Memoria e identidad



Descargar 113.5 Kb.
Fecha de conversión21.07.2018
Tamaño113.5 Kb.
Vistas28
Descargas0
Catálogo: uploads
uploads -> Psicología juridica
uploads -> Psicología Consideraciones generales
uploads -> Psicología de la nutrición Consideraciones generales
uploads -> Psicologia
uploads -> Docente: Carmen Martín Cuadrado (iaap, agap, sepa, feap) Lugar
uploads -> Erich neumann docente: Ana Ibáñez (sepa, iaap, feap) Lugar
uploads -> Informacion práctica sobre la asignatura
uploads -> Trastornos de la conducta ocasionados por las rsi
uploads -> Sílabo información general





Grupos de reflexión para la elaboración de situaciones traumáticas.
Diana Kordon y Lucila Edelman
Los dispositivos multipersonales, en particular los dispositivos grupales, constituyen un instrumento privilegiado para el trabajo con la subjetividad, en el caso de situaciones traumáticas de origen social, ya que ayudan a aliviar el sufrimiento y a realizar un trabajo elaborativo de los efectos del impacto traumático.

Nuestra experiencia en esta tarea la desarrollamos primero en el Equipo de Asistencia Psicológica de Madres de Plaza de Mayo y posteriormente, hasta la actualidad , en el Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial ( EATIP).

Básicamente somos convocados o convocamos a realizar grupos de reflexión con personas que son afectados directos y personas que realizan tareas con afectados directos. Esta divisoria no es exacta dado que a veces son los propios afectados quienes realizan tareas con otros. A veces se trata de elaborar situaciones particulares incluidas en la situación traumática como por ejemplo la problemática de la maternidad, o de la paternidad.

Otras veces trabajamos con personas que colaboran con grupos sociales vinculados a problemáticas límites de DDHH que no dejan de afectarlos de alguna manera.

Las personas concurren al grupo, no para comprender en general las vicisitudes de la subjetividad de época, sino a los efectos de comprender aquello que sienten como obstáculo en su vida, que les produce desconsuelo y pesadumbre, que afecta sus relaciones interpersonales y/o que les dificulta la realización de las tareas que se proponen.

Los grupos sociales a los que se recurre espontáneamente como recurso durante las crisis, constituyen uno de los instrumentos fundamentales para albergar al sujeto en condición de indefensión, y otorgar el reapuntalamiento necesario. Funcionan como un aparato protésico. Además de contener, si son grupos en los que en el apuntalamiento no predomina la sutura, cumplen funciones proteicas, en el sentido de funcionar como una nueva matriz para el desarrollo de aspectos del psiquismo.

Existe una vasta experiencia en el armado de dispositivos grupales expresamente conformados para el trabajo subjetivo en relación a traumatismos de origen social, que han demostrado ser un instrumento idóneo, independientemente de la diversidad de técnicas y conceptualizaciones. En los terremotos de México y Honduras, en diferentes situaciones traumáticas derivadas tanto de la segunda guerra mundial como de guerras locales, en la Argentina en el caso de la represión política de la dictadura militar, el atentado a la AMIA, Cromagnon, las inundaciones en Santa Fé, se han implementado abordajes grupales para la elaboración subjetiva.

Vale la pena recordar que los aportes fundantes de Bion sobre el trabajo psicoanalítico con grupos se basaron en su experiencia en la rehabilitación de veteranos de guerra.


Acerca del trauma social
Las situaciones traumáticas producen efectos inmediatos y en el largo plazo. La afectación incluye la persistencia en el psiquismo de un resto no metabolizado.

La vivencia de pérdidas (reales y de sentido) determina un marcado antes y después del hecho traumático, incluyendo siempre sentimientos de indefensión y desamparo y la puesta en juego de la valoración narcisista.

Si bien en todo traumatismo hay un componente social, hablamos de situación traumática de origen social, diferenciándola de un hecho traumático aislado, para marcar que implica un fenómeno complejo con el concurso de diferentes variables y con acción persistente a lo largo de cierto tiempo.

Mientras que un hecho aislado puede ser considerado un accidente sufrido por uno o varias personas, en el caso de lo que llamamos situaciones traumáticas de origen social, es un conjunto social, los miembros de una comunidad, los que están involucrados en la situación traumática y presentan algún grado de afectación que asume características especificas en cada uno de ellos.

Cuando una persona sufre un accidente doméstico, aunque lo social esta incluido aún en el mismo hábitat en que ese accidente se produce, o en la lectura que ese sujeto tendrá del hecho, lo fundamental de la situación estará dado por el traumatismo y por la estructura de personalidad del sujeto que lo sufre.

Otra situación similar sería la de alguien para quien el diagnostico de cáncer a pesar de su muy buena evolución adquiere características traumáticas, pasando a organizar su vida psíquica en el eje salud-enfermedad y desencadenando un cuadro psicosomático de evidente conexión con el traumatismo. En este caso la representación social del cáncer como equivalente a muerte juega un papel importante.

En cambio, situaciones como Cromagnon, el Airbus siniestrado recientemente, un tsunami, las inundaciones en la Ciudad de Santa Fé, tienen como rasgo fundamental su carácter social y por eso impactan tan profundamente en la subjetividad colectiva.

Muchos más abarcativo y complejo es el traumatismo social producido desde el macro poder, que implica una decisión voluntaria, sobre sectores de la sociedad como en nuestro país ha ocurrido con el terrorismo de Estado.

En estos casos el trauma se asocia a una o a varias pérdidas tan severas que pueden poner en juego el mantenimiento de la continuidad del sí mismo. Por lo tanto, situación traumática, trauma, pérdida y duelo constituyen un proceso casi indivisible con múltiples articulaciones.

El concepto de trauma, que como señalamos, implica un exceso de estímulos que el psiquismo no alcanza a elaborar, produce un impacto desorganizador de la vida psíquica. Se arrasan archivos simbólicos.

A partir de Freud, que definió las neurosis traumáticas analizando los efectos de la guerra, muchos autores ponen el centro en la magnitud del estímulo traumático, en relación con el efecto desorganizador que produce sobre el psiquismo.

“Laplanche (1972), siguiendo a Freud, define las neurosis traumáticas como aquellas en que los síntomas son consecutivos a un choque emotivo, ligado a la situación de amenaza a la vida o integridad del sujeto, donde el trauma posee parte determinante en el contenido de los síntomas (pesadillas, repetición mental del hecho traumático, reacción de angustia automática con gran compromiso somático y neurovegetativo: palpitaciones, sudoración, ahogos, cólicos, etc.).

Es importante destacar que en el concepto de trauma, además del acontecimiento traumático per se y de las condiciones psicológicas del sujeto, interviene la situación efectiva, entendiendo por tal las circunstancias sociales y las exigencias del momento”.

Algunos autores y en nuestro país Silvia Bleichmar (2000) consideran, que lo traumático es, al mismo tiempo, constitutivo y constituyente del funcionamiento psíquico y que a partir de la necesidad del psiquismo de elaborar los estímulos externos e internos que recibe, se produce su complejización y evolución1.

Partimos de una visión del psiquismo como un sistema abierto en el cual hay experiencias complejizantes que modifican la vida psíquica a lo largo de toda la vida. En este sentido el traumatismo (como desorganizador) y las vías de su elaboración pueden producir consecuencias psíquicas de cierta estabilidad en diferentes direcciones, modificando estructura y función.

Cuando el yo ya está constituido el traumatismo opera como una piedra lanzada con violencia que arrasa con las modalidades previas de funcionamiento de la vida psíquica. Puede modificar las estructuras previas; puede arrasar parte o la totalidad del yo. Cuando la función de paraexcitación del preconciente no es suficiente como para impedir su arrasamiento, el trauma es efectivo y el trabajo del preconciente es inhabilitado parcial o totalmente. Entonces, aquellos excesos de estímulos que no se han metabolizado, que no se han transcripto, persistirán como restos traumáticos.

Diferenciamos situación traumática de traumatismo efectivo para dar cuenta que las personas tienen un espectro de posibilidades de respuesta muy amplia. En todos los casos el impacto subjetivo es muy potente, pero las defensas que se implementan en la respuesta pueden ser adecuadas o arcaicas, en un amplio espectro, y en consecuencia el yo se preserva en grados relativos.

En el efecto traumático queda un remanente de angustia que no puede ser simbolizado, no representable por medio de la palabra.

Como señalamos, la angustia automática avasalla al preconsciente y al yo. Se produce una regresión narcisística que impide al sujeto implementar defensas eficaces, de carácter neurótico, como ocurre en el caso en el que la angustia funciona como angustia señal. Estos momentos pueden ser considerados como momentos psicóticos en los que no existe un yo capaz de establecer un comando, que implemente medidas adecuadas para ejercer alguna protección sobre el sujeto. A veces se implementan mecanismos de defensa arcaicos.

Cuando se produjeron las inundaciones en la provincia de Santa Fé, un grupo de personas fue sacada de sus viviendas en un bote. Una de ellas llevaba un bebé en brazos y no pudo impedir que lo arrancara la corriente. A posteriori varias de las personas que iban en el bote afirmaban que el bebé se les había caído a ellas.

En esta situación traumática se produce una regresión narcisista en cada una de las personas, que implica una pérdida de discriminación yo – no yo, adentro – afuera, la puesta en acción de los mecanismos más primitivos de fusión.

Son innumerables los ejemplos de cómo los estímulos traumáticos reaparecen a la manera de repetición: Primo Levi (1987) por ejemplo describe cómo ya liberado y retornado a su hogar en Turín, durante muchos meses continuó caminando mirando al piso que era lo que hacía en el campo de concentración en búsqueda de algún resto de comida o algún objeto que pudiera transformarse en valioso.

Alfredo Bravo secuestrado y torturado durante la dictadura militar relataba que no podía tolerar ir al cine ya que la situación de oír ruidos en la oscuridad lo retrotraía al momento de la tortura.

Una persona que había perdido la noción del tiempo por la tortura, y creyó que iba a morir de sed (a las personas torturadas con electricidad no se les da agua), necesitó durante largos años tener siempre disponible un vaso de agua.

Como hemos señalado el trauma afecta al psiquismo y simultáneamente se tramita en el plano de la subjetividad.

La subjetividad es una producción histórico-social. Como construcción histórica y social es una formación que corresponde simultáneamente al sujeto singular y al conjunto. Vinculamos esta concepción con lo que Kaës define como componente interpretativo de lo subjetivo y la inter y transubjetividad.

La problemática de la elaboración del trauma está vinculada muy especialmente al sentido que éste adquiere para cada persona y a la posibilidad de encontrar y mantener apoyos adecuados para el psiquismo.

Pero tanto el sentido individual del trauma como la posibilidad de mantener u obtener los apoyos adecuados, especialmente cuando se trata de un trauma social, están vinculados al procesamiento colectivo de la situación traumática.

De acuerdo a nuestra concepción del trauma, existe una relación de interioridad entre los factores causales, la conformación previa de la personalidad, la situación vincular, el proceso de traumatización, las apoyaturas y apuntalamientos grupales con los que cuenta el sujeto, los modelos identificatorios, el discurso y los sistemas de ideales colectivos hegemónicos, los efectos psicológicos, las posibilidades de elaboración personal y social de la afectación por el trauma, y los fenómenos de retraumatización.

Además de la fortaleza del yo y de las condiciones previas de personalidad, factores indudablemente importantes, la comprensión de la situación, el posicionamiento ideológico previo, el sentirse parte de un conjunto que en el plano social comparte un proyecto, tienen importancia en cuanto a la incidencia de la situación traumática en la subjetividad y a la posibilidad de preservación personal.

Los veteranos de la segunda guerra mundial recibieron un reconocimiento social que implicó una reparación simbólica y generó condiciones favorables para la elaboración del trauma individual. Su accionar durante la guerra podía tener una lectura, una puesta en sentido, social y personal.

En cambio los veteranos de Vietnam o de Irak, en una situación de repudio social a su accionar, no contaron con el apuntalamiento necesario para el trabajo elaborativo, y ante la angustia de no asignación, las actuaciones de violencia sin sentido fueron resultado frecuente.

En el caso de los veteranos de Malvinas, en los que no hubo reconocimiento oficial, incluida la reparación económica, ha sido notable el porcentaje de suicidios.

La dictadura produjo un efecto traumático en el plano colectivo y personal, en distintos grados de afectación.

La existencia de miles de desaparecidos, acompañada de un discurso oficial renegatorio, es una expresión paradigmática de un traumatismo que produce efectos desestructurantes.

Vale la pena destacar la incidencia que tiene en la subjetividad el discurso dominante que da sentidos y significaciones específicas a los fenómenos sociales.

Retomando a P. Levi, Agamben (1999) analiza pormenorizadamente, sobre la base de la experiencia en los campos de concentración nazi la relación entre lo humano y lo infrahumano, los límites de lo humano.

Primo Levi, en una comunicación personal a Ian Thomson (2007), refiriéndose al efecto de la desnudez en el Lager, dice: “la ropa es una señal de humanidad”.

Una paciente refiere haber sido interrogada sentada desnuda junto a otro secuestrado también desnudo como una de las situaciones más traumáticas que había vivido, en las cuales la desnudes era vivida como una degradación.

La autoestima está comprometida en las situaciones traumáticas, especialmente por la respuesta, o por la dificultad de respuesta del sujeto ante la situación traumática.

En el trabajo de cualquier duelo hay un momento de cuestionamiento de la conducta del sujeto. Se presentan sentimientos de culpa ya que la persona supone que tendría que haber hecho algo diferente de lo que hizo para que el traumatismo no lo alcanzara. A esto se suman los discursos sociales culpabilizantes.

Por otra parte entra en cuestión la conducta asumida una vez desencadenado el episodio traumático. Cuando la madre de un desaparecido fue secuestrada durante un mes no aceptaba que sus custodios le dijesen “flaca”. Consideraba un acto de dignidad personal no responder cuando se la trataba con ese apelativo.

La experiencia traumatizante de la dictadura ha encontrado múltiples caminos de elaboración colectiva en un ida y vuelta permanente con la elaboración personal. Conmemoraciones, baldosas, acciones sociales, producción cultural a través del cine, la pintura, el teatro, la música son formas de este proceso elaborativo. Pero hay algo de lo traumático que requiere una especificidad en su abordaje.

A lo largo de muchos años hemos comprobado el papel de los dispositivos grupales como recurso privilegiado para el abordaje de estas problemáticas.


Dispositivos Grupales
Hemos señalado precedentemente que de las experiencias traumáticas queda un aspecto que no tiene acceso a la palabra, algo que a veces queda silenciado para siempre. El relato de una experiencia traumática implica un cierto grado de elaboración, es una evocación de la situación que utiliza la palabra. Sin embargo hay un plus, que es el resto traumático, que no se expresa en palabras, sino en gestos, en lenguaje corporal, en actuaciones.

En la Grecia antigua se utilizó el teatro, la puesta en escena de las tragedias, como un modo de elaboración de las situaciones traumáticas sociales y, más en general, de los grandes conflictos del hombre y de la cultura.

Las personas tienen en muchos casos necesidad de hablar, de compartir vivencias, que se ubican en las adyacencias de lo traumático. Esta necesidad aparece a veces después de un largo tiempo de silencio.

Los dispositivos grupales ofrecen posibilidades de contener y ligar, personal y colectivamente, los elementos traumáticos que fueron un factor disruptivo en la realidad psíquica.

El dispositivo grupal tiene dos aspectos. Por un lado es el conjunto de condiciones normativas de la tarea a desarrollarse: número de integrantes, tiempo de las reuniones y frecuencia de las mismas, duración limitada o ilimitada del funcionamiento del grupo. Por otra parte esta dado, fundamentalmente, por los significados, los contenidos de la escena dramática sobre los que se trabaja, las construcciones de sentido que se producen y el tipo de intervenciones pertinentes a este trabajo de los coordinadores del grupo.

Según cuál sea el dispositivo grupal se favorecerá la emergencia de determinadas producciones.

En este trabajo nos interesa especificar de qué modo operan los grupos de reflexión en relación a la elaboración de situaciones traumáticas de origen social.

Los autores que trabajaron sobre la problemática de los grupos desde diferentes modelos conceptuales, coinciden en señalar que coexisten dos planos de funcionamiento. Uno de ellos es la tarea manifiesta que el grupo se propone desplegar y el otro es la vida imaginaria que asiste u obstruye la realización de dicha tarea.

Los dispositivos con que trabajamos tienen las siguientes características:

Son grupos abiertos, de concurrencia voluntaria, sin limitaciones en la cantidad de participantes, organizados en módulos de un número de reuniones acordados previamente. Estos módulos pueden ser recontratados.

La consigna es que hablen espontáneamente de los temas que surjan. El acuerdo de trabajo se establece, desde el encuadre, con los aspectos adultos de los miembros del grupo.

En el trabajo intersubjetivo se produce un movimiento permanente entre un nivel “regresivo”, en el que circula la fantasmática, y un nivel reflexivo, conceptualizador, que utiliza el lenguaje simbólico, que se propone comprender lo que ocurre en la vida imaginaria del grupo y construir en un trabajo elaborativo nuevos sentidos y significaciones. La tarea grupal esta definida por esta propuesta de comprensión.

Entre estos dos modos de funcionamiento grupal hay discontinuidades y alternancias.

El trabajo grupal incluye contenidos y modalidad discursiva. Pero en lo fundamental se trata de un dispositivo en el que se produce una dramatización espontánea. El grupo “es una escena dramática”. Se produce una puesta en escena y en palabra, se construye una estructura de roles a partir de la circulación de distinto tipo de fantasías, que tiene que ser simultáneamente vista y oída.

El grupo de reflexión permite un acceso múltiple: a las formaciones grupales del psiquismo originadas en los vínculos primarios, a los procesos inter y transubjetivos y a los modos en que estos fenómenos se enlazan, articulan o inscriben en las variables institucionales y lo llamado macrocontextual.

Se organiza una trama íntima confiable que permite el trabajo de la subjetividad en los diferentes planos de la trama vincular: Los fenómenos intra, inter y transubjetivos, a los cuales nos hemos referido ampliamente en el capitulo sobre dispositivos grupales.

En cuanto a las intervenciones del coordinador nos remitimos al capítulo intervenciones. No obstante nos interesa destacar dos cuestiones específicas para esta temática.

Cuando se trata de grupos de reflexión para personas que han sufrido situaciones traumáticas de origen social un aspecto particularmente importante es el de ayudar a descubrir de qué manera se articulan las representaciones sociales con las vivencias subjetivas.

Si concebimos la elaboración de lo traumático como un proceso simultáneamente individual y social ocurre que muchas de las intervenciones que muestran esta articulación son vividas por los integrantes del grupo como un alivio a sentimientos de culpa y reparadoras de la autoestima.

En un grupo con familiares de desaparecidos y personas que habían sufrido prisión prolongada, se discute la problemática del silencio alrededor de los que ocurría, que estuvo presente durante muchos años. Algunos plantean sentimientos hostiles hacia los que silenciaron y otros expresan sentimientos de culpa. El trabajo sobre la incidencia del discurso dominante, a partir de la inducción del silencio, la comprensión de la lógica de la intimidación colectiva y de la alienación, abre un espacio que permite reformular y reubicar los posicionamientos subjetivos.

En el grupo se dramatizan los conflictos dentro de las instituciones. El zócalo de sociabilidad sincrética, reforzado en los casos de situaciones traumáticas, favorece y dificulta simultáneamente la individuación. En algunos de estos grupos señalamos la relación entre las normas institucionales y la subjetividad o entre aquellas y los vínculos interpersonales. Esta es una cuestión delicada en la que es importante discriminar nuestra función de nuestras opiniones acerca de las variables institucionales.

Es importante la co-coordinación siempre que esta sea posible. Esto facilita la toma de distancia instrumental que permite preservar la capacidad de pensar. Las ventajas de la co-coordinación son aplicables para cualquier dispositivo de trabajo grupal, dado que el coordinador debe lidiar con múltiples variables y en especial con las transferencias y con el “efecto grupo”, que esta dado por demandas que surgen de la “regresión”.

A esto se agrega el impacto emocional que producen las situaciones traumáticas, también en los coordinadores.

Cuando se realiza la co-coordinación, el análisis de la intertransferencia permite comprender mejor el proceso grupal.


Como hemos señalado, la situación traumática tiene un efecto arrollador de la estabilidad de ciertas defensas psíquicas, es decir, coloca al sujeto en situación crítica. El trabajo en el grupo de reflexión implica un movimiento de regresión-progresión, desestructuración-reestructuración, desidentificaciones, reidentificaciones. Es precisamente por este movimiento, que se pueden producir nuevas inscripciones en el psiquismo. Retomamos en este sentido la expresión “efecto proteico” de Diana Singer (1996) como complemento del “efecto protésico” del grupo.

Cuáles son los procesos que se ponen en juego en el grupo de reflexión para facilitar el efecto proteico y protésico?



  • El grupo alberga, aloja, los aspectos del sujeto en situación de sufrimiento, de indefensión. La construcción imaginaria grupal y en ella, los otros participantes, pueden contener la angustia del sujeto.

Recuperando el concepto de Bion acerca de la capacidad de reverie de la madre, que contiene la angustia y terrores del niño, dándoles un significado que pueda hacerlos pensables, Hugo Bleichmar (1997) plantea esta temática en dos tiempos: primero la madre se identifica con lo que el niño siente, y luego se lo devuelve transformado en algo que tiene significado y lo saca del “terror sin nombre”.

El grupo como una metáfora de la célula madre- hijo cumple esta función.



  • Se construye una matriz para el trabajo de simbolización, y para la ligadura o absorción de los restos traumáticos. El trabajo intersubjetivo permite realizar un “préstamo de preconciente”.

De acuerdo con Kaës (1996), consideramos que la actividad del preconciente siempre se halla implicada en las experiencias traumáticas, ya sea por falla o por insuficiencia. Se paralizan en esta situación, funciones complejas del preconciente, como las de puesta en latencia, anticipación, metabolización, regulación de impulsos y puesta en representación de palabra.

Precisamente por ser el preconciente un producto de la intersubjetividad, en la situación grupal, la puesta en palabras del otro, por trabajo de su preconsciente, da condiciones a cada uno de los sujetos para la reactivación de la actividad de simbolización. Otro u otros pueden efectuar para un sujeto, en ciertas condiciones, un trabajo de ligadura y de transformación, que le es momentáneamente inaccesible.

Dice Kaës (Pág. 97. 1996), en la definición de la función meta-preconsciente del otro: “les recuerdo mi hipótesis inicial: la cualidad de la actividad del preconsciente debe ser considerada como una función intersubjetiva. Especificaré esto a través de su corolario: la capacidad de alojamiento, de contención, de significación y de transformación/ interpretación que caracteriza a la actividad del preconsciente tiene como condición algunas cualidades del preconsciente de los otros. Esto supone que una función “meta-preconsciente” esté ya constituida y disponible por lo menos en un otro para otro sujeto”.

Podríamos pensar que, de esta manera, en el grupo se va armando un rompecabezas combinando distintas piezas aportadas por el preconciente de cada uno de sus integrantes. La definición de rompecabezas o puzzle incluye la existencia de un enigma a resolver y el armado de las distintas piezas para esa resolución. Este proceso es simultáneamente colectivo e individual porque al mismo tiempo que hay una elaboración del conjunto se va produciendo el trabajo de ligadura a nivel individual. Ante la fragmentación, la tendencia al estallido que produce el traumatismo, este trabajo en el que todos aportan con su preconciente construye imágenes unificadas.

Usamos el concepto de preconciente inscripto en la segunda topica, como un aspecto del yo. “La segunda teoría del aparato psíquico vincula los procesos y los contenidos del preconciente a la instancia del Yo. Ahí el preconciente puede ser ubicado como el lugar de las inscripciones de lenguaje, de almacenamiento, de montaje psíquico cuyo orígenes se hallan en los aprendizajes verbales del sujeto. De un modo más general, la función del preconciente es la de conservar para el yo un cierto número de conductas que el sujeto ha adoptado por identificación a los objetos, desexualizándolos. La función del preconsciente es fundamental en la actividad sublimatoria; pone a disposición del sujeto formas preexistentes que le permitirán derivar la meta al servicio de la actividad del Yo”. (Kaës. 1996. pág. 89).

Reconocemos puntos de contacto con los desarrollos de Hugo Bleichmar que ubica al Yo como sede de esta problemática.




  • En las personas que han sufrido una situación traumática, puede haber una acción persistente de lo tanático, que las paraliza, las abruma, les quita vitalidad.

El proceso grupal puede aportar la transmisión de una energía, una vitalidad, que habilite el surgimiento del deseo. El efecto de la actividad del o de los otros puede registrarse no solo como representación, como recuerdo, sino como una función, como una capacidad de ejecutar actividad.

  • El grupo de reflexión brinda también un nuevo espacio de reapuntalamiento ante la indefensión, y las vivencias de fragmentación o mutilación, producidas por los diferentes tipos de pérdidas. Este apuntalamiento refuerza el ya brindado por el agrupamiento espontáneo, cuando este existe. Trabajando en el devenir entre lo fusional y lo discriminativo, el apuntalamiento incluye, además del sostén o apoyo, la posibilidad de un trabajo creativo de remodelización.

  • Permite, por otra parte, una elaboración específica de la problemática de la autoestima, afectada por la situación de catástrofe y por la identificación con los discursos externos e internos culpabilizantes.

La autoestima es desde el comienzo, una creación producida en el vínculo intersubjetivo, por lo tanto el papel del otro es decisivo. En este sentido no hay un narcisismo asegurado, sino que la autoestima se va construyendo por internalización de ese vínculo y de la mirada del otro, que luego será una mirada desde adentro que contempla al sujeto y define valoraciones.

El grupo de reflexión cumple funciones intersubjetivas equivalentes que contribuyen a la restitución de la autoestima que había sido afectada.



  • El trabajo de elaboración construye sentidos en relación a los hechos ocurridos. Es un trabajo de historización que permite descubrir la significación de los discursos dominantes y las representaciones sociales que estos construyen, así como el análisis de las prácticas y representaciones sociales contrahegemónicas. En el grupo se trabaja muy especialmente la articulación entre las representaciones sociales y las fantasías, dado que las representaciones sociales son eficaces porque se apoyan e inscriben en sí mismas fantasías, especialmente las fantasías que corresponden al orden de lo transubjetivo.

En las situaciones traumáticas de origen social, encontrar el sentido de los traumatismos tiene especial importancia para su elaboración. Los agrupamientos sociales espontáneos que se conforman para enfrentarlas, tienen un papel muy importante en esta producción de sentidos. Hacen un trabajo de semantización que ayuda, no sólo a la comprensión social del problema, sino al proceso personal de simbolización.

El hallazgo de las significaciones y sentidos es tan importante que cuando se producen catástrofes sociales en las que aquellos están enmascarados, la elaboración personal de los duelos, el procesamiento de lo traumático, es más difícil.

La comprensión del porqué de los desaparecidos, por ejemplo, resulta más accesible que la del “gatillo fácil” o la de “Cromagnon”.

Volviendo al grupo de reflexión y al trabajo de historización, hemos podido observar la importancia que adquiere el “testimonio” personal del traumatismo tanto para el que lo asume como para los otros miembros del grupo.

Dar testimonio, hablar frente a un testigo, genera un universo simbólico, implica un pasaje del sujeto singular a la escena social2.

La historización personal, grupal y social ayuda a producir redefiniciones identitarias, ya que la identidad personal está siempre sostenida en el vínculo con los grupos y las instituciones de pertenencia.



  • El agrupamiento puesto en acto, es el vehículo necesario para poder movilizar las fuerzas desalienantes. La alienación es, por excelencia, un fenómeno psicosocial. De acuerdo con Piera Aulagnier(1980 Pag23) “Si la alienación es, por definición, inadvertida por el propio sujeto alienado, serán entonces necesarios otros para poner en marcha el proceso de desalienación”. Y habrá también otros, que no participan en forma directa de estas acciones. Consideramos que la práctica social es la que produce principalmente la desalienación. Esto se aplica no sólo para los que participan en forma directa de sus acciones, sino también para los que pueden tomarlas como referencia e identificarse con los modelos o ideas que proponen.

El grupo de reflexión puede ampliar y profundizar este proceso.

  • En el entramado grupal se producen pactos y acuerdos, concientes e inconscientes, explícitos e implícitos, algunos de ellos fundantes, que tendrán un papel organizador del grupo y marcarán el modo de accionar, relaciones, posicionamientos, de cada uno de los miembros en relación a los otros, y de ese conjunto en relación a los otros conjuntos y al cuerpo social3.

El trabajo reflexivo aborda, visibiliza y explicita estos acuerdos, explicitación de la cual deriva la posibilidad de ponerlos en cuestión.

Esta problemática merece especial atención cuando los grupos de reflexión se realizan con personas que pertenecen a una misma institución, considerada la institución en un sentido amplio, a un mismo grupo preformado.



  • Se construye un “nosotros”, se produce el reconocimiento de una problemática común y una alianza entre los miembros para abordarla. Esta puesta en común, que implica la construcción de un anclaje, incluye una tensión diferenciadora en el aquí y ahora.

Se desarrollan procesos de reconocimiento de semejanzas y diferencias y la capacidad de entender y ser entendidos por los otros integrantes. Los otros son simultáneamente un espejo que revela las semejanzas, y un otro diferente que deberá ser reconocido.

Vale la pena señalar aquí un problema que surge de la experiencia con estos grupos. Al producirse una afectación narcisista tan marcada a partir del traumatismo, a veces las diferencias en la afectación (por ejemplo en el caso de Cromagnon, entre sobrevivientes y familiares de muertos, o en el caso de la dictadura entre personas que estuvieron presas y las que estuvieron exiliadas) ponen en juego una baluartización defensiva que aparece bajo la forma de una escala comparativa de sufrimiento obstaculizando el trabajo reflexivo en común.

La explicitación del problema, en muchos casos, ayuda a dar continuidad al trabajo grupal compartido. Pero, en otros casos esta dificultad nos ha llevado, a hacer grupos de acuerdo a las problemáticas específicas.


  • El encuadre introduce, además, variables organizadoras de tiempo y espacio, ordenadores básicos del funcionamiento psíquico, que en las situaciones traumáticas están afectadas.

En síntesis, el grupo de reflexión favorece la elaboración de vivencias subjetivas, de la fantasmática y de su relación con las significaciones y sentidos sociales. Es un espacio de palabra que permite dar sentido singular y colectivo al traumatismo vivido, ayudando al sujeto a comprender lo que vive, a descubrir el sentido de emociones, afectos y pensamientos, a responder y a abrir interrogantes, y a disminuir su sufrimiento. A encontrar lo que tiene en común y lo que lo diferencia de otros.

Está temática nos sitúa, una vez mas, en el complejo entramado donde se articulan lo individual y lo social, campo de superposiciones y heterogeneidades, territorio siempre fecundo en interrogantes e hipótesis.


1 “….El reposicionamiento de la cuestión del traumatismo determinaría en nuestro debate actual la ubicación de dos grandes ejes: por un lado, el reposicionamiento en la teoría, es decir, la puesta en tela de juicio de los modos por los cuales fue concebida la relación del aparato psíquico con la realidad. Por otro, la reformulación de una práctica en la cual lo traumático no es pura desviación de lo determinado sino apertura a procesos inéditos, lo cual obliga a la instrumentación de formas , llamémoslas no clásicas, de intervención.

“Se abren dos grandes opciones....la segunda, más novedosa tal vez, aunque ya está presente de manera marginal en la obra freudiana, sostiene que lo traumático es constitutivo e incluso constituyente del funcionamiento psíquico, y que es bajo el efecto de la obliagatoriedad que tiene el psiquismo de elaborar aquello que le llega, dedarle un destino, de evitar su destrucción sobre la base de cantidadesque debe metabolizar, como logra su complejización y evolución. En este segundo caso debería de que orden es lo que afecta a la vida psíquica para que esta complejidad se instale y bajo qué premisas o excesos se producirían fenómenos inmetabolizables que llevarían a su destrucción”.




2 Es notable en este sentido como algunas personas que dan testimonio en los juicios a los represores pueden decir “después de tanto silencio” cuando en realidad ellas mismas hablaron muchas veces de lo mismo que están ahora declarando. Pensamos que el hecho de que haya un Otro que escuche permite algún nivel de ligadura. Desde ya que el Tribunal es la representación concreta del Estado lo que le da características peculiares a aquel que escucha, pero pensamos que algo de esto ocurre también en los grupos.


3 Estos pactos definen la comunidad de intereses que los miembros del grupo deben sostener y todo aquello que deberá quedar por fuera para sostener la unidad de ese grupo.

Tomemos un ejemplo: un grupo en el que sus miembros se comprometen voluntariamente alrededor de objetivos de lucha social. Este es un acuerdo explícito que determinará acciones y relaciones tanto en el intragrupo como con los otros conjuntos y al cuerpo social.

La participación en ese grupo y el intentar cumplir con la propuesta explicita del grupo producirá, en cada integrante, la gratificación narcisista que deviene de cumplir con el ideal.

Habrá una cantidad de acuerdos explícitos, conscientes y voluntarios que garantizarán el cumplimiento de ese objetivo.

Pero los acuerdos no se detienen ahí. Se producen otros pactos en simultánea, que no son conscientes, pero que resultan muy efectivos en cuanto al funcionamiento del grupo y a las exigencias que se les imponen a sus integrantes.

Este mismo grupo puede realizar un pacto, no consciente, de obligatoriedad para todos sus miembros, que determina que la única actividad posible y en consecuencia valorizada, será la que tenga que ver con el cumplimiento de las tareas de ese grupo. Para ello exige a sus miembros que no desarrollen ningún otro tipo de intereses personales.

A su vez puede haber otro acuerdo subrogado que determine lo que es pertinente o no para el cumplimiento de ese objetivo.

El problema está en la rigidez con que estas exigencias funcionan y que ponen en juego los fenómenos de pertenencia y exclusión. Para poder pertenecer y ser reconocido como miembro pleno del grupo hay que cumplir con estos pactos a rajatabla. Del acatamiento o no de ellos derivará el reconocimiento o la sanción (no siempre dicha, pero claramente percibible) que el grupo otorgará a sus miembros. En casos extremos la relación entre los intereses individuales y grupales adquiere un antagonismo muy virulento y se producen exclusiones auque estas tomen la forma de un alejamiento voluntario, producto de decisiones personales.

En los agrupamientos sociales que se producen detonados por situaciones traumáticas de origen social la existencia de estos pactos e incluso la rigidez de los mismos puede ser la única garantía de subsistencia del grupo y la única posibilidad de cumplimiento de la función para la cual ha sido creado. En este caso hay una superposición del efecto de la situación traumática que al producir tanto desvalimiento hace que las personas busquen en el grupo la complementación y el apuntalamiento suturante en el que el cuerpo grupal, metafóricamente, es vivido como una extensión del propio cuerpo. Toda fisura en el cuerpo grupal implicará un desgarro, una amenaza al sujeto individual.

Bibliografía



Aulagnier, P.: “El estado de alienación”. En “Los destinos del placer”. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1994.

Azpiroz, A. Las consecuencias psíquicas en la vida anímica del trabajador patagónico, a la luz de las crisis socioeconómicas. En Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Librería Paidos. Buenos Aires. 2002.

Beltrán, M. del C., Bó de Besozzi, A. Intervención institucional ante la catástrofe de Río III. Una revisión crítica. Ética psicoanálitica y sufrimiento social. En Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Librería Paidos. Buenos Aires. 2002.

Bernard M. Dispositivos grupales en el tratamiento del trauma psíquico.  Revista de la AAPPG XXV Tomo 1. Buenos Aires. 2002.

Bernard, M. 2006. El trabajo psicoanalítico con pequeños grupos. Editorial Lugar. Buenos Aires, Argentina.

BION, W.R. 1965. Transformaciones. Del aprendizaje al crecimiento. Centro Editor de América Latina. 1965.



Blasco, A. M., Carcaci, I., Catena, L., Kordon, D., Mohadeb, C., Ravenna de Selvatici, M, Trevisan, F. Los grupos de reflexión. En: Pensamiento vincular: un recorrido de medio siglo. AAPPG Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Buenos Aires, Ediciones del Candil. 2004.

Bleichmar, H. 1997. Avances en psicoterapia psicoanalítica. Hacia una técnica de intervenciones especificas. Editorial Paidós Ibérica.

Bleichmar, S. 2003. “Conceptualización de catástrofe social. Limites y encrucijadas”. Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia Argentina. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.

Bleichmar, S.1999. Clínica psicoanalítica y neogénesis. Amorrourtu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Edelman, L. y Kordon, D. 2002. "Práctica social y subjetividad". Paisajes del dolor, senderos de esperanza. Bs. As. 2002.

Edelman, Lucila; Kordon, Diana: Algunos aspectos de la práctica y la teoría de los grupos de reflexión. Revista de la AAPPG, Tomo XVI, N° 1 y 2. Buenos Aires.

Edelman L. y Kordon D. Algunos aspectos de la práctica y la teoría de los grupos de reflexión. Revista de la AAPPG. Nº 17. Buenos Aires, 1994.

Edelman L. y Kordon D., Codificación social de las representaciones psíquicas. Jornadas de la AAPPG. Buenos Aires. 1990.

Hornstein, L. La clínica de las catástrofes. En Jornadas 2002. Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Librería Paidos. Buenos Aires. 2002..

Kaës, R., El grupo y el trabajo del preconciente en un mundo en crisis. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. T. XIX N. 1, Buenos Aires. 1996.

Kaës, R 1999. “Investigaciones sobre el preconciente”. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Buenos Aires, Argentina.

Kaes, R., Polifonía del relato y elaboración de la Intersubjetividad en la elaboración de la experiencia traumática. Revista de AAPPG. Tomo XXV, Nº 2 2002.

Kaës, R. 1976. Crisis, ruptura y superación. Edic. Cinco. Bs. As. 1988.

Kaës, R. 1980. "El apoyo grupal del psiquismo individual: algunas concepciones teóricas en relación a los conceptos de individuo y grupo". Temas de Psicología Social. Número extraordinario, Bs. As. 1981.

Kaës, R. 1993. El grupo y el sujeto de grupo. Amorrortu editores. Bs. As. 1995.

Kaës, R. 1996. “El grupo y el trabajo del preconsciente en un mundo en crisis”. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. El analista en el campo vincular. 1996, Buenos Aires, Argentina.

Kordon, D. y Edelman, L. (1995). "Articuladores psicosociales". En La impunidad. Una perspectiva psicosocial y clínica. Sudamericana. Bs. As. 1995.

Kordon. D; Edelman, L. 2007. Por – Venires de la memoria. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires, Argentina.

Kordon. D; Edelman, L.; Lagos, D.; Kersner, D. 2005. Efectos Psicológicos y psicosociales de la represión política y la impunidad. De la dictadura a la actualidad. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires, Argentina.

Laplanche, J.; Pontalis, J.B., 1972. Diccionario de psicoanálisis. Barcelona. Editorial Labor.

Levi, P. 1987. The reawakening. New York. Collier Book.

Pensamiento vincular. Un recorrido de medio siglo 2004 . Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Artes graficas Candil.

Mayansky, G., Salem, S., Toporosi, S. Intervenciones psicoanalíticas en niños afectados por hechos de violencia social con fines preventivos. En Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Librería Paidos. Buenos Aires. 2002.

Puget, J. 1999. “Representaciones sociales. Consagración de marcas”. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Buenos Aires, Argentina.

Rojas, M.C., Clínica en la crisis. Revista de la AAPPG XXV Tomo 1. Buenos Aires. 2002

Schenquerman, C. Los grupos elaborativos de simbolización: puesta a prueba en situaciones de catástrofe. En Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Librería Paidos. Buenos Aires. 2002.

Selvatici, M. R. De. 1996 . “El grupo de reflexión: espacio de “desnaturalización” y puesta en crisis”. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo.



Singer, D. 1996. Comunicación personal.



Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos