Mujeres y Niñas viviendo con vih/sida: Panorama general y bibliografía comentada


Salud y derechos sexuales y reproductivos



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Salud y derechos sexuales y reproductivos

  1. El derecho a tener relaciones sexuales; el derecho a rehusarte a tenerlas


‘Debemos alentar [a las mujeres] a reavivar su deseo sin temor o culpa’.

(Masi, Sudáfrica, IPPF/ICW 2004: 20-21)



En muchas mujeres, un diagnóstico positivo de VIH conduce a cambios en la forma en que experimentan su sexualidad. Aun así, ese diagnóstico no impide que tengan sentimientos sexuales. Muchas que viven con el VIH continúan teniendo relaciones y deseos sexuales; otras optan por la abstinencia pues sienten que ello les da poder. En algunos casos, las mujeres eligen la abstinencia debido a sentimientos de vergüenza, culpa o la interiorización del estigma; por temor a infectar a otras personas o a causa de las asociaciones negativas con el sexo que pueden ser consecuencia de un diagnóstico positivo de VIH (Exchange 2006). A otras se les ha impuesto la abstinencia (ibídem). Lo imperativo es que las mujeres, tanto las que viven con el VIH como aquéllas que no, tengan la libertad de involucrarse en las relaciones sexuales si así lo desean y se nieguen a tenerlas cuando no las quieren, sin enfrentarse a juicios de la gente. Todas deberían poder ejercer su derecho a escoger cuándo, cómo, por qué y con quién tener relaciones sexuales (ibídem).


    1. Anticoncepción y relaciones sexuales más seguras


Los servicios de cuidados de salud deben enfrentar la realidad de que muchas mujeres que viven con el VIH y el SIDA continúan teniendo relaciones sexuales, ya sea por deseo o necesidad. Esto presenta algunos desafíos. Las personas con VIH pueden tener sistemas inmunitarios más débiles que los de aquéllas que viven sin el virus y por lo tanto son biológicamente más susceptibles a contraer infecciones de transmisión sexual (ITS) (Instituto Guttmacher 2006). Las evidencias también sugieren que se encuentran en riesgo de reinfección por otra cepa del VIH, lo cual podría acelerar la propagación de la enfermedad (ibídem). Las mujeres (y los hombres) que viven con el VIH/SIDA requieren de un mayor acceso a los servicios de prevención del VIH y de información exacta para poder protegerse contra el embarazo no deseado, prevenir que adquieran ITS – incluido el VIH – o las transmitan a parejas no infectadas y reducir el riesgo de reinfección con una cepa diferente del VIH.

Las clínicas de planificación familiar tienen un rol vital que jugar en poner a disposición de las mujeres información que las ayude a tomar decisiones relacionadas con la anticoncepción y la búsqueda de relaciones sexuales más seguras. La información debería ser exacta y no prejuiciosa, como también fácil de solicitar, encontrar y comprender, además de estar disponible en el propio idioma de la gente (IPPF/ICW 2004). Sin embargo, el acceso a la información puede ser difícil debido al valor que en muchas sociedades se da a la inocencia femenina. Esto impide que mujeres y niñas, incluidas aquéllas que viven con el VIH, busquen información relativa a su salud y sus derechos sexuales y reproductivos. Ello es exacerbado por la falta de investigación científica sobre las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres que viven con el VIH.

A mujeres que viven con el VIH les puede resultar muy difícil acceder a información sobre las relaciones sexuales (ICW 2004a). En algunos casos se les niega información sobre relaciones sexuales más seguras porque se cree que no deberían tenerlas en absoluto. Esto es particularmente común para las jóvenes y niñas que viven con el VIH. En otros casos, a las mujeres y las niñas se les da información engañosa o se las obliga a aceptar ciertos tipos de anticoncepción. Por ejemplo, mujeres de Lesotho y Namibia dijeron que su acceso a la TARV dependía de su uso de inyecciones hormonales o DIU (dispositivos intrauterinos) – ambos métodos anticonceptivos controlados por médicos – pues se pensaba que, estando infectadas por el VIH, no debían quedar embarazadas (Novib 2006). Ésta es una violación fundamental de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Más aun, la coacción a usar un método anticonceptivo controlado por médicos puede socavar la capacidad de las mujeres para negociar métodos de doble protección, como los condones, que las protegerían contra las ITS.

Por el contrario, a mujeres y niñas que viven con el VIH se les debe apoyar para que escojan un método anticonceptivo que sea apto a sus necesidades. Estas necesidades pueden cambiar con el paso del tiempo dependiendo de la etapa de la enfermedad y su situación de tratamiento, como también su estilo de vida y sus deseos personales (UNFPA/OMS 2006). Los métodos anticonceptivos que brindan a las mujeres una ‘doble protección’ contra el embarazo no deseado y las ITS (incluidas otras cepas del VIH) son especialmente importantes para aquéllas que viven con el VIH y deberían ser promovidos y proporcionados por todas las clínicas de salud. Cuando se les utiliza de manera correcta y en cada relación sexual, tanto los condones masculinos como los femeninos son altamente efectivos para proteger contra el embarazo y las ITS. Con un uso perfecto, los condones masculinos han demostrado ser 98 por ciento efectivos y los femeninos un 95 por ciento (UNFPA/OMS 2006). Los condones también ofrecen protección contra la reinfección por VIH.

Tener acceso a los condones, sin embargo, no significa que en todos los casos las mujeres serán capaces de negociar su uso. Aun cuando ellas son conscientes de los riesgos implicados en las relaciones sexuales desprotegidas, pueden sentirse renuentes a exigir el uso del condón por temor a que esto revelará su estado positivo de VIH o inferirá que han sido infieles. Otra parte integral de cualquier programa de salud sexual debería ser ayudar a las jóvenes y las mujeres – tanto las que viven con el VIH como las que no – a adquirir las habilidades de comunicación y asertividad que necesitan para negociar relaciones sexuales más seguras y placenteras. Promover el acceso igualitario a oportunidades de empleo y bienes productivos es también importante – dándoles a las mujeres una base más firme sobre la cual afirmar sus derechos sexuales y reproductivos.



Dado que los roles de género contemporáneos confieren a los hombres el poder de influir en las decisiones que las mujeres toman en relación con la salud sexual y reproductiva, y a menudo son ellos quienes determinan esas elecciones, los programas de salud sexual deben fomentar una participación masculina constructiva en la salud y los derechos sexuales y reproductivos a través de programas tales como el de Men as Partners (MAP – Hombres como Socios) en Sudáfrica. Además, los programas tienen un papel que jugar en desafiar el control físico, social, legal, económico y médico que los hombres ejercen sobre las vidas de las mujeres. Las iniciativas deberían ayudar a los hombres a comprender los efectos opresivos de la desigualdad de género tanto en las mujeres como en los hombres, y al mismo tiempo hablarles acerca de las responsabilidades que ellos tienen debido a su privilegio de actuar en formas en las que por lo general las mujeres no pueden (Greig 2005, en Esplen 2006).

Es igualmente crucial que mujeres de todas las edades tengan acceso a una variedad de métodos de barrera que puedan ser controlados por ellas mismas. Los condones femeninos tienen el potencial de hacer una contribución sumamente necesaria para proteger la sexualidad de las mujeres que viven con el VIH, ya que muchas se sienten más en control durante las relaciones sexuales cuando los utilizan (aunque esto de todos modos requiere de alguna negociación con compañeros sexuales) (Welbourn 2006). Aun así, el acceso limitado y los elevados costos constituyen barreras principales al uso del condón femenino, tanto en los países industrializados como en otros. También promisoria es la actual investigación para el desarrollo de microbicidas (una sustancia que puede ser aplicada en la vagina antes de tener relaciones sexuales a fin de reducir el riesgo de adquirir el VIH u otras ITS). Los microbicidas, una vez desarrollados, podrán ser utilizados sin el conocimiento de un compañero sexual, lo cual permitirá que las mujeres puedan protegerse a sí mismas y proteger a sus parejas en situaciones en las que es difícil o imposible negociar relaciones sexuales más seguras. No obstante, es esencial que aquéllas que viven con el VIH estén involucradas en la investigación, el desarrollo y la promoción y defensa de los microbicidas. Actualmente, el enfoque está en desarrollar un microbicida para mujeres que no viven con el VIH.


    1. Acceso al aborto seguro


Aun entre las mujeres que pueden acceder a anticonceptivos y son capaces de negociar el uso de éstos, muchas que viven con el VIH podrían tener un embarazo no planificado y buscar interrumpirlo. Se considera que el aborto es seguro para ellas cuando es realizado por profesionales calificados y en condiciones higiénicas. Sin embargo, el aborto inseguro conlleva peligros particulares para las que viven con el VIH, debido a su mayor riesgo de infección o hemorragia (sangrado profuso) (Instituto Guttmacher 2006). Se debe prestar una especial atención a asegurar que estas mujeres sepan dónde está disponible el aborto seguro y legal, comprendan los procedimientos de aborto que les serán proporcionados así como los efectos secundarios contemplados y sean conscientes de los riesgos de someterse a abortos inseguros (UNFPA/OMS 2006). También es crucial asegurar que los proveedores de cuidados de salud estén adecuadamente equipados para que puedan cuidarse de adquirir la infección por VIH.


    1. Embarazo y maternidad


‘La gente dice que, como mujer viviendo con el VIH, no tienes por qué quedar embarazada y a una mujer positiva que está embarazada se la trata peor que a un criminal en los centros de salud’.

(Rolake, Nigeria, IPPF/ICW 2004:10-11)

‘Mi hijo, Kiril, tiene 14 meses de edad. Tres pruebas del VIH han mostrado que no tiene la infección, lo cual me hace muy feliz’.

(Tanya, Ucrania, IPPF/ICW 2004:8-9)

‘Se me critica por haber tenido una hija que está infectada por el VIH. Nada en el mundo me haría perderme de la experiencia de tenerla’.

(Rosa, Honduras, IPPF/ICW 2004:18-19)

Aunque las mujeres que viven con el VIH tienen el derecho a interrumpir el embarazo, también tienen el derecho a que no se les obligue a ponerle fin o a ser esterilizadas. En muchas, el deseo de vivir la maternidad es central para lo que significa ser humanas, así como inherente a su identidad social. Tener hijos e hijas es también una importante fuente de seguridad en la vejez y puede ayudar a las mujeres a luchar contra los deshumanizadores efectos de vivir con el VIH (Instituto Guttmacher 2006). En numerosas sociedades, la condición de una mujer mejora sustancialmente cuando se convierte en madre (Paxton y Welbourn 2004). Por estas razones, algunas que viven con el VIH – en especial las jóvenes que aún no tienen hijos – sienten un fuerte deseo de ser madres.

Aun así, las mujeres que viven con el VIH a menudo tienen opciones reproductivas limitadas, ya que las decisiones pueden ser tomadas en nombre de ellas por su esposo, sus suegros o el personal de cuidados de salud. A menudo se encuentran atrapadas entre las presiones provenientes de trabajadores/as de salud para no tener hijos y las que ejercen miembros de su familia para que los tengan. En los casos en que las mujeres no pueden revelar su estado de salud a integrantes de la familia, o cuando no tienen hijos o sólo tienen niñas, las presiones para que se reproduzcan pueden ser especialmente agudas.

‘Tengo cinco hijas y se espera que tenga otro embarazo porque no tengo un hijo. Fui al hospital para que me esterilizaran. Ahí querían el consentimiento de mi esposo, pero él no estaba dispuesto a darlo pues aún no tenía un hijo’.

(Mujer viviendo con el VIH, Merkel 2006)

En otros casos, las mujeres que viven con el VIH se enfrentan a actitudes moralistas de parte de trabajadoras/es de salud que creen que ellas no deberían tener hijos, ya sea por el riesgo de que el VIH se transmita al bebé durante el parto o a través de la lactancia materna, o bien debido a la preocupación por el niño o la niña si sus progenitores murieran prematuramente a causa del SIDA. Por ello, las mujeres que sí desean tener hijos son consideradas irresponsables o desviadas. Esto se aplica también a muchas en el Norte, pese al hecho de que existe una amplia disponibilidad de medicamentos antirretrovirales y cesáreas para reducir el riesgo de mortalidad materna o de transmisión de madre a hijo (Welbourn 2006). Esta sensación de riesgo puede además ser interiorizada por las mujeres que viven con el VIH, sobre todo cuando no se les ha proporcionado información integral sobre sus opciones reproductivas.



Las jóvenes que viven con el VIH experimentan una particular hostilidad de trabajadores/as de salud en lo que se refiere a tener hijos. Ellas se enfrentan a una doble crítica por ser jóvenes y estar embarazadas y por vivir con el VIH (ICW 2004a). A menudo, el resultado es que las mujeres son blanco de una intensa presión por parte de trabajadores/as de salud para interrumpir el embarazo o ser esterilizadas. Esto ocurre a pesar de que el aborto aún es ilegal en muchos países y por lo tanto se lleva a cabo en la clandestinidad, lo que representa una seria amenaza a la vida de la mujer, tal como lo demuestra el hecho de que 68,000 mujeres mueren cada año a causa de abortos ilegales (Organización Mundial de la Salud 2000). Aun cuando las mujeres se resisten a las presiones para tener un aborto o ser esterilizadas, raras veces se les brinda información acerca de cómo reducir el riesgo de transmitirle la infección a su pareja y a su bebé – por ejemplo, información sobre buenas prácticas en alimentación infantil.

‘Cuando fui a dar a luz, un hombre ahí se expresó mal. Dijo que yo debería ser esterilizada. Me sentí atemorizada y confundida... Él dijo que no había ninguna razón para que yo me quedara con el bebé y que debería haber tenido un aborto... Entonces me resultó imposible responder; sólo pude menear la cabeza y sentirme muy mal’.

(Mujer tailandesa, Paxton y Welbourn 2004:10)

Entre el personal de salud hay quienes incluso amenazan a las mujeres diciéndoles que si se niegan a ser esterilizadas no recibirán leche en polvo para sus bebés’.

(ibídem)


Es crucial que las mujeres que viven con el VIH reciban apoyo para que puedan tomar sus propias decisiones reproductivas, sin discriminación, coerción ni violencia, acerca de si han de tener hijos y cuándo. A fin de apoyarlas a considerar sus opciones reproductivas, es necesario brindarles información exacta, imparcial y accesible sobre asuntos tales como: métodos anticonceptivos eficaces para prevenir el embarazo, incluso recomendando los que brindan doble protección; los efectos que el VIH tendrá en su salud conforme la enfermedad progresa, así como las implicaciones que esto puede tener para la planificación familiar; el bajo riesgo de transmitir el VIH a una pareja no infectada mientras la mujer está intentando quedar embarazada; el bajo riesgo de la transmisión de madre a hijo cuando ella cuenta con consejos y recursos apropiados, además del posible incremento de los resultados adversos del embarazo como consecuencia de que la mujer esté infectada por el VIH (UNFPA/OMS 2006).




    1. Icw (2004b) acceso a atención, tratamiento y apoyo,
      Coalición mundial sobre la mujer y el sida (gcwa) e icw
      Icw (2004e) participación y creación de políticas: nuestros derechos,



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