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PSICOPATOLOGÍA DE LA DELINCUENCIA JUVENIL. EVALUACIÓN PSICOLÓGICA DEL MENOR QUE DELINQUE



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PSICOPATOLOGÍA DE LA DELINCUENCIA JUVENIL. EVALUACIÓN PSICOLÓGICA DEL MENOR QUE DELINQUE.


Josep Ramón Juárez.

Doctor en Psicología. Profesor Asociado de Psicología y Criminología. Psicólogo forense del Departamento de Justicia de la Generalitat de Catalunya. GIRONA.

Resumen


Tal y como nos refiere Musitu3 los últimos estudios sobre menores infractores nos indican que se ha producido un cambio cualitativo y cuantitativo en la tipología de su conducta delictiva. Un incremento de los actos que han infringido daños a bienes materiales (tanto públicos como privados) además de un significativo incremento de las conductas dirigidas contra las personas. Es cierto, que además debemos considerar con mucha relatividad las cifras y estadísticas sobre los delitos realizados por adolescentes, puesto que éstos últimos suelen ser mucho más frecuentes y dispares. Algunos autores señalan que estas cifras oficiales tan sólo reflejan el 2% de los delitos que los adolescentes informan.

En Cataluña4, sin ir más lejos, 7.400 menores delincuentes, es decir, casi un 3% de la población juvenil de edades comprendidas entre 14 y 17 años, son atendidos por el sistema de Justicia Juvenil. Un adolescente con un promedio de edad de 17 años, varón (84%), donde el 85% no tienen expedientes previos (la media de edad es de 16 años en varones y 15,5 años en las mujeres, en su primer expediente judicial), español (73%) –aunque de los internados en centros, la población inmigrante es equivalente a la de nuestro país-. En cuanto a los delitos, el 50% es contra la propiedad y en un 23%, son lesiones.

A partir de la entrada en vigor de la Ley 5/2000, se observa un incremento de la dispersión de la edad (en centros de internamiento: 15-23 años), aparecen adolescentes con una carrera delictiva estable (con lo cual se convierten refractarios a las diferentes intervenciones educativas, con historiales anteriores en instituciones de protección y que continuaran su carrera delictiva como adultos), se incrementa –especialmente- el número de menores inmigrantes y sobretodo, surgen problemas relacionados con la salud mental y el consumo de drogas (patología dual). Se observa una aparición de conductas más violentas sin una explicación funcional, y en muchos casos, de familias normalizadas.

Uno de los pocos estudios realizados con adolescentes agresores sexuales realizado por Casals y Juárez5 basado en una muestra de menores acusados de delitos contra la libertad sexual, analizó un conjunto de 19 variables definiendo un perfil más actualizado de las características de estos jóvenes, profundizando especialmente en dos aspectos: el autoconcepto del adolescente y la visión y concepto que sus padres tenían de él. Los resultados mostraron que había creencias anteriores que debían ser revisadas y que confirmaban las últimas investigaciones realizadas: núcleos familiares

normalizados, adecuadas habilidades sociales y falta de antecedentes traumáticos familiares y judiciales, eran, entre otras, las características que describían a estos menores infractores. También se observó la característica común de haber tenido experiencias sexuales previas junto con el consumo de tóxicos anterior a los incidentes. Estos menores tenían un autoconcepto y autoimagen muy positiva. Destacó, no obstante, una total falta de empatía hacia la víctima, expresada junto con una reacción emocional de insensibilidad y frialdad. Se relacionó esta característica de personalidad con la escala P (dureza) del modelo de personalidad de Eysenck, que define un sujeto duro, insensible, despreocupado con las personas, inhumano y que puede presentar falta de sentimientos y empatia.

Belda Grindley y Molinero Roldán6 encuentran el siguiente perfil del menor infractor, encontrado en los recursos específicos de tratamiento ambulatorio en salud mental:



- La edad media con la que suelen cometer el delito es de 16,4 años.

- En cuanto al sexo, las cifras varían dependiendo de que exista un centro de internamiento femenino o no en la zona. Los datos oscilan entre un 22%-35% de chicas y un 65%-77% de chicos.

- El 97% de los menores no han llegado al último curso de la ESO y entorno a un 80% presenta absentismo escolar.

- Los delitos que han cometido los menores que nos llegan suelen ser en su mayoría maltrato familiar (49%), la otra mitad se reparte entre delitos de robo con violencia, agresión sexual o robo con fuerza.

- En cuanto a la duración de las medidas de tratamiento ambulatorio: un 42% duran entre 6 y 12 meses un 27% duran entre 12 y 18 meses y un 19 % duran entre 3 y 6 meses.

- Las familias suelen ser en su mayoría formadas por 2 o 3 hijos, la mitad de ellas monoparentales y la mayoría no viven en entornos sociales deprimidos o con economía precaria, suelen presentar sucesos traumáticos en un 73% de los casos, con presencia de violencia familiar en un 57% de los casos. Un 55% de las familias presentan pautas educativas contrarias y aproximadamente la mitad presentan falta de supervisión sobre los hijos. Un 54% de las familias reconocen el delito y colaboran en el tratamiento.

- En cuanto a las características de los menores un 77% presenta baja empatía, un 77% carencias afectivas en su desarrollo y un 94% problemas con el cumplimiento de normas. Un 97% tienen baja tolerancia a la frustración y un 84% presenta en su historia conductas disruptivas básicas (rabietas, no seguimiento de instrucciones y comportamientos destructivos). El 48% de los casos reconocen el delito y colaboran en el tratamiento.

- En cuanto a los trastornos encontrados, el más frecuente es el trastorno disocial (aprox. 20%), en segundo lugar el consumo de sustancias (en torno a un 14%), luego sigue un grupo de trastornos iguales en prevalencia (trastornos de ansiedad, trastornos negativista desafiante, trastornos del estado de ánimo, el trastorno límite de personalidad y en el grupo menos prevalente (inferior al 5%) se recogen casos de trastornos adaptativos, del control de impulsos, trastornos obsesivo compulsivos, trastornos paranoides, esquizoides y trastornos psicóticos.

El estudio realizado en el Principado de Asturias desde la entrada en vigor de la Ley 5/2000, por el Grupo de Investigación en Familia e Infancia, dirigido por Jorge Fernández de Valle7 mediante la aplicación de YSR (Youth Self-Report) de Achenbach (2007) ofrecen sus resultados divididos en conductas internalizadas, externalizadas e ítems problema. Así, en conductas internalizadas, destacan la presencia de problemas de relación (aislamiento), depresión, nerviosismo, miedos o ansiedad y agotamiento. En conductas externalizadas, destacan la presencia de agresividad verbal y carácter fuerte.

Finalmente, como ítems problema destacan la dificultad para estar sentado, tacañería, temor ante los propios impulsos, culpabilidad, impulsividad, cambios de humor, retraimiento, pensamientos reiterativos, lenguaje sucio, obsesión por la limpieza, tendencia a la preocupación, consumo de alcohol y drogas.

Benavente Rodríguez8 del Centro Terapéutico Montefiz de Galicia, recogiendo la experiencia de cuatro años (2001-05) afirma que es cada vez mayor la presencia de trastornos de la personalidad (25% en 2001 hasta el 45% en el 2005), decreciendo la presencia de los trastornos de comportamiento como diagnóstico principal (50% en el 2003, 39% en 2005). Aumenta también el porcentaje de trastornos psicóticos. Así, el perfil tipo del menor usuario del citado centro durante sus cinco años de existencia sería el de un varón, de 16 años, ingresado por un delito de violencia familiar, con diagnóstico de trastorno mixto de la personalidad grave, comorbilidad con consumo de tóxicos, que evoluciona lentamente, y con un pronóstico muy ligado a la red de apoyo

existente en su entorno social y familiar tanto durante como posteriormente al desinternamiento. El propio autor afirma que la evolución de este perfil se caracteriza por un agravamiento de las patologías tratadas con una mayor presencia de la personalidad patológica y trastornos psicóticos, un leve descenso en la edad de ingreso y un aumento significativo en el número de menores procedentes de familias estructuradas (35%) o reconstituidas (29%).

En resumen, el perfil psicológico del adolescente infractor, a partir de los estudios presentados, se caracteriza por la presencia de trastornos psicopatológicos cada vez más graves e instaurados en su esquema mental. El consumo de tóxicos junto con la presencia de al menos, un trastorno mental (patología dual) es el gran reto de la intervención psicoeducativa que la ley 5/2000 incorpora en su catálogo de medidas de responsabilidad penal del menor. Observamos adolescentes con una carrera delictiva estable, expresando conductas más violentas, muchas veces sin una explicación funcional, y en muchos casos, de familias normalizadas y sin expedientes previos en el ámbito de Justicia Juvenil.







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