Persona y personalidad jurídica. Capacidad jurídica y capacidad de obrar



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PERSONA Y PERSONALIDAD JURÍDICA.

CAPACIDAD JURÍDICA Y CAPACIDAD DE OBRAR


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1. Persona y personalidad jurídica

En el ámbito jurídico el término “persona jurídica” hace referencia al sujeto de derecho, pero hay que tener en cuenta que el concepto de persona jurídicamente considerado es una creación del Derecho y alude al “individuo o entidad que ostenta derechos y obligaciones”. Cada ordenamiento jurídico establece quiénes son los destinatarios de las normas y, en consecuencia, quiénes pueden ser titulares de los derechos y deberes que esas normas establecen. Las normas que establecen quiénes pueden actuar jurídicamente pueden ser consideradas como un tipo de normas ónticas, pues aunque no siempre utilicen el verbo “ser” siempre pueden ser reducidas a expresiones de ese tipo.

No siempre ha bastado el hecho de ser hombre para ser considerado sujeto de derechos y obligaciones como pone de manifiesto la existencia en diferentes épocas y en diferentes países de la esclavitud. Además, también se ha considerado en ocasiones como personas a entidades formadas por un grupo de individuos o un conjunto de bienes.

El ordenamiento jurídico español regula la atribución de la condición de persona a los individuos en los artículos 29 a 34 del Código civil y a los conjuntos de individuos o bienes en los artículos 35 a 39 del mismo cuerpo legal.

La personalidad es también una creación del Derecho y se manifiesta en la capacidad para ser titular del conjunto de derechos y deberes atribuidos a un mismo ente y determina la capacidad para relacionarse jurídicamente, es decir, dentro de la personalidad jurídica podemos diferenciar entre la “capacidad jurídica” y la “capacidad de obrar”.

2. Clases de personas jurídicas: Persona física o natural y persona jurídica.
Tradicionalmente se vienen utilizando los términos persona física o natural y persona jurídica para designar, respectivamente, a la persona individual y a la colectiva, pero estrictamente hablando todas las personas son “personas jurídicas”. La persona física o natural es el sujeto individual que es titular de derechos y obligaciones, porque así lo establece el ordenamiento jurídico, mientras que la persona jurídica es la agrupación de personas o bienes, que son también, como las personas físicas, titulares de derechos y obligaciones, porque así lo establece el ordenamiento jurídico. Ésta es una concepción de la persona natural y jurídica de carácter formal, porque su fundamento es normativo, pero no constituye la única posible formulación teórica posible, ya que existen diferentes “teorías” sobre la naturaleza de la persona jurídica.



2. Conceptos


Además de la concepción establecida anteriormente, la teoría normativista de Kelsen es una teoría formalista, que considera que las personas jurídicas, tanto individuales como colectivas, son un conjunto de obligaciones jurídicas y derechos subjetivos, cuya unidad se expresa metafóricamente en el concepto de persona. Como las obligaciones y los derechos se remiten siempre a las normas jurídicas que las establecen, en realidad, toda persona, sea física o colectiva, no es sino la unidad de un conjunto de normas. Frente a la concepción anterior, que considera que la persona, en sentido jurídico, es una creación del Derecho, para Kelsen la persona es una “creación de la ciencia del Derecho” para facilitar la descripción de la realidad jurídica.

Las concepciones no formalistas sobre la naturaleza de la persona jurídica consideran que existe algún tipo de substrato previo a las normas jurídicas y que el orden jurídico debe tener en cuenta. En el caso de la persona física o natural estas teorías admiten el fundamento ético de la dignidad y libertad del hombre, por lo que todo hombre debe ser considerado persona jurídica. En el caso de las personas jurídicas de lo que se trata es de comprender cómo una entidad que no es un hombre puede ser titular de derechos y obligaciones y actuar jurídicamente. Algunas teorías sólo reconocen la cualidad de sujeto de derecho a la persona física o natural y consideran que cuando una colectividad actúa jurídicamente no es ese conjunto sino los individuos que la componen o representan los que actúan jurídicamente como sujeto de derecho.

Por el contrario, desde otros puntos de vista se reconoce la condición de sujeto de derecho a las personas jurídicas, aunque desde justificaciones diferentes. Según la teoría de la ficción jurídica (que se remonta al Derecho romano, pero fue reelaborada por la ciencia jurídica del siglo XIX y, especialmente, por Savgny), el hombre es el único sujeto de derecho, por lo que la persona jurídica no tiene existencia real, sino que se trata de una ficción creada y utilizada por el Derecho para resolver la necesidad práctica de que las colectividades actúen en el tráfico jurídico.

La teoría de la voluntad, defendida por O. von Gierke o G. del Vecchio sostiene que esa colectividad posee una voluntad independiente de sus miembros y que el substrato de esas personas jurídicas es la voluntad social, que preexiste a la atribución por el Derecho de esa condición de persona jurídica. La teoría del interés, formulada por R. von Ihering, considera que la persona jurídica es una construcción jurídica con fines prácticos, ya que un colectivo puede también tener intereses que el Derecho debe reconocer y proteger. La teoría de la institución de M. Hauriou mantiene que la persona jurídica es una institución que constituye una unidad de fines o actividades en torno a la cual se reúnen un grupo de hombres interesados en su concreción.

Por último, Hart establece que la expresión persona jurídica no hace referencia a hechos, como consideran las teorías anteriores, sino a una “construcción lógica”, por lo que se trata más bien de una “técnica del lenguaje jurídico” que facilita el trabajo de los operadores jurídicos.

3. Manifestaciones de la personalidad jurídica.

3.1 Capacidad pasiva (capacidad jurídica); 3.2 Capacidad jurídica activa (capacidad de obrar).

Como la persona, en el ámbito jurídico, la personalidad es también una creación del Derecho y se manifiesta en la capacidad para ser titular del conjunto de derechos y obligaciones atribuidos a un mismo ente y determina su capacidad para relacionarse jurídicamente. De ahí que dentro de la personalidad podamos diferenciar dos tipos de capacidades, la capacidad jurídica y la capacidad de obrar.

La capacidad jurídica consiste en una atribución genérica que el ordenamiento jurídico hace a las personas físicas o naturales y jurídicas de la condición de sujeto de derecho, ya que atribuye la titularidad de derechos y obligaciones.

Sin embargo, la capacidad de obrar supone la atribución por el ordenamiento a las personas físicas o naturales y jurídicas de la capacidad de actuar jurídicamente, cuáles son las acciones jurídicas que los sujetos pueden realizar.

En consecuencia, la capacidad jurídica se refiere a la titularidad, mientras que la capacidad de obrar se refiere al “ejercicio” de derechos y deberes, por lo que puede producirse la situación de que una persona sea titular de un derecho, pero sea incapaz para ejercitarlo, tanto en el caso de las personas físicas como en el caso de las personas jurídicas.

En el caso de las personas físicas hay que distinguir entre la falta de capacidad (que tiene su fundamento en la inmadurez psíquica del sujeto, por lo que los ordenamientos establecen una determinada edad a partir de la cual el sujeto adquiere la plena autonomía para actuar jurídicamente) y las causas de incapacidad (que tienen su fundamento en circunstancias subjetivas que afectan a la razón o voluntad del sujeto). Para suplir la imposibilidad del sujeto de actuar jurídicamente por sí mismo, el derecho ha previsto la institución de la representación.

En el caso de las personas jurídicas, la imposibilidad para obrar deriva de su propia naturaleza como colectividades de personas o de bienes, que impide que se manifieste ninguna voluntad a no ser por medio de una persona física. Según algunos autores, las personas jurídicas son consideradas como sujetos incapaces y por eso su voluntad debe ser suplida por medio de la institución de la representación. Según una teoría más reciente, las personas físicas que suplen la voluntad de las personas jurídicas no lo hacen en virtud de la institución de la representación, sino en virtud de la relación orgánica que se establece entre las distintas partes de una organización, se convierten en “órganos” de la persona jurídica y actúan como tales.

Para designar la capacidad de obrar de la Administración pública y de sus órganos se utiliza el término competencia.

También se utiliza el término para designar la capacidad de obrar de los órganos de las personas jurídicas.

En el ámbito del Derecho penal la capacidad se designa con el término imputabilidad o responsabilidad penal y en este sentido sólo se considera imputable o penalmente responsable al sujeto capaz y sólo a éste se le pueden aplicar las penas previstas para la comisión de delitos

Diferencia entre persona y personalidad

Persona y personalidad. De la psicología contemporánea

de la personalidad a la metafísica tomista de la persona

Martín Fhttps://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4099095.pdf

de MF Echavarría - ‎2010



I. Estado de la cuestión
En esta comunicación nos proponemos presentar brevemente las principales posturas de distintos representantes importantes de la psicología contemporánea sobre el tema de la relación persona-personalidad, poniendo de relieve sus bases filosóficas, para después dar una propuesta de solución basada en la metafísica de la persona de Tomás de Aquino.
Desde el punto de vista histórico, la psicología contemporánea está construida en oposición a una, supuestamente estéril, “psicología metafísica” de tiempos anteriores1. Por este motivo, es relativamente raro que los psicólogos, aun aquellos que se dedican a la investigación, expliciten los principios filosóficos que subyacen a sus teorías.
Es más frecuente, por el contrario, que los filósofos se interesen por las teorías psicológicas, tendencia que se ha ido acrecentando en las últimas

décadas, especialmente en ámbito anglosajón, con los estudios de filosofía de la psicología y de filosofía de la mente , que, a sabiendas o no, cubren el espacio del clásico tratado De anima. 1
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1. Cf. W. WUNDT, Compendio di Psicologia, Claudio Clausen, Torino, 1900, 5:

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Las dos principales direcciones de la psicología [...] son: la metafísica y la empírica.”; “La psicología metafísica da generalmente un valor mínimo al análisis empírico, y a la causal conexión de los procesos psíquicos. Considerando ella la psicología como parte de la filosofía metafísica, su intención principal es lograr una determinación del ‘ser del alma’, que esté de acuerdo con la compleja concepción universal del sistema metafísico, en el que se incluye la psicología”; “De la lucha contra esta última dirección ha nacido la psicología empírica. Ella, donde es consecuentemente desarrollada, se esfuerza por reconducir los procesos psíquicos a conceptos que son directamente tomados de la conexión de estos procesos, o de ayudarse de procesos bien determinados y simples para derivar de su cooperación otros procesos más complejos.” (Traducción nuestra). 2


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2 Espíritu LIX (2010) · nº 139 · 207-247
No obstante lo cual, en los desarrollos teóricos de la psicología contemporánea se encuentra, como no podía ser de otra manera, muchísima filosofía encubierta que, por no ser explícitamente tematizada, suele ser de baja calidad, ecléctica e incluso contradictoria.

Las raíces filosóficas de la mayor parte de las teorías psicológicas actuales son empiristas, (neo) positivistas, pragmatistas y evolucionistas, especialmente las de ámbito anglosajón. Pero también coexiste con ésta una tendencia, más europea continental, especialmente influenciada por la filosofía alemana de los últimos doscientos cincuenta años (de Kant a Heidegger). Algunas de estas influencias (como la de Nietzsche) se complementan con facilidad con las anglosajonas.

Otras, se contraponen en puntos importantes con ellas. En todo caso, en casi todas ellas se observa un rechazo de la metafísica, por lo menos de la llamada “tradicional”, junto con la cual cae el concepto de persona.
a) Descendiendo ya al tema de la relación entre persona y personalidad, se debe decir que, en la psicología contemporánea predominan dos tipos de postura: a) La de aquellos que identifican persona y personalidad, y que en general derivan, directa o indirectamente de la tradición filosófica empirista;
b) La postura (más que rara entre los psicólogos) de quienes no sólo las distinguen sino que las separan tan radicalmente que parecería que la persona es una mónada inmutable e intangible de la que no tenemos experiencia, postura que se enraíza en la tradición filosófica del racionalismo y del kantismo. Gordon Allport (fundador de la primera cátedra de Psicología de la Personalidad, en la Universidad de Harvard) plantea esta alternativa recurriendo a la distinción hecha por William James entre yo conocidon empírico o fenoménico) y yo cognoscente (yo puro, para James inexperimentable, un mero postulado)3: Surge este interesante problema cuando nos preguntamos:

¿Quién es el yo que conoce al yo corporal, que tiene una imagen de mí y posee el sentido de identidad, que conoce los impulsos y tendencias que tengo yo?”



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2. Cf. K. R. POPPER - J. C. ECCLES, The Mind and its Brain, Routledge, London - New York, 1977; M. BUNGE, The Mind-Body Problem. Pergamon, Oxford, 1980; J. Searle, Mind: A Brief Introduction, Oxford University Press, New York, 2004. Desde perspectiva tomista, cf. J. J. SANGUINETI, Filosofía de la mente. Un enfoque ontológico y antropológico, Palabra, Madrid, 2007.

Una selección de textos de autores capitales en torno a la filosofía de la mente, se puede encontrar en D. ROBINSON, The mind, Oxford University Press, Oxford – New York, 1998.

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Yo sé todas estas cosas y, lo que es más, sé que las sé. Pero ¿quién es este yo que sabe estas cosas? Son innumerables los filósofos que se han devanado los sesos rumiando este problema. No nos proponemos examinar aquí esta cuestión. Nos limitaremos a exponer brevemente los dos puntos de vista opuestos. 3
El filósofo Emmanuel Kant afirmaba que nunca experimentamos el yo conocedor del mismo modo que el yo objeto (proprium). El sí mismo conocedor es un yo trascendental o puro, que existe y abarca, pero no es abarcado. Vemos algo de su sombra, pero nada más. La solución opuesta, presentada por William James y John Dewey, entre otros, sostiene que no existe un conocedor sustantivo distinto del proceso de conocimiento. Cada momento de conciencia se imbrica con el momento previo y el conocedor está de algún modo sumergido en lo que es conocido. Únicamente cuando detenemos el proceso normal del conocimiento y reflexionamos sobre el mismo nos imaginamos que existe este problema. El conocedor no es otro que el propio organismo. 4
Este tema, como se ve, contiene muchos aspectos, de los cuales uno de no menor importancia es el del yo y la identidad personal. Aquí no podemos abordarlo en modo directo, por lo que remitimos a lo que ya se ha escrito sobre el mismo5. Más allá de cierta imprecisión Persona y personalidad filosófica e histórica en las afirmaciones de Allport, lo válido de ellas es la distinción entre las dos soluciones predominantes en la psicología contemporánea, que antes mencionamos: la completa identificación entre persona y personalidad, o su separación radical. Analizare mos en esta sede cada uno de estos casos. 5
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3. Cf. W. JAMES, The Principles of Psychology, Encyclopædia Britannica, Chicago, 2003, 259: “The only pathway that I can discover for bringing a more transcendental thinker would be to deny that we have any direct knowledge of the thought as such. The latter’s existence would then be reduced to a postulate, an assertionthat there must be a knower correlative to all this known; and the problem who thatknower is would have become a metaphysical problem.”

4. G. W. ALLPORT, Pattern and growth in personality, trad. esp. La personalidad. Su configuración y su desarrollo, Herder, Barcelona, 1986, 162-163.

5. Especialmente a mi artículo: M. F. ECHAVARRIA, “Memoria e identidad según santo Tomás”, Sapientia, LVII

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II. Personalidad y carácter
A pesar de que los autores europeos de principios del siglo XX usaban frecuentemente el término carácter, en la psicología norteamericana, especialmente a partir de Gordon Allport, se prefirió hablar de “personalidad”. El predominio teórico y práctico de la psicología americana en los últimos cincuenta años ha llevado a que el término carácter caiga en desuso en los libros de psicología y a que hoy, especialmente en medios académicos, sólo se hable de personalidad, a pesar de una

importante tendencia reciente a rehabilitar el uso del término carácter 6.

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6. M. E. P. SELIGMAN, La auténtica felicidad, Vergara, Córdoba, 2003, 177:

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Gordon Allport, padre de la teoría moderna de la personalidad, empezó su carrera como asistente social con el objetivo de ‘fomentar el carácter y la virtud’. Sin embargo, a Allport estos términos le resultaban irritantemente victorianos y moralistas, por lo que consideró necesario un término científico moderno desprovisto de valoraciones subjetivas. ‘Personalidad’ tenía un tono científico neutral perfecto. Para Allport y sus seguidores, la ciencia debía limitarse a describir los hechos objetivos en vez de recomendar cómo deberían ser. Personalidad es un término descriptivo, mientras que carácter es preceptivo.


Así, los conceptos cargados de moralidad, como carácter y virtud, se introdujeron, como de contrabando, en la psicología científica bajo el barniz suave del concepto de personalidad. / Sin embargo, el concepto del carácter no desapareció por la sencilla razón de que ideológicamente no sintonizaba con el igualitarismo norteamericano.
Si bien la psicología del siglo XX intentó eliminar de sus teorías el concepto de carácter, la ‘personalidad’ de Allport, los conflictos del inconsciente de Freud, el salto de Skinner más allá de la libertad y la dignidad, y los instintos postulados por los etólogos, ello no tuvo ningún efecto en el discurso común sobre la conducta humana. El buen y el mal carácter siguieron firmemente arraigados en nuestras leyes, nuestras políticas, nuestra forma de educar a los hijos y en nuestro modo de hablar y pensar sobre por qué la gente hace lo que hace. 7
Toda ciencia que no utilice el carácter como idea básica –o por lo menos explique con acierto el carácter y la capacidad de elección– nunca será aceptada como ilustración útil de la actividad humana. Por ello considero que ha llegado el momento de resucitar el carácter como concepto central del estudio científico del comportamiento humano”.
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7 Cf. también CH. PETERSON - M. E. P. SELIGMAN, Character Strengths and Virtues: A Handbook and Classification, Oxford University Press, Oxford, 2004.

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Allport argumentaba contra el uso del término carácter por su presunta carga moral: se habla de “buen” o “mal” carácter, pero no de buena o mala personalidad. Personalidad y carácter designarían la misma realidad, pero “personalidad” lo haría en modo neutral, mientras que “carácter” agregaría a “personalidad” la valoración moral. Como la psicología es una ciencia, en el sentido empírico del término, debería prescindir de la perspectiva moral 7.
Sin embargo, el término personalidad es cualquier cosa menos neutral. Si el término carácter tiene un trasfondo moral, personalidad tiene uno metafísico y teológico muy fuerte. Los teólogos clásicos, como santo Tomás, usaban la palabra “personalitas” para referirse al abstracto de persona o a la perfección por cuya posesión nos constituimos en personas, lo que se suele llamar el “constitutivo formal” de la persona 8.
La palabra personalidad tiene una conexión etimológica, y también teórica, evidente con la palabra “persona”. El mismo Allport lo pone de manifiesto al pasar en su texto inadvertidamente de usar la palabra persona a personalidad9. Allport se expresa a este respecto de modo muy ambiguo.

Parecería como si la palabra persona y la palabra personalidad se refirieran a la misma realidad. Allport define a la personalidad como “la organización dinámica, en el interior del individuo, de los sistemas psicofísicos responsables de su conducta y pensamiento 9

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7. G. W. ALLPORT, Pattern and Growth in Personality, trad. esp. La personalidad. Su configuración y su desarrollo, Herder, Barcelona, 1986, 51-52.
8. S. TOMAS DE AQUINO, In I Sent., d. 5, q. 1, a. 2, co.: “nomen personae imponitur a proprietate communi, quae dicitur personalitas”; ibidem., d. 19, q. 3, a. 2, ad 1: “Sed adhuc magis proprie dicitur in divinis Filius in Patre, etiam ex parte relationis, quam in humanis; quia Filius ex ipsa relatione est persona subsistens; sua enim relatio est sua personalitas, quod in aliis rebus non contingit”; ib., d. 23, a. 4, ad 4: “sed nomen personae imponitur a forma personalitatis, quae dicit rationem subsistendi naturae tali; et ideo ubi sunt plures subsistentes, sunt plures personalitates

et plures personae”; etc.
9. G. W. ALLPORT, Pattern and Growth in Personality, 43-44: “La palabra “personalidad” y su primitivo “persona” han suscitado durante mucho tiempo el interés de

los lingüistas. [...] / La palabra personalidad (personnalité en francés, personality en inglés, Persönlichkeit en alemán) se parece estrechamente al latín medieval personalitas.

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Persona y personalidad
En el latín clásico sólo se usaba persona. Todos los autores concuerdan en afirmar que el significado primitivo de esta palabra era máscara. [...] Pero persona, incluso en tiempos antiguos, pasó a significar otras cosas, entre ellas el actor que la máscara ocultaba, es decir, el verdadero conjunto de cualidades internas y personales”. característicos.” 10


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