Narcisismo o la negación del yo Alexander Lowen



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Narcisismo o la negación del yo

Alexander Lowen
INTRODUCCIÓN
El narcisismo describe una condición tanto psicológica como cultural. En el plano individual, denota un conflicto de la personalidad caracterizado por ocuparse exageradamente de la imagen propia a expensas del yo. Los narcisistas se preocupan más de su apariencia que de lo que sienten. De hecho, niegan los sentimientos que contradicen la imagen que buscan. Como actúan sin sentimientos, tienden a ser seductores y manipuladores, y buscan el poder y el control. Son ególatras, centrados en sus propios intereses, pero carecen de los verdaderos valores del yo ‑a saber, la auto-expresión, la auto-posesión, la dignidad y la integridad. Los narcisistas carecen del sentido del yo que se deriva de la respuesta afectiva corporal. Como no tienen un sentido del yo firme, experimentan la vida como algo vacío y sin sentido. Es una situación de desolación.
En el plano cultural, el narcisismo puede detectarse en la pérdida de valores humanos en la carencia de interés por el ambiente, por la calidad de la vida, por el prójimo. Una sociedad que sacrifica el entorno natural en aras de la ganancia y del poder pone de manifiesto su insensibilidad a las necesidades humanas. La proliferación de objetos materiales se vuelve la medida del progreso en lo que a forma de vida se refiere, y se incita al hombre en contra de la mujer, al trabajador contra el patrón, al individuo contra la comunidad. Cuando la riqueza ocupa una posición superior a la de la sabiduría, cuando se admira más la notoriedad que la dignidad, cuando el éxito es más importante que el respeto de sí mismo, la cultura misma sobrevalora la "imagen" y debe considerársele narcisista.
El narcisismo del individuo refleja el de la cultura. Nuestra cultura se forma en consonancia con nuestra imagen y nosotros, por nuestra parte, adoptamos la forma que esa cultura nos impone. ¿Es posible entender lo primero sin entender lo segundo? ¿Es posible que la psicología se desentienda de la sociología, y viceversa?
En los cuarenta años que llevo de terapeuta, he notado que los problemas de personalidad de la gente que me consulta han cambiado de manera notoria. Las neurosis de antes, constituidas por culpas, ansiedades, fobias u obsesiones incapacitadoras, comúnmente no se ven hoy en día. En vez de eso, me encuentro con más gente que se queja de depresión; esas personas describen una carencia de respuesta afectiva, un vacío interno, una profunda sensación de frustración y falta de realización. Muchas de esas personas tienen bastante éxito en su trabajo, lo cual sugiere que hay un rompimiento entre su desempeño en el ámbito exterior y lo que sienten por dentro. Algo que llama la atención es la aparente ausencia de ansiedad y culpa a pesar de la gravedad del conflicto. Esta carencia de ansiedad y culpa, aunada a la ausencia de respuesta afectiva, confiere un aire de irrealidad a esta gente. Su desempeño ‑ social, sexual y laboral ‑ parece demasiado eficiente, mecánico y perfecto para ser humano. Funcionan más como máquinas que como personas.
Los narcisistas pueden reconocerse por su falta de humanidad. No sienten la tragedia de un mundo amenazado por el holocausto nuclear, no sienten la tragedia de una vida que transcurre en el intento de demostrar su valor ante un mundo indiferente. Cuando la careta de superioridad y singularidad del narcisista se rompe y permite que se vuelva consciente el sentimiento de pérdida y tristeza, a veces ya es demasiado tarde. Al dirigente de una gran compañía le dijeron que tenía cáncer en su fase terminal. Ahora que su vida llegaba al término, descubrió cuál era su sentido. Antes nunca me fijé en las flores –explicaba -, ni en el brillo del sol, ni en los campos. Me pasé la vida tratando de demostrar a mi padre que había triunfado. El amor no tenía cabida en mi vida. Por primera vez en su vida, ya adulto, este hombre pudo llorar y dirigirse a su esposa e hijos en busca de ayuda.
Sostengo que el narcisismo denota un grado de irrealidad en el individuo y en la cultura. Esta irrealidad no sólo es neurótica, raya en lo psicótico. Hay algo de locura en un patrón de conducta que valora el éxito por encima de la necesidad de amar y de ser amado. Hay una cierta locura cuando una persona está desconectada de la realidad de su ser el cuerpo y sus respuestas afectivas. Y hay algo de locura en una locura que contamina el aire, el agua y el suelo en nombre de un "mejor" nivel de vida. Empero, ¿puede una cultura estar enajenada?
Esta idea difícilmente constituye un concepto aceptado en psiquiatría. Por lo general, se considera que la locura es algo que caracteriza a un individuo que está desconectado de la realidad de su cultura. De acuerdo con ese criterio (que tiene su validez), el narcisista con éxito está lejos de ser un loco. A menos. . . a menos que, por supuesto, haya algo de locura en la cultura. En lo personal, me parece que la actividad frenética de la gente en nuestras grandes ciudades gente que trata de tener más dinero, ganar más poder, destacar resulta un tanto enajenada. ¿Acaso la actitud frenética no es un signo de locura?
Para entender la locura que subyace en el narcisismo, necesitamos considerar de una manera más amplia y menos técnica los problemas de la personalidad. Por ejemplo, cuando decimos que el ruido de la ciudad de Nueva York bastaría para volver "loco" a alguien, hablamos un lenguaje que es real, humano y significativo. Cuando describimos a. alguien diciendo que está "algo loco", estamos expresando una verdad que no se encuentra en los textos de psiquiatría. Considero que la psiquiatría ganarla mucho si ampliara sus conceptos y conocimientos de tal manera que incluyera la experiencia de la gente expresada en su propio lenguaje cotidiano.
Mi intención es compartir con el lector mis conocimientos sobre la condición narcisista. Necesitamos entender qué fuerzas de la cultura provocan el problema y qué factores de la personalidad humana predisponen al individuo al narcisismo. Y necesitamos saber qué es ser humano si queremos evitar ser narcisistas.
Mi tratamiento de los pacientes narcisistas consiste en ayudarlos a entrar en contacto con sus cuerpos, a recuperar las respuestas afectivas que habían suprimido y a volver a tener la característica de humanidad que habían perdido. Este enfoque incluye la reducción de las tensiones y rigidez musculares que impiden que una persona exprese sus sentimientos Sin embargo, nunca he considerado como lo principal las técnicas específicas que utilizo. La clave de la terapia es la comprensión. Sin comprensión, ningún enfoque o técnica terapéutica tiene sentido ni sirve de nada en un nivel profundo. Sólo mediante la comprensión puede uno ofrecer una verdadera ayuda. Todos los pacientes se desesperan por tener a alguien que los comprenda. Cuando eran niños, sus padres no los entendieron; no se les consideraba individuos con sentimientos ni se les respetaba su carácter de humanos. Cuando un terapeuta no logra ver el dolor de sus pacientes, ni percibir su miedo, ni conocer la intensidad de su lucha por mantener la cordura en una situación familiar que podría enloquecer a cualquiera, no puede ayudar realmente a que sus pacientes resuelvan el conflicto narcisista.

EL PAPEL DE LA IMAGEN


Comúnmente pensamos en el narcisismo como el amor desordenado a si mismo, con la correspondiente falta de interés y de sentimientos por la demás gente. Se pinta al narcisista como egoísta y avaro, como alguien cuya actitud es "primero yo", y en la mayoría de los casos "sólo yo". Pero esta descripción sólo parcialmente es correcta. Cierto que los narcisistas muestran una falta de interés en los demás, pero igualmente son insensibles a sus propias necesidades reales. A menudo su conducta es autodestructiva. Además, cuando hablamos del amor a sí mismos de los narcisistas es necesario establecer una distinción. El narcisismo denota una preocupación por la propia imagen en oposición al propio yo. Los narcisistas aman su imagen, no su yo real. Poseen un pobre sentido del yo; no están orientados al yo. Por el contrario, sus actividades se orientan al engrandecimiento de su imagen frecuentemente a expensas del yo.
¿Pero no estamos todos interesados en nuestra propia imagen y no dedicamos mucha energía en tratar de mejorarla? Muchos de nosotros dedicamos mucho tiempo y dinero en seleccionar la ropa que ser para el tipo de imagen que querernos proyectar. Creemos que la apariencia es importante y a veces llegamos a extremos para dar una apariencia favorable. Queremos vernos más jóvenes, más atractivos, más viriles, más elegantes, etcétera. Algunas personas recurren incluso a la cirugía plástica para lograr estos fines. Esta preocupación por la apariencia es a tal grado una parte de nuestra forma de vida que es posible que consideremos como emocionalmente disturbada a la persona que descuida su apariencia.
¿Todos somos narcisistas, entonces? ¿Esto quiere decir que el narcisismo es un aspecto normal de la personalidad humana? No. En mi opinión, el narcisismo es una condición patológica. Establezco una distinción entre una preocupación saludable por la propia apariencia, con base en un sentido del yo, y el desplazamiento de la identidad desde el yo hacia la imagen, lo cual es característico del estado narcisista. Esta consideración del narcisismo va de acuerdo con el mito de Narciso.
EL MITO DE NARCISO
Según la mitología griega, Narciso era un atractivo joven de Tespia de quien se enamoró la ninfa Eco. Eco había sido privada del habla por Hera, la esposa de Zeus, y sólo podía repetir las últimas sílabas de las palabras que escuchaba. Incapaz de expresar su amor por Narciso, fue desdeñada por él y murió con el corazón destrozado. Entonces los dioses castigaron a Narciso por la dureza con la que trató a Eco y lo hicieron enamorarse de su propia imagen. El adivino Tiresias había predicho que Narciso viviría en tanto no se viera a sí mismo. Un día, inclinado sobre las limpias aguas de una fuente, Narciso vio su reflejo en el agua. Se enamoró apasionadamente de su imagen y ya no quiso irse de ese lugar. Allí languideció hasta morir y se transformó en una flor: el narciso que crece en las orillas de las fuentes.
Es significativo que Narciso se enamorara de su imagen sólo después de haber rechazado el amor de Eco. El enamorarse de la propia imagen es decir, volverse narcisista se considera en el mito como una forma de castigo por no ser capaz de amar. Pero consideremos la leyenda con más atención. ¿Quién es Eco? Podría ser nuestra propia voz que regresa hacia nosotros mismos. Así, si Narciso pudiera decir "Te amo", Eco repetiría estas palabras y Narciso se sentiría amado. La incapacidad para decir esas palabras identifica al narcisista. Al retirar su libido de la gente que hay en el mundo, los narcisistas están condenados a enamorarse de su propia imagen es decir, a dirigir su libido hacia su ego.
Otra posible interpretación es interesante. Al rechazar a Eco, Narciso rechazó también su propia voz. Ahora bien, la voz es la expresión de nuestra interioridad, de nuestro yo corporal en oposición a nuestra apariencia superficial. La cualidad de la voz está determinada por la resonancia del aire en los pasajes y cavidades internas. La palabra "personalidad" es un reflejo de esta idea. El vocablo latino persona designaba la máscara utilizada para dar resonancia a la voz, mediante la cual podía conocerse a la persona. Según esta interpretación, Narciso negó su ser interno en favor de su apariencia. Y esto es una maniobra típica de los narcisistas.
¿Cuál es la importancia de la profecía del adivino Tiresias de que Narciso moriría cuando se viera a sí mismo ¿Qué bases puede haber para una predicción de este tipo? Creo que tuvo que ser la belleza excepcional de Narciso. Una belleza tal sea en un hombre o en una mujer frecuentemente demuestra ser más una maldición que una bendición. Un peligro consiste en que la conciencia de esa belleza se le subirá a la cabeza a la persona y la volverá egoísta. Otra posibilidad es que la belleza despertará violentas pasiones de deseo y envidia en los demás, lo que provocará una tragedia. La historia y la literatura contienen muchos relatos de los tristes finales que tuvieron las vidas de gente bella. La historia de Cleopatra es uno de los ejemplos mejor conocidos. El adivino, por ser una persona de saber, comprende estos peligros.

EL YO Y EL EGO


Sin embargo, ¿qué quiero decir exactamente cuando hablo de amor por sí mismo en oposición a una preocupación narcisista? Par comprender esto es necesario aclarar el concepto de yo. Creo que el infante nace con un yo, el cual es un fenómeno biológico, no psicológico. El ego, por su parte, es una organización mental que se desarrolla con el crecimiento del niño. El sentido del yo o la conciencia del yo se originan cuando el ego (el "yo" mental) se vuelve algo definido a través de la conciencia de sí mismo, la auto-expresión y la auto-posesión. Pero esto términos se refieren a los sentimientos a la conciencia, expresión contención de los sentimientos. Así, el yo puede definirse como aspecto afectivo del cuerpo. Sólo puede experimentarse como sentimientos Uno podría decir: "siento que estoy enojado, triste, hambriento con sueño", etcétera. Claro que uno dice sencillamente: "Estoy enojado, triste, tengo hambre, tengo sueño", etcétera. De hecho, el subrayar de esta manera el sentimiento hace de la frase una expresión del yo. Si el énfasis se pone en el sujeto "yo” se vuelve una frase de ego.
Debemos evitar confundir o identificar el ego con el yo. El ego no es el yo, aunque es la parte de la personalidad que percibe el yo. De hecho, el ego representa la autoconciencia o conciencia del yo: yo (el ego) siente (percibe) que estoy enojado. Descartes estaba en lo correcto al decir: Pienso luego existo" (con el énfasis en el sujeto de oración: "yo"). Se hubiera equivocado si hubiera creído que el pensamiento determinaba al yo. Se puede decir que las computadoras piensan; lo que no pueden hacer es sentir.
Al disociar el ego del cuerpo o yo, los narcisistas separan de un tajo la conciencia de su esencia vital. En lugar de funcionar como un todo integrado, la personalidad se divide en dos partes: un sujeto activo que observa (el ego), con el cual se identifica la persona, y un objeto pasivo, observado (el cuerpo). Cierto que el ego se ocupa de percibir el estado interno del organismo y las condiciones del mundo exterior, y que ayuda a su mutua adaptación para que haya un mayor bienestar del yo. Por ejemplo, una función del ego consiste en controlar conscientemente los músculos voluntarios, con lo que regula la respuesta consciente de la persona ante el mundo. Sin embargo, no hay que olvidar que el ego no es el yo sólo el aspecto consciente del yo. Tampoco está separado del yo. Lo preciso de lo que percibe depende de su conexión, como parte del yo.
La mayor parte del yo consiste en el cuerpo y sus funciones, gran parte de las cuales funcionan por debajo del nivel de conciencia. El inconsciente es como la parte sumergida de un iceberg. Las funciones involuntarias como la circulación, la digestión y la respiración tienen un profundo efecto en la conciencia porque determinan el estado del organismo. Dependiendo de cómo esté funcionando el cuerpo, uno se ruede sentir bien o enfermo, de buen ánimo o decaído, vital y vivo o deprimido, excitado sexualmente o impotente. Lo que sentimos depende de lo que sucede en el cuerpo. La voluntad o ego es incapaz de crear un sentimiento, aunque puede tratar de controlar el sentimiento.
Uno no puede realmente desear voluntariamente sentir una respuesta sexual, un apetito, un sentimiento de amor o incluso de odio -‑ independientemente de qué tanto "piense" uno que puede. Es posible que las imágenes enfoquen estos sentimientos en la conciencia, siempre que ya estén presentes en el cuerpo como eventos potenciales. Para que lo que sucede en el cuerpo lleve a la percepción del sentimiento, los eventos deben alcanzar la superficie del cuerpo y la superficie de la mente, donde se localiza la conciencia. Sólo la parte del iceberg que alcanza la superficie del agua o queda sobre ella es visible.
Tenemos una relación dual con nuestros cuerpos. Podemos experimentar el cuerpo directamente mediante lo que sentimos, o podemos tener una imagen de él. En el primer caso, nos conectamos inmediatamente con el yo, mientras que en el segundo caso la conexión es indirecta. Una persona sana posee esta conciencia dual, pero esto no plantea ningún problema porque la imagen del yo coincide con la experiencia directa del yo mediante el cuerpo. Lo que este estado presupone es la aceptación del yo la aceptación e identificación con el cuerpo y sus sentimientos. La aceptación del yo es lo que falta en las personas narcisistas quienes han disociado sus cuerpos de manera que la libido se orienta al ego y no al cuerpo o yo. Sin aceptación del yo no es posible el amor a sí mismo.
Desde tiempo atrás vengo sosteniendo que si uno no se ama a sí mismo no puede amar a los demás. El amor puede considerarse como el acto de compartir el yo con otra persona. El coito es una verdadera expresión de amor cuando en él se da ese acto de compartir, pero sólo es un acto narcisista cuando no incluye el compartir. La intimidad describe el acto de compartir el yo. Sin embargo, uno debe tener un sentido del yo para poder compartirlo. Aunque nacemos con un yo, podemos perder el sentido del yo si nos ponemos en contra del yo, si dedicamos nuestras energías (la libido, según Freud) al ego o imagen del yo. Todos nosotros necesitamos de los demás. Si tenemos un sentido del yo, necesitamos a otra persona para compartirlo. Sin embargo, incluso si carecemos del sentido del yo, como el narcisista, de todas formas necesitamos a los demás para que apoyen y aplaudan nuestra imagen del yo. Sin la aprobación y admiración de los demás, el ego narcisista se desinfla, ya que no está conectado con el amor a sí mismo ni es nutrido por él. Por otra parte, la admiración que el narcisista recibe sólo alimenta su ego, no hace nada por el yo. De esta manera, al final, el narcisista va a rechazar a sus admiradores, al igual que rechazó el verdadero yo.
Es compleja a la relación entre el ego y el yo. Si no hay un ego, no puede haber un sentido del yo. Pero si no se siente el yo, el sentido de identidad se liga con el sujeto mental. De hecho, el ser humano tiene una identidad dual una parte se deriva de la identificación con el ego, la otra de la identificación con el cuerpo y sus sentimientos. Desde el punto de vista del ego, el cuerpo es un objeto para ser observado, estudiado y controlado en función de un desempeño que sea igual a la imagen de uno. En este nivel, la identidad está representada por el sujeto mental en sus funciones de percepción consciente, pensamiento y acción. Nuevamente, desde esta perspectiva podemos decir correctamente: "pienso, luego existo". Y podríamos agregar: "Quiero, luego soy" porque la voluntad es un aspecto importante del ego.
¿Mas qué pasa con el otro punto de vista? Nos mueven nuestros sentimientos y también nuestra voluntad por lo menos, si no hemos negado nuestros sentimientos. Nos conmovemos hasta las lágrimas o el odio o cualquier otra emoción, y nuestro sentido del ser se identifica con el sentimiento. De nuevo, el decir "estoy triste" o "estoy enojado” expresa la idea de que somos lo que sentimos. En este caso, el cuerpo es el que desempeña el papel activo al informar a la mente de lo que necesita y desea y al determinar la dirección y el propósito de las acciones de la persona.
Por supuesto que ambas posiciones son válidas: pensamos y sentimos. Nuestra identidad dual depende de nuestra capacidad de formar una imagen del yo y de nuestra conciencia del yo corporal. En una persona sana, ambas identidades son congruentes. La imagen se ajusta a la realidad del cuerpo así como un guante se ajusta a la mano de su dueño. El conflicto de personalidad ocurre cuando hay una falta de congruencia entre la imagen del yo y el yo. La gravedad del conflicto es directamente proporcional al grado de incongruencia. La discrepancia es más marcada en la esquizofrenia, en la cual la imagen casi no tiene relación con la realidad. En las instituciones de salud mental hay mucha gente que se cree Cristo, Napoleón u otra figura renombrada. Como esta imagen está en marcado conflicto con la realidad del cuerpo, el resultado es la confusión. El esquizofrénico intenta deshacer la confusión mediante una disociación entre la realidad y su propio cuerpo, lo que le lleva a un alejamiento de la realidad en general. En los conflictos narcisistas la incongruencia es menor que en la esquizofrenia, pero es suficiente para producir una división de la identidad con su resultante confusión. Los narcisistas evitan la confusión negando la identidad basada en sus cuerpos, sin que, por otra parte, disocien sus cuerpos Al centrar su atención e interés sólo en la imagen, pueden dejar de tomar en cuenta al yo corporal. Al no permitir que ningún sentimiento fuerte llegue al nivel consciente, pueden tratar al cuerpo como un objeto que está sujeto al control de su voluntad. Sin embargo, al mantenerse conscientes del cuerpo, permanecen orientados en el tiempo y en el espacio.
Hay que recordar que Freud dijo que en el narcisismo la libido se retira de los objetos del mundo externo y se dirige al ego. Podríamos añadir que la libido se retira del cuerpo y se dedica al ego. De hecho, ambas cosas son lo, mismo, ya que experimentamos el mundo externo solo a través del cuerpo. Si le negamos los sentimientos al cuerpo, cortamos nuestra relación emocional con el mundo.
Es frecuente que la dedicación de la libido o energía al ego o imagen sea un propósito deliberado. La gente se dedica a muchas actividades destinadas primordialmente al acrecentamiento de su imagen. Por ejemplo, el lograr poder y una buena posición económica a menudo tienen muy poco que ver con los sentimientos en el ámbito corporal. La satisfacción del ego que proporcionan se deriva de su respaldo a la imagen propia. El que a uno le publiquen un libro, por ejemplo, puede hacer grandes cosas por su ego. Uno puede basar su identidad en el hecho de ser un autor. Pero no hace nada por el cuerpo de uno y poco por el propio sentido del yo que se basa en el cuerpo. Si el ego de uno crece con el éxito o los logros, se pierde la congruencia con la realidad del propio cuerpo. Así, la confusión sólo puede evitarse mediante la negación del propio cuerpo y de sus sentimientos. No hace mucha diferencia el que el logro sea de interés público si su efecto es producir un crecimiento excesivo del ego. La gente puede tener una imagen pública basada en su posición social y en su poder, pero eso no la hace ser narcisista. Sin embargo, puede volverse narcisista si basa su identidad personal en su imagen pública y no en lo que su cuerpo siente.
IMAGEN Y CUERPO
Una señal de la tendencia narcisista de nuestra cultura es que la gente se ha vuelto muy preocupada de su imagen. La actual preocupación por el cuerpo refleja en parte esta actitud narcisista, como ha señalado Christopher Lasch.2 Sin embargo, también refleja en parte una preocupación por la salud. Tengo la firme convicción de que necesitamos estar conscientes de nuestros cuerpos y dedicarnos a actividades físicas que incrementen nuestra vitalidad y sentido de la vida. Sin embargo, para mucha gente la meta de los programas de ejercicio es verse (no sentirse) bien, en armonía con el ideal que actualmente propone la moda. Esa gente quiere un cuerpo delgado y firme que pueda desempeñar con precisión de máquina las órdenes de la voluntad. 0 tal vez pretenden esas personas una apariencia estatuaria, los cuerpos jóvenes de un Adonis o una Venus. Un ejemplo extremo es el físico-culturismo que utiliza pesas que producen músculos masivos e hipertrofiados. Esto, en mi opinión, es una empresa narcisista que es dañina para la salud física y mental. Tal vez una musculatura muy desarrollada haga que uno se vea muy fuerte, pero reduce la espontaneidad y animación del cuerpo y restringe seriamente la capacidad respiratoria.
Un indicio de la actual devoción narcisista por la moda se manifiesta en el titulo de un libro recientemente publicado sobre ejercicio y acondicionamiento físico: Don't Be Fat ‑ Be Flat (No hay que ser gordo ‑hay que ser plano). Lo plano se refiere a un abdomen plano, es decir, sin panza. Pero para llegar a lograr eso uno tendría que tensar los músculos abdominales hasta el grado en que sería casi imposible la respiración abdominal (un fenómeno normal y saludable). Además, dejando a un lado su efecto adverso para la salud, lo plano es una cualidad negativa desde el punto de vista de la apariencia y el gusto. Cuando decimos que algo es "plano" nos referimos a que no tiene gusto ni atractivo. "Aplanar" a alguien es lo mismo que aplastarlo. Y en términos psicológicos, cuando se habla de afectividad plana se está refiriendo una carencia de sentimientos. Por supuesto que, en esta última acepción podemos ver por qué lo plano puede ser considerado una virtud por los narcisistas.



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