Palabras del director



Descargar 5.75 Mb.
Página7/12
Fecha de conversión06.11.2018
Tamaño5.75 Mb.
Vistas43
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12
Catálogo: rseapv -> Anales
Anales -> Palabras del director
Anales -> Palabras del director
Anales -> Palabras del director
Anales -> Rsapv anales 1985 a 1986 1ra parte

Las definiciones de Europa
Fernando Morán López

Miembro del Parlamento Europeo


Buenas tardes, muchas gracias en primer lugar por la oportunidad que me ofrece el Presidente de la Generalitat Valenciana y la Real Sociedad Económica de Amigos del País de estar con ustedes esta tarde. Quisiera excusarme porque esta conferencia coincida con un partido de máxima importancia. Tenemos todos la posibilidad que da la tecnología de verlo en grabación pero agradezco su presencia porque sé que sus pensamientos estarán un poco también en donde podían estar los míos si no hubiese ocurrido esta coincidencia.

Yo había aceptado con mucho gusto esta oportunidad hace bastante tiempo y pretendía hablarles a ustedes de qué factores definen una situación nueva en Europa a fines de siglo. Lo había hecho mucho antes de que hubiese una convocatoria a las elecciones al Parlamento Europeo, por lo cual me parece correcto que haga yo aquí unas reflexiones, que no una conferencia, que no tengan ningún carácter electoral. No vengo a pedir ningún voto. Realmente vengo aquí a un acto -que me honra muchísimo- académico, intelectual, evidentemente con una dimensión cívica y política.

No vamos a hacer futurología, no vamos a pensar qué va a ser Europa en el año 2000, que está tan cercano, ni en el 2010, pero sí estudiar un poco los factores que van a permitir a Europa o por el contrario le van a disminuir su capacidad de moverse en una nueva situación internacional.

Diría, para empezar, que creo que se está dibujando un horizonte de cambio muy importante en Europa, porque hay un deshielo en las relaciones internacionales y hay unos tanteos de nuevo ajuste en la comunidad internacional que afectan directamente a Europa y porque Europa está en un proceso en que quizá el método acumulativo progresivo, el método Monet, de ir integrando sectorialmente, está llegando ya al momento en que el paso cualitativo es necesario si queremos construir una Europa que pueda responder a estas circunstancias.

Hay un cambio del panorama internacional que incide sobre Europa y a ese cambio internacional que todos tenemos presente voy a referirme al final de la conferencia. Pero antes, para ver en qué Europa estamos y qué Europa se dibuja, podríamos considerar muy brevemente, casi telegráficamente lo que podríamos llamar factores de cohesión o factores por el contrarío de disgregación de la Europa actual.

Europa ha llegado a un cierto nivel de cohesión. No hace falta diccionarío político para andar por Europa porque existe una homologación de instituciones, vivencias y estilo de vivir la vida pública y existe algo parecido a una cultura de base en Europa.

Un cierto grado de cohesión ¿qué cohesión tiene Europa?; ¿qué factores de cohesión tiene la Europa actual?; ¿y cómo se pueden desarrollar estos factores en el futuro?

Hay, en prímer, lugar un factor de cohesión que viene dado por la identidad de las instituciones y de los valores. Repito que no nos hace falta llevar un diccionario político para entender, por ejemplo en un ámbito extra-europeo, lo que se quiere decir cuando se habla de situaciones políticas o cívicas en Europa.

A veces se pretende que en la base de esta identidad de valores, subyace o está como soporte, una cultura europea común.

Siempre tengo sumo cuidado cuando se habla de la cultura europea común, primero por rigor intelectual, segundo por advertencia o cautela política.

Por rigor intelectual, porque los valores que Europa pretende y sobre todo se pretende polémicamente representar frente a terceros, no son privativos ni monopolio de Europa ni siquiera las instituciones representativas, el Estado de Derecho, el aumento de la sociedad civil, la privatización de la vida, la confesionalidad, el pluralismo ideológico y relígioso; esto lo ha transmitido Europa pero ya ha pasado a formar parte del acervo de países que no son exclusivamente europeos, entendiendo por Europa un concepto geográfico.

Hay realmente una contradicción entre seguir lo que consideramos valores europeos, entendiendo como tales, los valores de racionalización que se inician o se desarrollan plenamente a partir de la Ilustración y la pretensión de que Europa tiene una cultura que es un poco la vara de medir para las otras culturas. Esto conduce muchas veces a un cierto narcisismo cultural europeo, a un cierto eurocentrismo y ha servido históricamente para la descalificación de las culturas extra-europeas facilitando el asentamiento y la dominación de Europa.

El eurocentrismo cultural ha sido históricamente, por decirlo de una manera concreta, el soporte de la acción colonial europea, del colonialismo y del imperialismo europeo.

Y hay una contradicción entre los valores universales que Europa asimila y esta pretensión de ser una cultura paradigmática, la cultura válida que contrasta con las demás calificándolas, aceptándolas o rechazándolas.

No hay que olvidar, por ejemplo, que el esencialismo respecto a Europa no solamente ha alimentado la corriente liberal. Cuando hablamos ahora de cultura europea y política europea estamos, sin decirlo, hablando de una cultura europea democrática pero el esencialismo cultural europeo ha sentado versiones de tipo contrario.

En lo que Lukacs llamaba movimiento de asalto a la razón en los prefascismos y los fascismos, había muchas veces la potenciación de Europa como la cultura paradigmática, incluso la definición de lo que era Europa.

De la misma manera que hubo un esencialismo durante mucho tiempo que alimentó la vida cultural y política espafiola con el tema de la esencia de España, (y cuando se acertaba con una definición se descalificaban las otras partes y elementos que habían constituido la vida histórica de España y la cultura española) de la misma manera ha habido, por ejemplo, un fenómeno parecido en Gran Bretaña con los ingleses. Es decir, Europa es algo cohesionado, ante- rior a la existencia de las clases sociales como protagonista, con la idea por ejemplo, del gremialismo, o Europa es una formulación nazi y fascista; es decir, hay distintas versiones de Europa que chocan con lo que nosotros consideramos tendencias de la evolución de Europa como receptor de corrientes distintas, cultura de síntesis, etc.

Pero si no hay realmente, ni se puede decir que haya una cultura europea distinta, de.la misma manera que se puede hablar de una cultura anglosajona o de una cultura ibérica o de una cultura francesa, si no se ha llegado a ese grado de cohesión, no hay duda de que una similitud cultural es uno de los factores de cohesión de Europa.

Repito que estoy viendo lo que es Europa para después identificar cómo Europa puede actuar, como unidad, en unas circunstancias que a mi modo de ver se va configurando.

Unido a esta, diríamos, similitud de instituciones y de valores, hay un factor darisimocomo es la desapariclóti en Europa de las causas de confrontación y de conflicto bélico. Esto que parece una evidencia y que es una evidencia, sin embargo es algo novedoso en la historia de Europa, porque el motor de la historia de Europa, de la historia política de Europa, ha sido -por lo menos desde la creación de los Estados Natión- el enfrentamiento y la posibilidad de conflicto intraeuropeo.

En Europa existen contenciosos internacionales, tenemos uno muy claro por ejemplo, el caso de Gibraltar; respecto a otro país europeo, el caso del Tirol. Hay una serie de contenciosos, pero no existe ninguno que permita deducir que se pueda conducir a un conflicto bélico. Y esto es nuevo, repito, en a historia de Europa. .

Y esto le da a Europa una cierta cohesión desde el exterior; frente al exterior Europa es una zona no conflictiva a nivel intraeuropeo.

Como consecuencia o como causa de esta inexistencia de conflictos, de posibilidad de conflictos bélicos, hay en Europa una reducción de los nacionalismos.

No es que haya desaparecido el nacionalismo como motor de la creación de realidades internacionales -porque tengo para mí que el nacionalismo sigue siendo nacionalismo a nivel de Estado-Nación-, es un factor importante en la dinámica histórica en Europa y en el resto del mundo, pero sí hay una reducción de los nacionalismos.

Respecto a esto hay una relación interesante entre nacionalismo como paticularismo de una comunidad determinada, asentada en una serie de notas distintivas; identidad de lengua, territorio, tradición y mensaje de carácter universalista.

Este es un tema al que me he dedicado alguna vez, he escrito algo sobre ello y creo que es casi una evidencia. Es decir, todo nacionalismo es la concreción en un plano determinado, dentro de unos factores naturales -se llamaban los principios de la teoría de las nacionalidades en el S. XIX- de un mensaje de carácter universal.

Siempre aparece el nacionalismo cuando realmente se incorpora un mensaje general dentro de una comunidad determinada que vive como protagonista estos valores generales. En cualquier momento de la Historia, el siglo XVII al fin de .las guerras de religión, en Westfalia con el principio de atribución religiosa a los príncipes, como la religión del príncipe y la de los ciudadanos, en la conversión del mensaje universalista de la Revolución Francesa, en el nacionalismo francés como protagonista de los nuevos valores -la nación en armas representa los valores de carácter universal originariamente en la Revolución Francesa- o la conversión del mensaje transnacional de la Revolución Soviética en comunismo en un solo país en el tiempo de Stalin, frente a revolución permanente y luego también la identificación entre ideología y comunidad determinada en el concepto de la Unión Soviética, patria del Socialismo.

Hay una reducción concreta del mensaje universal a un sujeto definido por una serie de notas naturales, históricas, geográficas, culturales que encarga determinados valores.

No existe en este momento un mensaje universal europeo; por el contrario, éste es un mensaje que parte de la relativización de los factores naturales y hay en cierto modo un cierto cosmopolitismo a nivel europeo, aunque hay también una adscripción a una área geográfica económica integrada que es la Europa que se está constituyendo.

Sin embargo, hay una reducción de los nacionalismos que también hace que Europa sea bastante cohesionada, porque no hay factores de fraccionamiento dentro de Europa y mucho menos factores de fraccionamiento que pudiese llevar a la situación de lucha intestina de un conflicto intraeuropeo.

Por el contrario, se da en Europa y en otras zonas la aparición de un fenómeno distinto que es el micronacionalismo a escala inferior del Estado-Nación, lo que podríamos llamar los micronacionalismos o los nacionalismos étnicos.

Los sociólogos especulan porqué ha aparecido esta dedicación a lo inmediato, a la comunidad inmediata, la potenciación de la propia lengua de ámbito restringido. Hay quienes encuentran que esto es una respuesta frente a la situación alienante de la sociedad industrial que separa al actor de los resultados de la obra colectiva. En definitiva, una aparición simultánea de micronacionalismos hace que el nacionalismo a escala de nación tenga menos operativi dad en el ámbito europeo y en el ámbito de la Europa del mundo industrial en general.

Y existe una serie de homogeneidades económicas y sociales en Europa. Visto desde fuera, tomando Europa como un todo, los niveles económicos y sociales parecen mucho más próximos que los de otras zonas del mundo. No hay sociedades duales en Europa; hay situaciones que se pueden acercar, por ejemplo, en algunas zonas de Irlanda o de Portugal. Pero no hay situaciones duales como puede haber por ejemplo en el continente americano. No obstante, algunas diferencias existentes en Europa son notables y disminuyen esta cohesión que daría la homogeneidad social y económica de los distintos países europeos.

Cuando el Presidente Delors envía su carta al Presidente del Parlamento Europeo y al Presidente de la Comunidad en ejercicio en febrero de 1987, señala ya que existen una serie de desigualdades en Europa que es necesario corregir si se pretende, como rezaba el título de la carta de Delors, llevar a buen término el Acta Unica.

Si se toma, dice Delors, cien como media de la riqueza europea, un ciudadano de la RFA, la República Federal Alemana, tendría un índice de un 115%, es decir, superior a la media comunitaria y Portugal estaría en un 54%; un ciudadano de Hamburgo, continuaba Delors, sería 3 veces más rico que un ciudadano del distrito de Braga en Portugal.

Antes de la entrada de España y Portugal en la Comunidad, uno de cada 8 ciudadanos tenía una renta inferior a la media comunitaria. Con la ampliación de países a los países Ibéricos la proporción es de I a 5.

Existen pues, importantes desigualdades en Europa y estas desigualdades, naturalmente, a no ser que se corrijan -y a ello dedicaré solamente unos minutos a lo largo de esta exposición- pueden disminuir el grado de integración europea y producir unas reacciones defensivas de tipo proteccionista por parte de ciertos países europeos.

Delors, en su carta, propone una serie de medidas para equilibrar Europa, para que los objetivos del Acta Unica puedan llevarse a cato de una manera fluida y armónica sin crear esas situaciones que conducirían a reacciones de tipo defensivo; las más conocidas son la igualación de los fondos de desarrollo a los fondos de garantía agrícola (FEOGA), lo cual se logra en febrero de 1988, después de tres Consejos Europeos en los que no se alcanzó acuerdo; esto se consigue en un Consejo Extraordinario celebrado en Bruselas. Delors propone la creación de un cuarto recurso que corrija consistente en una pro- porción de la renta nacional, medida por el P.I.B., de modo que se corrijan las diferencias derivadas de la tributación referida al l. V .A. Asimismo, propone el aumento del presupuesto de las nuevas políticas, la persecución, junto con los objetivos del Acta Unica que se referían al mercado interior, de nuevas políticas y el aumento de los presupuestos para las mismas. Todo esto debe referirse al límite que fija la Comisión para el presupuesto europeo.

Es decir, que dentro del límite establecido para el presupuesto comunitario -Delors proponía que fuese ell 1’4% del producto nacional bruto europeo-, el Consejo extraordinario de Bruselas lo fija en el 1'3%. Hay que llevar a cabo estas reformas para aumentar el índice de cohesión social y económico de Europa.

Esto nos lleva a planteamos, en relación a los retos que tiene Europa, el desafio interno que supone la construcción del mercado interior a partir de 1993.

Hay también en Europa una cierta cohesión étnica y cultural. Una cohesión étnica que está en la base de la cohesión cultural de la que hablábamos antes. Evidentemente como decía Ortega: «Europa es como un enjambre de abejas,... muchos individuos y un sólo vuelo». Este vuelo viene marcado por las características de pertenecer a un mismo tronco cultural y étnico. Pero esta es una situación que exige hacer una cierta corrección si queremos ser exactos y fieles transmisores de lo que pase en Europa, porque Europa tiene ya un importante proletariado externo compuesto por trabajadores que provienen de zonas no europeas, que pueden alcanzar en este momento unos 13.000.000 de habitantes; y no sólo tiene este proletariado externo, de raíces étnicas y de culturas e incluso religión distintas a las que han sido tradicionalmente los apor- tes de Europa, sino que necesita este proletariado externo y lo necesitará cada vez más, teniendo en cuenta que demográficamente Europa se encuentra en muchos países cerca del crecimiento cero, cuando no ha rebasado y ya ha entrado en el crecimiento negativo como puede ser el caso de Alemania.

Se puede pensar en una República Federal Alemana con 38 o 40 millones de habitantes dentro de 30 años y al mismo tiempo creciendo el porcentaje de la actividad económica, no solamente comercial sino económica, lo cual quiere decir que a pesar de la reducción posible de necesidad de empleo producida por la robotización, va a necesitar este proletariado externo.

Hay en este momento varios míllones de musulmanes integrados permanentemente en Europa. Por ejemplo, en Francia hay abiertas más de 1.000 mezquitas, tal como refleja un libro interesante de un autor francés sobre el efecto del Islam en Francia, con el título «Los arrabales del Islam» que trata de la comunidad islámica.

Durante mucho tiempo se pensó que los emigrantes norteafricanos en Francia o turcos en Alemania eran, diríamos, temporales. Pero de hecho permanecen distintas generaciones con una integración relativa y la configuración en ciertos barrios y ciudades en un cierto bi-culturalismo o multi-culturalismo.

¿Son europeos o no son europeos personas que nacen, trabajan y tienen su destino unido a la producción y la ciudadanía europea?

Toda va unido realmente. Es un problema importante, que no tendría porqué ser insuperable, ya que lo que sí ha demostrado Europa a lo largo de su historia ha sido una gran capacidad de asimilación de distintas corrientes étnicas y culturales y la integración de estas corrientes dentro de un todo europeo.

Ustedes saben por ejemplo, que en estados como el de Rhin-Westfalia en Alemania, el número de turcos excede los 500.000. En situaciones donde la integración no ha tenido el suficiente éxito, como en Berlín, se produce (o se está produciendo) una ciudad turca al margen y en cierto modo discriminada frente a la sociedad alemana. Por eso -decía antes que tengo un cierto recelo cuando se habla de cultura europea- se valen previamente de la necesidad de defender la cultura europea por reacciones de rechazo a estas comunidades, de claro signo fascista, que incluso en algún momento se adscriben a movimientos políticos que obtienen resultados electorales considerables, como el partido de Le Pen en la 1ª vuelta de las elecciones presidenciales francesas, o el 7% que obtuvo el partido republicano o partido neonazi alemán en las elecciones de Berlín.

Pero con todo, todavía existe una importante cohesión étnica en Europa.

También es un factor importante de cohesión europea, la existencia de instituciones comunitarias que han funcionado relativamente bien desde la creación del Mercado Común, de la Comunidad, de 1957 hasta ahora.

Si vemos de modo global las cosas, constataremos como estas instituciones, y las que les precedieron, como fueron las Altas Autoridades, primero del Mercado del Carbón y el Acero, el Euratóm, y las creadas a partir de los tratados de Roma y de París, las que han permitido varias cosas esenciales en Europa.

En primer lugar, una recuperación económica muy importante a partir de 1945 cuando Europa estaba en los suelos, destruida del equilibrio entre campo y ciudad. Creo que cuando los historiadores de la cultura dirijan su vista hacia este período de la historia, una de las cos.as que subrayarán es que nunca ha estado tan cerca el campo y la ciudad como ahora. Durante mucho tiempo, el concepto de ciudadano era el concepto de «ciutadin», de la persona que habitaba en la ciudad; en los «Faibleau» del S. XII se decía aquello de «el aire de la ciudad hace al hombre libre». La ciudad era un ámbito de libertad, un ámbito de civilización mientras que el campo seguía siendo algo ignoto, algo donde todavía estaba solamente vinculado durante la Edad Media, con la ciudad a través de relaciones, a través de los Monasterios o a través de determinadas relaciones jurídico-políticas. Pero había una gran separación hasta entrado el S. XX; no hay más que leer, por ejemplo, a los novelistas realistas del S. XIX, Zola por ejemplo, donde el mundo de la ciudad y el mundo del campo eran dos mundos aparte.

Una de las consecuencias de civilización de la comunidad y, concretamente, de la política agrícola comunitaria, que tiene como saben ustedes muchísimos defectos y que globalmente a escala mundial puede causar ciertos perjuicios a otros países, ha sido mantener las rentas agrícolas muy altas y, a través de precios de garantía, se ha logrado una similitud de civilización entre campo y ciudad; incluso en formas de vida, de vestir, ya no hay grandes diferencias de atenciones sociales en los países más integrados europeos.

Esta ha sido otra de las consecuencias en el nivel de civilización, porque estamos viendo globalmente Europa como consecuencia del juego de las instituciones.

Las instituciones, por otra parte, han desterrado la guerra entre los europeos, han aumentado las áreas de contacto cultural y psicológico pero también han servido suficientemente bien para hacer frente a la criss económica, por ejemplo en los años 70. Ha habido rcconversiones a escála europea, como la del acero, la del plan de Avignon, que se han llevado eficazmente.

Por lo tanto, el sistema, tal como ha funcinado es un sistema que ha servido bien.

Ahora bien, las instituciones -y esta es la pregunta que hacía la persona que me presentó- tal como están definidas ¿son realmente idóneas para afrontar la nueva situación que se le plantea a Europa?

Lo primero que hay que decir respecto de las instituciones es que hay una gran carencia de representatividad en la Comunidad. Hay una paradoja importante; los doce países de la Comunidad son sin duda una de las zonas más integradas políticamente del mundo y de mayor identidad de instituciones y además es una zona donde rigen los principios de estado de derecho, de gobierno representativo y en muchos casos parlamentario. No obstante, hay un índice de carencia importante en la Comunidad en lo que se refiere a representación; el ciudadano española portugés, el ciudadano de un país europeo miembro de la Comunidad ejerce un control del ejecutivo a través del régimen parlamentario, y lo ejerce de manera mediata a través del Parlamento por él elegido y por los órganos de gobierno, de autogobierno, por ejemplo en los regímenes autonómicos, a través de la capacidad legislativa de sus representantes.

En la Comunidad, por el contrario, el único órgano directamente representante del ciudadano es el Parlamento Europeo. Pero el Parlamento Europeo tiene unas competencias de control que distan mucho de las competencias de control parlamentario de un parlamento nacional y tiene una capacidad legislativa relativa. Bien es verdad que desde la aprobación del Acta Unica la capacidad legislativa del Parlamento ha aumentado de modo notable, fundamentalmente a través del procedimiento de cooperación y la atribución de capacidad legislativa plena del Parlamento en ciertos puntos. Por ejemplo, en la aprobación de los acuerdos de la Comunidad con países terceros, equivalente a los que en el sistema interno se conoce como ratificación de los acuerdos o, más exactamente, autorización para vincularse.

Pero en muchos casos el Parlamento todavía no tiene capacidad legislativa plena y entonces ocurre que en una actividad de una importancia inmensa para el ciudadano, la representación de éste pasa por su gobierno nacional porque el máximo órgano legislativo de la Comunidad son los Consejos de Ministros; pero en éstos el ciudadano no controla realmente la capacidad legislativa de la Comunidad ya que el Consejo en ningún caso está sometido al control del órgano representativo elegido por sufragio universal, que es el Parlamento Europeo.

Y esto ocurre cuando está en marcha un fenómeno de enorme importancia, y es el hecho de que el mayor porcentaje de normas que vinculan o vincularán a los ciudadanos serán aprobadas en el seno de la Comunidad.

Se calcula que en 10 ó 15 años, el 80070 de la capacidad o de la función de creación de normas que vinculen al ciudadano provendrán de órganos comunitarios.

Como Vds. saben, el derecho derivado, es decir el derecho comunitario que desarrolla los tratados, es un derecho que tiene las características de prioritario y directamente aplicable en los ordenamientos internos. Y en lo que se refiere a los reglamentos, ni siquiera es necesario el acto formal de recepción del derecho interno. Los juristas llaman a ésto una solución monista entre el derecho internacional y el derecho interno.

El derecho comunitario no tiene, por otra parte, el carácter tradicional del derecho internacional; es algo más, es casi un derecho interno directo. El derecho comunitario es alegable directamente por un ciudadano ante un Juez de 1.ª instancia de cualquier país europeo. Y este derecho comunitario se procesa sin que haya una participación directa del ciudadano en el proceso legislativo.

Ocurre además, que este derecho comunitario está sometido a un proceso de interpretación centralizada por el Tribunal de Justicia de la Comunidad que, sea dicho de paso, ha podido tener una jurisprudencia congruente porque las diferencias entre los derechos de los Estados miembros no eran tan distantes que no permitiesen con relativa facilidad crear un cuerpo de doctrina jurídica para toda la Comunidad. Lo cual quiere decir, entre otras cosas y es un hecho importante en el terreno cultural, que la diferencia entre el derecho continen- tal de origen romano y el Common Law británico no están tan distantes como lo que se pensaba en la doctrina.

Por tanto, hay un proceso de creación de derecho que afecta directamente al ciudadano de cada uno de los países miembros con una falta de carácter inmediato de la representación.

Esto nos lleva, naturalmente, al dilema de que la construcción democrática de las sociedades europeas exigen la reforma institucional de la Comunidad para que las instituciones de la Comunidad sean más representativas.

Y esto nos lleva, sin duda, a la necesidad de un aumento de las competen- cias del Parlamento.

He dicho al principio que en esta conferencia no voy a tener la menor tentación electoralista incluso por razones de economía de esfuerzo, pero quiero indicarles a Vds. la importancia que tiene tanto el Parlamento, como la opción europea y la actividad europea. Esta última no es sólo actividad complementaria a la actividad nacional; la actividad europea se inserta globalmente dentro de algo general común, que está compuesta en parte por la actividad europea y en parte por la actividad nacional. De ahí que tenga que haber una congruencia entre las posiciones que se propugnen respecto a Europa y las posiciones que se formulen respecto a la política interna. Seria una especie de esquizofrenia europea, ser, por ejemplo, liberales o muy partidarios de los reequilibrios económicos de Europa y ser contrario a los reequilibrios en el pro- pio ámbito nacional.

Los factores de cohesión vienen dados, por tanto, por la similitud de instituciones, por un fondo cultural común que corresponde en parte a una realidad étnica, a una visión y a una cohesión económica que, sin embargo, tropieza con diferencias importantes.

Esto nos lleva ya a acercamos a lo que va a pasar a fin de siglo. El fin de siglo para Europa va a venir definido por dos grandes cosas. La primera, la creación del mercado interior; la segunda, el cambio internacional de Europa y, en relación con esto, la posibilidad de la ampliación de la Comunidad.

Muchas veces cuando se habla del Acta Unica, parece que ésta se agote en realizar el mercado interior. El mercado interior es una operación política aplazada, porque estaba ya en los Tratados pero hay un compromiso, ya no político sino jurídico, de creación del mercado interior, la supresión de barreras interiores, la creación de un espacio integrado en Europa en 1992, que tiene un alcance global inmenso.

Lord Cockfield -antiguo comisario del mercado interior- calculó que la supresión de las barreras interiores significará un ahorro de 226.000 millones de ECUS; si no me equivoco el ECU debe estar en 1'13 dólares, por lo tanto, un ahorro de 250.000 millones de dólares.

Se calcula también que el mercado interior va a permitir un crecimiento sostenido durante décadas a una tasa del 4%, y una reducción del desempleo en Europa. El desempleo en Europa tiene una media comunitaria del 6%, pero no he visto cálculos al respecto. Evidentemente, es más fácil el cálculo del ahorro, en tiempo y en trabajo, en trámites y en burocracia con la supresión de las barreras, pero se calcula que el crecimiento sostenido al 4% en una economía como la europea de 320 míllones va a producir una disminución del desempleo considerable y el mantenimiento de la inflación en un límite que no va a rebasar el 2 %.

Este proyecto europeo es de una envergadura tremenda y ha tenido incluso efectos políticos inmediatos. Vds. recordarán que hace unos 10 ó 15 años se puso de moda hablar de crecimiento cero y de la cultura que debía acompañar al crecimiento cero, que era una cultura de austeridad y debía ir acompañada de la creación de labores sustitutivas para la falta de trabajo, por ejemplo.

La cultura del ocio era en parte el sustitutivo de una situación eventual de desempleo o el mantenimiento de un crecimiento relativo, incluso del crecimiento cero. Eso ha desaparecido en el centro de Europa. En este momento nadie habla de crecimiento cero sino por el contrario de un crecimiento del 3, del 4% mantenido durante mucho tiempo y esto tiene consecuencias en todos los órdenes. De hecho, ha habido un cambio psicológico importante en Europa y esto tiene unos efectos políticos destacables y actúa como un factor aglutinador en su favor.

¿Cómo no se va a estar en el proyecto europeo cuando éste no es un proyecto de sacrificio, de apretarse el cinturón, sino, que hay estas expectativas?

Pero esta situación, que es probablemente correcta y que está aseverada por los hechos tropieza ya, si ponemos el foco un poco con mayor intensidad, sobre la existencia de discrepancias y desigualdades importantes en Europa.

Un autor francés decía que el cambio importante que puede datarse con la subida de Delors en 1984 a la Comisión, a la presidencia de la Comisión, es la sustitución del concepto de armonización por el concepto de liberalización.

Durante mucho tiempo desde la creación del Mercado Común, de la Co- munidad Europea, se partía de la integración y liberalización de estructuras, una vez que se hubiese llegado a una cierta armonización e igualación de los niveles. Esto es lo que siguió al período transitorio por ejemplo de la CECA o los períodos transitorios de los nuevos miembros, e incluso el período no llamado transitprio, antes de la creación del Mercado Común desde la firma del Tratado de Roma de 1957 a 1962. Había que hacer homogéneos los niveles y luego se liberalizaban.

La apuesta implícita en el Acta Unica y en el mercado interíor es otra. Es: «Vamos a liberalizar y se producirá por sí misma, dicen algunos, la homogeneización de las situaciones económicas».

Frente a esta situación hay dos posturas, para reducirlas global mente, en Europa en este momento. Quienes creen -trasladando mentalidades internas y doctrinas económicas en boga, neoliberalismo, monetaristas, etc., al ámbito europeo- que el mero juego del mercado interior producirá a la larga la homogeneidad de niveles; es la posición por ejemplo, que podía mantener y que mantiene la S.ª Thatcher y la posición que podíamos llamar Delors, Felipe González, que es la posición de que el mercado tiene en sí mismo una capacidad creativa importante para adjudicación de los recursos, pero que es necesario realmente proceder a una igualación previa, porque si no se van a producir previsiblemente en Europa situaciones de desigualdad que incluso van a ir contra el impulso integracionista comunitario.

Personalmente me alíneo con esta segunda postura, pero con mayor pesimismo que Delors y que Felipe González, porque mi impresión es que el mercado interior dejado en sí mismo sobre base de desigualdades importantes, al menos durante un tiempo, va a producir tales desequilibrios que va a favorecer reacciones defensivas proteccionistas, e incluso xenofóbicas.

Realmente durante un tiempo, los sectores que reciban más tarde los beneficios del mercado interior protestarán (estamos en sociedades democráticas donde los intereses de los ciudadanos tienen una manera de hacerse oir por los gobiernos). Y exigirán a los gobiernos protección; y como los gobiernos y los Estados todavía en ese período y durante mucho tiempo van a ser el eje de la Comunidad, habrá un recurso creciente de los Estados a las cláusulas de salvaguarda, al Tribunal de Luxemburgo e incluso al juego de proteccionismo para defender estos sectores.

Si realmente no se produce una integración dentro de Europa paralela a la creación del mercado interior es muy previsible que entremos en un periodo de conflictos sectoriales de carácter social muy importante. Digo sectoriales porque conflicto social como lo consideraba la sociología clásica en base a dos clases sociales de dominantes y dominados, no se corresponde a la estructura de clases de la sociedad europea ni a las sociedades industriales donde hay una mayor multiplicidad de clases. Pero habrá sectores perjudicados que apelarán a la autodefensa incluso a la disrupción del mercado.

Por eso, en esta primera gran tarea para ver que va a ser Europa a fin de siglo, la construcción del mercado interior tiene que ir acompañado de políticas concretas destinadas a la disminución de las diferencias entre los distintos sectores.

Los que hablaban de que se había optado por la liberalización frente a la armonización concluían, de alguna manera ensayísticamente, que ésto era el triunfo de la sociedad sobre la política.


Está de moda decir que sociedad y política son dos términos opuestos cuando realmente lo que han creado las sociedades ha sido el marco jurídico que les ha permitido prosperar. Por lo tanto, la inexistencia de regulación es una situación inédita en la historia y, por otra parte y al mismo tiempo, no ha existido nunca una falta total de regulación que no haya conducido a una situa- ción, más o menos utópica o anárquica.

La primera tarea importante de lo que Europa tiene que hacer hasta fin de siglo y que determinará cómo va a estar Europa, es esta capacidad de la política de comprender como un dato esencial de las políticas concretas, el plantemiento político general de Europa. Repito que muchas veces se considera Europa o política europea o integración europea y política interior como dos realidades, diríamos, distintas, en todo caso complementarias, pero son una misma realidad porque una vez hechas las opciones de pertenecer a la Comunidad, realmente no cabe incluso política concreta y política local que no tenga en cuenta, de alguna manera la dimensión superior.

Esta es una de las cosas, uno de los grandes retos, de las grandes tareas que va a decir cómo va a ser Europa a final de siglo.

O Europa va a estar dirigiendo mal el mercado interior con muchas reacciones defensivas o Europa estará en la construcción de políticas complementarias que permitan el desarrollo armónico del mercado interior.

Y la otra situación va a venir dada por la situación internacional general. Muy pocas veces en la historia se plantea de una manera explícita, opciones, dentro de un cuadro doctrinal, con elementos de análisis concretos. Uno de estos momentos ocurre en Washington entre la primavera de 1945 y el otoño del mismo año. Se plantea qué hacer con Europa; se plantean los americanos qué hacer con Europa y qué hacer concretamente con el centro de Europa, con Alemania.

Hay en aquel momento dos escuelas de pensamiento, como dicen los anglosajones. Por una parte los que consideran que no hay que permitir nunca más la reconstrucción del Estado alemán que pueda conducir a un militarismo y un expan sionismo que ponga en peligro la paz de Europa. Y hay quienes consideran que no se debe cometer el error de 1919-1920.

En 1920 Keynes escribe un libro que se titula «Las consecuencias econó- micas de la paz», y señala como los Tratados de Versalles, como las reparaciones por parte de Alemania, van a hundir económicamente a Alemania, van a producir un proceso de inflación y desequilibrio, se producirá una inestabilidad en Europa que tendrá consecuencias políticas, y Keynes, curiosamente sin ser profeta, habla de que se van a desarrollar en Europa nacionalismos poco compatibles con los principios liberales y democráticos.

Está previendo un poco la ascensión del nazismo como consecuencia de la disrupción económica que significó el arreglo de Europa a partir del final de la 1. ª Guerra Mundial.

Hay una gran batalla y los partidarios de la reconstrucción de Alemania triunfan y proceden a la reconstrucción de Europa junto con la de Alemania pero con dos condiciones esenciales.

Primero, la reconstrucción de Europa va a tener consecuencias políticas, pero hay que evitar que Europa se constituya en una unidad política tipo nación, un superstado.

Segundo, habrá que proceder, eventualmente, al rearme de Alemania como pieza de la política de contención americana al expansionismo soviético, pero hay que hacerlo de manera que tenga unas limitaciones en su rearme.

De la primera solución surge el Plan Marshall, luego la CECA, luego el Mercado Común; del segundo, la OTAN.

Entonces Europa durante un cierto tiempo se encuentra en una situación que se caracteriza a la vez por la limitación de su peso político internacional y al mismo tiempo por su seguridad.

Limitación de su peso político internacional por la creación de políticas de bloques, la escisión de Europa, la desaparición de Centro-Europa y la dependencia militar respecto a los EE.UU.

Seguridad, porque el sistema militar americano garantiza la seguridad de Europa. Y lo garantiza de una manera diríamos total, durante el período en que se desarrolla o se mantiene la hegemonía total nuclear americana.

Hasta 1952 la Unión Soviética no tiene el arma atómica. Más adelante tiene la bomba de hidrógeno, después inicia un programa de exploración del espacio que implica una superioridad de utilización de lo que podíamos llamar vehículos militares, es decir, los cohetes y entonces llega un momento en que el supuesto va cambiando. El supuesto era que habiendo una diferencia en armas convencionales en favor, previsiblemente, del Pacto de Varsovia o de la Unión Soviética, a toda amenaza nuclear aunque fuese local, o a una amenaza convencional, se respondería con toda la capacidad nuclear. Cosa que era perfectamente verificable o creíble mientras los E.E. U.U. tenían tal superioridad nuclear que les permitía dar el segundo golpe e impedir dar el segundo golpe de los Soviéticos. Pero esto empieza a ponerse en duda cuando hay una paridad nuclear y los europeos empiezan a pensar que, tal vez ante una respuesta en Europa, ante un conflicto con Europa, los americanos no contesten con toda su panoplia nuclear para no poner en peligro sus ciudades o los silos donde almacenan las armas nucleares en la otra parte del Atlántico.

Entonces aparece esta situación ambivalente del europeo respecto al conflicto. De una parte el europeo necesita y desea la distensión, pero por otra parte necesita la vinculación mayor posible del sistema nuclear general americano con el escenario local europeo.

Esta situación se va prolongando y tiene en el plano de la estrategia, como fruto el cambio de la lectura de la respuesta masiva total, la respuesta gradual y flexible. Esta situación estará sentada en un carácter reconciliable de las dos superpotencias y de la incapacidad de las superpotencias de proceder a una reducción del conflicto entre ellas.

A partir de los últimos 5 ó 6 años, sin que pueda asegurarse que sea un proceso que va a continuar y a renovarse, aparecen síntomas de una lectura más compleja. En primer lugar la posibilidad de un acuerdo, primero del control de armamento, de desarme, incluso de acuerdos políticos regionales entre las dos superpotencias.

En Reykiavik ya suena la alarma de los países europeos. Las superpotencias pueden llegar a un acuerdo sin contar con nosotros; en el acuerdo sobre los 100 F, los europeos son consultados pero realmente no se les pide su asentimiento y entonces aparece una situación en que cabe, por una parte, el acuerdo entre las superpotencias en campos importantes, lo cual no quiere decir el abandono por parte de los EE. UU. de Europa, pero con una cierta flexibilidad. El europeo se plantea el problema de, cómo en esta situación nueva atiende su seguridad y en qué medida necesita un planteamiento propio que no rompa equilibrios pero que le dé una cierta capacidad de autonomía para ateñder las situaciones que a lo mejor no son atendidas inmediatamente por la superpo- tencia protectora.

Paralelamente, aparece el proceso de liberalización de los países del Este, que hace previsible la hipótesis de que en un tiempo se vayan produciendo unos fenómenos de ósmosis en estos países, miembros del Pacto de Varsovia, otros de la Unión Soviética y que puedan orientarse a una mayor cercanía respecto a Europa Occidental y concretamente a la Comunidad.

Y qe hecho en los últimos 18 meses se han producido algunos hechos tan importantes como el acuerdo económico con Hungría (un acuerdo de una dimensión tremenda), el comienzo de la aceptación del principio de negociaciones de la Comunidad con la Unión Soviética, el reconocimiento mutuo entre la Comunidad, como tal, y la Unión Soviética.

Es de destacar que ya en el libro «Perestroika», de Gorbachov, existe un cambio total respecto a la Comunidad.

La Comunidad fue considerada por la Unión Soviética durante décadas como una pieza de la política de contención, como lo era de hecho. Ahora ha pasado a considerarse como un elemento disruptivo en las relaciones entre los bloques.

Ha habido un cambio total de la Unión Soviética respecto de la Comunidad. Y en estas circunstancias aparecen otras posibilidades y algunas de ellas muy concretas, como es la integración en la Comunidad de países no del sistema socialista que tienen una situación de neutralidad, por ejemplo el caso de Austria.

Austria, a través del tratado de Estado de 1955 tiene una situación garantizada por las dos super potencias que permite el mantenimiento de un sistema socio-económico occidental capitalista y al mismo tiempo una cierta neutralidad en los sistemas militares.

El Tratado de Estado del 55 corrigió la situación imperante en Austria, porque lo que no se dice mucho o no se recuerda mucho es que Austria antes de 1955 era un territorio, no Viena sino el resto del país, tan sovietizado como podía estar Hungría. Realmente Austria gana la libertad y el derecho a tener un sistema socio-económico capitalista liberal con una política democrática co- mo ustedes saben, mantenido durante muchas décadas, pero a cambio de una situación de flexibilidad del sistema.

Esta es una situación que se puede plantear a la inversa, en distintos países de la Europa Oriental.

En una conversación que tenía con un amigo, que hasta hace muy poco era embajador en Hungría, yo le preguntaba cuál era el límite de la evolución húngara, y él me decía: «Mira, en el terreno del sistema socio-económico no parece que haya límite, hay una inercia y el límite de la situación económica húngara se caracteriza por una inflación muy alta y realmente quizá por un cierto desorden económico. Ahora bien, en el sistema político hay unas limitaciones. ¿Hasta qué medida es compatible una intensificación de relaciones en la Comunidad con la permanencia dentro del sistema del Pacto de Varsovia?»

Ayer leía yo un periódico y oía en la radio que decía que el discurso próximo de Bush sobre las relaciones con la Unión Soviética va a ofrecer o va a adelantar la idea de la mayor ósmosis de los sistemas sociales manteniendo los pactos militares. Interesante esto.

En mil novecientos setenta y tantos, un señor que era secretario adjunto de Kissinger, con el que tuve una discusión terrible, yo no sé por qué se enfadó conmigo muchísimo en los años 70. Pues este sr. mantenía que era un sistema de garantía de la paz en Europa el mantenimiento de los bloques. Y hablando de Yugoslavia, decía que había sido una equivocación histórica que habría que pagar el haber alentado la secesión de Yugoslavia de la Unión Soviética. Consideraba que era bueno que la Unión Soviética tuviese sujetos a los Países del Este.

El deshielo en Centro Europa se tiene que producir dentro de determinados límites que, eventualmente, puede ser la pertenencia al Pacto de Varsovia, pero, evidentemente, desapareciendo mucha carne y músculo del Pacto de Varsovia, como es el control institucional del Partido en una sociedad con los mitos de una sociedad socialista centralizada, etc. etc.

De hecho, esto es una cosa que va a aparecer en el horizonte de la Europa Occidental y la Comunitaria, es la emergencia o reemergencia de la Europa Central, fenómeno este de una importancia histórica tremenda...

La dinámica de la Historia Contemporánea europea e incluso de los conflictos europeos ha pasado por Centro Europa.

Muchas veces no nos damos cuenta de lo que hubiese sido Europa sin la 2. ª Guerra Mundial, en torno al triángulo Viena, Praga, Berlín, donde había la mayor creatividad literaria, la mayor creatividad artística, donde Praga tenía mayor actividad musical que París y donde Checoslovaquia era el 6. º país industrial del mundo. En todo esto está el hachazo tremendo de la guerra, la división de Europa y la desaparición de Centro Europa quedando sometida al control de la Unión Soviética y a una situación de pobreza durante mucho tiempo e incluso de explotación por parte del COMECOM de los países de la zona.

Si se produce una liberalización política es previsible que también tenga sus consecuencias en las relaciones con Centro Europa y vuelva a tomar Europa un peso de gravedad enorme en torno a Alemania y en las relaciones de Alemania con los países de Centro Europa.

Esto, que global mente es positivo, no deja de plantear ciertos problemas de ajuste, porque también creo que pudiese ocurrir que los procesos de liberalización en los países del Este fuesen acompañados de procesos de énfasis en los carácteres nacionales de estos países; países muchos de ellos multinacionales, donde la síntesis nacional como en Yugoslavia y también en Checoslovaquía no se ha producido.

Se puede deshilar este corsé tremendo que ha separado a las dos Europas y volver a plantearse la vida europea con una mayor dimensión del occidente europeo y también con una mayor incidencia de los conflictos intra étnicos del Centro de Europa.

Frente a esta situación, lo primero que tiene que hacer Europa es plantearse la situación en estos términos; iniciar un debate intelectual sobre qué posibilidades tenemos.

Durante mucho tiempo nuestro debate intelectual aquí consistía en entrar en Europa. Les puedo nombrar un buen ejemplo: he, dedicado una serie de años con mucha intensidad a hacer que entrásemos en Europa, pero ahora el debate ya es distinto. El debate es esta Europa que tenemos y que es una base esencial para el mantenimiento de nuestros valores y de nuestro bienestar ¿cómo va a operar en una situación cambiante?

Va a operar en una situación cambiante en relación a como construyamos el mercado interior, como reequilibremos la economía.

Si no reequilibramos la situación económica interior puede haber factores centrífugos y de conflicto dentro de Europa, no de conflicto militar sino de conflicto social y de proteccionismo de los Estados que dependerá también de cómo empecemos a pensar lo que va a ser Europa en relación con su entorno inmediato.

Otros temas, que hoy no tengo tiempo de tratar, sería cómo Europa puede responder a amenazas en otras zonas, por ejemplo, a la extensión del fundamentalismo islámico, que siempre he pensado que es uno de los mayores desafios de Europa.

Y este es el debate que hay que iniciar ahora. Dentro de este gran debate intelectual, el debate concreto electoral tiene su parte y yo creo que deberíamos aprovecharlo todos para intercambiar algunas ideas.

Buenas noches y muchas gracias.

La apuesta de la prensa escrita en el porvenir de los medios de comunicación en Europa
Bernard Wouts

Admini.trador General de "Le Monde»


Señor presidente, señoras y señores, muchas gracias por su invitación a Valencia. Discúlpenme por no hablar el castellano. He tenido ya mucha dificultad en aprender el inglés y el alemán pero es la prueba que permite ilustrar mi propósito. Es decir, que la construcción europea y los medios de comunicación chocan con fronteras distintas de las estrictamente geográficas, especialmente las fronteras lingüísticas que son fronteras muy duraderas, mucho más duraderas que las fronteras económicas o políticas.

Voy a decir algunas palabras que, para algunos, irán en contra de las ideas establecidas o recibidas; pero eso es parte del juego de este tipo de ponencia; es decir, intentar poner en guardia y demostrar los aspectos que no son los más corrientes o más corrientemente admitidos que se plantean sobre los medios de comunicación. Está muy de moda hoy en día, en algunos países europeos, como es el caso en Francia y probablemente más aún de Espafia, adelantar las perspectivas del mercado único de 1993 como factor de cambio importante. Este plazo es el pretexto de una movilización de las opiniones públicas; hace falta responder al desafío, hace falta exportar, conseguir su entrada en el mercado único. Todos esos pretextos son buenos para movilizar la energía y todo esto permite, por supuesto, poner en marcha grandes maniobras económicas nacionales e internacionales, comunitarias o externas a la comunidad. Volveremos sobre este punto para lo cual España sirve de coartada a cualquier tipo de operación.

Corriendo el riesgo de sorprenderles, me parece que esta agitación tiene que contemplarse, en cuanto a lo que se refiere a la comunicación, con un poco más de circunspección. Al fin y al cabo, Europa empezó antes de 1993 y continuará su marcha después de 1993. La decisión del Acta Unica parece provenir de un campo psicológico más que de un campo jurídico de otro tipo. Se harán cosas que se han hecho antes, otras están por hacer. Lo que está cla- ro es que debemos constatar que el Acta Unica o la perspectiva del mercado único del 93 sirve de paso a una psicología de acción que va acelerando los procesos de intemacionalización, y de capitalización de las empresas, y que es preciso contemplar el problema de la comunicación bajo este ángulo, con sus ventajas y, también, con sus riesgos.

Tratándose de problemas de comunicación, en efecto la cuestión es un poco más compleja. En primer lugar la palabra comunicación me parece una palabra muy ambigua. Se trata de una palabra que se está utilizando desde hace poco tiempo relativamente, por lo menos en su acepción actual. Pienso que hemos entrado en la era de la comunicación. Me parecía que el hombre había sido siempre un ser social y comunicarse era una parte de su forma de vivir. Pero hoy, se puede decir que hemos entrado en la era de la comunicación. Sociólogos franceses han calculado que hoy en día hay un millón trescientas mil personas que están trabajando en la comunicación. A mí me extrafia que con un número tan elevado de personas trabajando en la comunicación haya tantos parados todavía. Es verdad que antes de hablar de comunicación, había pobres perdidos que trabajaban en la prensa, en la imprenta, en la radio, en la publicidad. Pero todo eso ha desaparecido, estamos todos trabajando en la comunicación. Esta manera un poco divertida de, tratar este término, supone demostrar el riesgo de amalgama hacia el cual nos conduce.

La noción de comunicación es un conjunto, una suma entre el medio y la media. Podemos referimos a la teoría de McLuhan en este campo y también, al modo de razonar, de forma multimediática. La gran tarea de la época es constituir sociedades multimedias. Que yo sepa, el único punto de vista en común que pueda tener una sociedad multimedia es un punto estrictamente financiero y económico; no tiene mucho que ver entre las actividades que algunos llaman un soporte escrito, otros la palabra y otros la imagen.

Así que si quieren, el aspecto multimediático es un aspecto que, afiadido al término de comunicación puede engendrar un tipo de confusión. Esta confusión puede, en mi opinión, revelar algunas desilusiones si no nos ponemos en guardia a tiempo, ya que nos despertaremos con siete canales de televisión pero que harán todos los mismos programas y nos encontraremos, dentro de 7 ó 10 años, que habremos perdido unos periódicos que sí que hacen opinión. Eso me parece tan importante como proyectar DalIas tres veces para aquellos que no han tenido tiempo de verlo más que dos veces.

Voy a intentar desmontar un poco este mecanismo y demostrar que es preciso considerar el aspecto europeo (que no debemos tomar como una cosa negativa en absoluto), aunque considerando los peligros que conlleva esta construcción, de tal manera que la opinión pública, los responsables, puedan ser alertados y no transformar una dinámica positiva en una desilusión posterior.

La comunicación, en el término según el cual se está aplicando hoy en día, está marcada por este carácter multimediático y multidimensional. En consecuencia, cuando se hable de multidimensional se está hablando tanto del contenido como de la cosa que lo contiene. Al fin y al cabo, cuando se está hablando hoy en día de cadenas de televisión suplementarias, se está hablando de satélites, de medios de difusión técnicos, de cables, se está hablando de televisores y se está haciendo lo mismo con las radios, con los periódicos y se corre el riesgo de olvidar lo que hay que comunicar. No podemos dejar de lado el contenido de la comunicación.

¿Para qué sirve? Primera confusión. Se va confundÍendo el contenido y el medio de expresión de este contenido. Segunda confusión, la noción de comunicación, por su complejidad, es multidimensional. ¿Por qué? Pues en el fondo, cuando se va hablando de Europa se añade una dimensión suplementaria a un problema que ya es multidimensional. Tenemos un problema, diría yo, de idiomas, de lenguas, como les he dicho en el principio, que es una barrera indiscutible para un cierto tipo de medios, pero no para otros. Entónces, lo escrito, la palabra, tienc la barrera de la lengua que con los pocos conocimientos geográfico,s que tengo, me parece que hay más gente que habla español fuera de EurorJa que dentro. Que sepa yo, Suiza no es parte de la Comunidad Europea y tampoco el Canadá y, sin embargo, son países que, con Bélgica, siguen hablando el francés, poco. Las fronteras de la lengua no corresponden a la fronteras geográficas y políticas de Europa.

A las imágenes, con los satélites, no les importa nada las fronteras geográficas y no se limitan a Europa, sino que se limitan especialmente a la capacidad de los satélites de cubrir la tierra entera o no. Entonces, en el caso de la televisión, Europa es algo perfectamente secundario con respecto a las zonas de obertura que pueda representar desde el punto de vista de las emisoras y no desde el punto de vista de contenido de lo que se está comunicando.

Si consideramos otros aspectos, como los culturales, también los podremos presentar de otra forma distinta del ángulo europeo. En realidad, las diferencias son de naturaleza muy variable tecnológicas e incluso mecanismos financieros que forman otro tipo de barreras. En este momento, que yo sepa, la preocupación que tienen personas de fuera de la comunidad es la consideración de si en la Comunidad Europea no va volver a crearse una zona de proteccionismos y cómo podríamos hacer para entrar en ella antes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el capitalismo internacional encuentra sus fronteras entre el oeste y el este, pero no le preocupa nada el saber si existe una Europa o no; el sistema monetario no está construido, tenemos más o menos un sistema monetario europeo, pero de momento, los mecanismos de flujo financiero son mecanismos internacionales para los cuales las fronteras europeas no son más que una dimensión entre otras.

La comunicación, que está en la frontera de problemas tecnológicos, problemas financieros y económicos, problemas culturales y problemas políticos, es, por su definición, un fenómeno multidimensional en el cual Europa no hace más que aportar una dimensión suplementaria. Ahora bien, sería equivocado considerar el problema que se plantea bajo un sólo ángulo. Es importante considerar el problema de la comunicación bajo los diferentes aspectos y án- gulos de estas dimensiones si queremos intentar aportar soluciones que sean positivas. Es un ámbito, en mi opinión, en el cual todos los países están más o menos comprometidos con sus particularismos locales, que son relativamente fuertes. Basta considerar lo que está ocurriendo en Gran Bretafia con los problemas de la evolución de la televisión, los problemas de la televisión en Francia y de la ausencia de leyes sobre la prensa o sobre las concentraciones, de manera que algunos países van a recrear ciertas formas de proteccionismo. Nos damos cuenta de que el problema va mucho más allá de un aspecto estrictamente económico, porque alcanza y aborda problemas culturales y económicos mucho más profundos.

Creo pues, que esta pequefia introducción está destinada a demostrarles que no debemos cerrar los ojos ante la complejidad del problema, ni querer reducirlo a una sola dimensión económica o europea. Creo que debemos contemplar el aspecto multidimensional de la comunicación o de las formas de comunicación y a partir de este punto intentar construir, teniendo en cuenta las fuerzas vivas presentes y alcanzar las soluciones que puedan parecer mejores.

Quizás ésto pueda sorprender y la razón es que tengo una prioridad, quiero decir que la comunicación no es una industria como cualquier otra. Si estuviéramos fabricando latas de guisantes o cazos, pues no sería muy importante, que hubiera una fábrica de cazos única para Europa y que se encontrara dicha fábrica en el país que tuviera la mejor forma de fabricar dichos cazos. Pero creo que la comunicación no es un cazo ni una cacerola y de hecho, más allá del proceso físico de la imagen, existe un contenido que presenta una dimensión cultural y política no reducible al solo aspecto económico. En ningún caso debemos caer en el otro extremo; es decir que bajo el pretexto de que se trate de un producto cultural y político dejar de lado al aspecto económico y negar la evidencia de las leyes del mercado. Hace falta contar con las dos cosas y sería grave reducir la comunicación al aspecto económico únicamente.

Porque es evidente que el dinamismo de la construcción europea se hace según una óptica de carácter económico y financiero y ello influye en las ambiciones de algunos grupos nacionales o internacionales en el momento de constituir inmensos polos o grupos de comunicación multimedia. Es obvio que esta competencia favorece la penetración de tecnologías nuevas, la productividad, un montón de cosas. Pero encontramos un divorcio entre la lógica económica y su productividad que empuja hacia la concentración monopolista de los «medias» y de las inversiones, y la aspiración cultural que en nombre de principios más bien democráticos, en nombre del derecho a la diferencia, debería, por contrario, empujar hacia la diversidad y el pluralismo.

Este es un debate que existe en todas partes. No conozco especialmente la situación en España pero conviene recordar qué el mismo se está planteando en todos los los países del mundo. De esta forma, cuando se está hablando de situaciones nacionales, uno se da cuenta de que en cada país dentro de este campo, por muy liberal que sea, se han dictado unas reglas particulares, evitando caer en la trampa de crear monopolios demasiado importantes. Siempre se le ha reconocido a las diferentes formas de comunicación un papel más amplio que el de un sencillo instrumento de ocio y es muy importante para el ciudadano que se pueda formar una opinión y participar en la vida democrática.

Cualquiera que sean las ambiciones que queremos tener, no se puede dejar de lado este carácter particular. Si dejamos de lado estos diferentes aspectos, he nombrado cuatro o cinco de ellos, el aspecto tecnológico, por ejemplo, es un elemento mucho más fuerte de lo que parece y éste sí que es positivo.

Evidentemente si se habla tanto de comunicación es porque hemos entrado en la era de la informática, y la era de la informática quiere decir ser capaz de transmitir muy rápidamente, en muchos sitios y a la vez, de manera simultánea, mucha más información que antiguamente. Poco importa la naturaleza de esta información, lo que importa es que uno sea capaz de transportar esta información y de comunicarla. Está claro que el desarrollo de estas técnicas, cualquier medio al cual se refiera, televisión, radio o prensa escrita, exige un capital importante porque hemos entrado en una era en la cual al lado de la mano de obra cualificada, es preciso tener capital financiero para poder financiar estas inversiones, y la pregunta que ha faltado hacerse es si, según los «medias», las fronteras nacionales o europeas son suficientes o no para llegar a la dimensión crítica para poder permitirse el lujo de este tipo de inversión.

Esta pregunta no es sencilla y al comprobarla en uno de los campos más avanzados como el de la televisión, uno se da cuenta de que la construcción europea en esta materia es bastante pobre. Vamos a utilizar aparatos de comunicación japoneses para transmitir emisiones americanas. Es evidente que Europa no ha conseguido sacar provecho de la situación en este campo, pero puede haber algún aspecto válido. Para otros medios de comunicación el aspecto técnico está en pleno auge y la política europea es positiva porque con la movilización del capital es cierto que se puede asistir a una aceleración del proceso de inversión de todos los países. Creo que es preciso saberlo y tenerlo en cuenta.

En cuanto al aspecto financiero, por supuesto, tenemos la contrapartida de esta necesidad de inversión. Estamos todos enfrentados con problemas de dimensión crítica y con el fenómeno de la internacionalización cuando la necesidad es grande. Y es en este punto, donde hemos entrado todos en una carrera al gigantismo, en la cual algunos grupos internacionales intentan tener una posición dominante en su mercado y cuyas bases no están todas situadas en Europa, ni mucho menos. Como reponsables de Le Monde he visto muchos más americanos y japoneses desde hace dos años que europeos. Todos estos grupos importantes se están preguntando si Europa se hace. ¿No habrán cláusulas de preferencia intracomunitaria que les impidan invertir en Europa? Para ello hay que intentar encontrarse en el sitio adecuado lo antes posible de no ser víctimas, después, del proteccionismo. No sé lo que ocurre en España, pero está claro que en Francia, en los dos o tres años futuros, se van a hacer inversiones importantes con capitales extracomunitarios en el campo de la comunicación.

El tercer aspecto que distingo del aspecto financiero, es el aspecto económico del mercado. En el fondo, en materia de comunicación, y en el sentido amplio de término (volveré luego sobre el aspecto particular de la prensa escrita), tenemos que volver sobre la noción de producción y de difusión. Son dos nociones totalmente diferentes, no desde el punto de vista económico, sino desde el punto de vista de los mercados.

Es importante ver qué sectores están luchando para conseguir monopolios o casi monopolios de difusión (estoy pensando en el cable de la televisión), incluso en algunos sectores de la televisión lo que se está jugando es la influencia que tendrá sobre el contenido, cuando en la realidad no se deberían juntar las dos cosas. Parece impensable multiplicar el número de canales o el número de ciudades conectadas por los cables. No creo que una ciudad puede tener seis o siete sociedades diferentes teniendo cada una su red de cables. Por supuesto nos dirigimos hacia fórmulas mucho más unificadas en este campo. Pero considero que no hemos reflexionado realmente sobre las consecuencias que esto tiene sobre la naturaleza del contenido de lo que se va a transmitir.

Desde este punto de vista nos damos cuenta de que la situación en los distintos países y de las diferentes economías de las «medias» es bastante diferente. Es un juego entre varios y al fin y al cabo es necesario que alguien pague por todo eso y, de hecho, hay tres o cuatro maneras de pagar. En primer lugar, se puede decir que el primero que paga es el lector al comprar su periódico o bien tiene una suscripción a un canal de televisión. Pero cada uno sabe que no es la fuente de equilibrio de los «medias» que practican la venta de sus productos y de sus servicios al cliente. Hay otras personas que consideran este cliente desde otro ángulo y que es el del consumidor y estamos tocando ahora las cuestiones de publicidad.

Es cierto que esta aproximación es un enfoque diferente del de la naturaleza cultural de las cosas, es uno de los problemas mayores. Tenemos una colisión actual entre el interés de las inversiones financieras por una parte y el desarrollo de un mercado único, en el sentido económico de la palabra, por otro. Es cierto que vamos a ir progresivamente hacia lo que se llama el «global mar- keting», es decir, la posibilidad de vender en toda Europa simultáneamente productos idénticos. Entonces será muy interesante poder tener una política de promoción de estos productos a través de los «medias» existentes. Por ejemplo, tenemos las centrales de compra, el hecho de que grandes grupos se van organizando para utilizar escalas de potencia cara a conseguir descuentos en la publicidad que puedan utilizar en la radio, etc. yeso se va organizando muy rápidamente. Basta contemplar lo que se está haciendo a escala internacional al nivel de las OPAS internacionales, a nivel de las centrales de compras y las operaciones que se están haciendo. Está claro que los intereses están muy vinculados. Todo el mundo sabe, y supongo que será igual en todas partes, que no es lo mismo hacer un «media» para un comprador, que hacer un «media» para el que hace el anuncio. Hay que considerar el lector como un consumidor. Son dos enfoques complementarios que no debemos rechazar, pero en los cuales las influencias son diferentes. Hay un interés evidente en conseguir concentraciones en el campo financiero y publicitario, cuando el interés es mucho menos obvio desde el punto de vista cultural y del derecho a la diferencia.

Tenemos dos enfoques. Por un lado se puede comprar el periódico, por otro lado, también se puede llegar a pagar indirectamente por el exceso de precio que se está abonando en los objetos de consumo que se compran y que se pagan por mediación de la publicidad. Hay una tercera vía, que se puede dar en sistemas más o menos colectivos cuando hay televisiones públicas; supongo que es el caso de España tambíén y es aquél en el que una pequeña parte de los impuestos del Estado se pagan al fondo común de la televisión con el fin de realizar grandes emisiones para el público. Nos encontramos, entonces, con que ya no es el individuo el que paga, sino que es la colectívidad la que otorga a una emisora los medios necesarios para poder realizar tal o cual tipo de programa. Hay tres tipos diferentes de aproximación: una aproximación individual, la del lector, una aproximación del consumidor y una aproximación de los poderes públicos o de la administración, o de los poderes colectivos pero sin aspecto mercantil, ya que esta última entra en el campo cultural o político, y cada país tiene sus reglas de juego en este campo. Lo vemos en la televisión y también en la prensa escrita. Hay países que necesitan más o menos ayuda de su prensa escrita, que es una manera de dedicar parte del ahorro público en la defensa de un pluralismo, y todo el juego actual es saber cómo van a ir evolucionando estos diferentes factores. Entre ellos vamos a ir a «medias» que no son más que «medias» aparentemente gratuitas y financiadas por una sociedad mercantil ligada a la publicidad, o nos dirijimos, y no es el caso creo yo, hacia un sistema totalmente estatal en el cual se quieran sustraer los canales para hacer una mercancía pura. En la realidad, este debate es permanente. Nunca habrá una solución radical pero debemos constatar que siempre habrán diferencias entre los países sobre la manera de aportar una respuesta a este tipo de pregunta.

¿Cuál va a ser la respuesta de Europa? La única que oigo hasta ahora es que la Europa financiera y la Europa del consumo (lo cual está muy bien y no lo critico) sí tienen respuestas preparadas. Es el «global marketing» y de momento no hay ningún tipo de respuestas comunitarias desde el punto de vista de las aspiraciones culturales o de la defensa de algunos principios del pluralismo.

El debate económico es, pues, bastante importante. Esto me permite afirmar que en el aspecto político y cultural estaríamos equivocados al considerar que como consumo, la comunicación es un producto al igual que cualquier otro. Incluso en los Estados Unidos existe una reglamentación anti trust, la prohibición de poder acumular, si se está en situación de monopolio, la prensa y la televisión en un mismo lugar; hay un sistema de tarificación -estoy pensando en el régimen de correos- para publicidad y para la comunicación. Incluso en un país, que es el modelo del liberalismo, nos damos cuenta de que siempre hay que contemplar los problemas de la comunicación con un ojo un poco diferente, que apunta a aportar otro tipo de protección antes que dejar las leyes del mercado solas. Creo que es de interés reflexionar sobre esto y no dejamos llevar hacia las lógicas de concentración en la cual nos encontramos actualmente.

Hay algunos principios bastante elementales que hace falta satisfacer, y no creo que un país pueda permitirse el no tener uno o dos polos fuertes en el campo de la comunicación y creo que, cuando no es el caso, es preciso que las resistencias se organicen. Puede venir de los empresarios mismos, puede venir de los poderes públicos, puede haber varios tipos de participantes en este campo. Pero no hay ningún país en donde no exista. Por ejemplo el pequeno país de Holanda está intentando organizar la agrupación de sus principales periódicos con tal de llegar a tener dos principales periódicos, porque no tienen la dimensión suficiente para poder aguantar una cantidad mayor de periódicos y, si no lo hacen, uno será comprado por Murdoch, otro por Don Jones, otro por Pearson y el quinto por el senor Berlusconi. Entonces ya no habrá ninguna identidad o ningún periódico nacional propio.

En este campo, Francia no tiene muchas lecciones que pueda impartir porque de hecho ha cambiado de reglamentación en contra de una penetración extranjera muy importante. Hemos conseguido constituir algunos grupos de comunicación importantes, es el caso del grupo Achette, pero la contrapartida de la liberalización que le ha permitido entrar en Estados Unidos ha sido la apertura muy fuerte de las empresas de comunicación al capital extranjero y el fenómeno no acaba ahí, ni mucho menos. Hay casos que no son muy graves pero me pregunto qué es lo que va a ocurrir dentro de cinco o diez anos cuando nos demos cuenta de que en la Europa entera la prensa económica estará en manos de dos grupos que serán anglosajones. Y es el caso de Francia y su- pongo que es lo que está preparándose en Espana. Esto plantea algunas cuestiones.

Quisiera seguir defendiendo de manera un poco más específica la prensa escrita para intentar salir de este amalgama según la cual todos los medios de comunicación son válidos y cuanto más cables de televisión y más periódicos haya mejor. Si es para que nos saquen las mismas series de televisión americanas pues no creo que sea un progreso. Pero pienso que es importante el explicar que los «medias» deben coexistir. No debemos, por razones de carácter económico externo, como es el caso de la publicidad, llegar a reglas de juego que hagan que algún tipo de «media» desaparezca. Sobre todo si se trata de «medias» como la prensa escrita que, al fin y al cabo, tienen una función bastante especial en las sociedades avanzadas o desarrolladas en las que nos encontramos. Este es el caso por lo menos en Francia.

No se reflexiona suficientemente sobre la especificidad de la prensa escrita con respecto a las otras formas de comunicación. Y no podemos negar que el nivel de desarrollo económico y cultural en el cual se encuentran nuestros países está directamente ligado a lo que está escrito. Es lo escrito lo que ha permitido la explosión de la industria, la explosión de nuestros conocimientos gracias a su divulgación, y que ha permitido el nivel de desarrollo en el cual nos encontramos. No creo que se pueda sustituir. No estoy diciendo que debemos oponer un «media» a otro, pero no podemos decir: mañana podemos prescindir de lo escrito y podemos enseñar todo gracias a la televisión. No es verdad. No es verdad, porque cada «media» funciona de una manera específica y en vez de hacer un largo discurso sobre este tema creo que es fácil presentar unos ejemplos. Estoy hablándoles ahora según un ritmo que es el mío, si hablo demasido deprisa no me van a comprender; si hablo demasido lento, se van a dormir. Si por otra parte añado a mi expresión una capacidad de llamar la atención sobre tal palabra en vez de tal otra, entonces tengo el poder de imponerles una percepción de las cosas que va más allá de mi propio lenguaje. Es donde la noción de forma empieza a dominar la noción de fondo. Pasa lo mismo a nivel de la imagen, ya que la imagen juega más sobre la emoción y llama, como dicen los psicoanalistas, a la inteligencia psicosensorial. Ahora, solamente lo escrito puede llamar la emoción y solamente lo escrito puede llamar a la inteligencia racional, después de una educación larga y de un esfuerzo claro, ya que es el único «media» del que uno se puede hacer propietario únicamente.

Si se transcribe mi discurso en un periódico, usted puede entrar en el periódico cuando quiera, ojearlo y seleccionar con una visión espacial de las cosas el tipo de información que quiera retener, y cuando luego entre dentro de la lectura de este artículo lo va a leer a la velocidad que le conviene, volviendo tantas veces como quiera sobre el contenido. Si no lo entiende bien podrá fácilmente buscar la comprensión de la palabra utilizando diccionario o lo que sea. O sea, que pueden ejercer totalmente su inteligencia racional y su espíritu crítico. Lo que los otros «media» no permiten que se haga porque como llaman más a la emoción, hay una forma de memoria sensorial diferente. No ejercen, no desencadenan este mecanismo, y no es una casualidad si la transmisión de los conocimientos se hace fundamentalmente por escrito, y si la formación de las opiniones públicas y la educación de los ciudadanos no se puede hacer más que por escrito.

No estoy diciendo que las civilizaciones no van evolucionando, pero no es un progreso el poder elegir un presidente de la república por sufragio universal a partir de un debate televisado, lo que se llama en francés moderno, un «look». No creo que se trate de un progreso de la democracia el seguir esta vía.

Me llamó la atención el año pasado al ir a un país del Africa del Norte, donde difundimos bastante nuestro periódico, el carácter aterrorizado del Ministerio de la Información y del Interior de entonces, frente al riesgo de penetración masiva de la televisión. Porque es un tanto peligroso en un país que no está lo suficientemente alfabetizado llevar a cada hogar la diversión de la imagen y atraer a la gente frente a su inteligencia psicosensorial que es, por definición, la forma infantil de la inteligencia -lo siento pero es así, ésto se aprende en psicología elemental- pues es un factor que quizá traerá la paz social, porque se volverá a encontrar los juegos y la paz, pero ciertamente no es una manera para estos países de salir de su subdesarrollo, ya que la adquisición de los conocimientos va a ser atrasada. A mí me sorprendería ver que en estos países, enfrentados con el proceso de comunicación, vieran con terror aparecer o llegar algunos medios de comunicación sin poder oponerse a ello, porque los satélites franquean las fronteras con la idea de progreso social y éconómico que podrían representar.

Y es un tema de meditación, porque no es correcto deqr que sólo debe quedar la prensa escrita y que tenemos que eliminar la televisión. No. Pero sí debemos reflexionar sobre ello porque tenemos tendencia a pensar que se puede dejar rienda suelta a cualquier forma de comunicación cuando de hecho cada «media» tiene su propia especificidad, y que el papel de lo escrito tiene un rol específico en el juego de la inteligencia racional y en la educación de la formación de la propia opinión. Creo que es importante ser consciente de ello ante las bazas económicas que están en juego.

Un gran grupo internacional financiero de los medios de comunicación, si ve que la televisión es más rentable que la prensa escrita, pues para qué va a mantener esta prensa escrita. Solamente va a razonar en términos de rentabilidad. El contenido, el aspecto cultural, político, educativo que pueda representar cualquier tipo de «media», no es él quien se lo va a plantear. O será el mercado y lo verá bajo el ángulo del consumidor, o será otra entidad y si no hay una opinión pública, no dejará el poder político de meter la nariz en este asunto.

Contrariamente a lo que pensamos, esto ocurre en todos los países del mundo, por lo menos en todos los países desarrollados, no solamente desde el punto de las reglas económicas sino desde el punto de vista de las reglas culturales.

Es curioso comprobar que es una constante de toda la historia de la humanidad. Y así cuando se empezó a desarrollar la escritura, los filósofos griegos de la época se preocuparon del desarrollo de este nuevo «media». Citaré a Platón quien al respecto dijo «pues esto va a ser muy peligroso porque este conocimiento tendrá como efecto en los que lo habrán organizado el transformar sus almas en un olvido». O sea, que perderán la memoria porque dejarán de ejercer su memoria.

Estoy convencido que la prensa escrita, por mediación de las opiniones que representa, es un medio fantástico de canalización y de expresión de la opinión pública, y esto participa en la paz social y en la vida democrática, que si no encuentra la manera de expresar sus propios sentimientos se frustra y se transforma en un fenómeno de desorden. Es un fenómeno que se puede constatar un poco en todas partes y sería paradójico el aumentar la presencia frente al televisor, cuando en todos los países desarrollados se está alargando la escolaridad, se está pidiendo a la gente que trabaje en la escuela cada vez más, y la capacidad potencial de lectura aumenta.

A nosotros, los editores, nos tocará hacer unos periódicos más interesantes, pero lo escrito, más allá de su especificidad, tiene más posibilidades económicas de lo que parece a primera vista porque, contrariamente a la imagen y al sonido, aporta un producto que no es perecedero. Es un producto físico del que puede apropiarse el lector y que le permite ejercer totalmente su espíritu crítico.

Creo, pues, que es importante no perder esta dimensión. Es un problema que nos está preocupando mucho en Francia hoy en día porque estamos sintiendo que hay unas aspiraciones a la diversidad cultural fuertes. Estamos contemplando la presión que está haciéndose a nivel de los «medias» y el riesgo al empobrecimiento que hay y que puede ser un factor de tensión posterior, y lo que deseo es que lleguemos más bien a evitar caer en la trampa de ir disminuyendo la comunicación escrita mediante la prensa ya que esto no tiene nada que ver con los objetivos de las grandes sociedades multimedias de la comunicación.

Esto es más o menos lo que quería exponer, un poco a contra corriente de las ideas actuales en este campo. No vean en mis propósitos una actitud un poco fría con respecto a la evolución, pero estoy diciendo que no porque haya evolución debemos dejar de hacer un análisis reposado y reflexionado de lo que está en juego. Existen temas que no deberíamos dejar de lado en nombre del dinamismo del ambiente y en nombre de la amalgama a la cual podría llevamos. Gracias por su atención.




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos