Palabras del director



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Anales -> Rsapv anales 1985 a 1986 1ra parte

Prólogo
Hoy más que nunca, es conveniente, necesario e imprescindible hablar de Europa como proyecto global y propio.

Por esta razón, la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia, en la modestia de sus posibilidades y como parte integrante de la Sociedad Civil, decidió a través de su Junta de Gobierno que la actividad desarrollada durante el año 1989 se centrara en participar y sumarse al importante movimiento social que pretende como objetivo clave, conocer en profundidad, el contenido y evolución de la futura unidad europea.

Con el desarrollo de esta actividad, en absoluto nos separábamos de la Estrategia que en su momento se formuló por y para esta querida Sociedad Económica, sino que nos ajustábamos perfectamente a la misma, tratando de seguir siendo un Centro de comunicación social y un foro de opinión, que ba- jo los criter;os de objetividad, tolerancia y respeto a las personas y a sus ideas, demostrara un año más cJesde su fundación en 1776, su vocación universalista y por tanto su atracción por todos aquellos asuntos que revisten interés para los valencianos.

Era importante realzar, con nuestra modesta aportación, que tras siglos de aislamiento, España iba a presidir por primera vez, el Consejo de Ministros de la C.E. durante un breve período de tiempo, lo que suponía un reconocimiento propio y ajeno, de la mayoría de edad política, social y económica de nuestro País.

Por otra parte, no es la primera vez que el tema Europeo preocupa en la Económica, ni por supuesto será la última, ya que incluso hasta el origen de las Sociedades Económicas de Amigos del País, hay que buscarlo precisamente en las corrientes de pensamiento que inundan Europa durante la primera mitad del siglo XVIII y que desembocan en la Ilustración, cuyos valores fundamentales serían: el deseo de cambio; la elevación del nivel cultural y educativo; el desarrollo científico-técnico; la innovación como elemento de renovación del tejido social, etc.; valores que unieron a las personas que formaban parte de las áreas progresistas de las Sociedades Alemana, Francesa, Inglesa y otras, a las que sin duda se sumó la Española.

¿Sigue siendo válida la «Europa de los pequeños pasos» ideada por los fundadores de la actual Comunidad Europea?

¿Serán suficientes las reformas planteadas en el Acta Unica, para conse- guir los objetivos deseados?

A la luz de los recientes acontecimientos políticos ocurridos, tanto en la República Democrática Alemana, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etc., como en todas las Repúblicas Socialistas Soviéticas, estimamos será necesario acelerar el paso para formalizar y hacer efectivo el proceso de unidad europea y simultáneamente podemos asegurar que no son suficientes las reformas plan- teadas en el Acta Unica para conseguir el Mercado único europeo.

Mientras a nivel interno los debates continúan, nuevos países de la Europa occidental y del otro lado de las cicatrices de la historia, empiezan a presentar o a estudiar seríamente su candidatura de ingreso a esta Europa de los 12 que aparece a veces dubitativa respecto del camino que debe seguir.

La unidad Europea es un proyecto apasionante que no es fruto de la improvisación, ni es una revolución, sino producto de una evolución racional, progresiva y controlada, consecuencia de pactos y acuerdos difíciles porque se realizan entre pueblos distintos para conseguir un objetivo común.

Pero: ¿será posible hacer realidad este fascinante proyecto? o ¿tendremos que renunciar al mismo, como consecuencia de los graves fenómenos político-sociales a que aludíamos antes?

En nuestra opinión y es evidente, estos fenómenos político-sociales no son autónomos, sino inducidos pero al margen de las razones y presiones internas del colectivo social oprímido, sería conveniente saber si además, están interviniendo factores políticos externos tales como el temor de EE.UU. y Japón a un nuevo bloque político emergente y por tanto si su intervención es o no favorable a la consolidación de una Europa unida, o si por el contrario son elementos desestabilizadores a sumar a un proceso socio-político muy complejo.

En el primer caso, se trata de ensamblar una nueva Europa (occidental y oriental) mientras que en el segundo, habría que realizar dicho ensamblaje, evitando a la vez los ataques desestabilizadores ajenos al proceso.

Independientemente de la forma final que el proceso de unidad Europea adopte, el mismo tiene para la Comunidad Valenciana una repercusión significativa, ya que la libre circulación de las personas, mercancías, servicios y capitales supondrá una apertura socio-económica y cultural que exigirá un importante esfuerzo de adaptación.

Para hacer frente a este «proceso», la Comunidad Valenciana, disfruta hoy de un fuerte dinamismo social, una gran capacidad de innovación, de una economía equilibrada que se distingue por su fuerte apertura al comercio internacional y politicamente dotada de Instituciones de autogobierno, lo que equivale a decir, que disponemos de las condiciones necesarias para que Valencia y toda la Comunidad Valenciana se encuentren en el epicentro europeo a partir de enero de 1993.

En definitiva, merecía la pena dedicar nuestra atención y esfuerzos durante el año 1989 a la unidad de Europa, invitando a personalidades relevantes en el ámbito del pensamiento y gestión de la futura Europa, tales como: D. Enrique Barón Crespo (hoy Presidente del Parlamento Europeo); D. Manuel Marín González (Vicepresidente de la Comisión de las Comunidades Europeas); D. Marcelino Oreja Aguirre (Secretario General del Consejo de Europa); Mr. Bernard Wouts (Administrador General de Le Monde); Mr. Matias Hiterscheid (Secretario General de la Confederación Europea de Sindicatos); Hr. Klaus Meyer Horn (Secretario General de la Confederación Europea de Cajas de Aho- rro); D. Eduardo Punset (Eurodiputado); D. Fernando Asua (Presidente de IBM-España); D. Emilio Muñoz (Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas); D. Fernando Morán (Eurodiputado).

Lo que nadie puede dudar hoy, es que la Económica reitero, con la modestia que le caracteriza, ha entrado en el circuito europeo de Entidades culturales y ello gracias al apoyo de todos los socios de la Económica, pero muy en especial de aquellos que han colaborado más activamente en el desarrollo y organización de este ciclo de conferencias.

Si a lo largo del mismo, nosotros los valencianos, aprendemos a explorar nuestro futuro y los demás, llegan a conocer cuál es nuestra situación real y nuestra capacidad potencial, habremos conseguido, sin duda, el objetivo que nos habíamos propuesto inicialmente. .

Nuestro profundo agradecimiento al Molt Honorable President de la Generalitat Valenciana por el apoyo que nos ha dispensado en la organización de este ciclo de conferencias, prueba evidente de la sensibilidad del Gobierno Valenciano hacia todos los asuntos relacionados con la Comunidad Europea.
Presidente de la Real Sociedad

Económica de Amigos del País.




Horizonte 92: Europa como proyecto democrático
Enrique Barón Crespo

Presidente Primero del Parlamento Europeo


Quiero agradecer las palabras de mi buen amigo el Presidente de la Generalitat Valenciana, y también a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la invitación que me han formulado para pronunciar esta conferencia.

He escogido como título, dentro de este ciclo sobre Europa en el umbral del siglo XXI, el de «Europa como proyecto democrático», porque creo que es importante que reflexionemos sobre la aventura en la que estamos embarcados, que es la realización de la Unión Europea. Y en la constitución de esta Unión Europea, los pasos que estamos dando en este momento, el más inme- diato es el del horizonte 92.

Son pasos dentro de un compromiso que tiene un aspecto inédito en su existencia. Europa, desde que empieza a aparecer en la historia, pasa de tener un contenido mitológico a tener una dimensión de continente. A lo largo de la historia ha habido grandes personalidades que han tratado de construir la Unión Europea. Ha habido emperadores, reyes, también soñadores y dictadores que han tratado de hacer la unidad de Europa. Pero la característica esencial del proceso que se inicia después de la Segunda Guerra Mundial es que, por primera vez en la historia de Europa, los europeos decidimos crear una unidad de pueblos y ciudadanos libremente consentida, sin hegemonía de ninguno y además con los principios de la democracia como principios fundamentales de este proceso. Así lo proclamó el Consejo de Europa de 1948, celebrado en La Haya, que dió comienzo a este movimiento europeo y ha sido un inspirador de este proceso. Cuarenta años más tarde se celebró, también en La Haya un Congreso en mayo del pasado año que contó entre otros, con la asistencia del Presidente de la Generalitat Valenciana.

Esta voluntad democrática es la que inspira la construcción europea, a partir de la Europa de la libertad, desde sus comienzos. De una manera implícita aparecen las afirmaciones democráticas en los Tratados de París y Roma. Por eso cuando en su tiempo el Gobierno Espaiiol de la época, en 1962, pidió la adhesión a la Comunidad se encontró con esta dificultad.

La afirmación democrática se v.a haciendo cada vez más clara, por ejemplo en la declaración del Consejo de Copenhague de 1978 que es el que decide la convocatoria de elecciones al Parlamento Europeo por sufragio universal; en este Consejo se dice ya públicamente que Europa se inspira en los valores de la democracia, en la ley, en la justicia y en los derechos humanos. Después en el Acta Unica, que es una reforma constitucional de los tratados aparte de un tratado político de acuerdo, si ustedes leen el prólogo encontrarán que esos principios se reafirman. A ello se añade de forma explícita la inclusión del Convenio Europeo de Derechos Humanos y de la Carta Social Europea, documen- tos conseguidos en el contexto del Consejo de Europa, que es la organización más amplia que reúne a todos los países democráticos de la Europa Occidental.

Al mismo tiempo se dice que el objetivo de todo este proceso es la unión europea, cuyos perfiles finales no se definen, pero curiosamente el Acta Unica los señala en el prólogo y en el artículo primero donde se reafirma que el objetivo final del Acta Unica «es hacer avanzar de manera concreta la unión europea».

En la historia de la construcción europea ha habido dos etapas creativas; la que va de 1948 con el Congreso del movimiento europeo, ya partir de 1950, con la declaración de 9 de mayo de 1950, la famosa declaración Shuman en la que se dijo que había que empezar por la solidaridad de hecho, es decir, construyendo cosas a partir de elementos concretos -el carbón, el acero, etc.- y que se empezaron a hacer cosas concretas.

Este período, donde hay un impulso en la creación de la unión europea, se cierra en 1965; es el momento en que se llega al compromiso de Luxemburgo, es decir a la aceptación de las condiciones que imponía la Francia «gaullista», después de seis meses de «silla vacía» por parte de Francia en el Consejo de Ministros Comunitarios, con la aplicación de un compromiso que hacía re- troceder a la Comunidad Europea.

Después de este período hay otro que se inicia a finales de 1970, con la elección por sufragio universal del Parlamento Europeo, y posteriormente con la elaboración por parte del Parlamento del tratado de unión política, conocido como el tratado Spinelli de 1984. Se hace ese tratado de unión política, y ese impulso es recogido con el nombramiento de un ex parlamentario francés, Jacques Delhors, como Presidente de la Comisión.

A partir de ahí viene la conferencia gubernamental y lo que conocemos con el nombre de Acta Unica. .

Quizás convendría explicar qué es el Acta Unica, porque las expresiones europeas tienen la característica de no ser claras y no expresar el contenido. Normalmente, cuando se dice que es un Acta puede ser que sea un Acta Notarial y cuando se dice que es única, por lo menos tiene que tener una unicidad de tratamiento. Hay algunos expertos que dicen que no se trataba de Acta Unica sino de «Acto Unico», y que este cambio de género ha, sido evidentemente para hacerlo más simbólico. De hecho el Acta Unica sustituye a una expresión que estuvo a punto de tomarse, que era Acta de Unión.

De hecho lo que contine el Acta Unica es, por una parte, una reforma constitucional, y por otra, un programa político de cosas incumplidas.

¿Qué se hace en el terreno constitucional? Lo que se hace es crear un Tribunal, pero lo fundamental es volver a aplicar la regla de la mayoría en el Consejo; es decir, que lo que se decida por las normas tiene que ser aceptado por todos.

Había un profesor y político belga, A. Copé, que decía que con la regla de la unanimidad no funcionaríamos ni en familia. La verdad es que es muy difícil funcionar con esta regla, yeso es lo que ha llevado la Comunidad a es- tancarse hace 20 años porque todo «tenía interés vital». Podía tener interés vital nacional el tema de las exportaciones de cordero o el ploblema de las emisiones de anhídrido sulfuroso, la salvarguardia de la siderurgia, etc.

Este es un cambio muy importante porque supone que en la mayor parte de las decisiones, salvo algunas específicamente marcadas en los tratados, se aplica la regla de la mayoría cualificada.

Por otra parte se da un rango importante, un rango constitucional, a la cooperación política europea. A través del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, haciendo la política exterior común en la Europa Comunitaria, con la inclusión de aspectos políticos y económicos y con una consideración suma- ria de una política de seguridad común .como elemento de definición de Euro- pa, lo cual es también muy importante.

Esto es básicamente lo que se plantea desde el punto de vista constitucional, con un añadido más, y es que al Parlamento, en primer lugar, se le reconoce el nombre que asumió porque tenía el nombre francés de Asamblea. En segundo lugar, se pasa de darle al Parlamento facultades de consulta, que las tenía en todos los terrenos salvo en el presupuestario, a darle un poder real. Es un paso más, que permite al Parlamento refrendar los proyectos de Ley comunitarios, las Directivas, las Resoluciones, pero con una caracteristica y es que se le pone el «listón muy alto».

Se hace un programa político que hay que concretar pensando en que ya en el Tratado de Roma se decía que Europa tenía un desarrollo político y la realización del mercado interior es un paso más en el Mercado Común. Es la primera potencia comercial del mundo. En segundo lugar se dice que en la creación de ese Mercado Común hay que aumentar la capacidad y hay que ir hacia la unión europea, es decir que se incluye el Sistema Monetario Europeo.

Se incluye la cohesión económica y social como elemento indisoluble ligado al Mercado Interior. Y esta cohesión es uno de los temas más importantes a debate en este momento.

La cohesión no solamente es una compensación territorial en el equilibrio interterritorial. Es un principio inspirador de todas las políticas comunitarias que se traduce en el terreno fiscal, monetario, en la investigación, en el terreno agrícola; lógicamente estamos en una Comunidad en la que tenemos que ten- der a formular los mismos criterios.

La cohesión social se refiere también a la misma coherencia que tiene que tener nuestra sociedad desde el punto de vista de algo que es muy específico de Europa. Es que Europa, aparte de un ámbito democrático, tiene una característica que no es tan clara en los casos de Estados Unidos y Japón y es un alto nivel de concertación social.

El medio ambiente es otra de las nuevas políticas aparte de la investigación y el desarrollo tecnológico.

Esto es lo que plantea el Acta Unica, y lo que se hace para definir el horizonte 92 es contraer un compromiso que en política es muy peligroso y es poner fecha: 31 de diciembre de 1992.

En 1957, cuando se hizo el Tratado de Roma, también hubo un compromiso de hacer Mercado Común Europeo que se incumplió. Ahora hay que tratar de cumplir éste, lo cual no es fácil, pero sí que tiene un efecto positivo de movilización. El 92 se convierte en un símbolo: Quinto Centenario, Juegos Olímpicos.

Esto es lo que en este momento se plantea en líneas generales. Se puede concebir en el contexto europeo que lo que se puede hacer, lo que estamos haciendo, es tratar de cumplir con este compromiso. Y por eso se habla que la traducción concreta de este compromiso es aprobar las 300 Directivas que están contenidas en el Libro Blanco de la Comisión.

Son las grandes normas que permiten acondicionar el mercado interior. Estas Directivas hablan de cosas tan diversas como la liberalización de capitales, aspectos de armonización fiscal y cosas que nos pueden parecer un tanto extrañas, como Directivas sobre la sanidad animal y vegetal, Directivas que se refieren a cosas tan específicas como son las medidas de los neumáticos.

Hay dos posibilidades: una es pensar que hay que cumplir con los deberes estructurales y tener un ritmo de aprobación de Directivas, o bien que en este contexto lo que va ocurriendo es que a medida que se van tomando decisiones se van generando nuevas situaciones.

Esta pregunta que me estoy haciendo en voz alta no es una pregunta que nos hagamos los parlamentarios europeos para mantener nuestro puesto de trabajo. Es una pregunta que se están formulando nuestros líderes. Creo que tenemos que estar agradecidos a la Señora Tatcher porque fue ella quien lanzó el pasado año la cuestión a la opinión pública, iniciando la campaña electoral.

En unas declaraciones a la BBC en el Colegio Europeo de Brujas dijo lo que pensaba de la Unión Europea. Planteó la Europa de la libre empresa, de los capitales, se opuso a los avances de la unión económica y monetaria y sin embargo defendió la característica común de seguridad como elemento de las entidades europeas.

Hizo curiosamente estas declaraciones una semana después de que uno de sus rivales comunitarios, el Presidente Jacques Delhors, convirtiera a los sindicalistas británicos al europeísmo. La Eastern Union era uno de los máximos rivales de la construcción europea y el Presidente Delhors fue al Congreso de la Eastern Union y defendió el 92.

La Señora Tatcher hablaba de que no se podía transferir la legitimidad política democrática de la Cámara de los Comunes a esa Cámara sin rostro de Bruselas.

El hecho es que la señora Tatcher inició bien la campaña y en stos cuatro meses todos los miembros del Consejo europeo han manifestado su opinión sobre cómo tiene que avanzar la unión europea. En este sentido los más críticos con los planteamientos de la señora Tatcher han sido los representantes demócrata-cristianos europeos.

El primero que salió fue el ministro belga Martens, una persona muy moderada, que dijo que había que ir a construir una federación política europea, y en otra línea se pronunciaron el Canciller Kólh, el Ministro de Luxemburgo, el Primer Ministro holandés, diversos políticos italianos, así como el Presiden- te González y el Primer Ministro francés Michel Rocard.

El Presidente Delhors ha resumido su pensamiento diciendo que si las cosas van por el camino que nos hemos fijado, el 80070 de las decisiones básicas se tomarán desde Bruselas. Se puede discutir el porcentaje (quizás él haya exagerado). Pero lo cierto es que hay un acuerdo general, que si nos hemos comprometido a poner en común el espacio, el mercado y una serie de políticas fundamentales tenemos que tomar decisiones comunes.

Aquí es donde se plantea el problema del desarrollo de la Comunidad desde el punto de vista democrático, que es el de la descripción de las instituciones comunitarias. La verdad es que es muy difícil explicar cómo funciona el sistema de decisiones en la Comunidad. Eso pasa siempre; cuando uno va a los Estados Unidos, a la República Federal de Alemania o a Suiza, normalmente hay sistemas federales o sistemas complejos, en ¡os que las decisiones no se toman en un centro único. El problema de la Comunidad es que hemos creado un juego institucional, pero todavía no está claramente definido. La Comunidad no funciona desde el punto de vista democrático tal conlo debiera. Algún observador ha dicho que si la Comunidad solicitara su ingreso en la Comuni- dad no sería admitida por no ser democrática.

¿Cuál es la estructura de las Instituciones comunitarias?

En primer lugar está la Comisión, institución que forma un triángulo con el Parlamento y el Consejo; las demás son mucho más «normales»: el Tribunal de Cuentas, el Banco Europeo de Inversiones, el Tribunal de Justicia...

La Comisión es una insuperable secretaría y tiene una facultad esencial, y es la facultad de propuesta. Cuando se cuenta esto, uno piensa que es poco; más o menos como el Gobierno. Pero no es el Gobierno, no tiene la facultad de decisión final. En el Parlamento hacemos un simulacro de investidura todos los años, ahora en febrero tendremos el debate programático, con una especie de votación de investidura. No tenemos esta facultad pero sí la de ejecución: podemos «aplicarle la pena de muerte» a la Comisión, mediante una moción de censura.

En la Comisión se plantea otro problema importante; el Presidente de la Comisión es nombrado por el Consejo, pero no se le da la facultad de elegir su equipo. Hay uno o dos comisarios por Estado, que son propuestos por éste. El Gobierno español al hacer la proposición en la carta puso «proponemos a tal señor como comisario»... Hay un problema que es el de la correlación creciente que debe existir, en plena lógica, entre las sensibilidades políticas del Parlamento y las correspondientes de la Comisión.

Se funciona con sistema de cohesión informales, sobre todo de cenas. Monet decía que en torno a su mesa se había arreglado la mayor parte de los problemas europeos.

La Comisión puede proponer, y luego está el Parlamento. En principio fue una Asamblea consultiva, y a partir del momento en .que tuvo existencia, y sobre todo a partir del 60, el Parlamento empezó a reivindicar su nombre de «Parlamento». Luego reivindicó tener ciertas facultades de decisión. Ahí se inició una batalla, que se ha ido agravando, y que a lo largo de la década de los ochenta ha sido una verdadera guerra de posiciones, lo cual ha dado lugar a una jurisprudencia, en virtud de la cual el Parlamento como autoridad presupuestaria, (tiene autoridad compartida con el Consejo), no sólo tiene facultad de aprobar el Presupuesto, sino que además puede aumentar en determinados casos gastos no obligatorios, que son los gastos que se refieren a los políticos institucionales, a las nuevas políticas como la de investigación, fondo social, las políticas de ayuda al fondo de desarrollo. Mientras, el Consejo tiene la última palabra en las políticas de desarrollo, de gastos obligatorios, y también de pagos que se llaman de «ventanilla abierta» (agricultura).

En este momento hay un equilibrio reconocido por el Tribunal de Justicia, ratificado en este momento por un acuerdo interinstitucional refrendado en el Parlamento, para hacer algo que no venia en el Acta Unica, todo lo referido a la financiación de ese Horizonte 92. Llevamos dos años de debates en las instituciones comunitarias.

El Parlamento ¿cómo funciona? Hay que decir en primer lugar que en el Parlamento Europeo nos agrupamos por formaciones o grupos parlamentarios ideológicos. En España este tipo de cosas no las tenemos todavía muy claras.

Causa admiración cuando se dice que hay candidatos que van a llevar la voz de los pueblos y expresar la identidad de determinada nacionalidad. No se puede formar por ejemplo un grupo danés o español, y mucho menos un grupo regional. Estamos dando un paso más que el de la mera confederación de la mera representación de intereses regionales o nacionales.

Nosotros nos agrupamos en este momento en nueve grupos ideológicos. De los 518 Diputados, el socialista, con 166 diputados, aparece como el primer grupo, con representación de 11 de las 12 nacionalidades de la Comunidad. El segundo grupo es el demócrata cristiano, con 120 diputados; detrás aparece el grupo liberal, que tiene también una composición bastante europea; y luego combinaciones: los conservadores británicos con el añadido de los españoles y daneses. El grupo comunista está formado principalmente por comunistas italianos, aunque también está formado por españoles, griegos y daneses. Luego hay una coalición compleja.

Se lo describo por una razón. El Acta Unica nos a dado la posibilidad de enmendar las normas, a partir de que consigamos tener 260 votos de acuerdo, a través del sistema de doble lectura. Esto crea un problema, puesto que al ser un parlamento democrático y no haber obligación de asistir, es difícil conseguir que asistan 260 Diputados, lo cual obliga a hacer coaliciones de un amplio espectro.

El hecho es que este es el procedimiento que tenemos para hacer enmiendas. Es como si por ejemplo, en el Congreso de los Diputados, para aprobar una enmienda fuera preciso una mayoría de Ley Orgánica o de nombramiento de Presidente de Gobierno. Quien.sigue teniendo la última palabra es el Consejo, es el que promulga las leyes y el que puede en este caso oponerse por una- nimidad, cuando tomamos una decisión contraria a su planteamiento.

De todas maneras hemos dado un paso adelante, y se puede decir que a pesar de la desconfianza que había al principio, la tarea del Parlamento está discurriendo de una manera positiva.

Y queda la tercera Institución, a la cual se le achaca en cierta manera el déficit democrático. El déficit democrático según el infonne Dusen es la extensión creciente de esas zonas grises y de terrenos no controlados democráticamente y en la medida en que los Parlamentos nacionales de la Comunidad van dejando de tener competencias éstas pasan al Parlamento Europeo y éste no las controla suficientemente.

El Consejo aparece siempre como el poder fáctico de la Comunidad: está por una parte el Consejo Europeo que se reúne tres veces al año -de forma regular dos por lo menos- y en el Consejo Europeo están los Jefes de Estado de la Comunidad Europea. Es una propuesta de Giscard D'Estaing, que se aprobó enseguida y que es muy positiva y está demostrando una cosa desde que se celebró: ningún Jefe de Estado falta a la cita; son las citas más importantes, y en cierto modo nuestros Jefes de Estado están haciendo algo que no se hace en el resto de Europa y es que cada seis meses se reúnen a elaborar, a debatir y a discutir cómo van las cosas en Europa. Eso cada seis meses, por lo menos, porque se reúnen con más frecuencia; entre otras se encuentran las reuniones de la OTAN, de la UEO, etc.

Aparte de este Consejo existen los Consejos de Ministros, lo cual plantea un problema, hay Ministros que se reúnen entre ellos más que con sus colegas. Por ejemplo los Ministros de Asuntos Exteriores y los Ministros de Agricultura se reúnen más porque están aplicando políticas comunitarias continuamente. El Ministro de Asuntos Exteriores, porque tiene una responsabilidad, por una parte la del Consejo de Asuntos Generales (es decir lo que se conocía en España hasta el franquismo como Ministerio de Estado o de la Presidencia) y esta especie de Ministerio de la Presidencia es el que organiza todos los trabajos del Consejo, y al mismo tiempo tiene que atender la cooperación política exterior.

Este es en cierto modo el núcleo de la política cotidiana: está también el Consejo de Agricultura, el Consejo de Presupuestos. Paralelamente hay consejos sectoriales porque cada vez más las responsabilidades comunitarias son responsabilidades políticas reales. Concretamente es curioso señalar que el Consejo de Ministros de Transportes fue condenado en 1985 por omisión, por no haber hecho política de Transportes en la Comunidad.

El hecho es que el Consejo va también configurando una práctica política que va más allá de los límites ideológicos. En el conjunto de la Comunidad, por parte de los Gobiernos, se van teniendo cada vez más criterios y más homogéneos desde el punto de vista de lo que es la Construcción Europea. Lo que pasa es que con su actual configuración -esto no es ninguna revelación, lo dicen los miembros del Correper, es como si hubiera 12 «plenipotenciarios»; nos referimos a los embajadores que de este modo van preparando todas las normas-, se plantea un problema: al final es muy difícil dar la coherencia que tiene la acción de gobierno de cada país y lógicamente hay enfrentamientos sectoriales. Por ejemplo, en el Consejo de Bruselas de hace dos años se tomó un 'acuerdo para cuya conclusión o para su comprensión, hacía falta saber álgebra, ser un especialista en economía internacional, sobre todo en los tipos de cambio, y ser un experto en agricultura.

Este es el juego básico de las instituciones comunitarias, que se ha dinamizado mucho en los últimos años, pero que plantea problemas muy importantes.

Es curioso ver como en la Comunidad podemos convivir con la democracia ciudadanos que venimos de 5 monarquías, 6 repúblicas, y esto no nos plantea ningún problema en el funcionamiento.

Sin embargo hay un acuerdo, la Comunidad no funciona como un nuevo Estado. ¿Cómo se puede hacer ésto? Hay algunas tesis que defienden que hay que dar un mandato constituyente a la Comunidad, más arraigado dentro del mundo latino. Los latinos tenemos una gran racionalidad. Pensamos que los problemas de nuestros países podrían resolverse con el trabajo duro de hacer una constitución, un texto sagrado que resuelva todos los problemas. Por esto tanto italianos, como franceses y españoles tenemos un promedio que supera las 6 constituciones por país y siglo.

Ha habido otro planteamiento que consistía en que había que hacer un referéndum antes o después de las elecciones. Es un peligro en la Comunidad. En Italia, los referéndums tienen que ser derogatorios; en España, consultivos; en Bélgica hablar de un referéndum es hablar de la abdicación de Leopoldo III y en Alemania, en la Ley fundamental de Bonn, no hay referéndum.

A la hora de buscar una línea de avance concreto, «haciendo un referéndum» lo que se ve es que tenemos que avanzar en la estructura democrática de la Comunidad; y lo tenemos que hacer a partir de los cambios que se están produciendo en este momento. Hay una serie de terrenos importantes en los que se puede avanzar, como es la legitimidad de la Comisión en las facultades directivas, o la realización de una progresiva codecisión por parte del Parlamento con una ampliación de procedimientos de cooperación.

Se ha llegado a una situación en que, por ejemplo, la armonización fiscal y el ahorro plantean problemas importantes, no sólo en la Comunidad, sino en las formaciones políticas europeas.

Lo cual coloca la armonización fiscal como uno de los problemas más importantes del siglo XX. Va a haber liberalización de capitales. Cualquier ciudadano europeo, el año que viene podrá hacer un referéndum real: abrir una cuenta corriente en la divisa que quiera de la Comunidad. Va a haber una tendencia de los ciudadanos a las monedas más fuertes de la Comunidad.

Se plantea que no se trata de una cuestión de especialistas en alcanzar la unión monetaria comunitaria; es un problema real y político de la mayor importancia a corto plazo y es un problema que también guarda relación con la estructura democrática en la Comunidad en su avance.

Estos son los temas con posibilidades de avance más importantes de cara al 92 y en torno a los cuales es muy necesario desarrollar la decisión.

Yo creo que se puede conseguir el acuerdo en el mandato constituyente. Lo que interesa es hablar de los contenidos, de cómo se pueden ir articulando las instituciones. El parlamento próximo va a tener como principal tarea hacer propuestas, que son siempre complejas, que se refieren a una «casa en construcción» como decía el Presidente Mitterrand, utilizando una parábola que luego empleó diciendo que Europa es como una obra en la Edad Media en la que llega el coronel y preguntaba: ¿Ud. que está haciendo? -construyendo un muro, y otro contestaba:- yo estoy construyendo una catedral.

En cualquier caso lo que sí es evidente, es que las decisiones que se están generando, continuamente nos fuerzan a tener que afrontar nuevos problemas: cuando se liberalice el tráfico aéreo, por ejemplo, inmediatamente se planteará el problema del control común, el problema de la seguridad, etc.

No quería concluir mi intervención sin una última referencia a un aspecto que he apuntado antes de una manera somera y que es en qué medida puede esto repercutir en nuestros respectivos países.

Por una parte hay que recordar que en la Comunidad, en el proceso comunitario, hay una doble legitimidad, una es la que emana de los ciudadanos europeos originariamente, la otra, la nacional de cada estado, la que tienen los miembros del Consejo y esto es algo que pasa en todas las organizaciones generales que hay en el mundo.

Esto plantea la necesidad de que haya una articulación mucho mayor en el trabajo de control democrático entre el Parlamento Europeo y los parlamentos de los Estados miembros.

Ello conduce a hablar de temas muy concretos. Por ejemplo, ahora se está tratando en el Parlamento de los tipos armonizados del IVA. Hay países de la Comunidad donde están empezando a plantearse problemas serios. La modificación del IV A obliga, por ejemplo a los franceses, a que «tomen en serio» el Impuesto sobre la Renta.

Creo que en este sentido una de las tareas más inmediatas es poner en relación los Parlamentos Nacionales con los protagonistas de la vida europea: partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales...

Es muy diferente hablar de un Estado Federal como Alemania, con sus Lands o un Estado autonómico como España, que de países en los que las regiones no pasan de ser monarquías griegas, etc.

Es ahí, donde se plantea que estos problemas deben definirse en cada Estado. Creo que en España con la realidad actual tenemos una gran necesidad de avanzar en nuestro desarrollo institucional. En Alemania hay un debate importante sobre las políticas del Acta Unica, porque de alguna manera los alemanes lo han resuelto. Tienen una Cámara General, la Bundestag, que son los plenipotenciarios de cada estado Federal. Nosotros no tenemos una institución que funcione como la Bundestag. El Estado español tiene una composición mixta y no ha sido desarrollado en función de posibilidades institucionales. Yo creo que hay planteamientos tácticos en este desarrollo.

Primero, tenemos que replantearnos nuestro planteamiento de solidaridad de España: el Fondo de Compensación Interterritorial y el Presupuesto. Es como decir que hay un conflicto entre el Gobierno Canario y la Comisión, cuando en realidad lo que hay es un conflicto entre el GOBIERNO ESPAÑOL y la Comisión.

En España hay una aplicación más difícil que en el caso de Alemania, que es la aplicación de un principio político como sería la lealtad y la libertad autonómica, que a la hora de decidir y aprobar cosas, las decidiéramos de úna manera sólida. La complejidad del mapa político hace más difícil esto, pero creo que es necesario, porque no hay un planteamiento alternativo a nivel europeo.

No podemos pretender que aparte de la existencia de oficinas ante las instituciones europeas -que creo que son buenas e interesantes- no se generen otros sistemas de control. Creo que es una de las cuestiones que tenemos que madurar y reflexionar en España para avanzar en este planteamiento.

Nos encontramos en una situación sugestiva y creativa, sobre todo en este año que vamos a tener la posibilidad de que las fuerzas políticas a nivel de los europeos podamos discutir esas cosas, sobre todo teniendo en cuenta que Europa es desde el punto de vista de su desarrollo político, democrático y voluntario una experiencia política inédita. Sin embargo, a medida que vayamos poniendo en común las políticas acordadas, los temas resueltos en cada Estado a nivel municipal, regional, o en el propio Estado no habrá que solucionarlos en Bruselas.

Haciendo esto, vamos a conseguir algo muy importante. Por primera vez, los pueblos europeos hemos logrado tener un período de paz que ya dura más de 40 afios y que es inédito en nuestra historia, no solamente tener paz, sino prosperidad y al mismo tiempo tener una personalidad unida ante el mundo, lo cual es muy importante. En primer lugar para garantizar el bienestar social y en segundo lugar proporcionar una imagen al mundo. No es volver a la anti- gua aventura colonial, es una idea de distensión y paz en nuestro continente para poder responder al desafío del desarrollo en el tercer mundo y conseguir así que la Humanidad pueda entrar y consolidar en el Siglo XXI principios que son los que inspiran nuestra Constitución. Gracias.



Respuestas Europeas a problemas actuales
Marcelino Oreja Aguirre

Secretario General del Consejo de Europa


Quiero agradecer vivamente esta invitación para dirigirme a Uds. desde esta Real Sociedad Económica de Amigos del País. Y efectivamente, yo pertenezco desde hace veinte años a la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País; me he sentido muy identificado a lo largo de este tiempo, colaboré incluso al final de los años 70 y he sido siempre un gran admirador de la labor de estas sociedades. Creo que es muy importante que existan estas entidades, sociedades en las cuales se pueda discutir, se pueda hablar y se pueda reflexionar sobre los problemas de nuestra época. Por eso agradezco mucho esta invitación, y además en el momento en el que se produce: yo no vengo aquí en mi condición política, sino en la forma como recibí la invitación, que fue en mi condición de Secretario General del Consejo de Europa -(que seré todavía unas semanas).

Pero, en cierta forma. lo que yo voy a intentar diseñar al hablar con ustedes es lo que podríamos llamar unas reflexiones en la encrucijada; en el momento en que estoy dejando una «casa de europa» que es el Consejo de Europa, y estoy en perspectiva de entrar en otra «casa», que es la Comunidad Europea.

Voy a intentar decir les algo de lo que ha sido mi experiencia en este tiempo, asomándome a la ventana de mi despacho del Palacio de Europa. Reflexionar sobre los tres aleros que creo que constituyen la base de la construcción europea.

De una parte, lo que podríamos llamar la «Europa económica» que es la que va forjándose a través de la comunidad aunque su objetivo final no sea simplemente económico, sino que va mucho más lejos. El alero de seguridad y defensa, que es imprescindible para todo el proceso de la unión europea, y lo que podríamos llamar el proyecto de sociedad para Europa, ese proyecto de sociedad que, fundamentalmente, hoy todavía, se encuentra en el ámbito del Consejo de Europa.

El Consejo de Europa, como ustedes saben, es la más antigua organización europea. Organización que nace del Congreso del Movimiento Europeo que tuvo lugar en 1948, y donde se proyecta la idea de construir una organización internacional, que fuera esencialmente para la defensa de las naciones. Aquellos hombres como De Gasperi, Adenahuer, Salvador de Madariaga, Churchill; hombres que eran conscientes de que era necesario hacer algo para la unión europea. Pensaban, en aquellos encuentros de La Haya en 1948, que era preciso dar forma'a aquellas ideas dis.persas. Aquel grupo inmenso de hombres, de mujeres, de uniones que existían esparcidas por toda Europa y que trabajaron para que hubiera una organización que pudiera acoger ese espíritu de libertad que era indispensable para la creación de Europa. Vieron la necesidad de conformar una organización que no fuera simplemente una organización en la que estuvieran representados los gobiernos, más tarde los estados y también los Parlamentos. Esto que nos parece natural era un paso gigantes- co en aquel final de los años cuarenta.

La idea central era esa defensa de las libertades, a través también de un mecanismo que fue revolucionario entonces y que desde entonces ha tenido una proyección en otros lugares del mundo como es la existencia de un Tribunal y una Comisión de Derechos Humanos. El hecho de que un ciudadano que considera que sus derechos han sido violados pueda apelar una vez que ha agotado la vía interna a un órgano u organización internacional, significa algo realmente sorprendente: supone, realmente, el reconocimiento de la subjetividad política, que las relaciones entre él y el Estado van a aparecer recogidas por un órgano internacional con una jurisdicción que una vez al dictar sentencia, obliga al Estado a cumplir esa decisión.

A partir del Consejo de Europa -una vez constituido en el año 49- se discute si la función que tendrá será de dimensión económica, de dimensión social, o de proyecto social. La función económica va a quedar poco después asentada en la Comunidad Económica Europea.

El Consejo de Europa será, esencialmente, a lo largo de su historia -en mayo de este año vamos a celebrar el 40 aniversario- una organización para la defensa de las libertades y al mismo tiempo para la cohesión entre los estados democráticos de los 10 signatarios primeros del Estatuto de Londres del año 1949. Hoy forman parte de la organización 22 estados; dentro de unas semanas lo estará Finlandia que ha sido objeto de una negociación larga. A lo largo de mi mandato como Secretario General fue uno de los objetivos que me propuse en Strasburgo y tengo la satisfacción de que por fin, el 5 de mayo, Islandia será el último estado de Europa Occidental (la última democracia) que va a ingresar en la Comunidad. Por consiguiente, todos los países de la Europa Occidental forman parte de esta organización. Lo que se pretende esencialmente es, junto a esa defensa de las libertades, una mayor cohesión entre los estados miembros en políticas bien diversas (excluido lo económico y los temas de defensa). En cultura, medio ambiente, organización del territorio, temas educativos, culturales, de deporte. Todo ello sobre la base del respeto a la ley, respeto a los derechos humanos.

Junto a lo que significa este proyecto del Consejo hay una realidad que va imponiéndose desde el año 57, desde el 59, dando un gran salto hasta el 85, que es la Comunidad Europea. Hoy la comunidad está más cerca que nunca de nosotros; muy especialmente cerca de los españoles en este período de Presidencia española del Consejo.

Algo que hasta ahora era distante, como podían ser las funciones de la Comisión, o lo que es el Consejo de Ministros, hoy lo estamos viendo entre nosotros.

Creo que hoy la Comunidad Europea tiene, sobre todo desde la reunión de Luxemburgo en 1985, trazado un camino muy claro y muy definido, con un proyecto, una obligación, un mét.odo, incluso con una fecha, que casi se ha transformado en mítica: 1992. Hoy estamos cumpliendo en el ámbito comunitario los objetivos hacia el 92. De aquellas 300 medidas que debían adoptarse para llegar al mercado interior en el año 1986, hoy más de la mitad de las medidas han sido alcanzadas aunque todavía quedan temas pendientes, algunos difíciles, pero que se está avanzando con un progreso enorme.

El tema de bienes y servicios está ya en el ámbito de negociación de algu- nás técnicas; los mercados públicos están cada vez más abiertos y en lo que afecta a la libre circulación de capitales se han adoptado una serie de medidas para la liberación de capitales, creando las bases para un mercado verdadero. Esto, evidentemente, va a significar unas consecuencias serias para los Estados miembros de cara a exigir una aproximación de los regímenes fiscales y a reforzar la cooperación bancaraia.

En cuanto a la libre comunicación de personas hay unos objetivos que están ahí y que van a tener unas consecuencias muy imporantes para todos los ciudadanos europeos. Pienso en la libertad en el ejercicio de las profesiones, el reconocimiento de diplomas, el mercado europeo de trabajo. En definitiva, estamos ante un progreso que está avanzando muy rápido de aquí a 1992.
En este momento, estoy muy confiado en lo que significa esta Europa en marcha. Creo que esas medidas se van a ir adoptando y van a permitir completar, en un plazo de aquí a 1992, ese mercado interior y de ahí se van a dar los pasos siguientes para una unión económica. De ahí se dará el salto de este núcleo esencial que constituye la Comunidad para avanzar a la Europa de los ciudadanos.

Junto a lo que supone de progreso la integración económica, hay otro alero que es esencial para el progreso de la unidad europea, que es todo lo que afecta al sistema de defensa, al sistema de seguridad.

En estos últimos 45 años, el más largo período de paz que ha conocido nuestro continente, la seguridad occidental se ha construido en torno al principio de la disuasión militar.

El acuerdo de Washington para retirar los misiles nucleares de alcance medio debe completarse con una clara redefinición de los objetivos militares. Esta es una responsabilidad que debe incluir una reducción simultánea, equilibrada y controlable de todos los armamentos, incluidas las armas convencionales y la prohibición de las armas químicas.

Sabemos lo que significa la superioridad del Pacto de Varsovia en las armas convencionales, por lo que la desaparición progresiva del sistema de disuasión nuclear si no hay una reducción efectiva y comprobable de armas convencionales, dejaría a Occidente en una situación de clara desventaja.

Por eso creo que son alentadoras las perspectivas de negociaciones que van a abrirse próximamente en Viena, después de concluirse con un resultado global mente satisfactorio la Conferencia de Seguridad y Cooperación.

Pero junto a esto es necesario que vayan sentándose las bases que son esenciales en este proyecto de unión europea. Las bases de una política común de seguridad europea que vaya conservando la alianza militar con Estados Unidos dentro de la Alianza Atlántica, porque sólo ésta es capaz de proteger toda Europa Occidental.

Finalmente, es necesario ir hacia una estrategia común de defensa que, a través de la coordinación de sus programas, pueda ofrecer una mercado suficiente. Esto supone una coproducción de armas convencionales, la puesta en común de sistemas de defensa aéreos y la práctica de maniobras militares comunes. En este sentido me parece interesante, por lo que tiene fundamentalmente de simbólico, la propuesta de creación de una brigada franco-alemana que marque la voluntad política solidaria en materia de defensa.

En consecuencia, en este alero que he llamado «La seguridad de Europa» -no podemos olvidar que la libertad de nuestros pueblos depende sobre todo de su seguridad- debe estar en función, a mi juicio, de varios puntos:

En primer lugar, de un esfuerzo más significativo y mejor coordinado entre los europeos. Ha habido, a lo largo de estos años, un esfuerzo importante en materia económica; sin embargo, en materia de defensa vemos que falta todavía por llevar a cabo ese progreso que es indispensable, precisamente, para garantizar nuestra seguridad. Junto a ese esfuerzo significativo y mejor coordinado de los europeos, está el mantenimiento de esos lazos sólidos con EE.UU. en la Alianza Atlántica unido al desarrollo de nuestra propia capacidad de disuasión; porque no podemos olvidar que la disuasión es el único medio para hacer frente a una superpotencia. Por ello, para Europa, ese proceso de desarme, que considero imprescindible, debe mantener a lo largo de su desarrollo una situación de equilibrio entre la disuasión convencional y la nuclear. Y sólo de esta forma Europa podrá garantizar algún tiempo la paz.

Pero el aspecto que quisiera mencionar ahora de una forma especial es el que afecta al proyecto de Sociedad para Europa. Quiero, por tanto, explicar cual ha sido la tarea del Consejo de Europa a lo largo de estos años.

El Consejo de Europa está buscando constantemente respuestas solidarias a los problemas de nuestra Europa. El Consejo de Europa está modelando a través de sus medios jurídicos ese proyecto de sociedad para el año 2000 en el que el hombre, en su desarrollo general, ocupe un lugar vital en su construcción. Y eso lo hace a través de ese mecanismo que mencionaba antes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y lo hace a través de un instrumento importante que es la Carta Social Europea, donde aparecen definidos los derechos sociales y económicos y que constituye el fundamento de un espacio social libre.

Vivimos un momento en el que vemos cómo, junto al proceso económico, hay que atender aquello que afecta a la medida social. En el orden comunitario hay un cierto retroceso en todo lo que supone el diálogo social. Creo que ahí, en el ámbito del Consejo de Europa, se ha avanzado a pesar de la falta de decisión final que a veces puedan tener las naciones en el ámbito del mismo, pero con un proyecto en el qúe se define qué es una Carta Social Europea y qué significa un punto de referencia que puede servir como base para la ela- boración en este momento.

Junto a estas dos piezas que son el Convenio de Derechos Humanos y la Carta Social Europea se está otorgando una mayor prioridad a los temas relativos a la educación, con el objetivo de formar a unos europeos para desempeñar plenamente su papel de ciudadanos.

En el umbral del siglo XXI los países europeos están confrontados a múltiples desafíos. Al desafío del desempleo, que divide a los ciudadanos entre los que tienen un puesto de trabajo de los que carecen de él; el terrorismo, la violencia, la inseguridad, atentados todos ellos contra la democracia y los Derechos Humanos. Y no olvido lo que significan las cuestiones inmateriales desde el punto de vista técnico o económico, las nuevas tecnologías, la conformación de la identidad cultural europea. A todos estos temas trata de dar respuestas el Consejo a través de unas acciones solidarias de los Estados miembros. El tema del terrorismo, por ejemplo, ha sido una de las acciones --la lucha contra el terrorismo-- que ha ocupado una especial atención del Consejo a lo largo de estos años. Desde la base de un convenio para la lucha contra el terrorismo en 1957 se ha necesitado mucho tiempo para la puesta a punto, y es importante cómo se ha ido definiendo a lo largo de estos últimos años, de un espacio judicial, un espacio penal europeo. Aquel significa la aplicación de un principio por el cual todo terrorista que atraviese la frontera de un Estado y va al territorio de otro, si este último es parte del convenio, la actuación de las autoridades de ese país será denunciarlo o proceder a su extradición.

Estamos viviendo la aplicación práctica que de este convenio está llevándose, en este momento, en el marco de la cooperación franco-española, en el que, precisamente con la apelación a este convenio, se está procediendo a las decisiones sobre las extradiciones.

Vemos, por tanto, cómo hay temas en los que tal vez no se conoce la referencia exacta del origen que significa esta acción coordinada entre las actuaciones de los Estados miembros, y que en el caso concreto de la lucha contra el terrorismo tiene punto de referencia en este convenio. Igualmente se está haciendo en lucha contra la droga. También en esta lucha hay una acción eficaz, poco conocida realmente por los medios informativos, en la que se trata de definir, igualmente, el espacio judicial y penal.

Sin embargo, si hoyes preciso hacer frente a estos grandes retos que tienen todas las sociedades europeas, esto se hace desde el Estado. Con frecuencia está la pregunta de cuál es el papel de las regiones, el de los ciudadanos. Hoy el protagonista por excelencia es el Estado. Por tanto, algo que me parece esencial es mencionar la importancia que tiene la modernización de nuestros estados en el proceso de construcción europea, la importancia que tiene, para todas las sociedades la modernización del Estado, de nuestras Administraciones y una concienciación cada vez mayor de nuestras propias Sociedades.

La modernización o modernidad significa defender el espíritu de iniciativa como motor principal de la sociedad; significa dar prioridad a la sociedad civil sobre la estructura europea; significa hacer comprender que las instrucciones político-administrativas son la garantía de la justicia social, pero que no pueden resolver todos los problemas. Significa asumir que la sociedad no cambia sóla o mediante decreto sino con la creación de un entorno que favorezca la creatividad y todas sus iniciativas. Significa, en definitiva, abrirse al mundo; significa defender nuestras identidades pero sin mezclarse entre ellas; significa aprovechar las nuevas tecnologías.

A veces hay una tentación por parte de gobiernos de pedir a los ciudadanos que tengamos confianza ellos, como administración y no en ellos mismos. Esto supone un error, más aún en determinados países donde se necesita y urgentemente, más que nunca, potenciar y reforzar la sociedad frente al poder político.

Me parece que uno de los grandes temas de nuestro tiempo es buscar, precisamente, esa modernización que no significa ni más estado ni menos estado; significa mejor estado, con estructuras de gobierno eficaces, con la máxima funcionalidad posible, modernidad que no es sólo del aparato de gobierno, sino que es también modernidad absoluta. Una sociedad es atrasada si carece de una economía competitiva, de una producción propia, de unas buenas estructuras educativas y culturales, y de una jerarquía interna basada en el méri to personal y en la igualdad de condiciones. Sólo la modernización del estado y la sociedad permitirá hacer frente al gran tema de los años venideros, es decir, la plena integración en las estructuras sociales y económicas europeas.

Esa modernidad es la que permite hacer viable un proyecto de cohesión social y lograr dicha cohesión significa enconrtrar ese difícil equilibrio entre la libertad de cada individuo en los diversos ámbitos de la vida política y social, y la solidaridad inspirada en la justicia, para poder preservar la igualdad de oportunidades de cada uno y corregir esas diferencias.

Significa ser consciente que la libertad sin sujeción a ningún tipo de reglas, con sus imbricaciones en los diversos ámbitos de la vida económica y social, conduce inevitablemente, a desigualdades inaceptables y a riesgos graves de desgarramiento del tejido social.

Significa, también, saber que la igualdad a cualquier precio provoca la nivelación y no fomenta la iniciativa, que la igualdad absoluta es ilusoria.

La cohesión social es, en definitiva, ese intento de reconciliación entre exigencias aparentemente contradictorias. Sólo en la libertad encontrarán los individuos y las sociedades la fuente de su desarrollo armonioso y sólo a través de la solidaridad evitaremos una sociedad que acepte únicamente a los más dotados.

En definitiva, libertad y solidaridad son los ejes sobre los que debe girar el peso de la construcción europea para que la Europa del futuro sea una Europa de todos.

Y para que estos propósitos no queden sólo en buenas intenciones, es fundamental poner en relación estos principios con los valores humanistas que constituyen nuestro punto de referencia ético y lograr que esos valores se conviertan en motores de la construcción europea e impregnen las diferentes capas del tejido social.

El primer escalón de esa configuración social lo constituye a mi juicio la familia, que es una célula básica de la sociedad y juega un papel determinante en la vida de cada ser humano. Y frente a quienes parten de ideologías supuestamente liberadoras y quieren hacer de la familia una institución alienante y retrógrada, es necesario reafirmar su papel como origen vehículo transmisor de valores y de experiencia, fase primaria de formación y educación y taller de montaje de las responsabilidades democráticas.

La experiencia demuestra que ni el progreso de las ideas y la técnica, ni la libertad cada vez mayor y más precoz del individuo han disminuido la importancia de lo que se aprende en los primeros años de la vida. Y es esa célula familiar la que mejor regula toda la posterior evoluéión del individuo. Ese es el motivo por el que hay que dar el máximo de oportunidades a ese círculo esencial de solidaridad que representa la familia. Luchar por ello es hacerlo en favor de una sociedad más coherente y más armónica. Debo confesar, sin embargo, que no he contado siempre con todos los apoyos que hubiera desea- do, por parte del Comité de Ministros del Consejo de Europa para consolidar una política sobre la familia. Algunos estados siguen aún recalcitrantes ante el reconocimiento de decisiones políticas que amparen la familia.

Los grupos intermedios entre la sociedad y el estado, ya sean partidos políticos, sindicatos o asociaciones religiosas, tienen una labor fundamental que desempeñar para relacionar a sus miembros con los diferentes estratos de la sociedad.

Ahora bien, la acción de estos círculos de solidaridad no dará ningún fruto sin un decidido compromiso personal que implique la firme defensa de nuestras convicciones por encima de intereses creados, por encima de cierta indiferencia que hoy se extiende entre muchos poderes. Y creo que ahí está uno de los peligros que se evidencian hoy en día: la indiferencia existente ante el Mercado Común.

Y para que ese compromiso personal sea posible es preciso que otorguemos prioridad absoluta a la educación y a la cultura. Si hasta época reciente la educación consistía esencialmente en la transmisión de conocimientos, de tradiciones, de costumbres adquiridas de generación en generación, hoy el gran reto de la educación es preparar a los jóvenes para un mundo en constante evolución.

Ante el paro, la formación sigue siendo el mejor recurso para hallar un empleo; es la época en que las reestructuraciones económicas modifican radicalmente los sistemas de empleo. Los programas educativos deben adaptarse al nuevo momento económico y formar a los hombres y mujeres que deberán ocupar los empleos generados.

Y frente a la violencia, al racismo, a la intolerancia, la educación debe promover en los ciudadanos el sentido de la responsabilidad.

La educación de los derechos humanos y la educación cívica son conceptos de plena actualidad que condicionan una democracia viva y mejor.

La educación y la formación en el terreno europeo debe perseguir distintos objetivos: la elaboración de programas de enseñanza y de intercambio de jóvenes, la enseñanza de lenguas, la adopción de medidas encaminadas a mejorar la comprensión por el ciudadano de las culturas de los estados del entorno europeo a través de un mejor equipamiento y ampliación de actividades, la promoción de exposiciones de distinta naturaleza, artísticas, históricas, el aumento de los intercambios de artes plásticas, así como la integración de las manifestaciones populares en los programas de intercambio cultural.

Un tema que hay que agilizar de forma urgente es el reconocimiento de diplomas y certificados de estudio. Sabemos como hoy todavía hay dificultades entre países que tienen acuerdos en materia de educación y, sin embargo, hay que ver los recorridos que hay que hacer por las distintas oficinas para llegar a la equiparación de títulos. Es urgente que se llegue a una plena equipa- ración de los títulos. El reconocimiento de equivalencia de pruebas de califica- ción de obreros especializados, etc.

Me parece esencial, junto a estos objetivos, lograr una participación activa de los jóvenes en la idea europea. Y la mejor forma de participar es precisamente vivir Europa; por ello es necesario ampliar toda iniciativa que recoja la integración europea en la formación escolar y extraescolar. Programas como el COMETT, de la Comunidad Europea, sobre formación tecnológica, favorece la cooperación transfronteriza entre universidades e industrias en intercambio de estudiantes en el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías. En ese sentido, creo que hay regiones en Europa en las que existe ya una cooperación intensa a nivel de universidades. Concretamente, en el área del Rhin, entre tres regiones pertenecientes a tres estados; Francia, Alemania y Suiza, hay una cooperación entre las 7 universidades, de forma que los estudios del tercer ciclo de universidad pueden hacerse indistintamente en cualquiera de las universidades. Creo que este es un ejemplo que debe seguirse y ampliarse. Esto está en el horizonte de trabajo tanto en el Consejo de Europa como en la Comunidad, pero debido a la autonomía que mantienen muchas de las universidades se hace difícil la adopción de unas normas comunes; y lo hace difícil porque en muchos países hay un proceso de descentralización, de forma que la capacidad de decisión no corresponde al estado sino a las distintas comunidades autónomas o en el caso de la R.F.A., a los distintos landers.

Otro de los programas que se está desarrollando en el ámbito comunitario es el programa ERASMUS, que facilita la movilidad de los estudiantes a través de una subvención que cubre los gastos complementarios de estudios en el extranjero y su reconocimiento por las autoridades de los diferentes estados.

Hay también otro programa, llamado Programa Juventud con Europa (YES), que ofrece anualmente a 80.000 jóvenes una estancia de 1 a 3 semanas en otro país de la Comunidad.

Es necesario, igualmente, favorecer a través del Fondo Social programas de formación profesional, la creación de un servicio europeo para la convención y la armonización del estatuto de los jóvenes.

Hay un instrumento esencial para la información y formación en la Comunidad, que es la TV. Hoy los satélites superan las fronteras nacionales. Para poder armonizar los diversos intereses de los diferentes estados, el Consejo de Europa está en plena elaboración de un proyecto de convenio para la TV. Un convenio que está presentando no pocas dificultades. Plantea algunas dificultades, temas como la publicidad, que levantan enormes discrepancias de un estado a otro. Así, en el sistema alemán, al final de una película se da todo el programa de publicidad; en otros sistemas, como el francés o el español, se va cortando a lo largo de las películas. El adoptar un sistema u otro crea unas dificultades enormes.

Hay otra parte del convenio que está creando muchas dificultades, que es lo que se llama la publicidad dirigida hacia un estado determinado. Hay estados que se resisten a la filmación de una publicidad que pueda afectarles dentro del ámbito de su parcela. Por ejemplo, el programa que se hace desde el satélite dirigido a Suecia, en sueco, y teniendo en cuenta que está prohibida la publicidad en la TV sueca, esto genera una gran dificultad para poder llegar a una armonización definitiva.

Hay otro punto enormemente connictivo: es el de las cuotas de programas que dcben haber de origen europeo o extranjero. Hay países quc establecen que tiene que haber un 60% como mínimo de programas que sean europeos. Hay que tener en cuenta que un programa europeo, en este momento, es mucho más caro que un programa americano.

Otro tema que suele estar encima de la mesa: es el tema de la TV pública o privada.

Sras. y señores, he intentado recorrer a grandes tramos lo que pueden llamarse los trenes escenarios de la política europea: uno es, esencialmente, el escenario del proyecto económico que representa la C.E. Otro, el ámbito de defensa y de seguridad, que tiene una dimensión europea y atlántica y dentro de la dimensión atlántica es preciso ir elaborando y proyectando lo que puede llamarse el pilar europeo de la defensa y otro el que afecta al modelo de sociedad.

No he hecho más que enunciar alguno de los temas de los grandes destinos que tienen las sociedades. Cómo intenta dar una respuesta a estos problemas europeos una organización como es el Consejo de Europa, centrándolo especialmente en aquel que me ha parecido un tema básico que es el de la cultura.

Dentro de la gran dificultad que impone ese cierto retraso o esa falta de esperanza en la toma de decisiones, se hace difícil avanzar en un ámbito intergubernamental en el que un sólo país puede impedir la apertura de un convenio o la firma. En este sentido, en el ámbito comunitario se está dando ya un paso importante, de forma que las decisiones puedan adoptarse por mayoría y no por unanimidad. Este es uno de los saltos más grandes que se ha dado en el ámbito comunitario, puesto que hasta hace dos años todas las decisiones tenían que ser unánimes.

Creo que si existe voluntad política, si hay disponibilidad personal, será posible adoptar el ámbito de la unión europea; habrá progreso. Este sólo existirá si hemos sido capaces de construir una Europa más libre, más humana, más solidaria, una Europa en la que las instituciones de verdad funcionen y en la que los hombres y mujeres logren vivir conforme a su compromiso.

Aunque hayamos aceptado tarde la tarea, siempre nos será posible conseguir con esfuerzo común un futuro de paz, de progreso, de libertad y solidaridad. Muchas gracias.




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