Memoria, poder y palabra



Descargar 78.59 Kb.
Fecha de conversión12.04.2019
Tamaño78.59 Kb.
Vistas9
Descargas0




Universidad de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades

Departamento de Literatura

MEMORIA, PODER Y PALABRA.

Informe de Seminario de grado para optar al Grado de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica con mención en Literatura [Seminario de Grado: Narrativa Española de la transición a la democracia (1975 – 2005)]

[Alumna]:
Ursula Catalina Jáuregui Medina

Profesora guía:


Dra. Haydée Ahumada Peña

Santiago, Chile
2007

Así de cerca está la dulzura del horror en esta vida tan bella y tan oscura.”


(“Bella y Oscura”, Rosa Montero)

1. INTRODUCCIÓN


La memoria es un aspecto fundamental para el individuo de nuestro tiempo. Ésta otorga identidad a las personas, y gracias a ella el individuo logra constituirse como sujeto.

El objetivo general de este trabajo, será profundizar en la importancia y recurrencia que tiene el tema de la memoria, en una obra de la escritora Rosa Montero I, la novela “Bella y Oscura”.

Lo primero que influyó en la elección de esta novela, fue el interés por la escritura femenina española. Por otro lado, esta novela presenta una combinación del mundo urbano casi marginal y un mundo de magia y fantasía, logrando así la autora, construir obras que revelan lo mas sombrío de nuestro mundo, pero siempre dejando una luz de esperanza.

Además de estudiar el tratamiento de la memoria en la obra escogida, creo que es importante darle una mirada al tema de la infancia, la palabra, el tiempo y el poder, que están directamente asociados al primero. Esto porque la fatalidad del tiempo y su aceleración hacia la muerte es otra constante en las novelas de Rosa Montero. Permanentemente la autora nos revela su concepción de la vida como narración y nos alerta sobre el sinsentido de la vida moderna.

“Bella y Oscura”, es la séptima novela de Rosa Montero, la cual fue publicada en 1993. Esta es una novela de formación donde nos encontramos con una niña huérfana que nos cuenta la historia de su singular familia y que vive esperando la llegada de su padre.

Aquí nos encontramos también con el paso de la infancia a un atormentado crecimiento, marcado por hechos con rasgos traumáticos. A través de los recuerdos de infancia tocados en gran medida por la fantasía, se pierde la seguridad frente a lo real y todo se vuelve relativo, confundiendo a personajes y lector. Los recuerdos hacen sentir la falta de un refugio paternalista, de una figura que guíe, provocando con esto la falta de la necesaria confianza en el resto de la humanidad.


2. BABA Y CHICO: LA MEMORIA INFANTIL


Como mencioné antes, “Bella y Oscura”iI gira en torno a la historia de una familia singular y diversa. La protagonista y narradora de este relato es una niña, a la que nadie llama por su nombre a lo largo de la novela, excepto su padre que casi al final de la novela la nombra como Baba. Esta era la palabra secreta de la niña,”que venía de las profundidades de [su] infancia y cuyo significado, si es que tenía alguno, no recordaba.” (p. 27)

El texto se configura como un testimonio de Baba, a través del cual se recuperan los recuerdos de su infancia. Sin embargo, la novela nos sitúa desde el principio entre lo realmente rememorado y lo que podría ser inventado, de este modo la niña nos dice al comenzar la novela; “Sucedió todo en una época remota de mi infancia que ahora ya no sé si rememoro o invento”. (p. 5)

El relato de la niña, inicia con el momento en que para ella comienza su vida, ya que el relato parte del recuerdo más antiguo que ella tiene. De esta forma, busca un asidero para instaurar el origen de su conciencia y lograr anular los acontecimientos anteriores que resultan difusos e inconexos. Por otro lado, podríamos relacionar esto con lo que plantea Marc Augé en su libro Las formas del olvidoIII y proponer que Baba comienza aquí su narración porque estos serían sus recuerdos más valorados, ya que según Augé existen recuerdos que poseen más valoración, ya que tienen que ver directamente con la constitución de nuestra identidad.

Augé también plantea que los recuerdos pueden ser perfectamente plasmados en relatos, lo que hace Baba al relatarnos sus memorias. Al hacer esto la niña puede darle orden y claridad a sus recuerdos, que en ocasiones no son más que impresiones confusas e individuales; en este sentido, Marc Augé plantea que cuando nos alejamos de los relatos, de cierta forma también nos alejamos de la memoria.

De los relatos, podemos o no ser autores, ya que a veces tenemos la sensación de ser capturados en el relato de otro, siguiendo el desarrollo de éste sin que logremos intervenir en él. Eso es lo que le sucede a los personajes de la novela, ya que son capturados por el relato de Baba, llegando a nosotros a través de la mirada y los recuerdos de la niña.

Esto generalmente sucede por el encuentro entre dos distintos niveles del relato, con esto la historia del individuo puede balancearse ya que está preso de la gran historia, entre el nivel íntimo y el nivel histórico. Cada uno de estos acontecimientos está inserto en un relato que nos implica, ya que se constituirían en nuestra versión de los hechos y porque ocupamos un lugar en él.

En cada nivel del relato, el autor-personaje estará implicado de manera individual y a la vez colectiva, ya que la multiplicidad de los relatos en que se interviene, afecta a cada uno de ellos. Y por otro lado, el relato de una vida, no es el resultado de una superposición de relatos sino algo que “impregna a todos ellos con un rasgo original, idiosincrásico; y está implicado colectivamente.” (Augé: 1998: 28)

Así podemos encontrar en la novela, la mirada individual de Baba y como ella está inserta en la colectividad, teniendo acceso también, a través de la niña, a los recuerdos propios de cada personaje.

El recuerdo que origina la historia es el de su viaje en tren; “para mi memoria nací de la negrura de aquel túnel” (p. 5). Por esto el texto estaría abarcando su primera memoria, donde la percepción de la realidad aún está tocada por elementos fantásticos.

Para Haydée Ahumada, en su libro Poder y Género en la narrativa de Rosa MonteroIV el texto comienza con un episodio que sería clave como símbolo del nacimiento de Baba. Ésta anula el pasado inmediato y se “autoestatuye como hija de la tierra, alumbrada a la vida tras emerger del último túnel” (Ahumada: 1991: 133).

Al bajarse del tren, Baba conoce a su tía Amanda, la esposa de Segundo, el hermano de su padre. Esta mujer, la conduce a su nueva vida y a su nuevo hogar, el cual termina siendo decepcionante para la niña porque al atravesar toda la ciudad, tenía esperanzas de que luego de salir del orfanato, le esperaría una de esas lindas casas por las que pasaba de la mano de Amanda.

Ya el primer momento, en el que la niña se baja del tren y es conducida a su nueva casa, tiene características traumáticas. Primero, porque tiene que enfrentarse al miedo que le da atravesar los espacios marginales de la ciudad y segundo, por la decepción que le provoca vivir en el pobre y peligroso barrio al que llegan.

El nuevo hogar de la niña es una pensión, al llegar ella se encuentra un poco asustada, y sobre todo llena de preguntas ya que no sabe cómo será su vida en adelante. Al día siguiente, Baba conoce a su primo Chico, doña Bárbara su abuela y a su tío. Lo primero que siente la niña hacia sus familiares es miedo, ya que; “Amanda temblaba cuando les encontramos, así que yo aprendí a temerlos antes de conocerlos”. (p.14)

Luego Baba conoce a la enana, Airelai. La niña se maravilla con su presencia y confía ciegamente en los poderes que la enana dice tener.

La niña vive impacientemente, en espera de su padre y la Estrella, la que según la enana, les traerá felicidad, cumplirá sus deseos y les cambiará su horrorosa vida. Por esto “Quería matar las horas, quería matar el tiempo para que el futuro llegara cuanto antes”. (p. 66). Sin embargo, la niña tiene claro que el tiempo siempre termina por atraparnos, ya que siempre se cumple.

Al incendiarse la pensión, (donde vivían en un gran espacio ya que la habían comprado completa para la familia, por lo que Baba pensaba que eran ricos) la familia debe trasladarse al club donde trabajaban Segundo y Airelai, ahí era donde realizaban su espectáculo de magia. En este momento la niña se da cuenta que las cosas siempre pueden ser peor, ya que se traslada a un entorno que no es adecuado para un niño, donde el espacio se ha reducido y donde debe ver cosas que le asustan mucho:

Viviendo encima del club descubrí la enorme diferencia que había entre el local diurno y el nocturno, entre esa especie de sucio almacén que era el club vacío y ese hormiguero desesperado y sudoroso en que se convertía de madrugada. Y aprendí así algo fundamental: que el infierno no es un lugar, sino un estado. Un veneno que llevamos dentro de nosotros. (p.120)

El tema del infierno como algo que esta dentro de nosotros es recurrente en la obra de Rosa Montero, esto es un tanto esperanzador, ya que salir del infierno depende absolutamente de nosotros.

A lo largo de la obra vemos como la niña va creciendo, tanto física como mentalmente. Baba va madurando, y se percata de esto a través de la memoria, ya que recuerda como al recién llegar con su familia no veía las cosas de la misma forma:

Me quedé mirando esas postales, intentando recordar como las contemplé por primera vez y qué sentí al descubrirlas, cuando aún desconocía todo sobre ellas. Pero uno nunca puede rememorarse en la inocencia, esto es, en la ignorancia. (p.123)

El temor de Baba, es crecer demasiado, ya que piensa que su padreV no la reconocerá cuando regrese a buscarla. Ella sabe que ha cambiado, porque a pesar de que sus recuerdos nacen en el túnel del tren ella conserva imágenes borrosas de su pasado en el orfanato y de su vida anterior a este, junto a su padre:

(…) recordaba entre móviles sombras aquel tiempo antiguo, mucho antes de mi llegada en tren a la ciudad y antes aún de aquel caserón gris en el que permanecí, junto a otros niños tristes, unos años oscuros; y creía ver borrosamente una figura alta y de color azul que sin duda era mi padre (…) y mi cara de entonces por fuerza tenía que ser una cara diferente, porque aquello sucedió en una época remota, siendo yo tan chica que aún no era yo misma. (p. 144)

Baba nunca duda del regreso de su padre, a pesar de que casi no lo conoce, por esto pasa los días esperando. Toda la familia se encuentra esperando algo; ella y Segundo esperan a su padre y hermano Máximo; Amanda y Chico esperaban que Airelai juntara el dinero para escaparse de Segundo, y por su parte la enana esperaba la llegada de su Estrella y de su amor. En este sentido, se metaforiza la cita que tienen los personajes con el destino, desde el comienzo de la novela. Este es un razonamiento que escapa a la comprensión de Baba pero que de todas formas quedan registrados en su contemplación infantil del mundo. La espera era una situación muy molesta para la niña, por la que ni siquiera podía conciliar el sueño:

Los días transcurren lentos y pegajosos para el que espera; las horas se adhieren las unas a las otras en un revoltijo sin color y lo único que queda en la memoria es la escocedura del deseo. Por eso apenas si recuerdo nada de aquellos días finales: son una nube gris en mi pasado. (p. 164)

En este momento, la niña comienza a escaparse de casa por las noches, mientras todos duermen. Esto lo hace porque no puede dormir y porque tiene la esperanza que durante esas caminatas nocturnas se encontrará con su padre. Salir por la noche le causa gran temor, debe encontrarse con hombres extraños y peligrosos, pero que tienen costumbres y normas que todos respetan, por lo que la niña pensaba que cumpliendo con el código estaría fuera de peligro. Estas calles, estaban prohibidas para la niña, sin embargo, “el mundo había cambiado tanto que las antiguas prohibiciones estaban empezando a parecer demasiado antiguas”. (p.166)

En una de esas salidas, la niña encuentra a la enana en un lugar dedicado a la prostitución, en este momento se da cuenta que Airelai no traía dinero gracias a conjuros mágicos, sino que lo conseguía de una manera que a ella le parecía repugnante. Esto va desbaratando aún más el mundo de Baba, en el que creer en la enana era una de las pocas cosas que la apartaban de todo lo malo que estaba viviendo.

Finalmente Baba se encuentra con su padre, con la llegada de éste también llegan los recuerdos a su cabeza:

Vi rostros que no sabía que conocía, y una risa de dientes blancos que tintineaban en mi oreja. Habitaciones luminosas, una colcha de flores, una mano de mujer haciéndome cosquillas. Olí un olor tibio y único, el olor de los besos y el cobijo. Recordé por un instante que había sido feliz y volví a perder de inmediato ese recuerdo. (p. 185)

Según Marc Augé, los recuerdos de la infancia, son más bien, recuerdos-imágenes. Estos son presencias fantasmagóricas que nos acechan en la cotidianeidad de nuestras vidas, y podemos identificarlas fácilmente como rostros o paisajes con los que nos topamos fugazmente a veces en nuestros sueños.

El problema de los recuerdos infantiles, es que pueden ser fácilmente remodelados por los relatos de otras personas que los asumen como propios, estos pueden ser padres o amigos que los integran a sus propios recuerdos.

Si tuviéramos que conservar todos los recuerdos e imágenes de nuestra infancia, nuestra memoria quedaría saturada, lo que va quedando es producto del desgaste que provoca el olvido, de esta manera, los recuerdos son moldeados por el olvido. “El olvido, en suma, es la fuerza viva de la memoria y el recuerdo es el producto de ésta”. (Augé: 1998: 28)

Así es como Baba recuerda su pasado más remoto, a través de imágenes borrosas, fugaces e inconexas, y es por esto que necesita olvidarlas para refundar su memoria desde los recuerdos más claros.

Máximo le entrega a la niña una foto de su abuela, ésta al verla se da cuenta de que la niña de la foto, es decir, su abuela tenía su misma apariencia e incluso su mismo apodo “Baba”, esto le causa frustración a la niña y decide deshacerse de ella, tirándola al estanque de agua. Así vemos como la niña, necesita construir su propia identidad y a diferencia de Chico, para lograrlo no quiere parecerse a nadie.

El padre de Baba llega, para abandonarla inmediatamente. Antes de enterarse de la fuga de su padre, ella lo esperaba en el estanque donde lo encontró y donde él mismo le pidió que aguardara, en ese momento ella cree ver su Estrella, esa que esperaba la enana y que cambiaría la vida de todos:

Entonces sucedió, entonces fue el prodigio. Oí un estampido a mis espaldas y el cielo enrojeció. (…) la reconocí en seguida, supe que era ella, no podía ser otra, la Estrella mágica de la Vida Feliz, una bola de fuego cegadora que devoraba toda la oscuridad (…) había venido desde los remotos cielos siderales para mostrarme que la vida era dulce y que los deseos siempre se cumplían. (..) Tanta vida por delante y toda mía. (p. 197)

De esta forma, Baba accede a su nueva vida, junto a Chico y la maternal Amanda, pero sin su padre, ya que la Estrella que Baba pudo ver se trataba de un avión estallando, en este viajaban Máximo y la enana. Luego la niña se entera de que este murió al escapar con la enana y con el dinero que Segundo guardaba celosamente.

Chico, es quien le enseña a Baba las reglas del Barrio. Le dice a que horas se puede salir y hasta donde puede llegar sin que se vuelva peligroso. El Barrio se constituye como un espacio de exclusión, compuesto por la marginalidad de la ciudad y que es visto por los niños como un espacio de dos caras, el día y la noche.

Chico sabe que las fronteras del Barrio están muy bien delimitadas y jerarquizadas. Durante el día el Barrio es aparentemente normal con niños y ancianos por las calles, pero en la noche todo se transforma, abriéndose paso una oscuridad vertiginosa y peligrosa. Aquí ostentan el poder; drogadictos, maleantes y prostitutas. Estos son dueños de las leyes y códigos que todos los habitantes del Barrio deben seguir para estar a salvo.

Baba debe aprender de Chico, ella se encuentra en un espacio ajeno que le es impuesto y para sobrevivir debe seguir los códigos, mostrándose obediente y sumisa tal como lo hace Chico.

Chico era más pequeño que Baba, un niño delgado y frágil, pero que sabía como manejarse y evitarse problemas en el entorno. El niño asume su fragilidad, que es una constante atracción para el matonaje infantil, pero tiene la fortaleza de la inteligencia que le ayuda a enfrentar a los más fuertes:

(…) Las cosas son así. Y está bien, no me importa. Tampoco me gustaría ser como ellos, ¿sabes? Ellos, los fuertes, se tienen que estar pegando todo el rato (…) pegando de verdad, con navajas y eso. Pero yo sólo tengo que aguantar algún empujoncito. No está mal (…) (p. 32)

A Chico nadie lo tomaba mucho en cuenta, principalmente su abuela que casi lo ignoraba por completo para molestar a su hijo Segundo, el padre de Chico. El niño no tenía amigos, y se pasaba el día esperando que alguien le hicieran algún encargo para ganar algo de dinero, con el que se compraba golosinas.

Por otro lado, Chico es un niño maltratado por su padre, Segundo, a quien ni siquiera llama padre. De esto se da cuenta Baba cuando ve quemaduras de cigarrillo en su espalda. Luego la niña también es maltratada por Segundo, de esto nos enteramos en una conversación que tiene con Rita, la mujer de la tienda:

Tuve envidia de su fuerza y de su arrojo, y me escocieron en la espalda, como si alguien hubiera pasado un dedo por las marcas, lo últimos correazos que Segundo me había dado. (p. 160)

Baba sabe que Chico no es un niño tonto, como todos piensan. La niña envidia la buena memoria que este posee, y con esto explica el hecho de que Chico no crezca y siga siendo un niño pequeño y frágil; “Yo creo que toda la energía se le iba en recordar y que por eso no crecía”. (p. 133)

Chico quiere recordar todo, porque tiene la necesidad de conocer todo y mantenerlo bajo control, ya que le asustan demasiado los cambios. El prefiere la calma, porque donde no sucede nada no puede haber dolor. Baba en cambio, tiene ilusiones, deseos y esperanzas:

(…) esperaba la llegada de mi padre, o al menos la llegada de la Estrella, que anunciaría nuestra felicidad inevitable. Y como toda persona que aguarda el comienzo de una vida mejor, vivía el tiempo presente con incomodidad y con impaciencia. Quería matar las horas, quería matar el tiempo para que el futuro llegara cuanto antes. (p. 66)

Por esta razón, es que a Chico lo que más le asusta es salir de su zona del Barrio, ya que aquí ya conoce todo, sabe a quien pude hablarle y a quien no, sabe por donde puede caminar y a que horas.

Esto lo hace sentirse más fuerte que Baba, ya que sabe más que ella, por esto cuando Chico le explica por qué huyó de la casa, se cuida de que la niña no entienda todo para que no aprenda demasiado. Él piensa: “eres más alta y mayor y la abuela te quiere más a ti, de manera que es justo que sepas menos que yo”. (p. 134)

Como dije antes, Chico escapa de la casa. Para esto debe enfrentar sus mayores temores, encontrarse en otras calles con otros jefes a los que no conoce. En todas las esquinas del Barrio hay algún jefe, y Chico piensa que “todo el mundo tiene alguien a quien temer, sólo que algunos temen a mucha gente y otros tan sólo a unos poquitos, y yo tengo miedo de todo el mundo menos de mi madre y quizá de ti”. (p. 134)

Las reglas del Barrio son complejas, lo mejor es que nadie te vea por lo que Chico es experto en ser casi invisible y mimetizarse con las cosas, sin embargo, si alguien lo ve, sabe que lo mejor es llamar mucho la atención para causar miedo.

Chico tiene como ejemplo a seguir a su abuela. Él se sabe débil, es un niño extraño sin amigos y sin imaginación, pero conoce sus limitaciones y sus capacidades que son el conocimiento y la memoria, las que también son una forma de controlar a las personas y su entorno. El niño observa las prácticas sociales en las que se encuentra inserto, y se da cuenta de quienes son los que ostentan el poder, proyectándose en ellos, logrando ser como su abuela podría aplacar su debilidad:

“(…) cuando crezca no seré como mi madre, no, porque mamá no manda nada. Y no quiero ser como mi padre porque papá no me dejaría ser como él, me mataría antes si sospechara que yo iba a ser como él y que le podría quitar el sitio. Y tampoco quiero ser como la enana porque no la entiendo, yo no tengo imaginación porque no tengo tiempo para eso; y además un día vi como los chicos del Barrio le tiraban piedras y ella puede que sea una bruja poderosa, pero no hizo otra cosa que correr, y como es tan pequeña corría poco. Así que he decidido que voy a ser como la abuela, pero como la Abuela antes del Gran Fuego, cuando era tan alta y mandaba tanto, como cuando sacó la pistola aquella con el Portugués y el Hombre Tiburón.” (p. 137).

Lo único que Chico tiene para asirlo a su condición infantil, que la vida en el Barrio le arrebata constantemente, es su madre. Amanda es la única que le da amor y lo trata como a un niño, por lo tanto la única a quien Chico no le teme. Todo esto se desbarata ante la presencia de Segundo, un padre violento que aterroriza con sólo nombrarlo y a quien Chico ve morir a manos de la enana.


3. SEGUNDO Y DOñA BARBARA: PUGNA DE FUERZASVI


La primera impresión que le causa doña Bárbara a Baba, fue de temor, sin embargo, la niña pronto se dio cuenta que no había razón para temer la dureza de su abuela; “había algo en su tono que me calmó un poco: un poder tan absoluto que no necesitaba hacerme daño”. (p. 15)

A Segundo en cambio, en ese primer encuentro ni siquiera lo vio, porque por entonces “Segundo apenas si era visible cuando estaba junto a doña Bárbara”. (p.16)

La abuela, era dura y poderosa y corría por el Barrio el rumor de que había asesinado a un hombre. Doña Bárbara quería mucho a Baba, ya que ésta era hija de Máximo, sin embargo, no tomaba en cuenta a Chico por ser hijo de Segundo a quien consideraba un inútil.

De este modo, el entorno familiar que se instaura en la pensión se instala como un “campo de batalla”, aquí vemos el enfrentamiento de dos fuerzas, la figura matriarcal pero en decadencia de doña Bárbara y la brutalidad de Segundo.

En la pensión, la vida está ordenada bajo la autoridad de doña Bárbara. Ésta, es poseedora de una fuerza admirable y arrolladora que se refleja fielmente en su figura física y sus atuendos. Sin embargo, ella es capaz de utilizar esa fuerza para proteger a los suyos y darles seguridad.

Para Baba, su abuela era una reina, un ser excepcional y grandioso. La abuela da muestras de su poder a través de sus gestos, su ropa, los muebles y todo lo que la rodea. Así se hace ver como una diosa, que nació con el mundo y que tiene todos los años, lo que asusta mucho a Baba, porque piensa que con la muerte de su abuela se acabará el mundo. Y esto no es lo único que impacta a la niña de su abuela, ya que todo en ella la tiene sorprendida:

“Parecía una diosa en su capilla; y por eso la única vez que entré en la vieja iglesia del Barrio creí que el retablo del altar mayor, brillando en la penumbra en oro viejo, con sus velas perfumadas y goteantes, sus claveles y su Virgen en medio, no era sino un homenaje a doña Bárbara, un recuerdo de su poder y su gloria.” (p. 24)

Todo el Barrio está enterado del poder que ejerce doña Bárbara, incluso se rumorea que mató a un hombre. Es una mujer temible, y lo demuestra al expulsar de su casa al Portugués y al Hombre Tiburón, aquí también vemos como doña Bárbara conoce y pone en práctica los códigos del Barrio, desarrollando estrategias que contemplaban dejarse ver en todas partes para demostrar su fuerza.

En cuanto a su familia, como mencioné antes, la abuela impone una jerarquización que instaura la diferencia entre sus hijos y sus nietos. Máximo y Baba son los predilectos, principalmente porque Máximo es el que hereda los rasgos de su padre. Segundo y Chico son los renegados por la abuela, Chico por ser hijo de Segundo, y éste por su poca habilidad para manejarse en el mundo marginal.

La decadencia de doña Bárbara se presenta en la conciencia que tiene de su vejez, ama la vida pero está consciente de la fugacidad de ésta. No le queda mucho tiempo, por lo que intenta disfrutar cada momento y cada lugar, tratando de que Baba hiciera lo mismo. Así podría permanecer en la memoria de la niña y no condenarse al olvido al que tanto teme, por esto intenta traspasar a Baba su concepción de la vida:

No te olvides nunca, no te olvides jamás de que estás viviendo. (…) Un privilegio. La verdad es que no sé por qué viven los idiotas. Y los miserables. Por qué tanto derroche de vida con la gente. Con todas esas personas que no saben que están vivos. Cuando yo podría hacer tan buen uso de todos esos años que otros malgastan. (p. 36)

Para doña Bárbara era muy importante nombrar a los muertos, por lo que llamaba a sus gatos con los nombres de las tumbas que se encontraban en el cementerio. Ella pensaba que el día de la muerte era la fecha más importante de nuestra vida, por lo que se debería celebrar un cumple muertes y no los cumpleaños, ya que pasamos por esa fecha cada año:

(…) atravesamos ese día critico completamente ciegos e ignorantes, y a lo peor incluso nos aburrimos, y nos irritamos, y perdemos el tiempo, sin saber que ese mismo día, veinte años después, o cinco, o uno, daríamos cualquier cosa sólo por alcanzar la madrugada. (p. 71)

La abuela también piensa que existen otras fechas cruciales que dejamos pasar inadvertidas, sobre todo aquellas que tienen que ver con el amor. Sin embargo, a veces quiere olvidarlas para no sentir el dolor y la nostalgia que producen los recuerdos bellos:

Desgraciado aquel que no ha conocido el amor. Esta clase de amor. Ese abismo al que uno se arroja felizmente (...). Y desgraciados los que sí se han sentido así alguna vez. Porque lo han vivido y lo han perdido. Y ahora, ahora que ya apenas si soy yo, ahora que ya lo olvido todo, para mi desdicha no puedo aún olvidar aquella agonía del deseo y de la carne. (p. 75)

Doña Bárbara, nunca podía marcharse de los sitios que le gustaban, sentía que le quedaba poco tiempo por lo que al abandonar un paisaje que le emocionaba la hacía sentirse más cerca de la muerte. Mientras Baba, al ver un bello paisaje olvidaba lo que era la muerte, la abuela por su vejez sentía que no volvería a ver algo así y guardaba cada recuerdo para su último momento.

La debilidad de la abuela luego del incendio, impacta mucho a Baba. Al incendiarse la pensión donde vivían, la abuela pierde todas sus cosas, las que constituían gran parte de sus recuerdos. Desde ese momento, la abuela dejó de ser la doña Bárbara imponente, ya no tenía todas las cosas que le recordaban su pasado y le hacían parecer una reina, incluso la niña comenzó a percibir que la abuela era mucho más pequeña, ya no era la mujer alta y fuerte que la asustó en un principio.

Doña Bárbara nunca más salió de la casa y siempre se sentía enferma, ya no causaba miedo, incluso a veces los niños reían con sus enojos. Lo único que le iba quedando a la abuela eran sus recuerdos, por esto luchaba por mantenerlos:

Y doña Bárbara clavaba en el techo sus ojos brumosos y paladeaba sus memorias de otoño, que eran parte del equipaje íntimo y secreto que iba a llevarse. (...) Repetía su nombre una y otra vez para no olvidarse de sí misma, para no diluirse en la oscuridad que le esperaba, como si prefiriera esa agonía de horror y de dolor a una nada quizá dulce y sin memoria. (p. 141)

Para Marc Augé, la memoria y el olvido tienen la misma relación que la vida y la muerte, ya que éstas sólo se definen una en relación a otra. La muerte es parte de la vida, así como el olvido (pérdida del recuerdo) es un componente de la propia memoria. Lo que olvidamos no son las cosas en sí, los acontecimientos simples, sino que olvidamos recuerdos y éstos son una impresión que permanece en la memoria. Y la impresión es definida como “el efecto que los objetos exteriores provocan en los órganos de los sentidos”. (Augé: 1998: 23)

De esta forma, lo que olvidamos es un acontecimiento que ya ha sido tratado, el producto de un tratamiento. No olvidamos todo, pero tampoco lo recordamos todo. Un aspecto importante es que existen recuerdos que podríamos calificar de “infantilizados”, estos son los recuerdos envejecidos por el tiempo y aquí se podría detectar lo que los psicoanalistas llaman “huellas némicas”. Estas atormentan el presente de los individuos, pero no pueden ser siempre atribuidas a un tiempo y a un lugar específico.

Vencida por la vejez, el olvido y finalmente por la muerte, el poder de doña Bárbara se va consumiendo lentamente, dejando el gobierno de la familia en manos de Segundo.

Segundo se pasaba la mitad del tiempo dormido y la otra mitad en los bares del Barrio. Tenía negocios sucios con hombres peligrosos que a Baba le asustaban mucho. Como decía la abuela, Segundo era un inútil, pero de todas formas asustaba a Chico y Amanda, a quienes golpeaba constantemente.

Luego del incendio, Segundo también cambió. Ahora él tenia el poder; mientras la abuela parecía más pequeña él se veía más grande y más oscuro. Sin embargo, Segundo siempre fue considerado el inútil y más débil de los hermanos, esto lo obligó a encubrirse en una fortaleza que en esencia no tenía, lo que lo transforma en un simple matón que abusa de la brutalidad desquitándose con los dos niños. Ya que al llegar a vivir al club, Segundo también comienza a golpear a Baba. Además, ahora se atreve a gritarle y a enfrentar a su madre, él gobernaba la nueva casa y el resto de la familia no sabía cómo protegerse:

(..) Era él quien ahora gobernaba a no dudar la casa, con órdenes siempre contradictorias. Mezclaba el vigor cruel con la sospecha, la prepotencia con la inquietud; como no estábamos acostumbrados a este nuevo giro en su carácter; no sabíamos cómo protegernos ni ocultarnos de sus súbitas iras. (p. 125)

Luego de la muerte de doña Bárbara, Segundo seguía causándole pánico a su familia, sin embargo, todos notaban como éste había cambiado. Ya no salía de la casa, estaba muy delgado y apenas comía. Sin embargo, Máximo lo encontró, y el propio Chico vio como la enana le daba muerte. Con esto, Amanda, Chico y Baba quedan liberados, haciéndose patente la proposición con que comienza el relato: “De lo que voy a contar yo fui testigo: de la traición de la enana, del asesinato de Segundo, de la llegada de la Estrella” (p. 5)


4. AMANDA Y AIRELAI: MAGIA Y PALABRA


Entre la pugna por el dominio y el poder y los códigos sociales que regulan la cotidianeidad en el Barrio, nos encontramos con el poder y la sabiduría femenina. De este modo, en el relato nos encontramos con dos mujeres que son completamente opuestas.

Amanda se configura desde el principio de la novela, como una mujer débil y tímida. Era una muchacha frágil y delgada que no tenia esperanzas en sí misma, y al igual que su hijo Chico le tiene miedo a cualquier cambio, incluso a salir por el Barrio.

Amanda tiene una personalidad sumisa, acostumbrada a aceptar todo sin decir nada, vive bajo la soberanía de Segundo quien además la golpea.

La enana en cambio, es portadora de la magia y la palabra, desde antes de que aparezca en la novela ya nos encanta con sus mágicos relatos. Los niños encuentran una carta de ésta para su amante, donde ya se comienza a configurar la concepción que tiene Airelai de la vida como relato, del ser para la muerte y de la existencia humana peligrosamente cercana a la animalidad, la que para dignificarse de algún modo necesita de la palabra:

Ya que venimos al mundo como animales, ensangrentados y ciegos, inútiles e irracionales, salgamos de esta vida como humanos. Con muertes notorias y simbólicas, dignas del final de una novela: como los héroes que somos de la narración de nuestras vidas. Porque lo que nos diferencia de las criaturas inferiores es que nosotros somos capaces de contarnos, e incluso de inventarnos, nuestra propia existencia. (p. 21)

Como vemos, Airelai es conciente de que todos vivimos ficciones. Según Augé de esta forma podemos eliminar la ambigüedad en el aspecto narrativo de nuestras vidas, y así acercarnos a los demás porque todos vivimos en lo narrativo.

La misma enana se define como “dueña del secreto y de la palabra”, ya que todas las mujeres llevan dentro la magia y el poder de la palabra. En este sentido se le da a la noche una significación de libertad y magia, donde todo puede suceder porque se está fuera de la autoridad masculina; “La noche es de las mujeres. Y también de los niños, hasta que se hacen hombres y olvidan quiénes son” (p. 47).

Airelai le advierte a la familia sobre las consecuencias que tiene el poder del decir, las palabras pueden cambiar el destino de nuestras vidas e incluso llevarnos a vivir una existencia de desgracias. Al llegar la enana, “llegaron sobre todo las palabras: fascinantes historias de mundos remotos, aventuras extraordinarias, reflexiones incomprensibles, pero seguramente importantísimas” (p. 52).

En este sentido, encontramos otra diferencia crucial entre la enana y Amanda, que radica en la vivencia de “experiencias”. Agamben, en su libro Infancia e HistoriaV, plantea que el hombre contemporáneo además de haber sido privado de su biografía, se le ha expropiado su experiencia, esto le ha llevado a la incapacidad de tener y transmitir experiencias.

Benjamín señalaba que el problema de la “pobreza de experiencia” de la época moderna tenía como causa la catástrofe de la guerra mundial de donde la gente regresaba enmudecida, no más rica, sino más pobre en experiencias compartibles. Sin embargo, para la destrucción de la experiencia no es necesaria una catástrofe, basta para esto con la existencia tranquila y cotidiana en una gran ciudad, “el hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos, divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia” (Agamben: 1998: 8). Y exactamente es esto lo que hoy hace insoportable la existencia cotidiana; la incapacidad para traducirse en experiencia.

En este sentido debemos tomar en cuenta que como la enana relata, ella tiene muchos años y además posee la sabiduría heredada de sus antepasados por lo que considera a Amanda una mutante: “Es que las chicas de ahora sois distintas (...) ya no funcionan las antiguas costumbres, ya no sirven los conjuros tradicionales (...) Sois seres mutantes.” (p. 128). De esta forma la enana aún posee la capacidad para traducir su existencia en experiencias, principalmente por que es “dueña de la palabra”.

La experiencia tiene su correlato en la autoridad, es decir, en la palabra y el relato, el problema radica en que hoy ya nadie parece disponer de la suficiente autoridad para atestiguar una experiencia. Estos serían los seres mutantes para la enana, ya que ella conserva los saberes elementales y es poseedora del relato y la palabra.

La enana se siente orgullosa de su condición física, se define como una persona perfecta, como una miniatura de la vida; “Yo sé que soy pequeña, muy pequeña; pero los demás también lo son y no lo saben. Ése es mi poder, el de la conciencia”. (p. 53)

Airelai asume que la mayor parte de la existencia se presenta como desgracia, pero a diferencia de Amanda que acepta sumisa, la enana siempre está esperando cambios. Ya que prefiere “el conocimiento, aún con desdichas, a una felicidad tonta y sin conciencia”. (p. 56)

Por esto, la enana les habla de la Estrella a los niños. Cuando la estrella cruce el cielo se acabarán todos sus sufrimientos y todos sus deseos se harán realidad. Con esto todos se quedan esperanzados, sobre todo Baba, ya que la enana deseará que todos sean felices.

Airelai trata de convencer a Amanda de que deje a Segundo y escape con Chico, esto asusta mucho a Baba ya que tendría que quedarse sola para esperar a su padre. Sin embargo, Amanda no puede imaginarse la vida sin la brutalidad de Segundo y como siempre trata de resignarse piensa que se equivocó “y ya no hay remedio. No me puedo escapar de él. La vida es así” (p. 61). Pero para Airelai a diferencia de Amanda es más importante la esperanza de libertad que el sufrimiento.

Por esto la enana le propone a Amanda que hechice a Segundo, ya que todas las mujeres poseen el poder del “tránsito a la vida y a la muerte, de la sangre y de lo que carece de palabras” (p. 125). Pero Amanda nunca estaba segura de nada, dudaba de sí y de su capacidad para construir una vida mejor para ella y para su hijo, ya que al igual que él creía que todo cambio solo sería para peor, ya que así se lo demostraba su propia vida, por lo que creía imposible el ser poseedora de algún poder. Por esto la enana define a Amanda como un ser mutante, ya que no ha descubierto sus fortalezas.

Sin embargo, Airelai quería ayudar a Amanda, principalmente porque le molestaba y aburría verla siempre tan cobarde y afligida. Por esto, la enana comienza a salir por las noches para prostituirse, con el dinero que conseguiría la enana, Amanda podría escapar de Segundo. Baba pensaba que la enana se iba de casa todas las noches para hacer conjuros a la luz de la luna, con los que conseguía los billetes que les dejaba por las mañanas. Para la niña resultaba imposible que alguien pudiera conseguir tanto dinero por las noches si no era a través de conjuros y hechizos. Los relatos de la enana conmovían tanto a Baba, que desde su mirada de niña todo está inserto en ese mundo en el que predomina lo mágico.

Cuando la niña descubre la verdad, la enana trata de encubrirlo dándole también un sentido mágico: “Embrujo a los hombres. Hago ilusionismo, porque meto ilusiones en sus cabezas (...) les hago desearme y cumplo sus deseos. ¿Hay prodigio mayor que el cumplimiento de un deseo?” (p. 171).

Los recuerdos más importantes que conserva Airelai son los de su amante, sin embargo, también siente temor de perder aquellas memorias, ya que le recuerda tanto que el rostro de su amado se borra, desgastado por el uso de la memoria. La enana define los recuerdos como:

Un saco revuelto de restos, de tesoros y basuras todos mezclados; un bulto que va creciendo sobre tus hombros y te va pesando cada día más. Se funden los recuerdos en la memoria, los años pasados, los deseos cumplidos y sin cumplir, los sueños y las lágrimas; pierden las escenas de ayer la luz y el latido de la vida, y se empastan en una amalgama gris, en una confusión de imágenes polvorienta y lejana que se diría que ha sido vivida no por ti, sino por otra persona. (p. 147)

Biruté Ciplijauskaité, en su libro La novela femenina contemporánea: hacia una topología de la narración en primera personaVI, afirma que las mujeres se aferran a los recuerdos más que los hombres. Se plantea que la memoria en el hombre y la mujer, funciona de forma distinta, y esto depende de la percepción del tiempo que también es diferente en los dos. El retorno del hombre siempre es el retorno al otro, la mujer en cambio vuelve a lo Mismo. La sensación del tiempo en las mujeres está desligada de la acción y vinculada con la emoción.

El tiempo femenino siempre es personal, lo que influye en su apreciación general del mundo y de la vida, esta suele producirse como una iluminación inesperada, mientras que el hombre se destaca por lo racional, progresivo y lógico.

Gran parte de las escritoras hoy hablan de la necesidad de anular el tiempo lineal, el recordar no está limitado a evocar; tiene una función suplementaria que tiene que ver con la intensificación del significado.

Esto es lo que tratan de hacer Baba, la enana, Amanda y doña Bárbara al recordar. Ellas no buscan simplemente evocar otro tiempo, sino que sobre todo Baba, utiliza esta evocación para lograr construir y entender sus primeras memorias y así comprender situaciones importantes y traumáticas de su infancia que tienen que ver directamente con la construcción de su identidad.

Esta situación puede ser graficada con los planteamientos de Ximena Goecke en El derecho de la memoriaVII. Aquí se propone que la memoria es una facultad del ser humano que permite construir dialécticamente una visión acerca del mundo en que vivimos, y gracias a la cual podemos dar cuenta de nuestro propio ser en el mundo.

Por otra parte, Marc Augé plantea que la identidad personal puede ser explicada en términos de lo recordado o lo recordable, es decir, en términos de memoria y Jacques Le Goff en El orden de la memoriaVIII plantea que la memoria es un elemento esencial de lo que solemos llamar la identidad, cuya búsqueda es una de las actividades principales de la sociedad de hoy.

Sin embargo, la enana culpa al tiempo, la memoria y la palabra de los sufrimientos humanos, estos surgieron en el origen del mundo. En el Paraíso vivían seres dobles que no tenían sexo y estaban compuestos por gigantes que llevaban en sus hombros bellos enanos. “Vivían ambos socios en simbiosis perfecta y en la más completa comunión de los espíritus: ni siquiera necesitaban hablar para entenderse y por lo mismo el verbo no existía” (p. 179).

En este Paraíso los seres nunca se sentían solos, eran autosuficientes y les bastaba con tenerse el uno al otro. Aquí no existía el tiempo, por lo tanto, tampoco había memoria. Las criaturas vivían en un presente continuo “carente de recuerdos y de proyectos, y así eran felices”. Pero había un enano que amaba tanto a su otro yo, que comenzó a sentir la necesidad de no olvidar los momentos que pasaba junto a él, entonces el enano comenzó a recordar y cuanto más crecían sus recuerdos más se confundía el enano, ya que comenzó a comparar los momentos y a sentir nostalgia del pasado.

Los recuerdos llevaron al enano a sentir el primer deseo y éste le llevó a decir las primeras palabras “Quiero que me digas que me quieres”. Así fue como perdimos el Paraíso:

y no con esas tonterías de la manzana: la palabra nos hizo desdichados y humanos. A partir de entonces comenzó a escaparse el tiempo, y ya no hubo más criaturas dobles, sino pobres criaturas asustadas y solitarias (...) seres incompletos, siempre en busca del alma gemela que perdimos. Así surgieron los sexos, como evidencia de nuestra humanidad, esto es, de nuestras limitaciones (...) (p. 147).

Finalmente, la enana se encontrará con su amante, Máximo. Estos escapan con el dinero que Segundo guardaba pero sufren un accidente en el avión, el que estalla en el cielo. Esta es la Estrella que ve Baba, la Estrella cambiará la vida de los niños y librara a la enana de todo sufrimiento.


5. CONCLUSIÓN


La memoria se encuentra dispuesta en la novela, como un anclaje narrativo fundamental, ésta se manifiesta principalmente en la estructura temática y en la constitución de los sujetos.

Memoria y literatura mantiene una relación dinámica, y ésta se expresa incluso metalingüísticamente dentro de la novela. La literatura transforma a la memoria en un tema y un cimiento ideológico, y por su parte la memoria encuentra en la literatura una forma de quedar fijada en la escritura, esto podemos visualizarlo en el relato completo, donde Baba fija sus memorias y en las cartas de Airelai. La memoria es esencial para la existencia de los personajes, le da sentido a sus vidas y construye su identidad personal.

La palabra, además de estar relacionada con la memoria, está ligada con el poder. Este poder es sostenido principalmente por las mujeres, lo que se ve claramente reflejado en que Segundo sólo sabe ejercer su dominio a través de la violencia.

El verbo, tiene el poder de crear, fijar y darle sentido a nuestros recuerdos, eso es lo que aprende Baba de Arelai, quien advierte a todos sobre los beneficios y los peligros del decir.

A lo largo de la novela nos encontramos principalmente con la fe en el cambio existencial. Esto podemos percibirlo de diversa forma en los distintos personajes, Airelai y Baba esperan el regreso de Máximo, amante y padre, que está destinado a terminar con el ciclo de temor y sometimiento que sufre la familia, vengando la traición de su hermano Segundo. Por otro lado, Amanda y Chico tienen esperanzas de huir, las que quedan cumplidas también con la llegada de Máximo y la muerte de Segundo.

Desde la perspectiva de los niños, este momento llegará con la manifestación de la Estrella, la que les regalará una nueva vida bajo la protección de Amanda.

Fusionando la belleza y la oscuridad, tal como propone el titulo de la novela, Airelai y Máximo hacen posible su amor abandonando al resto de la familia, a los más débiles. Esta traición llevará a la muerte de los amantes y al comienzo de un nuevo ciclo, el tiempo tan anhelado por Chico y Baba.

Desde la mirada de una niña, nos enfrentamos a la luz y a la sombra del espíritu humano, condición metaforizada claramente en Airelai un ser mágico que impregna de esperanzas su entorno, pero que finalmente termina por traicionar a los más frágiles.

Por otro lado nos encontramos ante los límites de la realidad, con la naturaleza fugitiva e imaginaria de lo real y la incertidumbre de distinguir verdaderamente entre lo objetivo y lo soñado. Hay una mezcla sin conflictos entre un mundo fantástico y uno lógico, porque para Rosa Montero somos muchos dentro de nosotros.

Los personajes del relato asumen su condición herida y marginada. Todos poseen alguna debilidad o alguna carencia. De este modo, el texto nos permite visualizar la necesidad de amor y regazo junto con la posibilidad de éste y el posicionamiento de los seres en un espacio que sueña simplemente con la felicidad cotidiana.


6. NOTAS


I Rosa Montero nació el 3 de enero de 1951 en Madrid. Estudió Filosofía pero abandonó pronto la carrera para estudiar Periodismo y Psicología, participando también en grupos de teatro como “Tábano” y “Canon”.

Colaboró en distintos medios de comunicación, como “Pueblo”, “Arriba”, “Garbo” o “Hermano Lobo”, llegando a ser redactora jefe del suplemento dominical de “El País”. En 1980 recibió el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios.

Como novelista debutó con “Crónica del desamor” (1979). Más tarde aparecieron “La función delta” (1981) y “Te trataré como a una reina” (1983), “Amado amo” (1988), “Temblor” (1990), “Bella y oscura” (1993), “La hija del caníbal” (1997), “El corazón del tártaro” (2001) y “La loca de la cosa” (2003).

Al margen de su faceta como novelista, ha escrito libros de relatos, cuentos para niños, recopilaciones de entrevistas y un libro de ensayos biográficos. Su último libro es "Historia del rey transparente" (2005), una novela medieval ambientada en el siglo XII.

En su creación se devela un pensamiento en torno a la diferencia genérica desde la que se vive el mundo con las prácticas del poder. En general, su creación presenta una mirada crítica que indaga sobre la fugacidad del tiempo, la muerte, la memoria, el amor y la identidad.

II Montero, Rosa. Bella y Oscura. Barcelona: Seix Barral, 1993

III Augé, Marc. Las formas del olvido. Barcelona: Gedisa, 1998.

IV Ahumada Peña, Haydée. Poder y género en la narrativa de Rosa Montero. Madrid: Pliegos, 1999

V El padre de Baba, Máximo, es una permanente ausencia en el interior del relato y de la familia. Baba y la enana lo esperan, la abuela venera su recuerdo y Segundo teme constantemente su llegada. Su llegada tan esperada cambiará rotundamente la vida de todos los personajes.

VI Para mayor información sobre el tema del poder, consultar: Ahumada Peña, Haydée. Poder y género en la narrativa de Rosa Montero. Madrid: Pliegos, 1999

VI Agamben, Giorgio. Infancia e Historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2003.

VII Ciplijauskaité, Biruté. La novela femenina contemporánea: Hacia una topología de la narración en primera persona. Barcelona: Anthropos, 1988

VIII Goecke, Ximena.”El derecho de la memoria”. Memoria para un nuevo siglo. Santiago: Lom Ediciones, 2000

IX Le Goff, Jacques. El orden de la memoria. Barcelona: Paidós, 1991

BIBLIOGRAFÍA

OBRAS DE FICCIÓN

Montero, Rosa. Bella y Oscura. Barcelona: Seix Barral, 1993

ESTUDIOS Y ENSAYOS

Agamben, Giorgio. Infancia e Historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2003

Ahumada Peña, Haydée. Poder y género en la narrativa de Rosa Montero. Madrid: Pliegos, 1999

Augé, Marc. Las formas del olvido. Barcelona: Gedisa, 1998.

Ciplijauskaité, Biruté. La novela femenina contemporánea: Hacia una topología de la narración en primera persona. Barcelona: Anthropos, 1988

Goecke, Ximena.”El derecho de la memoria”. Memoria para un nuevo siglo. Santiago: Lom Ediciones, 2000



Le Goff, Jacques. El orden de la memoria. Barcelona: Paidós, 1991





Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos