moral: autonomía y heteronomía el término griego “nomos” puede traducirse como ley, regla o norma. Así “auto-nomía» y «hetero-nomía»



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HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA AUTONOMÍA MORAL.


EL «NOMOS» MORAL: AUTONOMÍA Y HETERONOMÍA

El término griego “nomos” puede traducirse como ley, regla o norma. Así “auto-nomía» y «hetero-nomía» son palabras compuestas de «autos» que significa uno mismo y «heteros» que equivale a «otro»

Cuando hablemos de «autonomía moral” significará que de la norma moral procede de uno mismo y en consecuencia que sólo depende del sujeto que la establece; mientras que cuando hablemos de “heteronomía moralla norma procede del exterior, y por ello el sujeto al que se refiere está sometido a ella.
En el segundo tema analizamos la procedencia de las normas morales. Éstas provienen de la sociedad y el sujeto las recibe y asume a través del proceso denominado “socialización”. Pues bien esto lo denominamos Heteronomía moral. Hemos visto que cuando somos niños tenemos que recibir instrucciones continuamente, para hacer o no hacer, decir o no decir, tocar o no tocar. No sabemos exactamente qué tenemos que hacer hasta que nos lo dicen. Y cumplimos las instrucciones, por respeto, porque confiamos en quien nos las da, o por miedo al castigo, consecuencias de no hacerlo.
A medida que crecemos y ganamos experiencias, las situaciones nuevas cada vez son menos y las instrucciones se pueden generalizar, empezamos a tomar decisiones que no siempre se atienen a la norma dada.


El proceso culmina cuando somos nosotros mismos quienes nos damos las instrucciones que nos parecen adecuadas. En una palabra, cuando somos capaces de tomar nuestras propias decisiones.

Lo que se hemos descrito no es más que el paso desde la heteronomía hasta la total autonomía.


Pero, ¿es posible la autonomía total?



  1. LA MORAL COMO CONSTRUCCIÓN

Desde la psicología se ha estudiado el problema de la moral. La psicología moral, representada por Piaget y Köhlberg, ha estudiado la formación y el desarrollo del juicio moral en el niño.


II.1. LA GÉNESIS DEL JUICIO MORAL SEGÚN PIAGET
Los trabajos de J. Piaget (Neuenburg, Suiza, 1896-1980), comenzaron en 1923 con la publicación de El lenguaje y el pensamiento en el niño, Piaget estudió la génesis y el desarrollo del juicio moral, publicando en 1932 El juicio moral en el niño.
La metodología que empleó combinaba observación y entrevistas con niños entre seis y doce años, concretando sus investigaciones en la práctica y la conciencia de la regla en el juego, las consecuencias de la presión de los adultos en la conciencia moral de los niños, la mentira infantil, la justicia, los castigos, etcétera.

Piaget dedujo de estas investigaciones que en la génesis y el desarrollo de los juicios morales existen dos fases claramente definidas:




  • Fase heterónoma, que se caracteriza por lo que él llama «realismo moral" esto es, por la influencia o presión que ejercen los adultos sobre el niño. En esta fase, las reglas son coercitivas e inviolables (sagradas). El niño basa el juicio en el respeto unilateral a la autoridad. Es una fase «egocéntrica» incapaz de ponerse en el lugar de otra persona. Por otra parte, la justicia se identifica con la sanción más severa. Esta etapa estaría comprendida entre los cuatro y los ocho años de edad.



  • Fase autónoma, en la que las reglas surgen de la cooperación entre iguales, y el respeto y consentimiento mutuos. Las reglas se interiorizan y se generalizan hasta alcanzar la noción de justicia equitativa -no igualitarista- que implica el reparto racional en función de las situaciones. El juicio está basado en la reciprocidad. Esta fase abarcaría desde los nueve hasta los doce años.

A la vista de todos estos datos se pueden establecer las siguientes conclusiones:





  • existe un paralelismo que Piaget nunca llegó a determinar claramente entre la evolución intelectual y el desarrollo moral.







  • las relaciones basadas en la autoridad únicamente producen heteronomía moral, mientras que las basadas en la cooperación conducen progresivamente a la autonomía.






II.2 LAS ETAPAS DEL DESARROLLO MORAL SEGÚN

KOHLBERG
Köhlberg encontró que era insatisfactoria la división en sólo dos fases del desarrollo del juicio moral.
Sus investigaciones, iniciadas en 1955, intentan conocer el desarrollo moral «midiendo» el alcance de los juicios morales. Por ejemplo, «ahora, me chivo», «el que la hace, la paga» o «no es justo lo que me has hecho», son expresiones que denotan cada una un cierto tipo de juicio moral: «es bueno recurrir a la autoridad», «es bueno devolver el daño» o «es bueno lo justo», respectivamente.
Los resultados se condensan en las seis etapas del desarrollo del juicio moral encuadrados en tres niveles:

NIVEL A: NIVEL PRECONVENCIONAL hasta los 9 años. El niño responde a las normas siguiendo criterios hedonistas (bueno es lo que me produce placer y malo lo que me produce dolor) y en términos del poder físico de quien formula la norma.




  • Etapa I. La etapa del castigo y la obediencia: el niño cumple las normas establecidas por la autoridad adulta con el único fin de evitar los castigos que acarrea su incumplimiento.




  • Etapa 2. La etapa del propósito y los intercambios instrumentales individuales: el niño entiende las relaciones humanas como si fueran relaciones comerciales y piensa que bueno es lo que satisface sus necesidades e intereses.


NIVEL B: NIVEL CONVENCIONAL De los 9 a los 11 años. El niño enfoca las cuestiones morales desde la perspectiva del orden social establecido. Algo es bueno si está de acuerdo con las normas establecidas. El yo se identifica con el grupo social y asume su punto de vista.




  • Etapa 3. La etapa de conformidad interpersonal: aquí se piensa que los modelos sociales vigentes, los comportamientos de la mayoría plasman lo que es bueno.




  • Etapa 4. La etapa del sistema social: se pasa a ver como bueno el orden social tal cual es, las normas establecidas. Se adopta un punto de vista más colectivo, menos individualista.


La mayoría de los adultos permanecen en este nivel, con los problemas que acarrea, tales como el conformismo que da lugar a sociedades parecidas a los rebaños, y la intolerancia respecto a lo diferente.


NIVEL C: NIVEL POST-CONVENCIONAL Y DE PRINCIPIOS va de los 16 años en adelante. La persona que llega a este nivel diferencia entre las normas de su sociedad y unos principios morales universales. Piensa que son esos principios morales universales los que deben de servir de base para la construcción de sociedades justas.





  • 5. La etapa de los derechos previos y del contrato social o de utilidad: aquí lo bueno se define en función de los derechos reconocidos por toda la sociedad por su utilidad para organizar la vida en sociedad...




  • 6. La etapa de los principios éticos universales: aquí lo bueno se basa en una serie de principios válidos para toda la humanidad; igual dignidad y unos derechos comunes.

Todas estas etapas, que están vinculadas a cambios de edad, son universales, irreversibles y constituyen una «secuencia lógica» y «jerárquica». Sin embargo, según Kohlberg, aunque se dan en todos los niños y jóvenes, difícilmente se encuentran «tipos puros» (encuadrados en una única etapa) de manera que es más correcto referirse a «la etapa dominante.


Las conclusiones que se derivan de sus trabajos son:


  • La maduración moral depende de la interacción del desarrollo lógico y el entorno social.

  • Cada etapa muestra un progreso con respecto a la anterior: desde el sometimiento a la autoridad externa de la primera hasta los principios universales de las dos últimas.

  • Son los sujetos los que «construyen», en cada etapa más personal y autónomamente, el alcance de sus juicios morales.

  • Si un sujeto madura físicamente sin sobrepasar las dos primeras etapas, permanece en ellas y se configura como un «tipo puro».

  • Los sujetos que alcanzan las tres últimas no se configuran como «tipos puros» hasta alrededor de los veinticinco años.




  1. LA TEORÍA DE CAROL GILLIGAN

Fue discípula de Kohlberg en la Universidad de Harvard, y estaba muy familiarizada con sus investigaciones. Sin dudar de la importancia de la exposición sobre el desarrollo moral que hacía su maestro, observó en esta algunas deficiencias:


  • Kohlberg realizó sus investigaciones sólo sobre sujetos del sexo masculino.

  • Kohlberg usaba dilemas morales hipotéticos, que podrían estar sesgados en su planteamiento y provocar desviaciones en las respuestas de los sujetos.

  • En la escala final del desarrollo moral de Kohlberg las mujeres alcanzaban resultados inferiores a los hombres.

Ante estas deficiencias, Gilligan realizó un nuevo estudio en el cual los sujetos eran mujeres y los dilemas que se proponían eran cuestiones reales, como el aborto. El resultado fue el descubrimiento de un modelo ético diferente al propugnado por Kohlberg. Si éste propugnaba como modelo de desarrollo moral una ética de la justicia, en los estudios de Gilligan salió a la luz la ética del cuidado.


Gilligan planteó que el problema fundamental de los estudios de Kohlberg fue su limitación a sujetos masculinos, la cual introdujo una desviación de los resultados motivada por la distinta educación vital y moral que recibimos los hombres y las mujeres en la sociedad. Los hombres nos moveríamos en lo formal y abstracto, en el respeto a los derechos formales de los demás, en el ámbito individual y en las reglas. Las mujeres se moverían en lo contextual, en la responsabilidad por los demás, en las relaciones y en una concepción global y no sólo normativa de la moral.
A partir de esta concepción, Gilligan elaboró un cuadro del desarrollo moral en el ámbito de la ética del cuidado que corresponde en grandes líneas al cuadro que propuso Kohlberg en el ámbito de la ética de la justicia. Aunque formalmente los tres niveles de desarrollo que propone Gilligan se estructuran sobre la dinámica de los de Kohlberg, su contenido es muy diferente. Esto tiene que ver con las diferencias básicas entre estas éticas: ambas defienden la igualdad, pero la ética de la justicia pone el acento en la imparcialidad y la universalidad, lo que elimina las diferencias, mientras que la del cuidado pone el acento en el respeto a la diversidad y en la satisfacción de las necesidades del otro. Los individuos de la ética de la justicia son formalmente iguales, han de ser tratados de modo igualitario, los de la ética del cuidado son diferentes e irreductibles y no deben ser dañados.

Desde este punto de vista se entenderá la diferente orientación que la ética del cuidado de Gilligan da al desarrollo moral:




Primer nivel

Atención al Yo para asegurar la supervivencia: el cuidado de sí misma.

Transición

Consideración del planteamiento del primer nivel como egoísta.

Segundo nivel

Conexión entre el Yo y los otros por medio del concepto de responsabilidad: la atención a los demás y la relegación de sí misma a un segundo plano.

Transición

Análisis del desequilibrio entre autosacrificio y cuidado, reconsideración de la relación entre el Yo y los otros.

Tercer nivel

Inclusión del Yo y de los otros en la responsabilidad del cuidado. Necesidad de equilibrio entre el poder y el cuidado de sí misma, por una parte, y el cuidado a los demás por la otra.


Pg.



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