Necesitamos hombres y mujeres con


UNIATLÁNTICO PERDIÓ EL AÑO



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UNIATLÁNTICO PERDIÓ EL AÑO
Enero de 2002
En la última Página Universitaria, titulada "La crisis tocó fondo", nuestro propósito central era llamar la atención y convocar a la reflexión a la nueva dirección de la universidad, en cabeza del profesor Juan Romero Mendoza, para que después de haber cesado la larga y horrible noche administrativa anterior, asumiera el compromiso histórico de direccionar a la institución por los senderos luminosos de la academia. El profesor Romero llegó a la Rectoría en el marco de una situación contradictoria cargada de mucho pesimismo, sensación de inestabilidad, terror y miedo; pero, al mismo tiempo, buenas expectativas y optimismo en reducidos sectores de la comunidad universitaria no proclives a manejar posiciones apocalípticas en medio de las crisis.
La llegada a la Rectoría y su permanencia en el cargo la facilitó el actual Ministro de Educación Dr. Rodrigo Lloreda, quien presentó la propuesta de aplazar la consulta para el mes de Septiembre del año 2002; en ese momento con argumentos sospechosos y de muy bajo perfil, como aquel de que no existían condiciones debido a la violencia y terror que vivía la universidad. Con esos mismos argumentos, si es que tienen validez, en Colombia no se podrían realizar elecciones este año. Pero, por supuesto, fueron otras las razones para imponer la iniciativa. A nuestro entender, todo estaba fríamente calculado: sabían que no habría la más mínima reacción de rechazo a su aprobación; no por lo benévola de la misma, sino, por el miedo a la muerte que aún ronda a la Universidad del Atlántico.

Era lógico esperar que la comunidad, después de mí de tres años de mala dirección universitaria y a pesar del sentimiento generalizado de antipatía ante la decisión del Superior, aceptara con complacencia y reservas designación del representante de los profesores ante el Consejo Superior. El mismo día de su posesión, el nuevo Rector, ha debido convocar a un gran pacto por convivencia pacífica y la salvación de Uniatlántico con la única finalidad de definir estrategias para la formulan de políticas hacia la academia, el comportamiento colectivo y la realización de acciones para la superación de la problemática; teniendo en cuenta que es la suerte de la universidad la que está en juego y los intereses de una región que clama porque la institución retome el liderazgo que alguna vez tuvo para su beneficio económico sociopolítico y cultural.


Después de casi un año de gestión la situación signe siendo grave aunque reconocemos los esfuerzos que se hacen para liquidar el desorden administrativo, regularizar la realización de dos semestres académicos, avanzar hacia la acreditación de calidad de algunos programas académicos y mejorar los estados financieros de la universidad que a Septiembre de 2.001 hacían inviable académicamente a la universidad (el pasivo corriente era 16 veces mayor que el activo corriente, las obligaciones financieras sumaban más de 1.300 millones de pesos, las obligaciones laborales se elevaron a más de 6.800 millones, las obligaciones pensiónales a más de 10.000 millones; y frente a esta situación la universidad tiene un patrimonio negativo que supera los 29.000 millones de pesos y los ingresos totales durante el pasado año sumaron aproximadamente 54.000 millones, los cuales se destinaron para el pago de nóminas y algunos gastos financieros).
A la actual dirección no le podemos exigir que arregle en 8 meses lo que no hemos podido arreglar en más de 40 años de existencia. Pero lo que sí debemos reivindicar, es que rectifique rumbos y se comprometa a firmar con nuestros compromisos y voluntades el gran pacto del que hablamos en renglones anteriores para hacerlo posible y desarrollar las transformaciones deseadas. No puede aislarse ni aislar a quienes tienen el compromiso histórico de entregar a las nuevas generaciones una universidad mejor.
Hoy existe el ambiente apropiado, el clima institucional indicado y la voluntad de los estamentos universitarios para no ejercer resistencia al cambio. Aprovechemos la declaratoria del año 2.002 como el año de la Educación en el Departamento, para exigir al Doctor Ventura un mayor compromiso con la universidad. Ojala y al final de su mandato pueda entregar a la comunidad Uniatlánticense y nacional una universidad digna y viable.

¡QUE LASTIMA SEÑOR MINISTRO RODRIGO LLOREDA!
Febrero de 2002
El pasado 31 de Diciembre el Gobierno Nacional expidió el Decreto 2912, por el cual, "se establece el régimen salarial y prestacional de las Universidades Estatales u Oficiales del orden Nacional, Departamental, Municipal y Distrital". Este Decreto reemplaza al Decreto 1444 de 1.992, y, de la misma manera, sigue estableciendo el salario de los docentes de conformidad con un sistema de puntos cuyo valor lo fija anualmente el gobierno nacional.
El viejo Decreto para acumular puntos tenía en cuenta los siguientes factores: Títulos, categoría en el escalafón, experiencia calificada, productividad académica y cargos académico-administrativos. El 2912 sólo tiene en cuenta para acumular puntos los Títulos, la categoría y la antigüedad; a la cual, el nuevo Decreto le disminuye los puntos por año para luego repartirlos entre quienes ganen la Evaluación Periódica de Méritos. Estos concursos periódicos, que se realizarán cada dos (2) o tres (3) años según la categoría, sustituyen la experiencia «.i lineada, establecen el máximo de beneficiarios en cada una de ellas y los criterios para ascender o ingresar a las categorías de Asociado o Titular. Para concursar en la Evaluación periódica de Méritos, el Decreto, amparado en el trillado concepto de calidad académica, excede el rigor en la exigencia de requisitos; de tal manera, que se convierten en trabas y reducen al mínimo la participación de los docentes.
En opinión del Gobierno Nacional la reforma obedeció, entre otras cosas, a la falta de rigurosidad en la aplicación del Decreto, a la inexistencia de mecanismos de evaluación adecuados y porque no actuaba como motivador de la calidad académica sino como simple mecanismo de promoción salarial. Con el nuevo Decreto, a la luz de las consideraciones oficiales, incentiva al buen profesor, tanto en su actividad docente como investigativa, se asegura la congruencia en' finanzas y calidad y se garantiza la presencia de ésta en la educación.
En nuestra opinión el nuevo régimen es un retroceso frente al espíritu del 1444, porque introduce modificaciones sustanciales y profundas que afectan directamente la dinámica de la producción académica y Ion intereses salariales y prestacionales de los profesores universitarios, especialmente, de quienes inician SUH labores en la Universidad. En primer lugar, porque en adelante no será la propia universidad la que autónomamente establezca los criterios de evaluación para considerar los productos académicos de sus profesores; en segundo lugar, por la cantidad de requisitos y obstáculos que hay que superar para el reconocimiento de la producción académica y la participación en el concurso de méritos; y, por último, porque el Decreto desconoce las particularidades de cada Universidad y su correspondencia con las condiciones que le son propias, al establecer criterios homogéneos sobre la totalidad de las universidades públicas bajo el supuesto de superar así la "asignación arbitraria de puntos".

Por otro lado, la productividad académica ya no incidirá en el puntaje de los docentes, y, por lo tanto, no tendrá ningún efecto salarial pues los puntos sólo se tendrán en cuenta para la obtención anual de bonificaciones. Además, en adelante, será Colciencias quien definirá cuáles son las revistas del orden nacional e internacional susceptibles de asignación de puntajes.



Pareciera que al gobierno nacional le preocupa demasiado el hecho de que se hayan multiplicado las publicaciones en las universidades como efecto y consecuencia directa del estímulo del Decreto 1444; pues si algo positivo ha dejado el Decreto 1444 es la gran cantidad de revistas, textos y escritos diversos publicados por docentes. Cuánto le hubiéramos agradecido al Señor Ministro de educación, quien se enorgullece de presentar la reforma como un gran logro, de que antes de concebir a la nueva criatura hubiese leído y asimilado al escritor Escocés Carlyle cuando en una de sus obras sentenciaba: "la verdadera universidad y las fuentes perennes del conocimiento son los libros". ¡Que lástima Señor Ministro!
No es la calidad de la Educación la que está en juego, pues ésta no se decreta. En el fondo lo que se persigue es frenar el aumento del ingreso salarial de los docentes, utilizando un discurso mistificador y mentiroso sobre la calidad. Sabemos, y así lo han reconocido las autoridades académicas del país, que las reformas que se implementan, incluyendo las educativas, responden a las políticas de ajuste fiscal exigidas por el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.). Esta es la única y verdadera "realidad radical" sobre el asunto.
COLETILLA: La movilización nacional del profesorado universitario derrotó las pretensiones del Gobierno, quien debió implementar el nuevo Decreto 1279 del 19 de junio del 2002, "por el cual se estableció en forma definitiva el régimen salarial y prestacional de las Universidades Estatales u Oficiales del orden Nacional, Departamental, Municipal y Distrital.

A PROPÓSITO DE LA UDEA
Marzo 28 de 2002
Un amigo profesor, pensionado de la Universidad del Atlántico, criticaba y reprochaba algunas afirmaciones que he realizado en esta columna sobre la dirección de la Universidad del Atlántico, argumentando que en esta institución "nada ha cambiado desde que salió el anterior rector", y, que, por el contrario, "se ha retrocedido en materias tales como la publicación de libros, el desarrollo de eventos culturales y científicos y el aumento del acervo bibliográfico de la Universidad. La situación, continuaba diciendo en su comentario, sigue siendo crítica porque la politiquería no ha cesado, los micro-poderes organizados continúan haciendo de las suyas ante un Rector con lentes oscuros y una calculadora permanentemente en las manos, dedicado únicamente a sacar cuentas para ver cómo distribuye los escasos recursos que el gobierno nacional envía".
Con todo el respeto que me merecen esos comentarios, algunos de los cuales comparto, sigo convencido que el profesor Juan Romero Mendoza es un hombre honesto, cargado de una fuerza de voluntad impresionante y con la formación suficiente para emprender los cambios que requiere la Universidad; cambios que se han iniciado, pero que no se perciben fácilmente por el tamaño de las dificultades, y porque, a simple vista, da la impresión que los esfuerzos sólo se hacen para resolver las dificultades financieras por las que atraviesa la institución. Se me ocurre pensar que el profesor Romero, por su formación profesional y técnica, sabe que mientras no se resuelvan los problemas económicos no tienen salida favorable la reforma académica y la modernización administrativa que sugiere el mundo globalizado y moderno que vivimos. De allí, su permanente preocupación por este aspecto de la vida universitaria.
Pero sería injusto, igualmente, no reconocer que se han logrado adelantos significativos en la organización de los procesos académicos, y se trabaja con tesón en su fortalecimiento para lograr la calidad y posterior acreditación de algunos de nuestros programas. En donde da la impresión que no se avanza es en el nivel puramente administrativo. Aquí, la mediocridad, la negligencia y el desorden de algunos funcionarios siguen imperando. Es urgente adelantar políticas eficaces de modernización para acabar con la lentitud y artesanía del sistema, establecer controles y evitar que se siga afectando e] patrimonio económico de la universidad.
A propósito de los avances en el campo académico, recibimos una carta del profesor José Gabriel Colcy Pérez, decano de la Facultad de Ciencias Humanas, en la cual, contrastando el comentario al comienzo aludido, da cuenta de los cambios reales de la academia y de la excelentes posibilidades que tienen los jóvenes bachilleres para acceder a los nuevos programas de Historia, Sociología, Filosofía, programas que tienen abiertas la inscripciones hasta próximo 12 de Abril. Por tratarse de un gran estímulo y una buena opción, transcribimos apartes de la misma:
"Existe la tendencia entre los jóvenes bachilleres a inclinarse por las carreras tradicionales que históricamente ha venido ofreciendo esta institución, con lo cual, al terminar su profesión y salir al mercado laboral, se aumenta el desempleo ilustrado, la frustración y el desengaño. Esto se debe, fundamentalmente, a que ignoran la existencia de nuevas alternativas profesionales, sobre todo, en el campo de las llamadas "Humanidades". Pues bien, la Universidad del Atlántico, consciente de ello, y dentro del marco la Ley 30 de 1992, creó la Facultad de Ciencias Humanas, la más joven de nuestra Alma Máter, y, a partir de 1997, comenzó la diversificación de las "humanidades ", pero llamándolas a cada una por su verdadero nombre.
Las carreras de Historia, Sociología y Filosofía son hoy una realidad y distintas unas de otras; no se trata de meter todo en un mismo saco sino diferenciarlas. Esto es, formar Historiadores, Filólogos y Filósofos, cada uno en su propio campo científico especial. Sobre todo, en esta Colombia tan falta como está de historiadores, filósofos y sociólogos que piensen o re-piensen nuestro país, que tanto nos duele, y reorienten su rumbo".
Con seguridad, Doctor Colley, esos programas se fortalecerán para bien de la Universidad, la región y el país. Hay que ampliar la cobertura universitaria diversificando las opciones.
La Universidad tiene un buen Rector y algunos buenos directivos. Estoy seguro que mejoraremos en medio de las dificultades y las diferencias. Ojala y la vecindad de nuevos procesos eleccionarios al interior de la Universidad no impidan que los cambios e impulsos continúen. Primero la Universidad y luego los intereses políticos y de grupo. Las elecciones son parte de la democracia, no la democracia misma.


A PROPOSITO DEL 7 DE ABRIL
Abril 4 de 2002
El próximo 7 de Abril cumple Barranquilla 189 años de haber sido erigida en Villa. Aquel día, 7 de Abril de I 813, significó un paso importante en su proceso de desarrollo económico, político, social, cultural y administrativo; por esa razón, se considera importante esa lecha y cada año se festeja un aniversario más de la ciudad.
Barranquilla, a diferencia de otras ciudades importan-les en el concierto Nacional, no tiene un fundador determinado, ni tiene una fecha de origen única, como nos lo recuerda el ilustre hijo de Sabanalarga José Agustín Blanco Barros en uno de sus libros, tal vez el más importante que se ha escrito sobre la región: El Norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla:
"... la capital de la alegría, la paz y la amabilidad de Colombia, en su remoto origen, no es el resultado de un acto formal, expreso y único de fundación, plasmable en una diligencia escrita y firmada por diez o veinte funcionarios y personas particulares. El surgimiento de Barranquilla fue el resultado de todo un proceso étnico, laborioso y social, de una conjugación geográfica histórica en la cual semejante papel jugaron el ambiente físico y la acción humana. El ambiente físico, traducido en una compleja realidad natural, caracterizada por una desembocadura fluvial grande, y, diversificada en playones y acumulaciones de sedimentos de diferente edad, caños y ciénagas en perpetuo proceso de cambio... La acción humana fue la de gentes provenientes de los más insospechados horizontes: Cartagena o Mompox; Santa Marta o Ciénaga; la península Ibérica o las Islas Can! las Haciendas de Tierradentro con sus vaqueros, corraleros, porqueros o esclavos de Guinea o de Angola…; o, aún, las mismas encomiendas que engendraban población mezclada; indígenas a jornal oriundos de Malambo o supérstite de la mortal boga del Río Grande di I Magdalena y que jamás retornarían al reino de donde habían sido arrancados; agricultores y ganado-artesanos o remeros; clérigos o funcionarios del Rey prestamistas de dinero o negociantes de los más inusitados dos renglones del comercio; y mujeres de las más adineradas clases y condición social: viudas adineras, mujeril' indias etc."
La existencia histórica de Barranquilla tiene dos momentos importantes: la existencia precolombina de un pueblo indígena llamado Kamach o Camacho y la fundación de la Hacienda de San Nicolás, por Don Nicolás de Barros y de la Guerra, en la barranca y orilla del Río Grande de la Magdalena. El pueblo indígena se estableció en este mismo sitio, en un área muy importante, y, sus comienzos se hunden profundamente en la cronología pre-herediana, tal vez, desde finales del segundo milenio antes de Cristo. Se ubicaron allí, para fijar sus varaderos de canoas y para vivir de la actividades de la pesca, la cual, combinaban con la agricultura de la yuca, el maíz y la auyama. En Kamach, pescaban no solo los indios del lugar, sino, también, otros más alejados: como los de Galapa y Malambo.
Los indios de Kamach debían ir a Malambo viejo, subiendo como tres leguas castellanas por el Río Grande de la Magdalena, para recibir, del cura doctrinero de la época, las enseñanzas en las oraciones y en los principios fundamentales en la fe católica. Todo parece indicar, que el pueblo indio se extinguió después del año de 1.560, época en que el encomendero de Galapa se apropió ilegalmente de los aborígenes. La extinción debió obedecer a las mismas razones que la hicieron posible en otros lugares: el trabajo forzado al que fueron sometidos los indios y la presencia de enfermedades, traídas por los españoles, como la viruela, el sarampión y el tabardillo.
La existencia de este pueblo, como ya lo señalamos anteriormente, fue el primer momento en la evolución inicial de Barranquilla. El segundo momento fue el establecimiento de la Hacienda San Nicolás en las barrancas de Camacho, después de 1.627.
La posterior transformación de un área de la Hacienda, i-n "sitio de vecinos Ubres", debió darse desde el mismo instante en que el propietario se vio en la necesidad de permitir a sus trabajadores: vaqueros, corraleros, indígenas esclavos etc., que construyeran sus bohíos o viviendas dentro de los linderos de su propiedad y abrieran rozas para cultivar. Este hecho histórico, la posición astronómica y la localización geográfica de las barrancas de Camacho o San Nicolás, como puerto, debieron permitir el rápido crecimiento demográfico y el posterior desarrollo económico, social y cultural de "la orillabajita" (Barranquilla).
Esta versión histórica pone en cuestión la vieja historia de que Barranquilla fue fundada por Galaperos. Para eso es la Historia, para pensarla y repensarla.

LEER Y ESCRIBIR ES LA CLAVE
Abril 25 de 2002
El pasado 23 de Abril se conmemoró el día del idioma por cumplirse un año más de la muerte del español Miguel de Cervantes Saavedra (1.547-1.616). Este autor, es considerado "el más auténtico y universal de los clásicos españoles". Su obra más importante El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, es el complemento de una obra de mayor envergadura que "recorre los diferentes géneros literarios y, en un exquisito lenguaje, idealista y realista a la vez, deja evidencia de su profundo conocimiento de la vida". El éxito de esa novela universal y sus innumerables influencias en el mundo entero, no admiten dudas.
Ese día es una oportunidad que nos brinda la historia, cada año, para profundizar las reflexiones que diariamente hacemos sobre la riqueza de nuestra lengua y los avances que les son característicos. Igualmente, para homenajear, de diferentes maneras, el día del idioma, Hoy queremos hacerlo, desde esta columna, considerando la importancia de la lectura y del difícil arte de escribir.
Pero como docentes, no deberíamos esperar el mes de Abril para acordarnos que no hay nada más importante para el estudio y la investigación, en el aula de clases y fuera de ella, que la buena lectura y la correcta escritura. Leer y escribir lo más que podamos es un imperativo de nuestros tiempos, aunque nunca alcancemos los honores que los grandes han logrado. Es un hábito que sólo lo construimos a fuerza de voluntad y acción. A nadie le agrada leer y escribir porque nació con esas tendencias literarias. Si existe o no una predisposición o codificación genética que nos permita explicar el origen del amor por la lectura y la escritura, lo sabrán los biólogos genetistas. Siempre he creído que es, más bien, un problema de hondo contenido cultural y educativo.
Si el ambiente que nos rodea no está impregnado de ese raro y a veces molestoso olor de los libros, si nadie lee y manipula libros en el hogar, y, si al llegar a la escuela encontramos un maestro que solo se interesa por transmitir, aerifica y mecánicamente, lo que ha aprendido en los libros, entonces, serán otras las inclinaciones del ser humano en formación y desarrollo,
Para construir el hábito por la lectura y la escritura, en nuestros hijos y estudiantes, la única alternativa posible, aún si el ambiente no es el propicio, es forzarlos u obligarlos, con argumentos sólidos y constantes, a leer y escribir. Esta acción estratégica si se realiza mancomunadamente (padre-maestro-hijo) entrega al final resultados asombrosos. El padre no debe esperar que el maestro le escriba, en el control al hijo, cuántos minutos debe leer diariamente, ni el maestro esperar la clase de Español o de Literatura para cumplir con tan noble propósito. Esta es una labor diaria y constante que si bien es cierto debe cumplir con lineamientos vivénciales y auriculares, también es cierto, que ella debe desprenderse de la necesidad biológica, cultural y educativa de formarnos como auténticos ciudadanos en el arte de leer y escribir. Entendiendo, claro está, que es un proceso difícil y con los inconvenientes propios de una sociedad que lo que más estimula son los antivalores.
El maestro universitario, debería recibir en la universidad a un estudiante con algunas facilidades mentales para realizar lecturas comprensivas y con habilidades para escribir, con alguna coherencia gramatical, lo que se piensa, lee y reflexiona. Pero como en la mayoría de los casos no es así, no nos queda otro camino, entonces, que apropiarnos de la tarea y contribuir con la formación del hábito de la lectura y la escritura, a través de ejercicios permanentes. Toda lectura debe ir acompañada de un resumen, y, en lo posible, de éstas debe desprenderse una reflexión escrita (artículo o ensayo). Además, es conveniente que en el aula universitaria se realicen lecturas en voz alta sobre textos específicos y esenciales, o sobre los mejores artículos del profesor y de los estudiantes, para dialogar sobre su contenido y realizar los comentarios críticos necesarios. Profesor que no escriba sus experiencias científicas, culturales, educativas, políticas o literarias y no obligue a sus alumnos a hacer lo mismo, creo que no está a la altura de las circunstancias y exigencias de la pedagogía contemporánea y postmoderna. Es un maestro en sospecha.
Lo he repetido incesantemente en reuniones y en el aula de clases: la clave, para hacer mejor lo que hacemos bien en el campo educativo, es aprender a leer comprensivamente y a escribir coherente y gramaticalmente bien. Si no nos esmeramos por lograr superar las deficiencias en este aspecto, tan trascendental de la vida académica, no podremos hablar con certeza de la calidad de la educación y de los necesarios cambios para alcanzar la excelencia de la que tanto hablamos en reuniones y cócteles. A leer y escribir, esa es la clave.

UDEA: LA ÚLTIMA TOMA
Mayo 23 de 2002
El pasado viernes, 10 de Mayo, se levantó la toma de las instalaciones de la Universidad del Atlántico que adelantaban los pensionados, desde hacía más de 15 días, y que imposibilitó que el primer semestre académico de este año iniciara sus labores. Fue un eslabón más de la cadena de tomas y visitas permanentes que, periódicamente, se adelantan en la institución, cuando se trata de presionar para que los directivos resuelvan asuntos o problemas que afectan a determinados sectores de la vida universitaria. En otras oportunidades me he referido a este problema como uno de los más delicados de nuestra Alma Máter y, tal vez, el que requiere, con más urgencia, de soluciones radicales. Hoy, debo reconocer que el actual Rector, profesor Juan Romero Mendoza, en escasos 13 meses de administración, sobre la solución a tan delicada situación, ha avanzado más de lo que avanzaron las últimas 2 administraciones de la universidad en 6 años.
Por considerarlos interesantes, me voy a permitir insertar en esta columna unos comentarios escritos, sobre el particular, que me envió el Decano de la Facultad de Ciencias Humanas, Doctor José Gabriel Colley. Los comentarios del profesor Colley, como siempre, coherentes, muy bien escritos y con la cortesía del filósofo. Veamos:
"La última toma a la que asistimos en la Universidad del Atlántico, deberá ser realmente la última toma si queremos seguir existiendo como Universidad. La actual administración ha hecho todos los esfuerzos posibles para el saneamiento financiero de la institución. Por eso, hoy estamos "Ad portas " de hacer realidad el aporte de la nación del macro-bono que resolverá, en buena parte, nuestro déficit crónico. Este macro- j bono definitivamente dará cuenta del problema de los jubilados en un 76.5%, correspondiéndole al departamento y a la misma Universidad asumir el resto, lo cual es ya una cifra manejable.
El estudio del cálculo actuarial, que debió haberse presentado entre 1.993 y 1.995, ya fue entregado por esta administración al Ministerio de Hacienda y hoy día, solo falta que se haga efectivo un ajuste en las notas técnicas de los distintos escenarios económicos proyectados. Por eso, la última toma menos se justificó. La mensura entre los tomistas ha debido imperar antes que la desesperación. Sobre todo, si hubiesen tenido en cuenta las gestiones que se están haciendo para superar las dificultades presupuéstales que nos aquejan de tiempo atrás.
Impedir el ingreso de los estudiantes, razón de ser de la inversión del Estado en la educación, puede llegar a convertirse, en nuestro caso, en suicidio colectivo, por sustracción de materia. No haber comenzado el 29 de abril el primer semestre del 2002, es darle razones al gobierno para que nos intervengan. Nadie puede cerrar lo que ya esta cerrado. O, tomado, que es lo mismo. La esencia de la institución es la academia; y ésta no puede desarrollarse si sus instalaciones físicas no están abiertas para todos los miembros de la comunidad que la conforman.
Los directivos que estamos hoy en turno no somos enemigos de los pensionados. Hacia allá vamos todos. No somos antisindicalistas, estamos sindicalizados. Nuestros cargos no son eternos, volveremos a la base. Los profesores vinculados por resolución de nombramiento a término definido, son nuestros colegas. Esto significa simplemente que la universidad pertenece a todos, y, por eso, no podemos cerrarla, es nuestro único hábitat posible. Todos hemos hecho de ella nuestro proyecto de vida. Mil, y una razón, hacen condenables el rosario de tomas institucionales de los últimos años. Es la reflexión, la unión de voluntades y el sosiego los que deben guiar siempre nuestros actos como seres universitarios para buscar soluciones duraderas. De nuestra parte nunca encontrarán negativa para el diálogo, la discusión inteligente y la concertación.
Empero, es necesario alertarlos sobre otras espinas que vienen germinando. De un tiempo hacia acá, el fantasma de la deserción estudiantil recorre la universidad del atlántico. Incluso, y sin pretender sembrar terror alguno, según estudios realizados, cada estudiante nuestro le cuesta a la nación, anualmente, una suma que asciende a varios millones de pesos. Sin embargo, ya vamos casi para la mitad del año 2.002 y apenas recién comenzamos el primer semestre. Puede ser, y es fácilmente justificable, que el estado se resista a girar dineros a una institución suya que no cumple con la función social para la cual fue creada. Mejor negocio podría ser subsidiar a los estudiantes en universidades privadas, ahora que tanto se habla de privatización. Ojo, este camino es el que sí hay que cerrar.
Por último, y creemos que ese fue nuestro propósito inicial de persuasión, es que esta sea la última toma. La seguridad económica será garantía para todos nosotros en un tiempo que ya casi es presente... pero los estudiantes esperan no sabemos hasta cuando. No sabemos tampoco el tamaño de su esperanza, o de pronto, de su arrepentimiento.
La universidad debe estar siempre abierta para que pueda haber futuro y para que nos unifiquemos en su defensa. Es la única manera de que continúe con vida. Seguimos creyendo que, así como nos unificamos con el dolor ante la muerte que tanto nos ha enlutado, también unifiquémonos por una causa mayor: la vida. La vida nuestra, la de nuestros hijos, la de nuestros estudiantes, esto es la vida de la Universidad del Atlántico. Por todos ellos, por nosotros, por la Región Caribe, los invitamos a que la pasada toma sea la última, para que, por fin, los estudiantes puedan asistir normalmente a sus clases y continúen en el futuro con paz académica y sin interrupciones. Recordemos que ellos son nuestra única esperanza de existir".
Hasta allí, los comentarios escritos por el profesor Colley. Con ellos, estamos de acuerdo. La pasada toma debe ser la última, no solo porque la razón de ser de la universidad es la academia, sino, igualmente, porque su existencia sólo se justifica, comprende y racionaliza con las puertas abiertas. Nada excusa su cierre, ni siquiera una causa tan noble y justa como la de los pensionados.



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