Índice introducción la historia de jesúS



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LEONARDO BOFF
JESUCRISTO EL LIBERADOR

Ensayo de Cristología crítica para nuestro tiempo

Índice
INTRODUCCIÓN

1. LA HISTORIA DE LA HISTORIA DE JESÚS

1. La respuesta de la fe tranquila

2. Las respuestas de la era del criticismo

a) ¿ Cómo sabemos que Jesús existió ?

b) No hay ni puede haber una biografía de Jesús

c) ¿Primacía del Cristo de la fe sobre el Jesús histórico,

de la leyenda sobre la historia,

de la interpretación sobre el hecho?

3. La vuelta al Jesús histórico. Jesulogia y Cristologia

a) La continuidad entre Jesús y Cristo: la cristologia indirecta

b) Concentración y reducción cristológicas: los teólogos de la muerte de Dios

c) Cristologia de la palabra, del silencio y del balbuceo

4. Otras posiciones cristológicas actuales

a) Interpretación filosófico-trascendental de Jesús

b) Interpretación cósmico-evolucionista de Jesucristo

c) Interpretación de Jesús con ayuda de las categorías de la psicología profunda

d) Interpretación secular y crítico-social de Jesucristo

e) El significado de la experiencia de Cristo en la juventud de hoy



2. ¿COMO LLEGAMOS A CONOCER A CRISTO? EL PROBLEMA HERMENEUTICO

1. La hermenéutica históricocrítica

a) El método de la historia de las formas

b) El método de la historia de las tradiciones

c) El método de la historia de las redacciones

2. La hermenéutica existencial

a) El círculo hermenéutico y su sentido

b) La hermenéutica de la existencia política

3. La hermenéutica histórico-salvífica

4. Para una Cristologia en América Latina

a) Primacía del elemento antropológico sobre el eclesiológico

b) Primacía del elemento utópico sobre el fáctico

c) Primacía del elemento crítico sobre el dogmático

d) Primacía de lo social sobre lo personal

e) Primacía de la ortopraxis sobre la ortodoxia..

5. Conclusión: Hablar en silencio a partir de Jesucristo



3. EN DEFINITIVA, ¿QUE PRETENDIÓ JESUCRISTO?

1. Para comprender las respuestas necesitamos entender las preguntas

2. Jesús predica un sentido absoluto para nuestro mundo

3. Una vieja utopía se está realizando

4. El Reino de Dios no es un territorio, sino un nuevo orden de las cosas

5. El Reino de Dios no es únicamente espiritual

6. «Y el pueblo se hallaba en ansiosa expectación»....

7. Conclusión: El asumió nuestros más profundos anhelos



4. JESUCRISTO, LIBERADOR DE LA CONDICIÓN HUMANA

1. El Reino de Dios supone una revolución en el modo de pensar y de actuar

a) Jesucristo, el liberador de la conciencia oprimida

b) El comportamiento del hombre nuevo

2. El Reino de Dios supone una revolución del mundo de la persona

3. Conclusión: La relevancia teológica de las actitudes del Jesús histórico



5. JESÚS, UN HOMBRE DE EXTRAORDINARIO BUEN SENTIDO, FANTASÍA CREADORA Y ORIGINALIDAD

1. Jesús, un hombre de extraordinario buen sentido y sana razón

a) Jesús es profeta y maestro. Pero es diferente..

b) Jesús no pretende decir cosas a toda costa nuevas

c) Jesús apela a la sana razón porque desea que entendamos

d) Jesús no pinta el mundo peor ni mejor de lo que es

e) En Jesús se manifiesta todo lo que es auténticamente humano: la ira y la alegría, la bondad y el rigor, la amistad, la tristeza y la tentación

2. Jesús, un hombre de singular fantasía creadora

a) Jesús, un hombre con el valor de decir: Yo ...

b) Jesús no empleó nunca la palabra «obediencia»

c) Jesús no tiene esquemas prefabricados

d) ¿Fue Jesús un liberal?

3. La originalidad de Jesús

4. Conclusión: Relevancia teológica del comportamiento de Jesús



6. EL SENTIDO DE LA MUERTE DE JESÚS

1. El proceso contra Jesús

a) La popularidad de Jesús

b) Jesús es alguien que desconcierta

c) Jesús es alguien que provoca una crisis radical

d) «Cazar» a Jesús, sea como sea

e) Jesús es condenado como «blasfemo» y guerrillero

2. «Habiendo amado... amó hasta el extremo»

a) La fe y la esperanza de Jesús

b) ¿ Contaba Jesús con la posibilidad de una muerte violenta?

3. El sinsentido tiene un secreto sentido

7. LA RESURRECCIÓN: REALIZACIÓN DE UNA UTOPIA HUMANA

1. La grama no llegó a crecer sobre la tumba de Jesús

2. ¿Qué dice la exégesis moderna sobre la Resurrección de Jesús?

a) La tumba vacía no dio origen a la fe en la Resurrección

b) Las apariciones de Cristo, origen de la fe en la Resurrección

3. Con la Resurrección todo se ilumina

a) La Resurrección rehabilitó a Jesús ante el mundo

b) Con la Resurrección de Jesús se ha dado comienzo ya al fin del mundo

c) La Resurrección reveló que la muerte de Jesús fue por nuestros pecados

d) La muerte y la Resurrección dan origen a la Iglesia

4. La relevancia antropológica de la Resurrección de Jesús

a) Para el cristiano ya no hay utopía, sino únicamente «topía»

b) Dios no sustituye lo viejo por lo nuevo, sino que convierte lo viejo en nuevo

c) El fin de los caminos de Dios: el hombre-cuerpo

d) ¿La resurrección en la muerte?

8. ¿QUIEN FUE, EN DEFINITIVA, JESÚS DE NAZARET?

1. La soberanía de Jesús: La Cristología indirecta ....

a) La admiración como antesala de la filosofía y de la Cristología

b) Cristología negativa

c) Cristología positiva

2. Jesulogía: ¿Cómo se concebía Jesús a sí mismo? ..

3. La Resurrección de Jesús: La Cristología directa ..

a) Para la comunidad cristiana de Palestina, Jesús es el Cristo, el Hijo del hombre, etc

b) Para los judeo-cristianos de la diáspora, Jesús es el nuevo Adán y el Señor

c) Para los cristianos helenistas, Jesús es el Salvador, Cabeza del cosmos, Hijo Unigénito de Dios, y Dios en persona

4. Conclusión: No basta con dar títulos a Jesús y llamarle: «¡Señor, Señor!»

9. EL PROCESO CRISTOLOGICO PROSIGUE.

LOS RELATOS DE LA INFANCIA DE JESÚS: ¿TEOLOGÍA O HISTORIA?

1. La fe que intenta comprender

2. Mateo y Lucas: Jesús es el punto Omega de la historia. José y la concepción virginal en Mateo: Una acotación a la genealogía

4. ¿Quiso Lucas contar la concepción virginal de Jesús?

5. ¿Dónde habría nacido Jesús: en Belén o en Nazaret?

6. ¿Quiénes son los pastores de los campos de Belén?

7. San Mateo: Jesús es el nuevo Moisés y el liberador deria, el Mesías, el Hijo esperado de David, el Hijo de Dios finitivo

a) ¿Qué significan los reyes magos y la estrella?

b) Al igual que el primer liberador (Moisés), así también el último (Jesucristo)

8. Conclusión: La Navidad, ayer y hoy, la misma verdad



10. ¡ASI DE HUMANO SOLO PUEDE SERLO EL MISMO DIOS! JESÚS, EL HOMBRE QUE ES DIOS

1. Un Dios humano y un hombre divino

2. No podemos hablar sobre Jesucristo, sino únicamente a partir de él

3. Una difícil tensión: Ni de más ni de menos a JesúsDios; ni de más ni de menos a Jesús-Hombre

a) Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios

b) Un hombre total fue asumido por el Verbo eterno

4. Calcedonia: Una fórmula de reconciliación entre la dualidad y la unidad

5. Jesús: El hombre que es Dios y el Dios que es hombre

6. La impecabilidad de Jesús: El venció desde dentro a la condición humana pecadora

7. Todos estamos destinados a ser imagen y semejanza de Jesucristo



11. ¿DONDE ENCONTRAR HOY A CRISTO RESUCITADO?

1. El cristianismo no vive de una añoranza, sino que celebra una presencia

2. Comprender el mundo a partir de su futuro ya manifestado

3. Algunas maneras de presencia de Cristo Resucitado, hoy

a) El Cristo cósmico: «La historia está grávida de Cristo»

b) ¿Interesa Cristo únicamente a la tierra, o a todo el cosmos?

c) El hombre, el principal sacramento de Cristo

d) La presencia de Cristo en los cristianos anónimos o encubiertos

e) La presencia de Cristo en los cristianos explícitos y declarados

f) La Iglesia Católica, el sacramento primordial de la presencia del Señor

4. Conclusión: El orgullo de la copa está en la bebida; su humildad, en el servir

12. ¿COMO 12LLAMAR HOY A JESUCRISTO?

1. En Cristología no basta con saber lo que otros supieron

a) La fe en Cristo no se reduce al arcañmo de las fórmulas

b) La fe no permite ideologizar los títulos de Jesús

2. El puente entre Cristo y nosotros

3. Elementos de una cristología en lenguaje secular .

a) Cristo como el punto Omega de la evolución, el «homo revelatus» y el futuro presente

b) Cristo como conciliación de contrarios, medio divino y formidable curtimbre

c) Cristo, contestatario, reformador, revolucionario y liberador

d) Jesucristo, arquetipo de la más perfecta individualización

e) Jesucristo, nuestro hermano mayor f) Jesús, Dios de los hombres y Dios-con-nosotros

4. Conclusión: Cristo, memoria y conciencia crítica de la humanidad



13. JESUCRISTO Y EL CRISTIANISMO. REFLEXIONES SOBRE LA ESENCIA DEL CRISTIANISMO

1. El cristianismo es tan vasto como el mundo

2. La plena hominización del hombre supone la hominización de Dios

3. La estructura crística y el misterio del Dios Trino

4. El cristianismo: Una res-puesta res-ponsable a una pro-puesta

5. El cristianismo católico: La articulación institucionalmente más perfecta del cristianismo

6. Jesucristo: «Todo en todas las cosas» 7. Conclusión: La esperanza y el futuro de Jesucristo.

INTRODUCCIÓN

La doctrina acerca de Cristo tiene su comienzo en el silencio. «Enmudezca y recójase, pues es el Absoluto» (Kierkegaard). Esto nada tiene que ver con el silencio mistagógico que, en su enmudecimiento, no pasa de ser palabrería del alma consigo misma. El silencio de la Iglesia es el silencio ante la Palabra. Al anunciar la Palabra, la Iglesia verdaderamente cae de rodillas en silencio ante lo Inefable y lo Inexpresable. La Palabra hablada es lo Inefable. Y lo Inefable es la Palabra. Pero la Palabra ha de ser hablada, porque es el gran grito que resuena en el campo de batalla (Lutero). Sin embargo, aunque sea gritada por la Iglesia para el mundo, la Palabra sigue siendo lo Inefable. Hablar de Cristo significa callar. Callar de Cristo significa hablar. La Palabra fecunda de la Iglesia, nacida del fecundo silencio, es la predicación acerca de Cristo.

Lo que intentamos hacer es ciencia acerca de esa predicación. Sin embargo, sólo en la predicación se revela su objeto. Hablar de Cristo deberá significar, necesariamente, hablar en el espacio silencioso de la Iglesia. Hacemos Cristología en el silencio humilde, insertos en la comunidad sacramental que adora. Rezar es, a un tiempo, callar y gritar delante de Dios y en presencia de Su Palabra. Como comunidad, nos hallamos reunidos en torno al contenido de Su Palabra, Cristo. Sin embargo, no estamos en un templo, sino en una clase. Y en este recinto académico debemos trabajar científicamente.

Como Palabra acerca de Cristo, la Cristología es una ciencia totalmente especial, porque su objeto es Cristo, la Palabra, el Logos. Cristología quiere decir Palabra de la Palabra de Dios. Cristología es Logología. Consiguientemente, la Cristología es la ciencia por excelencia, porque todo en ella gira en torno al Logos. Si ese Logos fuese nuestro propio Logos, entonces la Cristología sería la reflexión del Logos sobre sí mismo. Pero el Logos de la Cristología es el Logos de Dios. Su trascendencia, pues, hace de la Cristología la ciencia por excelencia, y su origen extrínseco la convierte en centro de la ciencia. Su objeto conserva permanentemente su trascendencia, porque se trata de una Persona. El Logos que aquí abordamos es una Persona. Este hombre es el Transcendente... Así pues, la Cristología es el centro aún no conocido y secreto de la universitas litterarum.



Dietrich Bonhóffer en su primera clase de Cristología,

Berlín, verano de 1933.


1 LA HISTORIA DE LA HISTORIA DE JESÚS

«¿Quién dicen los hombres que soy yo?». A esta pregunta de Cristo se han dado, a lo largo de los siglos, las más diversas respuestas: la de la fe, la de la ciencia crítica, la de la filosofía, la de la psicología, la de la sociología, y la respuesta de una juventud inquieta que anda tratando de hallar un sentido radical para la vida. En el presente capítulo vamos a intentar ver la serie de complicaciones y dificultades que se ofrecen a nuestro moderno y exigente espíritu crítico cuando intenta situarse responsablemente ante Jesucristo. No se puede pasar por delante de Cristo y quedarse indiferente, porque con Cristo se decide la suerte de cada hombre.

«¿Quién dicen los hombres que soy yo?». La pregunta de Jesús a sus discípulos resuena a lo largo de los siglos y llega hoy hasta nosotros con la misma actualidad que poseía cuando fue formulada por primera vez en Cesárea de Filipo (Mc 8,27). Quien se haya interesado alguna vez por Cristo no puede eludir esta pregunta. Cada generación ha de responderla dentro del contexto de su concepción del mundo, del hombre y de Dios.

1. La respuesta de la fe tranquila

Para la fe tranquila, la respuesta es evidente: Jesús de Nazaret es el Cristo, el Hijo primogénito y eterno de Dios, enviado como hombre para liberarnos de nuestros pecados; en él se cumplieron todas las profecías que fueron hechas a nuestros padres; él llevó a cabo un plan divino preexistente; su amarga muerte en la cruz formaba parte de ese plan; él cumplió hasta la muerte, con fidelidad, la voluntad del Padre; habiendo muerto, resucitó y, de este modo, evidenció el fundamento y la vera cidad de su pretensión de ser Hijo del hombre, Hijo de Dios y Mesías. En este sentido, el cristiano «corriente y vulgar» queda tranquilo y seguro, porque lo anterior constituye el mensaje del que da testimonio el Nuevo Testamento. Consiguientemente, deposita su confianza en Cristo, tanto en la vida como en la muerte. En esta respuesta no existe la menor preocupación por diferenciar entre lo que es un hecho histórico y lo que es interpretación de ese hecho, condicionado por un horizonte filosófico, religioso, histórico y social. Tanto el contenido como la forma del mensaje son afirmados, indistintamente, como inspiración del Espíritu Santo, como algo que está consignado en las Escrituras inspiradas por Dios. Es la figura del Cristo dogmático.



2. Las respuestas de la era del criticismo

Pero resulta que hacia el siglo XVIII hizo su aparición la razón crítica. El hombre comenzó a cuestionar los modelos de interpretación social y religiosa. Los estudios históricos realizados sobre la base de una seria investigación de las fuentes ponían al descubierto los mitos y las ideologías dominantes. Y esa investigación, que ni siquiera se detuvo ante el Nuevo Testamento, en seguida descubrió que los evangelios en modo alguno son biografías históricas de Jesús, sino testimonios de la fe, frutos de la predicación y la piadosa y parcial reflexión de las comunidades primitivas. Los evangelios son, ante todo, una interpretación teológica de unos hechos acaecidos, más que una descripción objetiva y neutral de lo que históricamente fue Jesús de Nazaret. Este descubrimiento actuó como un reguero de pólvora que, poco a poco, hizo que se propagara un incendio que aún hoy no se ha extinguido del todo. Las reacciones fueron múltiples y hasta contrapuestas. La cuestión se replantea en los siguientes términos: hemos de intentar dar con el Jesús histórico que está en la base y en la raíz del Cristo dogmático.



a) ¿Cómo sabemos que Jesús existió?

La primera respuesta de carácter extremista se produjo a finales del siglo XVIII. Así como la «fe tranquila» lo afirmaba todo como inequívocamente histórico, ahora se negaba todo: Cristo no existió nunca; era un mito creado por el inconsciente humano ansioso de liberación, lo cual es un fenómeno que puede observarse en todas las religiones. Tal vez pudiera incluso afirmarse que Jesucristo no habría sido sino una proyección creada por un movimiento social de pobres y esclavos en el proceso de concientización de su alienación y en su marcha hacia la liberación social.

Sin embargo, esta postura no tardó en desacreditarse. Como muy bien decía Bultmann, «la duda acerca de la existencia real de Jesús carece de fundamento y no merece réplica alguna. Es perfectamente evidente que Jesús, como autor del mismo, está detrás de todo ese movimiento histórico cuya primera fase tangible la encontramos en la primitiva comunidad palestina». Los evangelios son interpretaciones, sí; pero interpretaciones de unos hechos realmente acaecidos. Por otra parte, no se pueden ignorar sin más los testimonios extrabíblicos, ya sean romanos (PLINIO, Ep. 10, 96, 2; SUETONIO, Claudio, 25, 4 y Nerón, 16, 2; TÁCITO, Anales 15,44), ya sean judios (Flavio Josefo y la literatura talmúdica). Por supuesto que el problema se puede plantear siempre, no sólo con respecto a Cristo, sino también con relación a Buda, César Augusto o Carlomagno. Haciendo uso del método que determinados autores aplicaron a Cristo, puede incluso probarse que no existió Napoleón, como sucedió con el historiador R. Whateley (1787- 1863), contemporáneo del propio emperador francés.

b) No hay ni puede haber una biografía de Jesús

Poniendo en duda el Cristo dogmático afirmado por la «fe tranquila», se hizo el intento, mediante los métodos e instrumentos de la moderna historiografía científica, de trazar una verdadera imagen de Jesús de Nazaret prescindiendo de los dogmas y de las interpretaciones de la fe. La preocupación de los historiadores y teólogos racionalistas consistía en acceder a Jesús tal como era cuando aún no había sido interpretado como Cristo e Hijo de Dios, ni se le había vinculado al culto y a la dogmática. El Cristo de la fe había de ser distinguido del Jesús histórico. Desde Reimarus († 1768) hasta Wrede († 1904), pasando por figuras tan conocidas como Renán, D. F. Straus y M. Goguel, se escribieron centenares de vidas de Jesús. Todo erudito que se preciara pretendió trazar la figura auténticamente histórica de Jesús, distinguiendo y suprimiendo determinados textos y escenas de los evangelios que ellos consideraban como no históricos o como interpretaciones dogmáticas de las primeras comunidades. Albert Schweitzer, por entonces conocido teólogo y exegeta y que más tarde habría de ser famoso como médico en Lambarene, África, escribió la clásica Historia de la investigación sobre la vida de Jesús, evidenciando el fracaso en que habían desembocado tales intentos. A propósito de las vidas de Jesús escritas con la mentalidad historicista del siglo XIX y comienzos del XX, Schweitzer dijo con toda claridad lo siguiente: «Cada época subsiguiente de la teología descubría sus propias ideas en Jesús,y sólo de este modo se conseguía darle vida. Pero no eran únicamente las distintas épocas las que se veían reflejadas en él, sino que cada uno en particular creaba la imagen de su propia personalidad. No hay empresa histórica más personal que la de escribir una Vida de Jesús».

Es de todo punto imposible escribir una biografía de Jesús en la que no existan lagunas, trazando su personalidad a partir únicamente de sus palabras, actos y comportamientos y de las grandes tendencias y corrientes de su época. Los evangelios proporcionan al historiador crítico un cúmulo de tradiciones, a veces mutuamente aisladas y apenas vinculadas externamente, que no son sino testimonios de la fe expresados en el culto, o resúmenes de predicaciones realizadas para el gran público, principalmente de la gentilidad. El problema es aún más grave cuando, a partir de los textos del Nuevo Testamento, pretendemos esbozar la conciencia histórica de Jesús: ¿Se consideró a sí mismo como Mesías e Hijo de Dios? ¿Se anunció a sí mismo como el hijo del Hombre que había de venir en breve sobre las nubes del cielo? Hasta hoy, la investigación puramente histórica no ha sido capaz de darnos una respuesta segura. Por otra parte, entra aquí en juego otro factor que iremos desarrollando más adelante. Se trata del llamado «círculo hermenéutico». ¿Podemos reconstruir la historia sin, al mismo tiempo, interpretarla?

El historiador aborda el objeto de su interés con los ojos de su propia época, con los intereses dictados por el concepto que su tiempo y él mismo poseen acerca de la ciencia, etc. Por más capaz que sea de hacer abstracción de sí mismo como sujeto, jamás podrá salir de sí para llegar al objeto. Por eso, toda la vida de Jesús habrá de ser necesariamente un pedazo de la vida del propio biógrafo. Siempre existirá el elemento de la interpretación. Es un círculo del que nadie puede salir. Y esto se manifiesta en los propios evangelistas. Para Marcos (que escribió entre los años 65 y 69), Jesús es, ante todo, el Mesías-Cristo escondido y el gran Liberador que desendemoniza la tierra allá donde acude. Por eso, más que referir palabras y parábolas de Jesús, lo que Marcos relata son sus actos y milagros. Jesús es el triunfador cósmico sobre la muerte y el demonio, que libera la tierra de los poderes alienantes y la introduce en la paz divina. Y, a pesar de todo, se niega a revelarse explícita y públicamente como el Mesías.

Mateo, que escribe para los judeo-cristianos y los griegos de Siria (hacia los años 85-90), ve en Jesús al Mesías-Cristo profetizado y esperado, al nuevo Moisés que, en lugar de traer una ley más perfeccionada y un fariseísmo aún más riguroso, lo que trajo fue un nuevo evangelio. Jesús es Aquél que muestra mejor que nadie, y de un modo definitivo, cuál es la voluntad de Dios, dónde descubrirla y cómo ponerla por obra.

Para Lucas, el evangelista de los gentiles y de los griegos (hacia los años 85-90), Jesús es el Liberador de los pobres, de los enfermos, los pecadores y los marginados, tanto social como religiosamente. Es el Hombre revelado, y a un tiempo Hijo de Dios, que reveló la condición filial de todos los hombres. Y siguiendo el ejemplo de Cristo, el hombre se sabe radicalmente transformado y situado dentro del Reino de Dios.

Para Juan (que escribió entre los años 90-100), Jesús es el Hijo eterno de Dios, el Logos que planta su tienda entre los hombres con el fin de ser para ellos camino, verdad, vida, pan y agua viva. La figura de Jesús que emerge del evangelio de Juan es una figura hierática y transcendente que siempre se mueve en la esfera de lo divino. Pero es única y exclusivamente Juan el teólogo para quien los hechos están en función de una teología, hasta el punto de historizar el kerigma. El Jesús de Juan es ya, de un modo pleno, el Cristo de la fe.

Pablo, que no conoció al Jesús histórico, anuncia sobre todo al Cristo resucitado por la fe como el paradigma de la nueva humanidad, los nuevos cielos y la nueva tierra presentes ya en este mundo; como el único mediador y salvador de la historia entera. El autor de las cartas a los Colosenses y a los Efesios (un discípulo de Pablo, evidentemente) utiliza categorías de los sistemas de pensamiento estoico y gnóstico para responder a la pregunta: ¿cuál es la función de Cristo en la redención del cosmos? Y se le llama entonces a Cristo cabeza de todas las cosas (Ef 1,10), o polo centralizador en el que todo tiene su existencia y consistencia (Col 1,16-20).

Como puede deducirse de estas breves indicaciones, cada autor, dentro de sus propias preocupaciones pastorales, teológicas, apologéticas o existenciales, intenta responder a su modo a la pregunta: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Y cada uno de los autores sagrados ve con sus propios ojos a un solo y mismo Jesús. Con ese material que ha llegado a nosotros a través del Nuevo Testamento no podemos, pues, elaborar una biografía de Jesús histórica y científicamente pura.



Los relatos de la infancia de jesús: ¿teología o historia?
Ni de más ni de menos a jesús-dios;



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