Modulo 2- lengua y literatura – Ciclo Orientado


BACHILLERATO ACELERADO PARA ADULTOS A DISTANCIA



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BACHILLERATO


ACELERADO PARA ADULTOS

A DISTANCIA



- IED-

Lengua y Literatura

CO II

- Ciclo Orientado -

CONTENIDOS DESARROLLADOS

Unidad Nº 1 - La búsqueda de información


  1. Tomar notas

  2. Resumir

2.1. Hacerse autopreguntas

2.2. Escribir el resume

3. Hacer fichas

Unidad Nº 2 - Literatura argentina: textos en contexto


1. El movimiento romántico en la Argentina

1.1. El Romanticismo

1.2. El Romanticismo en el Río de la Plata

1.2.1. “El Matadero” de Esteban Echeverría

1.2.2. “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento

2. Julio Cortázar y el primer peronismo



Unidad Nº 3 - La novela

1. El género narrativo - La novela

1.1. Breve historia del género

1.2. La forma de la novela

1.3. “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez

Unidad Nº 4 - La poesía

1. El lenguaje poético: características

2. Retórica: figuras

2.1. Figuras del plano fónico

2.2. Figuras del plano sintáctico

2.3. Figuras del plano semántico

3. Análisis de poemas

4. Las poéticas del siglo XX


Unidad Nº 5 - El texto dramático

  1. El teatro como género mixto: el hecho escénico

    1. Importancia de la puesta en escena: director-actores-escenografía. La complejidad del fenómeno teatral

    2. Estructura interna y externa de la obra. Escena y cuadro

    3. Personajes

  2. Breve historia del género

    1. Nacimiento de la tragedia

    2. El medioevo. Autos sacramentales

    3. La Commedia dell’ Arte

    4. Teatro isabelino / Siglo de oro español

    5. El teatro clásico francés

    6. Cambios del siglo XX: el teatro se transforma

    7. El realismo

2.8. Teatro épico. Antiteatro. Teatro de la crueldad. Teatro del absurdo


2.9. El teatro en la Argentina contemporánea

Anexo - El procedimiento de la escritura - Escribiendo textos

1. Cuestiones ortográficas y gramaticales

2. Cuestiones de cohesión y coherencia


Unidad Nº 1 - La búsqueda de información


  1. Tomar notas

2. Resumir

2.1. Hacerse autopreguntas

2.2. Escribir el resumen

3. Hacer fichas


UNIDAD Nº 1 – La búsqueda de información


En el módulo anterior exploramos las características de la lengua, de los textos y del discurso literario en particular. Vimos de qué modo la mayoría de los mensajes comunicativos son producidos en un contexto dado para cumplir funciones concretas (por lo que muchas veces su vigencia es escasa), mientras que los textos literarios intentan cumplir una función estética que los haga merecedores de ser conservados, preservados, leídos y releídos por públicos de cualquier tiempo y lugar. Esa intención de perdurabilidad de los mensajes literarios los convierte en textos destinados a reproducirse en sus propios términos. De ahí que encontremos un uso especial del lenguaje orientado a fijar el texto y a ensamblar de un modo indisociables a la forma y el contenido.
Por otra parte, habíamos dejado en claro que el discurso literario es siempre ficticio: los seres, situaciones, emociones y acontecimientos que allí se muestran son mundos separados de la realidad. Por lo tanto, el lector acepta el juego de “suspender la incredulidad” para entrar, durante el tiempo que dure la lectura, a ese “jugar en serio”.
Ahora bien, el discurso literario, como otros géneros discursivos, tiene relaciones concretas e identificables con sus condiciones de producción: concretamente, su autor y su contexto de aparición. Un lector crítico puede y debe establecer vínculos entre varias obras de un mismo autor, de una misma época o de un mismo movimiento estético. En esta segunda parte del curso relevaremos información para ocuparnos de enmarcar los textos que analicemos y, así, enriquecer nuestra comprensión de ellos. Nos facilitará la tarea el tener ciertas herramientas a mano. Para esto repasaremos las distintas posibilidades de búsqueda y procesamiento de la información. Informarse supone hacer un recorrido que comienza con la búsqueda de datos y culmina con su procesamiento e incorporación.
En un mundo donde existe una suerte de sobreabundancia de medios que ofrecen información (los libros especializados, las enciclopedias, los medios masivos de comunicación, las redes informáticas, etc.), el problema parece ser entonces seleccionar, resumir y archivar lo que se busca, antes que hallarlo.
Veamos distintos modos para procesar la información obtenida.


  1. Tomar notas

Por ejemplo, el artículo sobre un tema en particular de una enciclopedia es, sin duda, un texto expositivo: la nota enciclopédica se caracteriza por presentar y desarrollar un tema que está anticipado en el título y que actúa como eje organizador de la información dada. Como el tema se desarrolla y despliega mediante subtemas, habrá que prestar particular atención al título y los subtítulos, la introducción, los subrayados y los cambios de tipografía. En sus notas, usted debería anotar las palabras claves del texto, usar signos que ayuden a destacar o relacionar, unir con flechas palabras o ideas.


  1. Resumir

Si los artículos son más extensos (por ejemplo, si son el resultado de alguna búsqueda en Internet) conviene seguir la división en subtítulos para hacer el resumen. Los subtítulos indican en cuántas partes está dividido el texto, siendo estas partes, en general, de importancia similar. Conservando los subtítulos se puede resumir lo más importante de cada una. Recordemos para ello las estrategias que vimos en el módulo 1.



    1. Hacerse autopreguntas



  1. Respecto de la progresión temática del texto: ¿Sigue el texto hablando de lo mismo? ¿De qué trata ahora el texto? ¿Qué dice ahora el texto de ese tema?




  1. Para construir el significado global del texto: ¿Podemos quitar algo porque ya lo sabemos o porque se dice lo mismo de varias formas? ¿Hay algo en el texto que se pueda considerar como un ejemplo de otra cosa que ya sabemos? ¿Podemos sustituir todo esto por alguna palabra nuestra que diga lo mismo?




  1. Reconocer la organización interna del texto, es decir, clasificarlos según su forma de organizarse (superestructura): ¿Qué organización de las que conocemos podría corresponder a este texto? ¿Dónde están en el texto el antecedente y el consecuente (causal); el problema y la solución; las diferencias y semejanzas de las cosas comparadas (comparación); los rasgos o características de las entidades descriptas (descripción); las fases o pasos de la secuencia?


    1. Escribir el resumen

Para escribir un resumen debemos:

1) Determinar el tema de cada párrafo usando oraciones temáticas, es decir, oraciones que sinteticen lo que ese párrafo dice. Si existe una oración que resume un párrafo completo se la usa. En caso contrario, uno mismo la inventa.
2) Es conveniente eliminar listas. Si observa una lista de cosas, intente pensar una palabra o frase para toda la lista. Por ejemplo, una lista que diga “ojos-nariz-brazos-piernas”, se puede englobar en “partes del cuerpo”.
3) Eliminar detalles innecesarios: muchas veces se repite información ya dada porque las mismas cosas pueden decirse de diferentes maneras. Además, hay partes que pueden ser poco importantes o superficiales. Como un resumen debe ser breve, hay que eliminar la información superficial, redundante o repetida.
4) Eliminar párrafos: hay párrafos que aclaran o amplían la información ya presentada en otros párrafos. Debe decidir qué párrafos son conservados y cuáles eliminados.



  1. Hacer fichas

Conviene ir armando fichas de lectura que pueden estar organizadas por criterio temático (es decir, según se pase en cada una algún aspecto del tema que lo ocupa), autor o fuente de la que se sacó la información. En ellas se puede pasar la información resumida o anotada, realizar anotaciones propias o citar del texto lo que crea necesario. Siempre que se ficha información es fundamental consignar los datos bibliográficos: autor, título del libro o del artículo de revista, editorial, lugar y fecha de edición. El título de los libros siempre se subraya o se pone en itálica, mientras que los de artículos o capítulos se entrecomillan.


En la actualidad, además de los sitios tradicionales de búsqueda de información (libros especializados, manuales, enciclopedias) las redes informáticas son uno de los recursos que tenemos más a mano. Es importante la velocidad, la posibilidad de hallar rápidamente la información mediante buscadores y de copiarla después en la propia computadora sin necesidad de invertir tiempo en ello. Aunque luego sea conveniente leer con detenimiento la información obtenida (si se la imprime, tanto mejor, porque se tiene una visión global del texto y, además, es más fácil subrayar y anotar) y descartar todo lo que sea redundante o excesivamente superficial.

Unidad Nº 2 - Literatura argentina: textos en contexto

1. El movimiento romántico en la Argentina

1.1. El romanticismo

1.2. El romanticismo en el Río de la Plata

1.2.1. “El Matadero”, de Esteban Echeverría

1.2.2. “Facundo”, de Domingo Faustino Sarmiento

2. Julio Cortázar y el primer peronismo
UNIDAD Nº 2 - Literatura argentina: textos en contexto
1. El movimiento romántico en la Argentina

1.1. El Romanticismo
Durante la primera mitad del siglo XIX surgieron en Europa dos corrientes que tuvieron una influencia decisiva en la literatura posterior: el Romanticismo y el Realismo. Ambas tienen en común su oposición terminante a los principios clásicos y ambas poseen una misma raíz, ya que poseen vínculos muy estrechos con el origen de la burguesía como clase social dominante. En consecuencia, ambos movimientos reivindican, con procedimientos diferentes, a un individuo que adquiere dignidad a través de una búsqueda personal.
Entonces, la dimensión heroica ha sufrido un desplazamiento: no se trata de la encarnación abstracta de virtudes propia de los héroes clásicos, sino de la individualidad de las personas comunes.
 Hemos mencionado recién el ascenso de la burguesía como clase social dominante. Le pedimos que revise en algún texto de historia cómo, en qué momento y a partir de qué hechos fundamentales sucedió esto. Haga un resumen de lo que encuentre que no tenga más de dos carillas y obedezca a la forma de un texto expositivo secuencial.

El Romanticismo se difundió por casi toda Europa. Sin embargo, su centro estuvo en Alemania e Inglaterra. El Sturm und Drang (“Tormenta e ímpetu”) reunió a jóvenes románticos de diferentes regiones de Alemania en torno de la figura de Johann Wolfgang Goethe (1794-1832). Defendían los derechos del sentimiento contra los rígidos mandatos de la razón, la cual había tenido durante el Iluminismo su punto más alto. Además, alertaban contra la deshumanización. En Inglaterra, poetas como William Blake (1757-1827), William Wordsworth (1770-1850), Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), Lord George Byron (1778-1824) y John Keats (1795-1821) revolucionaron, con sus innovaciones, el panorama de la poesía. En Francia fue Víctor Hugo el máximo exponente del Romanticismo. Toda la producción romántica tiene ciertos rasgos comunes:




  • El predominio del sentimiento sobre la razón.

  • La libertad de la forma, que debía obedecer sólo a los deseos del creador y no a nada preestablecido. Esto iba en contra de los moldes indiscutidos del clasicismo.

  • El culto del yo. El yo adquirió un papel protagónico dado que la subjetividad era la verdadera protagonista del arte romántico. Aún las expresiones del yo más íntimo podían tener un costado heroico.

  • El paisaje exterior como expresión de la interioridad, es decir, como proyección. El paisaje reflejaba los estados de ánimo y las emociones del sujeto.



    1. El Romanticismo en el Río de la Plata

Durante la primera mitad del siglo XIX, en las Provincias Unidas del Río de la Plata podemos ver cómo se van perfilando y condensando los ejes de sentido más importantes de lo que sería la política y la cultura nacional. La lucha por el dominio del poder de unitarios y federales impuso una práctica de violencia política y exilio forzoso que serán rasgos recurrentes en la historia de Argentina.


Los principales escritores en el país eran Esteban Echeverría, Domingo Sarmiento, Juan Alberdi y José Mármol, quienes habían importado de sus viajes a Europa la estética romántica. El país con el que sueñan tiene la ineludible realidad del desierto argentino, despoblado en grandes zonas y habitado por el “salvaje” en todas las demás. De esa manera, se fundará una oposición que Sarmiento condensa en el subtítulo del “Facundo” (Civilización o Barbarie) y que recorrerá también más de cien años de historia argentina.
Vemos entonces que lo que llamaríamos literatura nacional surge en un clima de violencia que hará que se subordine lo estético a lo ideológico. En la literatura, los “otros” hallarán su representación en los indios, gauchos, federales, “cabecitas negras”.
El movimiento romántico coincide aquí con el origen de una literatura nacional muy marcada por la reciente independencia. A partir de la enorme influencia francesa, el Romanticismo adquiere un carácter social que le permite a la literatura ser el vehículo de propagación de ideales políticos.
Nosotros vamos a estudiar el cuento “El Matadero” del argentino Esteban Echeverría y leeremos el prólogo del “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento. Ambos son textos que marcaron a fuego la identidad nacional a partir de los opuestos que proponen como esenciales para pensar nuestra realidad. Los dos son textos programáticos (es decir, que llevan en sí un programa) de la literatura argentina. Y, en ambos, la violencia es omnipresente y se hace extensiva al uso del lenguaje.
 Haga dos fichas de autor, una para cada uno. Consigne allí una breve biografía que incluya fecha de publicación de las obras mencionadas.
 Luego rastree en la Web el cuento de Echeverría. Una dirección que le sugerimos es www.bibliotecasvirtuales.com.


      1. El Matadero” de Esteban Echeverría

Echeverría escribió “El Matadero entre 1838 y 1840, pero recién se publicó en 1871. Es un producto de la mentalidad romántica, un relato de costumbres y, ante todo, es el primer cuento de la literatura argentina.


Además del relato de costumbres, Echeverría hace allí una denuncia política al gobierno de Rosas. Si bien hay elementos realistas, el planteo global es romántico y, básicamente, armado sobre oposiciones: civilizados y bárbaros, materialistas y espiritualistas, feroces y delicados, etc.
Al elegir al matadero como ámbito para la narración se obtienen muchas cosas. En principio, se trata de una zona limítrofe entre el campo y la ciudad. En verdad, es la presencia del campo, con sus propias leyes, dentro de la ciudad. Esta presencia se encuentra reforzada por la temática de la carne, que refiere directamente al poder de Rosas, un hacendado de la provincia de Buenos Aires y representante, por ende, del sector ganadero que el cuento bestializa. Toda esta situación se materializa en el uso del lenguaje: mientras que todo lo relacionado con los federales connota brutalidad sanguinaria y primitivismo (debemos atender particularmente a la descripción que hace el narrador del matadero), el lenguaje del unitario –y el del narrador que con él se identifica– es un lenguaje culto, incluso a veces hasta la inverosimilitud.
 Señale en el texto los adjetivos empleados por el narrador en la descripción del matadero y los matarifes, y arme con ellos una columna referida a la barbarie. Luego haga lo mismo con las referencias al personaje unitario y contrástelas. De esa manera, obtendremos los paradigmas de la civilización y la barbarie.
 Usted ya ha trabajado en la Unidad 2 del módulo 1 las características del cuento y la división en secuencias. Divida este texto y subtitule cada secuencia. Luego, haga un resumen de no más de media carilla.


      1. Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento

El “Facundo” apareció por primera vez en Chile en 1845 con el siguiente título: “Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspectos físicos, costumbres y hábitos de la República Argentina”. Primero lo hizo en forma de folletín y, luego, como libro. Tanto la estructura del libro como su título sufrieron cambios relacionados con la vida política de su autor. Si bien la finalidad política del texto es evidente –lo que desea Sarmiento es atacar a Rosas mediante la figura de Quiroga– la pertenencia genérica del libro se discute todavía hoy: ¿es un ensayo de tesis, una biografía novelada, una novela?


Está formado por una introducción –el prólogo que nosotros leeremos, donde se invoca a Facundo– y tres partes:

  • En la primera (capítulos 1 a 4) el autor se refiere a la geografía argentina y el problema de su vastedad. Este eje temático será retomado, años después, por Ezequiel Martínez Estrada en su genial ensayo “Radiografía de la Pampa”.

  • la segunda parte (capítulos 5 al 13) aborda la vida de Facundo Quiroga.

  • en la tercera (capítulos 14 y 15) se analizan las consecuencias del asesinato de Quiroga en Barranca Yaco. Y aparece aquí el componente claramente programático, ya que Sarmiento expone el programa político que debe llevarse adelante una vez que Rosas haya sido arrancado del poder.

Ahora, leamos fragmentos del prólogo:


Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo. Tu posees el secreto, ¡revélanoslo! Diez años aún, después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían: “¡No! ¡No ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá!” ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento: su alma ha pasado a ese otro molde más acabado, más perfecto; y lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Rosas en sistema, efecto y fin. La naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambióse en esta metamorfosis en arte, en sistema y en política regular, capaz de presentar a la faz del mundo como el modo de ser de un pueblo encarnado en un hombre que ha aspirado a tomar los aires de un genio, que domina los acontecimientos, los hombres, y las cosas. Facundo, provinciano bárbaro, valiente, audaz fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él; por Rosas, falso, corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión y organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo. Tirano sin rival hoy en la tierra, ¿por qué sus enemigos quieren disputarle el título de grande que le prodigan sus cortesanos? Sí, grande y muy grande es, para gloria y vergüenza de su patria, porque si ha encontrado millares de seres degradados que se unzan a su carro para arrastrarlo por encima de cadáveres, también se hallan millones de almas generosas que en quince anos de lid sangrienta no han desesperado de vencer al monstruo que nos propone el enigma de la organización política de la República. Un día vendrá, al fin, que lo resuelva, y la Esfinge Argentina, mitad mujer por lo cobarde, mitad tigre por lo sanguinario, morirá a sus plantas, dando a la Tebas del Plata el rango elevado que le toca entre las naciones del Nuevo Mundo.
Necesítase, empero, para desatar este nudo que no ha podido cortar la espada, estudiar prolijamente las vueltas y revueltas de los hilos que lo forman, y buscar en los antecedentes nacionales, en la fisonomía del suelo, en las costumbres y tradiciones populares, los puntos en que están pegados.
La República Argentina es hoy la sección hispanoamericana que en sus manifestaciones exteriores ha llamado preferentemente la atención de las naciones europeas, que no pocas veces se han visto envueltas en sus extravíos o atraídas, como por una vorágine, a acercarse al centro en que remolinean elementos tan contrarios. La Francia estuvo a punto de ceder a esta atracción, y no sin grandes esfuerzos de remo y vela, no sin perder el gobernalle, logró alejarse y mantenerse a la distancia. Sus más hábiles políticos no han alcanzado a comprender nada de lo que sus ojos han visto al echar una mirada precipitada sobre el poder americano, que desafiaba a la gran nación. Al ver las lavas ardientes que se revuelcan, se agitan, se chocan, bramando en este gran foco de lucha intestina, los que por más avisados se tienen han dicho: “Es un volcán subalterno, sin nombre, de los muchos que aparecen en América; pronto se extinguirá”; y han vuelto a otra parte sus miradas, satisfechos de haber dado una solución tan fácil como exacta de los fenómenos sociales que sólo han visto en grupo y superficialmente. A la América del Sur en general, y a la República Argentina, sobre todo, le ha hecho falta un Tocqueville, que, premunido del conocimiento de las teorías sociales, como el viajero científico de barómetros, octantes y brújulas, viniera a penetrar en el interior de nuestra vida política, como en un campo vastísimo y aun no explorado ni descrito por la ciencia, y revelase a la Europa, a la Francia, tan ávida de fases nuevas en la vida de las diversas porciones de la humanidad, este nuevo modo de ser que no tiene antecedentes bien marcados y conocidos.
Hubiérase entonces explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a aquella república; hubiéranse clasificado distintamente los elementos contrarios, invencibles, que se chocan; hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno, y a los hábitos que ella engendra; su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, íntima, plebeya, que han dejado la Inquisición y el absolutismo hispano; su parte a la influencia de las ideas opuestas que han trastornado al mundo político; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea; su parte, en fin, a la democracia consagrada por la Revolución de 1810, a la igualdad, cuyo dogma ha penetrado hasta las capas inferiores de la sociedad.

Este estudio, que nosotros no estamos aún en estado de hacer, por nuestra falta de instrucción filosófica e histórica, hecho por observadores competentes, habría revelado a los ojos atónitos de Europa un mundo nuevo en política, una lucha ingenua, franca y primitiva entre los últimos progresos del espíritu humano y los rudimentos de la vida salvaje, entre las ciudades populosas y los bosques sombríos. Entonces se habría podido aclarar un poco el problema de la España, esa rezagada de Europa que, echada entre el Mediterráneo y el Océano, entre la Edad Media y el siglo XIX, unida a la Europa culta por un ancho istmo, y separada del África bárbara por un angosto estrecho, está balanceándose entre dos fuerzas opuestas, ya levantándose en la balanza de los pueblos libres, ya cayendo en la de los despolitizados (....) maldiciendo sus cadenas rotas a veces, ya cruzando los brazos y pidiendo a gritos que le impongan el yugo, que parece ser su condición y su modo de existir. ¡Qué! ¿El problema de la España bárbara no podría resolverse examinando minuciosamente la España americana, como por la educación y hábitos de los hijos se rastrean las ideas y la moralidad de los padres?(....) ¿No merece estudio el espectáculo de la República Argentina, que después de veinte años de combustión interna, de ensayos de organización de todo género, produce, al fin, del fondo de sus entrañas, de lo íntimo de su corazón, al mismísimo doctor Francia en la persona de Rosas, pero más grande, más desenvuelto y más hostil, si se puede, a las ideas, costumbres y civilización de los pueblos europeos? ¿No se descubre en él el mismo rencor contra el elemento extranjero, la misma idea de la autoridad del gobierno, la misma insolencia para desafiar la reprobación del mundo, con más su originalidad salvaje, su carácter fríamente feroz y su voluntad incontrastable, hasta el sacrificio de la patria, como Sagunto y Numancia; hasta abjurar el porvenir y el rango de nación culta, como la España de Felipe II y Torquemada? ¿Es éste un capricho accidental, una desviación momentánea causada por la aparición en la escena de un genio poderoso, bien así como los planetas se salen de su órbita regular, atraídos por la aproximación de algún otro, pero sin substraerse del todo a la atracción de su centro de rotación, que luego asume la preponderancia y les hace entrar en su carrera ordinaria?


M. Guizot ha dicho desde la tribuna francesa: “Hay en América dos partidos: el partido europeo y el partido americano; éste es el más fuerte” y cuando le avisan que los franceses han tomado las armas en Montevideo, y han asociado su porvenir, su vida y su bienestar al triunfo del partido europeo civilizado, se contenta con añadir, “los franceses son muy entremetidos, y comprometen a su nación con los demás gobiernos”. ¡Bendito sea Dios! Guizot, el historiador de la “Civilización” europea, el que ha deslindado los elementos nuevos que modificaron la civilización romana, y que ha penetrado en el laberinto de la Edad Media, para mostrar cómo la nación francesa ha sido el crisol en que se ha estado elaborando, mezclando y refundiendo el espíritu moderno; monsieur Guizot, ministro del rey de Francia, da por toda solución a esta manifestación de simpatías profundas entre los franceses y los enemigos de Rosas: “¡Son muy entremetidos los franceses!”. Los otros pueblos americanos, que, indiferentes e impasibles, miran esta lucha y estas alianzas de un partido argentino con todo elemento europeo que venga a prestarle su apoyo, exclaman, a su vez, llenos de indignación: “¡Estos argentinos son muy amigos de los europeos!” Y el tirano de la República Argentina se encarga oficiosamente de completarles la frase, añadiendo: “¡Traidores a la causa americana!” Es cierto, dicen todos, ¡traidores!, esta es la palabra. ¡Cierto!, decimos nosotros; ¡traidores a la causa americana, absolutista, bárbara! ¿No habéis oído la palabra ‘salvaje’que revolotea sobre nuestras cabezas?
De eso se trata, de ser o de no ser salvaje. ¿Rosas, según esto, no es un hecho aislado, una aberración, una monstruosidad? Es, por el contrario, una manifestación social; es una fórmula de una manera de ser de un pueblo. ¿Para qué os obstináis en combatirlo, pues, si es fatal, forzoso, natural y lógico? ¡Dios mío! ¡Para qué lo combatís!... ¿Acaso porque la empresa es ardua, por eso es absurda? ¿Acaso porque el mal principio triunfa se le ha de abandonar resignadamente el terreno? ¿Acaso la libertad y la civilización son débiles hoy en el mundo, porque la Italia gima bajo el peso de todos los despotismos, porque la Polonia ande errante sobre la tierra mendigando un poco de pan y un poco de libertad? ¡Por qué lo combatís! ¿Acaso no estamos vivos los que, después de tantos desastres, sobrevivimos aún?; ¿o hemos perdido nuestra conciencia de lo justo y del porvenir de la patria, porque hemos perdido algunas batallas? ¡Qué! ¿Se quedan también las ideas entre los despojos de los combates? ¿No somos dueños de hacer otra cosa que lo que hacemos, ni más ni menos que como Rosas no puede dejar de ser lo que es? ¿No hay nada de providencial en estas luchas de los pueblos? ¿Concedióse jamás el triunfo a quien no sabe perseverar? Por otra parte ¿hemos de abandonar un suelo de los más privilegiados de América a las devastaciones de la barbarie, mantener cien ríos navegables abandonados a las aves acuáticas que están en quieta posesión de surcarlos ellas solas desde ‘ab initio’?
¿Hemos de cerrar voluntariamente la puerta a la inmigración europea, que llama con golpes repetidos para poblar nuestros desiertos y hacernos, a la sombra de nuestro pabellón, pueblo innumerable como las arenas del mar? (...) ¿No queréis, en fin, que vayamos a invocar la ciencia y la industria en nuestro auxilio, a llamarlas con todas nuestras fuerzas, para que vengan a sentarse en medio de nosotros, libre la una de toda traba puesta al pensamiento, segura la otra de toda violencia y de toda coacción? ¡Oh! ¡Este porvenir no se renuncia así nomás! No se renuncia porque un ejército de 20.000 hombres guarde la entrada de la patria: los soldados mueren en los combates, desertan o cambian de bandera. No se renuncia porque la fortuna haya favorecido a un tirano durante largos y pesados años: la fortuna es ciega, y un día que no acierte a encontrar a su favorito entre el humo denso y la polvareda de los combates, ¡adiós tirano!, ¡adiós tiranía! No se renuncia porque todas las brutales e ignorantes tradiciones coloniales hayan podido más en un momento de extravío en ánimo de las masas inexpertas; las convulsiones políticas traen la experiencia y la luz, y es ley de la humanidad que los intereses nuevos, las ideas fecundas, el progreso, triunfen al fin de las tradiciones envejecidas, de los hábitos ignorantes y de las preocupaciones estacionarias. No se renuncia porque en un pueblo haya millares de hombres candorosos que tomen el bien por el mal; egoístas que sacan de él su provecho; indiferentes que lo ven sin interesarse; tímidos que no se atreven a combatirlo; corrompidos, en fin, conociéndolo, se entregan a él por inclinación al mal, por depravación; siempre ha habido en los pueblos todo esto, y nunca el mal ha triunfado definitivamente.(...)
¡No! No se renuncia a un porvenir tan inmenso, a una misión tan elevada, por ese cúmulo de contradicciones y dificultades. ¡Las dificultades se vencen, las contradicciones se acaban a fuerza de contradecirlas!
Desde Chile, nosotros nada podemos dar “a los que perseveran” en la lucha bajo todos los rigores de las privaciones, y con la cuchilla exterminadora, que como la espada de Damocles, pende a todas horas sobre sus cabezas. ¡Nada! Excepto ideas, excepto consuelos, excepto estímulo, arma ninguna nos es dado llevar a los combatientes, si no es que la Prensa libre de Chile suministra a todos los hombres libres. ¡La Prensa! ¡La Prensa! He aquí, tirano, el enemigo que sofocaste entre nosotros. He aquí el vellocino de oro que tratamos de conquistar. He aquí cómo la prensa de Francia, Inglaterra, Brasil, Montevideo, Chile, Corrientes, va a turbar tu seno en medio del silencio sepulcral de tus víctimas; he aquí que desciendes a justificarte, y que vas por todos los pueblos europeos y americanos mendigando una pluma venal y fratricida, para que por medio de la prensa defienda al que la ha encadenado. ¿Por qué no permites en tu patria la discusión que mantienes en todos los otros pueblos? ¿Para qué, pues, tantos millares de víctimas sacrificadas por el puñal; para qué tantas batallas, si al cabo habías de concluir por la pacífica discusión de la prensa?
El que haya leído las páginas que preceden creerá que es mi ánimo trazar un cuadro apasionado de los actos de barbarie que han deshonrado el nombre de Don Juan Manuel de Rosas. Que se tranquilicen los que abriguen ese temor. Aún no se ha formado la última página de esta biografía inmoral, aún no está llena la medida; los días de su héroe no han sido contados aún. Por otra parte, las pasiones que subleva entre sus enemigos son demasiado rencorosas aún, para que pudieran ellos mismos poner fe en su imparcialidad o en su justicia.
Es de otro personaje de quien debo ocuparme. Facundo Quiroga es el caudillo cuyos hechos quiero consignar en el papel. Diez años ha que la tierra pesa sobre sus cenizas, y muy cruel y emponzoñada debiera mostrarse la calumnia que fuera a cavar los sepulcros en busca de víctimas.
¿Quién lanzó la bala ‘oficial’que detuvo su carrera? ¿Partió de Buenos Aires o de Córdoba? La historia explicará este arcano. Facundo Quiroga, empero, es el tipo más ingenuo del carácter de la guerra civil de la República Argentina, es la figura más americana que la revolución presenta. Facundo Quiroga enlaza y eslabona todos los elementos de desorden que hasta antes de su aparición estaban agitándose aisladamente en cada provincia; él hace de la guerra local la guerra nacional argentina, y presenta triunfante, al fin de diez años de trabajos, de devastación y de combates, el resultado de que sólo supo aprovecharse el que lo asesinó. He creído explicar la revolución argentina en la biografía de Juan Facundo Quiroga, porque creo que él explica suficientemente una de las tendencias, una de las dos fases diversas que luchan en el seno de aquella sociedad singular.
He evocado, pues, mis recuerdos, y buscado, para completarlos, los detalles que han podido suministrarme hombres que lo conocieron en su infancia, que fueron sus partidarios o sus enemigos, que han visto con sus ojos unos hechos, oído otros, y tenido conocimiento exacto de una época o de una situación particular. Aun espero más datos de los que poseo, que ya son numerosos. Si algunas inexactitudes se me escapan, ruego a los que las adviertan, que me las comuniquen; porque en Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno, a lo cual creo necesario consagrar una seria atención, porque sin esto la vida y hechos de Facundo Quiroga son vulgaridades que no merecerían entrar sino episódicamente en el dominio de la historia. Pero Facundo, en relación con la fisonomía de la naturaleza grandiosamente salvaje que prevalece en la inmensa extensión de la República Argentina; Facundo, en fin, siendo lo que fue, no por un accidente de su carácter sino por antecedentes inevitables y ajenos de su voluntad, es el personaje histórico más singular, más notable, que puede presentarse a la contemplación de los hombres que comprenden que un caudillo que encabeza un gran movimiento social o es más que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación en una época dada de su historia. Alejandro es la pintura, el reflejo de la Grecia guerrera, literaria, política y artística; de la Grecia escéptica, filosófica y emprendedora, que se derrama por sobre el Asia para extender la esfera de su acción civilizadora.
Por esto no es necesario detenernos en los detalles de la vida interior del pueblo argentino para comprender su ideal, su personificación (...)
Razones de este género me han movido a dividir este precipitado trabajo en dos partes: la una en que trazo el terreno, el paisaje, el teatro sobre el que va a representarse la escena; la otra, en que aparece el personaje, con su traje, sus ideas, su sistema de obra; de manera que la primera está ya revelando a la segunda, sin necesidad de comentarios ni explicaciones.
 Le proponemos leer el prólogo como un texto argumentativo, con las características que hemos estudiado. Para lo cual, habrá que diferenciar:

- una o más hipótesis que funcionen como eje para ordenar los argumentos.

- Argumentos a favor y contraargumentos posibles.

- Oponentes. ¿Quiénes son? ¿Se los cita? ¿De qué manera?

- Como ya le adelantamos, el texto está armado a partir de oposiciones de las cuales la más importante es la de civilización y barbarie. ¿Quiénes o qué cosas representan cada uno de estos polos a lo largo del texto? Arme un cuadro donde los oponga.

- Además de la argumentación ¿El texto tiene partes descriptivas y narrativas? Identifíquelas.




  1. Julio Cortázar y el primer peronismo


En el siglo XX, el cuento sigue la línea que había marcado Edgar Allan Poe y que nosotros estudiamos en la Unidad 2 del módulo 1. Pero también sufre modificaciones, a principios del siglo XX, a partir del surgimiento del psicoanálisis y las vanguardias.
Hay sobre todo un marcado interés por el tema del tiempo y los planos de la realidad, cierta necesidad de explorar la conciencia y el pensamiento que dan por resultado una atención especial a la atmósfera del relato. Todo esto se consigue a partir de elementos implícitos, que el lector debe suponer y reponer. Los finales, muchas veces, son abiertos y no cumplen con la función de cierre del sentido que tenían en el cuento clásico.
Julio Cortázar es traductor de Poe, y tiene varios ensayos escritos sobre el género cuento y lo fantástico en particular. Recordemos que el relato fantástico es un tipo de texto en el que un clima natural y una trama en principio verosímil se ven quebrados por la irrupción de algún hecho fuera de lo común, o directamente inverosímil, para el que no se encuentra una explicación racional. El lector vacila, entonces, respecto de si lo que lee ‘es o no es verdad’ dentro del mundo ficticio. Esto es posible gracias a narradores en primera persona, que nos dan su punto de vista sin que haya posibilidad de contrastar con otras voces.
Tradicionalmente el cuento “Casa Tomada” que usted leerá a continuación fue interpretado como metáfora de la “invasión” que la llegada del peronismo al poder y la inmigración interna que trajo aparejada había provocado para la clase media porteña. El ingreso de los sectores populares –llamados despectivamente “cabecitas negras”– al ámbito urbano fue vivido por la clase media y por gran parte de la literatura como una pesadilla. Juan José Sebreli, ensayista y crítico, dice lo siguiente en su libro “Buenos Aires, vida cotidiana y alineación”:
“Es de imaginar que la repentina aparición del peronismo en la apacible vida de la clase media produjo el mismo efecto que una piedra arrojada con fuerza en las aguas estancadas de un charco habitado por ranas dormidas. El torbellino de la aventura incontrolada del peronismo, con sus emboscadas, sus acechanzas, sus peligros, sus persecuciones y sus sorpresas, vino a perturbar la monótona vida cotidiana de la clase media. Monotonía en cuya permanencia y aburrimiento habían encontrado la fórmula de la felicidad los pacíficos, los indecisos, los cómodos pequeñoburgueses que, de ahora en adelante, vivirían añorando el paraíso perdido del conservadorismo, cuando estaba excluida toda innovación, cuando nada cambiaba nunca de lugar. Todo ese mundo de mitos domésticos, de pequeñas cosas queridas, fueron atomizados por el dinamismo peronista, separados en categorías sociales, divididos en factores de producción, disgregada para siempre su antigua intimidad”.
Ahora, leamos el cuento “Casa Tomada” (en “Bestiario”, 1951).
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lilas. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.


Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.


Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

- Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

- ¿Estás seguro?

Asentí.

- Entonces –dijo recogiendo las agujas– tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

- No está aquí.


Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.


Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo.


A veces Irene decía:

- Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)


Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.


No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.


- Han tomado esta parte –dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

- ¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? –le pregunté inútilmente.

- No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.


Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
 Después de leer el cuento, realice las siguientes actividades:

a) Separe el texto en partes.

b) Describa el equilibrio inicial de los personajes.

c) ¿Cuál es el hecho que rompe el equilibrio? Localícelo en el texto.

d) ¿Se llega a un segundo equilibrio? ¿Cómo lo describiría?

e) ¿Por qué podría decir que se trata de un cuento fantástico?

f) ¿Cómo relacionaría la trama de esta historia con el texto de Sebreli? Escriba un breve texto comparativo.

ACTIVIDADES DE INTEGRACIÓN Nº 1


1) ¿Cuáles son los modos de clasificar la información que hemos repasado?

  1. ¿Para resolver qué actividades le resultaron útiles o necesarios? Transcriba aquí los textos que haya producido siguiendo esas indicaciones. Si hasta aquí no los redactó, hágalo ahora.

  2. ¿Cuáles son las características del Romanticismo en Europa?

  3. ¿Qué sello caracteriza al Romanticismo rioplatense?

  4. ¿Qué características románticas detectó usted en el texto de Echeverría? ¿Y en el de Sarmiento?

  5. Lo fantástico es..................................................................y se produce cuando.................................................................................................


Unidad Nº 3 - La novela
1. El género narrativo - La novela

1.1. Breve historia del género

1.2. La forma de la novela

1.3. “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez


UNIDAD Nº 3 - La novela
1. El género narrativo - La novela

Ya vimos en el módulo 1 las características del discurso literario y de qué modo su dominante era la función poética. Por lo tanto podíamos afirmar que las obras consideradas literarias buscan cierto placer vinculado con lo bello y lo estético. Esto se consigue con un tipo de texto que está más allá de su referente y emisor, y cuyo eje es el texto mismo. Se busca prevalecer el cómo por sobre el qué. Es decir, el lenguaje se convierte en el protagonista del texto a través de un cuidado particular de la forma.


De modo que sus rasgos principales son:

a) ser plurisignificativo, es decir, poder sugerir y explotar la diversidad de significados.

b) tener la capacidad de crear su propia realidad y universo, los cuales tendrán vigencia mientras dure el pacto de lectura.

c) ser connotativo, porque las palabras presentan valores semánticos particulares y de su combinación pueden surgir nuevos conceptos.


1.1. Breve historia del género

 Antes de comenzar, averigüe de dónde viene el término ‘novela’ y cuál era el significado original de la palabra.


Si bien ciertos embriones de novela pueden leerse en la Edad Media –de hecho, relatos épicos como “La Ilíada” y “La Odisea” son antecedentes del género– la novela moderna nace en el siglo XVII. En 1605, el español Miguel de Cervantes Saavedra escribe “Don Quijote de la Mancha” y en su modo novedoso y particular de armar el mundo literario (con muchos narradores distintos, historias metidas dentro de otras, personajes que leen la propia novela que protagonizan) planta las bases de la novela moderna. Cervantes agiliza la prosa y perfecciona la técnica del diálogo, se sumerge en la psicología de los personajes y, de ese modo, la mirada sale del argumento para ir hacia el análisis de la conducta y de la conciencia.
El formato florecerá en el siglo XIX con escritores realistas como Charles Dickens, Honoré Balzac y Gustave Flaubert. Marcel Proust, a finales del siglo XIX, y James Joyce, a comienzos del XX, transforman la novela en el siglo pasado al explorar nuevas posibilidades lingüísticas y de estructura. Además de los citados, son importantísimos referentes: William Faulkner, Franz Kafka y Fedor Dostoievsky. En la década de los ’60 en Latinoamérica surgió lo que se conoció como el “boom”. De allí nació la categoría ‘realismo mágico’, un modo particular del relato maravilloso. García Márquez es uno de los autores más leídos de este movimiento.
La novela moderna tiene, como dijimos, antecedentes en varios géneros narrativos, como la poesía épica, la novela antigua y la narrativa cortesana.
La poesía épica abarca un espectro muy amplio de obras narrativas extensas que fueron escritas originariamente en verso. En general, eran reelaboraciones de algún acontecimiento histórico significativo y, en sus argumentos, suelen destacarse los héroes representativos de los ideales de ese pueblo. Vamos a mencionar tres importantes obras épicas fundacionales: “La Ilíada” para los griegos, “El Cantar de Mío Cid” para los españoles y la “Chanson de Roland” para los franceses.

 Debe realizar una ficha para cada una de las obras donde se consigne el hecho histórico en el que está basada, la época en que fue escrita y él o los autores si se los conoce. Trabajaremos a partir de lo que usted haya averiguado para delimitar ciertos rasgos comunes a las tres.


La llamada novela antigua es un género de los primeros siglos de la época cristiana. Era una ficción en prosa que incluía varios de los elementos característicos de la novela posterior: escenarios cotidianos en los que se mueven personajes comunes y no dioses ni héroes, un lenguaje popular que permite hacer una pintura realista y cierto margen para la crítica social. El “Satiricón” de Petronio y “El asno de oro” de Apuleyo son dos ejemplos.
La narrativa cortesana, producto de la consolidación del poder feudal en la Edad Media, sirvió como precursora de la novela moderna. Incluía relatos de variada extensión escritos en verso, que tenían la función de divertir a su público. Su intención de entretener y el tipo de argumentos y personajes dio origen en Francia a la novela de caballerías.
1.2. La forma de la novela
La novela es un tipo de texto narrativo más extenso que el cuento. En ella, un narrador relata hechos ficcionales en los que intervienen distintos personajes, y que se desarrollan en un espacio y un tiempo determinados. La mayoría de las veces está dividida en capítulos. Este narrador puede o no ser un personaje de la historia, y eso dependerá de lo que se quiera contar. Si el narrador no es personaje, y entonces narra en tercera persona, puede cambiar su punto de vista, es decir, el lugar desde donde ‘mira’ los hechos que narra.
Si dice, por ejemplo, “Ella no podía soportar la idea de volver a verlo”, su punto de vista está en ‘ella’. Pero si dos páginas después ‘ellos’ se encuentran y el narrador dice “bastaba verla para saber que tenía algo que ocultar. Su cara, siempre fresca y distendida, tenía un rictus amargo. El ceño preocupado, y la mirada huidiza”, el que mira ahora es ‘él’, el otro personaje. Además, en la novela contemporánea puede haber varias voces narrativas, es decir, puede ir rotando los puntos de vista, quién cuenta la historia y quién hace de narrador. A esto se lo llama polifonía. Incluso, como en el caso de Joyce o Faulkner, el lector conoce los pensamientos del personaje mientras los piensa, sin ningún narrador que los ordene. A esto se lo llama monólogo interior o corriente de conciencia. Y se caracteriza por el desorden lingüístico, la falta de palabras que unan las oraciones y la escasez de puntos.
A diferencia del cuento que debe centrarse en una acción privilegiada, la novela por su extensión y su carácter narrativo-descriptivo, crea mundos más completos y complejos que poseen más posibilidades de desarrollo. Cuando hablamos de carácter descriptivo queremos decir que la novela, además de narrar acciones, muchas veces se detiene y describe: cuenta cómo es un ambiente, un personaje, un objeto. El cuento también puede describir y de hecho lo hace, pero sus descripciones son mucho menos detalladas y, en general, tienen un papel menos importante. En la novela clásica, por ejemplo, las descripciones permiten detener la acción y crear suspenso.
Los acontecimientos que se cuentan son el argumento. Como ya vimos, la forma en que estos argumentos se presentan se llama trama.
La trama es la estructura básica de la narración y está formada por:

  • el marco, es decir, el tiempo y el lugar en el que los personajes se desenvuelven.

  • el suceso, formado por una complicación (un hecho atractivo que interese al lector) y su resolución. La novela puede tener un suceso central y otros secundarios o puede contar a la vez varios sucesos.

Para presentar a los personajes, la novela los describe y los hace hablar. Cada vez que oímos la voz de un personaje, sabemos más sobre él.


1.3. “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez
Usted ha leído la novela corta de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”. Para comenzar a analizarla recordemos que cuando caracterizamos al discurso literario remarcamos que un texto siempre se escribe a partir de otros textos, los cite o no. Llamábamos a esta relación entre textos intertextualidad. Un modo de la intertextualidad era la alusión, es decir, el lector debía ver –sin que se lo digan– que por allí había referencias, indicaciones, chistes respecto de otros textos. Cuando la alusión es distanciada, cuando el autor recrea otros textos pero desviándolos, haciéndoles decir lo que no dijeron o confesar lo que no querían, hablamos de parodia. La parodia, en general, es escrita en clave humorística, pero no es indispensable que así sea.
Le proponemos pensar que “Crónica de una muerte anunciada” es una parodia, pero no de un texto en particular, sino de dos géneros. Uno de ellos está en su título: ‘crónica’ y el otro es el género policial. ¿Por qué decimos que esta novela es una parodia? Porque juega a ser cosas que no es: promete lo que no cumple. Es decir, hace de cuenta que va a narrar un hecho que parece policial, se presenta como una crónica policial y no responde a las preguntas que toda crónica debe responder. Deja al lector sin saber lo fundamental, cosa imperdonable tanto para la crónica como para el policial.
 Antes de desarrollar este análisis, responda las siguientes preguntas que necesita tener en claro para proseguir:

  • ¿Quién es el narrador de esta novela? ¿Es un personaje o está afuera de la historia? Si es un personaje ¿qué sabemos y qué no sabemos de él?

  • ¿Quiénes son los personajes más importantes? Anote sus nombres, sus características principales y las relaciones que mantienen entre sí.


Todo el análisis de la novela será corregido y desarrollado en la tercera de las clases satelitales. Tome nota de lo que no comprende o no puede resolver, para luego quitarse las dudas.
Decimos entonces que esta novela se presenta como lo que no es: una crónica. De este modo, se burla del género, que le presta el nombre, y del lector, que espera cumplan con el pacto de lectura. Explicaremos por qué sostenemos esto.
Toda crónica –que es un género de origen histórico renovado por el periodismo– debe responder algunas preguntas básicas:



  1. ¿Qué pasó?

Esto parece contestarse desde la primera página: matan a Santiago Nasar (empieza diciendo “El día que lo iban a matar....”). Pero, en realidad, el problema no es ese. La pregunta que le da sentido a la novela, sobre la que gira todo, es ¿era Santiago Nasar culpable de lo que lo acusan? Y si no era culpable, ¿por qué Ángela lo elige como víctima?


  1. ¿Quién lo hizo?

Esta pregunta está relacionada con la anterior. Si consideramos el asesinato de Santiago Nasar como ‘lo que pasó’, los asesinos son los Vicario. En cambio, si el problema es quién deshonró a Ángela, esto no se sabe.


  1. ¿Dónde y cuándo?

Toda la acción transcurre en un pueblito perdido de Colombia y el crimen sucede el día en que llegaba el obispo.


  1. ¿Cómo?

El cómo es fundamental en esta novela. Según lo que se nos cuenta mediante retrocesos en el tiempo, los Vicario no querían cometer el crimen. Lo hicieron por el honor, pero intentaron por todos los medios que alguien se los impida. Y nadie lo hizo. Una serie de hechos desafortunados y la complicidad de algunos hicieron que Santiago Nasar muriese.


  1. ¿Por qué?

Por qué Ángela acusa a Santiago, no lo sabemos. Podemos suponer que fue casualidad, de hecho el narrador dice que revolvió entre los nombres de este mundo y del otro y lo dejó clavado en la pared como una mariposa. Por qué nadie impide el crimen, tampoco lo sabemos. Son tantas las casualidades mortales para Nasar que la novela no parece dar otra explicación que la del destino: estaba llamado a morir ese día y eso es todo. Pero esa respuesta no satisface si pensamos que, a partir de la investigación del narrador y antes del juez, el caso aparece como un policial. Un policial debe resolverse en el terreno de la lógica y dar explicaciones racionales. Y eso es, justamente, lo que esta novela no hace.
 Dijimos que una serie de casualidades hicieron que Santiago Nasar muriese. ¿Cuáles recuerda? Hojee otra vez el texto y tome nota de ellas
 ¿Quiénes querían que muriese? ¿Y quiénes contribuyeron para que eso sucediera?
La estructura de la trama en la novela es circular. O sea, termina donde empezó: el día de la muerte de Santiago Nasar. Durante el desarrollo retrocede en el tiempo, pero sin seguir un orden hacia atrás. Tiene varios saltos temporales que –en apariencia desordenada– García Márquez los utiliza para abrir diversos episodios que, luego, los cierra con entera prolijidad.
 ¿Cuántos pasados de la novela nos son contados? Por ejemplo, el día de la boda. ¿Cuáles otros recuerda?
 Le proponemos que piense que la novela pega saltos temporales hacia el futuro, también, si tomamos siempre como tiempo de base el del suceso principal, la muerte de Santiago Nasar. ¿Cuáles son esos saltos hacia adelante (prolepsis)?


Unidad Nº 4 - La poesía
1. El lenguaje poético: características

2. Retórica: figuras

2.1. Figuras del plano fónico

2.2. Figuras del plano sintáctico

2.3. Figuras del plano semántico




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