Paper: Goldman Sachs: El “vampiro” de la crisis El “rostro inaceptable” del capitalismo (de la “relajación cuantitativa” a la “relajación cualitativa”) La caída del “muro” de Wall Street… ¿Cuál muro? ¿Qué especuladores?



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Paper: Goldman Sachs: El “vampiro” de la crisis

- El “rostro inaceptable” del capitalismo (de la “relajación cuantitativa” a la “relajación cualitativa”)



La caída del “muro” de Wall Street… ¿Cuál muro?... ¿Qué especuladores?... ¿Son éstos los “Sabios de Sión” o los “Gnomos” de Wall Street? (tanto monta monta tanto). Alfabetos enredados…

Obertura: Para qué sirve el juicio de la historia, si para entonces yo estaré muerto

(Fundamentals) La familia Rothschild, conocida como “los Rothschild”, es una dinastía de financieros y banqueros internacionales de origen judeoalemán. Fueron declarados nobles por los gobiernos de Austria e Inglaterra. La familia Rothschild es desde el siglo XIX uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros de Europa.

Están en la mira de quienes afirman que existe un diseño oculto del mundo para instalar un Nuevo Orden Mundial.

Mayer Amschel Rothschild

(1744 - 1812) Fue el fundador de esta dinastía.

Su padre


En la época en que nace Mayer Amschel, a los judíos no se les permitía ser propietarios de tierras ni hacer uso de ellas. El comercio y la banca, actividades despreciadas en los ámbitos católicos, no estaban prohibidas por la religión judía y resultaban el único camino que quedaba para quien deseara prosperar, si éste era judío.

En 1743, su padre Amschel Moisés Bauer, orfebre de profesión, abrió una tienda de monedas en la Judengasse, el gueto de Frankfurt en Alemania, y completaba sus ingresos ejerciendo de cambista. Sobre la entrada de la casa, cuya planta baja alojaba el negocio y la planta alta estaba reservada a la familia, colgó encima de la puerta un cartel que representaba un águila romana en un escudo rojo. La tienda llegó a ser conocida como la tienda del escudo rojo. La palabra alemana para “escudo rojo” es rothschild (red shield en inglés).

Su infancia

Un año después nacía Mayer Amschell, su primer hijo, que, niño aún, recibió de su padre todo lo que éste sabía sobre el negocio de préstamo de dinero y los secretos de las finanzas pues desde muy temprano manifestó para ello una gran capacidad.] También desde niño tuvo un talento especial para reconocer monedas antiguas y asesorar a coleccionistas.

Comienzo difícil

Su padre muere en 1755, dejándolo encargado de sus hermanos menores (hermanastros) y en 1756 entra como cadete en la casa bancaria Oppenheimer en Hanover. Como empleado de los Oppenheimer, conoce al general von Estorff para quién hace recados. Pronto se revela la capacidad superior de Mayer y asciende rápidamente en la empresa, hasta recibe una pequeña participación, siendo aceptado como socio “junior”. Es a través de Von Estorff que Mayer entra al palacio del príncipe William y consigue ganarse la confianza de la corte de Hesse. A la temprana edad de 25 años es nombrado proveedor oficial de la corte.

Los príncipes de Hesse

Éstos habían sentado la base de su fortuna arrendando súbditos como soldados a otros gobernantes. Se cuenta la siguiente y morbosa anécdota sobre el príncipe Federico II, padre de Guillermo I (príncipe William). Por acuerdo preestablecido recibía una prima cuando moría alguno de ellos en combate. Parece que Federico se lamentaba con uno de sus generales: “Mueren pocos hombres, no olvides que tengo las arcas vacías”.

Cuando Guillermo I heredó a su padre, era dueño de una gran fortuna, mucho mayor que la de otros príncipes dueños de dominios mucho más extensos. Era uno de los prestamistas más importantes del continente para lo cual Mayer Amschel prestaba invaluables servicios. Por su parte, la utilidad que éste sacaba de su servicio de intermediación hizo que su fortuna se incrementase con gran rapidez.

Nace la Casa Rothschild

El 29 de agosto de 1770, Mayer Amschel se casó con Gutele Schnaper (1753 - 1849) con quien tuvo cinco hijas y cinco hijos: (Amschel, Salomon, Nathan, Kalman y Jakob). Aunque instaló su domicilio familiar en una casa mucho más amplia con un escudo verde en la puerta, mantuvo la casa, en la Judengasse, como sede de sus negocios, la que había vuelto a comprar cuando comenzó a prosperar. El gran escudo rojo todavía se encontraba en la puerta y, dando al escudo rojo su verdadero significado (su padre lo había adoptado como su emblema a partir de la bandera roja que fue el emblema de los revolucionarios judíos en Europa oriental), Mayer cambió su apellido por el de Rothschild (escudo rojo). Con ello, nacía la Casa Rothschild…

El testamento de Mayer Amschel Rothschild

Para el cambio del siglo ya había asociado a todos sus hijos varones. Había dividido el capital de su empresa en 50 acciones, con fines de repartirlas por igual entre sus hijos; aunque en este momento el reparto lo hace atendiendo a la edad entre los que han quedado en Frankfurt. Excluye de este modo a todas sus hijas mujeres; ni entonces ni más tarde las hijas, esposas o descendientes tuvieron participación alguna.

Su testamento, redactado pocos días antes de su muerte, contenía un reglamento estricto de cómo se debían dirigir los negocios familiares:



  • Todas las posiciones claves deben ser ocupadas por miembros de la familia.

  • En los negocios solamente pueden participar los miembros de la familia varones.

  • El hijo mayor del hijo mayor debe ser la cabeza de la familia, siempre y cuando la mayoría de la familia no decida lo contrario.

  • La familia debe casarse entre sí con sus primos de primero y segundo grado.

  • No debe haber ninguna auditoría jurídica y ninguna publicación de los bienes.

La segunda generación

Mayer Amnschel Rothschild aseguró la expansión de su empresa a través de sus hijos quienes se instalaron en cinco ciudades de Europa, de las más importantes de aquel entonces. Todos ellos se dedicaron al mismo negocio que su padre. Mientras Amschel Mayer permaneció en la casa matriz en Fráncfort, abrieron sucursales en Viena, Londres, París y Nápoles.

Amschel hijo se quedó en Fráncfort, Karl se instaló en Nápoles, Natham en Londres y Salomón marchó a París. Salomón se instaló finalmente en Viena y quién lo reemplazó en París fue el menor de los hijos de Mayer, Jakob que adoptó el nombre de James.

Amnschel Rothschild se hizo cargo de la casa matriz en Fráncfort tras la muerte de su padre. Fráncfort siguió siendo el principal centro de reunión de la familia.

Salomon Rothschild abrió un banco en Viena en 1821. Entre otros, otorgó un crédito al gobierno austriaco de 900.000 florines. El príncipe Metternich y la casa Habsburg le quedaron endeudados. Se convirtió en el más importante financiador del estado austriaco y uno de los más grandes terratenientes. El banco en Viena perduró hasta 1938 cuando Hitler anexionó Austria a la Alemania nazi.

Nathan Mayer Rothschild emigró a Gran Bretaña a los 21 años.

En 1808 fundó el banco N.M. Rothschild & Sons en Londres, que aun sigue operando con éxito. Nathan invirtió el dinero del arriendo de soldados de Guillermo I en oro de la Compañía Británica de las Indias Orientales; posteriormente, este oro fue empleado para financiar la campaña del Duque de Wellington.

Algunos hechos destacables

“Permitidme fabricar y controlar el dinero de una nación y ya no me importará quién la gobierne” (Mayer Amschel Rothschild).

En una época en que los gobernantes gozaban de poder absoluto sobre sus súbditos, como era aquella de las monarquías, la solución que encontraron los banqueros para no perder su dinero y su cabeza, cuando los reyes comenzaron a acudir a ellos en busca de dinero para financiar sus guerras, fue la de financiar a ambos rivales; al oponente se le financiaba discretamente. También exigían cierta cuota de poder real inmediato, en forma de títulos de nobleza, tierras o negocios públicos. Esta doble estrategia tenía la ventaja de asegurarse siempre el retorno del dinero y el mantener la cabeza en su puesto.

Fue la marca distintiva de determinadas familias de banqueros, entre ellas la que nos ocupa, quienes en el siglo XIX adoptaron una pose cosmopolita, una proyección social y un interés exagerado en asumir las deudas de los distintos gobiernos, por lo que se los acabó conociendo como “banqueros internacionales”.

Simultáneamente a que Mayer Amschel se enriquecía gracias a su gran voluntad, ingenio y falta de escrúpulos, Adam Weishaupt fundaba la orden de “Los Perfectibilistas”, mejor conocida como los Illuminati. Mayer Amschel pronto comprendió que ambos deseaban lo mismo, cambiar el statu quo hacia un formato que los favoreciera; sin embargo habría que actuar entre bambalinas, los Illuminati ya habían sido oficialmente destruidos en 1784 y sus miembros destituidos se encontraban en la clandestinidad en la época en la que Mayer Amschel los congregó en su casa de Frankfurt en 1786, siendo el objeto principal de la reunión analizar los nuevos e importantes planteamientos de la Revolución francesa. Algunos años más tarde el diputado y miembro del Comité de Salud Pública de la Asamblea Nacional Joseph Cambron, recordaba que a partir de 1789 “la gran Revolución golpeó a todo el mundo excepto a los financieros”…

Jugada maestra

Durante las guerras napoleónicas, los Rothschild apoyaban por igual a Bonaparte y a Wellington, pero la jugada maestra la hicieron a raíz de la batalla de Waterloo. Uno de ellos fue espectador privilegiado de esta batalla y una vez que se aseguró que Marte sonreía a Inglaterra y Prusia, salió al galope reventando sucesivas monturas, pagó un dineral para cruzar el canal de la Mancha y luego continuó su galope hasta Londres donde en la Bolsa de Valores inglesa se puso a vender desesperadamente acciones a cualquier precio. Los demás agentes de bolsa, conociendo el valor de la información que manejaban los Rothschild, interpretaron que Napoleón había ganado la batalla, con lo que el pánico se apoderó del mercado que cayó a mínimos nunca vistos. Un pequeño grupo de agentes compraban anónimamente para Rothschild las acciones de la deuda de guerra británica que se vendían a un precio miserable.

A partir de este punto de inflexión, los Rothschild no hicieron más que incrementar su poder hasta quedar sin rivales en Europa y comenzó para ellos un nuevo desafío, la conquista de América.

La Empresa Rothschild a través de los siglos

Siglo XIX

En este siglo, los Rothschild, para entonces nobles, financiaron la industria, los ferrocarriles y la construcción del Canal de Suez. Con un sistema especial de préstamos estatales hicieron al gobierno francés independiente de las autorizaciones de impuestos del parlamento, lo que revela la fragilidad de las instituciones democráticas frente al empuje de los financieros.

Con el advenimiento de las grandes industrias y la banca de valores, el imperio de los Rothschild se mantuvo en segundo plano, financiando a familias emergentes en el mundo de las finanzas como los Morgan, los Warburg y los Rockefeller en Estados Unidos. A través de su influencia sobre estas poderosas familias tuvieron un control enorme sobre la política y el desarrollo de los Estados Unidos. También estuvieron involucrados en la realización del proyecto original del “Acta de la Reserva Federal” y su posterior aprobación en el Congreso de los Estados Unidos.

Actualidad, siglo XX y comienzos del siglo XXI

La Banca Rothschild controla actualmente el mercado mundial de oro…

Voluntad de anonimato

En el oligopolio mundial energético tiene gran influencia la empresa Royal Dutch Shell, en parte propiedad de las coronas británica y holandesa, y financiada en buena medida por la familia Rothschild, antigua financiera europea de varias coronas reales, especialmente a la hora de financiar guerras. Y caracterizada por auxiliar financieramente a la vez, a los dos bandos contendientes.

Los Rothschild han sido financieros de los Rockefeller y de todo el desarrollo petrolífero, ferroviario y bancario en Estados Unidos a través de los Morgan (banca y ferrocarriles), Harriman (ferrocarriles y altas finanzas) y Rockefeller (petróleo y banca). De modo que en el siglo XIX, el control de los ferrocarriles, el petróleo y la banca implicaba controlar gran parte del poder real en los Estados Unidos. Resulta muy llamativo que, en la reciente biografía oficial escrita por Niall Ferguson en Oxford, intenten mostrarse a sí mismos como un poder en decadencia desde mediados del siglo XIX, argumentando que no pudieron instalarse como banca en los Estados Unidos. Resulta contradictorio con el hecho de que a través de la financiación ejercen control sobre los tres principales negocios de Estados Unidos.

Hay en esta familia la voluntad de pasar desapercibida, y esta búsqueda de anonimato está relacionada también con que actualmente el clan Rothschild sólo presta su apellido a bancos de inversión singularmente pequeños.

Adagio non troppo: Too big or not to be (that is the question…)

La industria recibe cinco billones en apoyos de las arcas públicas

Hasta octubre de 2009, sujetar el sistema financiero mundial ha supuesto para los Gobiernos instrumentar más de 5 billones de euros de ayudas de todo tipo: inyecciones de fondos, compra de acciones o participaciones preferentes, adquisiciones temporales de activos, oferta de avales para emitir deuda corporativa…

Y la impresionante factura corresponde tan sólo a once países examinados por el Banco de Pagos de Basilea, el organismo que fija las recomendaciones en materia de capital seguidas voluntariamente por casi el conjunto de la banca mundial.

Para los mercados estudiados -obviamente incluye los más activos en rescates- la mareante cifra equivale al 18,8% del Producto Interior Bruto (PIB). Algo menos de la mitad, 2 billones de euros, es inoculación directa de fondos procedentes de las arcas públicas.

En Reino Unido las inyecciones de capital representan un 44,1% de la riqueza nacional (PIB) y en Holanda el 16,6%. Frente a ellos, Japón apenas utiliza un montante equivalente al 0,10%, e Italia el 0,6%.

¿Por qué el auxilio?

Tal hemorragia de fondos a favor de la banca ha despertado cierta perplejidad entre los ciudadanos. De no haber asistido a los grupos financieros, el riesgo de colapso del sistema era tan evidente que los gobiernos acordaron el auxilio para evitar que una cadena de quiebras rompiese el sistema que sustenta los pagos y cobros en toda economía y garantiza la financiación de hogares y tejido productivo.

Intervinieron para evitar que el miedo al colapso provocase una retirada masiva del ahorro de los ciudadanos, afectando en última instancia a la economía real.

“Too big to fail” (muy grande para caer) era el criterio aplicado en las primeras intervenciones para decidir o no a los bancos en dificultades. Se trataba de evitar colapsos con riesgos de hacer tambalear al conjunto del sistema, que salvaron de la quema a las hipotecarias Fannie Mae o Freddie Mac, a la aseguradora AIG y a bancos como Fortis, Bear Stearns…

Lehman Brothers fue la excepción que cuestionó la regla. Su quiebra puso al límite la resistencia de la banca. Era el 15 de septiembre de 2008. Luego se agolparon las ayudas a mayor discreción…

La crisis divide a los colosos bancarios en posibles compradores y vendedores

El tsunami financiero y la recesión económica dividen, como si se tratase de dos equipos enfrentados, a los titanes de la liga bancaria: unos debilitados por la situación u obligados a reestructurarse por exigencia del guión si precisaron el auxilio de fondos públicos, cuelgan carteles de “se vende” a negocios, filiales y divisiones. Otros, los que evitaron inyecciones del erario y tuvieron el acierto de no sucumbir a las antes tentadoras rentabilidades de las subprime que hoy devoran los balances o lo hicieron con mesura, saltan a las quinielas como potenciales compradores.

A largo plazo, los analistas dan por seguro que asistiremos a una avalancha o goteo masivo de desinversiones en negocios, redes o filiales, que aprovecharán los más fuertes

Mientras tanto la banca ha incrementado su colchón de liquidez con el objetivo de afrontar futuros problemas de recursos susceptibles de ocurrir aún en la fase de salida de la crisis económica. La estrategia es pedir dinero en exceso al BCE o a la FED y mantenerlo en liquidez. Su coste es muy bajo: sólo del 1% o menos. Luego pueden invertir los fondos en deuda pública y conseguir una rentabilidad superior, con la máxima solvencia de los títulos públicos.

La confección de un colchón de liquidez a base del endeudamiento supone la mejor manera de lograr el objetivo. Existen otras dos vías para lograrlo: reducir el nivel de crédito y la recapitalización preventiva. Pero reducir el crédito puede implicar que se impida la realización de proyectos rentables o riesgos para la banca si se decide a proceder a una venta masiva de activos. En lo que se refiere a las recapitalizaciones preventivas, entrañan el riesgo de generar distorsiones de competencia: entre los bancos ayudados con recursos públicos y el resto.

De la “relajación cuantitativa” a la “relajación cualitativa”

Ante el excesivo endeudamiento y las malas inversiones acometidas en la etapa del auge, los gobiernos y bancos centrales han decidido no facilitar un proceso deflacionario que implicara la liquidación de esas malas inversiones, y el desapalancamiento generalizado, por miedo a los efectos que esto podría generar. Sin embargo, tarde o temprano, ese proceso tiene que suceder, si se quiere salir de la recesión y entrar de nuevo en la senda del crecimiento.

Los agentes económicos vivieron durante años adictos al dinero fácil y abundante, pensando que esas condiciones durarían para siempre. Desde 2007 se han visto los efectos de esas políticas expansivas en forma de crisis, pero se ha preferido no reconocer la realidad, y mantener al adicto sistema al dinero con altas dosis, generadas por la banca central.

En lugar de quitarle la botella de whisky al alcohólico y dejarle pasar una inevitable, necesaria pero dolorosa resaca, se ha elegido inyectarle por vena nuevas dosis de whisky, con la vana esperanza de que desaparezcan de forma mágica los efectos del exceso de alcohol.

Primero le apagaron el fuego “gratis” a la banca (agregándoles madera, de ser necesario, para que calmaran sus ansiedades pirómanas), luego le modificaron los reglamentos para exculparla del incendio, después le prestaron dinero a bajo costo para que compraran la madera quemada y finalmente le pagan intereses más altos para que mantengan la madera guardada en los depósitos fiscales. Es el mayor rescate de la Historia del sector privado con fondos del contribuyente. O sea, con nuestros impuestos.

La consecuencia primera y principal de los hercúleos esfuerzos de los gobiernos de todo el mundo por rescatar sus economías ha sido una socialización masiva del riesgo y una privatización de los beneficios. ¡Manos arriba!, esto es un banco. Cosa de locos… ¿o de película?

Don Regan, consejero delegado de Merrill Lynch, permanece al lado del presidente Reagan mientras éste pronuncia un pequeño discurso. Pero debe estar demorándose más de la cuenta, por lo que Don, que comienza a impacientarse, se acerca al presidente de los EEUU con cara seria y le espeta con tono firme: “Date prisa”. Ronald Reagan asiente y procede, con aire obediente, a agilizar su intervención. La escena puede verse en la última película de Michael Moore, Capitalismo, una historia de amor, que se estrenará el próximo 20 de noviembre en España, y donde el cineasta la utiliza como metáfora de la relación entre el poder financiero y el poder político: unos mandan, otros obedecen.



Pero no se trata sólo de la opinión vertida por un director de cine. Más al contrario, se trata de una creencia que está consolidándose entre amplias capas de la población occidental, especialmente a partir de la crisis y de sus planes de rescate. Desde entonces, son frecuentes las noticias que resaltan las intensas uniones entre los poderes político y económico. Así, medios estadounidenses han resaltado cómo el gobierno económico de Reagan estuvo directamente inspirado por las doctrinas que emanaban de Merril Lynch, cómo muchos altos cargos de los últimos tiempos provienen de Goldman Sachs (es el caso de Henry Paulson, Lawrence Summers o Mark Patterson), cómo hay que haber trabajado en los más influyentes grupos financieros para acceder a un puesto en la Reserva Federal (ocurre con Rick Rubin, Ben Bernanke o Tim Geithner) o cómo las políticas nacionales están siendo dirigidas más para beneficiar a actores concretos que al propio país. En ese orden, la empresa estrella de las críticas es Goldman Sachs, no sólo por el número de ex directivos suyos que han pasado a formar parte del gobierno de Estados Unidos sino porque se le ha atribuido un papel principal en esta crisis. En un artículo en Rolling Stone, el periodista Matt Taibbi afirmaba que Goldman Sachs ha jugado siempre al mismo juego: situarse en medio de una burbuja especulativa, atrayendo los recursos de la clase media para invertirlos en bienes que sabe que se depreciarán. Y sacando además partido del ciclo contrario: cuando la burbuja explota, presta dinero con interés para remontar la crisis. Lo que ocurre, y en esto radicaba la gravedad de las afirmaciones de Taibbi, es que Goldman lo hacía no sólo gracias a la complicidad del regulador sino con su participación necesaria. Sin el cambio de las normas promovido por los políticos no hubiera sido posible ni la creación de grandes conglomerados bancarios como AIG, Citigroup o Bank of America ni el gran margen de actuación del que gozaron. En definitiva, estaríamos ante hechos que demostrarían cómo, en nuestro mundo, el poder financiero se afirma muy por encima del político.

Finale presto: Goldman & God-man (en busca del dinero “prometido”)

Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis.

Y los de Wall Street tienen todos los incentivos necesarios para seguir jugando al mismo juego. Las enormes primas que Goldman continúa repartiendo ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden.

Ello en gran parte se debe al enorme poder político que los grandes intereses financieros ejercen sobre el sistema.

El “tráfico” viene de lejos…

“Pregunta: ¿Qué tienen en común el artífice del dólar fuerte de los 90 con el hombre al que George W. Bush encargó el martes que reactive su agenda económica? ¿Y el encargado de que el Banco de Italia recupere el prestigio que aniquiló Antonio Fazio con el directivo que el jueves lanzó la mayor consolidación bursátil de la Historia? ¿Y todos ellos con el máximo responsable de la agenda política del presidente de Estados Unidos? Respuesta: Todos ellos han llegado a sus actuales cargos desde el banco de inversión Goldman Sachs.”. Goldman Sachs, semillero de líderes mundiales (El Mundo - 4/6/06 - Por Pablo Pardo / Washington)

Resulta difícil que pasen dos o tres días sin que algún ex Goldman salga en la primera página de la prensa internacional. El martes, el presidente del banco, Henry M. Paulson anunció que se marcha para convertirse en Secretario del Tesoro. Era inevitable comparar la decisión de Paulson con la de Robert Rubin, que en 1994 hizo exactamente el mismo viaje y se convirtió en el inventor del dólar fuerte, que llevó a la divisa estadounidense a rozar las 200 pesetas de la época (un 56% más de lo que hoy vale). La agencia de noticias Bloomberg calificó el nombramiento como la segunda venida de Rubin.

Rubin ha salido hace poco en la primera página de Financial Times, ya que ha lanzado un programa para que los demócratas retomen la iniciativa en política económica. Un plan que, de tener éxito, pondría en aprietos a Joshua Bolten, que desde que en 2000 dejó Goldman Sachs en Londres para asesorar al entonces candidato a la presidencia George W. Bush no ha dejado de ascender en el mundo político, hasta que el 28 de marzo se convirtió en el jefe del gabinete del presidente de EEUU y empezó a dirigir un giro al centro en el Gobierno, cuyo último paso ha sido el nombramiento de Paulson.

Entretanto, el jueves por la noche, la Bolsa de Nueva York, cuyo consejero delegado es John Thain, anunciaba la compra de Euronext, es decir, de las bolsas de París, Ámsterdam, Bruselas y Lisboa, y del mercado de futuros de Londres. Thain había sido el predecesor de Paulson en la presidencia de Goldman Sachs. A su vez, Thain llegó a la dirección del banco cuando el anterior presidente, John Corzine, dejó el cargo para entrar en política. El 17 de enero, Corzine juró el cargo de gobernador del Estado de Nueva Jersey.

HENRY PAULSON ha convertido a Goldman Sachs en “el epitome del sistema financiero moderno” y con “un poder mágico”, según The Economist. Su reto ahora es lograr el mismo éxito en el Tesoro de EEUU.

JOSHUA BOLTEN llegó de Goldman en Londres a la política estadounidense, y se ha convertido en la mano derecha de Bush. Ha llevado a cabo un drástico giro al centro, aunque no ha logrado que la popularidad de Bush deje de caer.

MARIO DRAGHI, el nuevo gobernador del Banco de Italia tiene la difícil misión de recuperar el crédito perdido por su antecesor, el polémico Antonio Fazio. Draghi era vicepresidente de Goldman International desde 2002.

JOHN A. THAIN asumió las riendas del NYSE en pleno escándalo por la remuneración de su presidente, Richard Grasso. Ha dirigido las dos mayores fusiones de Bolsas del mundo, con Archipelago y con Euronext.

Como dijo una vez Paulson, “Goldman es un sitio duro para que te admitan, un sitio duro para que te promocionen y un sitio duro para estar”. Eso sí, los que resisten pueden aspirar a ser secretarios del Tesoro.

Olvidémonos de las habituales conspiraciones. Lo que dirige el mundo no es un monje albino del Opus Dei asesinando a la gente, como sugiere el éxito cinematográfico El código da Vinci, sino La firma (The Firm), que es el nombre informal del venerable banco de inversión fundado en 1869 por el inmigrante judío alemán nacido Marcus Goldman, en el que 23 años después entró su yerno, Sam Sachs.

“Goldman Sachs, JP Morgan y Credit Suisse están emergiendo de los escombros de la recesión global como los grandes ganadores en la banca de inversión, seguidos de cerca por Deutsche Bank y Barclays Capital. Este nuevo grupo de entidades encamina sus pasos hacia los grandes beneficios y no titubea a la hora de robar los talentos que se hallan estancados entre las plantillas de directivos de las compañías rivales”. Nuevos Reyes en Wall Street: Goldman Sachs, JP Morgan, Credit Suisse, Deutsche Bank y Barclays (El Economista - 27/6/09 - Por Iain Dey / Sunday Times)

Los analistas creen que en los próximos dos años estos cinco bancos dirigirán la súper liga de los gigantes financieros, obteniendo miles de millones por las continuas tensiones de los mercados financieros. De hecho, a estos bancos no se les ha dudado en apodar como los nuevos reyes de Wall Street. “Aquellos bancos que han salido de esta crisis con sus marcas intactas, la reputación de su gestión intacta y sin ser propiedad del gobierno, se han encontrado con una enorme ventaja”, asevera un alto directivo de uno de los bancos más grandes del mundo.

Lloyd Blankfein, presidente de Goldman Sachs, pasó un humilde memorándum entre sus directivos la semana pasada, después de confirmar que el banco iba a devolver los 10.000 millones de dólares que se vio obligado a tomar prestados del Gobierno americano, justo en el momento álgido de la crisis crediticia el pasado otoño.

Aunque Goldman nunca había necesitado efectivo de emergencia, Blankfein reconoció que la empresa estaba “agradecida” por todo lo que el Gobierno había hecho por estabilizar el sistema. “Pero la estabilidad real sólo puede volver si nuestra industria acepta que ciertas prácticas no eran saludables”, escribió el presidente de la firma.

Blankfein podría permitirse semejante crítica, sobre todo porque Goldman anunció un aumento de beneficios del 20% en el primer trimestre de 2009, estimulado por un rendimiento sin precedentes de sus ingresos fijos, divisas y negocios de comercio de materias primas. Y de hecho, hay indicios de que el segundo trimestre la situación continuará en la misma línea.

… pero de muy lejos

“En su edición del mes de julio, la revista Rolling Stone recoge una pieza absolutamente demoledora acerca del papel jugado por Goldman Sachs en la formación y posterior estallido de las distintas burbujas que se han producido en los mercados a lo largo del último siglo, desde la Gran Depresión a nuestros días. Y no sólo eso. El artículo, firmado por Matt Taibbi y que se ha filtrado antes de su publicación, constata el poder acumulado con el paso del tiempo por los distintos banqueros de la Casa, estratégicamente situados hoy día en puestos de influencia financiera alrededor del Planeta; ahonda en el aprovechamiento en interés propio de los sucesivos fenómenos de pánico y euforia, a cuya gestación el banco de inversión habría decididamente contribuido; y alimenta las sospechas acerca del protagonismo que está jugando la entidad en la gestación del siguiente gran descalabro… para todos menos para ella.” Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo (El Confidencial - 30/6/09 - Por S. McCoy)

El documento es extraordinario y no deja lugar a dudas de su posicionamiento desde el primer párrafo, donde califica a la firma de vampiro que clava sus colmillos allá donde hay un dólar que ganar. Se extiende a lo largo de doce páginas, que no tienen desperdicio. Así, el autor no duda en afirmar que mientras América da vueltas alrededor del sumidero, Goldman Sachs ha encontrado el camino para ser él mismo ese sumidero: un desafortunado agujero en el sistema capitalista democrático occidental que nunca imaginó que, en una sociedad pasivamente gobernada por la libertad de mercado y de elección, la ambición organizada siempre prevalece sobre la democracia desorganizada. Un análisis interesante que pudiera parecer reduccionista, toda vez que carga las tintas sobre la desmedida avaricia de los banqueros y se olvida de otros responsables de la situación actual como políticos, reguladores, agencias de rating, banqueros centrales e, incluso, los propios ciudadanos. No es de extrañar cuando se considera a gran parte de tales actores como parte del universo Goldman.

Su crítica no queda ahí, sino que aterriza desde lo genérico en lo específico: todo el dinero que usted pierde va a algún sitio y, tanto en sentido literal como figurativo, se puede decir que el destinatario es Goldman. El banco se ha convertido en una gigantesca y sofisticada máquina de convertir la riqueza de la sociedad en beneficio para sus arcas (…) La fórmula es relativamente simple: el banco de inversión se posiciona en mitad de una burbuja especulativa, y vende productos que sabe que son basura. Con la ayuda de una Administración adecuadamente engrasada con sus donativos, consigue cantidades ingentes de dinero de los incautos inversores. Cuando estalla la situación se presenta como aquel benefactor que puede aliviar la difícil situación de los sufridos ciudadanos.

Así, Taibbi enumera hasta cinco ocasiones en las que la actuación de Goldman habría sido, cuando menos, cuestionable… para lucro de sus directivos y/o empleados. En primer lugar, el reportero habla de la participación de Goldman en los Investment Trust que tan de moda estuvieron en los felices años 20 y cuyo colapso acentuó la caída bursátil de finales de la década. 475.000 millones de agujero a valor de hoy. Tras un impasse de cerca de 70 años, en los que la entidad adopta un modelo de banca a largo plazo, es con la llegada de su empleado Robert Rubin a la Casa Blanca, y con el cambio que impulsa de las reglas que hasta entonces regían los mercados financieros, que Goldman vuelve a orientarse hacia el pan para hoy, con independencia de lo que traiga el mañana. Una tarea a la que contribuyeron otros reputados miembros de la firma, citados adecuadamente a lo largo del texto.

A partir de ese momento el banco vive sus momentos de mayor esplendor, según el autor: manipulando valoraciones y precios en las OPVs de los años dorados de las compañías de Internet (cinco billones de dólares de riqueza evaporada sólo en el Nasdaq), gracias a la violación de la norma no escrita que limitaba las salidas a bolsa a empresas rentables; fomentando la titulización y aseguramiento de hipotecas de baja calidad con el despegue del mercado inmobiliario, a la vez que apostaba por su hundimiento hasta el punto de ser de las pocas sociedades que se beneficiaron con su caída mediante la utilización de instrumentos derivados; alentando la inversión financiera en materias primas como el petróleo -cuyo precio se disparó hasta cerca de los 150 dólares gracias a que un barril se negociaba en 2008 hasta 27 veces, de media, antes de que fuera entregado y consumido- que tomaban como referencia índices creados por la propia Goldman, actividad que explotó igualmente gracias a un cambio normativo.

Una panoplia de actuaciones que pondrían de manifiesto el poder oculto de Goldman y su influencia en la construcción de la peor cara del capitalismo financiero, rostro sobre el que ahora se quiere verter una pesada capa de maquillaje de carácter social y de adecuación a su fundamento originario que es la economía productiva. Grave responsabilidad que, sin embargo, no le ha hecho perder ni un ápice de su relevancia.

La importancia actual de Goldman en la gestión de la crisis y en la, a juicio de Taibbi, siguiente burbuja que está por llegar y que ya se está gestando. Un modo de actuación que define de modo brillante Simon Johnson, al que cita Taibbi, en The Atlantic como El Golpe de Estado Silencioso, análisis éste de imprescindible lectura.

Señala el reportero que Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis.

Maquillaje de resultados gracias al aparcamiento de pérdidas en meses fantasma, por cambio de calendario de publicación, como diciembre de 2008; conversión en banca comercial que les permite recalar bajo la supervisión de otro ex Goldman, Stephen Friedman; beneficios extra derivados del rescate de AIG que evita que tenga que provisionar sus contrapartidas, mientras que se deja morir a un competidor directo como Lehman; sospechas de información privilegiada en relación con los stress tests; uso de tasas impositivas sorprendentemente bajas, etcétera, son la pléyade de acusaciones documentadas que el texto recoge y que evocan, a juicio de distintos agentes del mercado consultados por Taibbi, que se ha perdido el pudor y se ha pasado de una ayuda implícita comúnmente aceptada, y derivada de la incorporación del talento creado en el seno de la entidad a las finanzas públicas, a otra explícita que tiene por objeto consolidar la posición del banco de inversión y conservar su capacidad de maniobra.

Pero Goldman no duerme. No puede hacerlo, concluye el autor. Así, sus empleados se convirtieron en los principales donantes privados de la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos de Obama con cerca de un millón de dólares. Tras haber atravesado el campo de minas del rescate bancario de manera exitosa, Goldman ha vuelto una vez más a sus viejos hábitos y trata de colocar a sus peones dentro de la Administración a fin de beneficiarse de los agujeros que, en la renovada actividad pública, se puedan vislumbrar (…) Y la nueva apuesta de la entidad se llama derechos de emisión o carbon credits, un mercado de un billón de dólares que apenas existe a día de hoy pero que forma parte principal de la Ley Energética aprobada por el Congreso el pasado viernes. Con una particularidad, señala: el hecho de que el límite de derechos a subastar fijado por el Gobierno caiga anualmente implica que Goldman ni siquiera se va a tener que pringar en hacer que los precios suban.

De momento, de acuerdo con Taibbi, la firma financiera habría ido engrasando la maquinaria con las oportunas contribuciones a los diferentes lobbies, la inversión directa en compañías productoras de energías renovables, la adquisición del 10% del Mercado de Chicago en el que los derechos se van a negociar, la compra de un pequeño trader que se dedica ya a tal actividad y así sucesivamente. Cualquiera podría afirmar que se trata de un ejercicio de buena gestión, de anticipación de cara al futuro, pero a estas alturas de la película el autor ya no concede a la entidad el beneficio de la duda. Puede incluso que al final la actividad real, como ocurre en Europa, sea mucho menos que la inicialmente predicada y que los precios se mantengan bajo mínimos. No importa, de lo que se trata es de denunciar el papel del banco y añadir argumentos a su condena. Su conclusión, de hecho, no admite dudas: Así es como funcionan las cosas.

Con todo esto, ¿a alguien le extraña la inversión de Buffett en la compañía? Es fácil comprender, a la luz de esta lectura, de qué va este negocio, condición primera y principal impuesta por el Oráculo de Omaha para cometer cualquier inversión. Y en finanzas, Goldman es y ¿será? la apuesta ganadora.

Este es el mundo en que vivimos, donde algunos tenemos que respetar las reglas mientras que otros no sólo se ven excusados de ajustarse a ellas sino que reciben dinero por hacerlo. Un esquema mafioso en el que uno no se puede fiar de los precios y donde hay peajes ocultos en cada dólar de impuestos que pagas. Quizá no podamos pararlo pero, al menos, tenemos la obligación de denunciarlo.

Un alegato demoledor que pone en tela de juicio las prácticas llevadas a cabo por la entidad a lo largo del último siglo de actividad financiera y que cuestiona el enorme poder acumulado por la firma con el paso del tiempo y, en especial, desde la incorporación de su directivo Robert Rubin a la Administración Clinton en la década de los 90.

¿Es para tanto?

Veamos lo que dice Paul Krugman:

“La economía de EEUU sigue en situación precaria, con uno de cada seis trabajadores en paro o subempleado. Aun así, Goldman Sachs acaba de anunciar beneficios trimestrales históricos, y se prepara para repartir enormes primas, comparables a las que pagaba antes de la crisis. ¿Qué nos dice este contraste?

Primero, que Goldman es muy buena en lo que hace. Desgraciadamente lo que hace es malo para Estados Unidos. Segundo, demuestra que los malos hábitos de Wall Street (sobre todo, el sistema de compensación que contribuyó a generar la crisis financiera) no han desaparecido. Tercero, demuestra que, al rescatar el sistema financiero sin reformarlo, Washington no ha hecho nada para protegernos de una nueva crisis y, además, ha hecho que sea más probable que se vuelva a producir”. La alegría de Goldman Sachs (El País - 19/7/09 - Por Paul Krugman)

El profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008, sostiene que durante la generación anterior (desde la liberalización de la banca de los años de Reagan), la economía estadounidense ha estado financiarizada. La importancia del negocio de mover el dinero, de rebanar, trocear y reenvasar activos financieros, ha subido vertiginosamente en comparación con la de la producción real de cosas útiles. Eso que se ha dado en llamar oficialmente sector de “seguros, contratos de mercancías e inversiones” ha crecido muy deprisa, desde sólo un 0,3% del PIB a finales de los años setenta hasta el 1,7% en 2007.

Dicho crecimiento sería estupendo si ese carácter financiero realmente cumpliese sus promesas (si las empresas financieras ganasen dinero dirigiendo el capital hacia sus usos más productivos y desarrollando formas innovadoras de repartir y reducir los riesgos). Pero, ¿puede alguien, en este momento, afirmar eso sin inmutarse? Las empresas financieras, como sabemos ahora, han dirigido enormes cantidades de capital hacia la construcción de casas invendibles y de centros comerciales vacíos. Han hecho aumentar el riesgo en vez de reducirlo y lo han concentrado en vez de repartirlo. En la práctica, el sector ha estado vendiendo peligrosos medicamentos patentados a consumidores crédulos.

El papel de Goldman en ese cambio de EEUU ha sido similar al de otros actores, salvo por una cosa: Goldman no cayó en su propio lazo. Otros bancos invirtieron muchísimo dinero en la misma basura tóxica que vendían a los ciudadanos de a pie. Es bien sabido que Goldman ganó un montón de dinero vendiendo seguros respaldados por hipotecas de alto riesgo y luego otro montón más vendiendo en descubierto seguros respaldados por hipotecas, justo antes de que su valor se hundiese. Todo esto era perfectamente legal, pero el resultado neto fue que Goldman obtuvo beneficios tomándonos al resto por bobos.

Y los de Wall Street tienen todos los incentivos necesarios para seguir jugando al mismo juego. Las enormes primas que Goldman pronto repartirá ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden.

Lo que está claro es que Wall Street en general, con Goldman sin duda incluida, se ha visto enormemente beneficiada por la red de seguridad financiera ofrecida por el Gobierno (una garantía de que rescatará a los principales actores financieros si las cosas salen mal). La consecuencia es que el pasivo del sistema financiero está ahora respaldado por una garantía implícita del Gobierno.

Pero la última vez que se produjo una ampliación comparable de la red de seguridad financiera, la creación del seguro federal de depósitos en los años treinta, fue acompañada de una regulación mucho más estricta, para garantizar que los bancos no abusaban de sus privilegios. Esta vez, las nuevas normativas están todavía en fase de borrador (y el grupo de presión financiero ya está oponiéndose a las más elementales garantías para los consumidores).

Ahora, vamos a lo que vamos

“Goldman Sachs ha ganado 3.440 millones de dólares en el segundo trimestre, un incremento del 65% respecto al año pasado y el más alto de sus 140 años de existencia… Pero, ¿de dónde salen tantos beneficios? Primero de los préstamos baratos que obtienen de la Reserva Federal y de las garantías que reciben del FDIC (el fondo de garantía de depósito de EE.UU.) para la emisión de deuda a bajos tipos. Además el salvamento de la aseguradora AIG ha beneficiado mucho a algunos grandes bancos como Goldman que han conseguido recuperar el 100%. Goldman también ha aumentado sus beneficios incrementando significativamente su riesgo en mercados de renta fija, materias primas y divisas, al viejo estilo. Lo peor es que el anunciado aumento de los bonus en Goldman como consecuencia de estos beneficios, incitará a otros grandes bancos a volver a la ruleta. Recordemos que son demasiado grandes para quebrar”. ¡La banca gana! (El Mundo - 19/7/09 - Por José García Montalvo)

Y luego, por supuesto, tenemos los agresivos cambios contables. La eliminación de la contabilización de los activos tóxicos por su valor de mercado ha permitido reducir estas pérdidas hasta el punto de que, según algunas estimaciones, los beneficios de los grandes bancos serían la mitad sin la aportación de la contabilidad del “póngase el valor contable que quiera”. Por último, la reducción en las reservas por futuras pérdidas derivadas de las modificaciones de préstamos hipotecarios proporciona un empujón adicional a sus beneficios.

Le tengo un dato…

“En abril de 2008, Marc Irizarry, un analista de Goldman Sachs Group Inc., le había dado una calificación de "neutral" a la gestora de fondos mutuos Janus Capital Group Inc. Pero mientras sus informes publicados recomendaban pasividad, el analista les dijo a decenas de corredores de la firma estadounidense de valores que era muy probable que la acción subiera, según documentos de la compañía.

Al día siguiente, empleados del departamento de investigación de Goldman llamaron a unos 50 clientes privilegiados de la firma con esa recomendación, incluidos los fondos de cobertura Citadel Investment Group y SAC Capital Advisors, muestran los documentos. Los clientes que reciben la investigación de Irizarry no se enteraron de su optimismo respecto a Janus hasta que salió un informe impreso seis días después, cuando las acciones de la firma ya habían dado un salto de 5,8%”. Goldman Sachs, sospechosa de favorecer a sus mejores clientes con recomendaciones selectivas (The Wall Street - 24/8/09)

Todas las semanas, los analistas de Goldman ofrecen recomendaciones bursátiles durante una reunión que la firma denomina “corrillo de corretaje”. Pero sólo unos pocos de los miles de clientes suscritos a los informes de Goldman reciben las sugerencias.

Durante las reuniones, los analistas de Goldman identifican las acciones que creen que subirán o caerán en función de sus anuncios de resultados, la dirección general del mercado u otros factores de corto plazo. Algunas de sus recomendaciones difieren de las que aparecen en los ampliamente difundidos reportes de Goldman. Algunos corredores de la firma que hacen apuestas con los propios recursos de Goldman asisten a estos encuentros.

Los críticos se quejan de que limitar la distribución de los consejos de inversión de Goldman sólo a sus mejores clientes perjudica a los que no tienen la oportunidad de recibir tal información.

La regulación de las firmas de valores en Estados Unidos exige que compañías como Goldman ofrezcan “un trato justo a los clientes” y prohíbe que sus analistas emitan opiniones que contradigan sus convicciones reales sobre una acción. Steven Strongin, director de investigación de Goldman, asegura que nadie recibe una ventaja injusta en esas reuniones y que las ideas de inversión a corto plazo no se oponen a los pronósticos a largo plazo reflejados en sus informes impresos.

George Klopfer, un ex cliente de Goldman que no formaba parte del selecto grupo que recibía los consejos de inversión, considera que la práctica es injusta. “Cuando me uní a Goldman como cliente, recibí todos sus sofisticados folletos que dicen que el cliente es lo primero (...) Era el último de la fila”, lamenta. Este año, decidió cerrar su cuenta de US$20 millones tras perder dinero con varios fondos de Goldman.



Desde que empezaron a celebrarse los corrillos de corretaje hace unos dos años, Goldman ha provisto “ideas de inversión” sobre cientos de acciones a los corredores y sus mejores clientes, según documentos internos revisados por The Wall Street Journal.

Edward Canaday, portavoz de Goldman, asegura que las recomendaciones apenas sirven para hacerse una idea del “color del mercado” y que son “siempre consistentes con el análisis fundamental”, que aparece en los reportes publicados. “Se espera de los analistas se refieran los acontecimientos que pueden tener un impacto a corto o largo plazo sobre el precio de una acción”, señala, aunque eso contradiga el panorama general de un analista. Los informes de Goldman incluyen una cláusula que dice que “los agentes de venta, corredores y otros profesionales” pueden adoptar posiciones contrarias a las opiniones expresadas en sus reportes. Sin embargo, la firma no revela el contenido de sus reuniones.

Canaday dice que los analistas reciben instrucciones de que cualquier comentario hecho durante una reunión que pudiera traducirse en cambios en la calificación, estimado de ganancias o meta del precio de una acción “debe ser publicado y diseminado ampliamente a todos los clientes”. Sin embargo, apunta que los cambios en una recomendación tras una reunión son excepcionales.

Los datos normalmente se dirigen a los más altos clientes que han expresado su interés en recibir la información y que tienen horizontes de inversión a muy corto plazo, agrega. Goldman no quiere sobrecargar a otros clientes con información que no sea relevante para ellos, aclara. “No estamos en el negocio de servir a miles de clientes minoristas”, observa.

Los analistas tienen un incentivo financiero para proveer a sus clientes con información útil. Goldman reserva aproximadamente la mitad del dinero concedido cada año a la compensación de analistas y lo reparte en función de las opiniones de los clientes. El resto de la remuneración de un analista depende del desempeño de las acciones que escogió. Este sistema de pago es común en la mayoría de firmas de Wall Street.

El año pasado, la Autoridad Regulatoria de la Industria Financiera (Finra, por sus siglas en inglés), propuso nuevas normas para clarificar las obligaciones de revelar información bajo la ley existente con el requisito de “tratar justamente” a todos los clientes. Las firmas pueden emitir recomendaciones contradictorias siempre y cuando los clientes sean informados de que esas inconsistencias son posibles.

Un vocero de Finra dice que el organismo sigue revisando comentarios presentados en respuesta a la propuesta. Goldman no hizo comentarios sobre las nuevas normas sugeridas.

El mercado de derivados (y su eventual regulación)

“Las cinco grandes entidades ganarán este año 35.000 millones de dólares en un mercado que encara la mayor reforma desde su creación hace 30 años.

Wall Street está preparándose para librar una batalla en defensa de uno de sus feudos más provechosos: el mercado de derivados no regulado, que mueve 592 billones de dólares y encara la mayor reforma desde su creación hace 30 años”. La banca de Wall Street combate la regulación del mercado de derivados (Negocios - 31/8/09)

Cinco bancos de Estados Unidos, entre ellos JPMorgan Chase, Goldman Sachs y Bank of America, ganarán más de 35.000 millones de dólares este año negociando contratos de derivados no regulados. En juego está cuánto de este negocio podrán conservar ellos y otros intermediarios.

“Los modelos de negocio de los grandes intermediarios tienen tan pocas oportunidades de obtener beneficios que tienen que defender la última gran frontera de las rentabilidades de dos y hasta tres dígitos”, explica Christopher Whalen, director general de Institutional Risk Analytics, que analiza bancos para inversores.

A finales del primer trimestre, los cinco operadores de derivados más grandes de Estados Unidos -JPMorgan, Goldman Sachs, Bank of America, Morgan Stanley y Citigroup- tenían un 95% del valor de los derivados por 291 billones de dólares de las 25 sociedades bancarias más grandes del país, según un informe de la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC). Más del 90% de esos derivados fueron negociados en mercados no regulados, según la OCC.

En los seis primeros meses de 2009, esos cinco bancos ganaron 35.000 millones de dólares negociando derivados, como permutas de tipos de interés y riesgo crediticio (CDS), e instrumentos líquidos como bonos del Tesoro y de empresa, según la Reserva Federal.

Las críticas arrecian y Washington se pone manos a la obra. Aunque los legisladores decidieron en 2000 eximir los derivados de la supervisión del Gobierno, el sector financiero reconoce ahora que hay un amplio consenso en Washington, que no en Wall Street, para regular estos instrumentos.

Pero, ¿en qué consisten? Los derivados son instrumentos financieros que se derivan de acciones, bonos, préstamos, monedas y materias primas o que están vinculados a sucesos específicos como cambios en los tipos de interés o el clima. Los credit default swaps (CDS) aseguran a los inversores contra impagos de bonos y pueden ser utilizadas para especular sobre la solvencia de una compañía.

La negociación over the counter (OTC) negocia instrumentos financieros (acciones, bonos, materias primas, swaps o derivados de crédito) directamente entre dos partes. Este tipo de negociación se realiza fuera del ámbito de los mercados organizados.



El “círculo” de Geihtner

“Algunos de los ayudantes más cercanos de Timothy Geithner, secretario del Tesoro, han ganado millones de dólares al año trabajando para bancos como Citigroup y Goldman Sachs, hedge funds y firmas de capital privado como Blackstone, según recoge Bloomberg. Y han accedido al cargo sin pasar por el escrutinio del Senado.

Entre estos asesores, que cobran del Tesoro pero que no necesitan ser confirmados por el Senado, se encuentra Gene Sperling, que el año pasado cobró 887.727 dólares de Goldman Sachs y 158.000 más de otras compañías financieras a las que ofreció charlas, firmas entre las que se encontraba la del estafador Allen Stanford. Otro de los ayudantes de Geithner, Lee Sachs, cobró un salario de más de 3 millones de dólares de Mariner Investment, un hedge fund de Nueva York”. Geithner se rodea de ex empleados de Wall Street en el Tesoro (El Economista - 14/10/09)

Como parte del grupo de asistentes de Geithner, Sperling y Sachs también supervisan los 700.000 millones de dólares de ayuda a los bancos y deciden sobre las normas sobre los pagos a los ejecutivos y la reforma financiera que quiere implantar el Tesoro.

Aunque es habitual que funcionarios del Tesoro vengan de la industria financiera, choca con las declaraciones de Obama y su gobierno, acusando a Wall Street de prácticas que han provocado la crisis financiera. Además, el presidente ha prometido cambiar Washington alejando a los “lobbystas”.

Aparte de Sperling y Sachs, dentro del círculo de consejeros de Geithner se encuentra Lewis Alexander, antiguo economista jefe de Citigroup. Además, en otros cargos que no requieren confirmación se encuentran Matthew Kabaker, que trabajaba para la firma de capital privado Blackstone y Mark Patterson, "lobbysta" de Goldman Sachs.

Alexander dejó Citigroup en marzo para unirse al Tesoro y recibió 2,4 millones del banco en 2008 y los primeros meses de 2008. Es asesor de Geithner en economía e investiga los mercados financieros. Kabaker trabaja en política financiera doméstica y ha participado en el plan para que los bancos se deshicieran de sus activos tóxicos, y ganó 5,8 millones en Blackstone en 2008 antes de incorporarse al Tesoro a finales de enero de 2009.

Sperling, por su parte, complementó su salario en Goldman con una gran variedad de trabajos de consultor, asientos en consejos y otros, hasta ganar 2,2 millones de dólares en los 13 meses anteriores a enero. Entre otras trabajó para el Philadelphia Stock Exchange, para dos hedge funds (Brevan Howard Asset Management y Sterling Stamos Capital Management) y para la agencia Bloomberg, donde era columnista y aparecía en la televisión de la agencia financiera.

Goldman le pagaba 887.727 por ser consejero en temas benéficos, mientras que Patterson, que es jefe de personal de Geithner, recibió 637.492 dólares del banco de inversión por su trabajo de “lobbysta” a tiempo completo.

Este grupo de financieros están aplicando el plan de rescate que aprobó el antecesor de Geithner, Henry Paulson, y están diseñando las reformas que determinarán el futuro de Wall Street en los próximos años. Varios senadores han acusado a Geithner de estar beneficiando a una industria que considera como propia.

El pasado noviembre, en el Congreso, y durante su comparecencia frente al Grupo de Fiscalización del fondo de rescate bancario, Geithner tuvo que soportar que un grupo de personas mostraran carteles contra el empleo del dinero de los contribuyentes para dichos rescates: “Devuélvenos la pasta”.

Geithner ha llegado a negar de forma explícita que beneficie a Goldman Sachs en particular. “Hemos sido obligados a hacer cosas extraordinarias y agresivas para ayudar a salvar a la economía”, dijo Geithner en una entrevista al diario estadounidense Wall Street Journal y a Digg, una página web donde millones de usuarios comparten y califican artículos.

“Estoy completamente seguro de que ninguna de esas decisiones (...) tuvieron nada que ver con los intereses específicos de ninguna empresa individual, mucho menos con Goldman Sachs”, dijo Geithner.

En más de una ocasión Geithner ha garantizado la completa integridad que se exige a los oficiales de las agencias públicas. Éstos, “gente honorable” que, como Henry Paulson -anterior Secretario del Tesoro-, hicieron “grandes cosas para el país” y actúan siempre por el interés de la comunidad financiera, y no de empresas concretas. Pese a ello, Geithner se excusó diciendo que éstos son trabajos muy complicados, y más aún en tiempos de crisis financiera.

A pesar de la confianza que Geithner deposita sobre los oficiales públicos, el secretario del Tesoro no quiere hablar de una auditoria a la Reserva Federal por el reparto de los fondos públicos. Rechazó en varias ocasiones la resolución del Congreso promovida por Ron Paul, que abogaba por una auditoría y supervisión exhaustiva de la Reserva Federal. Esta iniciativa había cosechado gran éxito no sólo en el mismo Congreso de EEUU, sino entre diversos movimientos ciudadanos y civiles.

El amor en los tiempos de “cólera”

“Para bien o para mal, de vez en cuando una empresa es elegida por el destino para representar “el rostro inaceptable del capitalismo”, un término acuñado por el fallecido primer ministro británico Edward Heath. Para mucha gente, Goldman Sachs es hoy ese rostro.

Los chistes más suaves se refieren a la legendaria firma de inversión como "Gobierno Sachs", debido a sus conexiones con el ex secretario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos Henry Paulson (que en su momento fue presidente ejecutivo de Goldman) y otros ex alumnos, quienes, al desempeñarse como funcionarios en Washington, participaron en el rescate financiero del año pasado. Algo menos amable, un periodista de la revista Rolling Stone comparó a Goldman con un "gran calamar vampiro que envuelve la cara de la humanidad y que dirige sus tentáculos de forma implacable hacia cualquier cosa que huela a dinero”. Goldman Sachs, una historia de amor y odio (The Wall Street Journal - 20/10/09 - Por Holman W. Jenkins Jr.)

De los cinco mayores bancos de inversión que existían hace poco más de un año, sólo sobreviven dos: Goldman y Morgan Stanley. Lehman está muerto; Bear Stearns y Merrill fueron absorbidos por bancos comerciales. Incluso al sobrevivir, el precio en reputación para Goldman fue sin dudas, y oscuramente, mayor que para el otro sobreviviente.

Sentado en su oficina en el piso 30 de la sede central de la empresa en Manhattan, el presidente ejecutivo de Goldman, Lloyd Blankfein, asegura estar más perplejo que lastimado por las críticas. Es de suponer que su serenidad se debe a que los hechos de los que hablamos -el coqueteo de Goldman con la muerte- parecen haber quedado en el pasado.

Defiende todo lo que considera ejemplar sobre su firma: su disciplina para correr riesgos; que el 90% de sus ingresos y ganancias proviene de servicios a los clientes; que no es sólo un fondo de cobertura gigante; que juega un rol social vital para enlazar a quienes tienen capital y quienes lo necesitan; que sus altos ejecutivos se suelen jubilar jóvenes y dedicarse a la filantropía o el servicio público.

Sí, admite, que la presencia de tantos ex ejecutivos de Goldman en puestos altos del gobierno a algunos les da la impresión de que la firma está moviendo conexiones (algo que él desmiente). “Pero”, señala, “apuesto a que cuando las aguas se calmen, volverá a considerarse como algo positivo que la gente deje de lado su búsqueda de riqueza personal y se dedique al servicio público”.

Sin embargo, la pregunta de si él y sus colegas le deben sus fortunas -que se han vuelto a expandir- al rescate gubernamental, no es fácil, ni para él ni para nosotros (dice el reportero del periódico citado).

Blankfein afirma que agradece las intervenciones del gobierno que estabilizaron la crisis, pero se resiste a llegar al corolario obvio, que se ha vuelto aún más evidente en medio de las recientes revelaciones sobre cuán vigorosos fueron los esfuerzos de Washington para mantener vivo a Goldman.

El corolario: por ahora, Washington considera que Goldman es “demasiado grande para quebrar”, y puso una garantía efectiva con dinero de los contribuyentes tras la firma, bonificaciones opulentas incluidas.

Si el sistema financiero hubiera colapsado, Blankfein admite sin dudarlo, “nos hubiéramos desbarrancado con el resto. Sería ridículo decir lo contrario. Como miembros del sistema, todos corríamos peligro... Si usted hubiera sabido lo que yo sabía, habría estado tan asustado como yo” (le dice al autor de la nota). Pero insiste que Goldman no estaba en un riesgo particular.

Lo que llama la atención hoy es la importancia acumulativa de esos esfuerzos. Al intentar salvar al sistema, el gobierno buscaba salvar a Goldman; al intentar salvar a Goldman, buscaba salvar al sistema. Goldman = sistema, es un buen resumen.

Blankfein prefiere enfatizar el rol de las iniciativas de auto-ayuda de Goldman, como acelerar las gestiones para que la firma actuara como un holding bancario y pasara de la órbita de regulación de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) a la de la Reserva Federal.

Dos días después de lograrlo, Blankfein captó US$ 5.000 millones de Warren Buffet, seguido de una venta de US$ 5.000 millones en acciones de Goldman en el mercado bursátil. El impacto en la confianza de los clientes e inversionistas, agrega Blankfein, fue “enorme” e instantáneo.

Luego está el tema de AIG, fuente de recriminaciones incluso entre los hermanos de Goldman en Wall Street. Si AIG, un jugador enorme en toda clase de mercados, hubiera quebrado, el impacto en la economía hubiera sido incalculable. Al día de hoy, se afirma que el rescate de AIG era un rescate encubierto de Goldman.

AIG había emitido gran cantidad de garantías respaldadas por hipotecas de alto riesgo; Goldman había comprado gran cantidad de esas garantías. AIG fue rescatada, aunque eso quiso decir que el dinero de los contribuyentes, en cierto sentido, fue a parar al bolsillo de Goldman para cumplir con las obligaciones de colateral de AIG.

Las teorías de la conspiración siempre surgen cuando ocurren eventos de grandes consecuencias. No cabe duda que Blankfein estaba cuidando su firma y que Paulson y compañía intentaban evitar un colapso económico. Lehman, Bear, AIG, y otras firmas estaban al mando de ejecutivos con fortunas significativas ligadas a sus acciones en las empresas. Y aun así explotaron. Mientras, los acreedores fueron rescatados, es decir los mismos que aportaron el apalancamiento que permitió que los bancos crecieran demasiado para caer, y quizá lo volverían a hacer. Goldman no tiene la culpa de eso. Sólo Washington puede hacer algo al respecto.

Al final, hasta el abuelito de Heidi nada con los tiburones

“Berkshire Hathaway Inc. de Warren Buffett se asoció con Goldman Sachs Group Inc. en el intento del banco de inversiones por adquirir US$3.000 millones en créditos tributarios de la firma hipotecaria de propiedad del Gobierno estadounidense Fannie Mae, indicaron personas con conocimiento del tema”. Goldman y Buffett se asocian para comprar créditos de Fannie Mae (The Wall Street Journal - 4/11/09 - Por Susanne Craig, Christina S.N. Lewis y Damian Paletta)

El ingreso de Buffett agrega un nuevo factor a la operación ya políticamente sensible. El Departamento del Tesoro está considerando bloquear cualquier posible venta debido a que no beneficiaría a los contribuyentes. El dinero que recibiría Fannie Mae sería contrarrestado por la caída en el ingreso tributario del Gobierno.

El Gobierno tomó el control de Fannie Mae y Freddie Mac el año pasado y el Departamento del Tesoro ha invertido cerca de US$100.000 millones en los gigantes hipotecarios.

Los créditos prácticamente no tienen valor para Fannie Mae y requieren que la compañía asuma pérdidas en cada trimestre a medida que su valor disminuye. Compañías como Berkshire Hathaway y Goldman Sachs podrían usarlos para contrarrestar gastos de impuestos federales.

Al que roba al ladrón… ¿cien años de perdón?

Serguey Aleynikov fue interceptado el 3 de julio en el aeropuerto internacional de Newark por varios agentes del FBI. Este inmigrante ruso con residencia en Nueva Jersey fue arrestado bajo la acusación de robar códigos informáticos de alto secreto. Pero ni los secretos eran militares ni su destino, aparentemente, era una potencia extranjera. Aleynikov era un empleado de Goldman Sachs y está acusado de haberse llevado el código que utilizan los programas automáticos de inversión de esta firma.

Esta historia de espías ha llevado a primera línea de actualidad algo que se comentaba con asiduidad en los círculos financieros desde hace meses: el cada vez mayor peso de las operaciones automáticas en la Bolsa. Según la New York Stock Exchange, hay semanas en las que la mitad del negocio lo hacen ordenadores, sin que intervenga la mano del hombre. Ellos observan el mercado, ellos miran, ellos deciden y ellos compran. Y después venden. En cuestión de milisegundos. Según fuentes del mercado, la participación de las máquinas en el negocio bursátil llega al 70% si se suman las operaciones llevadas a cabo en las Bolsas no tradicionales. Y se gana mucho dinero. Joe Saluzzi, bróker estadounidense de la firma Themis Trade, calcula que el par de cientos de firmas que hacen intermediación de alta frecuencia pueden ganar unos 21.000 millones de dólares al año.

Los programas captan la información de mercado que pueda ser relevante. A través de complicados algoritmos matemáticos buscan pautas de comportamiento y, en consecuencia, operan. Aunque lo hacen a través de pequeños paquetes de acciones -para ocultar las huellas-, mueven grandes cantidades de dinero. Así, por minúscula que sea la variación de precio, quien se adelante a los demás gana mucho dinero. Y el abanico de operaciones realizadas es tan amplio y complejo como cabe esperar de la imaginación de un ejército de matemáticos millonarios armados con superordenadores.

Ahora bien, los ordenadores ganan dinero sólo si tienen una ventaja sobre su competencia, que no son los humanos, sino otros ordenadores. Dicha ventaja se obtiene bien por la infraestructura (mejores máquinas y más rápidas) como por la sofisticación de los programas que operan. Es una verdadera carrera armamentística, y como en cualquier carrera de armamentos, la información es poder. Por eso el robo del programa parece sacado de una película de espías.

“Es donde se gana todo el dinero ahora”, comentó a The New York Times William Donaldson, ex presidente de la SEC, supervisor de los mercados, “si un inversor no tiene medios, está en una gran desventaja”. En realidad, si el pequeño inversor tiene poco que hacer frente a los profesionales, éstos no tienen mucho más futuro frente a las máquinas. Los programas automáticos entran o salen del mercado en milisegundos, para volver a entrar si detectan que los parámetros siguen siendo favorables. Por ejemplo, ante una noticia o un flujo de órdenes ven una pauta alcista, compran y venden a un precio, unos céntimos más alto. Los inversores tradicionales llegan más tarde, pero compran igualmente, y el programa automático puede seguir penalizando a los que lleguen más tarde. Otros programas, según señalaba esta semana The Economist, generan volatilidad artificial en las acciones para elevar el precio de las opciones. Otros están preparados para reaccionar a las noticias que envían las agencias de noticias y responder a éstas antes que los intermediarios humanos. Y hay programas que están pensados para detectar las operaciones de otros sistemas y contraprogramar operaciones...

La asimetría de información y de oportunidades es algo que siempre se ha dado en la Bolsa. Pero las estrategias destapadas por el caso Aleynikov despiertan algunas preguntas que sobrepasan el ámbito de la inversión pura y dura. Y, paradójicamente, ha sido el fiscal del caso, Joseph Facciaponti, quien ha hecho algunos apuntes inquietantes: “El banco ha señalado la posibilidad de que alguien que sepa usar este programa pueda hacerlo para manipular los mercados con intenciones maliciosas”. Una frase quizá no demasiado afortunada, pues el ultrasecreto programa ya era utilizado profusamente por Goldman.

Como Goldman, los “hackers” también usan programas automáticos de inversión

“Washington.- El Departamento de Justicia de Estados Unidos procesó a ocho hackers de Rusia y Europa del Este que formaban parte de una elaborada red delictiva acusada de robar US$ 9 millones de cajeros automáticos en cientos de ciudades alrededor del mundo en cuestión de horas”. Acusan a “hackers” de perpetrar amplio robo cibernético en cuestión de horas (The Wall Street Journal - 11/11/09 - Por Siobhan Gorman y Evan Pérez)

El martes, los fiscales de Atlanta anunciaron los cargos en uno de los hurtos de banca electrónica más osados y nocivos conocidos hasta el momento. Uno de los acusados fue arrestado y está a la espera de ser extraditado de Estonia. Los demás estarían prófugos.

Los presuntos hackers descifraron un sistema informático de RBS WorldPay Inc., la división estadounidense de procesamiento de pagos del banco británico Royal Bank of Scotland Group PLC, y clonaron tarjetas de débito prepagas, que luego usaron para retirar efectivo de 2.100 cajeros automáticos en 280 ciudades del mundo. La operación sincronizada, que comenzó el 8 de noviembre, no demoró más de 12 horas.

El caso de RBS es parte del auge de los robos en línea a bancos y otras entidades financieras. “La cantidad que se roba electrónicamente o (en) filtraciones de datos es mayor que la de los robos en sucursales”, señala Shawn Henry, subdirector de la división de crímenes cibernéticos de la Oficina Federal de Investigación (FBI), en una entrevista.

Los presuntos hackers vulneraron las tarjetas de débito que las empresas otorgan a sus empleados para que puedan retirar sus salarios. Una vez ingresaron a los sistemas, elevaron el cupo máximo permitido para retiros y luego intentaron destruir los datos en los sistemas para cubrir la infiltración, informaron los fiscales.

Se presentaron 16 cargos. Los más serios fueron contra cuatro conspiradores y variaron desde fraude cablegráfico a robo de identidad agravado. Otros acusados enfrentan cargos menos graves. RBS devolvió a sus clientes la totalidad de los fondos robados.

Las pérdidas podrían haber sido mucho mayores si los hackers hubiesen ensamblado una red más amplia de cómplices que visitaran una mayor cantidad de cajeros automáticos, dijo Henry. “La dimensión de la red humana fue un limitante debido a que a algunos cajeros se les agotó el dinero”, aseveró.

Los hackers en el caso de RBS pertenecen a una de las dos pandillas que la policía ha seguido en los últimos años luego de haber causado estragos en las empresas financieras estadounidenses. El segundo grupo es responsable por los ataques en Internet contra TJX Cos., Heartland Payment Systems y otras empresas. Su líder, el estadounidense Albert González, fue procesado en agosto junto a sus conspiradores.

Los expertos en seguridad señalan que el grupo que atacó RBS fue considerablemente más sofisticado que el liderado por González.

Uno de los líderes es Viktor Pleshchuk, de 28 años, que reside en San Petersburgo, Rusia. Pleshchuk manipuló los datos y usó la red de computadoras de RBS WorldPay con la ayuda de otras personas, según la acusación formal. Pleshchuk desarrolló un método utilizado para descifrar los números de identificación personal a partir de la información codificada en la red de RBS WorldPay.

Otro conspirador, Sergei Tsurikov, de 25 años, de Tallin, Estonia, se encargó de hacer el reconocimiento del sistema de RBS WorldPay y apoyó otras actividades, según la acusación. También habría compartido información con Pleshchuck. Tsurikov está en proceso de ser extraditado a EEUU desde Estonia. Se tratará del primer cibercriminal en ser extraditado desde Europa del Este, que se ha transformado en un centro neurálgico de esta clase de delitos. Un cuarto involucrado es uno de los hombres más buscados del servicio secreto de EEUU: Oleg Covelin, de 28 años, de Chisinau, Moldavia, según la acusación. Covelin distribuyó la información de la cuenta al resto para que retiraran los fondos de los cajeros. Fue imposible localizar a los abogados de los acusados.

Los preparativos para el robo comenzaron el 4 de noviembre cuando los cuatro actores principales ingresaron a la red informática de RBS WorldPay desde una ubicación fuera de EEUU, según el documento. Los delincuentes distribuyeron cerca de 44 números de tarjetas de débito prepagas con sus claves de identificación personal a su red de “cajeros”. El 8 de noviembre de 2008, los ladrones les indicaron a los cajeros que empezaran a realizar los retiros. En el curso de las siguientes 12 horas, desaparecieron más de US$ 9 millones desde cuentas en ciudades que van desde Atlanta a Hong Kong. A los que retiraron el dinero se les permitió quedarse con hasta la mitad del efectivo robado y el resto fue enviado a los líderes de la pandilla, según los fiscales. RBS WorldPay detectó el hurto el 10 de noviembre y lo dio hizo público el 23 de diciembre.

¿Goldman hace el trabajo de Dios…o de Yahvéh? ¿Será por la “contabilidad creativa”?

“El presidente ejecutivo de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, defendió la política de bonus de los banqueros y afirmó que el regreso a los grandes beneficios debería ser bien recibido por la gente, como prueba de que la economía se está recuperando”. El jefe de Goldman Sachs: “Los banqueros hacen el trabajo de Dios” (Libertad Digital - 11/11/09 - Por Ángel Martín)

La percepción popular de las grandes entidades financieras no ha salido bien parada tras la crisis. De manera justa o no, buena parte de las culpas de los problemas actuales se atribuyen a la irresponsabilidad y avaricia de grandes ejecutivos y banqueros estadounidenses, que jugaron con fuegos altamente peligrosos y finalmente no sólo se quemaron ellos, sino que difundieron el fuego hacia todo el país, y en consecuencia hacia todo el mundo.

Goldman Sachs es uno de esos casos, especialmente si unimos el hecho de que hay amplias sospechas de su estrecha relación entre el Tesoro norteamericano y la Reserva Federal de Nueva York para recibir fondos públicos a costa del contribuyente. Sin embargo, al principal responsable de la entidad no parece importarle demasiado la mala imagen pública, a tenor de sus últimas declaraciones al Times británico, donde muestra escasa sensibilidad diplomática.

El diario británico Telegraph se hacía eco de estas declaraciones: “El jefe de Goldman Sachs: ‘los banqueros hacen el trabajo de Dios’”, titulaba, nada más y nada menos, este rotativo. Lloyd Blankfein, CEO de la compañía, no tuvo ningún reparo en afirmar que la vuelta a los grandes beneficios y a los bonus para los banqueros debería ser bien recibido por la gente, como prueba de que la economía se está recuperando.

En este sentido se manifestó recientemente otro alto cargo de la compañía, Lord Griffiths, quien sostuvo que “no deberíamos estar avergonzados de ofrecer compensaciones” a los banqueros, añadiendo su opinión al debate acerca de la legitimidad y deseabilidad de los bonus.

No obstante, los grandes beneficios de los bancos podrían estar, en buena parte de los casos, inflados y no basados en la realidad. Esta “contabilidad creativa” parcialmente se debe a las reformas recientes en los estándares contables a nivel internacional, mediante las cuales se sustituía el coste histórico por el llamado valor razonable (algo así como el valor de mercado) en la valoración de los activos. De esta manera, si los pisos subían un 50%, los activos de los bancos se revalorizaban en la misma proporción.

Esta reforma fue criticada por eminentes economistas, como el caso del catedrático de economía política Jesús Huerta De Soto, quien ya en 2003 alertaba sobre los efectos pro-cíclicos de esta reforma. Tras el estallido de la crisis se ha reafirmado en su posición en recientes artículos.

Tampoco parece excesivamente acertado el ejecutivo de Goldman Sachs cuando afirma que la economía se está recuperando. En el caso de EEUU, los datos positivos se deben principalmente al gasto público, y la angustia en la economía norteamericana apenas se ha reducido, además de que numerosos analistas alertan del empeoramiento de las condiciones económicas en un futuro cercano.

Un elemento de notable preocupación es la salud del balance de la Reserva Federal, que a fuerza de salvar a los bancos privados comprándoles activos malos, ella misma está ahora en una posición muy delicada.

En declaraciones a The Sunday Times, Blankfein daba gran importancia a los bancos como motor del crecimiento económico al ayudar a las empresas a captar capital y así generar riqueza: “Nosotros tenemos un propósito social”, afirmaba. Y aunque decía entender el enfado de la gente ante los bancos, no se cortó y dijo que “Todos deberían estar felices. Las compañías están creciendo de nuevo y captando dinero”, aunque reconocía que “El sistema financiero puede habernos conducido a la crisis pero él nos sacará”.

La entidad ha capeado mejor que otros competidores la crisis financiera y las turbulencias bancarias, aunque algunos apuntan a que las administraciones públicas les han echado una generosa mano. Tan buena parece ser la posición de Goldman Sachs, que, recientemente, consideraron donar 1.000 millones de dólares a caridad, con el objetivo de acallar las críticas que penden sobre ella.

La web de análisis Daily Bell respondía a las declaraciones de Blankfein con severas críticas. Situaba éstas en el contexto de anteriores afirmaciones en el mundo bancario, como la de altos cargos del Banco de Inglaterra al culpar del desastre económico a la fusión entre los bancos de inversión y comerciales, o las de John Reed, anteriormente en Citigroup, quien se lamentó de haber construido una firma financiera tan grande. Para estos analistas lo que hace Goldman Sachs es mantener y “operar en el centro del mercantilismo americano”. Un particular sistema en el que “grandes empresas líderes usan las relaciones con el Gobierno para eliminar la competencia y ganar ventajas competitivas que de otra manera no serían capaces de asegurarse”.

Así, esta firma se beneficia, no por casualidad, de las leyes y relaciones con el Gobierno, hipótesis que apoyan con la recurrente presencia de importantes miembros de Goldman en altos cargos en el Tesoro y otras plazas del Ejecutivo estadounidense.

Además de aprovechar estas ventajas, también les acusan de beneficiarse y favorecer las expansiones crediticias de los bancos centrales, causando un auge artificial e insostenible que reporta pingües beneficios, especialmente, a las firmas financieras como Goldman Sachs.

En cambio, cuando llegan los tiempos malos, los gobiernos y bancos centrales suelen acudir en su ayuda, haciendo así que las ganancias sean privadas mientras que las pérdidas se distribuyan entre los contribuyentes. Un negocio redondo para cualquiera con cierta perspicacia y no demasiados escrúpulos morales.




Anexo ii - opiniones para todos los gustos (como caja de bombones)
Anexo iii - la paradoja de goldbug (el lado oscuro de la razón): no comment

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