“No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos



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Cuando la tierra nos quita la certidumbre

Patricia Bustos Krumm

Rosa Martínez Mardones

“No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como tratar de mirar al sol de frente: sólo se puede soportar un rato”.

Irvin Yalom

Introducción
A pesar de los grandes y veloces avances tecnológicos que han producido innumerables progresos en las capacidades del ser humano, que ha logrado ir más allá de lo que habrían soñado nuestros padres, en cuanto al intento de control y superación de la naturaleza que nos conforma y nos rodea (Sibilia 2005), quedan muchos asuntos que aún nos sorprenden sin herramientas para predecirlos o manejarlos adecuadamente. Los fenómenos de la naturaleza son unos de esos asuntos para los que nunca estamos suficientemente preparados. Desde el 2010 asistimos a una seguidilla de catástrofes naturales que diversos grupos intentan explicar de diferentes modos. Algunos han llegado a plantear que el 2012 se va a acabar el mundo.

Nos interesa reflexionar psicoanalíticamente sobre el impacto que tienen los terremotos en nuestra subjetividad.



Desperté porque de pronto todo se empezó a mover con fuerza. Supe de inmediato que era un terremoto. Creí que el epicentro estaba cerca, era demasiado fuerte. Cada vez aumentaba la intensidad del movimiento. La casa se movía como si fuera de papel. Sonaban las ventanas, los objetos se caían haciéndose trizas en el suelo. Sentía que no terminaba nunca. Pensé en el terremoto de Haití, en la destrucción que había causado, en la cantidad de muertos, en que las construcciones se derrumbaron, en que fue difícil identificar algunos cadáveres. Media dormida tomé mi cartera donde estaban mis documentos para poder ser identificada y pensé lo corta que iba a ser la vida de mis nietos. Se me hizo eterno. Se cortó luz, estaba todo a oscuras. Todos nos encontramos caminando a tientas hacia la entrada de la casa. Abrí la puerta por si fuera necesario arrancar. Pensé en mi hermana que estaba sola en su departamento del piso 12 en el centro de Concepción. Ella tiene dificultades para desplazarse.
Las diferentes reacciones al terremoto relatadas, podemos decir que coinciden en la sensación de que algo muy inesperado y aterrador irrumpe en nuestra cotidianeidad, esperábamos dormir como siempre hasta la mañana siguiente, cuando a las 3:34 AM de aquel 27 de febrero, comenzó a temblar. ¿Cómo es posible que aquello que es nuestro piso, que nos sostiene, se mueva de tal manera, que es capaz de derribarnos? Con esta experiencia, cual más cual menos queda en una situación de desamparo. Las diferencias personales vamos a intentar entenderlas usando diversas hipótesis teóricas.

Uno de los factores a considerar es cómo la Tierra, como continente, puede representar a la madre. En este caso una madre que deja de contener abruptamente, generando diferentes reacciones que en parte responden a la primaria relación que hubo entre cada persona, cuando era un bebé, y su madre. Al nacer, una “madre suficientemente buena” (Winnicott, 1960), está abierta a recibir cualquier contenido mental que venga de su bebé, para acogerlo, tramitarlo o digerirlo de modo tal de poder devolverlo al lactante debidamente desintoxicado para que éste lo pueda recibir de un modo que le resulte metabolizable. Este es el concepto de reverie definido por Bion en 1962.

La experiencia en un terremoto es una experiencia con una madre mala que no sostiene, que en un extremo, algunos podrían sentir que ataca y que según ciertos autores nos puede inducir a actuar como un bebé en un estado de “terror sin nombre” (Bion, 1962). “El terremoto provoca que estos aspectos vuelvan a surgir, al sentir que el continente falla, también se tambalea el continente interno.” (Santander, 2010, p. 67)

Quedamos en un estado de indefensión y vulnerabilidad, como tomando alguna conciencia de asuntos obvios que podrían estar más seguido en nuestra consciencia.

Uno de los aspectos que influye en la reacción que un sujeto tiene frente a la experiencia ante los temblores es su primitiva relación con su madre. Otra variable importante es la experiencia que la persona ha tenido a lo largo de su vida con esta situación. Hay varios elementos dentro de esta variable, es diferente para una persona que ha experimentado terremotos, que para una que no los ha vivido, como en esta ocasión de 2010, fue para todos los nacidos antes de 1985, (terremoto grado 7.8 en Santiago). La calidad de la experiencia vivida en los terremotos, en el sentido de la reacción de los que nos rodean, varía en un rango que va desde una tranquilidad del “no pasa nada” hasta una crisis de pánico o una acción extrema que lleve al sujeto a ponerse en mayores peligros que los que trae el terremoto, como lanzarse de un piso alto de un edificio. Estamos hablando del efecto de presencia que tienen otros sobre otros (Berenstein, 2004; Puget, en prensa, 2010). Es muy distinta la vivencia junto a algunas personas que logran controlar su temor que si es vivida con sujetos que muestran sus emociones descontroladamente. También el tamaño del grupo con el que se comparte la experiencia hace una diferencia. Ese viernes 27 de febrero se estaba terminando de desarrollar una jornada del Festival de la Canción de Viña del Mar. Mucha gente todavía iba retirándose del recinto cuando comenzó a temblar. En un grupo tan grande como ese, en que se dan todo tipo de reacciones, hay mayor probabilidad que surja el descontrol.

Estas sucesivas experiencias van conformando la subjetividad que lleva a enfrentar los temblores de un modo determinado. Freud (1921) plantea que la emoción más primaria de identificación es el contagio. Freud citando a Le Bon (1895, p. 72) plantea que el individuo en la masa está expuesto al contagio ya sea de otros miembros de la masa o del líder. “En la multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, y en grado tan alto que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo.” El sujeto en una masa puede realizar actos que no haría estando sólo. El sujeto pierde capacidad yoica y proyecta el ideal del yo en el líder de la masa.

El terremoto es una “catástrofe” en la nomenclatura que el psicoanálisis vincular utiliza para diferenciar distintos niveles de afectación que produce un evento determinado (Lewkowicz, 2004); ya que desmantela sin que se logre armar otra lógica equivalente. En nuestro país aún no se ha reconstruido un porcentaje suficiente de aquello que fue destruido.

El concepto de acontecimiento de Badiou (1988) reintroduce la importancia del azar, el rol activo de los sujetos y la relevancia de las rupturas; valora lo contingente y lo imprevisible. Un terremoto podría convertirse en un acontecimiento para algunas personas en el caso que haya una modificación de su estructura psíquica a partir de esta experiencia, y esto dependerá a su vez de varios factores antes dichos como por ejemplo el azar de estar en el momento del terremoto de vacaciones en una playa y perder un hijo en el maremoto posterior.

Otro concepto importante que se relaciona con vivir un terremoto es la activación del Principio de Incertidumbre (Puget, 2003, 2005) cuya expresión clínica es la perplejidad. Solemos manejarnos con ciertas certezas ilusorias que nos tranquilizan. En un terremoto queda en evidencia el factor ilusorio que sostiene nuestras certezas y eso nos deja perplejos, es decir en un estado de falta de recursos para tramitar lo que está ocurriendo, lo que impide la toma de decisiones y las acciones atingentes al momento que se está viviendo. Puget, 2003, plantea que se produce el desacople entre lo instituido, lo conocido y lo que se presenta.

Todavía temblaba cuando decidí que iría a buscar a mi hermana. Mis dos hijos y yo nos vestimos a oscuras, tomamos el auto y salimos. En el trayecto nos íbamos encontrando con los destrozos en las calles. Un edificio estaba literalmente en el suelo. Me dio terror pensar en como estaría el de mi hermana quien vive el piso 12. Las calles estaban llenas de gente asustada y decidida a no volver a entrar a sus casas. Algunos de estos grupos me parecieron amenazantes, pensaba que podía haber pillaje. Otra idea terrorífica en mi mente era que hubiera maremoto, (el puerto de Talcahuano está muy cerca de Concepción) no sabía si comentar esto a mis hijos, no quería asustarlos más. Llegamos al edificio, subimos los 12 pisos a oscuras, había polvo y pedazos de techos y paredes en el suelo. Con mi llave entré al departamento y Paulina estaba petrificada sentada en su cama, con su pijama puesta. Solo atiné a pasarle ropa y ayudarla a vestirse para escapar luego de ahí. Yo temía que se fuera a caer el edificio con las continuas réplicas. Salimos con dificultades. Todavía estaba todo a oscuras cuando volvimos a mi casa. Algunos de los grupos que permanecían en las calles nos parecieron aún más amenazantes, tanto que decidimos asegurar puertas y ventanas, dormir todos juntos y dejar a la mano algunos elementos que pudieran ayudarnos si entraban a robar.
La situación en Concepción, principalmente, se agravaba ya que a la catástrofe del terremoto se agregaba el caos y la violencia que llevaron a saqueos, tanto en casas como en locales comerciales, incluso a plena luz del día. Los medios de comunicación nos mostraban imágenes de personas de toda extracción social, que robaban todo tipo de artículos, no solo alimentos. Los periodistas entrevistaban a estos saqueadores, preguntando el porqué de sus acciones, ante lo cual no había respuestas razonables. Los medios de comunicación por un lado cumplían su labor de informarnos, y por el otro se podría plantear que en algún grado fomentaban el contagio de esta atmósfera de impunidad por ausencia de una autoridad visible y adecuada a la situación de catástrofe.

Una forma de comprender esta situación es a partir de la teoría de los supuestos básicos de Bion (1963). Este autor señala que un grupo oscila entre el estado de trabajo, orientado hacia una tarea y un estado emocional primitivo, que obstruye, pero que también a veces diversifica y de ese modo hasta puede ayudar a lograr el objetivo esperado. Estos supuestos básicos son dependencia, ataque-fuga y apareamiento. Mientras un grupo está en estado de trabajo, en el inconsciente de sus miembros va emergiendo, dependiendo de las circunstancias, una de las tres formas de estos estados emocionales.

Cada uno de estos supuestos básicos conforma una “cultura de grupo” que determina un tipo especial de líder y una acción grupal coherente con él. El grupo de dependencia que implica la suposición de sus miembros que dependen del líder “para nutrirse material y espiritualmente y para obtener protección” (Bion, 1963, p. 119); El grupo de apareamiento se caracteriza por una atmósfera de esperanza en que algo o alguien solucionará los problemas y aliviará los dolores. En el tercer supuesto básico “el grupo se ha reunido para luchar por algo o para huir de algo en ese estado se aceptará al líder capaz de obtener del grupo que aproveche la oportunidad para escapar o para agredir” (Bion, 1963, p. 124). Bion postula que hay una capacidad que poseen los individuos para combinarse entre sí, instantánea e involuntariamente, y compartir y actuar de acuerdo con el supuesto básico imperante.

Al producirse el terremoto, las personas quedamos en un estado de vulnerabilidad que facilita la emergencia de estos supuestos básicos. En otras ocasiones similares, alguien tomó el rol de líder del supuesto básico de dependencia. Por ejemplo en el terremoto de Valparaíso de 1972, el presidente de ese momento, Allende, habla a la ciudadanía transformándose en un líder protector que promete ayuda y tranquilidad. La magnitud del terremoto del 27 de febrero de 2010, que dejó incomunicado al país por algunas horas, fue una de las razones que impidieron la emergencia de un líder de dependencia que pudiera transmitirle alguna tranquilidad a la población. Se confabularon en este caso además, rasgos personales de los dirigentes de ese momento y de los equipos que conformaban, en cuanto a que en cierto grado quedaron paralizadas las primeras horas.

Pensamos que el desarrollo teórico expuesto por Bion (1963) es insuficiente para el análisis del agrupamiento espontáneo, azaroso y colectivo que ocurrió en Concepción. “…una sociedad es también un sistema de interpretación del mundo, es decir, de construcción, creación, invención de su propio mundo, y, en tanto tal, puede percibir como peligro cualquier alteración a su sistema de interpretación del mundo; estas situaciones suelen ser vividas como ataques a “su” identidad y las diferencias son entonces imaginadas como amenazantes” (Fernández, 2007, p 91). Como plantea Fernández los imaginarios sociales confirman lo instituido, funcionan como organizadores de sentido, determinando lo que se acostumbra en la sociedad en diferentes áreas. En paralelo se da una fuerza instituyente que intenta hacer cambios en lo instituido. Estos agrupamientos espontáneos de autogestión organizados azarosamente alrededor de algún líder que los lleva a un acting como reacción a la sensación de ataque a la identidad cultural. La sociedad hace un depósito en el estado y sus instituciones de la violencia y la agresión confiando que el estado las manejará según las leyes vigentes. En Concepción sucede que durante un lapso de tiempo muy determinante por el evento ocurrido, que las autoridades, representantes de las instituciones no se hacen presentes. Esto genera un vacío que da pie al surgimiento de cualquier tipo de líder. El azar tiene su lugar en este punto. Como plantea Fernández (2007: 92), “El desorden social se despliega cuando aparecen nuevos organizadores de sentido; una revuelta social implica un proceso disruptivo que violenta universos de significaciones imaginarias sociales preexistentes y eventualmente da lugar a la invención de nuevos imaginarios que en tal situación serán instituyentes”. Podríamos pensar que los saqueos en Concepción instituyeron una gran desconfianza tanto en las autoridades como entre los vecinos. Una vez que el aparato estatal retoma el control social, a nivel individual los sujetos recuperan la parte de sí mismos que habían puesto en el líder y pueden empezar a escuchar los pedidos de devolución de las cosas robadas, porque se les promete protección. Se organizan entonces lugares donde las personas devuelven lo que habían robado.

También quedó en evidencia la negación masiva que hacemos como sociedad del hecho de ser un país sísmico. Sin embargo los habitantes de zonas costeras se conectaron con su experiencia de arrancar hacia los cerros para escapar del tsunami. Esta negación fue especialmente grave en aquellas instituciones que están a cargo de hacer frente a cualquier catástrofe ya que a pesar de que un terremoto no se puede predecir, a diferencia de un tsunami, hay en el país recursos tecnológicos y organizaciones cuyo objetivo es funcionar en la emergencia. Suponemos que en el período que va de un terremoto a otro, toda la población va sepultando el conocimiento y la experiencia en relación a los sismos. Para nuestro parecer, esto explica los errores graves que cometieron los encargados de estas organizaciones. Estados Unidos avisó que habría tsunami y el organismo encargado de recibir la información y actuar en consecuencia, minimizó la advertencia y transmitió que los pobladores podían volver a sus hogares junto al mar. Nuestra hipótesis es que los contenidos que dan cuenta de la presencia de la muerte son insostenibles para la mayor parte de nosotros en la vida cotidiana. Por esta razón esos contenidos son reprimidos lo que lleva a la negación observada.

Chile es un país sísmico, este es un hecho que no está tan presente en la consciencia de los chilenos ya que como toda situación que asusta, tiende a ser negada, lo que implica que suele vivirse cada sismo como si fuera el primero. Por otra parte, el ser humano actual está tan bombardeado de estímulos que no tiene posibilidades de tramitar cotidianamente la experiencia (Agamben, 2001) y esto nos deja más vulnerables.

Ser sujetos sociales que habitan un mismo conjunto implica compartir un contrato narcisista (Auglanier, 1975). En el caso de los chilenos, la existencia de los terremotos es una creencia compartida que todos llegamos a conocer por experiencias y/o relatos, mitos y cuentos de los mayores. Todo lo compartido respecto de los terremotos frecuentemente lleva a sobrentender, es decir, a creer que todos entendemos lo mismo; lo que conduce al malentendido, ya que hay grandes diferencias individuales. A pesar de que pertenecemos al conjunto, cada uno de nosotros lo hace desde su singularidad (Puget 2010).

Un terremoto 8,8, por su magnitud, logra desorganizar todo lo que se había planeado para enfrentar la eventualidad por lo que en la práctica no se cuenta con todos los recursos que aparecen en la infraestructura ya que muchos de estos deben ser manejados por personas que están fuera de control.
Conclusiones
¿Qué explica las grandes diferencias en el modo de reaccionar frente a un terremoto? Es la pregunta que intentamos abordar a lo largo de este trabajo desde diferentes perspectivas psicoanalíticas.

La situación actual en nuestro país y en gran parte del mundo, en que impera una sociedad de libre mercado que produce individualismo y fragmentación (Lewkowicz, 2004) hace más difícil que se genere la solidaridad durante el tiempo necesario como para enfrentar la crisis.

En este aspecto nos parece interesante una comparación con Japón que ha sufrido un terremoto comparable, por su magnitud, con el ocurrido en Chile. Tenemos la impresión que en el caso de ellos, no se han dado saqueos y han logrado pensar en el bien común desde el comienzo. Al menos las imágenes de la televisión muestran mayor acatamiento a las normas y mayor confianza en que la autoridad sabrá manejar la situación y ayudar a los necesitados. Nos preguntamos si será su cultura, tanto más antigua que la nuestra; o su característica de país rico y desarrollado o su costumbre y ejercicio de pensar en el otro por el sólo hecho de ser tantos. En cuanto a su cultura sabemos que desde niños se les enseñan ciertos preceptos: el Gaman es decir la capacidad de vivir con paciencia y dignidad lo que parece insoportable y el Gambaru que significa la necesidad de hacer el mejor esfuerzo. Ambos apuntan a que se da gran valoración al respeto por el otro. Por otro lado, vimos el lado negativo de esto en relación a las centrales nucleares, en que aparentemente el exceso de confianza en el otro, hizo que no se fiscalizara suficientemente, con los resultados por todos conocidos, Son reflexiones que quedan abiertas a la discusión que nos pueden ayudar a prepararnos mejor ante eventos de esta naturaleza.

Se podría pensar en un terremoto como un acontecimiento en los casos en que haya alguna modificación estructural. Podemos decir que ante esta experiencia, nuestra subjetividad ha cambiado, pero dado los elementos antes descritos no sabemos como vamos a reaccionar ante el próximo. Podemos decir, que socialmente se han tomado medidas, por ejemplo en toda la costa hay letreros que indican la dirección hacia donde ir para arrancar de un maremoto, lo que hace a sus habitantes tener presente esa posibilidad y mantener el contenido en el preconsciente.

El azar se presenta en relación al tipo de líder que pudiera surgir espontáneamente a causa del evento. En algún sentido un terremoto afecta lo instituido y esto es sentido como un ataque a la identidad cultural por lo se organizan agrupamientos que inconscientemente y dependiendo del líder con el que se encuentren, se producirán distintos tipos de actings.

A raíz del terremoto se produjo un posterior tsunami que causó la desaparición de muchas personas. Nos preguntamos “…cómo ubicar en el aparato psíquico la figura del desaparecido...” “…desborda el concepto de trauma y de duelo…” (Puget p. 1). Pensamos que en estas circunstancias es muy difícil hacer el duelo, al no tener el cuerpo del ser querido para darle sepultura, quedan en la mente muchas dudas e ilusiones acerca de que estuviera aún con vida en alguna isla no muy lejana. El dolor así permanece.

Bibliografía

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