Parto Humanizado ¿Atención no hegemónica en salud materna?



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Ana Cristina Alfaro Barbosa

ALAS 5015. Costa Rica.



Parto Humanizado ¿Atención no hegemónica en salud materna?

Presenta: Ana Cristina Alfaro Barbosa

(Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales, CIESAS-Occidente, México)

Resumen

En el texto se discuten las alternativas de atención de la salud materna que se están generando en la ciudad de Guadalajara, como reacción a la inconformidad por las prácticas médicas hegemónicas; lo que se inserta en una discusión actual para tipificar la violencia obstétrica en la ley del estado de Jalisco. Se presentarán a los actores claves así como a las mujeres que buscan estas alternativas.

Introducción.

Durante el 2012 colaboré en un proyecto de investigación relacionado con la salud materna y el Seguro Popular1, gracias al cual tuve la oportunidad de trabajar con parteras rurales, empíricas o tradicionales; así como con mujeres que a pesar de tener acceso gratuito a la atención clínica de la salud materna a través del Seguro Popular, preferían atender su embarazo y parto con las parteras. Una vez terminado el trabajo de campo, regresé a Guadalajara, la ciudad donde vivo, y comencé a observar todo un movimiento que se está gestando en razón de retomar algunas prácticas de la partería tradicional y del rechazo a la medicalización del embarazo y del parto. Al poco tiempo me enteré que a estas prácticas se les llama “Parto Humanizado”, aunque también responden a otros nombres, como “Parto Respetado”, “Parto biologizado”, “parto no medicalizado”, entro otros. Con más inquietudes que certezas, preparé un proyecto de investigación para tramitar mi ingreso al doctorado en Ciencias Sociales, el cual comencé a mediados del 2014. En mayo del 2015 comencé el primer periodo de trabajo de campo, de cuatro meses. En este periodo me he encontrado con que el movimiento del parto humanizado es mucho más grande y diverso de lo que pensaba, y tiene repercusiones en diferentes latitudes, sobre todo en las principales ciudades de América Latina, y en algunos países europeos, como España.

El parto humanizado implica que “el control del proceso lo tenga la mujer, no el equipo de salud; requiere de una actitud respetuosa y cuidadosa, calidad y calidez de atención, estimular la presencia de un acompañante significativo para la parturienta (apoyo afectivo- emocional). En suma, la mujer debe ser el foco en la atención maternal; los servicios ofrecidos deben ser sensibles a sus necesidades y expectativas” (Muñoz en Sadler, 2003: 13).

Mi tesis doctoral se centra en las motivaciones, procesos y negociaciones personales, familiares y sociales a las que recurren las mujeres que buscan alternativas para la atención de la salud materna. Esto es importante porque a través del discurso del parto humanizado -entre otras particularidades que se explicarán más adelante- se plantea que la mujer debe tomar las decisiones relacionadas con su embarazo y su parto; rompiendo con la verticalidad del proceso clínico de salud materna, en cual las mujeres tienen poca injerencia en su atención y la de sus bebés; posibilidad que les fue arrebatada por el médico a través de la hospitalización del parto. Considero que en la práctica esto no es así, ya que la decisiones relacionadas con la salud materna responden a necesidades de género, culturales, políticas y sociales; y en el proceso intervienen distintos actores cercanos a la mujer, como la pareja, familia cercana, doula, médico, partera, entre otros.


En este texto se recopilan las reflexiones suscitadas después de un primer periodo de trabajo, a través del cual busqué bosquejar la situación de las alterativas de atención a la salud materna en Guadalajara; la cual no se puede explicar sin tomar en cuenta la historia y situación de la partería y la obstetricia en México.

Desarrollo.

Antes de la medicalización y hospitalización de los partos, las mujeres parían con ayuda de otras mujeres, llamadas parteras o comadronas, quienes eran poseedoras de un conocimiento tradicional y cultural transmitido de generación en generación. A las parteras tradicionales o empíricas, aún las encontramos en contexto rurales, donde su profesión se ha mantenido por necesidad social o cultural de su entorno. Desde mediados del siglo XX, en México se vivió una estigmatización de la partería como un proceso paralelo a la legitimación del parto hospitalario, cuyos efectos fueron contundentes en las ciudades y se hacen cada vez más latentes en las zonas rurales.
La institucionalización del parto hospitalario respondió a una lógica estatal y estructural de la medicina y la política. Sin embargo, también se debió al estatus buscado por los médicos, quienes intentaban destacar ante los europeos y demostrar que en México el avance médico había logrado erradicar el trabajo de parteras, hierberos y curanderos.
“Los obstetras y los clínicos mexicanos en el único espejo que querían verse era en la tradición europea. Frecuentemente buscaban distinguirse de las parteras empíricas y de otras prácticas. El afamado obstetra Juan María Rodríguez era uno de los que quería borrar todo nexo entre las parteras y los médicos. Según él, éstas eran mujeres de nuestro pueblo, incapaces, que corrompían el arte de los partos haciéndolo aborrecible. Les preocupaba que los errores de esas mujeres se conocieran en el extranjero.” (Cházaro, 2011: 7)
Los obstetras contaban con la legitimidad estatal, lo que permitió que su poder se expandiera bajo el discurso de la modernidad, la civilidad y el desarrollo. Su lucha constante era contra el conocimiento y los actores relacionados con la medicina tradicional, principalmente las parteras, quienes contaban con el apoyo de su comunidad, pero con menos recursos estratégicos que los obstetras. Este poder de los biomédicos y especialistas, entendido en términos de Richard Adams, como “la capacidad de ejercer influencia sobre actores o unidades operativas, con base en el control sobre recursos estratégicos” (en de la Peña, 1986: 33), permite que sus nociones de cuidado y tratamiento de la salud materna, se divulguen y sean aceptadas, principalmente en los contextos urbanos.
La prohibición de la partería y legitimación del parto hospitalario, son procesos paralelos al establecimiento del Estado Nación, a través del discurso y programas relacionados con el cuerpo se pretende la formación ciudadana. Su aceptación sería un indicador del éxito del procesos de ciudadanización y del progreso logrado,
“Los Estados-nación ocupados a su turno en la definición de su campo de acción, deben concretar su acción y objeto de gobierno en lo competente a la vida de los nacionales, a los recursos y al territorio de la nación (…) Las formas estatales fueron adoptando un marcado carácter biopolítico.” (Pedraza, 2004: 10-11)
La institucionalización de la obstetricia es una muestra de autoridad y gobierno así como de las formas de ejercer el poder; donde intervienen procesos políticos locales, nacionales e internacionales que visibilizan el dominio ideológico y físico a través de arquetipos como el patriarcado (Corrigan, 2002). Así, se logra establecer un dominio ideológico que se manifiesta a través de la hegemonía de la obstetricia para la atención de la salud materna, y por lo tanto de intervención de los cuerpos femeninos en trabajo de parto.
Pero esta hegemonía no es estática ni delimitante, muestra las formas del estado que oprimen pero también dan poder, nos habla de conflictos y de rupturas (Sayer, 2002). En este sentido, “las mujeres cada vez tienen un mayor control sobre sus cuerpos y en particular sobre su capacidad reproductiva, y por otra, la vivencia misma de la maternidad se ha diversificado.” (Torres, 2005: 16) Muestra de ello, es la atención humanizada y la partería urbana que está resurgiendo en varias ciudades de Europa y América, México incluido. La mujer comienza a apropiarse de su cuerpo y de las decisiones de su intervención en el momento del parto; buscando concientizar y arrebatar el poder de los obstetras y del Estado sobre ellas.

Esta ruptura con la hegemonía es signo de su fragilidad, si se analiza en términos de William Roseberry como un proceso político debatido, de dominación y lucha. Entendiendo la hegemonía como lucha y resistencia y no sólo como consenso: “lo que la hegemonía construye no es, entonces, una ideología compartida, sino una marco común material y significativo para vivir a través de los órdenes sociales caracterizados por la dominación, hablar de ellos y actuar sobre ellos.” (Roseberry, 2002 :220)



La emergencia del parto humanizado y la lucha contra la medicalización protocolaria de la salud materna, revitaliza el papel de la mujer ante las decisiones que se toman sobre su cuerpo, así como el de la partería en el contexto urbano. Su lucha se enfoca en romper la verticalidad del proceso clínico de salud materna, sin embargo estas alternativas de atención aún son pocas y costosas, sólo aquellas con ciertas posibilidades económicas pueden acceder a ellas; lo que convierte a la práctica del parto humanizado en una práctica de clase.
Parto Humanizado

La humanización del parto en México se basa en los estatutos de la OMS y de la NOM007; piden una atención no protocolaria, enfocada a erradicar lo que han llamado la violencia obstétrica, la cual:


“se presenta en el proceso del embarazo, parto y puerperio, y tiene dos modalidades. Física, consiste en prácticas invasivas, suministro injustificado de medicamentos y falta de respeto a los tiempos y posibilidades de un parto. Y psicológica, implica un trato deshumanizado, grosero, discriminación y humillaciones hacia la mujer”. (GIRE, infografía http://www.gire.org.mx/)
La violencia obstétrica es difícil de medir –como sucede con cualquier otro tipo de violencia-, además hay procedimientos normalizados por el personal médico y aceptados por las mujeres sin cuestionar, bajo la premisa de mantener a salvo su vida y la de sus bebés. Con la sobre medicalización se refieren al excesivo número de cesáreas, -en Jalisco el 50% de los nacimientos se atienden por cesárea-, las episiotomías como procedimiento habitual, la inyección de oxitocina, entre otros. Ante esto, proponen una atención del parto, en la cual la tecnología y la medicina se utilicen sólo cuando sea necesario y con el fin de resguardar la salud de la madre y / o del bebé.
En los últimos años, en Guadalajara ha aumentado de forma exponencial el número de este tipo de grupos de atención a la mujer embarazada y el parto; ofrecen yoga prenatal, psicoprofilácticos, cursos de preparación para el parto y el nacimiento, entre otros. En todos ellos ofrecen la asesoría de doulas que acompañan a la pareja en el embarazo y el parto; si es que así lo desean y tienen los recursos para cubrir su salario. También cuentan con un registro de los médicos que están a favor del parto, y le recomiendan a la mujer cambiar de doctor si sospechan que éste se inclina más hacia las cesáreas. Además hay tres hospitales que permiten el parto en agua y el parto respetado. Una de las parteras me explicó que no en cualquier hospital pueden atender nacimientos, ya que al respetar los tiempos del parto éste es más tardado que el medicalizado, por lo que ocupar el espacio tanto tiempo implica un pérdida económica para el hospital.
Las redes sociales, como el Facebook, han sido una de las principales herramientas de promoción para estos grupos, quienes se promocionan en diferentes páginas dedicadas al embarazo y el parto e invitan a pláticas gratuitas donde en una hora abordan diferentes temas como la violencia obstétrica y el parto humanizado. En estas pláticas insisten en el alto índice de cesáreas, las episiotomías, oxitocina y anestesia; así como en la repercusión de estas prácticas. Hablan de que es necesario que la mujer “se empodere” a través de la información y la toma de decisiones. Insisten en que es necesario romper con la relación de poder entre el personal médico y la mujer embarazada. Sin embargo, a través de las entrevistas realizadas con diversas mujeres que han acudido al parto humanizado para su atención, he podido corroborar que no es que a través de estas alternativas la mujer tenga el poder sobre lo que sucede con su cuerpo, sino que se lo transfiere a una figura en la que ella deposita su confianza, a sabiendas de que se respetará el tiempo de su parto, y que no habrá una intervención medicalizada que no sea necesaria. Así, la salud de la mujer está en manos de la partera o del médico “humanizado”, quien le otorga a la mujer la confianza de que se hará lo mejor para ella y su bebé.
El actor principal en la lucha y promoción del parto humanizado son las doulas, La palabra doula, proviene del griego antiguo y hace referencia a una esclava o sirvienta de una gran casa. Son mujeres, hayan sido madres o no, que acompañan y aconsejan a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, proveen de información o les dicen dónde buscarla, para que tomen una decisión adecuada para ella y su bebé. Es importante mencionar que las doulas no reciben al bebé, su labor reside en apoyar a la mujer a través de ejercicios para apoyar el trabajo de parto así como de relajación. Algunas de las doulas que trabajan en Guadalajara tienen certificación nacional o internacional, pero muchas otras han adquirido experiencia a través del trabajo y la preparación continua, y no cuentan con certificación ante la falta de recursos económicos para pagarla.

Normalmente las parejas conocen a las doulas durante el embarazo, ya sea en una plática de promoción del parto humanizado o en los cursos de preparación para el parto así como en los psicoprofilácticos. Se pretende que haya empatía entre la pareja y la doula, por lo que en cada grupo hay mínimo tres doulas para elegir. El costo de la doula depende del grupo al que pertenezca, pero su presencia durante el parto suele rondar entre los cuatro y cinco mil pesos (alrededor de 300 dólares). Si pensamos en los gastos que tiene una pareja que espera a un bebé, acceder a los servicios de una doula se convierte en un lujo; aunque al conocer los beneficios de su actividad, muchas parejas llegan a verlo como un lujo necesario; otros prescinden de sus servicios por falta de recursos. Cabe reconocer que en Guadalajara un grupo de doulas hace labor social en un hospital público; a pesar de que al inicio -hace alrededor un año- no les permitieron entrar al área del hospital y se restringían a apoyar a las mujeres que en las afueras del hospital esperaban que les dieran el ingreso, poco a poco el personal médico ha visto los beneficios de su presencia, a tal grado que actualmente les permiten entrar hasta las salas de expulsión. Sin embargo, son pocas las doulas dispuestas a ofrecer su trabajo de forma gratuita, y sólo tienen presencia en unos pocos turnos. Aunado a esta experiencia, hay varias doulas que opinan que no se debe hacer negocio con la salud de las mujeres y no están de acuerdo en que sólo las mujeres con cierta posición económica puedan acceder a un parto humanizado, por lo que apoyan a mujeres sin recursos, les dan cursos de preparación a muy bajo costo y las acompañan a la puerta de los hospitales públicos, y cuando el trabajo de parto ya está avanzado les indican que entren al hospital. Así evitan que les realicen una cesárea innecesaria y se disminuye el tiempo de estancia de la mujer en el hospital y por lo tanto la posibilidad de que acceda a una medicalización inoportuna.

Pese a los esfuerzos de estas pocas doulas que buscan acercar el parto humanizado a mujeres de bajos recursos, a éste acceden sólo quienes tienen cierto tipo de recursos. El primero de ellos, sin lugar a dudas, es la posibilidad de pagar los servicios de una doula, así como los honorarios del personal médico; los precios varían mucho, pero los servicios de doula más personal médico puede ir desde15,000 pesos hasta los 32,000 (900-2000 dólares americanos). Más el precio del hospital, aunque pueden elegir parir en casa, pero si hay una complicación y es necesario trasladarse al hospital, es necesario tener los recursos necesarios para cubrir los gastos.

Sin embargo, uno de los recursos más importantes para vivir un parto humanizado es el acceso a la información. Es decir, tener la información necesaria para poder elegir entre una atención clínica o una no medicalizada. Lo que he visto en el trabajo de campo, es que las mujeres que buscan alternativas tienen cierto nivel educativo (licenciatura o carrera técnica), así como acceso a las redes sociales donde buscan que se les respondan sus dudas. Sin embargo muchas de ellas buscaron información ante una necesidad: quieren parir. Ellas ven que las mujeres a su alrededor se alivian por cesárea, ante el temor de que a ellas les suceda lo mismo comienzan a buscar en la red, hasta que dan con la opción del parto humanizado.

Los grupos de personal que atienden el parto humanizado en Guadalajara son muchos y diversos –hasta agosto del 2015 identifiqué 18-, y a pesar de tener una “lucha en común”, difieren en ideología y práctica. Hay grupos que se caracterizan por llevar al extremo la idea de un parto; otros optan por medicalizar cuando sea necesario, priorizan no sólo la salud física de la madre y el bebé, sino también su situación emocional, es decir, intervienen cuando sea necesario, aceptando que los avances médicos tienen una razón de ser y acudiendo a ellos cuando el progreso del parto así lo indique.

Conclusiones.

Sin lugar a dudas la medicalización del parto ha salvado muchas vidas, tanto de madres como de bebés; sin embargo, esto ha llevado a una atención estandarizada del parto, donde no se toma en cuenta las necesidades particulares físicas, culturales y emocionales de cada mujer. Esto ha provocado que la atención del parto, antes un evento social y cultural a manos de parteras tradicionales, sea visto como un suceso médico atendido a través de protocolos. El excesivo número de cesáreas que se están realizando en Guadalajara, ha llevado a muchas mujeres a buscar la opción del parto a través de grupos que abogan por su humanización. Sin embargo, estas opciones aún no están al alcance de cualquier mujer, en general son poco accesibles económicamente –aunque no quiero menospreciar el trabajo de algunas doulas y parteras que buscan que esta práctica llegue a cualquier mujer sin importar su condición económica-. Ahora parir parece una empresa a la que no cualquier mujer accede; ahora resulta que parir puede ser más caro que una intervención quirúrgica; ahora resulta que parir es sólo para unas cuantas; ahora resulta que parir en libertad es un lujo.



Bibliografía.

Cházaro, Laura (2011) Políticas del conocimiento: los silencios de los obstetras mexicanos sobre las razas y los sexos, fines del siglo XX”, en Nuevo mundo Nuevos Mundos. Recuperado de http://nuevomundo.revues.org/61053;DOI:10.400/nuevomundo.61053

Corrigan, Philiph (2002) “La formación del Estado”, en Gilbert M. Joseph y Daniel Nugent (comp.) Aspectos cotidianos de la formación del Estado. México: ERA. Pp: 25-31

De la Peña, G. (1986). Poder local, poder regional: perspectivas socioantropológicas. Jorge Padua y Alain Vaneph, Poder local y poder regional, El Colegio de México/CEMCA, México DF, 27-56.

Pedraza, Zandra (2004) “El régimen biopolítico en América Latina. Cuerpo y pensamiento social” en Iberoamericana, Nueva Época, Año 4. No.15, Pp. 7-19.


Roseberry, W. (2002) Hegemonía y lenguaje contencioso. Gilbert Joseph y Daniel (comps.), Aspectos cotidianos de la formación del Estado. La revolución y la negociación del mando en el México moderno, Era, México.
Sadler, Michel (2003) “Así me nacieron a mi hija. Aportes antropológicos para el análisis de la Atención Biomédica de parto Hospitalario”, Tesis para optar el título de Antropóloga Social, Universidad de Chile.
Sayer, Derek (2002) “Formas cotidianas de formación del estado: algunos comentarios disidentes acerca de la “hegemonía”” en Gilbert M. Joseph y Daniel Nugent (comp.) Aspectos cotidianos de la formación del Estado. México: ERA. Pp:. 227-239
Torres, María de los Ángeles y Rubio, Severino (2013) La partería tradicional en la República Mexicana. Recuperado de http://maternidadsinriesgos.org.mx


1 Programa federal que pretende que todos los mexicanos tengan cobertura básica en salud.



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