Marxismo y anarquismo en la revolución rusa Arthur Lehning



Descargar 0.62 Mb.
Página8/9
Fecha de conversión09.05.2019
Tamaño0.62 Mb.
Vistas16
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9
Así como el objetivo de la revolución -para los bolcheviques como para todo partido político- era la conquista del poder del Estado, así el papel que atribuían a los soviets se limitaba, al principio, a posibilitar la toma del poder y luego, a ser los órganos ejecutores de las decisiones de éste. El poder -que por medio de la dictadura era la dominación exclusiva de un partido- tenía la misión de instaurar el monopolio integral del Estado, centralizando en él todos los medios de producción, transformando en órganos dependientes de la burocracia del Estado dictatorial no sólo a los soviets sino también a todos los organismos de autogestión, a todas las organizaciones espontáneamente creadas por los productores y los consumidores en el campo de la economía.
A este único fin servían la toma del poder y la teoría de Lenin que hace del poder del Estado condición previa e ineludible para realizar el socialismo, so pretexto de que su conquista permite aplicar medidas de capitalismo estatal y de que tales medidas son un paso hacia el socialismo. ¡Y ése es el Estado construido según el modelo de la Comuna de París!
¿Hay necesidad de aclarar que la destrucción radical del Estado excluye todas las medidas de capitalismo de Estado, todo monopolio de Estado? Pues precisamente las medidas económicas de la Comuna que elogia Marx están en completa contradicción con la interpretación leninista de La guerra civil..., que las considera obra de un nuevo Estado centralizado (interpretación cuya falsedad hemos demostrado).
La concepción leninista de la función del Estado -es decir, de los medios para realizar el socialismo- nada tiene en común con La guerra civil..., como no lo tiene esta obra con el resto del marxismo. Se puede decir, incluso, que la interpretación de La guerra civil... es más marxista que este trabajo de Marx. En su programa económico hay muchos más elementos marxistas que los que se podrían encontrar, con la mejor voluntad, en la Comuna de París. ¿Acaso no es punto capital de la teoría marxista considerar el capitalismo de Estado monopolista como el primer paso hacia el socialismo? Basta extraer de todo el sistema marxista esta monstruosa proposición para convencerse de ello: “el socialismo no es más que el monopolio capitalista de Estado”. ¿Acaso los marxistas alemanes no sostuvieron durante la guerra que la cartilla del pan era el comienzo del socialismo? El capitalismo monopolista de Estado -dice Lenin- es la preparación material más completa del socialismo, su antesala, “un peldaño en la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio”.
Tal afirmación descansa sobre los mismos principios que las de socialdemócratas como Renner y Cunow, para quienes el imperialismo es etapa necesaria en el camino de la evolución capitalista que conduce al socialismo, por lo que consideran ridículo querer oponerse a él y estiman que, después de 1918, la república es el primer paso hacia el socialismo. Ahí está el principio marxista del desarrollo natural de las relaciones económicas que conducen al socialismo. Idea que uno de los teóricos más eminentes del marxismo, Karl Kautsky, resumió en esta categórica proposición, apoyándose en las concepciones de Marx: “Partimos del principio de que el desarrollo de la industria moderna conduce necesariamente al socialismo”.109
Es, además, principio fundamental del marxismo que, para realizar el socialismo, resulta indispensable la nacionalización de los medios de producción por parte del Estado. En cierto momento, las fuerzas productivas ya están maduras para pasar del estadio de la propiedad privada al de la colectiva. La forma de Estado bajo la cual se produce esta evolución es la dictadura del proletariado, que nace de la república democrática; es decir, la dictadura -según Marx- del proletariado constituido en clase dominante, de la mayoría de los trabajadores proletarizados por la evolución de la producción.
Los socialistas adversarios del marxismo pensaban -de acuerdo con Marx- que socialismo quiere decir sociedad sin clases, y por lo tanto -como el Estado no es más que Estado de clases o, simplemente, la expresión de los antagonismos de clase- se esforzaban por llegar a esa sociedad sin clases. Por eso dijeron siempre que la transformación de los medios de producción en propiedad estatal no llevarían nunca a la sociedad sin clases sino al socialismo de Estado, que en último análisis equivale al capitalismo de Estado. Según hemos visto, entre estas dos formas Lenin no hace gran diferencia en teoría, y mucho menos en la práctica.
La transformación de los medios de producción en propiedad estatal, vale decir, en monopolio económico del Estado, es principio fundamental de toda interpretación o “prolongación” del marxismo, la hagan socialdemócratas o bolcheviques.
Como no somos marxistas, no tenemos por qué elegir entre Noske y Lenin, o entre Hermann Müller y Trotsky. No creemos, claro está, que Marx se imaginara a la dictadura democrática del proletariado capaz de utilizar el poder político para exterminar a diez mil proletarios revolucionarios en beneficio de una república capitalista, ni de emplear la dominación política para restaurar integralmente, en diez años, el capitalismo y el militarismo y abrir la vía al fascismo. Tampoco creemos que, cuando hablaba de dictadura, pensara en el terror chequista.

Lo más seguro es que se representara de manera muy diferente la evolución económica y la transformación de los medios de producción. Ya nos hemos referido al carácter utópico de tal evolución dialéctica; ya hemos señalado la utopía del sistema marxista, basado en la dialéctica y en la abstracción.


Cuando Lenin defiende el monopolio estatal, cuando ve en el socialismo nada más que un monopolio capitalista de Estado, toma estas concepciones de la corriente de ideas del marxismo, que apunta a transformar los medios de producción en propiedad estatal. En el pensamiento de Marx, esa transformación ocurre en el momento en que la concentración -provocada por la propia ley de la producción capitalista- debe desembarazarse de la “envoltura del capitalismo”. Tal envoltura, obra de determinadas condiciones de la producción, estalla bajo la acción de las fuerzas productivas, que ya están maduras para pasar a la fase de la propiedad colectiva. Esto último sucede cuando el Estado -o sea, el proletariado constituido en clase dominante- concentra en sus manos las fuerzas productivas ya centralizadas por la evolución del capitalismo y las transforma en propiedad del Estado; cuando, por decirlo así, la evolución de la producción capitalista ha llegado a su término y el monopolio del capital se ha convertido en traba para el modo de producción. Pero en los escritos de Marx no se encuentra ningún pasaje que aluda a la posible utilización del poder estatal del proletariado constituido en clase dominante para que éste acelere por sí mismo esa evolución del capitalismo, para que haga progresar su desarrollo en el sentido del Estado, para que continúe la obra del centralismo capitalista (esto es, la concentración del capital, consecuencia -según Marx- de la ley de la producción capitalista).
La prolongación de la evolución del capitalismo como misión del “Estado proletario” podría ser, pues, la prolongación del marxismo al modo leninista.
Hasta 1917, fue dogma del marxismo la idea de que sólo el completo desarrollo del capitalismo permitiría llegar a la sociedad socialista y de que en Rusia era preciso que la evolución capitalista proletarizara a la mayoría de la población y, por lo tanto, a las masas campesinas. Por tales razones, los marxistas juzgaban imposible una revolución “socialista” en Rusia, y reputaban indispensable el poder de la burguesía capitalista. Por las mismas razones, los marxistas mencheviques defendían su coalición con la burguesía democrática, y destacados jefes bolcheviques sostenían -después de la revolución de febrero- el siguiente punto de vista: la revolución democrática aún no ha terminado y la oposición debe ejercer presión sobre el régimen democrático-burgués. Si hubiera prevalecido tal criterio -dice Trotsky-, “la revolución habría pasado por encima de nuestro partido”.
Lo que quería la revolución no era ni el gobierno democrático ni la prolongación del capitalismo fundada sobre tal o cual doctrina marxista, sino la realización del socialismo. La incautación de las fábricas por los soviets obreros y la de las tierras por los soviets campesinos: tal era el significado del lema “todo el poder a los soviets”.
Un sistema económico basado en la unión de los soviets de fábrica para construir la organización de la industria, ligado a los soviets y cooperativas de campesinos, habría podido echar los cimientos de una, sociedad socialista. Pero ello era imposible, según la doctrina marxista; en el caso de Rusia, todavía no cabía pensar siquiera en el socialismo. Éste, además, sólo podría realizarse mediante la conversión de los medios de producción en propiedad estatal; de ahí la necesidad de un fuerte poder del Estado y -como objetivo único del partido marxista de los bolcheviques- la conquista del poder político. ¿Con qué fines?
Si no para instaurar el socialismo, al menos para abrirle paso, acelerando la evolución hacia el capitalismo monopolista, transformándolo, por medio de la dictadura, en monopolio estatal y estableciendo el capitalismo de Estado. Éste prepara materialmente el socialismo, es la última etapa antes del socialismo e, incluso, a decir verdad, es el socialismo: “el socialismo no es más que el monopolio capitalista de Estado”...si está “puesto al servicio de todo el pueblo”.
Pero cuando la teoría pasó a la práctica, se vio que el monopolio capitalista de Estado no era de gran provecho para “todo el pueblo” sino sólo para una fracción bien determinada del pueblo: la que formaban quienes ejercían el poder en el Estado, quienes tenían en sus manos el monopolio capitalista, la oligarquía partidaria que se da el nombre de dictadura del proletariado.
El Estado es siempre una organización política al servicio de una clase dirigente. El Estado proletario de Lenin es la última forma posible del Estado: el Estado burocrático. La “clase dominante” de ese Estado es el partido, que mediante la dictadura y el terror ejerce el poder en forma exclusiva.
Uno de los representantes más típicos de la “comisariocracia soviética”, de la oligarquía denominada “dictadura del proletariado”, ha caracterizado inmejorablemente la concepción bolchevique del socialismo y la naturaleza del “Estado soviético”.
Lo ha hecho con una frase que dice más que muchos volúmenes, pues compendia en términos precisos y expresivos, aunque un tanto ingenuos y brutales, los desarrollos teóricos de Lenin sobre el Estado y la revolución, así como sobre la cuestión de si los bolcheviques conservarían el poder:
“El capitalismo de Estado es el capitalismo que nosotros sabremos organizar, el capitalismo que está estrechamente ligado al Estado. Y el Estado son los trabajadores, es la fracción más progresista de los trabajadores, es la vanguardia, somos nosotros”.110

* En marzo de 1921, los marineros de Kronstadt -base principal de la flota del Báltico- se sublevaron contra el gobierno bolchevique, al que habían contribuido a llevar al poder. Establecieron una comuna revolucionaria que, bajo la consigna “soviets libres”, sobrevivió durante 16 días, hasta que se envió al ejército para aplastarla. Después de una lucha larga y encarnizada, con grandes pérdidas por ambos bandos, los rebeldes fueron sometidos. (Kronstadt 1921, de Paul Avrich, Editorial Proyección, Bs. As., 1973.) (N. de E.).

** Néstor Makhno encabezó las guerrillas populares en Ucrania desde 1918 a 1921, combatiendo a las tropas austroalemanas de ocupación y a los ejércitos rusos contrarrevolucionarios de Denikin, Petliura y Wrangel. Los bolcheviques fueron aliados de Makhno pero, una vez derrotada la reacción, lo proscribieron y aniquilaron su ejército guerrillero. (Guerrillas en la revolución rusa, de Pedro Archinoff, Editorial Proyección, Bs. As., 1973.) (N. de E.).

*** En las citas bibliográficas se respeta la fuente consultada por el autor; se traducen, para facilitar su comprensión a la totalidad de los lectores, los títulos de las obras citadas y, a continuación, se identifica su idioma original mediante una sigla entre paréntesis (A) Alemán, (Fr) Francés, (Hol) Holandés. (N. del E.).

1 A fines del decenio de 1870, Marx hablaba todavía de “nuestro partido”, aunque éste había dejado de existir en 1852. Desde 1864, pensaba que la clase obrera debía organizarse en partido para conquistar el poder político; esta opinión dio origen a la escisión de la Internacional, en 1872. En lo que respecta a la función exacta de ese partido y a su relación con la conquista del poder y la dictadura del proletariado, los escritos de Marx son muy vagos.

2 Según Eduardo Bernstein, Marx nunca se liberó totalmente de las tendencias blanquistas.

3 Así lo han reconocido marxistas de todas las tendencias, hombres de probidad intelectual y respetuosos de la historia, como Franz Mehring, Eduardo Bernstein, Arthur Rosemberg, Karl Korsch.

4 Casi todas las federaciones rechazaban esa idea, en parte por objeciones de principio y en parte porque quería dársele carácter obligatorio.

5 Lenin, Obras completas, t. XXIV, pp. 12-14 (Fr). (Hay edición en español.)

6 Véase la contribución de Mandel a Lenin und die Revolution, Francfort, 1970 (Al.).

7 La creación de la Profitern tenía por objeto someter a la influencia de Moscú a las grandes organizaciones sindicales revolucionarias, en particular las de los países latinos que, por sus tradiciones apolíticas y antiparlamentarias, se oponían a la adhesión a la Comitern. El intento fracasó. En diciembre de 1922 se fundó una internacional anarcosindicalista, la Asociación Internacional de Trabajadores, que agrupaba a casi todas las organizaciones sindicalistas revolucionarias de Europa y importante en la AIT.

8 Entre ellos se encontraban Maximov, Volin, Mrashni y Iarshuk. Ya en junio de 1922, una publicación que denunciaba las persecuciones del Estado bolchevique (El comunismo estatal, acusado ante el tribunal de América latina. Los anarcosindicalistas rusos tuvieron participación la historia) daba la lista de 182 anarquistas arrestados, fusilados, muertos en la cárcel o deportados.

9 En 1908, cuando tenía 17 años, Makhno fue condenado a muerte por actividades anarquistas. La sentencia fue conmutada por la de cadena perpetua; la revolución de febrero le devolvió la libertad. Acompañado de una pequeña parte de su ejército guerrillero, Makhno logró atravesar las líneas del Ejército Rojo y pasar a Rumania. Murió en París, el 25 de julio de 1934, en la mayor miseria. “... La teoría es por su esencia intransigente; su pureza, su ética, su verdad y su fuerza están determinadas y atestiguadas por esa intransigencia. Por eso, para una doctrina, cualquier compromiso es inmoral y hasta impensable. En la práctica los compromisos son sumamente peligrosos, pero a veces pueden ser necesarios, saludables. Sobre todo cuando se proponen un objetivo limitado, provisorio y fácilmente definible”. Bakunin (1870).

10 Cf. Hurwitz, Historia de la última revolución rusa, p. 14 (Al).

11 Cf. Herzen, La conspiración rusa, Londres, 1858, p. 2 (Fr).

12 Sobre Chernishevski y los nihilistas, cf. Masaryk, Rusia y Europa, t. II, cap. 5 (Al). Acerca del nihilismo, cf. Memorias de un revolucionario, de Pedro Kropotkin, t. II, cap. 6 (Al). (Hay edición en español).

+ Engels se refiere al prefacio que ambos escribieron, en enero de 1892, para la edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista. (N. de E.)

13 F. Engels, Cuestiones internacionales. Artículos del “Volkstaat”, Berlín, 1894, p. 72. La cuestión social en Rusia (p. 47 y sig.) era un artículo dirigido contra el socialista ruso “blanquista” Tkachov. El artículo lucía el auténtico sello de las polémicas de Marx y Engels cuando se trataba de combatir a un bakuninista o supuesto bakuninista. A las calumnias groseras y a las falsificaciones deliberadas que caracterizaban la lucha de Marx y Engels contra los aborrecidos bakuninistas, el artículo de marras aportó una contribución bastante cómica. Pues el “señor Tkachov” no era partidario, sino adversario declarado, de Bakunin y sus ideas. En su nota complementaria de 1894, Engels “rectifica” en estos términos: “Tkachov no era, para decirlo con propiedad (sic), bakuninista, sino blanquista”. (Al)

14 Cf. Correspondencia con Herzen y Ogarev, Stuttgart, 1895. (Al)

15 Masaryk, op. cit., p. 144. Cf. P. Lavrov, Cartas sobre problemas de historia, Berlín/ Berna, 1901. (Al)

16 Cf. Alphonse Thun, Historia del movimiento revolucionario en Rusia, Leipzig, 1883, p. 71. (Al)

17 P. Axelrod, Evolución del movimiento socialista revolucionario, Zurich, 1881 (separata de los Anales de Richter), p. 12. (Al)

18 Cf. Axelrod, op. cit., pp. 27-29 y P. Lavrov en Anales de ciencias políticas y sociales, editado por Richter, Zurich, 1879, t. I, pp. 297-298. (Al)

19 Cf. Thun, op. cit., pp. 225-232 (Lettre à des amis d’autrefois) y Axelrod, op. cit., 23-24. (Al)

20 Stepniak, La Rusia subterránea, Berna, 1884, p. 18. (Al)

21 Cartas a Sorge, Stuttgart, 1921, p. 172 (Al). (Hay edición en español).

22 Ver Archivos de ciencia y política sociales, t. 36, p. 823, y t. 37, p. 215. (Al)

23 F. Axelrod, “La justificación histórica de la socialdemocracia rusa”, en la revista Neue Zeit, año XVI, vol. II, p. 107. (Al)

24 P. Kropotkin, El anarquismo en Rusia, Berlín, 1905, pp. 5, 6, 14. (Al)

25 Dimitri Gavronski, Balance del bolchevismo ruso, Berlín, 1919, p. 36. (Al)

26 H. Cunow, La concepción marxista de la historia, de la sociedad y del Estado, t. II, p. 23. (Al)

27 F. Engels, Comunismo y bakuninismo, los bakuninistas en acción, 3ª edición, con una introducción de Franz Diederich, Berlín, 1920. Kautsky, en Terrorismo y comunismo, recomienda el estudio de este folleto, pues en él “están prefigurados muchos aspectos del bolchevismo”. (Al) (Hay edición en español de ambos textos.)

28 El folleto había aparecido ya en alemán con este título, digno de novelón por entregas: Un complot contra la Asociación Internacional de Trabajadores. En su edición moderna viene con un título no menos sensacionalista y que, por sí solo, constituye todo un capítulo: ¿Marx o Bakunin? ¿Democracia o dictadura? Folleto contra el precursor del bolchevismo. Reedición reciente de los informes presentados por Karl Marx y Friederich Engels a la Internacional Socialista (“La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de Trabajadores”), publicado, con introducción y notas, por Wilheim Bloss, Stuttgart, 1920, p. 6. (Al)

29 K. Marx, Miseria de la filosofía, 6ª ed., p. 163. (Al) (Hay edición en español.)

30 F. Engels, Anti-Dühring, 8ª ed., p. 138. (Al) (Hay edición en español.)

31 K. Marx, El Capital, 7ª ed., p. 645. (Al) (Hay edición en español.)

32 Franz Oppenheimer, Sistema de sociología, t. II, “El Estado”, 1926. (Al) (Hay edición en español.) Volveremos a referirnos a esta genial obra de Oppenheimer y a su importancia para la teoría del sindicalismo revolucionario.

33 Lenin: extracto de una conferencia inédita sobre el Estado. Correspondencia internacional, del 10 de enero de 1929. (Al) (Hay edición en español.)

34 Luppol, Lenin y la filosofía, Viena, 1929. (Al)

35 Lenin, El Estado y la revolución, Amsterdam, 1919 (Hol). Cf. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, de la selección de obras “Cuentas rendidas”, Berlín, 1920, pp. 5-12 (Al). Lenin, La dictadura del proletariado, Amsterdam (Hol). (En todos los casos hay edición en español.)

36 Luppol, op. cit., cap. 5.

37 Lenin, La revolución proletaria, p. 57 y El Estado y la revolución, p. 121.

38 Bakunin, Obras, t. IV, p. 387 (Fr).

39 Jaeckn, La Internacional, Leipzig, 1904, p. 124 (Al).

40 La Primera Internacional, número especial de “Literatura obrera”, Viena, 1924, p. 46 (Al).

41 Bakunin, Obras, IV, p. 496 (Fr). En lo que respecta a la cuestión de la Comuna de París, en Bakunin -al igual que en Marx- importan menos los hechos históricos que su interpretación. “La insurrección comunalista de París ha inaugurado la revolución social. La importancia de esta revolución no reside, a decir verdad, en lo que la Comuna trató de hacer -muy débilmente, con los medios y el tiempo de que dispuso- sino en las ideas que echó a andar, en la viva luz que arrojó sobre la verdadera naturaleza y la meta de la revolución.” Bakunin, Obras, III, p. 24 (Al).

42 Franz Mehring, Karl Marx, el fundador del socialismo científico. Historia de su vida y de la Primera Internacional, 4ª ed., 1923, p. 461 (Al). (Hay edición en español.)

43 K. Marx, La guerra civil en Francia, Berlín, 1929, pp. 46-47-49 (Al). (Hay edición en español.).

44 “Resulta cómico ver cómo Lenin y sus partidarios ajustician incansablemente a las tendencias socialistas que les desagradan, tachándolas de ‘pequeñoburgue­sas’. ¡Tan luego ellos, que se han hundido hasta las orejas en la ideología política de la pequeña burguesía!” (R. Rocker, El fracaso del comunismo estatal ruso) (Al).

45 Lenin, El Estado y la revolución, p. 58 (Hol).

46 K. Marx, La guerra civil en Francia, p. 49 (Al).

47 Ibid. p. 49.

48 Ibid. p. 49.

49 El Estado y la revolución, p. 57.

50 Ibid., p. 59.

51 James Guillaume hacía notar a César de Paepe: “denominar Estado a una federación de comunas sería lo mismo que llamar círculo, no a un círculo, sino a un cuadrado redondo. La nueva sociedad, antiautoritaria, es tan completa­mente diferente de la antigua, que supondría una aberración monstruosa darles el mismo nombre. Aquélla carece de todos los rasgos característicos de la organización política de la sociedad: gobierno, autoridad, dominación de una clase, instituciones políticas; en una palabra, de todos los elementos que forman el concepto de Estado”. Cf. Guillaume,


Marxismo y anarquismo
Capítulo i los antecedentes históricos antes de 1917
Capítulo ii lenin y el bakuninismo
Capítulo iii la revolución de octubre
Capítulo iv el estado bolchevique y los soviets



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2017
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos