Núcleo temático básico II



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Modelos de Orientación e Intervención Psicopedagógica Curso: 2009/10


EL ENFOQUE DE LAS TEORÍAS DE LA

ACTIVIDAD ORIENTADORA”

(Tema 5 - Núcleo temático básico II)



- María Ramos Peña

- Irene Campos Hernández

- Virginia A. Villalba Blasco

- Cecilia Córdoba López

- Lucia Fernández de Caleya Delgado

ÍNDICE


INTRODUCCIÓN

Para empezar este trabajo nos gustaría señalar la importancia que tiene conocer bien las teorías y enfoques en los que se apoya la orientación psicopedagógica, para desarrollar lo mejor posible nuestra labor como psicopedagogos. Queremos realizar un acercamiento a la acción orientadora y a todo lo que dicha orientación conlleva.

Partiendo del concepto actual de orientación psicopedagógica se analizan en el presente trabajo, los principales modelos de intervención y los enfoques teóricos que los subyacen. Se profundiza en el modelo clínico, el modelo de consulta, el modelo de programas, el modelo de servicios y el de servicios actuando por programas.

Igualmente, debido a su gran importancia, vamos a analizar todos los aspectos a los que hace referencia la orientación profesional. Consideramos este un punto muy importante dentro de nuestra labor y por ello debemos conocer bien en que nos apoyamos y en que se fundamenta dicha orientación. De este modo, vamos a describir los conceptos más importantes y a analizar las teorías y autores más relevantes relacionados con la orientación vocacional y el desarrollo de la carrera.

LA ORIENTACIÓN PSICOPEDAGÓGICA

Según Martínez de Codès, el concepto de orientación, sus funciones y el modo de planificarla fueron, desde el comienzo, imprecisos, problemáticos y, con frecuencia, contradictorios.

Según este, autor, la orientación ha sido tratada desde diversos enfoques:



  • como proceso que ayuda a la persona a tomar decisiones vocacionales,

  • como forma de asesorar al individuo para la resolución de problemas personales y/o sociales,

  • como sistema o modelo de intervención que brinda asistencia al sujeto,

  • y como eje transversal del currículo, presente en los actos que emprende el docente en el contexto escolar y extraescolar.

Teniendo presente que se trata de un marco teórico en evolución que está creciendo continuamente, actualmente se tiene una concepción mucho más amplia que el concepto clásico de Orientación escolar y profesional. Dado el contexto social, político y científico que caracteriza la llegada del siglo XXI, hay argumentos para considerar que Orientación Psicopedagógica puede ser un término apropiado, para incluir lo que en otras épocas se ha denominado Orientación escolar y profesional, Orientación educativa, Orientación profesional, Orientación vocacional, guidance, counseling, asesoramiento, etcétera

Para Bisquerra & Álvarez, (1998) la orientación psicopedagógica es un proceso de ayuda continuo y sistemático, dirigido a todas las personas, en todos sus aspectos, enfatizando la prevención y el desarrollo (personal, social, de la carrera), que se realiza a lo largo de toda la vida, con la implicación de los diferentes agentes educativos (tutores, orientadores, profesores) y sociales (familia, profesionales y paraprofesionales).

Rodríguez Espinar (1986) y Vélaz y Ureta (1998) fundamentan esta imagen más reciente de la orientación en tres principios:


  1. Principio de prevención. La intervención profesional ha de anticiparse a la situación conflictiva y no centrarse en la demanda concreta. Ha de ser esencialmente proactiva.

Al sujeto se le ha de preparar para que cuando surja el problema, se encentre en situación de superarlo. En consecuencia, ha de prepararse para afrontar estas situaciones sin ningún tipo de angustia, a través de una adecuada planificación.

El principio de prevención no debe afrontarse únicamente desde el contexto escolar, sino también desde el contexto comunitario (padres, amigos) y sociolaboral.



  1. Principio de desarrollo. Se basa en la idea de que a lo largo de la vida la persona pasa por una serie de estadios o fases de desarrollo cada vez mas complejas que son las que fundamentan y dan sentido a sus actuaciones y le permiten interpretar e integrar experiencias y conocimientos nuevos y cada vez más amplios. El sujeto va estructurando su propia personalidad a través de su interacción con el medio.

Dentro del desarrollo se incluye el auto-desarrollo, es decir, la capacidad de desarrollarse a sí mismo como consecuencia de la auto-orientación. Esto significa que la Orientación se dirige hacia el desarrollo de la autonomía personal como una forma de educar para la vida. Existen dos enfoques diferentes del proceso de desarrollo; el enfoque madurativo y el enfoque constructivo. Ambos enfoque han de ser tenidos en cuenta al plantear una intervención psicopedagógica que persiga el desarrollo.

Se trata de crear un contexto motivador que estimule su desarrollo. La orientación acompañará al sujeto en ese proceso de desarrollo, identificando las conductas que éste manifiesta y tratando de sugerir las tareas que mejor estimulen dicho proceso. Al sujeto se le ha de dotar de las competencias necesarias para afrontar cada momento en su desarrollo.



  1. Principio de intervención social. Teniendo en cuenta al sujeto como un elemento activo en su proceso de desarrollo integral, y a las situaciones y a los mediadores sociales como factores coadyuntes de ese desarrollo, mediante programas de intervención educativa y social, basados en principios científicos y filosóficos.

No se trata únicamente de que el sujeto se adapte al medio, sino de modificar algunos aspectos de ese medio que puedan estar impidiendo su desarrollo personal y vocacional. El orientador se convierte en un verdadero agente de cambio.

No resulta nada fácil concretar en la práctica orientadora estos principios, debido a la larga tradición de un modelo de orientación institucional, estático, individualizado y periférico que se ha centrado en la intervención individualizada sobre el problema con un planteamiento reactivo y remedial.

Para estos autores el estudio de su dimensión individual tiene como objetivo facilitar al sujeto el conocimiento de si mismo para que pueda establecer una línea de actuación personal que procure la felicidad interna y el equilibrio personal. En cambio en su dimensión social, está enmarcada en una serie de circunstancias espacio-temporales, humanas, sociológicas y antropológicas. Es significativo que el sujeto conozca la sociedad en lo que va actuar, pues de su integración, socialización e interrelación va a depender su autorrealización.

Desde esta perspectiva actual, la Orientación Psicopedagógica asume un amplio marco de intervención. Con el fin de intentar sistematizarlo, Ya en el tema 1, se distinguió entre áreas, contextos, agentes y modelos.

ÁREAS DE INTERVENCIÓN

Siguiendo un criterio histórico podemos recordar que la Orientación surgió como Orientación vocacional. Su conceptualización se fue ampliando principalmente a partir de la «revolución de la carrera», adoptando un enfoque del ciclo vital. Aportaciones posteriores, como la «educación para la carrera», han propuesto la integración curricular y el desarrollo de la carrera en las organizaciones, entre otras propuestas. Es lógico, por consiguiente, que la Orientación para el desarrollo de la carrera sea la primera área de interés temático. Si utilizamos la expresión tradicional en las lenguas románicas (castellano, catalán, francés, italiano, portugués) la denominaríamos Orientación profesional.

Los programas de métodos de estudio y temas afines (habilidades de aprendizaje, aprender a aprender, estrategias de aprendizaje, etcétera) constituyen la segunda área de interés de la Orientación desde el punto de vista histórico. Desde los años treinta como mínimo la Orientación se ha preocupado de desarrollar las habilidades de estudio. Esta área entronca con uno de los campos de interés actual de la psicología cognitiva: las estrategias de aprendizaje y la comprensión lectora. A todo ello hemos de añadir el interés por lo curricular que caracteriza el periodo que estamos viviendo, lo cual reclama un asesoramiento curricular. Parece claro, pues, que la Orientación en los procesos de enseñanza y aprendizaje sea una de las áreas fundamentales de la Orientación Psicopedagógica.

La Orientación en los procesos de aprendizaje enlaza con las dificultades de aprendizaje, que junto con las dificultades de adaptación han sido uno de los focos tradicionales de atención de la Orientación. En este sentido tienden a confluir la Orientación con la educación especial. De hecho, en el contexto actual de institucionalización y profesionalización de la Orientación, la atención a las Necesidades Educativas Especiales constituye una de las preocupaciones prioritarias de orientadores y educadores en general. Estas necesidades especiales se han ido ampliando en las últimas décadas para incluir a una diversidad de casos entre los que se encuentran grupos de riesgo, minorías étnicas, marginados, grupos desfavorecidos, inmigrantes, etcétera. De esta forma se habla de la atención a la diversidad como una de las áreas temáticas de la Orientación.

A partir de los años sesenta fue tomando fuerza el «developmental counseling». En los setenta surge el «primari preventive counseling» y la educación psicológica. Desde estos enfoques se hacen una serie de propuestas que no habían sido contempladas anteriormente. Entre ellas están el desarrollo de habilidades de vida, habilidades sociales, prevención del consumo de drogas, educación para la salud, Orientación para el desarrollo humano, etcétera Es cierto que las áreas anteriores se proponen la prevención y el desarrollo. Pero hay algunos aspectos que no quedan contemplados en ellas. Por eso hay argumentos para considerar que la Orientación para la prevención y el desarrollo humano sea contemplada como una de las áreas que presenta características distintas de las anteriores.

Como consecuencia de lo que antecede, el marco de intervención de la Orientación Psicopedagógica incluye las siguientes áreas de intervención y formación de los orientadores según Bisquerra:



  • Orientación profesional

  • Orientación en los procesos de enseñanza-aprendizaje

  • Atención a la diversidad

  • Orientación para la prevención y el desarrollo

Hemos de insistir en que no se trata de áreas separadas, sino que están interrelacionadas. Es precisamente su engarzamiento lo que da unidad a la Orientación Psicopedagógica.

Otros autores como Watts y Van Esbreck (1997); Maruny i Curto (1989) y Álvarez, et al. (1998:67) expresan, desde un punto de vista constructivista, que la orientación constituye la suma total de experiencias dirigidas al máximo desarrollo del sujeto en las áreas personal, escolar y vocacional y/o profesional, las cuales se funden interactivamente en una concepción holística de la personalidad.

CONTEXTOS DE INTERVENCIÓN

La distinción de los contextos de intervención está en función del proceso evolutivo del individuo a orientar. El orientado se encuentra en primer lugar en el sistema educativo formal.

A continuación sigue una fase de transición donde recibe la ayuda que necesita de los medios comunitarios, que atienden al individuo en tanto que es un ciudadano, pudiendo requerir servicios a lo largo de toda la vida.

Por otra parte, al encontrarse en una organización empresarial como empleado podrá requerir algún tipo de ayuda para su desarrollo profesional y personal.

Simultáneamente podrá requerir, por otras razones, ayuda de los medios comunitarios. Es decir, desde el punto de vista evolutivo no son categorías excluyentes.

Los contextos de intervención se simplifican en tres grandes categorías:



  • Sistema escolar (educación formal)

  • Medios comunitarios

  • Organizaciones

AGENTES DE ORIENTACIÓN

La Orientación Psicopedagógica es un trabajo en equipo que implica a un conjunto de personas: son los agentes de la Orientación. Entre ellos está el orientador. Su formación, a efectos legales, puede ser en pedagogía, psicología o psicopedagogía. Pero además del orientador, en el contexto escolar intervienen los tutores, profesorado, familia, el maestro de pedagogía terapéutica, logopeda, fisioterapeuta, trabajador social, médico, etcétera.

En contextos extraescolares intervienen los equipos multiprofesionales que incluyen a psicopedagogos, pedagogos, psicólogos, educadores sociales, trabajadores sociales, médicos, técnicos en desarrollo de recursos humanos, economistas, etcétera, siempre en función de los objetivos que se propongan en los programas de intervención. Sin olvidar la labor de los paraprofesionales y la ayuda entre iguales (peer counseling; mediadores; figura del delegado de padres…).

MODELOS DE ORIENTACIÓN

La orientación como cualquier disciplina de acción, cuenta con una serie de modelos de intervención que suponen distintas estructuras de organización y que ofrecen distintas posibilidades de acción. Estos modelos nos servirán como marcos de referencia a la hora de diseñar planes de actuación (Castellano, 1995).

Vamos a referirnos a los modelos de intervención como estrategias para conseguir unos resultados-propuestos. Los modelos de orientación según Bisquerra (1998) sugieren procesos y procedimientos concretos de actuación, es decir, se pueden considerar como “guías para la acción”. A lo largo de la historia han ido surgiendo diversos modelos. La investigación ha contribuido en determinar la eficiencia de estos modelos.

En el marco de la orientación educativa encontramos, por ejemplo, tres definiciones específicas:


  • “Son estrategias fundamentadas que sirven de guía en el desarrollo del proceso de Orientación en su conjunto (planificación, puesta en práctica y evaluación) o en alguna de sus fases...” (Bisquerra, 1992: 177).

  • “La representación de la realidad sobre la que hay que intervenir, y que va a influir en los propósitos, los métodos y los agentes de dicha intervención” (Rodríguez Espinar y otros, 1993).

  • “Son una representación que refleja el diseño, la estructura y los componentes esenciales de un proceso de intervención” (Álvarez y Bisquerra, 1997: 23).

Como ha señalado Rodríguez Diéguez (1990:56) en Orientación “los modelos están desempeñado la función de hacer más accesibles las construcciones teóricas mediante aproximaciones sistemáticas, así como la de seleccionar aquellos hechos de la realidad que, sometidos a investigación, puedan contribuir a la elaboración de teorías”.

Para mucho autores existen tantos modelos de orientación como teorías e, incluso en muchas ocasiones, se aplica el concepto de modelo a las distintas aportaciones que se han ido incrporando en este ámbito, como por ejemplo e modelo de Holland, el modelo de Super, el modelo de Rogers…

Esta situación de la orientación es un indicador tanto de la complejidad y ambigüedad de la práctica orientadora, como de que a cualquier aportación o contribución teórica que se haga en el ámbito de la orientación se le llame modelo.

Partimos de los aspectos propuestos por De Miguel (1986) y adaptados por García Neto (1999), como esenciales y necesarios, que debería incluir todo modelo, y que se resumen en:



  • Una concepción de la naturaleza del hombre en cuanto ser orientable y educable (bases ideológicas)

  • La naturaleza o concepto de personalidad desorientada y que precisa de diagnóstico y orientación.

  • Establecimiento de los objetivos y fines de la orientación que parezcan oportunos para cada caso o situación concreta: prevención, desarrollo, tratamiento…

  • Descripción del tipo de intervención, así como los instrumentos o técnicas apropiados para llevar a cabo la intervención.

  • Una categorización de los sujetos o problemas y ámbitos de actuación que han de atenderse.

  • Definir las fases, etapas y momentos que se deben seguir en el proceso orientador.

  • Delimitar los contenidos, tareas y roles que, en cada situación, debe desempeñar el orientador o psicopedagogo.

CLASIFICACIÓN DE LOS MODELOS DE INTERVENCIÓN

Bisquerra y Álvarez (1996) han señalado recientemente que todavía es escasa la literatura sobre modelos de orientación y sus tipos, no obstante diversos autores han realizado propuestas de clasificación de los modelos de intervención en orientación según diversos criterios (ver Pilar Martinez: La Orientación Psicopedagógica. Modelos y Estrategias de Intervención. Capítulo 2).

Existen pues, distintas clasificaciones sobre los modelos que se han ido construyendo a lo largo del tiempo. Por esta razón Marchesi (1993) señala que el principal reto de la orientación en la práctica educativa es encontrar un modelo que combine la teoría con la acción (praxis) y que demuestre su eficacia en la comunidad educativa.

En este sentido Sampascual y otros (1999) destacan que para poder realizar una clasificación ajustada a la realidad han de tenerse en cuenta varios criterios al mismo tiempo, teniendo presente, además, que estos modelos se superponen en la práctica.

Álvarez y Bisquerra (1997) clasifican los modelos de orientación combinando tres criterios no excluyentes entre sí:


  1. El carácter teórico del modelo,

  2. El tipo de intervención y

  3. El tipo de organización o institución en la que se lleva a cabo.




MODELOS TEÓRICOS

Ej: Modelo de Super, Modelo de Holland, Modelo de Rogers, etc.

MODELOS DE INTERVENCIÓN

BÁSICOS

MIXTOS

Clínicos

Programas

Consultas


Modelos aplicados resultantes de una combinación de modelos básicos

Modelo psicopedagógico



MODELOS ORGANIZATIVOS

INSTITUCIONALES

PARTICULARES

M.E.C.

Comunidades Atónomas

I.N.E.M.

Países de la U.E.

E.E.U.U.


Centros educativos particulares

Equipos sectoriales

Gabinetes privados de orientación


Cuadro: Clasificación de los modelos de orientación (Álvarez y Bisquerra)
Modelos teóricos: Entendiendo a éstos como aportaciones teóricas elaboradas por autores de distintas corrientes de pensamiento (modelo psicoanalítico, moedlo conductista, modelo humanista, modelo ecléctico, modelo cognitivo…)

Modelos básicos de intervención: Son aquellos cuyo conocimiento es esencial para todo orientador, por ser la unidad básica de intervención. Entre ellos se encuentran el modelo de counseling, el modelo de servicios, el modelo de programas y el modelo de consulta.

Modelos organizativos: Aquéllos que plantean una manera de organizar y planificar la orientación en un contexto determinado; encontramos en esta categoría los modelos institucionales y los modelos particulares. Los primeros son los referidos a las Administraciones públicas (el modelo del M.E.C., de las distintas Comunidades Autónomas, los modelos americanos, los modelos de los países de la Unión Europea…) y los particulares son los que se refieren a un centro educativo concreto, a un equipo sectorial o aun gabinete privado… Tanto en unos como en otros se combinan distintos postulados teóricos con distintos modelos de aplicación e intervención, por lo que podrían encuadrarse en los modelos básicos y/o mixtos de intervención. Para Álvarez y Bisquerra (1998) éstos modelos incluyen una combinación ponderada de los modelos básicos.

Modelos mixtos de intervención: Son aquéllos modelos básicos que se combinan para generar un modelo mixto, que satisface las necesidades en un contexto determinado. Asumimos con estos autores que en la práctica orientadora no encontramos un modelo puro, utilizado de forma exclusiva, sino más bien combinaciones de modelos –modelos mixtos- organizados de una forma determinada, entre los que podemos citar el modelo comprensivo de Gybers, el modelo sociocomunitario, el modelo ecológico, el modelo holístico, el modelo sistémico, el modelo psicopedagogico, el modelo de programas integrados, etc.

MODELOS DE INTERVENCIÓN PSICOPEDAGÓGICA

Cuando hablamos de la orientación como disciplina aplicada, dirigida a la acción, es cuando hablamos de los modelos de intervención. Para clasificarlos se sigue un criterio en función del tipo de actuación o intervención que va a generar la propia acción orientadora.

A continuación se desarrollan los siguientes modelos:



1. El modelo clínico (couseling), centrado en la atención individualizada, donde la entrevista personal es la técnica característica.

2. El modelo de consulta (donde la consulta colaborativa es el marco de referencia esencial), que se propone asesorar a mediadores (profesores, tutores, familiares, institución, etc.) para que sean ellos los que lleven a término programas de orientación.

3. El modelo de programas, que se propone anticiparse a los problemas y cuya finalidad es la prevención de los mismos y el desarrollo integral de la persona.

4. El modelo de servicios, trata de dar respuesta a las necesidades y demandas sociales, se centra en la acción directa sobre algunos miembros de la población, generalmente en situaciones de riesgo o déficit.

5. Modelo de servicios actuando por programas Considera el análisis de necesidades como paso previo a cualquier planificación, y una vez detectadas y priorizada dichas necesidades, diseña programas de intervención que den satisfacción a las mismas.

1. MODELO CLÍNICO

1.1. CONCEPTO

El modelo clínico también se conoce como counseling, modelo de asesoramiento directo o atención individualizada. Es la forma más clásica de la orientación. Según dice Rodríguez Moreno (1995) este modelo es el más especializado de todos los que conforman la labor de ayuda, generándose en las teorías de la personalidad y de la salud mental.

Se centra, básicamente, en la relación personal orientador-orientado. Esta relación de ayuda tiene como objetivo prioritario el satisfacer las necesidades de carácter personal, educativo y socio-profesional del individuo. Esta relación, si bien es eminentemente terapéutica y centrada en la acción directiva sobre el sujeto, puede también tener una dimensión preventiva y de desarrollo personal.

Se basa en la relación personal como la única alternativa para afrontar la acción orientadora utilizando para ello la técnica de la entrevista, fundamentalmente. La entrevista como un proceso de comunicación que actúa a nivel cognitivo y a nivel emocional.

Este modelo se fundamenta teóricamente en el psicoanálisis, la psicología individual, terapia realista, psicoterapia existencial del desarrollo, terapia familiar entre otras.

Debemos tener en cuenta tres tipos de habilidades que van a ayudar a que la aplicación del couselling sea óptima, estas son:



  • HABILIDADES EMOCIONALES: Son habilidades dirigidas a manejar tanto las propias emociones como las de los pacientes y allegados, y las de otros profesionales. Son necesarias antes de establecer cualquier comunicación y, también durante y después de la misma. El objetivo de estas habilidades es lograr que las emociones no desborden al profesional haciendo que pierdan su funcionalidad.

  • HABILIDADES DE COMUNICACIÓN: La comunicación es la herramienta básica para la relación interpersonal, y a través de ella se abordan las emociones de los pacientes y se estimulan los cambios comportamentales de los mismos.

  • HABILIDADES DE MOTIVACIÓN PARA EL CAMBIO DE CONDUCTA: Son fundamentales, ya que la comunicación que establece el profesional con el sujeto tiene como objetivo último, en muchas ocasiones, estimular determinados cambios de las conductas y hábitos del usuario.

1.2. CARACTERÍSTICAS DEL MODELO CLÍNICO

Podemos resumir las características de este modelo en las siguientes:



  • Tiene un carácter terapéutico, aunque también puede tener una dimensión preventiva y de desarrollo personal.

  • Está centrado en la acción directa sobre el sujeto.

  • Se basa en una relación personal entre orientador y orientado.

  • Se trata de una acción orientadora puntual con un carácter reactivo y remedial.

  • Su objetivo prioritario es satisfacer las necesidades específicas del sujeto.

  • Se trata de una intervención especializada en la que el orientador asume la máxima responsabilidad en el proceso de intervención.

  • Se basa en presupuestos próximos a la teoría de la personalidad.

  • La entrevista es el procedimiento característico para afrontar la intervención.

Teniendo en cuenta estas características generales, autoras como Rodicio (1997) señalan que esta relación directa tan característica de este modelo posee unos elementos distintivos que podrían sintetizarse de la siguiente manera:

  • Es una relación personal cara a cara entre un consejero y un cliente.

  • La intervención tiene lugar como consecuencia de la existencia de un problema en la persona.

  • El orientador es el máximo responsable del proceso (especialista).

  • La acción sobre el sujeto es directa y con un fuerte carácter terapéutico, adoptando el modelo clínico como método de intervención.

1.3. FASES DEL MODELO

Igualmente, no podemos obviar las fases que constituyen el modelo clínico y que reflejan las características que hemos mencionado con anterioridad. Se trata de cuatro fases que a continuación detallamos:





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