Para Usos Internos y Didácticos Solamente



Descargar 402.43 Kb.
Página7/14
Fecha de conversión30.12.2018
Tamaño402.43 Kb.
Vistas92
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   14
Catálogo: files -> Historia
files -> Proyecto de educacion a distancia
files -> Currículo Vitae Datos personales
files -> “Santa María de los Buenos Aires”
files -> Programa del curso ps-3001 fundamentos fisioquímicos de la conducta II ciclo 2016 Sede Rodrigo Facio
files -> Introducción
files -> Universidad de Puerto Rico Recinto Universitario de Mayaguez
Historia -> Introducción a Teun Van Dijk: Análisis de Discurso
Historia -> Análisis Geográfico Regional 1º de bachillerato

2. Historia de la Iglesia Moscovita Antigua.


Los metropolitas rusos, tanto si eran griegos como si eran búlgaros, de la Rusia occidental (ucranianos) o de la Gran Rusia, siguieron el precedente que había sentado el metropolitano Kírill: pasaban la mayor parte del tiempo junto a los grandes príncipes de Vladimiro, y se trasladaron a Moscú cuando éstos la eligieron como su capital en el siglo XIV; no obstante, Kiev siguió siendo la sede titular de los metropolitas. El Patriarcado de Constantinopla era muy reacio a dividir la Iglesia rusa nombrando metropolitas independientes para los territorios rusos anexionados a Lituania y Polonia, algo que exigían los grandes duques de ambas naciones, amenazando a Bizancio con la posibilidad de hacer que sus súbditos se convirtieran al catolicismo latino.24 En ocasiones, Bizancio cedió a las presiones y hubo un número de casos de metropolitas independientes de Galitzia (Halicz) y Lituania (Novgorod) que aparecieron de manera fugaz a comienzos del siglo XIV, pero por regla general, Bizancio prefirió ver una Iglesia rusa única y unificada, cuyo metropolitano de Kiev residiera en Moscú. Resulta evidente que el Patriarcado ecuménico reconocía que en Moscú residía el mayor potencial ruso de autoridad y de firmeza en la fe.25

Fue también éste el período en que las ideas hesicastas llegaron a Rusia desde Grecia y produjeron una renovación espiritual que se expresó en los mayores logros de la iconografía rusa;26 la renovación monástica y una nueva ola de traducciones del griego, representadas fundamentalmente por figuras tales como los pintores de iconos Teófanes el Griego y san Andrés (Rublev), el maestro espiritual san Sergio de Rádonezh, y los escritores Epifanio el Sabio y Pacomio el Serbio, por nombrar tan sólo a unos pocos.


Beato Sergio de Radonezk.

A mediados del siglo XIV se fundó el gran monasterio de Troitse Serguievskaia. Su fundador el beato Sergio (en la vida mundana Bartolomé), era hijo de boyardos de Rostov, Cirilo y María, quienes se trasladaron a vivir más cerca de Moscú en Radonez. A los 7 años, Bertolomé comenzó sus estudios. Con mucha ansiedad deseaba el aprendizaje, pero ello no le resultó fácil. Apenado por esto día y noche pedía al Señor abrirle el aprendizaje de los libros. Cierta vez buscando en el campo caballos perdidos, vio debajo de un roble un desconocido anciano vestido de negro. El monje rezaba. El joven se acercó y relató su pena. Con atención escuchó al joven, y el anciano comenzó a rezar..por su ilustración. En tanto tomando un cofre, tomó un trozo de prosforá y bendiciendo con él a Bartolomeo, dijo: “Toma, joven y cómelo, — esto se te da como emblema de la benevolencia Divina y el entendimiento de las Sagradas Escrituras.” Bendición ésta que obtuvo el joven: el Señor le dio inteligencia, memoria y el joven comenzó a adquirir fácilmente la sabiduría de los libros.

Después de este milagro en el joven Bartolomeo se afianzó aún más el deseo de servir a Dios. Quiso aislarse como los antiguos beatos, pero el amor a los padres lo mantenía junto a la querida familia. Bartolomeo era tímido, taciturno y no hablador, era condescendiente con todos y cariñoso, no se exasperaba y mostraba una total obediencia a los padres.

Comúnmente sólo comía pan y agua y en los días de abstinencia no tomaba ningún alimento. Después de la muerte de los padres dejó la herencia para su hermano menor Pedro y junto con su hermano mayor Estéban fue a habitar a 10 verstas (medida de Rusia) de Radonez en un tupido monte cerca del río Conchúry. Los hermanos cortaban los árboles a mano y así construyeron una celda y una pequeña iglesia. Esta iglesia fue bendecida por el sacerdote enviado por el metropolita Feognósto, en honor de la Santísima Trinidad. Así se originó el famosísimo convento del beato Sergio.

Pronto Esteban dejó a su hermano y fue superior del monasterio “Bogoiavlensky” (o en ruso: “Aparición Divina”), en Moscú y padre espiritual del gran príncipe Bartolomeo, como monje con el nombre de Sergio, cerca de dos años habitó solo en el bosque. Es imposible imaginar cuantas tentaciones soportó durante este tiempo el joven monje, , pero con paciencia y oración logró sobrellevar todos los obstáculos. Jaurías de lobos rondaban su celda, , había osos, pero ningún animal le prodigaba daño. Cierta vez el beato del desierto le dio pan a un oso que se acercó a su celda, a partir de entonces el animal comenzó a visitar seguido al beato Sergio, quien compartía con él su ultimo pedazo de pan.

Por más que el beato Sergio trataba de ocultar sus devociones su reputación se divulgó y atrajo a otros monjes que deseaban la salvación bajo su orientación. Comenzaron a pedirle que tomara la bendición para sacerdote y abad. Sergio no lo aceptó durante mucho tiempo, pero sintió un perseverante pedido de una voz del Cielo que dijo: “Desearía obedecer que hacer obedecer, pero temiendo al juicio Divino me pongo a la voluntad de Dios.” Esto fue en 1354, cuando el beato Alexey comenzó como metropolita catedrático de Moscú.

La vida y obra del beato Sergio en la vida del monaquismo ruso tiene un especial significado porque inició la vida eremítica, de los ermitaños, organizando fuera de la ciudad el convento comunal. Organizado bajo nuevos parámetros el convento de la Santísima Trinidad, al comienzo tuvo que soportar grandes carencias; las “casullas” (en ruso —riza) eran de una tela común teñida, los utensilios eclesiásticos eran de madera, en el templo en lugar de velas iluminaban astillas, — pero los devotos ardían por su celo. El beato Sergio daba a la hermandad el ejemplo de gran abstinencia, profunda contrición y firmeza implacable en la ayuda de Dios. En los esfuerzos y hazañas iba él primero y la hermandad lo seguía.

Cierta vez el convento quedó sin reservas de pan. El mismo abad para conseguir ganar algunos trozos de pan, construyó un atrio para la celda de un hermano. En momentos de gran necesidad, por los rezos de la hermandad, inesperadamente llegaba piadosa ayuda. Luego de unos años de inaugurado el convento, campesinos comenzaron a poblar los alrededores. No lejos de allí, había una ruta hacia Moscú y al norte, por lo cual los ingresos del convento comenzaron a crecer, y al igual que el convento de Kievo Pechersky comenzó a prodigar limosnas y a aceptar bajo su protección enfermos y peregrinos.

Hasta Constantinopla llegaron las noticias acerca del beato Sergio, y el patriarca Filofey le envió su bendición y su decreto por el cual se aprobaban las nuevas reglas de la vida ermitaña comunitaria aplicadas por el fundador del convento de la Santísima Trinidad. El metropolita Alexis admiraba al beato Sergio, como amigo, le encomendaba reconciliar príncipes enemistados, le encargaba importantes facultades y lo preparaba como sucesor. Pero él rehusó este nombramiento.

Cierta vez el metropolita Alexis quiso condecorarlo con la cruz de oro por su trabajo pero Sergio contestó: “Desde la infancia no usé oro, a la vejez con más razón quiero mantenerme en la humildad” — y decididamente declinó de sí tal honor.

El gran príncipe Dimitry Ivanovich, llamado Donskoy, honraba al beato Sergio, como a un padre, y le pedía bendición para la lucha contra el jan tártaro Mamay. “Vé, vé con confianza príncipe y confía en Dios!” — le dijo el beato anciano y le dio a dos devotos monjes: Peresvéta y Oslábiu quienes perecieron como héroes en la batalla de Kulikov.

Durante su vida ya el beato Sergio realizaba milagros y era partícipe de sublimes confesiones. Cierta vez tuvo la aparición magnánima de la Madre de Dios con los apóstoles Pedro y Juan quién prometió Su protección al convento. Otra vez vio una luz inigualable y muchos pájaros llenando el aire con sus magníficos trinos, y tuvo la revelación, de que muchos monjes reunirá en su convento. Treinta años después de su beata desaparición (28 sep. 1392), se abrieron sus santas reliquias.

El convento de Troitse Serguievskaia se expandió en todas direcciones fundando muchos nuevos reductos. El convento englobaba como una red todo el norte y lo concentraba hacia la iglesia, y la parte central del gobierno de Rusia — Moscú. Durante su vida el beato Sergio organizó y coordinó conventos como Kiryátsky, (cerca del río Kiryáts, en el estado de Vladimir), Golutvín (en Colomno), Simonov en Moscú, Visotsky, cerca de Serpujóv, Boriso-Glebsky, cerca de Rostov, Dubénsky, en honor de la guerra de Kulikóv, Pokrófsky, cerca de Bopovscá, Avramiev cerca de Chijlomá.

Después de la desaparición del beato Sergio sus seguidores fundaron también conventos: como Sávvin Storoyevsky (cerca de Zvenígoroda), Zhelezno-bórsky (cerca de Gálich), Voscresensky, cerca de Obnor, al norte de la provincia de Iarosláv, Ferapóntov, Kirilóv-Belosersky y otros. Como amigo del beato Sergio, tenemos a san Esteban evangelizador del país de Perguí.

Bizancio, donde las repercusiones del hesicasmo produjeron un movimiento espiritual e intelectual al que Meyendorff llama “pre-renacimiento hesicasta,” estaba sentenciado a muerte tanto como organismo histórico que como entidad política. En sus intentos de última hora para detener la ofensiva otomana, apeló al papa en busca de ayuda. Éste prometió una cruzada paneuropea a condición de que la Iglesia Bizantina aceptara una unión religiosa y eclesiástica con Roma o, para ser más exactos, su subordinación. De muy mala gana y bajo las presiones de su emperador, Juan VIII, el patriarca ecuménico y sus obispos decanos, junto con Isidoro, el metropolitano búlgaro helenizado de Rusia, se trasladó a Florencia en 1439. En contradicción con las promesas que había hecho a los rusos de que no traicionaría a la Ortodoxia, la traicionó.27 En 1441 regresó a Moscú en calidad de cardenal romano y conmemoró al Papa en su primera y última liturgia en suelo moscovita. Aquella celebración supuso su arresto inmediato por orden de Basilio II, gran duque de Moscú. Como en las negociaciones que tuvieron lugar después del arresto no lograron convencerle de que renunciara a la unión, los rusos le permitieron que se escapara de Moscovia.28 A pesar de la condena que hicieron los rusos de la unión de Florencia, Basilio II rogó humildemente al patriarca ecuménico que les diera permiso para que a partir de entonces la Iglesia rusa pudiera elegir a sus propios metropolitas. Después de siete años de espera, en 1448, la Iglesia rusa rompió unilateralmente su afiliación a Constantinopla y eligió al obispo Jonás de Riazán como primer metropolitano autocéfalo.

El documento de Florencia y la respuesta al mismo por parte de Rusia tuvieron varias consecuencias de capital importancia:




  1. Aunque los griegos, que no habían recibido ayuda alguna ni del papado ni de ninguna nación europea, renunciaron a la unión con Roma, cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos en 1453, su ortodoxia se volvió sospechosa a los ojos de los rusos. Este acontecimiento, como veremos más tarde, ejerció un influjo directo en el Gran Cisma de la Iglesia rusa en el siglo XVII. De hecho, en 1453 el metropolitano Jonás proclamó solemnemente que el saqueo de la “reina de las ciudades” por parte de los turcos era un castigo por su traición a la Ortodoxia en Florencia.29

  2. Se fue renovando y haciendo más profundo el recelo de Rusia respecto a “los latinos,” lo cual aminoró el paso de la apertura de Rusia a Occidente y retrasó el proceso de superación del atraso cultural de Rusia.

  3. Por último, después de perder la jurisdicción sobre la Iglesia rusa moscovita, el Patriarcado ecuménico estaba dispuesto a aceptar la idea de un patriarcado independiente para la Rus’ de Polonia y Lituania, con la esperanza de conservar bajo su jurisdicción una parte al menos de la grey rusa.

En 1458 el intento por parte del ex patriarca uniata Gregorio Mamme, que vivía en el exilio, de nombrar a un tal Gregorio Bolgarin “metropolitano de Kiev y de toda Rusia” fracasó porque la población ortodoxa de Polonia y Lituania siguió reconociendo a Jonás como metropolitano suyo y se negó a aceptar un obispo uniata. Jonás murió en 1461. Su sucesor, Teodosio, fue el primer metropolitano de Moscú cuyo título “metropolitano de toda Rusia” no incluía la palabra “Kiev.” Mientras tanto, Gregorio, al ver el distanciamiento y la hostilidad de su grey respecto al uniatismo, fue a Constantinopla, se retractó y renunció a sus vínculos con Roma. El Patriarcado ecuménico aceptó a Gregorio y en 1470 le nombró metropolitano de Polonia y Lituania con el título de metropolitano de Kiev. De este modo aparecieron dos sedes metropolitanas ortodoxas rusas: la autocéfala (de facto) de Moscú, y la autónoma de Kiev bajo el omophorion del Patriarcado ecuménico.30






Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos