Modulo 2- lengua y literatura – Ciclo Orientado



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A mediados del siglo XVI surge una escuela de arte dramático popular en la que los actores llevan sobre sí el peso de la representación y constituyen el primer intento de cooperativa comercial: la Commedia dell’ Arte. El director y el primer actor de la compañía diseñan una idea que funcionará de base para el juego entre los personajes de esta comedia de improvisación: el mimo y el intérprete. Ellos agregan en cada representación sus propios aportes personales al libreto básico y, además, utilizan máscaras.

Esta escuela nace en 1520 gracias al gran comediante y autor Angelo Beolco, llamado Ruzzante, quien con su propia compañía profesional integrada por hombres y mujeres, interpretaba obras derivadas de la comedia latina, que abarcaban todas las habilidades escénicas (mímica, danza, acrobacia, pantomima).




    1. Teatro isabelino / Siglo de oro español

La importancia del teatro en la Inglaterra del siglo XVI, durante el reinado de Isabel I, se debe a factores político-económicos que se suman a una tradición dramática ininterrumpida desde la Edad Media y a la costumbre de los grandes señores de mantener actores en sus casas para diversión propia.


Las compañías teatrales inician su carrera presentándose en los patios de las posadas, donde se alojaban. Además, ofrecían sus funciones en los caminos que llevaban a Londres o en la misma ciudad. Un poco más tarde, en el marco de una sociedad capitalista, harían construir sus edificios teatrales siguiendo, en principio, el esquema del patio: El Teatro (1576) y El Globo (1596), de forma circular y uno de cuyos accionistas era William Shakespeare, máximo representante del teatro isabelino.
La temática de la época es de carácter violento y sangriento: venganzas, asesinatos, violaciones, incestos y demás temas escabrosos. Además se introdujo el verso blanco (sin rima).
Shakespeare es un autor de transición: comienza el Renacimiento y culmina definitivamente la Edad Media. En sus obras puede verse la tirantez entre un modelo literario que eleva la moral guerrera de la honra y la venganza (ideal medieval) junto a una idea del Estado como consenso, acuerdo político y basado en la armonía y la paz. Shakespeare rescribe muchísimos textos literarios o históricos que eran anteriores a su existencia. Así, por ejemplo, “Hamlet” proviene de una leyenda medieval danesa escrita por un monje en el siglo X, mientras que piezas como “Ricardo III” y “Enrique VIII” hacen ficción a partir de las crónicas históricas.
A continuación, presentaremos un fragmento de la tragedia “Macbeth” de Shakespeare con el fin de ejemplificar la composición del teatro isabelino. Esta obra es la representación del noble corrupto, que, llevado por la maldad de su esposa, asesina a quienes lo protegían y alcanza el poder que se ve ensombrecido por sus culpas. Como ha subido mal, cae mal también, y muere.
En la escena II del Acto II, el duque Macbeth asesina a Duncan, rey de Escocia, para sucederlo en el trono. Una vez ejecutado el plan, va al encuentro de su esposa, Lady Macbeth.
Lady Macbeth: ¿Quién era el que gritaba así? Señor, no debilites tu noble fuerza con el pensamiento puesto en las cosas con tan poco juicio. Ve, coge agua para lavarte de las manos ese testigo repugnante. ¿Por qué has traído los puñales hasta aquí? Es allí donde deben estar. Ve, devuélvelos; mancha con sangre a los dormidos centinelas.

Macbeth: No; no iré jamás. Me da pavor pensar en lo que he hecho y no tengo coraje para verlo de nuevo.

Lady Macbeth: ¡Qué voluntad tan débil! Dame a mí los puñales. Los dormidos, los muertos, son imágenes sólo. Y nadie sino un niño teme ver al diablo dibujado. Si es que sangra pondré color sobre los rostros de los dos guardianes pues debe parecer que es culpa suya.

(Sale.)


(Llaman dentro.)

Macbeth: ¿Desde dónde llaman? ¿Cómo es que el rumor más leve me horroriza? ¿De quién son estas manos que me arrancan los ojos? ¿Podrá lavar la sangre todo el gran océano de Neptuno? ¿Limpiarla de mi mano? No, nunca; antes mi mano teñiría de rojo todos los mares infinitos cubriendo el verde de escarlata.

(Entra Lady Macbeth)

Lady Macbeth: Mis manos tienen ya el color de las tuyas, y me avergonzaría llevar tan blanco el corazón.


Para introducirse en el mundo de Shakespeare hay una película excelente que protagonizó y dirigió Al Pacino: “En busca de Ricardo III”, que se encuentra disponible en video.

Le recomendamos también una novela de Javier Marías, escritor contemporáneo español y traductor de Shakespeare, llamada justamente “Corazón tan blanco” en honor al fragmento de Macbeth que acabamos de leer.
En la España del siglo XVI, el teatro religioso goza de gran vitalidad, sólo que ahora se identificará con los jesuitas y la Contrarreforma. Justamente, los tres grandes autores dramáticos del siglo de oro español (XVI-XVII) fueron sacerdotes: Lope de Vega (1562-1635), Tirso de Molina (1583?-1648) y Calderón de la Barca (1600-1681). Todos intentarán romper las reglas clásicas con el objeto de lograr un mayor realismo, aunque sigue tratándose de teatro en verso. En esta época, el arte teatral comienza a convertirse en un entretenimiento popular, espontáneo y vital, igual que en Inglaterra. En lo que respecta a la temática, se cultivó desde comedias y autos sacramentales hasta motivos bíblicos, históricos, legendarios o mágicos. Vale destacar que Calderón de la Barca desarrolla un teatro filosófico, cargado de lírica y simbolismo, mientras que Lope de Vega está más cerca de la espontaneidad y tiene una poesía menos cerrada. He aquí un fragmento de la jornada I de “La vida es sueño”, de Calderón, texto donde cada personaje monologa largamente con un lenguaje completamente artificial, quizá excesivamente literario para el gusto contemporáneo. Se trata justamente del monólogo del príncipe Segismundo en la prisión, quien personifica al hombre de la época barroca, descreído de un mundo superior y eterno. Los versos de este monólogo han tenido enorme trascendencia.
Segismundo:

¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelices!

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así,

qué delito cometí

contra vosotros naciendo;

aunque si nací, ya entiendo

qué delito he cometido:

bastante causa ha tenido

vuestra justicia y rigor,

pues el delito mayor

del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber,

para apurar mis desvelos

(dejando a una parte, cielos,

el delito de nacer),

¿qué más os pude ofender,

para castigarme más?

¿no nacieron los demás?

Pues si los demás nacieron,

¿qué privilegios tuvieron

que yo no gocé jamás?





    1. El teatro clásico francés






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