Mercadotecnia política y gubernamental



Descargar 0.71 Mb.
Página4/20
Fecha de conversión12.05.2019
Tamaño0.71 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20
Un nuevo campo del saber

Como herramienta útil para la persuasión del elector, la mercadotecnia política se asocia con tres nuevos fenómenos de la modernidad: el desarrollo tecnológico, la tercer ola de transiciones hacia la democracia y el establecimiento de sociedades de mercado.


A través del desarrollo tecnológico, la mercadotecnia política ha alcanzado niveles sin precedentes, ya sea en forma gráfica, escrita, en audio o video. De esta forma, encontramos, por ejemplo, fenómenos como el telemarketing, la videopolítica y el uso de la Internet en las campañas electorales. Con el diseño gráfico por computadora, la impresión digitalizada y las cámaras digitales la propaganda política ha logrado avances “revolucionarios,” pasando, en menos de un siglo, de un formato lento y restringido (libros, graffitti, carteles y folletos) a uno de alcances mundiales.
El actual proceso de democratización, llamado por Samuel Huntington la tercer ola de transiciones hacia la democracia,58 ha influido también enormemente en el desarrollo de la mercadotecnia política. Ciertamente, la propaganda también se ha desarrollado bajo regímenes autoritarios e, incluso, totalitarios como fue el caso de la Alemania de Hitler, pero bajo el paradigma de la democracia la mercadotecnia ha alcanzado altos e inimaginables niveles de desarrollo. Esto es así, en parte, por la constitución del mismo mercado electoral, la disputa de este mercado por una pluralidad de actores y formaciones políticas y la búsqueda de nuevas y modernas técnicas de persuasión en la búsqueda del poder público.
De esta forma, mercadotecnia política y democracia aparecen como dos fenómenos estrechamente relacionados. Esto es así, en gran parte, debido al hecho de que una parte de la lógica del control social y legitimidad de un grupo de poder político, dentro de una sociedad democrática, se basa la legitimidad que proporciona el voto popular, por lo que sus esfuerzos se encaminan a mantener o incrementar el respaldo social que los electores otorgan. Es decir, en una sociedad democrática, donde el voto universal, directo y secreto de los ciudadanos decide el carácter de la representación política, buscar un puesto público de elección popular es esencialmente un ejercicio de mercadotecnia.
Por otro lado, el predominio de la sociedad de mercado y, por consiguiente, de consumo, como nueva característica de la modernidad, también ha influido en el desarrollo de la mercadotecnia. De hecho, los electores se han convertido en grandes consumidores de productos y servicios políticos, lo que ha posibilitado el que la propaganda, como forma moderna que adapta el marketing político, pueda llegar a millones de ciudadanos, constituidos en mercado electoral. En el desarrollo de esta disciplina en México también han influido los montos presupuestales que por ley corresponden a cada uno de los partidos para impulsar sus campañas, ya que tan sólo para el proceso federal del año 2000 se asignó un monto presupuestal cercano a los tres mil setecientos millones de pesos.
Todos estos factores han originado que la mercadotecnia política haya experimentado un desarrollo sin precedente en los últimos diez años. Sin embargo, este desarrollo ha sido diferenciado, ya que mientras que, como herramienta de la política, su uso por partidos y candidatos se ha generalizado, principalmente a nivel de estructuras nacionales, como disciplina académica se encuentra en su plena infancia. Es decir, el avance académico y de investigación científica de este nuevo campo del saber en México poco se ha desarrollado.
Como campo pragmático, la mercadotecnia política seguirá, sin duda, ocupando un papel cada día más importante en las estrategias de los partidos políticos. El futuro de estos institutos estará ligado, sin duda, al desarrollo de habilidades comunicacionales y de mercadotecnia política, ya que pocos podrán sobrevivir si se encuentran al margen de este nuevo desarrollo. En este sentido, el tipo de sistema de partidos estará condicionado y a la vez condicionará el desarrollo de la mercadotecnia política. Las históricas elecciones del 2 de julio, por ejemplo, fueron una muestran fehaciente de que el nuevo paradigma de la mercadotecnia política es muy funcional y útil en el proceso de conquista del mercado electoral y de la búsqueda de la legitimación política.
Como disciplina, la mercadotecnia política tiene que evolucionar para constituirse en un saber científicamente válido, legitimado y socialmente aceptado. De ahí que, los retos futuros de esta disciplina están en relación con la construcción de su propio campo pragmático del saber (más allá de los avances de la mercadotecnia comercial), en relación con la definición de un claro status teórico y académico que este saber debe guardar dentro del conjunto de disciplinas políticas y a la construcción de un genuino marco metodológico que posibilite su desarrollo científico.








La Metamorfosis de los Mercados Electorales
Introducción
La política en México está experimentando transformaciones sustanciales, producto del proceso de transición política hacia la democracia, la globalización, el desarrollo tecnológico, así como los cambios culturales y demográficos del electorado. Este proceso de cambio que está viviendo nuestro país, no sólo ha generado la alternancia y la diversificación del mapa político-electoral en todos los ámbitos y niveles del poder público, sino que también ha producido transformaciones importantes en los mercados electorales.59 Esto es, el fenómeno amplio de la alternancia interpartidista no ha sido el único cambio que se ha producido en los últimos años en México, sino que se han presentado además transformaciones sustantivas en la forma como la ciudadanía entiende, procesa y participa en política.
Las transformaciones más importantes de estos mercados tiene que ver con la construcción de la ciudadanía, la exigencia social para que los partidos y candidatos cumplan con las promesas y compromisos de campaña y, sobre todo, que realicen un ejercicio de gobierno regidos bajo los principios de responsabilidad, honestidad y eficiencia, rindiendo cuentas además de su acción. Es decir, estamos observando, como parte del proceso de transición, una transformación cualitativa de los mercados electorales, al pasar estos de una etapa emergente a otra de mayor madurez política, imponiendo ciertas exigencias a los partidos, sus candidatos y los gobiernos que resultan electos después de los comicios electorales.
Como resultado de estas transformaciones, las campañas y ejercicios proselitistas de los partidos y candidatos también están experimentando cambios importantes. De meros ritos protocolarios, como fue la característica del pasado, se están convirtiendo en verdaderos esfuerzos proselitistas que involucran amplios recursos, sofisticados conocimientos y modernas técnicas de persuasión.
En el presente capítulo se analiza este proceso de metamorfosis de los mercados electorales60 en México, así como las características distintivas de dichos mercados y las actitudes y prácticas típicas de los partidos y candidatos en cada una de las tres etapas de desarrollo de los mercados electorales. La premisa básica de la que parte la investigación apunta que en toda sociedad democrática existe una tendencia natural de maduración del electorado que se sustenta en la experiencia, el aprendizaje con nuevos gobiernos y, sobre todo, la comparación respecto de otras sociedades con similares sistemas políticos.
Los mercados electorales emergentes
A la par de la gestación y arranque de la transición política hacia la democracia, se inicia en México un proceso incipiente de construcción del mercado electoral. Este mercado electoral emergente presenta características, por un lado, propias del viejo sistema político y, por el otro, particularidades nuevas que son introducidas como parte del mismo proceso de cambio. Es decir, esta etapa de desarrollo político, de alumbramiento de un nuevo régimen político, se caracteriza por la presencia todavía de elementos y prácticas del sistema autoritario del pasado y también del nuevo sistema democrático en formación, lo que genera, de cierta manera, incertidumbre y confusión sobre las nuevas reglas políticas, ya que lo viejo aún no acaba de morir y lo nuevo está en proceso de gestación.
Esto es, las características distintivas de los mercados en esta etapa de desarrollo emergente tiene que ver con el predominio todavía de actitudes y prácticas clientelistas, corporativas y, sobre todo, demagógicas, propias de regímenes predemocráticos. Sin embargo, a la par de estas prácticas se inicia una etapa de críticas y presiones, generalmente ejercidos por parte de partidos y candidatos de oposición, para modificar las formas de hacer y organizar la política en las que se cuestionan los métodos del pasado y se proponen formas alternativas como el respeto a la voluntad popular, la libertad del sufragio, así como la eliminación de vicios y presiones a la ciudadanía para sufragar en una determinada dirección.
Esta es una nueva etapa en la que se sobreponen dos formas distintas de hacer y participar en política, donde no sólo los partidos gobernantes acuden a prácticas predemocráticas, sino que incluso los partidos de oposición, en la búsqueda de mayores espacios de poder, son tentados a ejercitar también este tipo de prácticas añejas. Es decir, durante la etapa de construcción de los mercados electorales siguen todavía predominando prácticas propias de las viejas formas de hacer política tales como el corporativismo,61 el clientelismo,62 la demagogia,63 la manipulación y la coacción del voto, por señalar algunas.
Estas prácticas inerciales generalmente, aunque no exclusivamente, se presentan en las organizaciones sindicales, patronales y sociales en las que la representación política de los ciudadanos es suplantada por grupos de interés y camarillas de dirigentes políticos.64
Las características más distintivas de los mercados electorales en su etapa emergente son las siguientes:
1. Los mercados electorales emergentes son territorios propios donde predominan partidos políticos que articulan discursos populistas y formulan plataformas electorales, muchas veces, inalcanzables, proponiendo soluciones fáciles a problemas complejos. Es decir, como en el pasado, siguen imperando partidos y candidatos con perfiles y propuestas populistas. En esta etapa de conformación del mercado electoral, los discursos y mensajes de carácter populista y demagógico son también ampliamente aceptados, ya que lo que busca el elector son discursos que plantean soluciones fáciles y rápidas a sus problemas, aspiraciones y necesidades.
2. El tipo de partidos políticos que florecen en este escenario son aquellos que muestran poco grado de institucionalización y bajo nivel de competitividad política, ya que el contexto en el que se desenvuelven les inhibe su desarrollo.

3. Un rasgo distintivo de este tipo de mercado es que el electorado vota preferentemente por los candidatos que ofrecen soluciones radicales e inmediatas a sus problemas, sin reflexionar sobre la viabilidad de las propuestas y planteamientos. El elector es poco exigente respecto del perfil y capacidades de los candidatos, manifestando su voluntad electoral basada más en la emotividad propia de la coyuntura electoral que en el razonamiento de su voto.


5. El electorado es muy receptivo también hacia discursos y mensajes de carácter negativo en la que se descalifica al oponente y se trata de ganar la elección no en base a las virtudes propias del candidato y su plataforma electoral, sino en base a las debilidades, errores y tropiezos de sus oponentes.
6. El electorado sigue tolerando ciertas prácticas predemocráticas, como el corporativismo, la coacción y el clientelismo, por considerarlas como naturales, propias de la política (cultural).
8. El mercado electoral es complaciente respecto de los candidatos y partidos ganadores, en el que no existe una real rendición de cuentas, ni de exigencias mayores para que los gobernantes cumplan sus promesas de campaña. Es decir, predomina cierta tolerancia y resignación por parte de los electores sobre los nuevos políticos y su ejercicio de gobierno.

9. La opinión pública es tolerante también de los errores en el desempeño gubernamental y sólo se plantean críticas superficiales y de baja intensidad a la acción de gobierno. En este sentido, el nivel de fiscalización social de la acción de gobierno es bajo.


10. La legitimidad se sustenta sólo en la forma en que fueron electos los gobernantes y no en la propia acción de gobierno.
11. Son mercados más fácilmente manipulables, desde la perspectiva político-electoral y poco exigentes, que propician el surgimiento y arribo a las posiciones de poder público a personajes carismáticos. En este sentido, la cultura política predominante en el electorado es favorable a la manipulación y la cooptación de votos.
En esta etapa de emergencia del mercado electoral, lo que más se posibilita para los partidos y candidatos, desde la perspectiva de la mercadotecnia política, es la venta y no propiamente la mercadotecnia, ya que la primera se preocupa por la aceptación del mercado electoral desde una visión de corto plazo, mientras que la segunda, implica una visión a largo plazo.
Mercado electoral semidesarrollado
Los mercados electorales experimentan diferentes procesos de cambio conforme el proceso de transición política avanza y el ciudadano evalúa diferentes experiencias de alternancia en el poder. Los mercados electorales con mayor grado de desarrollo muestran características un tanto diferentes de los mercados emergentes, ya que se inicia una fase de verdadera maduración y construcción de la real ciudadanía. En este sentido, el cambio fundamental se presenta a nivel de cultura política, ya que los electores empiezan a entender y reclamar sus derechos como ciudadanos e inician con procesos de fiscalización, vigilancia y crítica sobre los candidatos, partidos políticos y gobernantes.
Las características más distintivas de los mercados electorales en su etapa de semidesarrollo son las siguientes:
La legitimidad de los gobernantes depende tanto de la forma en que arribaron al poder, como del desempeño en el ejercicio de gobierno. Es decir, poco a poco los electores cambian la percepción que se tenía de los gobernantes, como actores con alto poder y capacidad ilimitada de decisión, para conceptualizarlos como actores sociales sujetos de obligaciones políticas y deberes públicos.
El nivel de fiscalización social se incrementa, ya que los ciudadanos empiezan a entender que los gobernantes son empleados públicos que devengan un salario y por lo tanto, están sujetos a una serie de compromisos y obligaciones que deben desempeñar de manera eficiente, responsable y oportuna.
La opinión pública incrementa el nivel de crítica y vigilancia sobre la actuación no sólo de los gobernantes, sino también de todos los actores políticos, incluyendo a los partidos políticos y sus líderes.
Los electores se muestran mucho más exigentes con los partidos y candidatos a los diferentes puestos de elección popular, evaluando no sólo los discursos y compromisos de campaña, sino además su trayectoria, experiencia, perfiles y, sobre todo, su honorabilidad.
Siguen persistiendo algunas prácticas predemocráticas característico del pasado, como la coacción del voto, el corporativismo y el clientelismo, impulsadas por algunos partidos y candidatos, pero cada día son más rechazadas por el electorado y denunciadas públicamente. Es decir, en esta etapa los ciudadanos exigen una mayor limpieza y civilidad en los procesos políticos, reclamando el respeto a sus derechos civiles y políticos.
El elector exige mayor calidad y contenido de las campañas políticas, así como responsabilidad y cumplimiento en los compromisos de campaña. La burda manipulación de los ciudadanos y los discursos demagógicos, característico de la etapa anterior, tienden a ser rechazados por los electores, quienes demandan campañas propositivas y constructivas.
Los mensajes y discursos de los partidos políticos se adecuan para centrarse en un mercado electoral más educado e informado, donde el buen político no es necesariamente el que mejor puede articular su discurso, sino aquel que plantea soluciones realistas y sensatas a los problemas sociales que enfrenta la sociedad.
Los partidos políticos pasan a una etapa de mayor institucionalización, incrementando notablemente su nivel de competitividad. En esta etapa, se incorporan nuevos procesos y procedimientos, como el benchmarking, la planeación estratégica, la reingeniería, la calidad y la mercadotecnia política, para incrementar el posicionamiento de los institutos en los mercados electorales. En esta etapa, se incorporan al interior de los institutos políticos procedimientos que castigan el abuso y desempeño deshonesto e irresponsable de militantes y dirigentes partidistas.
Los candidatos exitosos en las campañas electorales ya no son los que pronuncian discursos radicales y demagógicos, sino que cada día es más común que arriben a puestos de elección popular personalidades con un mayor perfil profesional y con experiencia y conocimiento en el manejo de los asuntos públicos.
En esta etapa, los electores toman plena conciencia de la importancia y poder de su voto, por lo que se muestran más exigentes ante los candidatos y gobernantes electos. En este sentido, la “lealtad electoral” tiende a ser cada día más efímera, apoyando crecientemente a los partidos y candidatos que muestran mayor grado de responsabilidad, despreciando, en consecuencia, a los oportunistas y negligentes.
Los mercados electorales consolidados
A la par del desarrollo y maduración del proceso de transición hacia la democracia también se producen cambios sustanciales en los mercados electorales propios de democracias consolidadas. Estos cambios son provocados por la experiencia política de los electores, su capacidad de aprendizaje, la construcción de la real ciudadanía, los cambios en la cultura política, la conformación de un sistema de partidos más competitivo, así como de las exigencias de una opinión pública mayormente informada y crítica.
De este conjunto de factores, el más importante en está etapa de desarrollo del mercado es la construcción y el ejercicio real de la ciudadanía.65 Sin embargo, los otros factores también juegan un papel importante en la constitución del tipo de mercado electoral.
Las características distintivas de los mercados electorales en su etapa de consolidación son las siguientes:
1. La legitimidad del gobierno en turno no depende sólo de la forma en que fueron electos, sino fundamentalmente de la acción gubernamental. Esto es, el elector ya no “firma un cheque en blanco” a favor de los partidos ganadores y sus candidatos, sino que se muestra vigilante y atento de las acciones u omisiones que realizan los gobernantes, exigiendo la rendición de cuentas y calidad en la prestación de los servicios públicos.
2. El nivel de fiscalización y crítica social de las acciones de gobierno es alto, ya que, por un lado, un sistema democrático supone una opinión pública más informada y crítica y, por el otro, los ciudadanos, en pleno ejercicio de sus derechos públicos, están atentos y vigilantes sobre el desempeño de los hombres públicos, los partidos y los gobernantes.
3. La opinión pública es menos tolerante de los errores y excesos de los gobernantes y políticos, premiando a aquellos que se desempeñan regidos por los principios de responsabilidad, honestidad y eficiencia y castigando a los que se caracterizan por la irresponsabilidad, la corrupción, la ineficiencia y la prepotencia.
4. Los electores son muy exigentes con los partidos y los candidatos que postulan estos institutos políticos, evaluando su perfil, su capacidad y experiencias; votando, muchas de las veces, de manera diferenciada tomando en cuenta las propuestas y plataformas electorales de candidatos.
5. Las prácticas predemocráticas propias del pasado, como el clientelismo, el corporativismo y la coacción del voto son rechazadas determinantemente por los electores, quienes defienden sus derechos políticos y exigen respeto a las libertades cívicas.
6. El elector es muy receptivo de las campañas propositivas y constructivas, fundamentadas en agendas de gobierno realistas y viables, que a las campañas negativas y de desprestigio del adversario.
7. Los mercados electorales consolidados son muy difíciles de manipular por parte de los candidatos y partidos políticos, por lo que los mensajes y prácticas populistas y demagógicas son rotundamente rechazados por los electores, así como los planteamientos radicales y extremistas. En este sentido, en esta etapa de desarrollo del mercado importa no sólo la forma sino el contenido o la calidad de los discursos, ya que los electores son muy analíticos de los planteamientos de los candidatos, así como de las propuestas y agendas de gobierno. Por ello, los discursos demagógicos y populistas son no sólo rechazados por los electores, sino altamente criticados.
8. Los partidos políticos que predominan en este tipo de mercados electorales son aquellos que tienen un alto grado de institucionalización y de competitividad, dejando atrás las etapas de improvisación, inmadurez y desorganización política.
9. Los candidatos que generalmente tienen éxito en este tipo de mercados son aquellos que muestran un alto perfil profesional, arraigo en la población, alta sensibilidad política y espíritu probado de servicio.
10. Un elemento distintivo de los mercados electorales consolidados es la exigencia de la rendición de cuentas (accountability) por parte de los ciudadanos hacia sus gobernantes, que exigen información clara, confiable y oportuna, además, del cumplimiento de la legalidad y el ejercicio correcto de la función de gobierno.
Las campañas y partidos del futuro
Ante los cambios cualitativos que se presentan de manera natural en los mercados electorales del país, los diferentes partidos políticos y los candidatos a puestos de elección popular deben realizar diversas modificaciones de sus diseños organizacionales, así como de sus estrategias y prácticas políticas que les permitan, por un lado, la sobrevivencia en el escenario político nacional y, por el otro, el potencializar su desempeño para mantener o alcanzar el poder político.

Los cambios que los partidos tiene que realizar en un corto y mediano plazo tiene que ver con cinco desarrollos fundamentales. En primer lugar, tiene que incorporar procesos de mejora continua orientado por criterios de calidad en la política . Esto es, los principios de la calidad total implementados desde muchos años atrás en el sector privado y recientemente en la administración pública tienen que incorporarse y adecuarse en la actividad partidista buscando la satisfacción de las necesidades, expectativas y aspiraciones de los ciudadanos visualizados como clientes.


En segundo lugar, se tienen que implementar procesos y prácticas, como el benchmarking, que permitan abonar en el progreso y mejoramiento de las instituciones partidistas. Es decir, los partidos tendrán que realizar estudios comparativos e investigaciones acuciosas para conocer los factores y prácticas que son determinantes para alcanzar el triunfo político, conocer el porque algunos campañas son exitosas y otras no, así como indagar sobre los factores que favorecen la consolidación, institucionalización y madurez de las instituciones partidistas.
En tercer lugar, los partidos políticos deben incorporar la planeación estratégica y las nuevas tecnologías computacionales que les permitan alcanzar sus objetivos organizacionales, mejorar sus procesos de comunicación con sus electores y, sobre todo, introducir cierta certidumbre y direccionalidad a su desarrollo político.

En cuarto lugar, los partidos deben incorporar a todos los niveles la mercadotecnia política, ya que el uso de estas técnicas y estrategias modernas pueden ser la diferencia entre el éxito o el fracaso de las formaciones políticas en los procesos electorales.

Finalmente, se tienen que realizar ejercicios de evaluación sobre la funcionalidad y desempeño de la actual estructura organizacional de los partidos, ya que dichos diseños organizacionales generalmente datan de muchos años atrás, habiendo sido configurados para responder a las necesidades y escenarios políticos del pasado, pero el cambio y el desarrollo de los mercados electorales demanda una nueva arquitectura partidista. Es decir, los partidos deben realizar diversos ejercicios de reingeniería para adecuarse a las nuevas exigencias de la actualidad.
Sin embargo, estos no son los únicos cambios que se tienen que realizar por los partidos políticos y sus líderes, ya que los mercados electorales son muy dinámicos y tienden a ser cada día más complejos y difíciles de conquistar. Por ello, los institutos políticos y sus dirigentes tienen que tener la habilidad para diagnosticar y conocer con oportunidad y profundidad los principales cambios y tendencias en estos mercados electorales, utilizando las diferentes técnicas, estrategias y metodologías para la investigación y segmentación de mercados. Los siguientes son las transformaciones más importantes que seguramente se presentarán en el futuro:

a. La actividad política será un ejercicio proselitista altamente tecnificado y sustentado en el conocimiento, la creatividad y el desarrollo de actividades directivas altamente profesionalizadas. En este sentido, las campañas del futuro serán ejercicios proselitistas muy especializados y focalizados, sustentadas en un alto desarrollo tecnológico y una mayor profesionalización. Por ende, serán campañas sustentadas en la mente, el conocimiento y la creatividad.


Es decir, las características y peculiaridades más importantes de las campañas del futuro, tendrán que ver con la incorporación creciente de la tecnología de las comunicaciones y la informática, la “madurez” del mercado y su hiper segmentación, así como un mayor nivel de competencia interpartidista.
b. Las campañas del futuro serán diferentes a las actuales porque irán orientadas a persuadir a un elector más educado, más informado, con intereses y necesidades específicas. Serán electores, de cierta manera, más racionales, concientes de sus derechos como ciudadanos y más conocedores de los asuntos y temas políticos.
c. Las campañas del futuro tomarán en cuenta las nuevas realidades demográficas, sociológicas y políticas, que la posmodernidad traerá consigo, para alcanzar sus objetivos. Por ejemplo, tendremos generaciones de jóvenes y jóvenes adultos habilitados para votar y que desde su nacimiento han tenido una gran influencia por la pantalla de televisión. Por lo tanto, serán campañas mediáticas centradas en imágenes para movilizar sensaciones y sentimientos del elector.
La globalización creará una opinión pública mundial, ya no sólo nacional o local, que influirá en los asuntos políticos y en las decisiones que tomen gobernantes y ciudadanos en el ámbito local. El macromercado electoral, característico de las campañas del pasado, dará lugar a cientos de micromercados electorales, cada uno con sus problemas, demandas específicas y dinámicas propias.
En este sentido, la agenda de las campañas sufrirá también una metamorfosis mayor, tendientes a la diversificación y especialización, con el fin de atender a grupos de electores. De esta forma, los temas de interés general, que fueron característica de las campañas del pasado, darán lugar a campañas orientadas hacia los micromercados electorales. Los temas de la campaña tendrán que ver con la educación, las drogas, la felicidad humana, el estrés, la interdependencia mundial, la sexualidad, las relaciones humanas, el medio ambiente y los valores, entre otros.
d. La sociedad del futuro, llamada del conocimiento, se fundamentará además en el desarrollo tecnológico, la investigación científica y el desarrollo de habilidades de aprendizaje. Este tipo de sociedad digital implicará una nueva forma de organizar las campañas. Por ello, las campañas del futuro serán campañas digitalizadas, también llamadas punto.com, basadas en el desarrollo de las telecomunicaciones, las nuevas tecnologías digitales y el avance de la informática.
En este orden de ideas, la Web será un instrumento muy importante de la política y la comunicación. La red se usará de manera intensiva por las formaciones políticas en tareas de proselitismo electoral, organización, diagnóstico sociopolítico, comunicación y definición de agenda de campaña.
Las estrategias y juegos de poder basados en la manipulación de la información, cobrarán, además, una importancia mayor en la vida política. En estas campañas, por ejemplo, se usarán infotácticas, que no son más que mecanismos de proselitismo electoral a través de dispositivos electrónicos y paquetes computacionales.
La interactividad y la lógica de red propias de la Internet, ganarán también más terreno. De esta forma, se incrementará el activismo electrónico. Los principales candidatos, por ejemplo, tendrán verdaderas estrategias por Internet para la organización de los activistas, la comunicación política y la recaudación de fondos de campaña privados, entre otras cosas.
La votación futura del ciudadano o la emisión de la opinión podría hacerse desde la comodidad de su casa utilizando la computadora y la Internet, como de hecho ya pasa en algunos países desarrollados como los Estados Unidos. Es así, como los medios y la computación permitirán una mayor interactividad entre los candidatos, partidos y electores, para dar paso a la democracia de alta tecnología. De esta forma, las redes informáticas y los dispositivos de mediación de masas incidirán sustancialmente en la renovación y substanciación de la política.
e. Una de las características más distintivas de las campañas del futuro tendrá que ver con el ejercicio de una nueva forma de ciudadanía, más libre y más informada. Esta construcción de la real ciudadanía implicará también un cambio en el tipo de campaña política que se privilegie, pasando de un enfoque negativo, basado en la calumnia, la difamación del adversario y la demagogia, a uno más constructivo y propositivo basado en agendas realistas, alcanzables y sensibles.
Estas nuevas características de los electores, conllevarán a la creación de escenarios políticos de alto nivel de competencia, mayor pluralidad y donde la diferencia entre el éxito y el fracaso en las elecciones serán verdaderamente minúsculas. Esto implicará, el valorar en su justa dimensión al ciudadano como el depositario de los poderes soberanos de la sociedad y no, como sucedía en el pasado, sólo como unas simples masas sujetas de manipulación y control. El nacimiento y desarrollo de nuevas opciones políticas partidistas será otra de las características distintivas del futuro, en el que no habrá la hegemonía de grandes partidos históricos, sino más bien de partidos coyunturales y de alianzas ínterpartidistas efímeras.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad