya al formular la frase de hagamos redención del género humano26. La contemplación del nacimiento nos invita a ello también: nos hace nacer con Cristo, para luego irlo acompañando por todos los principales sucesos de su vida pública. Los Ejercicios hacen que nos percatemos de que el mejor modo de hacer el Reino, de llevar adelante su Misión es aprender a conocer a Cristo para más amarle y seguirle, pero reproduciendo su vida en la propia vida. La contemplación de toda la vida oculta es un camino para aprender a sentir y proceder al modo de Jesús. El método de la contemplación nos invita a tener sus mismos sentimientos y su mismo modo de proceder.

Mediada esta semana, presentan los Ejercicios un trabajo que afina la claridad racional del seguimiento, en dos alternativas incompatibles (Banderas), afina la fuerza de la voluntad postulando la consideración de Binarios; por último, hace la prueba de la fuerza de la amistad y los extremos que ésta produce en la tercera manera de humildad. Es lo que se llama “jornada ignaciana” -Banderas, Binarios, Tres Maneras de Humildad-. Esta jornada ignaciana, nos hace experimentar la comprensión más profunda de los deseos y su dinamismo. Primero, a desear por lo menos desear. Esto sería el nivel de Principio y Fundamento. Luego, de una forma más simple –quizás en el ofrecimiento del Reino- deseando de todo corazón, con determinación deliberada. Para, enseguida, aprender que la clave está en desear ser puestos(as) con el Hijo. Dentro de este contexto Ignacio propone la Elección que bien entendida es aclarar a través de mis hondos deseos los deseos de Dios sobre mí. Experimentar este deseo dispone a la vivencia de la pasión –tercera semana-.

Experimentar la pasión es la invitación por excelencia a la solidaridad como consecuencia del amor. Se nos invita a hacer y padecer: qué debo yo hacer y padecer por él27. Por tanto, la Tercera Semana no es simplemente proseguir la vida de Jesús hasta su pasión y muerte; sino también, hacer conciencia de que todavía la muerte de Jesús se da en la humanidad que sufre actualmente, por una parte, y que, además, el pecado personal, mi pecado, tiene íntima conexión con esta muerte. Muerte que es tal en Jesús que se esconde, se obscurece totalmente su divinidad.

Finalmente, la resurrección –cuarta semana- es experimentar la esperanza y la alegría de la nueva vida de Jesús: ...queriéndome afectar y alegrar de tanto gozo y alegría de Cristo nuestro Señor 28. Allí lo que ayuda a experimentar es la alegría por el triunfo del amigo, del compañero querido, al experimentarlo en su oficio de consolador. La cuarta Semana, es la más delicada. Supone haber vivenciado no sólo la muerte individual, sino cómo Cristo padece en la humanidad. Sin esta perspectiva no se llega a la experiencia de la Resurrección, que por esencia es un fenómeno colectivo: es aprender a hacer esperanza en nosotros(as) y en los(as) demás, sabiendo también, que es gracia para pedir.

Culminan los Ejercicios con la contemplación para alcanzar amor, que es la gran síntesis de todo. Es experimentar que es el amor lo que debe regir, y también que el amor se expresa concretándolo en acciones. Esta contemplación deja la clave de la relación con Dios: de amante a amado, de amado a amante29. La Contemplación para alcanzar amor es como el cierre agradecido de tantos beneficios recibidos, es como quien sólo encuentra en toda la creación los cariños tiernos de la Trinidad. Enseña a ver toda la creación como algo elocuente. Aquí los Ejercicios hacen que experimentemos eso que el mismo Ignacio repetía frecuentemente en la vida cotidiana cuando contemplaba las flores: Callad, callad, que ya sé de quién me habláis

En síntesis, siguiendo la experiencia de los Ejercicios, encontraremos personas que se han formado en una escuela fundamental que abre al sentir profundo, al hacer como tarea recibida, como don, y a ser capaz de padecer por ese Jesús encontrado en el sufrimiento de la humanidad30, para vivenciar también su gloria en el contexto del Reino en donde lo del servicio a los(as) más necesitados(as), a los(as) empobrecidos(as), a los desahuciados(as), y a los(as) pecadores(as) se hace crucial31.





Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad