Por tanto, nosotros también



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HEBREOS 12:1-13: DISCIPLINA Y VIDA DE FE

Por DANIEL CABARCOS
Este pasaje empieza con una conclusión: “Por tanto, nosotros también”. Es en base a lo anterior que nosotros también debemos obrar como sigue y es en base a la gran nube de testigos que tenemos alrededor, literalmente “yacer alrededor”, (PERIKEIMAI), rededor, de PERI (alrededor) y KEIMAI (yacer). Pero, ¿Quiénes son esta inmensa nube de testigos que “yacen alrededor” y qué significa esto?

El sustantivo usado aquí (MARTUS) del que procede nuestra palabra ‘mártir’, se usa en referencia a los personajes mencionados en el capítulo 11 de esta carta. Esta palabra significa ‘uno que da testimonio mediante la muerte’ y denota a uno que certifica aquello que ha visto u oído o conoce.

Todos estos hermanos en la fe que nos antecedieron y sus testimonios, para nosotros son mártires testigos de cómo resistieron en la adversidad por su fe, como por su fe pusieron en peligro su vida y, en ocasiones, la dieron; otros, como Moisés, quien renunció al lujo y al poder que le proporcionaba su puesto de relevancia en la primera potencia de la época: Egipto.

Estos mártires no son meros espectadores sino testigos cuyo testimonio es su propia vida y experiencias y muestra de que la fe en Dios no es algo vano, de que el sufrimiento por la causa de Dios no es estéril. Ellos se aferraron a la fe en Dios y en Sus promesas para poder llevar una vida conforme a Su voluntad, aún en las situaciones de mayor adversidad.

Por lo tanto, teniendo delante de nosotros esta inmensa nube de ejemplos de firmeza en la fe, se nos pide que nos DESPOJEMOS (APOTITHEMI) de APO (fuera) y TITHEMI (poner). En el texto original denota una acción puntual anterior a la del verbo principal (‘CORRAMOS’), y la voz media que ahí se encuentra, indica que el sujeto es ‘agente’ y ‘recipiente’ del proceso verbal lo que viene a significar que para correr, primero debemos de despojarnos, poner fuera, lo que estorbe en la carrera.

Este verbo o forma adjetival del verbo se traduce ‘desechar’, ‘despojarse’ como en Colosenses 3:8-10, desechar las vestiduras que caracterizaban al viejo hombre: ira, enojo, etc., y vestirse del nuevo hombre. Se usa aquí una palabra (OGKON), que significa peso, lastre. El cristiano debe despojarse de todo lo que le estorbe o lastre en su carrera, como los corredores en el estadio que corrían casi desnudos con el fin de que el ropaje innecesario pudiera estorbar o entorpecerles en la carrera.

Dice el texto también “…despojémonos de todo peso (el lastre), y del pecado”. Quizá, sintetizando aquí todo ese lastre que como hermanos podemos tener lo personifica en el pecado que dice que nos ASEDIA (EUPERISTATOS), palabra que se traduce por ‘estar bien alrededor’ y también por ‘dícese de lo que enreda o cautiva con facilidad’, o sea, la idea a resaltar es la facilidad, el poder que el pecado tiene sobre nosotros, y esto es porque cuenta con nuestra ‘vieja naturaleza’ como aliada (ver Stgo.1:14): Se le llama aquí “pasión propia” o “concupiscencia” a esta naturaleza pecadora. Esta palabra (EPITHUMIA) denota un deseo, un anhelo muy vivo sobre algo. Es en estos deseos interiores donde la tentación echa su ancla, donde encuentra terreno abonado, afín, compatible, que habla el mismo lenguaje. Estos deseos interiores son como una “embajada” del pecado en nuestro interior por eso el pecado nos acecha con facilidad porque está ‘bien alrededor’ porque cuenta con parte de nuestra naturaleza como aliada: la “carnal”. Tenemos al enemigo en casa por eso le es al pecado tan fácil arrastrarnos y seducirnos.

Se usan dos palabras en este texto de Stgo.1:14.- EXELKO (arrastrar, atraer fuera, como cuando un animal es atraído fuera de su guarida) y DELEAZÔ (seducir, atraer o atrapar con cebo. Estas dos expresiones ilustran de modo muy gráfico como actúa la tentación y el pecado en nuestro interior, igual que un cazador con su presa, el cual utiliza una necesidad básica como el alimento para atraerla y privarla de su libertad, aprovechando uno de sus instintos básicos: la necesidad de comer. Por eso es necesario soltar el lastre del pasado para acotar, para hacer más pequeña el área donde el pecado pueda hacer mella.

Un texto que nos pone un ejemplo muy claro sobre esta idea es Efesios 4:22-24. En la medida en que quitemos el lastre viejo y renovemos esas áreas de nuestra mente, de nuestra naturaleza, con las nuevas ideas y convicciones que surgen de la voluntad de Dios expresada en su palabra, cada vez el pecado obtendrá menos dianas donde hacer blanco y tendrá que afinar más su puntería y cada vez le resultará más difícil el asediarnos, se moverá con menos soltura.

Esta es la idea que parece haber detrás de Hebreos 12:1 diciendo que una vez despojados del lastre de la ropa vieja podemos correr la carrera con mayor garantía de éxito.

Dice CORRAMOS (TRECHÔ), presente de subjuntivo que expresa la voluntad, la eventualidad, la espera en este caso; la voluntad, el ánimo, la exhortación ¡CORRAMOS! Pablo usa mucho este simil de la vida cristiana como una carrera que tiene una meta y que al igual que los atletas que corren en el estadio, ponen en juego todas sus fuerzas y recursos disponibles para alcanzarla en la mejor posición posible (1 Co.9:24-25), por eso dice el texto corred con paciencia (o perseverancia) (HUPOMONE), palabra que también encontramos en Stgo.1:3 y que significa aguante, entereza. En el griego clásico se usaba en contextos bélicos y se decía del aguante, entereza, constancia aguerrida. En el N.T. indica la acción de permanecer firme, de perseverar en determinadas circunstancias, de sobrellevar las cargas o amenazas para la fe que lleva consigo la existencia en el mundo. Es como la capacidad de resistencia en el atleta lograda por el entrenamiento. La principal amenaza para la fe es la impaciencia y la desesperanza. Las pruebas son el ejercicio que nos fortalece como al atleta. La carrera cristiana es una carrera de fondo, una maratón, conviene pues estar libre del mayor lastre y dosificar bien las fuerzas y tener en mente la meta como luego veremos.

Dice el texto literal: “Mediante la paciencia o perseverancia corramos la puesta delante de nosotros carrera”. (PROKEIMAI), este verbo significa ‘ser puesta delante’, ‘yacer delante’. Esta carrera a la que se hace mención es en realidad una lucha: (AGON=OGÔNA), de esta expresión procede nuestra palabra ‘agonía’ (lucha, combate), por eso la agonía de una persona es la lucha por la vida y acentúa el empleo consciente de las fuerzas necesarias para la consecución de la meta, como en Lc.13:24 y Col.1:29. Como vemos esta lucha o carrera demanda de perseverancia y planificación. Sabiendo que esto no es un camino de rosas sino todo lo contrario, cuanto más claro tengamos lo que nos espera de esfuerzo y sacrificio en la carrera, de gratificación y gozo en la meta, más posibilidades tendremos de alcanzarla y vencer.
Lecciones que aprendemos de Hebreos 12:1


  • Los mártires, testigos del capítulo11, dan ejemplo con sus vidas de que la fe en Dios no es en vano.

  • Se nos pide que nos despojemos del lastre (pecado), de lo innecesario para la lucha o carrera al igual que lo hicieron los testigos del capítulo 11 de forma que así pudieron lograr la victoria en la lucha.

  • Ellos se aferraron a Dios y a Su voluntad aun en los momentos más difíciles. Eso les ayudó a conseguir la victoria y es también una forma de desechar el lastre.

  • Hemos de poner toda nuestra energía en sltar este lastre por la ventaja que el pecado tiene sobre nosotros porque ese pecado está bien alrededor nuestro y cuenta con nuestra naturaleza vieja como aliada.

  • El pecado arrastra y seduce, nos pone su cebo en esta naturaleza para esclavizarnos.

  • Por eso es necesario soltar lastre para que cada vez sea menos la diana donde el pecado pueda hacer blanco y así podamos dedicar todas nuestras energías y planificación a correr esta carrera o a luchar en esta batalla y tendremos más posibilidades de salir victoriosos.

puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” (He.12:2)



(AFORAÔ), significa fijar los ojos claramente; esta forma adjetival del verbo describe una de las técnicas que debemos usar para correr con éxito la carrera mencionada en el v.1 después de considerar la nube de testigos del cap.11, fijar los ojos en Jesús puesto que él es la meta a alcanzar, él es el ejemplo, la caligrafía a seguir como vemos en 1 Pe.2:21.

Él es el autor (ARCHÊGOS); esta palabra se traduce ‘príncipe’ en Hch.5:31 y significa primeramente uno que acaudilla o que provee la primera ocasión para una empresa. Se emplea cuatro veces en el N.T. siempre como título cristológico del Jesús exaltado. Se pretende mostrar con este adjetivo a Cristo como ejemplo perfecto de fe, Aquel que es el primero, que está a la cabeza, o como que Jesús como hombre fuera el autor de la fe, la fe ya estaba presente en el A.T. antes de la encarnación, sino que se presenta aquí al Jesús exaltado como el Caudillo de la fe, el que va delante animando a la Iglesia con su ejemplo.

En el A.T. la fe (EMUNA) era como más incierta, menos informada, era un misterio (1 Pe.1:10-12). Jesús la hizo mucho más concreta; ahora, la persona de Cristo es el productor y distribuidor de la fe. La fe se centra y concreta en su obra consumada, no esperada como en el A.T. Él es el Caudillo, el Líder a quien hay que mirar en cuestiones de fe (He.10:38), Él es el único justo, Él es el Fundamento en el que se basa nuestra fe, Él es la Piedra viva, escogida y preciosa para Dios, Piedra fundamental que inicia y acaudilla la obra.

Se habla aquí de Cristo como consumador de la fe (TELEIÔTÊS), esta palabra denota cumplimiento, perfección, un fin cumplido, como quien alcanza la meta en un proceso (He.2:10). El soportó la cruz y menospreció la vergüenza puesto el gozo delante de él y consumió la fe pues llegó a su meta que es la diestra de Dios. Por el sufrimiento, entrega, perfección y consumo de la fe, cumplió en si mismo todos los pasos hasta la meta. En este sentido es Autor, Caudillo de un Camino nuevo cumplido, como quien logra la meta en la carrera, nos enseña los pasos a dar para que nosotros la alcancemos también. Debemos poner los ojos en Él como modelo y ejemplo en la forma de correr la carrera (lucha)(1 Pe.2:21).

Se emplea aquí la misma palabra que en el v.1 (PROKEIMAI), la carrera que “tenemos por delante”; significa ‘yacer delante’, ‘ser puesta delante’, en este caso del gozo en lugar de la carrera, (CHARA), que significa gozo, alegría, deleite. Pero ¿a qué gozo se refiere? Dos textos nos dan una idea de este gozo: He.2:9 y Fil.2:8-9, y es en base a este poder alcanzado que pudo abrir un camino de vida y salvación para el mundo. Jesús, en los momentos de sufrimiento puso delante de él el gozo del triunfo de la meta; los logros de su obra para el mundo le producía un gozo y una alegría capaz de darle fuerzas para soportar el sufrimiento (Hch.3:14-15). La confianza en el resultado de sus sufrimientos le sostuvo en los momentos difíciles. Esto debe ser también fundamental en nuestro pensamiento, la gloria y el gozo que como cristianos nos espera debe darnos fuerzas para soportar los avatares de la existencia.

Por este gozo puesto delante de él soportó la cruz (HUPOMENÔ), verbo que significa ‘morar bajo’, ‘permanecer en un lugar en lugar de abandonarlo’, de ahí perseverar, soportar, ser paciente, perseverar bajo una pesada carga en situación adversa. Es la misma palabra del v.1, PACIENCIA, alí como nombre sustantivo, aquí como verbo, indicando la acción de Cristo al soportar la cruz con paciencia, perseverancia y firmeza.

Menospreciando el oprobio…”, la vergüenza (KATAFRONESAS); se usa aquí un sustantivo que significa pensar-bajo acerca de algo, de ahí pensar poco de algo o de alguien, menospreciar, tratar con desprecio, mirar con desdén. Esta fue la actitud de Jesús ante la vergüenza que representaba socialmente la cruz, que era una forma de morir especialmente deshonrosa y vergonzosa, todo lo contrario a lo que se estimaba honorable y de valor en la sociedad hebrea y mediterránea. Hemos de tener en cuenta que en el siglo I las sociedades se regían por códigos de honor-vergüenza muy arraigados; un atentado para el honor de un individuo afectaba al grupo o casa y esto aún está en vigor hoy entre los musulmanes y gitanos. A la cruz se la denominaba en la antigüedad “estaca infamante”, “leño desgraciado”. Séneca en sus epístolas morales la denominaba “madera criminal”. Cicerón habla de suplicio cruentísimo y espantoso. La cruz representa un estigma social propio de delincuentes comunes. El honor del crucificado y el de su casa quedaba lastrado. Celso, que escribió “El Discurso Verdadero contra los Cristianos”, pone en boca de éstos que presentan a Cristo como el Hijo de Dios a pesar de los lazos deshonrosos y del suplicio vergonzoso.

A pesar de que se haya tratado a Cristo con la peor de las ignominias a los ojos de todos (Gá.3:13), la cruz invirtió los valores, el modo en que se entendía el honor en Grecia y Roma. El cristianismo tuvo por un gran honor lo que para la sociedad de la época era el mayor deshonor y vergüenza (Gá.6:14).

En estos textos, el tema de la cruz pretende inculcar en los cristianos una actitud de contraposición y resistencia frente a los valores del mundo, por eso Dios escogió esta forma de morir para su Hijo. La cruz que hoy es un símbolo religioso era entonces expresión de lejanía de los dioses, por eso la adoración al que colgaba en ella era un escándalo (Deut.21:23; 1 Co.1:18-24; Gá.3:13). El dibujo burlón del asno crucificado en el palatino demuestra el escándalo y la dificultad que suponía la cruz, por eso se pide aquí poner los ojos en Jesús, el cual soportó esta deshonra, la estimó en poco, la miró con desdén, la máxima deshonra según los valores de aquella sociedad, para exhortar al cambio de valores, a la oposición de los valores del cristianismo con los del mundo; por eso la cruz se convirtió con el tiempo en más que un símbolo, en una forma de ver la vida y el mundo, en una nueva ética englobada bajo la cruz (1 Co.1:18, 23-24). Esta actitud de Jesús le llevó a sentarse a la diestra de Dios y resulta curiosa esta paradoja: La mayor deshonra le llevó a la mayor honra. He ahí la inversión de valores de Dios. (Esta inversión de valores para Dios podemos verla en 1 Co.1:26-30).

“…y se sentó a la diestra del trono de Dios.” El privilegio, la estima que se tiene a todo lo que está en el lado derecho, posiblemente a la función dominante de este lado por eso de ser más hábil y fuerte, le da un significado de honor y distinción. A la mano izquierda se la denomina ‘siniestra’, del latín SINISTRA.



Cristo ha sido colocado en el lugar de mayor honor que es a la derecha del trono de Dios. Este sentarse en esa posición denota un puesto de mando, honor y privilegio y significa el cumplimiento de la obra de Cristo, el poder y méritos adquiridos para poder llevar a cabo su obra (Fil.2:9-11; He.1:3). Como nos dice Filipenses en su cap.2 Cristo abandonó su puesto de dignidad y honor por amor y compasión hacia el hombre y una vez ejecutada la obra de la redención, retornó a supuesto original a la espera de ejecutar sus juicios.
Resumen de Hebreos 12:2.-

  • Debemos fijar los ojos en Jesús, fijarnos en como corrió la carrera, en como alcanzó la meta; su trayectoria debe ser nuestro modelo; Él es el líder, el caudillo a quien hay que imitar en cuestión de fe.

  • La vida de Jesús en este mundo es un modelo de obediencia y dependencia del Padre. Él cumplió perfectamente la manera de vivir que Dios desea de sus hijos.

  • Uno de los motivos que impulsaron a Jesús a la obediencia fue el poner delante de sí el pensar en el gozo que conseguiría con Su obra y en el poder para consumarla. Él es el Autor o Caudillo de la vida.

  • Él soportó todo el sufrimiento y el estigma social que la cruz representaba (desprecio), por amor hacia los hombres para conseguir liberarles.

  • Su actitud debe ser modelo para nosotros. Debemos poner el gozo y el triunfo de la meta delante de nosotros ante los momentos difíciles de nuestra vida y eso debe animarnos a soportar el estigma social de ser cristianos.

Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” (He.12:3)

Este versículo comienza con un verbo en imperativo CONSIDERAD (ANALOGIZOMAI), contar, comparar, pesar, echar cálculos. Este verbo pone su acento sobre la valoración y el cálculo comparativo acerca de lo que Cristo soportó para evitar el desánimo y el cansancio. Se usa aquí el mismo verbo que en el v.2 HUPOMENO, de soportar la cruz, que se traduce por aguante, entereza; en el griego clásico se usaba en contextos bélicos refiriéndose al aguante, la entereza, la constancia aguerrida. Era una de las virtudes más nobles del hombre.

En el N.T. indica la acción de permanecer firme, de perseverar en determinadas circunstancias, la capacidad de sobrellevar las cargas o amenazas para la fe que lleva consigo la existencia en este mundo, plantar cara, resistir. Es como la capacidad de resistencia en el atleta y nunca mejor dicho en este contexto de Hebreos donde se habla de la vida cristiana como de una carrera de fondo.

Se usa este mismo verbo en Stg.1:12. Esto es lo que debemos considerar, sobre lo que debemos echar nuestras cuentas de como Cristo resistió en la adversidad, de cómo permaneció firme, de cómo perseveró en su obra a pesar de las dificultades, a pesar de la CONTRADICCIÓN (ANTILOGIA). Literalmente decir ‘contra’ significa contradicción, resistencia, rebelión (misma palabra que en Judas 11). Se está refiriendo aquí a la hostilidad hasta la agresión que sufrió Jesús. Los Evangelios están plagados de escenas de la gran oposición y hostilidad que Cristo soportó.



La oposición al sistema de este mundo despierta este tipo de comportamientos. Esta capacidad de resistencia es sobre la que debemos de echar cuentas, meditar para que al poner los ojos en ella, sea un ejemplo para nosotros y nos ayude a no CANSARNOS (KAMNÔ) (cansarse, estar exhausto), ni a DESMAYAR (EKLUOMAI) (desfallecer, cansarse, desanimarse). El uso de estas expresiones en este contexto de comparar la carrera cristiana con una carrera de fondo, nos habla de estrategia, de correr como un profesional, no como un novato que no calcula la distancia y sus fuerzas y en la mitad de la carrera tiene una “pájara”. Nos está diciendo que la carrera cristiana se corre, en un alto porcentaje, con la cabeza, con la razón, con el cálculo, afirmándonos en las promesas de la Palabra de Dios y haciendo de ellas convicciones profundas que nos puedan servir de soporte en los momentos difíciles de la carrera, cuando todo parece negativo y nos vemos incapaces de seguir y nuestro ánimo interno desfallece, desmaya. (Un ejemplo de esto lo tenemos en Gálatas 6:8-9)
Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;” (He.12:4)

Uno de los motivos para no desmayar en este proceso es que, por el momento, en la lucha, en el combate, cara a cara con el pecado ANTAGÔNI ZÔMAI (resistir, luchar, luchar en contra). Se emplea aquí el verbo ANTIKATHISTÊMI que significa ‘estar en pie contra de’, de ahí que se traduzca ‘resistir’, ‘estar en línea de batalla, de lucha’, ‘resistencia activa’. En esta resistencia, en esta lucha, combate, en este contexto bélico que nos muestran estas dos palabras, puesto que así debe ser nuestra actitud hacia el pecado, en esta lucha no hemos llegado a la sangre, sin embargo tanto Cristo como algunos de los testigos del capítulo 11 llegaron a dar su vida en esta lucha. Estos hebreos a quien va dirigida la carta, ya habían pasado por situaciones difíciles en su vida (He.10:32-39).


Conclusiones que sacamos del estudio de Hebreos 12:3-4

  • Debemos calcular y echar nuestras cuentas acerca de como Cristo soportó y permaneció firme en la fe y en la voluntad de Dios en los momentos más difíciles de su existencia; Él plantó cara y tuvo una resistencia activa.

  • Resistencia activa contra el sistema de este mundo. Eso le acarreó la contradicción, la oposición, la resistencia y la rebelión de todos los que pertenecen o toman partido por este sistema. Pero Él permaneció firme.

  • Debemos echar nuestras cuentas sobre esta actitud de resistencia activa para que no nos cansemos ni desmayemos en los momentos difíciles. La actitud de Cristo debe motivarnos y ser ejemplo.

  • El uso de este verbo (ANALOGIZOMAI) nos habla de que la carrera cristiana se corre en gran medida con la cabeza, con la razón, aferrándonos a las promesas de Dios para ayudarnos a soportar en los momentos difíciles; meditando sobre ellas y haciendo que sean convicciones profundas. En la carrera cristiana influye mucho el meditar y recapacitar constantemente sobre la acción de Dios en nuestras vidas. El poder comprobar su cuidado y protección en el pasado nos ayudará en el futuro.

y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él;” (He.12:5)

En este versículo el escritor saca otro argumento para defender su tesis: CONSIDERA las pruebas, las situaciones difíciles para la fe como una disciplina propia de padre a hijos, como algo que es por su beneficio y propio de un padre amoroso que desea lo mejor para sus hijos y así, un pequeño sufrimiento en el momento adecuado, puede evitar tendencias o actitudes que pueden llevar a situaciones de sufrimiento crónico.

Empieza el texto con un verbo (EKLANTHANÔ) que significa ‘olvidar’, ‘escapar a la detención’; se usa aquí en el sentido de “si han olvidado la exhortación…”.



(PARAKLESIS), significa ‘llamar al lado de uno’ y ‘en ayuda de uno’, y de ahí exhortación, ruego, consuelo; aquí se usa en el sentido de aliento, ánimo, estados de ánimo que la Escritura y la voluntad de Dios producen en el creyente para que no se desanime (Pr.3:11; Job 5:17). Estas citas albergan la finalidad de evitar la incertidumbre cansada por situaciones difíciles que no se comprenden y la Escritura trata de evitarnos esa incertidumbre mostrando que muchas de las situaciones vitales difíciles forman parte de la educación de Dios para con sus hijos con el fin de que maduremos y evitarnos así males mayores. Quién sabe la cantidad de problemas que la disciplina de Dios aplicada en el momento adecuado, nos ha evitado. “Todas las cosas cooperan para bien a los que aman a Dios” (Ro.8:28) Se emplea en este versículo de Romanos el verbo SUNERGEÔ (‘trabajar con’, ‘fundamente’, ‘crear sinergias’), de ahí cooperar, ayudar. Lo que le sucede al cristiano en su vida no es fruto del azar, los creyentes podemos decir que lo que nos pasa en la vida es para nuestro bien, aun cuando en el momento que sucede no lo percibamos así.

Hebreos 12:5 utiliza el verbo DIALEGOMAI (conversar, dialogar, hablar) recordándonos el diálogo que Dios mantiene con sus hijos, una conversación pedagógica que tiene lugar a través de la lectura de la Biblia. A través de ella Dios nos “dirige”, expresando su voluntad, su consuelo, su ánimo para que no andemos en incertidumbre, para que conozcamos los motivos de las cosas que nos suceden. En muchas ocasiones los creyentes perdemos de vista este privilegio tan consolador que, mediante la lectura de la Biblia, podemos mantener un diálogo con Dios.


Lo que nos dice esta primera parte del texto es que no debemos olvidar el consuelo, el ánimo y la dirección que recibimos de Dios a través de la lectura de la Palabra, y cita al A.T. como base a su afirmación con un texto en el cual Dios nos está consolando y animando en las dificultades. Empieza este texto con un verbo en imperativo: OLIGÔREÔ (tener en poco, tener en escaso), no descuidar, no menospreciar ni tener en poco, no tomar a la ligera la PAIDEA (la educación de Dios). Nuestras biblias traducen ‘disciplina’ pero el significado de esta palabra va más allá de la disciplina aunque aquí el contexto lleva correctamente a traducirla en ese sentido. Es un sustantivo que denota la educación, la formación dada a un niño incluyendo la instrucción con su disciplina y corrección. Esta es una de las palabras más importantes del mundo griego, de mayor transcendencia y por la cual está muy influido el pensamiento y el saber occidental actual.

En el N.T. tiene un uso mucho menos importante que en el mundo clásico limitándose a Efe.6:4; 2 Ti.3:16 y He.12:5, 7-8, 11, refiriéndose al uso ya visto anteriormente de educar y de ahí disciplinar y corregir.



La disciplina de Dios es señal inequívoca de su amor y de nuestra filiación, de que somos sus hijos y herederos y por tanto el desea lo mejor para nosotros, por ello no descuida nuestra educación formando la disciplina parte importante de ella.

Esta palabra es de la misma familia que la usada en Gá.3:24-25.- PAIDAGOGO.



Por lo tanto, no debemos tomar a la ligera o en poco la educación de Dios, ni DESANIMARNOS (EKLUOMAI), misma palabra que vimos en el v.3, allí como sustantivo, aquí como verbo imperativo, que significa ‘cansarse’, ‘desfallecer’. “ni desmayes cuando eres reprendido por él;” Al ser reprendido (ELEGCHÔ) (reconvenir, reprender, poner en evidencia, convencer a alguien de error), viene a ser el fin de la disciplina. Esta palabra y la anterior se usa mucho en el A.T., en la literatura sapiencial, para designar la reprensión paterna o divina, encaminada a mejorar la conducta por lo que la reprensión de un hombre justo se tiene como algo bueno (ver Sl.141:5), así como también la de Dios (ver Job 5:17).

Aceptar la corrección es síntoma de sabiduría. El impío no acepta la corrección; el sabio la agradece y ve en ella el amor de Iahvé (Pr.9:7-9; 29:15; 6:23). (En estos textos, en la Septuaginta, se emplean las mismas palabras que en Hebreos: disciplina y reprensión). Esta conexión con el A.T. era algo muy conocido por los hebreos a quien va dirigida esta carta.


Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (He.12:6)

Sigue este versículo con el argumento del versículo anterior dándole un sentido al sufrimiento en la vida del creyente.

Se usan aquí 4 verbos que ponen en relación directa, como ya hemos visto, al amor del padre y la disciplina.

En la primera parte del versículo se relaciona Amor con Disciplina, usando el verbo AGAPAÔ. Al igual que el sustantivo AGAPE, cobra en el N.T. un significado nuevo y más amplio, en este caso, la relación de Dios para con sus hijos: La relación de amor que une a un padre con sus hijos. Y vemos que aquí se relaciona este amor con DISCIPLINA (PAIDEUÔ), misma palabra que en el versículo anterior, allí como sustantivo, aquí como verbo, palabra que significa ‘la instrucción’, ‘la educación del niño’ y de ahí la disciplina y el castigo.

La segunda parte del texto relaciona el castigo y la disciplina con el hecho de ser hijo, con la filiación divina, y se usan dos verbos: MASTIGOÔ (que significa azotar con látigo y es el mismo que se utiliza en Mt.10:17 referente a la aplicación de azotes según la costumbre judía); aquí, metafóricamente, se aplica a la disciplina de Dios para con sus hijos y se trata de una metáfora muy expresiva ya que los azotes se vuelven necesarios cuando uno no aprende, no se deja educar por las buenas. Es la forma de modificación de conducta más primitiva, la del refuerzo negativo, porque, por lo general, uno no repite conducta que le va a causar dolor o castigo; es necesario recurrir a este tipo de pedagogía con los hijos contumaces.

Esta es una lección difícil para nosotros los cristianos pero es que muchas veces desoímos la educación, la corrección que Dios trata de hacernos y por eso tiene que recurrir a esto en última instancia.

Se usa aquí otro verbo: PARADECHOMAI, que significa recibir o admitir con aprobación, citando a Pr.3:12 donde se usa este mismo verbo.


Veamos un RESUMEN de Hebreos 12:5-6.-

  • Un pequeño sufrimiento causado por la disciplina divina puede evitar actitudes que podrían llevarnos al sufrimiento crónico.

  • La Biblia cumple la función de evitarnos la incertidumbre en estos procesos de disciplina y nos muestra que la disciplina de Dios es para nuestro bien, para que maduremos y así evitarnos males mayores.

  • Por eso nos dice el texto que Dios mantiene un diálogo con nosotros por medio de la lectura de la Biblia. Nos habla para evitarnos desorientación e incertidumbre.

  • Por eso no debemos tener en poco la información, el Camino, el Consuelo y la orientación que Dios nos proporciona en Su palabra.

  • Este texto nos dice que la disciplina de Dios es señal inequívoca de que somos Sus hijos y como tales Dios nos disciplina porque nos ama y desea lo mejor para nosotros, como cualquier padre para sus hijos.

  • Por eso Él no descuida nuestra educación con el fin de ponernos en evidencia, convencernos de nuestros errores y si es necesario, a veces, disciplinarnos. Dura lección para nosotros, los creyentes.

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (He.12:7)

En este texto se sigue desarrollando el mismo tema de la disciplina y sus motivos. Se usa aquí la misma palabra que en v.5, PAIDEA; como ya hemos visto, denota la instrucción del niño, incluyendo la disciplina y la corrección. Es por nuestra disciplina que sufrimos. Se utiliza el mismo verbo del v.2, HUPOMENÔ, en el sentido de como Cristo soportó la cruz. Este verbo significa ‘morar bajo’, ‘permanecer en un lugar en lugar de abandonarlo’, de ahí perseverar, soportar, ser paciente, perseverar en situaciones de dificultad. Esto nos enseña que debemos soportar esta disciplina, permanecer firmes ante ella puesto que es por nuestro bien y también es señal de que Dios nos trata como a hijos. El tener esto en mente puede transformar la idea que tenemos acerca del sufrimiento en la corrección de la disciplina de Dios. Deut.8:1-5 nos aclara esta idea. En los LXX se utilizan en este texto las mismas palabras: PAIDEA y el verbo GINOSKÔ que significa ‘tomar conocimiento’, ‘saber’, ‘reconocer’, ‘entender’. Debemos entender, tomar conocimiento, que la disciplina de Dios es para nuestro bien, es debido al amor del Padre. En 2 Sm.7:14 vemos este trato de Dios a David y es la forma de tratar Dios a sus hijos, a quienes ama.

Termina el texto con una pregunta irónica: “¿qué clase de hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Pues generalmente un hijo no amado, no deseado, o un hijo ilegítimo como luego veremos. La disciplina forma parte del amor y del trato cercano que un padre tiene con su hijo para velar por su futuro (Pr.13:24). La disciplina bien aplicada puede librar a los hijos de la muerte (Pr.23:13-14)


Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (He.12:8)

Este texto nos muestra que todo el que es hijo legítimo, reconocido por su padre, participa de la disciplina. Lo hemos visto en el v.6.- El hecho de ser recibido por Dios como hijo, el que Él reconozca su paternidad. También veíamos el significado del verbo usado (PARADECHOMAI), que significa recibir, admitir con aprobación. Dios nos da su visto bueno como hijos y eso nos hace participantes de su disciplina y de su enseñanza y corrección (PAIDEA). Se emplea aquí un adjetivo (METOCHOS) que traducen nuestros eruditos como “participantes” y que significa ‘compañero’, ‘socio’, dándonos la idea de que el hecho de que Dios nos discipline es porque también nos considera como socios y compañeros, miembros de su misma casa. Se utiliza esta palabra traducida como ‘compañeros’ en Lc.5:7 y en He.3:1.

Sin disciplina es como si fuésemos bastardos, ilegítimos: (NOTHOS); esta palabra denota el hijo ilegítimo nacido fuera del matrimonio, privado cadi de derechos de herencia, sucesión y educación.

La disciplina de parte de Dios a sus hijos legítimos es una constante que se produce desde siempre (1 Pe.5:9).
Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?” (He.12:9)

En este texto se nos pone el ejemplo de la disciplina que recibíamos de nuestros padres carnales, como educadores, como encargados de nuestra educación y disciplina (PAIDEUTES), y los venerábamos o los respetábamos (ENTREPÔ). Con cuánto más motivo no nos someteremos al Padre de nuestros espíritus y viviremos.

Se emplea aquí un verbo (HUPOTASSÔ) que procede de la jerga militar y se traduce como ‘someterse’, ‘alinearse bajo’, ‘obedecer’, ‘subordinar’, ‘estar sujeto’. Lo hemos visto en 1 Pe.2:13.

La disciplina, la educación, el castigo al que nos puede someter Dios es perfecto y para nuestro bien; no lleva implícitos prejuicios o defectos del educador porque en este caso, no los tiene.

Nuestros padres carnales nos disciplinaban con cariño y buena intención, pero también con prejuicios y defectos propios de ellos, de su experiencia vital y la prueba está en que todo hijo reconoce defectos en la educación de sus padres; pero, aún así, los respetábamos. Pues con más motivo debemos sujetarnos a la disciplina divina. El sometimiento que se menciona aquí es, en mi opinión, un sometimiento de buen grado producto del reconocimiento y la convicción, sabiendo que la disciplina de nuestro Padre celestial vela por nuestra salud espiritual, por nuestro futuro.

Esta idea sería perfectamente entendida por los lectores de origen judío donde la educación aceptaba un puesto central en la relación padres – hijos. Como ya hemos visto, se le dedica un amplio espacio a esta temática en el A.T. Todo esto era también bien conocido por los lectores de origen hebreo.

La expresión “Padre de los espíritus” se usa posiblemente en referencia a Dios como dador de Su parte espiritual al hombre (Num.16:22; 27:16) y encargado de velar por la salud y educación de esa parte espiritual que nos conduce a la vida eterna. Por eso dice el texto:”… y viviréis”, quizás refiriéndose a que si aceptamos de buen grado la disciplina de Dios, eso nos evitará grandes frustraciones y males en nuestra vida, pudiendo así llevar aquí, en este mundo, una existencia más plena y concluir, al final de nuestra existencia, con la vida eterna.


Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (He.12:10)

Nuestros padres ‘carnales’ nos disciplinaban (PAIDEUÔ), (se trata del mismo verbo del v.7), por escasos o pocos días (OLIGOS), según les parecía (DOKEÔ) (opinión). Pero Dios nos disciplina para lo provechoso (SUMFERÔ); este verbo significa ‘ser una ventaja’, ‘provechoso’, ‘conveniente’. Con su disciplina Dios mira por nuestro bien y para corregir nuestra actitud. Las situaciones de sufrimiento, como en el caso de estos creyentes, eran para su maduración, teniendo como meta la santificación como dice el texto, para que participemos de Su carácter santo (1 Pe.1:16).

Se usa aquí el verbo PARTICIPAR (METALAMBANÔ) que significa ‘tomar parte’, ‘compartir cualquier cosa con alguien’, ‘recibir una participación’.

Lo que este texto trata de decirnos es que la disciplina de Dios comparada con la de nuestros padres carnales “nos conduce a la excelencia” y corrige aquellas actitudes que hemos heredado de nuestros padres (1 Pe.1:18; Santiago lo llama el rostro de nuestro nacimiento Stgo.1:23), y pretende adaptar nuestra naturaleza a la suya. Eso es lo que significa participar de su santidad (Efe.5:1). Se emplea aquí en Efesios un nombre (MIMÊTAI), imitar, ser un “mimo” de Dios, imitar una conducta. Un mimo es alguien que imita a otra persona. Mimetismo es una cualidad que tienen algunos animales (o plantas), de asemejarse en el color a seres u objetos inanimados. La disciplina divina trata de transformar esa tendencia al pecado que todos los seres humanos tenemos (Stgo.1:14 (concupiscencia)), y que la naturaleza divina vaya ganando en nuestra mente y luego en nuestro comportamiento (Ro.12:1-2). La disciplina, por tanto, nos conduce a la perfección, a la excelencia; adapta nuestro carácter al del que nos llamó; nos ayuda a ser “mimos”, imitadores de Dios. Esta idea se desarrolla en 2 Pedro 1:3-4.
Vamos a RESUMIR 5 enseñanzas sobre la DISCIPLINA, vistas hasta aquí de HEBREOS 12:7-10:


  • Es por nuestra disciplina que sufrimos, por ellos debemos permanecer firmes, tener paciencia y aguante mientras somos disciplinados porque eso es señal de que Dios nos trata como a sus hijos legítimos.

  • Debemos tomar conocimiento de que detrás de la disciplina está el amor de un padre que busca nuestro bien y progreso. El tener claro esto cambiará la idea que tenemos acerca de la disciplina de Dios.

  • El participar de la disciplina divina nos muestra que somos hijos legítimos y no bastardos y que somos socios y compañeros y que pertenecemos a la casa de Dios.

  • Es en base a todo esto que debemos someternos a la disciplina de Dios de buen grado y respetarlo con más motivo que a nuestros educadores terrenales puesto que Su disciplina es perfecta.

  • Él nos disciplina para nuestro provecho; Su educación nos conduce a la excelencia y a la santidad. Él quiere que Sus hijos imiten Su conducta por eso nos corrige y nos educa.

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (He.12:11)

La primera idea que se nos pasa por la cabeza al ser disciplinados por Dios es de tristeza, nos centramos en lo inmediato y para encontrarle sentido al sufrimiento disciplinario debemos tener una vista global, ver más allá, puesto que todo ser vivo percibe el sufrimiento como negativo. Sólo una visión más amplia de la vida, de la existencia, nos posibilita tener una visión más correcta, y así, en la medida de lo posible, alcanzar o acercarnos al ideal de poder estar gozosos en las pruebas como nos dice Santiago 1:2-4. Ante el dolor y el sufrimiento debemos poner la mente no en la situación, sino en el resultado de ella, como Jesús en He.12:2.- Durante la situación más difícil de su existencia en este mundo, no dejó que ésta le embargara sino que puso su mente en los resultados que iba a conseguir con su sufrimiento.

Siguiendo con el texto leemos: “ al presente…”, es decir, en el momento en que se experimenta la disciplina no se experimenta como causa de gozo, deleite o alegría (CHARA), sino como TRISTEZA (LUPÊ): Este sustantivo significa dolor de cuerpo o de mente, cualquier cosa que se experimenta como molesta o dolorosa causando tristeza (1 Pe.1:5-6).

Aparece seguidamente un adverbio (USTERON) que significa más tarde, finalmente; lo que trata de decírsenos es que el resultado final de la disciplina es bueno aunque en el momento en que se experimenta se perciba con tristeza y dolor.

En la etología el dolor es visto como un corrector de conductas; lleva a que un animal no repita algo que le causa dolor. En la psicología conductista el dolor es visto como un refuerzo negativo para inhibir conductas perniciosas para el individuo. Dice una máxima: “Sin dolor no hay progreso” y un refrán corrobora: “La paciencia es amarga pero sus frutos son dulces”. Lo mismo podemos aplicar a la disciplina, su resultado final es FRUTO APACIBLE (EIRENIKOS). Esta palabra se deriva de (EIRENE = PAZ) y se traduce por pacífico, apacible, portador de paz.



La disciplina nos lleva a un comportamiento justo o de justicia y esto se experimenta como apacible o con paz interior, por esto es que nos adaptamos al modelo de Dios; Él es Dios de paz y de justicia (1 Co.14:33). Cuando la disciplina produce esos frutos en nosotros sentimos que estamos y somos lo que debemos ser. Es como cuando un cristiano ejerce el don que Dios le ha dado, tiene la sensación de haber nacido para eso (Is.32:17; Stgo.3:18). Estos resultados tan gratificantes son los que devuelve, hace retornar, retribuye la disciplina. Eso es lo que significa el verbo usado aquí (APODIDOMI); la disciplina nos retribuye con paz tras haber sido ejercitados con ella. La palabra empleada aquí para EJERCITAR (GUMNAZÔ) que también significa ‘acostumbrarse’, nos viene a decir en el texto que la meta y el resultado de ejercitarse con la disciplina es la paz y la armonía con Dios, con el mundo y con la existencia.

La disciplina modela nuestro carácter hasta el punto de saber con claridad lo que hemos de hacer, independientemente de las circunstancias. La disciplina nos corrige y adapta nuestro comportamiento a la voluntad de Dios. El verificar esta voluntad de Dios es lo que nos produce esa armonía, esos frutos apacibles de justicia.

En Ro.12:2 se nos habla de verificar, de comprobar la voluntad de Dios; se usa el verbo (DOKIMAZÔ) que significa examinar, aprobar, aceptar como acreditado, reconocimiento de autenticidad y fiabilidad. Los LXX traducen así la palabra hebrea (BAHAN), examinar, poner a prueba; posiblemente una metáfora de un término técnico para designar la purificación de metales (SAFAF), que se utilizan como sinónimos en el A.T.

La verificación de la voluntad de Dios, el ponerla por práctica por medio del “empujón” de la disciplina nos permite darnos cuenta que ésta es BUENA (AGATHOS) (capaz, excelente, lo moralmente bueno); AGRADABLE (EUARESTOS) (este término es el mismo usado en Ro.12:1 para referirse al sacrificio agradable a Dios). Es decir, comprobamos que lo que agrada a Dios es lo mejor para nosotros. Y PERFECTA (TELEIOS) (completa, perfecta, adulto pleno; dícese de los animales ‘perfectos’ destinados al sacrificio; se usa en el A.T. para designar el corazón dedicado plenamente a Dios). La idea es que al poner en práctica la voluntad de Dios, descubrimos una fuente de armonía, paz y justicia producto del que se realiza como ser humano de la forma correcta.

Nos damos cuenta de que Dios sabe muchísimo mejor que nosotros lo que nos conviene y, en ocasiones, para animarnos a comprobarlo, necesita del empujón de la disciplina. Por eso el ejercitarse por medio de la disciplina produce esos resultados. De la palabra ejercitarse (GUMNAZÔ), procede nuestra palabra gimnasia. La disciplina es vista aquí como una gimnasia que nos conduce a la justicia y a la paz al comprobar, verificar, que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros.

Debemos tener presente la primera parte del pasaje donde se usa la analogía de la carrera en el estadio con la carrera cristiana. También el entrenamiento del deportista es percibido como sacrificio y dolor, pero sus resultados son gloria y la victoria cuando el atleta recoge la corona de vencedor; él sabe que sin el sacrificio y el sufrimiento del entrenamiento, jamás habría podido alcanzar la victoria. Por lo tanto los cristianos tampoco podremos alcanzar nuestra meta sin la gimnasia de la disciplina, la cual nos enseña a adaptar nuestros comportamientos al del que nos llamó. “Sed santos como yo soy Santo”. No es extraño que Dios nos discipline por amor, porque quiere que alcancemos un grado mayor de excelencia, quiere que nos realicemos al máximo de nuestras posibilidades y por eso nos disciplina.
Conclusiones que sacamos del estudio de Hebreos 12:11


  • El sufrimiento siempre es percibido como negativo a menos que tengamos una visión global. Para ello no debemos poner la mente en la situación sino en el resultado de ella.

  • La disciplina produce frutos apacibles puesto que adapta nuestro carácter al de Dios. Nos empuja a verificar lo buenos que es para nosotros andar en la voluntad de Dios.

  • La disciplina es una gimnasia que nos produce unos resultados de paz y armonía con Dios y con el mundo.

  • Los cristianos no podemos alcanzar con éxito la meta de la carrera cristiana sin la gimnasia de la disciplina. Ella corrige defectos y pule conductas, nos fortalece y nos adiestra para poder estar en las condiciones óptimas a la hora de la carrera.

  • No es extraño pues que Dios, que nos ama y que para Él somos de especial interés, nos discipline para conducirnos a la excelencia. Todo padre quiere lo mejor para sus hijos.

Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;” (He.12:12)

Empieza este versículo con un “por lo tanto” o “por lo cual” y esto nos habla de conclusiones que debemos quitar y las medidas que debemos emprender al respecto.

Se emplea aquí un verbo en imperativo (ANORTHOÔ) de ANA (arriba) y ORTHOS (recto) y que se traduce por ‘enderezar’. En Hechos 15:16 se usa de levantar un edificio caído y aquí se refiere a levantar las manos caídas (PARIÊMI) que significa ‘descuidar’, ‘dejar sin hacer’, ‘relajarse’, ‘ser negligente’. Aquí se emplea la voz pasiva en el sentido de ‘debilitarse’, ‘cansarse’.

Las manos son el órgano más importante del hombre para llevar a cabo acciones externas. La exhortación que surge de este versículo anima a levantarlos, a que vuelvan a ser fuertes, a que salgan de la debilidad producida por el desánimo.

Otra de las medidas es fortalecer las rodillas que flaquean, que están paralizadas (PARALUÔ). Esta palabra se traduce como paralítico en el pasaje de Lucas 5:18. Aquí se usa en voz pasiva en el sentido de verse debilitado por causa de una parálisis. El temblor de rodillas, las rodillas paralizadas son señal de miedo o debilidad.

Cuando se acerca el castigo todas las manos desfallecen y todas las rodillas tiemblan o flaquean (Eze.7:17). Podemos ver esta misma imagen cuando la destrucción se abate sobre Nínive. El templo se resiente y las rodillas flaquean como figura de miedo y terror (Nahúm 2:10). Podemos ver en este texto como se usa este lenguaje metafórico, igualmente en Isaías 35:1-4.

La idea es que en situaciones difíciles cunde el desánimo en las personas; las desgracias, las pruebas, la disciplina, nos encoje el corazón, nos acobarda y desanima. En estos casos, como ya hemos visto, es necesario contemplar el resultado final y también experimentar la ayuda y el ánimo de los unos para con los otros como hacía Job (Job 4:3-4).


Encontramos aquí una exhortación para que salgamos del abatimiento y del temor producido por las pruebas, o por la disciplina cuando es recibida, para que lo veamos como una gimnasia utilizada por Dios para nuestro progreso. No tenemos que dejarnos llevar por la tristeza y el temor que nos produce la situación de opresión y prueba. Los cristianos debemos de tener claro que aún en las situaciones más difíciles de nuestra vida, no estamos solos ni abandonados, a Dios no le es indiferente nuestro sufrimiento, Él lo permite por nuestro bien con ánimo pedagógico, pero nunca estamos a la deriva, Su mano está siempre sobre nosotros, controlando la situación, por lo tanto debemos hacer lo que nos dice el apóstol Pedro en 1 Pe.5:7.- “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.” (He.12:13)

Este versículo continúa explicándonos las medidas a tomar en base a lo anterior y habla de “hacer sendas derechas para los pies”. Se usa aquí también el lenguaje metafórico para describir la situación y se habla de SENDAS DERECHAS (TROCHIA ORTHOS). La palabra TROCHIA se refiera a la huella, el surco dejado por una rueda, de manera que aquí se usa en sentido figurado de “andar por el camino recto”, de procurar aquellas cosas, aquel comportamiento propio de este Camino. Se exhorta al creyente a procurarse una actitud adecuada en la carrera cristiana, a andar por lo ya andado y que marca el camino. En 1 Pe.2:21 vemos esto: las pisadas de Jesús son estas rodadas derechas por las cuales debemos de andar (He.12:2.- Él es el caudillo).

Se describe muy bien esta situación en un texto donde se usa esta misma palabra: Pr.4:11-12 y 26-27.

El motivo de andar por esta rodera es para que las cosas se restauren en lugar de ir a peor y se usa en la segunda parte del texto de He.12:13 del lenguaje figurado para describir la situación. Efectivamente la persona coja o lesionada tiene muchas posibilidades de agravar su situación si ‘hace camino al andar’, pero si usa el camino ya hecho, ya andado, se encontrará sin dificultades ni obstáculos y podrá así recuperarse en lugar de agravarse.

Se usa aquí una palabra EKTREPÔ que significa ‘girar fuera’ o al lado, de ahí que se traduzca ‘desviarse’. Es la misma palabra que se usa como tecnicismo médico para retorcer o poner fuera de la coyuntura. Se usa también en 1 Ti.1:6 (desviándose), y en 1 Ti.5:15 (de apartarse).

El lenguaje empleado es figurado en el sentido de que el cojo, el lesionado, el débil espiritual a causa de la prueba o la disciplina, no empeore su situación andando por un camino equivocado, sino que se sane y se restaure andando por las roderas.

En Pr.5:5-6 podemos ver las consecuencias de andar por fuera de la senda recta.


Veamos un RESUMEN de Hebreos 12:12-13.-

  • En las situaciones difíciles de prueba o disciplina, nos sentimos acobardados, desanimados pero debemos darnos cuenta de que son por nuestro bien y que, aún en estas situaciones, Dios está pendiente de nosotros.

  • Es en estas situaciones cuando debemos de aferrarnos al Camino recto, al camino ya andado, a la voluntad de Dios para restaurarnos y nunca el desánimo debe llevarnos a dejar de andar en la voluntad de Dios puesto que esto empeoraría la situación.


Resumen General del pasaje Hebreos 12:1-13

(V.1).- Despojémonos  echar fuera. Asedia  Estar bien alrededor. Paciencia  (HUPOMENô), perseverar.

(V.2).- El Caudillo. Menospreciando  mirar con desdén.

(V.3).- Considerad  (ANALOGIZOMAI)  Echar las cuentas.

(V.5).- DIRIGE  Diálogo que mantiene Dios con nosotros.

(V.7).- (HUPONONES) Perseverancia durante la disciplina.

(V.10).- La disciplina de Dios nos conduce a la excelencia, nos ayuda a coger ventaja, es provechosa.

(V.12).- La disciplina es una especie de gimnasia que produce unos frutos apacibles de justicia porque nos empuja a andar en la voluntad de Dios y así es la voluntad de Dios (Ro.12:1-2).
DANIEL CABARCOS


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