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El Espíritu Santo.

Muchas citas han mostrado una ligazón estrecha entre Jesús y el Espíritu Santo, entre la vida de Cristo en nosotros, bajo la acción del Espíritu Santo. Es El quien ora en nosotros y viene a ser en el corazón la nueva ley, la ley del amor y de la libertad. Por su causa se muestran en nuestra vida los frutos que son los suyos y la acogida de las bienaventuranzas. Es Él quien nos asiste en los momentos más importantes y se hace garante de lo que hacemos.

Cuando Basilio habla del Espíritu teje muchas verdades juntas porque no solamente coexisten, sino que se influencian unas a otras. Por eso los encabezados de párrafos son solamente para comodidad del análisis.


  1. El Espíritu guía a Jesús y nos hace vivir la vida d Cristo.

Basilio recuerda aquí simplemente el Evangelio: “Es el Espíritu el que conduce a Jesús al desierto para hacer allí penitencia. Si buscamos cuáles son las relaciones entre Jesús y el Espíritu, nos daremos cuenta de cómo el hombre Jesús es movido por el Espíritu, y el mismo Espíritu que animó a Jesús es aún el mismo que hace vivir a Jesús en nosotros.”56 Eso Basilio ya lo había dicho casi palabra por palabra, en el retiro dado a los Hermanos de la Provivincia Norte de España en 1972: “El Espíritu que hizo vivir a un hombre que se llamaba Jesucristo, uniéndolo en una unión de persona con el Verbo de Dios, ese mismo Espíritu, que es el Espíritu Santo, es el que nos hace vivir la vida de Cristo, su propia vida, nos hace vivir a nosotros mismos.”57 Dejar a Cristo vivir en nosotros es permitirle emprimir en nosotros su imagen. Aquí también interviene el Espíritu: “Una acción del Espíritu es que, dado por Dios en Cristo a los hombres, ace de nosotros hijos según la imagen del que es el Hijoúnico y que nosostros nos portamos con él como hermanos…. No es solamente cuestión de saberse llamados por un “Tu” trascendente, sino más bien saberse hermanos de Jesús, configurados con él por el Espíritu y con su fuerza poder gritar “Abba, Padre”58. El Espíritu no solamente nos une al Señor, sino que nos da la inteligencia de Dios, esas luces que son siempre también fuente de alegría porque nos maravillamos de que Dios sea asi: bueno, genial, fiel: “Desde que el Espíritu, sondea todo, aún las profundidadesde Dios, siene sobre un hombre, le hace conoder los dones de la gracia de Dios y, uniéndose a nuestro espíritu, también nos hace “sentir” que somos hijos de Dios. Hau pues un conocimiento del miterio de Dios, pero es un conocimiento existencial e íntima, irreductible a no importa que conocimiento natural. En conocimiento de amor en la fe que es participación de la ciecia de Dios….”59
2 – El Espíritu es el alma, la conciencia y la luz de la Iglesia.

Es cuando Basilio presenta a los Hermanos su reflexión sobre la Virgen María que describe los lazos entre la Iglesia y el Espíritu Santo. En contraremos lo que la Iglesia misma dice de esos lazos , pero las palabras de Basilio muestran cuanto ha asimilado con claridad esas relaciones, y nosotros adivinamos que su vida está aclarada por ellas. Lo que desde luego puede sorprender es la aplicación que él hace a toda la Iglesia de lo que es prometido a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”60 (Lc.1.35). La Iglesia toma conciencia de ella misma porque la luz del Espíritu la ilumina por dentro: “Iluminada por el Espíritu, la Iglesia se ve pues tal cual es: llena de vida divina y encargada de transmitir esa vida a todos los hombres; ella es un fermento de resurrección que de elevar todo el cosmos, salvado en potencia por la sangre de Jesús”61 Ese mismo Espíritu hace comprender a Cristo, su mensaje y produce lentamente en la Iglesia la nueva doctrina. “ Los apóstoles iban a tomar , bajo la acción del Espíritu, una conciencia más y más viva del misterio de Cristo; tratar de decirlo por su testimonio, su predicación, su catequesis, y así poner los fundamentos de nuestra fe, y después de lo que sería la teología y la tradición dogmática de la Iglesia de Cristo”62.El Espíritu es también el alma de la Iglesia, la presencia constante de Cristoen su pueblo, por eso Basilio tiene razón de decir au Pentecostés no es un acontecimiento puntual, pasado, terminado, sino que cada siglo tendrá su Pentecostés, en la fidelidad al primero: “ Todos los siglos tendrán también su Pentecostés, pues el Espíritu es el alma de la Iglesia, y el órgano viviente que le permite tener siempre el recuerdo adecuado del Señor Jesús, y no deja de manifestrale , según los tiempos y las circunstancias, un aspecto nuevo del rostro del Resucitado. Es esa la tradición viva en la Iglesia: ese Espíritu, siwmpre en obra, puede revelar a un Jesús siempre vivo y actuante… Bien se puede esperarque la Revelación gane en luz y comprensión a medida que progrese la marcha histórica de los hijos de

Dios… La Iglesia no es un club d arqueólogos”63


  1. El Espíritu ora en nosotros.

Configurados con Cristo por el Espíritu, terminamos orando como Jesús o mejor por su voz y la más hermosa oración de Jesús es “Abb, Padre”. “si vamos aún a lo más profundo, dice Basilio, descubriremos que en definitiva, la oración no es un hecho del hombre, sino más bien del Espíritu en el corazón del creyente…. Y nosotros podemos desde el fondo del corazón decir con él (Jesús): “Abba, Padre”. De allí, por consiguiente, resulta que no somos nosotros quienes hacemos oración, sino el Espíritu que la hace en nosotros.”64, “ Si nadie puede decir Jesús es Señor sin la acción del Espíritu” es que toda invocación, toda oración, todo impulso de amor no viene sino del Espíritu. La oración es pues un don: “Ahora bien, ese don de Du¡ios que es la oración, es la conversión que es la entrada, y es el amor el desarrollo de ella. Ese don viene del Espíritu Santo y ningún ejercicio humano puede comunicarlo.”65


  1. El Espíritu es nuestra nueva ley.

El Vaticano II había invitado a todas las congregaciones religiosas a renovarse. Para el Hermano Basilio uno de los aspectos fuertes de es renovación consistía en dar al Instituto estructuras más evangélicas, pero que exigían un cambio del corazón, un corazón que debía pasar de la ley al Espíritu, para no ser guiados por un texto, sino por la libertad y la generosidad que el Espíritu hace surgir constantemente en ella. En laMeditación en voz alta, decía Basilio a los Hermanos Provinciales: “ Siento crecer en mí, con una fuerza irresistible y espontánea, la decisión de apoyar, en los límites de mi autoridad y en cuadro de la colegialidad, la puesta en obra leal, el desarrollo y la realización de la forma post-conciliar y post-capitular de la vida marista.

Espero que también ustedes, Provinciales, sepan, en los momentos de oración, escrutar al Espíritu para captar sus impulsos… Lo importante es que el soplo venga del Espíritu y que nosotros sepamos descubrirlo a tiempo. Me permito insistir sobre este punto, pues el día en que la vida religiosa reconozca vivir del Espíritu Santo, para alimentarse solamente de un “texto que se repite”, habrá renunciado no solamente a su substancia cristiana que es la vía vivida en la santa libertad de los hijos de Dios, pero también a su carácter propio al interior del pueblo de Dios, es decir a su naturaleza carismática”.66


Hablando de la justicia legal dice a los Hermanos: “Hermanos, sírvanse perdonareme, pero hay entre ustedes muchos Israelitas que viven habituados a esa espiritualidad legal. Y Cristo clavó esa justicia legal sobre la cruz y puso en su lugar a sí mismo, su imagen y el Espíritu Santo, es decir, la justicia evangélica, que es dinámica y ante la cual tú no pueds nunca decir: ¡eso basta!. A los Hermanos que están acostumbrados a una espiritualidad de observancia en que todo está prescrito, todo es prefabricado, que lo sepan, una vez por todas, que esa no es una espiritualidad cristiana. Es el Espíritu quien les pide más, en la paz y la libertad.”67 Ya dijimos a qué grados de generosidad, de pasión, de trabajo, de atención a los Hermanos, de apego filial a la Iglesia y a la Congregación, la experiencia del amor de Dios llevó a Basilio. Cuando él mira al autor de todo eso, dice: “He comprendido que el Espíritu Santo me había marcado con un sello especial en la muchedumbre inumerable de los miembros de la Iglesia puesto que Él había depositado en mi corazón un gusto intenso de ciertas realidads del Evangelio.”68 Es todavía el Espírituque, cuando encuentra la disponibilidad del corazón, impele hacia la magnanimidad que debería ser el comportamiento ordinario de alguien que ha escogido a Cristo.: “Una vida consagrada no puede quedarse al nivel de lo obligatorio; pasó al estado de lo generoso y de lo magnánimo. Para mantenerse a esa altura serán precisas muchas gracias. Será preciso desalterarse abundantemente con la Palabra de Dios para fortificar la fe y conservar la generosidad en el corazón. En tal vida la oración no deberá ser tacañamente medida, sino vertida abundantemente. Esa vida tendrá el soplo que le dará la oración.”69
Dos peligros están constantemente al acecho contra la libertad que da el Espíritu, es la tentación de conquistar por sus propios esfuerzos la salcavión, o, al contrario, dejarse llevar por la facilidad y decirse que Dios no pide tanto. Basilio las p`resenta como la actitud de los fariseos y de los saduceos: “Dos peligrosnos amenazan…: el fariseísmo legalista y el saduceísmo liberalista… Un fariseísmo aunque atenuado, tiende a destruir la libertad de los hijos de Dios, ignora la dulzura de la paternidad divina, del amor, y hace poco amable la religión e incluso repulsiva.

El saducceísmo, so pretexto de amplitud de espíritu, se instala en el confort, rechaza la cruz de Cristo y en nombre de la libertad y de la personalidad, reclama el derecho a una vida controlada, llega una mediocridad naturalista que economiza habitualmente sus esfuerzos y sus acciones.”70

Mirando al mundo tal como evoluciona lejos de los principioas cristianos y constatando que, en muchos sectores la vida religiosa se deja penetrarpor el espíritu del mundo y por consiguiente pierde su exigencia, su sentido, su valor, Basilio nos pone una pregunta central: “¿Qué espíritu te condujo?, ¿nos condujo?, ¿continúa conduciéndonos?”71 Y ¿Cómo volver a la generosidad, al dinamismo, a una vida verdaderamente entregada, si no es por un regreso al Espíritu del Hijo: ¿Y qué hay que hacer?. Antes que todo abrir la comunidad al amor del Padre, en Cristo, no viviendo solamente a base de virtudes morales, sino profundamente de la Palabra de Dios y de la vida de Jesús, bajo el soplo del Espíritu. En otros términos, devolver a la vida religiosa y cada uno de sus elementos esencialesla densidad evangélica que tuvo en el Fundador y en los orígenes, incluso antes de que se cristalice en una tradición…Una nueva regularidad es necesaria, que no será menos exigente, pero más dinámica que la de antes. Recordemos lo que dice San Pablo a los Gálatas: (5,3) que no quieren comprender la ley de la libertad: “Aseguro ante todo hombre que se hace circuncidar que está obligado a practicar integralmente la ley.” Y trasponiendo: “Si no quieren avanzar entrando seriamente en lo que será el proyecto comunitario, entonces, retomen la estricta observancia de la Regla de otros tiempos.

Tan lamentable que sea, el el movimiento integrista tien al menos un notable valor en su regreso a la ascesis y a la disciplina de otros tiempos. No es la lamentable tibieza que no se compromete a nada con la que se va a oponer, sino más bien con un nuevo fervor; no gentes que digan “Dios no pide tanto”, sino gentes sabiendo que Dios lo pide todo, en cada nueva época. Con gentes con ese temple, sí, se podrá apuntar a una metamorfosis de las comunidades. No se realizará en un día. Entramos como peones, con audacia y paciencia.”72 El Espíritu Santo está muy presente en la circular Un Nuevo Espacio Para María. No podía ser de otro modo. Y Basilio have esta observación muy exacta: El Espíritu que inspiró la Palabra de Dioses también el laa hace comprender y aquel junto al cual hay que estar cuando se trabaja con la Palabra de Dios: “…Las palabras de Jesús, todos sus actos, todoso los acontecimientos de su vida son hechos mistéricos, es decir, portadores de un significado que los sobrepasa y cuyos testigos no tendrán la plena comprensión sino a la luz pascual derramada más tarde por el Espíritu Santo. Es en ese mismo Espíritu como debemos abordar la Escritura y los evangelios en particular.”73



4 – Los frutos del Espíritu.

Cuando un cristiano se deja guiar por el Espíritu, entonces aparecen también en su vida los frutos del Espíritu. Basilio impulsaando a la Congregación hacia la apertura al Espíritu espera entre los resultados de la renovaciónla presencia visible de los frutos del Espíritu: amor, gozo, paciencia, bondad, dulzura y dominio de si: “ Que ellos (los resultados) hagan visibles los frutos del Espíritu Santo. los cuales demuestran la fecundidad del cristianismo en el mundo.74 “Más lejos encontraremos páginas enteras sobre el amor, la sabiduría que viene del Espíritu, la comprensión en su profundidad de la consagración y de cada voto. Pero he aquí ya lo que él escribe en su circular Vida Comunitaria: “La teología espiritual que nos enseña como, a medida que un corazón se deja invadir por el Espíritu Santo, con un mismo movimiento, la caridad,y los sentimientos de Cristo se reproducen en él como en un espejo, y desde luego viene a ser posible en grados diversos, el cumplimiento del mandamiento del Señor: “Ámense unos a otros como yo los he amado”.75

Basilio se pregunta cómoi debe gobernar, como Superior General, y que prudencia lo debe guiar. Reconoce la gran diferencia que hay entre la prudencia humana , la prudencia cristiana mediana y la que viene del Espíritu: “El Espíriu Santo puede aportar a la prudencia cristiana una realización en plenitud; es el don de Consejo, la prudencia cristiana una realización en plenitud; Es el don de Consejo, la prudencia de los santos. Allí nosotros estamos en un plano tan superior que los hombres comprenden más… Es esa prudencia la que animó la realización de las grandes obras cristianas… Acción sorprendente del Espíritu Santo sobre ciertos miembros del Cuerpo Místico, poniendo a prueba fuerte el raquitismo de las sabidurías humanas! La grandes renovaciones de la Iglesia, de Francisco de Asís a Juan XXIII son una sacudida que suscita en las almas sinceras un florecimiento de bien y de santidad, pero que escandalizan a los prudentes de este mundo….”76

Otro dominio que Basilio exploró mucho fue el del profetismo, en el mundo de ayer y en nuestro mundo de hoy. No tiene pena en afirmar que el verdadero profeta es hijo del Espíritu: “Yo sé que todo don perfecto viene de arriba, del Padre de las Luces, y que la prudencia crece al mismo tiempo que se desarrolla nuestra vida en Cristo, y que se abre nuestro corazón a la acción del Espíritu. Es por eso que yo cuento con vuestra oración me obtendrá por lo menos la tercera prudencia ( la del Espíritu), y que el Espíritu Santo suscitará el Consejo General y en el Capítulo, hombres llenos del don de Consejo, capaces de realizar entre nosotros una verdadera acción profética, en esta época de aggiornamento”77

El Espíritu Santo en Basilio, es sobre todo el responsable de la santificación para que Cristo se transparente en nuestras vidas: “ El Espíritu no es dado con un doble fin: en primer lugar para hacernos conformes a la imagen del Hijo para que éste sea el primero de una multitud de Hermanos”, (Rom 8.29), en segundo lugar para ser nuestra ley, (Gal 5-18) Es el Espíritu que vive en nosotros y y que es nuestra ley y es la verdadera fuente de nuestra libertad. (2Cor 3.17) y es a esta libertad que estamos llamados (Gal. 5.1) Comprendamos bien de que libertad se trata. Ese Espíritu, que es principio de acción, no orienta hacia no importa que acción. Esencialmente arranca del egoísmo y asi su novedad consiste en una disponibilidad a servir, que es el secreto de la libertad cristiana.”78 Luego, considerando el caso de María, Basilio concluye: “Es en este misterio de una santificación, obra del Espíritu, que hace insertara a Naría “santuario del Espíritu”. (L.G. 53). Todo cristiano debe ser santur¡ario del Espíritu, pero María atestigua constantemente de esa presencia en ella, y nos revela lo que puede hacer el Espíritu en un corazón plenamente dócil.”79

Los frutos del Espíritu no son solamente virtudes en el corazón del cristiano, sino también las grandes obras que de ella provienen. Cuando Basilio considera los documentos del Concilio, los resultados obtenidos por nuestro Capítulo General de 1967-1968, las nuevas Constituciones, reconoce que es siempre la obra del Espíritu, porque de nuestra parte, no habríamos jamás podido producir textos tan sabios y tan santos. El escribe a propósito del Concilio80: “El Concilio Vaticano II no es más que un eco del Espíritu de Jesúcristo en nuestro tiempo… Hay que reconocer que Vaticano II fue una manifestación pentecostal del querer de Dios en el hoy de Dios…La infidelidad al Concilio equivale a la infidelidad al Señor y a su Espíritu.”81 Alguna páginas después insiste sobre esta convicción: “Vaticano II ha sido el huracán del Pentecostés del siglo 20; huracán tan extraordinario que no hemos podido digerirlo – tenemos una indigestión de Concilio -. Y es en parte por eso que viene una especie de extravío sin brújula. Pero una vez hecha la asimilación, vendrá la nueva primavera…82 Y así se trataba también de nuestro Fundador: “El espíritu del Fundador que está en los orígenes de esas actitudes del Espíritu Santo…. El Fundador recibió un carisma de “.. Pero ¿quién distribuye os carismas para las fundaciones? El Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús… Todo fruto auténtico produce en un miembro o en un órgano – institución, corporación, etc., y que lleva los signos del Espíritu, no se debe, en última instancia, a la fecundidad de ese miembro o de ese órgano, sino al Espíritu mismo; de éste viene toda su riqueza y su calidad, de esos la transparencia y la fidelidad…Las actitudes del Fundador, se puede afirmar de ellas que son el resultado de la impulsión del Espíritu y de la fidelidad a ese Espíritu.”83 La circular sobre la Fidelidad revela el inmenso trabajo del Espírituen una multitud de Hermanos, en las circunstancias muy diversas de gracia, de pecado, de dramas y de victorias, de crisis, de caídas, de levantarse, de heridas, y de besos de la gracia. Basilio la ve como un regalo del Espíritu Santo: “Hace unos siete años que por primera vez me vino, como una rayo de luz, la intuición de ese libro. En torno a esa intuición se aglutinó una montaña de confidencias conmomedoras que yo había recibido y que recibía. Y yo dejaba expandirse mi corazón de admiración ante tods esas formas de fidelidad y de perseverancia en nuestra Congregación.”84 Es de veras así como trabaja el Espíritu.


Basilio mismo, atento a los impulsos del Espíritu, quiere orientar más a la Congregación hacia los pobres y hacia las misiones. Esos serán dos puntos importantes en su gobierno. A los que se quedan insensibles ante esas dos urgencias, les dice: “Si no se siente eso y si no brilla una llama interior, todos los consejos y llamados caerán en el vacío…No se realiza nada si el Espíritu no arde en el interior”.85

Mucho se podría decir aún del Espíritu Santo pues en la vida, en la fe y los escritos de Basilio, es como una presencia constante. El peligro está en pecar por abundancia. No tiene ninguna reflexión específica sobre el Espíritu Santo,86 pero se encuentra frecuentemente una emergencia, como la manifestación del alma que le hace vivir. Es el Paracleto el que lo guía y que él invoca. Siempre está presente cuando Jesús está presente, hasta tal punto que se les puede atribuir a los dos características y actividades semejantes. Podríamos decir que Jesús es el ser amado, mientras que el Espíritu es el fuego de ese amor en el corazón de Basilio.



Texto 1 : Es el Espíritu quien ora en nosotros.

En la oración el hombre no está solo para un ejercicio de gimnasia mental,… no somos nosotros quienes hacemos la oración, sino el Espíritu quien la hace en nosotros. No es el hombre, sino los gemidos del Espíritu que sopla en nosotros y que nosotros recogemos sin saber ni de donde vienen ni a donde van. Por eso es únicamente por El y en El que podemos atrevernos a llamar a ese “Tú” absoluto que yo nombraba más arriba y de esa palabra inefable y única: “Abba, Padre. Fraternizando con el único que es Hijo, con Jesús que agota la paternidad del Padre, configurados por el Espíritu a Jesús, podemos invocar y gritar: Abba, Padre, desde el fondo de nuestro corazón.

Pedir el ejercicio y la práctica de la oración, no es otra cosa sino pedir el acuerdo con la más profunda dimensión de la naturaleza humana y el ser cristiano nacido en y para el plan salvífico de Dios. Suprimir esa oración, es poner en evidencia el desacuerdo consigo mismo y la debilidad de una vida cristiana, o peor aún, reducir el cristianismo a un humanismo horizontal. Siempre regresamos a lo mismo: los medios y las fórmulas pueden cambiar, e incluso notablemente, y la Asamblea Capitular lo decidirá; Pero lo que no puede desaparecer es la serio y la profundidad de una vida de oración, que es una necesidad de expresar la vida interior y la prueba de esa vida en una personalidad humana que ha logrado su madurez. (isc. Los llamados de la Iglesia… p. 613-615)
Texto 2 : Todo depende de quien toca el violín.

Cuando un alma de buena voluntad, buscando sinceramente la voluntad del Señor, pide a Dios que la purifique, su oración no es una farsa. Es más, si esa alma, después de haber hecho todo lo que podía, se da cuenta que no puede realmente alcanzar el nivel al cual siente que la llama el Señor, puede con toda confianza decir: “Señor, yo no logro. Haz Tú mismo esa purificación pues tengo necesidad de tu acción para ser un poco menos indigna de tu amor,”… Esa alma va a ser puesta bajo el soplo directo de los dones de Espíritu Santo; todos los autores de teología espiritual reconocen la inmensa diferencia que existe en un alma cuando ésta trabja cooperando con la gracia de Dios. Viene un día en que esa alma habiendo recorrido el rudo camino de las virtudes cristianas, Dios la inundará de los dones de su Espíritu Santo, la hará entrar en su intimidad, la transformará por su acción. Es el momento de la santidad.

Van ustedes a comprender por una imagen muy simple: Cuando el gran biologista español Salazar, que es a la vez compositor y violinista, fue a Méxiso, todó delante del gran edificio de lotería nacional. Ahora bien, un indígena se instaló muy cerca, con el fin de vender violines , fabricados con sus propias manos. Esos instrumentos eran rústicos, primitivos. Entonces, Salazar, pasando muy cerca se detuvo para ver . Preguntó al indígena si le permitía tocar con uno de sus violines. El indígena aceptócon gustoy le presentó el violín. Entonces el artista comenzó a tocar sobre ese instrumento sin valor. Era aquello muy bello y el indígena quedó absorto viendo lo que podía hacer un artista de fama mundial con un pobre violín.

Al finalizar, Salazar preguntó “¿Cuánto vale este violín?” La respuesta fue maravillosa: “ Para usted, nada; se lo regalo.”

Es eso exactamente lo que pasa en la vida espiritual. Nosotros somos miserables violines tocados por pobres diablos, y naturalmente la melodía no tiene nada de agradable. Hay el amor, la generosidad y todo, pero es del todo imperfecto. No podemos estar satisfechos.

Texto 3: Todo depende de quien toca el violín Suite

Pero si un violinista de gran talento, el Espíritu Santo, se toma la tarea de ponerse a tocar un concierto para Dios, es del todo diferente. Es entonces el Espíritu el que se pone a orar, a obrar, a trabajar nuestra vida. Créanme, aunque existiera entonces en el alma un grado de generosidad,, de oración, de fervor, del todo notable, la invasión del Espíritu en esa alma produciría algo del todo nuevo. El Evangelio entonces se ilumina del interior, se vuelve transparente.Cada palabra del Evangelio le dice una suma de cosas; cosas que el alma nunca había logrado comprender. Páginas y páginas de evangelio quedaban oscurasa los ojos de su corazón. Entonces, el alma se da cuenta de la pobreza que había tenido hasta ese momento. Su pureza era verdaderamente una pobre pureza ante los horizontes que le descubre el Espíritu Santo. Ella comprende que lo que ella llamaba generosidad, fidelidad, obediencia, humildad, amor, todo aquello no era más que ir a tientas en la vida cristiana al lado de la potencia enorme de la acción del Espíritu en el corazón. Y sobre todo, nota que la manera y el lenguaje que ella empleaba con el Señor eran verdaderamente miserables, ella se pregunta cómo pudo ensuciar el rostro de Dios con ese género de oración tan ridícula que hacía, cuando descubre como ora el Espíritu en su boca, en su corazón.

Mis queridos Hermanos, no estamos llamados a ser pobres hombres que se quedan en la infraestructura de una vida cristiana que pasa años y meses bloqueada por el pecado. No, el Señor nos llama a subir más alto, a sobrepasarnos, a marchar en la generosidad, en la autenticidad, en la fidelidad, para que día el Espíritu nos inunde y que pueda derramar nuestra vida espiritual…

A medida de que se hace tarde en nuestra vida y que el tiempo pasa, hay que tener el corage y saber que el amor de Dios está siempre presto, delicado, y nos espera…



Texto 4 : Bajo la luz del Espíritu.

Las almas con con alta espiritualidad son profundamente humildes. Tienen una conciencia muy real del pecado. Cuando hombres, realmente penetrados por el Espíritu, dicen que son pecadores, no es que finjan serlo, no son artificios exteriores sino que son una convicción íntima. Cuando a causa de la proximidad del Espíritu de Dios, se ven las cosas en la óptica divina, sobre todo el interior de su alma, los ojos descubren que todo ese mundo de pecado que estaba en nosotros antes, se encuentra desgraciadamente aún allí, en el interior del alma, no como acto, porque el pecado ha desaparecido de la vida, pero sí en potencia. Me explico: se ve, al interior de su corazón y se da cuenta de que el orgullo está allí, muy sutil, pero está en el fondo. No pone actos porque el amor de Dios es todo, se está anegado en él. Ese amor de Dios impide por la fuerza de la gracia que ese orgullo no entra en función. Pero todo ello no impide que se tome conciencia de la presencia del orgulloen el interior de si, y se da cuenta uno también de que nuestra sinceridad no es del todo entera. En los momentos de profunda sinceridadse está obligado a confesar que se autosugestiona a veces, se busca justiticar ciertas faltas de sinceridad, etc. Hay, en el fondo del corazón del hombre , la insinceridad que duerme y que puede despertar en la primera oportunidad. También se da uno cuenta de que, al fondo de su corazón, se continúa amando ciertas cosas impuras, sin pasar a los actos. Es siempre el amor de Dios que nos rodea y nos preserva. Y uno se dice: “Tal hombre comete faltas; yo no las cometo…” Pero al mismo tiempo, se siente que las malas tendencias que existían en si mismo muchos años antes, cuando se comenzado la lucha por la purificación de si mismo, siempre están presentes. Se siente que el amor humano – no en el sentido de ese amor que está en la naturaleza humana y que es un don de Dios, sino en el sentido del pecado en potencia, en el sentido de nuestros pensamientos, de nuestro egoísmo, de nuestra falta de sinceridad, permanece siempre en si.

Entonces, se produce en el corazón un sufrimiento muy pprofundo porque el amor de Dios que nos invade hace que todo lo que no es evangélico en nuestra vida y hasta el fondo de nuestro corazón, nos hace sufrir mucho. La redención no ha sido realizada en profundidad. Tocó la periferia, limpió nuestras almas, nuestros hábitos, pero aún no ha alcanzado la profundidad de nuestro yo. Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que ese egoísmo, esa mentira que aún se encuentra en nosotros, está allí a pesar nuestro: porque sufrimos y que hemos hecho todo lo que pudimos para purificarnos. (Llamada a la superación, retiros de 1970, La ascensión de la vida espiritual, no. 8, pp. 8-9)

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