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Anales -> Rsapv anales 1985 a 1986 1ra parte

La política de cooperación y desarrollo

En el horizonte de 1992
Manuel Marín González

Vice-presidente de la Comisión Europea


Quisiera dirigirles brevemente algunas ideas sobre la política de cooperación y desarrollo. Se trata de una cuestión que no llama demasiado la atención en nuestro país. Yo espero que a través de mucha pedagogía, con actividades como la de hoy, se vaya desarrollando en España un interés por los problemas del Tercer mundo.

Voy a someterles unas reflexiones que trendrán que ser, inevitablemente, simplificadoras de la realidad, en el horizonte del gran objetivo que tiene que acometer la Comunidad Europea: la realización del mercado interno de 1992.

Como ustedes saben, en este momento la Comunidad se ha fijado un gran objetivo, que está teniendo una capacidad de atracción como símbolo para conseguir una Europa más unida, más solidaria, una Europa con más peso en el mundo, donde la polarización entre regiones pobres y ricas sea menos fuerte, una Europa que sea mejor de lo que es en lo político, en lo económico y tal vez un día, en su seguridad y defensa. ¿Este objetivo de 1992, se materializa a través de un instrumento denominado Acta Unica Europea.

Esta Acta Unica fue firmada hace un par de años por los Jefes de Estado y de Gobierno; lo que se pretende, básicamente, es la realización de un mercado interior sin fronteras en el horizonte de 1992.

Europa, con la construcción del Mercado Común, con la primera y segunda ampliación consiguió convertirse en un gigante comercial.

La Europa comunitaria es el principal «partenaire» comercial del mundo, por encima de Japón y de los Estado Unidos. Sin embargo, siendo en la época del gran desarrollo económico de los años 60 el Mercado Común un gigante, que conoció unas tasas de crecimiento realmente espectaculares, la crisis económica y la energética de los años 70 puso de manifiesto que era un gigante con los pies de barro.

Efectivamente, se había dado un gran salto en la organización de un Mercado Común, pero no se había ido muy lejos en la realización de una Europa más unida políticamente, más coherente en sus políticas comunes; sobre todo, se había puesto de manifiesto con la crisis que las economías individuales de los Estados miembros no garantizarían en ningún caso un crecimiento futuro. La prueba de ello es que durante prácticamente diez años hemos tenido unas cotas de crecimiento prácticamente inexistentes, y en algunos años incluso se ha producido un crecimiento negativo de las economías de los países del área comunitaria.

Desde hace dos o tres años la Comunidad Europea ha vuelto a crecer económicamente de una manera sostenida, y estamos manteniendo un crecimiento económico entorno al 2'5 – 3%. Sin embargo, esto no nos ayuda a resolver el principal problema estructural que perdura en la Comunidad, que es el del desempleo.

En la comunidad Europea, en este momento, existen todavía 16 millones de desempleados. El ritmo de crecimiento en la actualidad es casi de un 3'3 %. No será posible de aquí al año 2000 ni siquiera enjugar la mitad de ese desempleo ya crónico, con un tipo de economía, con un tipo de crecimiento como el que tenemos.

De ahí surgió la idea, hace años, de potenciar el Mercado Común y de conseguir el efecto multiplicador y dinamizador del gran mercado sin fronteras.

Se lanza, pues, el llamado objetivo 1992 y se propone, y perdónenme la simplificación, con estudios al apoyo, con un trabajo concienzudo, la creación de un mercado sin fronteras de 320 millones de consumidores, que supere las barreras, sobre todo administrativas, y que enfrente a los sectores económicos de los países miembros. Esto nos llevará a aumentar aproximadamente en un 5% el producto interior bruto comunitario, lo que nos permitirá empezar a resolver de una manera más contundente el problema del desempleo.

Si este efecto regenerador, dinamizador del gran mercado se produce, estaremos también en condiciones, respecto del mundo exterior, de aumentar el comercio internacional en aproximadamente un 7%.

Esta simplificación que les acabo de ofrecer sobre el mercado interior sin fronteras, ¿cómo se pondría de manifiesto en el ámbito de la cooperación, con el problema del llamado Tercer y Cuarto Mundo?

Si tienen Ustedes alguna vez la oportunidad de trabajar en las Naciones Unidas, en la Organización Internacional del Trabajo, en la UNESCO, por ejemplo, o en cualquier otra organización internacional donde están representados la mayoría de los países independientes, llegarán a la conclusión de que realmente en el mundo en que vivimos, los países que son independientes o tienen un grado de maniobra económica son muy pocos, y los que son completamente dependientes y tienen un margen de maniobra prácticamente mínimo, son la mayoría.

Quiero decir con esto que en Europa tal vez tengamos dieciséis millones de parados y estemos mal, pero créanme, en el mundo hay gente que está mucho peor.

Este mundo se caracteriza, en parte, por la existencia de un problema que tiene una difícil solución pero que habrá que ir poco a poco resolviendo de una manera distinta a la que se ha ido intentando hasta el momento: el problema fundamental de la guerrilla. Son países, fundamentalmente en América Latina, que tienen una dependencia enorme de situaciones financieras internacionales, ya que su capacidad de pagar no solamente la deuda sino incluso los propios intereses que ésta genera, supera, o incluso duplica y triplica el producto interior bruto nacional.

La situación pues, es dramática. El nivel de maniobra y el nivel de dependencia para estos países se ha convertido en un auténtico agobio.

¿Qué respuesta imaginó la comunidad Europea respecto a los paises que en los años 60 acababan de independizarse de una manera más o menos negociada de la metrópolis, que terminaban de salir de la época colonial a veces a través de movimientos internacionales, de movimientos de liberación nacional?

La Comunidad Europea creó un sistema totalmente original de intercambios de cooperación con el Tercer Mundo que se llamó el Convenio de Yaoundé y sucesivamente de Lomé (Yaoundé, capital de Camerún, y Lomé capital de Togo donde se firmó el Segundo y Tercer Convenio).

El Convenio de Lomé es un sistema original que ha agrupado, fundamentalmente, a las antiguas colonias africanas, caribeñas y del Pacífico, de los países miembros de la Comunidad. Las antiguas colonias italianas, las que fueron antiguas colonias alemanas, hasta la Segunda Guerra Mundial cuando definitivamente Alemania dejó de ser país colonial; las antiguas colonias francesas, inglesas y últimamente las antiguas colonias de Portugal: Angola y Mozambique, Santo Tomé, Puerto Príncipe, etc.

Este tipo de países, hoy 66, están dentro de la estructura que se llama la Convención de Lomé.
Otro tipo de cooperación que se está apenas iniciando en este momento es el que se refiere a América Latina, tras la incorporación de España y Portugal. Se ha iniciado un proceso, que ya se está poco a poco concretando en la realidad en América Central. Recientemente, esta semana, se ha celebrado una conferencia internacional en San Pedro de Sula y, paulatinamente, se está avanzando hasta dar lugar un día, yo lo espero así, a un tipo de cooperación adecuado a los intereses de Iberoamérica, de unas características que no serán forzosamente las del Convenio de Lomé, pero que vincularán de una manera mucho más precisa la Comisión con el mundo Iberoamericano.

El Convenio de Lomé supone una aportación esencial por parte de la Comunidad, ya que en este momento disponemos de 8.500 millones de ECU en el actual Fondo Europeo de Desarrollo que viene a ser aproximadamente 1'1 billones de pesetas.

Por parte española en este fondo se participa a través de un cantidad re- ducida, porque se trata de la primera experiencia que se hacía, de aproximadamente 60.000- millones de pesetas. Y como he tenido oportunidad antes de señalar, ya sea por nuestra falta de tradición en la cooperación y en el desarrollo, porque las circunstancias económicas en el interior de España marchan relativamente bien para nuestras empresas, porque se ha planteado tal vez de una manera equivocada la forma de trabajar, lo cierto y verdad es que el retorno que está teniendo nuestro país en este fondo de cooperación es francamente reducido. Y en este sentido, tal como he tenido la satisfacción y la oportunidad de señalar lo al Presidente de la Cámara de Comercio y al Presidente de la Confederación de Empresarios de la Comunidad Valenciana, Valencia es una de las zonas que sin duda tendrá oportunidades de futuro.

Hay que ir introduciendo en España una mentalidad de ayuda al desarrollo, aunque la cooperación sea algo nuevo en la política Interna española, porque nunca hemos tenido la tradición de cooperar y trabajar en los temas relacionados con el Tercer Mundo.

Las posibilidades que ofrece esta cooperación son ciertamente importantes para la Comunidad Valenciana. Yo espero que en el futuro tengamos posibilidad, en dos o tres meses, de poder estudiar cómo, enfocando la cooperación con Asia, con Africa, con los países del Caribe, del Pacífico se pueda ir poco a poco incrementando la presencia española, y consiguiendo un retorno mayor y más adecuado a las necesidades de aquellos sectores empresariales que están en condiciones de hacer cosas.

¿Por qué queremos llevar a cabo esta política de cooperación con el Tercer Mundo? Primero, porque se plantea desde un punto de vidta intelectual, razonable, como una contribución elemental, independientemente de ideología que se tenga, un problema de solidaridad hacia los países más desfavorecidos.

Estos países tienen un problema muy serio de deuda y es lógico que los países desarrollados, en este caso los europeos, les asistamos, les ayudemos a financiarla, y seamos capaces de financiarles su ajuste estructural.

Esta mañana he tenido mucho interés en señalar y no dejar de pasada la diferencia fundamental que existe entre la concepción europea de la ayuda al desarrollo y la que tienen otras instituciones financieras internacionales como pueden ser el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

Lo digo por la sensibilidad con que un español pueda entender muy bien, por ejemplo, lo que está acaeciendo en este momento en Venezuela.

Para los países que tienen deuda o que tienen un gran problema de estructura económica, se les dice: ustedes tienen que llegar a una política de ajuste, que les permita salir de su miseria y de sus dificultades. Por primera vez en la historia de la CE, el próximo Convenio de Lomé introducirá, con toda probabilidad, un nuevo paquete de medidas destinadas precisamente al ajuste estructural, paralelo a las medidas que vienen adoptando en este ámbito el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional desde hace años.

Pero cuando se toma una decisión de este tipo para un país de Africa, pobre, con su economía los europeos -al menos yo voy a luchar por ello y lo voy a mantener mientras tenga esta responsabilidad- yo creo que debemos distanciarnos del Fondo Monetario Internacional en dos aspectos fundamentales:

- El primero es que cualquier tipo de medida que tomemos ajustando a la economía de un país tercero, deberemos integrar siempre el dato de la estabilidad política de este país. Es decir, si yo le pido a este país que aumente el precio del pan en 24 horas en un 100 % ¿cuáles serán las consecuencias políticas?

A lo mejor un ajustador frío de la economía puede llegar a la conclusión de que hay que aumentar los transportes, de que hay que aumentar el precio del pan, de que hay que suprimir gastos sociales, etc., etc. Pero, a lo mejor, de este modo estamos creando una auténtica revolución.

Digo esto por lo que ha acontecido últimamente en Venezuela, para mostrarles la dificultad que tiene esta política de ajuste que lanzan algunas organizaciones internacionales.

- El segundo elemento que tiene que incluir el sistema europeo de cooperación de cara al futuro, aparte de ayudar sistemáticamente a estos Estados en dificultades, es el de integrar el coste social de la política al consumo. Yo creo que Europa tiene que ofrecer sistemas de seguridad alimentaria o de ayuda alimentaria, porque para llevar una política de ajuste en un país con deuda, con una situación económica difícil, lo primero que tiene que hacer cualquier Gobierno es alimentar a su población.

En consecuencia, con estos dos elementos diferenciadores voy a dar paso inmediatamente al debate.



La ciencia y el científico ante el reto de la Unidad Europea
Emilio Muñoz Ruiz

Presidente del Consejo Superior de Investigación CIentificas (CSIC)


Quiero, en primer lugar, agradecer la amabilidad que ha tenido la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia al invitarme a participar en este prestigioso foro de reflexión y debate.

Por él han pasado figuras de una amplia gama de ámbitos del conocimiento y para mí, tanto como investigador como, en alguna modesta medida, responsable de la política científica del Estado, supone un honor comparecer ante Vds. para exponerles algunas consideraciones en torno a lo que he titulado «La Ciencia y el científico ante el reto de la unidad europea».

Definir el papel y la situación de la ciencia y del científico ante el reto de la Unidad Europea requiere, como mínimo, fijar previamente unas coordenadas que reflejen la situación tal como la encontramos en vísperas del establecimiento de un verdadero mercado interior europeo. En unos momentos en los que existe un preocupación global acerca de los modelos de desarrollo y de sus implicaciones no sólo económicas sino sociales y culturales.

1. EL MERCADO INTERIOR EUROPEO.

La aplicación en el año 1993 -si se cumplen los plazos previstos- del Acta Unica Europea, llevará consigo la supresión de todo un conjunto de obstáculos que impiden todavía el libre movimiento de bienes, servicios y factores de producción.

Es lógico preguntarse sobre el sentido y las consecuencias de la creación de un mercado interior europeo, El Círculo de Empresarios, con su tradicional sensibilidad, acaba de hacer público el quinto número de su «serie marrón» dedicado a la competitividad de la economía española, en el que 24 autores reflexionan en 22 ensayos acerca de lo que el término competitividad lleva consigo.

De modo general, se acepta que competitividad es la capacidad de producir y comercializar bienes y servicios en los mercados internacionales en competencia con otros países, de forma que ello proporcione niveles crecientes de empleo y bienestar. Es evidente que con esta común convención se quiebra el fundamento de la política de defensa, el «proteccionismo», basado en un gran número de regulaciones interiores que ponen inconvenientes a la eficacia asig- nativa de los mercados y la capacidad competitiva de las empresas.

Existe, además, un creciente consenso o propósito de los factores que deben aplicarse por las empresas para que la competitividad sea efectiva. Entre ellos aflora de modo constante como imprescindible factor, la investigación y el desarrollo, la innovación y la tecnología, aunque, evidentemente, con di- ferente importancia relativa según los autores.

No puede olvidarse en esta referencia al significado del mercado interior único el informe Cecchini (2) que presenta el análisis del impacto socio-económico que supone para Europa el alcance de tal objetivo. Como dicho informe señala «el crecimiento adicional que seguirá al impacto progresivo de la integración del mercado de la CEE, podría añadir en el período de unos cuan- tos años entre cuatro y siete puntos porcentuales al producto interior bruto de la Comunidad».

Se cifran en 200.000 millones de ECUS las ganancias que pueden resultar de la eliminación de barreras, como controles fronterizos y burocracia aduanera, normas y reglamentos técnicos divergentes, legislación heterogénea e incompatible en materia empresarial y prácticas proteccionistas en las compras públicas. Entre la amplitud de elementos que aparecen en el proceso de «inferioridad» europea frente a los competidores americanos y japoneses, cabe mencionar -en el aspecto específico - la consecuencia negativa de la adquisición restringida y protectora, ya que en determinados sectores clave de suministros de alta tecnología (bienes de equipo para la defensa, telecomunicaciones, generación de potencia y ferrocarriles) se ha formado una relación simbiótica entre proveedores y compradores, lo que estimula y favorece barreras y distorsiones en el comercio dentro de la CEE como: normas nacionales muy diferentes, subvenciones gubernamentales, esfuerzos duplicados en investigación y desarrollo ( I y D), dispersión y grado suboptimal en la aplicación de estos esfuerzos y mantenimiento de empresas con pocos incentivos para invertir en nuevas tecnologías que hagan frente a la competencia de mpresas ajenas a la CEE.

En un creciente número de sectores, las empresas, para sobrevivir, deberán vender cantidades substancialmente mayores que las que puede absorber un mercado nacional. En definitiva, para competir, necesitarán producir más y gastar más en investigación e innovación. Para las empresas, costes y precios son componentes de su estrategia competitiva clásica. Ahora se añaden nuevas y eficaces armas competitivas. Su capacidad para desarrollar nuevas formas de organización, para penetrar en nuevos mercados geográficos, para inventar nuevos productos y nuevos proces.os, son nuevos instrumentos para ejercer el mecanismo de competencia. Estos factores son dinámicos y están sujetos a un cambio contínuo, en el que el papel de innovación es fundamental y representa una clave para la revitalización de sectores tradicionales -las áreas textiles, por ejemplo - y su transformación en industrias de alto rendimiento. Al mismo tiempo, es la condición necesaria para el éxito sostenido y duradero en sec- tores de alta tecnología en rápida expansión.

Las presiones competitivas que acompañan a la integración del mercado de la GEE causarán un impactó positivo en el progreso técnico. La ampliación de la dimensión del mercado y la reestruturación del potencial productivo de Europa, hará posible que muchas empresas emprendan costosos y arriesgados proyectos de I y D, y comercialicen los nuevos productos y procesos que resulten de ellos. La culminación del mercado interno podría activar así lo que el informe Cecchini llama «círculo virtuoso», en el que una mayor competencia estimule la innovación en el tejido productivo comunitario, a la vez que la innovación estimula la competitividad europea.

2. ÁCTITUD SOCIO-ECONOMICA y CULTURAL ANTE EL DESARROLLO.

La proximidad del mercado interior europeo y sus consecuencias coinciden con un período de profunda reflexión y cambio ante los modelos de desarrollo.

No se puede ignorar esta situación al entrar en el análisis del papel que deben jugar la ciencia y la posición que el científico, como parte de la sociedad, ha de adoptar en estos contextos.

2.1 Política de desarrollo y perspectiva económica.

Se admite, casi como axioma, que los últimos años del siglo XX se enfrentan a desafíos muy acusados en lo que concierne a la nueva formulación de políticas de crecimiento y desarrollo.

P. A. Klein recoge y subraya en un reciente artículo '" las tendencias críticas para los años noventa:

a) La senda del progreso tecnológico se acelerará con grandes fluctuaciones entre la posición de los países medios y pequeños que pueden pasar del status del país desarrollado al país de escaso desarrollo en períodos inferiores a una generación.
b) Este proceso depende, en parte, de la forma en que se disemine la información. Sabemos que lo que sucede hoy en un lugar del mundo afecta al resto del mundo de modo casi instantáneo.

c) El número de competidores internacionales aumentará, con lo que cambiará el patrón de dominación económica, ejercido ahora por unos pocos países.

La economía mundial del futuro debe ser testigo de la competencia de varios países en algunas áreas.

d) Las condiciones económicas de un país influirán sobre las de los otros de modo creciente y con mayor velocidad. Ello conduce a la inadecuación de considerar la economía como «sistema cerrado». Tal presupuesto conduce a un plantemiento arcaico.

e) Las aspiraciones de los países del Tercer Mundo aumentarán. Se intensificará los deseos de desarrollar modelos autónomos y propios. La venta a estos países de modelos liberales o planificados alcanzará cotas crecientes de dificultad: Será preciso, por lo tanto, un esfuerzo de imaginación y de adapta- ción a las idiosincrasias de los países en desarrollo.

f) Crecerá la necesidad de pensar en términos globales con el fin de racionalizar la economía mundial, a medida que aumenta el deseo de la mayor parte de los países y ciudadanos del mundo para compartir los frutos de las tecnologías modernas y de la disponibilidad de recursos.

g) La cohesión internacional será un requerimiento esencial particularmente en relación con el sistema financiero global.

h) La interdisciplinaridad científica debe reconocerse como la única aproximación plausible al carácter multifactorial de los problemas.

i) Todas las indicaciones anteriores apoyan la importancia que debe alcanzar la cooperación internacional en el desarrollo de estos procesos.

2.2 Política de desarrollo y dimensión cultural.

El paradigma de modelo de desarrollo que ha imperado durante las tres últimas décadas está siendo hoy cuestionado. Planteado como profecia autosuficiente, una gran parte del esfuerzo ha estado mal orientado. El énfasis se había colocado en objetivos cuantitativos: formación de capital y crecimiento del producto interior bruto. La excesiva atención a estos objetivos cuantitativos ha ido en detrimento del hombre y de su desarrollo cultural, de una visión más completa del desarrollo.

Cuatro décadas de un proceso de intensa actividad de desarrollo han permitido observar el desplazamiento en el centro de gravedad desde la libertad política al crecimiento económico, a la igualdad social y, seguidamente, a la autonomía cultural. El crecimiento económico sigue siendo un elemento esen- cial pero su consecución no puede ir contra los otros valores. El aspecto cultu- ral encuentra razones de peso en el fénomeno del nacionalismo.

Es importante subrayar que las barreras nacionales y culturales no pue- den, no deben, obstaculizar los procesos de innovación.

La filosofía acerca del desarrollo experimenta un cambio en los objetivos desde los principios cuantitativos, hacia nuevas preocupaciones como son, entre otras, la prevención de la degradación del medio, la conservación de recursos naturales siempre escasos, la aplicación de alternativas a estas carencias, el control de la población. Todos estos nuevos elementos apuntan hacia una nueva prioridad global: la calidad de vida, sobre la que se asienta un amplio conjunto de valores socio-culturales.

En los procesos culturales, las fuerzas centrípetas son tan importantes como las centrífugas. La posición de defensa de una autonomía cultural requiere descentralización, pero, no se puede olvidar que hay diversos problemas aplicables con carácter común a toda la humanidad, lo que impone, exige, un esfuerzo colectivo y estrategias globales. Hay ámbitos de identidad cultural en los que se requieren condiciones de funcionamiento autonómico, pero la idea de globalidad -un planeta, una humanidad- es asimismo fundamental en muchos espacios.

3. POSICION DE LA CIENCIA EN EL MERCADO.

3.1 Conexión entre industria y academia.

En la actualidad, Se admite de manera generalizada que el conocimiento científico, la capacidad científica, es indispensable para la aplicación y el desarrollo de tecnologías avanzadas.

Como fruto de esta constatación, el sector productivo ha emprendido en la década de los ochenta un importante esfuerzo en I y D a través de dos mecanismos: por el incremento de sus recursos propios en actividades de investigación y desarrollo y por su apoyo a la investigación en universdades y organismos públicos de inve.stigación.

Esta actitud se refleja en un notable incremento de la contribución de las empresas al fomento y a la génesis de investigación básica: incremento que es tanto más pronunciado cuanto más potenciada está la política de I y D en un país o en un entorno.

Hoy puede afirmarse que la calidad de la investigación llevada a cabo por muchass empresas iguala, y a veces supera, la de las mejores universidades e instituciones públicas. El trasvase de investigadores desde estas instituciones hacia la industria ha supuesto que recientes galardonados con el Premio Nobel lo hayan sido por trabajos realizados en laboratorios promocionados por empresas. Areas como biotecnología, inteligencia artificial o física de estado sólido, agrupan en la industria mayor número de investigadores que las instituciones públicas. A ello se añade la filosofía de cooperación entre compañías - internacionalización de la investigación- lo que está permitiendo desarrollar esfuerzos en I y D por encima del potencial individual de cada firma.

Conviene subrayar que la creciente «industrialización» de la investigación se ve acompañada por una situación análoga de la educación superior. Esto se refleja en una incorporación sustantiva de empresas a las actividades educa- tivas por la vía del desarrollo de centros propios y por el camino de una impli- cación en las decisiones y en el control de las instituciones implicadas en la enseñanza y en la investigación. De este modo, se observa una creciente participación de representantes empresariales en los comités de asesoramiento y de gobierno de las instituciones académicas, organizaciones de investigación y de política científíca.

Los gobiernos están jugando un papel decisivo a la hora de inducir esta orientación de la enseñanza y de la investigación hacia las necesidades industriales. Estas acciones se basan en la creencia, comúnmente compartida, de que el conocimiento científico generado a través de la investigación y transmitido esencialmente a través de la enseñanza, es esencial para el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías. Estas se consideran de hecho como instrumentos decisivos para el crecimiento y el mejor rendimiento de todos los sectores de la economía nacional y para afrontar, con niveles razonables de esperanza, la competitividad internacional. En este contexto, las políticas gubernamentales y las consiguientes prioridades se centran, en buena medida, en la promo- ción de la investigación que está relacionada de modo directo e inmediato con las nuevas tecnologías, así como en procurar la integración de la investigación y de la enseñanza superior con el sector industrial. A este fin, las políticas gu- bernamentales han desarrollado medidas tales como: cambios en la organización tendentes a integrar las agencias que fomentan la I y D en los ámbitos científícos y tecnológicos; desarrollo de programas especiales encaminados a fomentar la cooperación universidad-empresa y a financiar investigación industrial; puesta en marcha de nuevas estructuras y mecanismos para facilitar la transferencia de los resultados de la investigación a la industria; modificaciones en la orientación y en la financiación de los centros públicos de investigación. En esta última dirección, se ha promocionado el desarrollo de instituciones de carácter multidisciplinar, ya que este tipo de investigación es el más apropiado a las necesidades de la industria. Otro importante cambio en la orientación de la investigación pública ha sido consecuencia de la progresiva orientación en la financiación pública desde la prestación de un apoyo global a la financiación por programas.

Como respuesta a estas tendencias, se viene produciendo una progresiva política de propaganda de los programas de investigación y enseñanza superior por parte de las universidades e institutos públicos. Entre otras acciones se han establecido unidades encaminadas a buscar contratos y explotar comercialmente los resultados de la I y D a través de patentes y licencias, mediante la creación de propias empresas y a través de «joint ventures» con las industrias.

3.2 Influencia de la ciencia y la tecnología en el desarrollo regional.

Una serie de medidas se dirigen hacia la progresiva regionalización de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Es importante señalar que este proceso se convierte en parte del Sistema -y se ejerce gracias a ciertas instituciones como es el caso de las universidades-, pero no supone que todo ese Sistema se dirija hacia intereses locales. Se habla de una «descentralización centralizada», lo que implica un considerable esfuerzo de coordinación y vigilancia junto con el desarrollo de una política de concertación.

Se trata de evitar el peligro que entraña un excesivo énfasis en los intereses regionales, que podría conducir a la satisfacción de pequeños intereses y estrechos objetivos; a una auténtica «parroquialización» de la investigación y de la enseñanza superior. Sin caer en la centralización, se hace preciso aplicar una política de colaboración entre los dos niveles de gobierno para conseguir uná adecuada combinación del desarrollo regional, con la potenciación de los intereses nacionales. Este objetivo exige la intervención conjunta en los procesos de toma de decisión y responsabilidad en su puesta en práctica.

3.3 Internacionalización de la ciencia y la tecnología.

En contra de lo que pudiera parecer, las orientaciones a las que he hecho referencia están produciendo una mayor y más rápida internacionalización del sistema ciencia y tecnología, como consecuencia de la creciente competencia. Este proceso tiene considerables implicaciones para aquellos países que han apostado por esfuerzos «domésticos» para desarrollar su futura competitividad económica. Estas estrategias pueden estar disminuidas en su operatividad en función del sistema internacional que está en vías de desarrollo. Los potenciales beneficios que se pretenden alcanzar por el país que financia la I y D, pueden diseminarse rápidamente a otros países, por la tendencia a la progresiva incorporación de los organismos que la ejecutan a un contexto cada vez más internacional.

Esta situación, junto a la importancia económica de la investigación y el desarrollo tecnológico puede conducir a fricciones entre países, lo que probablemente devendría en modificaciones sobre los patrones de conducta de la comunidad científica; especialmente en lo que respecta a participación en congresos, derechos de propiedad intelectual, normas políticas de compras de tecnología y ayuda de los gobiernos al desarrollo y difusión de tecnologías punta.

4. NECESIDAD DE UNA POLITICA CIENTIFICA y TECNOLOGICA.

De todas estas consideraciones se deduce, indubitativamente, la necesidad de promover una política científica y tecnológica.

Esta política debe tener en cuenta los recursos dedicados por el sector público, los criterios con que debe aplicarse el fomento de la investigación, y los campos u objetivos a los que debe prestarse especial atención. En estos últimos años se ha podido apreciar un importante esfuerzo de diseño de las políticas de I y D, que ha incidido en el incremento de recursos destinados a financiar las actividades de Investigación y Desarrollo, generalmente por encima del crecimiento del Producto Interior Bruto, en el establecimiento de nuevas prioridades -particularmente en áreas que deben supuestamente contribuir al desarrollo de las llamadas nuevas tecnologías, como es el caso de la biotecnología, de los nuevos materiales y de la microelectrónica, y en la promoción del desarrollo tecnológico, que se refiere a los dos primeros elementos del pro- ceso de cambio tecnológico: la invención y la innovación.

Sin embargo, hasta el presente los esfuerzos en política científica y tecnológica han incidido poco en el proceso de «difusión de la tecnología», que con- siste en la aplicación de innovación tras su comercialización inicial; un proceso que atañe a la adopción del hecho nuevo por parte de un gran número de usuarios, así como a la progresiva utilización por parte del autor. La mayor parte de los beneficios económicos de una nueva tecnología derivan de la difusión más que del propio desarrollo de la tecnología. Nos obstante, el desarrollo es, obviamente, un pre requisito, sin él no se puede difundir nada. Se infiere muy poco beneficio económico de la nueva tecnología por sí, a menos que se aplique de modo amplio y efectivo en un amplio contexto económico.

La necesidad de prestar mayor atención a la difusión de tecnologías se apoya en varias consideraciones. En primer lugar, el progreso científico y el desarrollo tecnológico generan un gran número de nuevos productos, procesos y servicios. De hecho, la presente ola de innovación puede considerarse sin precedentes en lo que respecta a su extensión, velocidad y potencial impacto económico. En segundo lugar, se observa que la difusión de tecnología actúa con poca eficacia a causa de diversas barreras. En tercer lugar, se hace cada vez máS necesaria la traslación de la corriente de las nuevas tecnologías en beneficios económicos con el fin de que los países mejoren sus niveles de crecimiento y corrijan sus deficiencias estructurales.

Todas estas consideraciones implican que los gobiernos deben aplicarse la promoción de la difusión de la tecnología. Una adecuada difusión puede verse dificultada por una serie de factores, entre los que cabe mencionar: el alto coste de capital, la carencia de estándares técnicos, periodos largos de depreciación del capital de inversión, regulaciones gubernamentales que promueven el uso de tecnología producirla internamente, escasez de personal cualificado tecnológicamente, poca familiaridad de la dirección con el potencial de la tecnología y estrategias empresariales de corto alcance.

Con todo, quizás las barreras más importantes se refieren a la inadecuación de la disponibilidad de capital humano, que afecta a la escasez de perso- nas capacitadas en los temas I y D, tanto ejecutoras como gestoras.

5. EL PAPEL DE LA CIENCIA Y DEL CIENTIFICO EN LA CONFIGURACION DE EUROPA.

De lo expuesto, parece claro que la ciencia y los científicos han de jugar un papel decisivo en el proceso de constitución del futuro de Europa.

Para cumplir ese papel, la ciencia en general y el científico en particular, deberán experimentar una reordenación en sus planteamientos y en el diseño de sus modos de actuación.

La actividad científica debe integrarse en la normalidad de la vida empre- sarial. Ello implica una mayor inversión de recursos en I y D por parte de las empresas que deben, a su vez, apoyar la investigación básica.

La politica en I y D debe ser asumida por las empresas y los gobiernos para alcanzar objetivos prioritarios y utilizar los recursos con el mejor rendimiento posible en el proceso investigación-innovación-difusión tecnológica.

La gestión de la I y D debe profesionalizarse e internacionalizarse en la política económica de las empresas y en las políticas socio-culturales y económicas de los gobiernos.

Es imprescindible la programación y la planificación en las actitudes de I y D. En consecuencia, el científico ha de cambiar sus actividades y aptitudes ante estas consideraciones, evolucionando hacia una mezcla-síntesis de investigador y de promotor. Ha de desarrollar un importante esfuerzo de actividad pluridisciplinar, superando los compartimientos estancos y la especialización que han marcado su modo de concebir su tarea en el reciente pasado.

Es importante crear la interfase entre el generador de conocimiento y el vendedor de tecnología, entre el investigador y la sociedad.

Para alcanzar estos dos objetivos en el proyecto de unidad europea se imponen dos mecanismos: una política común en I y D y un esfuerzo de inversión en capital humano.

5.1 La conciencia de una política europea en investigación científica y de- sarrollo tecnológico (1 + D).

El largo proceso de construcción de una política común europea en investigación y desarrrollo ha alcanzado su punto más alto con el Acta Unica, aprobada en Enero de 1986, que, como es bien sabido, consagra un apartado nuevo al modificar el tratado de la CEE con la introducción del título VI «Investigación y Desarrollo Tecnológico». Este título incluye doce artículos -130 F a 130 Q- que formulan la idea del espacio científico-tecnológico europeo Y otorgan carta de naturaleza a la ciencia y la tecnología, como seña de identidad en la concepción contemporánea de Europa.

5.1.1 Antecedentes.

La necesidad de una política común europea nació casi en el mismo momento en que empezaron a elaborarse políticas científicas en varios países europeos a lo largo de los años 60. La primera reflexión analítica, los estudios comparativos sobre la inversión -como porcentaje del Producto Interior Bruto- en ciencia y tecnología ponen de relieve las potencialidades y debilidades de Europa, y los peligros en que sus menguadas fuerzas y constatadas carencias la colocan ante Estados Unidos y Japón. Como toma de conciencia progresiva aflora la idea del papel central y determinante que la investigación y la tecnología juegan en el desarrollo social y económico y desde esta idea se construye la voluntad de fomentar y organizar la investigación con la intención de dirigir sus desarrollos hacia la innovación.

Con la cristalización de estas ideas se empezaron a plantear iniciativas que surgían de todas partes como estrellas en el firmamento en busca de un astro rey. Desde Amintore Fanfani, a la sazón Ministro italiano de Asuntos Exteriores, a Hardd Wilson, Primer ministro Británico, pasando por las distintas Comunidades (CECA, EUROTOM, CEE) se proponían iniciativas o se creaban comités para afrontar la posibilidad de una política común de I + D, yendo más allá de otra necesidad, ampliamente sentida, de coordinación de las políticas nacionales.

En 1964, el Consejo de Ministros de la Europa de los Seis establecía el «Comité para la Política Económica a Medio Plazo». Un año después, este Comité creaba un sub-comité bajo la denominación «Política de Investigación Científica y Tecnológica» que, por su nombre en francés, daba origen al acróstico PREST.

Tras cinco años de trabajo, de lucha, a veces de incoherencia, de confrontación entre las diferentes sensibilidades nacionalistas ante la idea de la construcción de Europa, nacía la primera fórmula de Cooperación científica y técnica europea (COST). Esta fórmula de cooperación que nacía con el autocomplaciente y laso objetivo de «aplicar fórmulas tan flexibles como fuera posible», recogía, iniciativas emanadas del citado Comité PREST, presidido por André Marechal en sus primeros pasos y posteriormente por Aigrain.

En 1974, el Consejo de Ministros de la Comunidad aprobó varias resoluciones encaminadas a la puesta en marcha de una auténtica política comunitaria de ciencia y tecnología. Se formuló el primer programa de acciones de I + D, se creó el «Comité de la Investigación Científica y Técnica» (CREST) -con la misión de asesorar a la Comisión y al Consejo- y se mantuvo la voluntad de la CEE de colaborar con países terceros.

Tres años depués de este inicio de una política propia común en el ámbito de la iencia y tecnología, la Comisión hacía un nuevo esfuerzo y en una Comunicación de la Comisión al Consejo de 30 Junio de 1977 presentaba las líneas directrices para el período 1977-1980. En esta Comunicación se señala- ban los objetivos, las condiciones generales, los problemas, los criterios de selección de las acciones; se describían los programas científicos y técnicos prio- ritarios ya existentes o en fase de desarrollo a la vez que se precisaban los niveles y métodos de coordinación en el marco de esa política común de ciencia y tecnología.

5.1.2. El Programa Marco.

Sobre la base de los resultados obtenidos en esta etapa apreciados a través de un proceso de evaluación general de las actividades científicas y técnicas, la Comisión planteaba una nueva estrategia que se plasmó en el Programa Marco, cuya elaboración se inició en 1981 y se aprobó por Resolución del Consejo de 25 de julio de 1983 para los años 1984-1987.

En su primera versión, el Programa Marco establecía siete grandes objetivos científicos y técnicos: promoción de la competitividad agrícola; promoción de la competitividad industrial; mejora de la gestión de materias primas; mejora de la gestión de los recursos energéticos; intensificación de la ayuda al desarrollo; mejora de las condiciones de vida y trabajo; mejora de la eficacia del potencial científico y técnico. No contemplaba, sin embargo, una decisión sobre la dotación financiera global. En cualquier caso, las Comunidades experimentaban un importante crecimiento en los recursos humanos y materiales destinados a I + D. El presupuesto dedicado a estas actividades pasaba de 70 millones de ECUs en 1973 a 900 millones de ECUs en 1984, un 2'4% del presupuesto comunitario.

El Segundo Programa Marco, apoyado ya en el Acta Unica, se configura como instrumento general de la acción en I y D de la Comunidad para cinco años (1987-1991). Tras una profunda discusión, a lo largo de los años 86 y 87, se aprobaba en septiembre de 1987 con 5.400 ECUs, más 1.080 ECUs de gastos ya comprometidos.

El programa distingue ocho grandes áreas: calidad de vida, tecnologías de la información y comunicaciones, tecnologías industriales, recursos biológicos, energía, ciencia y técnica al servicio de los países en desarrollo, recursos marinos y cooperación científica y técnica europea. El conjunto cuenta con una predistribución de recursos entre las diferentes líneas.

5.2 La inversión intelectual en investigación científica y desarrollo tecno- lógico.

Todo análisis de los aspectos cuantitativos de I y D revela que los gastos de personal son los más importantes, ya que representan, en la mayoría de los casos, porcentajes superiores al 50%.

En un reciente estudio (4) sobre los efectos de la I y D en los resultados de una perspectiva macro-económica, se ha constatado que la Investigación y el Desarrollo manifiestan una eficacia superior a la inversión en activos fi jos. Este análisis se ha prolongado hasta efectuar la comparación de los resultados a nivel de toda Francia. La evaluación llevada a cabo pone de relieve que la ralentización en el crecimiento de la productividad se podía imputar a la falta de inversiones en I y D -en particular a lo largo de los años setenta-.

La I y D permite acrecentar el nivel de conocimientos culturales, sociales, científicos y técnicos de que dispone una sociedad e introduce nuevas aplicaciones de tales conocimientos. Una adecuada gestión de ese capital debe permitir la prospección para invertir a tiempo y adecuadamente, con la vigilancia correcta y la necesaria flexibilidad estratégica.

Como fruto de esta situación, muchas instituciones académicas están implicadas en la activa promoción de servicios educativos de formación y entrenamiento, por medio de cursos cortos de formación y programas educativos especiales de mayor longitud, para alcanzar las necesidades de empresas particulares y sectores económicos, así como en la modificación de currículos para adaptarse a la incidencia industrial. Estos esfuerzos se han visto estimulados por la necesidad de aumentar los ingresos en las instituciones académicas y por el crecimiento de la demanda industrial de educación y formación. Esta demanda ha aumentado a medida que los sectores productivos reconocen la importancia de la inversión en capital humano para mejorar resultados y competitividad. Un factor decisivo a esta demanda creciente es la rápida vía al cambio tecnológico, lo que supone un aumento de cursos específicos de formación orientada a actualizar la formación y las capacidades del personal laboral.

El suministro de servicios educativos al mundo de la empresa es una «industria de rápido crecimiento» para la gran mayoría de las universidades europeas. Muchas instituciones académicas modifican sus programas y currículos para ofertar respuestas a los cambios tecnológicos y a las necesidades de la industria.

El énfasis en la importancia de la inversión en capital humano está suscitando un reexamen de la educación de científicos e ingenieros. Los actuales programas educativos son mayoritariamente considerados como poco adecuados para preparar a individuos que vayan a trabajar en la industria, aunque ésta se constituya en uno de los grandes empleadores de esos colectivos. Se considera que la educación superior en ingeniería aleja a los estudiantes del mundo real y los prepara para una «cultura de investigación y análisis -la cultura de sus profesores- en lugar de la cultura competitiva de la industria».

Esa preocupación se centra, sobre todo, en la formación de doctores y se cifra en el hecho de que las proporciones de estudiantes de tercer ciclo, así como el número de doctores incorporados a las empresas han decrecido consi- derablemente en los últimos años.

Europa trata de enfrentarse a este problema de trascendental importancia mediante diversos mecanismos: formación por la vía de redes que promueven la movilidad del personal y programas comunitarios como ERASMUS, COMETT y DELTA, que promueven el intercambio de estudiantes, científicos y técnicos entre países e instituciones y un abundante etcétera de medidas orientadas hacia ese fin primordial.

Todo un conjunto de circunstancias -el quehacer diario, los acontecimientos científicos, los eventos extraordinarios- ponen de manifiesto la necesidad de profundizar en la idea de Europa; una idea en la que juegan un papel clave la política científica, la investigación y la tecnología. Tras la conciencia de crisis, generada por la situación petrolífica, por la sensación de dislocamientos estructurales de gran amplitud que se agravan por la interdependencia de los sistemas económicos de escala, por la propia crisis de confianza de la sociedad en la ciencia y la tecnología, debe ir creciendo, aumentando, decantándose una noción creciente acerca del interés estratégico de una política europea de investigación y desarrollo. En ella, la ciencia y el científico han de tener un papel estelar.

Europa ha pasado a ser un concepto de acción común lejos de la retórica tradicional. Alguien ha dicho que, a partir de ahora, cualquier conflicto en el espacio del continente adquiere (confiemos en el condicional, «adquiriría») ribetes de contienda civil. La ciencia y la tecnología están llamadas a convertirse en amalgama de progreso para un continente que cada vez es más nuestro y al que nos sentimos cada vez más estrechamente vinculados.

De nuevo, y para terminar, quiero saludar el fructífero esfuerzo de reflexión que constituye la iniciativa de diálogo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia.

A todos Vds., muchas gracias.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1. "La competi\'idad de la economía española: determinantes micro y macroeconómicos», Círculo de Empresarios. Diciembre 1988.

2. P, Cecchini. "Europa 1992: Una apuesta de futuro», Alianza Editoríal1988.

3, «Modernity and Identity: A Symposium 118, Culture, economy and development», International Social Science Journal, November 1988, Basil Blackwell/Unesco.

4. Ph. Cuneo, «L’impact de la recherche-developpement sur la productivíté industrielle», Economie et Statistiques n." 164, mars 1984.



Unidad Económica y cohesión social en la Europa del siglo XX

Eduardo Punset Casals

Miembro del Parlamento Europeo

Sobre el tema que se me ha sugerido -La cohesión económica y social en la Europa que viene-, tal vez sea bueno empezar por hablar de un tipo de cohesión que no menciona el título: no es la económica ni la social, sino la política, que va a tener una trascendencia enorme. A nivel político en los últimos años no ha ocurrido gran cosa. Cuando se comparan los cambios a nivel técnico y social que han «sacudido» literalmente el mundo y los contrastamos con los cambios ocurridos en el queharer político, el balance político es más bien modesto, ya se trate de las formas organizativas de los Estados o de los mecanismos de decisión referidos a los instrumentos de la política, los partidos políticos, los métodos de participación de las gentes en la política. Todo esto ha estado dormido desde hace muchísimos años y en los próximos meses y años va a haber un acontecimiento político de enorme evengardura que va a transformar lo que es el propio concepto de Europa, tal como la he- mos entendido hasta ahora. Y me refiero no sólo al gran proyecto de la apertura de Europa a los países del Este, incluida la Unión Soviética, sino a lo que está ocurriendo en estos países.

Creo que por primera vez en Europa, se habrá podido contestar la vieja pregunta de Platón hace 2.400 años, cuando reflexionaba sobre cuál era el mejor gobierno para los pueblos. Lo que ocurre hoy en Europa, es que se ha generado un consenso en el sentido de que el pluralismo político y la democracia es la mejor manera de gobernar.

Acabo de llegar de Polonia; estuvimos con el parlamento europeo hace pocas semanas. Cuando se discute con los responsables políticos de aquellos países, están diciendo que lo que quisieran tener es lo que tiene la Comunidad Europea en materia política, es decir un régimen plural y, en materia económica, un sistema en el que el papel del mercado sea preponderante a la hora de asignar los recursos disponibles.

Por eso están decididos a suspender las subvenciones para que aparezcan precios realistas, están dispuestos a reprivatizar muchas de sus industrias. Están dispuestos a conectar con la economía global y ésto sólo se puede hacer aceptando la convertibilidad de las monedas nacionales. Hasta tal punto, que en la última discusión con el primer ministro polaco, uno de los seis miembros de la delegación parlamentaria, que era un comunista griego, le dijo al Primer Ministro: «Si lo que Ud. está diciendo lo dijera alguien de mi partido en Grecia, se le expulsaría inmediatamente». .

Es un hecho sobre el que vale la pena reflexionar, porque tIene una transcendencia enorme, ya que durante las próximas décadas en Europa vamos a vivir confrontados políticamente con distintas alternativas disfrutándose la primacía de gobernar.

En estos momentos en Europa, se considera que la pregunta de Platón se ha constestado y que todos estamos de acuerdo con el sistema político que queremos, y ésto es absolutamente nuevo para la gente joven y todavía más nuevo para la gente que hemos vivido los años 50 y 60, Y es todavía muchísimo más nuevo para la gente, por supuesto, que ha vivido las grandes epopeyas ideológicas y conflictos de los años 30 que, cómo no, estuvieron dominando contínuamente, incidiendo constantemente sobre la vida económica, sobre la vida social de los países europeos.

En las próximas décadas, pues, no habrá en Europa confrontación política que nos distraiga del problema básico que es el de saber cómo se maneja con eficacia el cambio de una sociedad hacia otro tipo de sociedades mucho más tecnológicas y más completas: lo que los psicólogos y sociólogos france- !ies llaman el manejo de la complejidad.

La verdad es que esto está incidiendo incluso en la propia dirección de las empresas. Nosotros, en el Instituto de la Empresa, tenemos que dejar un tiempo disponible para enseñar a los alumnos cómo la dirección de un proyecto complejo, en contraste con un proyecto convencional, requiere unas capacidades de «management», de dirección, distintas o complementarias a las que son necesarias para la ejecución de un proyecto convencional. Normalmente, el management de la dirección de un proyecto convencional es relativamente fácil, en eI fondo de lo que se trata es de establecer un calendario y luego una serie de tareas. A cada una de estas tareas se le asigna un momento determinado de ejecución.

En la ejecución de un proyecto complejo, una investigación sobre biotecnológia por ejemplo, las cosas son muy distintas: primero hay un grado interno de incertidumbre del proyecto muchísimo mayor, incertidumbre respecto a los objetivos; no está tan claro en un proyecto complejo el objetivo. Incertidumbre en cuanto a los precios, es imposible a veces calcular\os. Estos proyectos, en su ejecución tienen siempre un momento en el que el protagonista del proyecto tiene la sensación de que aquello no avanza, de que está parado, que realmente es imposible sacarle rentabilidad, llegar a un punto de mercado; y si el director de áquel no es consciente de las características distintas de los proyectos complejos en las sociedades modernas puede que cometa equivoca- ciones gravísimas. Si cuando llega este momento reacciona de forma conven- cional, lo único que hace es provocar un desperdicio tremendo de recursos humanos y financieros.

En el caso de Europa del Este, lo que el resto de los europeos les estamos aconsejando ante la tarea compleja que tienen, el problema de cambiar la economía planificada, en donde el mercado no desempeñaba ningún papel a la hora de asignar recursos, lo que decimos es que no se preocupen si un sector está subvencionado, nosotros seguimos con sectores subvencionados; la propia política agraria comunitaria es una de las intervenciones más sofisticadas de las elaboradas por los países occidentales. Cómo se conecten con la economía internacional, su integración en la economía global,(el sector exterior), la conexión con la economía mundial a través de la convertibilidad de las monedas nacionales, es el único punto de referencia capital que les puede ayudar de una manera objetiva a saber qué es lo que de verdad está ocurriendo; y si suben los precios o si bajan, entonces, si está abierta esta economía, es que está reflejando lo que ocurre en la economía mundial; y sólo cuando esto ocurre en un país es cuando el proceso o factor tecnológico tiene relevancia.

Mientras un país esté aislado, a un empresario lo que le importa para sobrevivir, es el nivel de salarios o el nivel de proteccionismo, de aranceles de que dispone el país. El perfil tecnológico de los bienes que produce sólo tiene relevancia realmente cuando el país está éonectado con la economía global y es por eso que la apertura de una economía al resto del mundo es hoy una necesidad imprescindible para el proceso de modernización.

Recuerdo que este verano me invitaron a dar una conferencia en Buenos Aires sobre el impacto social de las nuevas tecnologías, y después de estar hablando durante 3/4 de hora, les dije «me han estado Uds. escuchando con mucha atención, pero nada de lo que les he dicho les importa a Uds. nada de nada», porque mientras Argentina siga siendo un país cerrado realmente, la tecnología no va a ser el factor decisivo de transformación y del poder del país, y por tanto no debieran preocuparse demasido por el impacto social de las nuevas tecnologías.

Vamos pues, en materia política, a una Europa muchísimo más cohesionada de lo que hemos estado acostumbrados hasta ahora. Y éste es un hecho capital que va a incidir de una manera casi escandalosa en sectores económicos importantísimos: el sector de la defensa; la política de defensa europea es una de las políticas más estáticas, que menos han cambiado a lo largo de los últimos 20 años, y en cambio es una de las políticas que más van a cambiar, justamente por esta mayor cohesión política a lo largo de los próximos afios.

Segunda consideración en materia de cohesión económica: ¿cuáles son hoy en Europa las fuentes de las nuevas disparidades, de las nuevas discriminaciones, de las nuevas diferencias entre regiones y países? Paradójicamente, en la base de las nuevas discriminaciones está la concentración del conocimiento acumulado de la tecnología, en unas pocas regiones en detrimento de las demás: y ésta es la única fuente de cara al futuro realmente importante de las disparidades y de las injusticias a nivel europeo y a nivel global. Las regiones que hoy concentran los conocimientos acumulados y la tecnología son las que van a imperar sobre las demás regiones y países de Europa que no hayan sabido, por una serie de motivos, que tal es el camino consecuente con la idea de que la información, los conocimientos acumulados y la tecnología se han convertido en la materia prima de la vida económica y social. Un país hoy no atento será dependiente dentro de muy pocos afios, si pierde la batalla del reparto tecnológico, y lo triste es que muchos estamentos sociales, profesionales y políticos siguen creyendo que la soberanía y la capacidad de decisión dependen de factores muy distintos, como pueda ser la cantidad de soldados que se tiene, etc...

Realmente, hoy lo que define estas diferentes regiones y países es, quién acapara los conocimientos tecnológicos y la información.

Esto exige, por supuesto, una política económica radicalmente nueva. La política económica de los próximos afios, de la que vamos a oir hablar, es una política que estará orientada casi exclusivamente a elevar el nivel de cultura técnica de la población primero, y a integrar, enganchar o sintonizar estas economías con la economía mundial para garantizar que el factor tecnológico es el factor culturizador, dinamizador de la vida económica.

¿Por qué elevar el nivel de cultura técnica? Porque sin un nivel de cultura técnica adecuada no hay innovación posible; el innovador, el científico, el emprendedor, el empresario, necesita en una sociedad donde la información, los conocimientos acumulados y la tecnología son materia prima, un nivel de cultura técnica adecuado.

De manera que, en el plano regional o comunitario, el primer paso de la política económica del futuro será hacer un inventario de todos aquellos activos intangibles que componen o que constituyen la cultura técnica.

En una comunidad como Valencia, los rectores de la política económica muy pronto lo que harán será, primero, efectuar el balance de los activos invisibles de la comunidad, es decir, cuántos laboratorios de investigación, cuántos centros de homologación, cuál es la oferta de formación profesional, cual es la oferta de educación técnica a nivel universitario, cuál es la oferta de capital riesgo -no capital convencional bancario- que es el único adecuado para financiar las innovaciones, cuántos circuitos de información informatizados existen en la Comunidad Valenciana, cuántas conexiones con las redes y bancos de datos internacionales existen en la Comunidad, cuántas bibliotecas, qué oferta de enseñanza de idiomas, etc. Este es el primer paso de cualquier política económica en este país y en el resto de Europa.

Tiene entonces una importancia transcendental la capacidad de investigación de una región determinada. Pero en un país como España, donde más de un 80% del proceso de modernización industrial, en definitiva, el proceso de innovación, se ha producido mediante la importación de bienes de equipo, que llevaban incorporados las nuevas tecnologías; entonces lo que tiene una importancia enorme no es tanto la capacidad de investigación que seamos capaces de generar, como la manera, que tendría que ser correcta, con que asimilamos estas nuevas tecnologías que nos llegan incorporadas en los bienes de equipo. El dilema para un país como España es saber si adecuamos, si revolucionamos realmente, si reformamos drásticamente los esquemas de tipo organizativo, de tipo gerencial, de tipo participativo en los mecanismos de decisión, de formación profesional, si estos esquemas los adecuamos a las exigencias de las nuevas tecnologías, del proceso de modernización, o bien nos limitamos a importar aquellas tecnologías mediocres que están adaptadas a los mediocres sistemas de organización, de gerencia de las empresas, de formación profesional.

Cuando se me pregunta cómo es posible que España, que está creciendo a tasas mayores que las europeas, tenga unas tasas de desempleo de más del doble a las de Europa, es difícil dar una respuesta sensata, a menos que recurramos a explicaciones que tienen que ver con los defectos de nuestra asimila- ción de nuevas tecnologías. Lo que ha ocurrido en España, es que hemos importado tecnologías nuevas, hemos modernizado a unos ritmos vertiginosos nuestra industria, sin tocar los esquemas de formación profesional, de educación técnica, de gerencia de las empresas, de organización, con el resultado de generar una demanda increiblemente alta de mano de obra altamente cualificada y una sobreabundancia de mano de obra sin cualificar, pero esto es en gran parte el resultado de los vicios internos del proceso de asimilación de nuevas tecnologías.

En estos momentos, nosotros más que otros países, tenemos la sensación de que estamos forzando o impulsando un cambio y la innovación técnica respecto a los moldes organizativos, arcaicos, heredados del pasado.

Estamos forjando la innovación del siglo XXI en unos esquemas organizativos del siglo XIX y esta es una de las grandes paradojas de nuestro crecimiento y uno de los grandes obstáculos a la cohesión social, no sólo económica.

Termino esta exposición con una brevísima referencia al tema de la cohesión social. Hemos visto que Europa va a ser un espacio increiblemente más cohesivo de lo que ha sido en el pasado políticamente. Hemos visto cómo a nivel económico, la cohesión, es decir, la eliminación o la disminución de las diferencias entre unas regiones o países y otros, va a depender de nuestra capacidad de innovar, de tomar parte del reparto que nos correspondería en materia de información y de conocimientos acumulados y tecnología.

Queda por ver cómo parecen aproximarse socialmente los países europeos de cara a los próximos años. Creo que en estos momentos, en Europa existe sinceramente un consenso en el sentido de que este esfuerzo por aumentar la capacidad de innovar dependen del consenso social en el interior de cada país; y este consenso social es en el fondo un pacto, a veces explicitado y a veces sin estarlo, entre las clases trabajadoras y el Gobierno.

Y ¿cuál es cl contenido de este pacto? Todo el mundo en Europa acepta que sin moderación salarial no hay crecimiento económico, porque éste resulta ser no el único pero si uno de los requisitos más importantes para tener una estabilidad monetaria y una estabilidad de los tipos de cambio, y a su vez esta estabilidad monetaria parece muy necesaria para un crecimiento económico sostenido.

Esta moderación salarial que es una oferta de las clases trabajadoras, tiene una contrapartida: el Estado asume el compromiso de una mejora radical de la oferta de servicios públicos, en materia sanitaria, de transportes, de asistencia social y Seguridad Social, que afecta a las capas y clases más numerosas, y a la vez más necesitadas. Este compromiso por parte del Estado de una mejora radical de los servicios públicos va a ser el gran tema de los próximos 5 años en España, y no sólo el gran tema de debates electorales, sino que va a ser el gran problema de los españoles. Este es un componente ineludible de este pacto social. Sin esa mejora radical de servicios públicos: no habrá posibi- lidad alguna de mantener una política de moderación salarial. Esto es algo aprendido, y que se debiera asimilar con la misma rapidez con la que hemos asimilado las nuevas tecnologías.

Y junto al compromiso de una mejora de los servicios públicos, el Estado asume también, como contrapartida de la moderación salarial, abrir los cauces de la participación ciudadana en los mecanismos de decisión. En este sentido, éste es uno de los componentes de este consenso, al que me he referido y que es común en Europa y que sin embargo en España, por una razón u otra, no hemos sabido todavía resolver.




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