Para la universidad jorge tadeo lozano



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UN MODELO PEDAGÓGICO

PARA LA UNIVERSIDAD JORGE TADEO LOZANO
NOTA INTRODUCTORIA. Se presenta a la comunidad tadeísta este documento de trabajo y se somete a su consideración. Se busca estimular la discusión pedagógica y lograr la construcción participativa de un Modelo Pedagógico para la Institución, en el marco de su autorreconocimiento como Universidad Formativa.

Para la elaboración de esta propuesta se ha partido de direccionamientos enunciados en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) y en el documento sobre Políticas Académicas (PA) de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

(Versión del 3 de marzo de 2010)

INTRODUCCIÓN

La universidad se distingue de otras instituciones de educación superior porque, entre las tareas que le son propias se distinguen “la investigación científica o tecnológica; la formación académica en profesiones o disciplinas y la producción, desarrollo y transmisión del conocimiento y de la cultura universal y nacional”1. Entre las instituciones que cumplen estos requisitos existen importantes diferencias relacionadas con sus distintas historias y vocaciones. Algunas de ellas aspiran a convertirse en centros de investigación con reconocimiento internacional (lo que implica un largo camino por recorrer para consolidar las comunidades académicas institucionales y para alcanzar el volumen de publicaciones internacionales necesario, sobre la base de la disponibilidad de recursos suficientes destinados a la producción de conocimiento2), otras aspiran a formar profesionales que respondan a las necesidades del mercado y otras, como la Tadeo, se centran en la formación profesional, pero aspiran a que sus egresados sean ciudadanos críticos, comprometidos con el desarrollo del país y con el mejoramiento de las condiciones de vida de los distintos sectores sociales y capaces de concebirse a sí mismos como participantes autónomos y responsables de una ciudadanía planetaria; estas últimas se reconocen a sí mismas como universidades formativas.

Recientemente ha prevalecido una gran preocupación por el modo como la universidad se adapta a las exigencias del mundo del trabajo. Esta preocupación ha llevado a reconocer como criterio fundamental de la formación el desarrollo de competencias centradas en el desempeño laboral. Lo problemático de este enfoque es que puede implicar un debilitamiento de la apropiación de los conocimientos a favor de la preparación para la interacción y las acciones de carácter técnico específicas de la profesión y el oficio, sin negar la importancia de la preparación para la vida de la empresa y las necesidades del mercado, la universidad formativa requiere concentrar una parte importante de sus esfuerzos en la generación y apropiación del conocimiento que permitirán al egresado construir nuevas alternativas de acción, tomar distancia crítica de las soluciones más inmediatas y asumir responsablemente las implicaciones sociales y de largo plazo de las decisiones que adoptará como profesional.

Las universidades son diferentes entre sí, pero una universidad propiamente dicha acoge en su interior una pluralidad muy amplia de saberes y prácticas. En esta pluralidad de conocimientos y formas de trabajo radica una de las mayores fortalezas de la Tadeo Lozano. Nuestra universidad cubre territorios académicos tan heterogéneos como las ingenierías, la economía, el derecho y las ciencias exactas y es espacialmente fuerte en el territorio de las artes. Dadas esas especiales condiciones, a nadie sorprendería la afirmación de que en la universidad existe una gran pluralidad de estrategias y enfoques pedagógicos. No se requiere lo mismo para ser un buen técnico que para ser un buen abogado o un buen ingeniero o un buen artista, la relación de un cineasta con el conocimiento no es la misma que tiene un abogado o un biólogo marino. El profesor de artes plásticas no hace lo mismo en su clase que el matemático. El rigor, la responsabilidad propia del trabajo pedagógico, consiste en la adecuación entre los contenidos de la enseñanza y los métodos empleados en ella. En estas condiciones, la construcción de un modelo pedagógico para la Universidad Jorge Tadeo Lozano es necesariamente una tarea colectiva. El modelo pedagógico que puede ser adecuado a nuestra universidad es necesariamente plural en las propuestas didácticas porque obedece a una pluralidad de objetivos de formación. Lejos de ser una debilidad, la diversidad de propuestas y de estrategias es una riqueza de la universidad. La verdadera universidad es un espacio de encuentro de la diversidad en donde todos tenemos mucho que aprender de todos.

Pero, por otra parte, existen criterios comunes a distintas áreas del trabajo académico, como la idea de un aprendizaje activo y comprensivo, la necesidad de una comunicación intensa y fluida entre profesores y estudiantes y el empleo de los recursos que permiten la apropiación del saber acumulado en cada área, como la lectura, la escritura, la imagen y el ejercicio de aplicación de conceptos y métodos.

El texto que se ofrece para la discusión de la comunidad universitaria parte de consideraciones muy generales sobre cultura y educación y se hace alusión en particular al concepto de formación que, aplicado al contexto de la cultura universitaria, permite hacer una aproximación inicial a lo que se entiende por “universidad formativa”. Necesariamente se incluye una aproximación a lo que se ha llamado “investigación formativa” porque este concepto no sólo recoge aspectos importantes de la investigación en educación, sino que pone el énfasis en la formación de una actitud investigativa que es fundamental al menos en las universidades de investigación y en la universidad formativa. No resulta por ello extraño que para la Tadeo Lozano sea una prioridad la formación, el desarrollo y la consolidación de los semilleros de investigación.

El carácter propio de nuestra universidad exige incluso ampliar el concepto de semillero de investigación o de “semillero de investigación, creatividad e innovación”. En todos ellos se realiza investigación formativa, pero la denominación anterior tiene la ventaja de poner de relieve la diversidad anteriormente aludida. Por otra parte, la “investigación formativa” señala pautas importantes sobre la pedagogía orientada a la formación de profesionales comprometidos con el principio del aprendizaje permanente.

La pedagogía es el tema de la parte final del documento. Allí no sólo se discute el sentido de la tarea de enseñar, sino que se señalan pautas muy generales decantadas principalmente en el desarrollo de la investigación educativa. Si en la primera parte el documento intenta recoger lo más propio de lo que podría llamarse la “cultura universitaria” y en una segunda sección se ocupa de la universidad formativa, en esta tercera parte se trata de pensar en aplicaciones de lo anterior para proponer unas “recomendaciones para una buena enseñanza”.

Se trata de un texto necesariamente incompleto en donde se formulan ideas o pautas muy generales derivadas de la investigación pedagógica y de las discusiones sobre la naturaleza y funciones de las instituciones de educación superior; un texto que debe ser criticado, corregido y completado por la comunidad de los profesores de la universidad, que son quienes conocen, aplican y están en posición de mejorar o cambiar sus estrategias pedagógicas.

Como horizonte de problemas, este documento es necesariamente general y hereda el enfoque predominantemente filosófico de nuestro Proyecto Institucional; pero no cabe duda de que, a pesar de su generalidad, es mucho lo importante que aquí no se ha dicho y debe ser dicho para completar el escenario de principios y orientaciones básicas de las prácticas pedagógicas que se dan cita en la Tadeo. Por las razones anteriores, el documento debe ser leído precisamente como una propuesta para la discusión y sería ideal sirviera como provocación para que cada docente, cada departamento y cada facultad pensara lo que le es propio en el campo de la formación de sus estudiantes. En particular, parece muy importante recoger experiencias pedagógicas previamente adelantadas y tratar de plasmar por escrito un elenco de ideas importantes que los profesores han decantado de su experiencia docente y de estudios y discusiones sobre la enseñanza y sus problemas.

Sería ideal que en el documento consolidado del modelo académico pudieran incluirse secciones relacionadas con el lugar de las distintas áreas de trabajo en la universidad formativa. Aquí se ha incluido una sección sobre las ciencias en este tipo de universidad, pero cabría recoger ideas sobre las artes, las técnicas, o las profesiones en la universidad formativa. Resulta claro que estos desarrollos más propios de los distintos proyectos formativos requieren del concurso de los docentes comprometido en esos diferentes proyectos.

Los comentarios y críticas al documento podrán ser entregados en las distintas decanaturas de Facultad. El Comité de Facultad consolidará las propuestas y las hará llegar a la Vicerrectoría Académica: vicerrectoria.academica@utadeo.edu.co. El Modelo Pedagógico se concibe como una construcción de largo aliento, pero es importante contar con una primera versión en el corto plazo, por eso se invita a los profesores, decanos y directores a que envíen sus ideas a las decanaturas de Facultad. La fecha límite para consolidación de la información en la Vicerrectoría Académica es el 10 de abril de 2010.





  1. CULTURA Y FORMACIÓN


La tarea de la educación en la sociedad es la transmisión de un legado cultural que prepara a las nuevas generaciones para la vida en sociedad y para el trabajo que requiere la supervivencia y aporta las herramientas que requiere la construcción de la identidad y la realización de los individuos como personas y como ciudadanos. El medio que soporta la cultura y que hace posible su preservación y su transmisión entre generaciones es el lenguaje. El contexto de la cultura define los caminos por los cuales cada uno, con la ayuda de los demás, conduce su propio proceso de formación. El eje de la universidad formativa es precisamente la formación, el crecimiento integral (cognoscitivo, ético, estético) del individuo que conquista su autonomía en la medida en la cual toma conciencia de su lugar en el mundo. Por ello es inevitable instalar la tarea de la universidad formativa en el horizonte de la cultura y el lenguaje.




    1. Cultura, lenguaje, educación

La tarea central de la UJTL, como universidad formativa, es la formación de profesionales idóneos y ciudadanos integrales (enriquecida y cualificada por la investigación y la proyección social). Esto significa que no se trata solo de preparar a los estudiantes para el trabajo, sino de contribuir a su acceso a lo más valioso de la cultura. La cultura, que incluye lo que se admite como verdadero (la ciencia), como bello (el arte) y como justo (la moral, la ley), es el medio propio de la existencia y la acción humanas y constituye el fundamento sobre el cual se construye la identidad3. La ciencia y la técnica son parte esencial de la cultura contemporánea, pero también lo son el arte y la política y los demás contenidos simbólicos que compartimos (creencias, valores, gustos, necesidades) y las prácticas a través de las cuales resolvemos colectivamente nuestros problemas y satisfacemos nuestras necesidades (el trabajo, las formas de organización y de comunicación social). El lenguaje es el medio de la vida social y es condición esencial del trabajo humano. Las disciplinas académicas constituyen un universo de lenguajes especializados y de prácticas diferenciadas cuya especificidad es que las acciones están orientadas por una comprensión previa, teórica. Gracias a la posibilidad de acumular conocimiento, de expresarlo en forma adecuada y de transmitirlo a través de los textos escritos, las generaciones aprenden unas de otras lo que se va consolidando como el acumulado histórico en cada campo del conocimiento y en cada sector de la división técnica del trabajo. La conexión esencial entre educación, lenguaje y cultura es importante porque pone de presente la importancia crucial de lo simbólico, del diálogo y de la argumentación en la vida humana. Siguiendo a Clifford Geertz y a Max Weber, podemos definir la cultura como el entramado de significaciones que da sentido a las acciones humanas4. Los signos han hecho posible el entendimiento y la cooperación entre los miembros de la especie humana. Esta cooperación, que ha sido esencial para la supervivencia de la especie, se soporta sobre ideas compartidas alrededor de los principios que deben orientar las acciones de los asociados (sean éstos los habitantes de un país o de una región del mundo, los miembros de un credo religioso o de un partido político o los científicos o técnicos que comparten los saberes de una disciplina, profesión u oficio). Es necesario que los miembros de la sociedad compartan una forma de ver el mundo (un conjunto de conocimientos acerca del universo circundante), una orientación común sobre lo que se considera bueno o justo (unos principios éticos) y una cierta sensibilidad en relación con lo que es valioso y deseable (una estética de las acciones y de las obras). Estos modos de ver compartidos son el soporte de la ley y de la colaboración en el trabajo. Aristóteles (Política 1) señala precisamente que el fundamento de la casa y de la ciudad (el fundamento de la sociedad) es lo compartido en relación con cosas tales como el bien y la justicia, cosas que sólo tienen sentido para la especie humana y que pertenecen al lenguaje. Desde ese entramado de símbolos de la cultura cada cual se reconoce a sí mismo y reconoce al otro. Esa red simbólica (que incluye las ciencias) es la clave de la interpretación de los acontecimientos y de la explicación de los fenómenos, y determina el modo como se asigna un valor.

El peso que se ha dado a la cultura podría llevar a pensar que el modo como vemos el mundo tiene mucho de arbitrario. Las distintas culturas, en efecto, se orientan por concepciones que pueden ser muy diferentes entre sí. Por otra parte, las ideas sobre la naturaleza y la vida social, el sentido de la acción humana, lo que debe ser creído o reconocido como cierto, lo que es bueno o correcto y lo que merece admiración o rechazo cambian a lo largo del tiempo. También es cierto que algunas ideas masivamente compartidas han alimentado terribles conflictos o han justificado grandes injusticias. Pero eso no significa que se pueda prescindir de esas ideas o que sean completamente relativas. Las ciencias, a cuya construcción contribuyen hoy personas provenientes de las más diversas culturas, han demostrado un enorme poder sobre los fenómenos y se aprenden y aplican en todo el mundo. Ese poder también puede ser muy problemático y debe ser examinado críticamente, pero ningún país en el mundo contemporáneo está dispuesto a excluirse del aprendizaje, desarrollo y aplicación de ese conocimiento que satisface urgentes necesidades sociales. Nadie puede tener la certeza de que las imágenes actuales de la naturaleza o la sociedad tendrán vigencia en el lejano futuro, pero gracias a esas imágenes las acciones humanas se coordinan hoy eficazmente para transformar el mundo. La mirada compartida sobre asuntos éticos y políticos es deseable sólo hasta cierto punto y puede ser expresión de una limitación de la libertad, pero también puede ser una condición para la convivencia y la solidaridad, para el encuentro con el otro y para la realización de un proyecto de sociedad basado en el acuerdo racional. Los valores orientadores de una cultura puede ser cuestionados y relativizados, pero una cultura se sostiene precisamente por los valores compartidos.



La educación es el proceso por el cual las nuevas generaciones se incorporan a la red de significados en que consiste la cultura. Gracias al proceso educativo, que es permanente en la vida y se da dentro y fuera de las instituciones encargadas de la formación inicial, básica, media y profesional, los niños y los jóvenes aprenden el lenguaje y apropian lo que la sociedad en la que vivirán considera verdadero (el mito, la religión o la ciencia), bueno (lo justo, lo noble, lo obligatorio, la ley) y deseable (lo bello, lo valioso). A lo largo de ese proceso, al que más allá de las instituciones contribuyen las múltiples formas de interacción social, las nuevas generaciones ingresan al universo cultural propio de su sociedad y de tiempo y aprenden a ver el mundo desde el entramado de símbolos que sostiene la colectividad. Las comunidades humanas se encargan, a través de la educación, de transmitir a las nuevas generaciones esos valores que les permiten vivir y trabajar juntos. La cultura determina así las orientaciones y los contenidos de la educación.

La educación formal, parte muy importante en Occidente del proceso general de la formación de las personas, aporta las herramientas para el trabajo que satisface nuestras necesidades materiales, pero también prepara, bien o mal, para la vida colectiva, para la interacción social. La educación superior recibe personas previamente formadas en los niveles educativos anteriores y en las experiencias vitales de la infancia y la adolescencia, pero no está excluida de la responsabilidad de preparar para el trabajo, pero además (y principalmente) para la vida.




Los profesionales de un determinado campo de conocimientos que se desempeñan como profesores en la universidad formativa tienen la misión de enseñar a sus alumnos los conceptos y teorías, las técnicas y procedimientos y los valores de la profesión; pero el problema de la formación no puede considerarse agotado en la formación profesional y es necesario asumir la necesidad de una “formación integral”.



1.2 La institución educativa en la sociedad occidental moderna

Dado que la argumentación y el acuerdo, al igual que la escritura, son cada vez más importantes para el trabajo humano y para la vida colectiva de la sociedad moderna, las instituciones encargadas de la educación en Occidente acuden a estas formas de acción y comunicación para:

- apropiar la riqueza cultural acumulada,

- desarrollar las capacidades asociadas al trabajo,

- aportar pautas y contenidos para la construcción de una identidad, y

- ofrecer las herramientas requeridas para convivir en armonía.


La sociedad moderna valora especialmente el acuerdo racional como fundamento de lo que debe ser compartido. La argumentación y el consenso son claves en la construcción de lo que la cultura de las sociedades contemporáneas considera más valioso: la ciencia, la democracia. La educación debe hacer partícipes a los jóvenes de las imágenes compartidas por la sociedad (las ciencias, las normas de convivencia, los criterios para juzgar) y debe aportar lo requerido para el desarrollo de las habilidades y capacidades que hacen posible el trabajo y la cooperación en la acción.

El mito o la religión y el conjunto los saberes acumulados constituyen los relatos propios de las sociedades humanas que orientan las acciones individuales y colectivas. Las ciencias, la filosofía, el arte y las ideas políticas hacen parte del conjunto de los relatos en los que se reconoce la sociedad occidental moderna. La educación, como se ha señalado antes, debe encargarse de que las nuevas generaciones puedan acceder a ese acumulado simbólico y apropiar lo que requieren para la participación constructiva en la vida de la sociedad. La memoria social que existe gracias al lenguaje se ha enriquecido y consolidado sobre la base de la escritura. La sociedad occidental, que se concibe a sí misma como una colectividad en permanente progreso, convierte el conocimiento acumulado, gracias a la escritura, en algo accesible y disponible para ser aplicado en diferentes circunstancias, para ser interpretado, ampliado y sometido a la prueba y a la crítica.

La sociedad occidental moderna, como las demás sociedades, comprende el mundo desde sus relatos propios, desde sus propias creaciones simbólicas (las ciencias naturales y humanas, la filosofía, el saber profesional, el arte, etc.). Lo que antes se dijo de la cultura, que esos sistemas simbólicos en proceso de transformación permanente no son los únicos válidos, pero contribuyen a hacer posible la cooperación en el trabajo y la comprensión a través del diálogo, vale también para las profesiones y las disciplinas. Las ciencias son históricas, las imágenes del mundo pueden cambiar y las teorías aceptadas en un momento pueden ser sustituidas por nuevas teorías; lo que hoy se acepta como verdad, mañana puede revelarse insuficiente para dar razón de nuevos fenómenos o situaciones; probablemente las explicaciones cambiarán con el tiempo en la medida en que se producen nuevos enfoques y nuevos conceptos; pero el conocimiento acumulado y las técnicas que se desarrollan a partir de ese conocimiento permiten comprender acontecimientos o predecir bastante bien y transformar radicalmente el mundo circundante. La institución educativa (desde el preescolar hasta la universidad) recoge y transmite los relatos o los sistemas de símbolos consolidados en la historia de la sociedad.

La apropiación del acumulado simbólico y el desarrollo de habilidades y criterios para la acción dan forma a las disposiciones y capacidades los individuos. Pero es importante reiterar que estas disposiciones y capacidades van más allá de las esferas del conocimiento y el trabajo; quien es educado debe construirse una identidad y aprender las claves de la convivencia. Las instituciones educativas no son sólo espacios para la apropiación del conocimiento; son lugares para el encuentro y para el desarrollo de la sensibilidad.


La escritura fue un invento decisivo para la transmisión cultural. Hizo posible el diálogo entre generaciones distantes y la acumulación de los saberes. El mundo moderno contó desde el comienzo con la imprenta, que multiplicó el poder de la escritura y posibilitó la expansión de una cultura planetaria basada en la ciencia. Una característica importante de la cultura universitaria, presente desde los orígenes de la universidad es el énfasis en la escritura y en la lectura crítica. Una universidad formativa, como la Tadeo Lozano, debe asegurar la existencia de espacios para la lectura crítica y para el ejercicio de la escritura en todas sus facultades y programas.


1.3 Formación


Los conceptos de educación y formación se usan con frecuencia como sinónimos. En ocasiones se restringe problemáticamente el sentido de la formación como cuando se considera que debe tener un adjetivo (formación ciudadana, formación científica, formación profesional), como si la formación pudiera fraccionarse y dividirse en especialidades. El concepto de formación del modelo pedagógico de la Universidad Jorge Tadeo lozano recoge la tradición de una idea (próxima a la de “formación integral”) según la cual la formación es todo el proceso de vida y experiencia que lleva a cada uno a ser lo que es. Esta elección no significa que la universidad “forma” la totalidad de las personas, sino que entiende que su contribución a ese proceso muy complejo no se restringe a ofrecerle al estudiante el conocimiento específico de su área, sino que implica brindarle la oportunidad de desarrollar su sensibilidad y de reflexionar sobre su contexto y sobre su propio proyecto de vida.

En “Verdad y Método” hace G. Gadamer una historia del concepto de formación que va desde la mística medieval, según la cual el hombre debe formarse para alcanzar la semejanza con la divinidad, pasa por la idea de Herder (formación como “modo específicamente humano de dar forma a las disposiciones y capacidades naturales del hombre” -Gadamer, 1977, p. 39-) y llega hasta Hegel (que considera el ascenso a la Teoría como el fin de la formación) y Helmholtz (que juzga que no basta la Teoría y que es necesario considerar el desarrollo del “tacto” entre los grandes fines del proceso de formación). La Teoría es la comprensión más universal de los fenómenos o los acontecimientos. Para Hegel, el proceso de la formación corresponde al ascenso a la universalidad. La educación implica una superación de la particularidad, la capacidad de verse desde fuera (lo que hace posible el control de emociones). Ver desde la generalidad, esto es, desde la teoría, permite comprender la ley (la ley natural y la ley social). El conocimiento es el camino para acceder a la universalidad. Cuanto más universal y abstracto sea ese conocimiento más amplia será la perspectiva y mayores serán las posibilidades de superar las limitaciones propias de la opinión y la creencia acrítica; mayor será la comprensión de sí mismo y de las relaciones con el contexto y se será más flexible, se estará más dispuesto a reconocer y aceptar las diferencias en las relaciones con los otros. Las ciencias y la filosofía son expresión del conocimiento teórico. Gracias al conocimiento se amplía la libertad porque la libertad es posible gracias a la conciencia de los límites y de las opciones. La elección supone criterios para elegir; la libertad es, en este sentido, “conciencia de la necesidad”. El ser humano será más libre y estará mejor formado cuanto mayor sea su capacidad de juzgar desde la universalidad, desde la Teoría. Ya Kant había propuesto la conquista de la autonomía (la superación de una “minoría de edad” que se expresa en la incapacidad de servirse del propio entendimiento y de actuar sin la dirección de un tutor) como el proyecto propio de la Ilustración. El juicio universal permite instalarse en un punto de vista libre del egoísmo y el particularismo y posibilita hacer propio lo ajeno. El trabajo, según Hegel, nos hace libres porque nos obliga a juzgar desde unos intereses que nos trascienden, nos hace participar de un proyecto colectivo cuyo significado está más allá de nuestras preocupaciones más inmediatas. La profesión es el ejercicio de una comunidad, permite una mirada universal, máxime cuando incorpora elementos universales de la Teoría. La Teoría, la comprensión desde conceptos universales, se soporta en una memoria universal recogida gracias a la escritura (en su forma de texto o como “hipertexto” en el espacio de acumulación y circulación de ideas y saberes que hoy hacen posible las nuevas tecnologías).

Helmholtz propone que el “Tacto”, y no sólo la teoría, sirva de criterio para la formación. “Tacto” es, para Helmholtz, un desarrollo de la conciencia y de la sensibilidad que permite “estar a la altura de las circunstancias”, alcanzar la madurez como armonía de los saberes adquiridos, acercarse a los demás sin invadirlos, disponer de lo que se tiene sin abusar de ello y colocarse en el lugar del otro para comprenderlo. El tacto conduce a cuidar de sí mismo y de los demás, también a cuidar del mundo que compartimos. Lo que se recoge en esta tradición es la necesidad de pensar, junto con la formación intelectual, las dimensiones de la ética y de la estética. Esta unión de las tres dimensiones básicas de la formación es lo que se ha llamado “formación integral”.

Agnes Heller (1979), por su parte, examina los cambios en las orientaciones de valor. Desde esta perspectiva, la formación correspondería precisamente a un proceso cuyos momentos más significativos serían los cambios en nuestra manera de juzgar sobre la verdad, sobre la justicia o sobre la belleza. Inevitablemente hacemos juicios sobre la verdad o la falsedad de lo que se nos propone (valor de verdad); al ampliar nuestro conocimiento cambian nuestros criterios de verdad. Inevitablemente hacemos juicios sobre la belleza o la fealdad de lo que afecta nuestros sentidos (valor estético); el contacto con el arte desarrolla nuestra sensibilidad y amplía el universo de nuestras elecciones; las imágenes de los medios y los encuentros culturales cambian nuestras ideas sobre lo bello. Inevitablemente hacemos juicios sobre lo justo o lo injusto, lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto (valor moral); nuestro crecimiento intelectual y nuestro desarrollo moral nos permiten, al menos idealmente, juzgar las acciones desde criterios más universales y comprender mejor las razones de obrar que tienen los otros. Los valores explican las acciones humanas. El cambio en los valores es esencial porque nos lleva a comprendernos y a comprender el mundo de nuevos modos. Las transformaciones más importantes en la vida de una persona son precisamente los cambios en las orientaciones de valor. En la perspectiva abierta por Kant y Hegel podríamos decir que la formación debe llevarnos a una mayor universalidad en nuestras orientaciones de valor.



La universidad es una institución soportada en la comprensión teórica de los problemas; también aspira a ser un espacio de ejercicio de la racionalidad; en ese sentido valen para ella los criterios de universalidad propios de la modernidad (por ello la idea de formación que se ha planteado hasta aquí recoge valores y principios de la Ilustración y de la Modernidad). Sin duda la universidad es también el lugar en donde se formulan las críticas más agudas a la Modernidad, donde se reconoce y se plantea la relativización de los saberes y de las pautas morales, donde se plantean las objeciones más serias al criterio de universalidad y se cuestiona ese criterio en lo que puede tener de excluyente de una diversidad cultural que cada vez inspira un mayor respeto. Pero esas tomas de posición emergen precisamente de la capacidad de poner en tela de juicio las premisas a partir de las cuales se juzga y de discutir también los presupuestos de la comunicación (¿Está bien fundado tu juicio? ¿En qué se fundamente su verdad? ¿Es comprensible lo que dices? ¿Intentas manipularme o engañarme? ¿Cómo puedo someter a prueba tu argumento?). Aunque la duda y la crítica no sean una invención de la modernidad, sí pueden ser reconocidas como punto de partida de la reflexión que caracteriza a la modernidad, están en la base del cambio de perspectiva que hizo posible la ciencia y hacen parte del modo de relación con la escritura que caracteriza la lectura como una interrogación a los textos.


Es importante reconocer la complejidad del concepto de formación asociado a la idea de la universidad formativa. La formación implica la capacidad para juzgar desde criterios universales y tomar decisiones basadas en una comprensión teórica de las situaciones. Aunque la espontaneidad y la creatividad sean fundamentales en todas las áreas, y muy especialmente en las artes, el conocimiento de las teorías es definitivo para la mejor comprensión de los problemas. Pero no basta que el profesional tenga un conocimiento teórico. Es necesario que haya adquirido el tacto necesario para respetar a los demás y para asumir tareas complejas que implican relaciones en las cuales es necesaria la prudencia y es esencial estar abierto a los sentimientos y expectativas de los otros.


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