Procesos y estructuras para el acompañamiento vocacional (05)


En la primera etapa vocacional son objetivos de las entrevistas



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En la primera etapa vocacional son objetivos de las entrevistas:


- Ayudar a que la Persona se conozca para conocer mejor la Voluntad del Padre. Ayudar a descubrir debilidades y límites, fortalezas y posibilidades de vida, etc. (nivel antropológico).

- Ayudar a desarrollar las potencialidades espirituales para el crecimiento integral de la persona, la elaboración y fidelidad a un proyecto de vida propio desde Cristo (nivel cristológico).

- Ayudar a abrirse a la comunidad eclesial y social en la que vive desde la propia realidad y cultura (nivel eclesiológico o socio- pastoral).
Los objetivos incluyen una dimensión personal y otra comunitaria. Al interior del proceso se ha de evitar la excesiva espontaneidad del acompañado o que solicite una entrevista “cuando existe un problema” o “cuando voy a decidir”.

Los contenidos de las entrevistas


Una vez que se establece que hay disposiciones para realizar un proceso y, en consecuencia, un acompañamiento a través de entrevistas, es importante verificar ¿desde dónde se parte? El punto de partida es siempre la realidad del vocacionable: su personalidad, sus motivaciones, opciones, cualidades, fe, historia personal pues el Espíritu habla a cada uno en su ambiente.
Los Jesuitas de México, en su “manual de acompañamiento”, señalan como elementos de conocimiento previos al acompañamiento: la familia, ¿cómo estoy haciendo mi trabajo?, ¿cómo es la relación con Dios y la oración?, ¿cuál es la historia de dolor en esa vida?, ¿cuál es la historia de amor y amistad que tiene la persona?, ¿cuál es el compromiso cristiano que asume y la vivencia de lo sexual?, ¿cuáles son los puntos débiles que encuentra para seguir a Jesús? Durante la entrevista se proponen preguntas como: ¿cómo andas?, ¿qué has vivido?, ¿hay algún problema especial a tratar? En la primera entrevista se sugiere comenzar con preguntas como: ¿qué has vivido?
Otras temáticas vienen de lo que llamaremos cuatro familias de vivencias: a) anhelos de amistad, de ser amados y de amar, de satisfacción; b) el mundo de las ofensas, de ser ofendido u ofensor, el mundo de la enemistad y de los sentimientos negativos: miedo, rabia, culpa, deseos de venganza, etc. c) el mundo de los límites personales de relación, de conflictos y rupturas, la realidad de ser distintos... y de tener conciencia de ello; d) el mundo de la sabiduría que surge de la capacidad y el deseo de re- hacer una relación humana, de crear nuevas relaciones.
En la entrevista interactúan el acompañado, el acompañante y el Espíritu Santo. El Espíritu impulsa, a los que se han confiado en Él, hacia Jesús, hacia el bien común y el Amor. Él es el verdadero acompañante. El Espíritu regala sus frutos de libertad, transformación y santidad.
Existen diversos estilos de entrevistas. Pueden centrarse en el problema que presenta el acompañado o en la persona, tener una actitud autoritaria o democrática y empática. Puede realizar preguntas inquisidoras o exploratorias, hacer silencios o dar consejo, ordenar la información, iluminar la situación, sugerir y ayudar a expresar los sentimientos. Puede quedarse en lo psicológico o integrar lo espiritual.

Son problemas frecuentes a tener en cuenta: la inmadurez afectiva, la dificultad de optar y de optar para siempre, la imagen de Dios que se tiene, por lo que las temáticas siguientes han de incluirlos oportunamente. En definitiva, los contenidos han de buscar responder a las preguntas esenciales de toda persona, las que dan identidad personal. Aunque cada vocacionable es quien establece la temática de su propio proceso, siempre se ha de abarcar todas las dimensiones de la personalidad humana y de la fe. Por eso el proceso supone un conocimiento personal, de los demás y de Dios.

- Nos preguntamos: ¿cómo fuimos acompañados? (personas, lugares, duración, dificultades y aportes principales

- ¿Qué logros y qué fracasos encontramos en las entrevistas que realizamos?


En términos vocacionales hemos de recordar que el joven -varón o mujer- está haciendo un proceso. En la primera etapa no es el momento de hablar aún del carisma o de proponer una experiencia de comunidad religiosa, porque ello sería quemar etapas.
A tener en cuenta

Lo importante es ayudar a verbalizar la historia personal; se puede, por ejemplo, contar en una entrevista la niñez, en otra la adolescencia y así sucesivamente dando tiempo y prestando atención a las primeras temáticas que son las que generalmente marcan el acompañamiento posterior; se ha de estar atentos también a los gestos, silencios, sentimientos, etc. Después de una mirada a la historia personal, se puede ayudar a hacer un “diagnóstico” de fortalezas y debilidades y ayudar a trazar a nivel humano- espiritual, metas que ayuden a desarrollar las primeras y a convertir las segundas; al diagnóstico se podría agregar una agenda semanal pues un problema frecuente de hoy es la incapacidad de apropiarse del tiempo y de trazarse metas. En definitiva, los primeros contenidos han de buscar responder a las preguntas esenciales de toda persona: ¿quién soy? y ¿cómo soy?, es decir, las preguntan que dan identidad a cada persona; después se avanzará- progresivamente- a temáticas que abarquen toda la personalidad.En síntesis, el orden de la temática es:

- historia personal.

- diagnóstico de fortalezas y debilidades.

- metas para esta primera etapa del acompañamiento.
Durante este tiempo, además de la sugerencia de algún retiro y en especial de Ejercicios Espirituales, de la oración personal y de la responsabilidad en y con el grupo juvenil, son presentadas las dos preguntas de: ¿para quién soy? y de ¿cómo soy? que ayudan a ir pensando ¿cuál es la misión de mi vida?
Durante las entrevistas se puede aportar con textos bíblicos estimulando al compromiso, ayudando a revisar los sentimientos. Al final de cada entrevista se pueden subrayar algunas ideas importantes o dejar como tarea para la semana siguiente algunos puntos a profundizar.
Pasos concretos.

Primer momento: La acogida

Consiste fundamentalmente en un ejercicio de escucha. Se ha de prestar atención a gestos, sentimientos que afloran, palabras, etc. Todas las personas estamos dispuestas a hablar a quienes demuestran interés por nosotros y nos escucha realmente. Se trata  de que el acompañado, al ver que se lo atiende, se sienta animado a hablar y verbalizar lo que vive. El acompañante ha de adoptar una postura física que muestre que está atendiendo.

 

Ver. En el conocimiento de una persona resultan más significativos los elementos que llegan a captarse con los ojos (observación) que con el oído (escucha). Existe un lenguaje no-verbal que ha de ser tenido en cuenta.
  Escuchar. Es recoger y recordar lo más fielmente posible cuanto el otro está diciendo, sin olvidar estar atento a las propias reacciones (las del acompañante). No se ha de intervenir mientras el otro desea decir algo; cuando la persona tiene dificultad en expresarse, no hay que tratar de adivinar. No se han de hacer comentarios, valoraciones o reflexiones personales antes de tiempo.

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Segundo momento: el aporte

Se trata de devolver al entrevistado lo que resulte significativo, tanto del lenguaje verbal, como del no-verbal. Hemos de recordar que no siempre comprendemos todo, que, especialmente al comienzo, es necesaria cierta empatía…Lo importante es ayudar a reformular contenidos, sentimientos y el nexo causal entre contenidos y sentimientos.

  

Algunas personas suelen narrar situaciones como si las estuviesen viendo, pero sin involucrarse. Es necesario invertir los papeles llevando al entrevistado al primer plano y ayudándolo a tomar conciencia de su responsabilidad. Ello se consigue pasando, de la tercera a la primera persona. Se trata de personalizar los problemas y ayudar a descubrir que Dios está presente en toda situación. Otro objetivo consiste en trabajar los sentimientos y sus causas.


Tercer momento: la decisión

Llega un momento en que, la persona acompañada, llega al tiempo del discernimiento y de la elección. Es un tiempo propicio para redefinir la meta (la Vocación) según el Plan de Dios. A esta etapa puede agregarse otra: la confirmación de la decisión. Este paso ayudará a que la decisión sea mantenida en el tiempo, en fidelidad.


Ejercicio

  • El grupo de sub-divide en tres.

Cada uno desempeñará sucesivamente un papel. Uno hará de acompañante, otro de acompañado y el tercero de observador.  

  • Los dos interlocutores deberán hablar por espacio de 10 minutos sobre uno de los temas que se indiquen en su momento. El observador deberá ir tomando nota por escrito de lo que ve, en positivo o en negativo7.


A modo de conclusión
“¿Dios, sigue llamando?” Pensamos que la respuesta es afirmativa, porque Cristo-Esposo no abandona nunca a la Iglesia-Esposa. Por un lado, se necesitan promotores vocacionales formados, capaces de proponer una cultura vocacional, de acercarse a los jóvenes con libertad interior y posibilitar que Él se encuentre con ellos, los llame a la conversión, al discipulado, a la comunidad y a la misión. Se trata de hacer una propuesta de calidad, que busque la excelencia. Creer en los jóvenes es confiar en sus capacidades, potencialidades, deseos profundos, esperanzas y posibilidades de formación; no es ser exigentes “porque sí”. El Maestro y su Evangelio lo son, de ahí la importancia de colaborar para que cada uno pueda despertar, discernir y formarse en su vocación, en sus dimensiones humana, cristiana y específica. Es importante ayudar a que cada uno realice un proceso vocacional.
Si la vocación es la Voluntad de Dios Padre que, en Cristo, se manifiesta por el Espíritu Santo como llamado y espera una respuesta libre y responsable de quien lo recibe, todos somos responsables de que cada persona la encuentre y viva con alegría. Para ello, la animación vocacional (SAV) ha de proponer el primado de la oración y ha de pasar de una pastoral de espera, a una pastoral de propuestas. Justamente, propuesta de itinerarios, de caminos de búsqueda, discernimiento y formación.
Testimonio final

La Pastoral Vocacional ha sido mi vida, mi alegría y mi estigma. Las vocaciones, especialmente sacerdotales, tienen un lugar especial en mi vida, han ocupado mi oración, mi tiempo, mi reflexión, mi búsqueda intelectual, mi acción pastoral y mis sentimientos. En primer lugar y luego de veintiséis años cumplidos en tres etapas, doy gracias a Dios por haberme llamado a “llamar” y a “acompañar” junto a Él; a la Iglesia por confiar en mí; a los laicos, sacerdotes y religiosos que apoyaron este servicio a nivel diocesano y nacional. Fue la “misión de mi vida”; en alguna instancia, motivo de sufrimientos porque es una pastoral no comprendida y no siempre apoyada.
Hay vocaciones.
Mientras invito a otros a este apasionante servicio y paso la antorcha a nuevas generaciones, puedo decir: bienaventurados los que, a pesar de los obstáculos, asumen el riesgo de este servicio.
Felices las comunidades pobres y necesitadas de vocaciones, porque, desde su generosidad, harán camino y experiencia del Dios Providente que no descuida su viña.
Felices los pacientes, porque tienen la capacidad y la posibilidad de acompañar vocaciones, de respetar el tiempo de cada uno, de escuchar, de amar y de glorificar al Espíritu Santo que siempre actúa en quienes se abren a la apasionante aventura de buscar, discernir y responder a su llamado.
Felices los que tienen hambre y sed del Reino, porque, sabiéndolo con nosotros vivirán el misterio de la vida y de la fe solidariamente.
Felices los laicos, porque con sus manos y corazón construyen un mundo más humano, dignifican y santifican el trabajo.
Felices los religiosos, porque testimonian con sus vidas la fraternidad y el amor universal.
Felices los sacerdotes, porque, animando las comunidades con la Palabra, los Sacramentos y la vida, hacen visible a Jesús Pastor Bueno que es siempre fiel a su rebaño.
Felices los que entregan sus vidas más allá de sus fronteras, porque la semilla plantada siempre dará fruto.
Felices los que sufren, porque -unidos al Redentor- vivirán la alegría de dar vida en nuevas vocaciones y en la experiencia de maternidad y paternidad espiritual recibirán el “ciento por uno”.
Felices los que por actuar en Pastoral Vocacional vivan la incomprensión; porque, a pesar de las dificultades, crean la Iglesia y esperan con Ella el futuro.
Felices todos, porque, habiendo respondido al llamado y aceptando el desafío de acompañar, disciernen con los ojos del Dios que les dará siempre su Gracia. Amén.

Padre Carlos



Asesor de Pastoral Vocacional, Diócesis de Salto, Uruguay.

Quebracho, 17 de enero de 2011



1 Bibliografía: 1) Silva C., “Vocación: don, identidad y misión”. 2) “La Pastoral Vocacional en el Continente de la Esperanza”, Itaicí, Bogotá 1994. 3) Otros: Cencini A., Cómo educar y en la fe y en la elección vocacional. Cuadernos del Instituto de Pastoral Vocacional, Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, Buenos Aires, especialmente número 17; Deville R., “El Dios que llama”, Montevideo 1981. Dho G., “Pastorale ed Orientamento delle vocazione”, Roma 1966. Giordani B., “Risposta dell' uomo alla chiamata di Dio”, Roma 1979. Gianiola “Dialogo con Dio e sviluppo della personalitá”, en Rogate Ergo 45 (1982), 11 y 8- 20. León- Dufour X., “Vocabulario de Teología Bíblica”, voz Vocación y voz Voluntad de Dios, Barcelona 1976. Rulla L., “La vocazione: dialogo di Dio con la persona”, Roma 1979. Rocco U., “Diccionario enciclopédico de teología moral”, voz Vocación, Madrid 1980. Szentmártoni M., “Psicologia della vocazione”, Roma, 1990- 1991. Zueco V., “Una propuesta vocacional para la Pastoral Juvenil”, Boletín OSLAM 44 (2004), 49- 77; www. catholic.net/vocaciones.

2 Bibliografía: 1) “La Pastoral Vocacional en el Continente de la Esperanza”, Itaicí, Bogotá 1994. 2) Silva C., “Vocación: don, identidad y misión” y “¿Dios sigue llamando? Pastoral de las Vocaciones: desafíos en tiempos de crisis”. 3) Otros
Contenido 1: Buber M., “¿Qué es el hombre?”, México 1960, 12- 13. Cuartagno C., “La Persona es relación”, Cuadernos monásticos (161), abril- junio 2007, 157- 158 y 189. Marichal C., “Antropología filosófica”, Montevideo 2002. Kierkegaard, “Estadios en el camino de la vida”, 1845.
Contenido 2: www.jesucristo.net. Prado Flores J., “Formación de Discípulos”, “El Maestro y el discípulo”, Kerigma, Rafaela, Argentina, en www.agentespastoral.com e info@agentespastoral.com.ar.
Otros: Beron J., “Etapas de educación en la fe en Pastoral Juvenil”, CELAM, Bogotá 1999. “Biblioteca Electrónica Cristiana”, BEC, VE Multimedios. Bonffeur A., “Orientacoes para uma pastoral vocacional”, Río de Janeiro 1983. CNBB, “Guia pedagógico de pastoral vocacional”, S. Paulo 1983. Cencini A., “La Cruz, verdad de la vida”, Lima 2003. Cigoña J., “Acompanhamento vocacional, un caminho”, S. Paulo 1988. De Mezerville G., “O processo da auto estima, curso de acompañamiento”, Porto Alegre 1996, 97 y “El aprendizaje de la autoestima como proceso educativo y terapéutico”, Revista Educación (Vol 17, N 1) S. José de Casta Rica 1993. Dutra Pessoa, “Experiencia de discernimiento vocacional”, Itaicí 1994. Dutra Pesoa J., “Curso para orientadores vocacionais”, S. Pablo 1991. García C., “La dirección espiritual”, Lima 1988. Gamarra S., “Teología Espiritual”, BAC, 2000. Jesuítas, “Guía vocacional da Companhia de Jesús; orientacoes e subsídios”, S. Paulo 1986. Pastoral Juvenil, Discernir y realizar el Proyecto de Vida”, Cuarto Seminario Nacional de asesores, Nueva Helvecia 2.000. Rubiano C., “Pastoral para candidatos”, Bogotá 1982. Rogers C., “El proceso de convertirse en persona”, Paidós 1991. Salles J.,- Pighetti A., “Retiro de Opcao de Vida”, S. Paulo 1989. Santillana, “Hacia un nuevo discernimiento vocacional”, Itaicí 1994. Sastre García, “El acompañamiento espiritual”, Madrid 1993. Zueco V., “Acompañamiento vocacional” (16), Buenos Aires. Zueco, Entrevista vocacional (33), Buenos Aires.

3 Bibliografía: Silva C., “¿Dios sigue llamando?...” y “Vocación: don, identidad y misión”; 2) Otros: Boletín OSLAM, Bogotá (42) 2003. Cencini A., “La formación permanente”. Cencini A., “Cuando la carne es débil”, La Florida- Chile 2004. De Mezerville Zeller G., “O processo da auto estima, curso de acompañamiento”, Porto Alegre 1996 y “El aprendizaje de la autoestima como proceso educativo y terapéutico”, Revista E acompañamiento”, Porto Alegre 1996 y “El aprendizaje de la autoestima como proceso educativo y terapéutico”, Revista Educación Vol 17, 1, (1993) S. José de Casta Rica. Gonzalez A., “Celibato- vida afectiva y sexualidad”, Montevideo-Seminario 2002. Precht C., “Rasgos contemporáneos de la espiritualidad presbiteral”, Cuadernos Vianney 21. Rodríguez M., “Las diversas etapas de la formación permanente”, Medellín, diciembre 2005 (124). Sperry Len, “Sexo, sacerdocio e Iglesia”, Bilbao 2004. Szentmártoni M., “Identitá personale, un concetto ambiguo”, Orientamenti Pedagógice 35 (1988). www.wikipedia, enciclopedia libre.

4 Bibliografía: Argüello L., “La pastoral de Jesús según los Evangelios”, Sal Térrea (octubre 2000), 695ss. “La Pastoral Vocacional en el Continente de la Esperanza”, Itaicí, Bogotá 1994. Silva C., “Vocación: don, identidad y misión”. Mario L. Peresson T, www, pedagogía de Dios. .


5 Bibliografía: www.monografías

* Esto es común a las tres etapas.

6 Bibliografía: Silva C., “Vocación, son, identidad y misión“ y “¿Dios sigue llamando? Pastoral de las Vocaciones: desafíos en tiempos de crisis”. 3) Otros: Itaicí.

www.archimadrid.es/vocaciones



7 Bibliografía: Silva C., “Vocación, don, identidad y misión” y “¿Dios sigue llamando? Pastoral de las Vocaciones: desafíos en tiempos de crisis”. Documento final del 1er Congreso de Pastoral Vocacional, Itaicí. Aparecida. Otros: Barey W.,- Connolly W., “Direcao Espiritual”, S. Paulo 1987. Bernard Ch., “Teologia Spirituale”, Torino 1989. Cencini A., “Vida Consagrada, Itinerario formativo”, S. Pablo (s/f). CELAM, “Animación de la Pastoral Vocacional”, 18 (1986). CEU, DEVYM, “El problema del acompañamiento y del discernimiento de las vocaciones”, Montevideo 1990. Cencini A., Vida Consagrada, Itinerario formativo, S. Pablo, 59. Cigoña J., Acompanhamento vocacional; un caminho, S. Paulo 1988. García C., La dirección espiritual, Lima 1988, 39- 46. González A., “El perdón, experiencia de dolor y de gozo”, en Cuadernos VIANNEY 3 (1998), Montevideo. González L., “Guiados por el Espíritu, acompañamiento espiritual de estilo integrador”, México 1998. Kennedy E.,- Heckler V., “The Catholic Priest in the United States: Psychological investigations”, Washington 1972. Jesuitas, Guía vocacional da Companhia de Jesús; orientacoes e subsídios, S. Paulo 1986.Mendizábal L., “La direzione spirituale, teoria e pratica”, Bologna 1990. Merton T., “Dirección- Contemplación”, Madrid 1986. Pighetti A., - Dutra Pesoa J., Curso para orientadores vocacionais, S. Paulo, 1981, 48- 55. Rubiano C., Pastoral para candidatos, Bogotá 1982. Rahner, “Cambio estructural de la Iglesia”, Madrid 1974. Raguin Y., SJ, “Maestro y discípulo”, Madrid 1986. Zueco V., Acompañamiento Vocacional (16), Buenos Aires 1998 y Cuadernos de acompañamiento (8), Buenos Aires, 32- 44 y 48- 64.





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