Moral sexual


Otras aproximaciones desde las ciencias



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Otras aproximaciones desde las ciencias


Después de habernos aproximado al fenómeno de la sexualidad desde el punto de vista fisiológico y psicológico, es conveniente agregar algunos datos relevados por la antropología cultural y la sociología19.
    1. Antropología cultural


Las investigaciones etnológicas y antropológico-culturales revelan que en todas las culturas y en todas las épocas ha existido una regulación de la sexualidad, que aparece como el fundamento mismo de la vida social.

1. Ciertamente hay grandes variaciones en cuanto al contenido concreto y el grado de obligatoriedad, pero se pueden señalar convergencias de particular importancia. En primer lugar, el hecho de que la sexualidad nunca es regulada por la pura y simple dimensión biológica, es decir, a nivel del instinto, sino a través de una intervención exterior racionalizadora. En segundo lugar, la prohibición o el tabú del incesto, que “no es tanto una regla que prohíbe esposar a la madre, a la hermana o a la hija, cuanto la regla que obliga a dar a la madre, a la hermana o a la hija” (C. Lévy-Strauss). La sexualidad se convierte así en un intercambio de dones, en un instrumento de comunicación, un lenguaje con reglas reconocidas en el interior del grupo.

La necesidad de esas reglas puede ser reconducida a la estructural labilidad instintiva de sexualidad humana, la cual, desde este punto de vista, es menos perfecta y determinada que la de los animales, cuyos instintos orientan sus impulsos según ritmos mecánicamente ordenados. Pero precisamente esta imperfección es el signo de una apertura hacia una plena auto-posesión, un señorío del hombre sobre su propia sexualidad, a través e sus facultades superiores, a través de una continua reelaboración de sus significados en el cuadro del contexto social y cultural.

2. La antropología cultural nos enseña, además, la importancia de tener en cuenta tener los diversos contextos en los que las normas se originan, y la exigencia de su continua resignificación a la luz del cuadro histórico en el que están colocadas. (Por ej. la diferencia entre los sexos, que la antropología cultural nos ha enseñado a remitir a las situaciones històrico-culturales y a la diversidad de roles sociales, en los cuales se cristalizó en dominio del hombre y la servidumbre de la mujer).


    1. El análisis socio-cultural


La experiencia actual de la sexualidad está marcada por la conflictualidad, por un estado de disociación: tensión entre la concepción tabuística-negativa del pasado y la permisivo-consumística hoy dominante, y la dialéctica no resuelta entre público y privado.
      1. Algunas constantes fundamentales


1. Un dato preocupante que emerge del análisis cultural es la cada vez más marcada hiper-genitalización de la sexualidad. La revolución sexual ha conducido de hecho a una “degradación” o “falsa mistificación” de la sexualidad, reducida a mercadería de consumo o prestación erótica, en modo análogo a la lógica frenética de producción-consumo que rige el mercado del trabajo.

Ello configura una situación profundamente ambivalente. Por un lado, se da una regresión a una etapa “infantil”, y por ello de signo “patológico”, que transforma la sexualidad en una forma de alienación del sujeto. Por otro lado, puede favorecer la superación de una concepción represiva del sexo, para dar lugar a una sociedad basada no ya en la represión, sino en la sublimación de los impulsos sexuales que les permitan trascender su objeto inmediato.

2. Existe, sin embargo, una tendencia a seguir la dirección negativa, debido a una cada vez mayor privatización del sexo, inducida por la cultura burguesa. Amenazado por el disciplinamiento en el presente contexto social, la sexualidad se sobredimensiona al ser cargada con significados de defensa de la intimidad y del espacio privado. Ello se acentúa por la creciente desconexión entre familia y sociedad. La pérdida del significado social y público del matrimonio produce una ruptura del ligamen tradicional entre sexualidad e institución, vistos incluso como valores recíprocamente incompatibles, como si toda normatividad fuera fatalmente opresiva y alienante de la libertad del amor. Una consecuencia de ello, es la separación entre sexualidad y procreación. Pero si éste es el aspecto más evidente, el problema es más profundo: se duda de la aptitud de la institución matrimonial para realizar el valor de la sexualidad.

En resumen, este proceso de decadencia de las formas de comportamiento ritualizado, pueden favorecer una mayor libertad individual, y una más grande autenticidad expresiva en las relaciones, superando los vínculos impuestos por la sociedad; pero entraña el peligro de una privatización radical del amor, con la acentuación de la búsqueda del placer y la disociación de la actividad sexual de la fecundidad.


      1. Influencias ideológicas


1. En el análisis de las ciencias humanas, a menudo es evidente una reducción “cientista” del dato fenoménico, consecuencia de una mentalidad positivista. La sexualidad es reducida, según los casos, a su dimensión biológica, o psicológica o sociocultural. La cultura consumista encuentra en esta ideología un punto de apoyo. Pero la búsqueda del placer como fin en sí mismo, como pura necesidad, priva a la sexualidad de su profundo significado relacional y termina a menudo por alimentar peligrosos sentimientos de culpa, que crean estados de angustia y de ansiedad neurótica.

2. La misma oscilación entre privatización y politización de la sexualidad es el resultado de la dialéctica entre ideología liberal-capitalista e ideología marxista. El ideal del amor romántico se corresponde con la ideología burguesa, que ha terminado por aislar a la familia, mediante la pérdida de su función social y su reducción cuantitativa, para hacerla funcional al sistema económico-productivo. La alienación del hombre en el mundo productivo, y más en general, en el cuadro de la vida social, genera, por reacción, la búsqueda de gratificaciones en el terreno de la vida privada, imponiendo a la familia un peso psíquico insoportable, justo en el momento en que se presenta con características de mayor fragilidad e impotencia. La sexualidad es vivida a menudo como un refugio y una compensación frente a la frustración, con el consiguiente riesgo de banalizarla.

En el pasado, la ideología marxista, había tomado la dirección opuesta: desconoció los valores ligados a la autenticidad y a la intimidad de la esfera personal, y se volcó a una politización total de la vida y a una visión funcional de la sexualidad, reducida a un instrumento de relaciones sociales, llegando incluso a la negación de las instituciones privadas (como el matrimonio y la familia), consideradas como expresiones del sistema que debía superarse.

Es preciso alcanzar un nuevo equilibrio entre lo público y lo privado, superando la actual contraposición, lo cual implica, como se ve, entrar en consideraciones estructurales y en críticas ideológicas.





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