“Manifestaciones de violencia, riesgos y vulnerabilidades en adolescentes y jóvenes cubanos: Un acercamiento desde el ámbito familiar.”



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    • Título de ponencia: “Manifestaciones de violencia, riesgos y vulnerabilidades en adolescentes y jóvenes cubanos: Un acercamiento desde el ámbito familiar.”

    • Nombre del responsable y país: MsC. RAIDA SEMANAT TRUTIE (CUBA)

    • Institución a la que pertenece: CENTRO DE ESTUDIOS SOBRE LA JUVENTUD


RESUMEN

La ponencia que se presenta expone los resultados de la sistematización de una parte de la producción científica nacional, cubana, respecto a adolescentes y jóvenes que conviven con manifestaciones de violencia, y en situación de riesgo o vulnerabilidad. Se hace referencia a investigaciones que han estudiado la temática y toman en cuenta a adolescentes y jóvenes en el contexto familiar, a partir la influencia que ejerce este agente de socialización en la formación de su personalidad.

Se profundiza en aspectos teórico-prácticos que permiten contextualizar las dinámicas familiares generadoras de estas interacciones violentas en los más jóvenes, así como los riesgos o vulnerabilidades asociados a ello. Se visualizan, desde los estudios realizados, las representaciones de este grupo poblacional respecto a la familia, y la vivencia de fenómenos entorpecedores de su desarrollo integral.

Descriptores de la ponencia: adolescentes, jóvenes, manifestaciones de violencia, riesgos, vulnerabilidades

INTRODUCCIÓN

La familia se considera referencia de vida de cada persona; es una estructura compleja, que deja ver la relación dialéctica que tiene lugar entre individuo, grupo y sociedad. Es uno de los espacios donde las personas expresan sus emociones, establecen y mantienen vínculos afectivos, y manifiestan con mayor claridad e intensidad los conflictos humanos. Provee a sus miembros de afectos, costumbres, valores, normas de comportamientos y principios que influyen en el desarrollo de la personalidad. Igualmente, en su seno se manifiestan relaciones de poder marcadas por variables como el género, la generación y los aportes económicos. Constituye, también, un entorno protector o vulnerador de algunos de los derechos de las generaciones jóvenes como la participación, la libertad de expresión, la toma de decisiones, la protección y los derechos sexuales y reproductivos.

Las familias heredan aprendizajes, actitudes, representaciones que pasan de generación en generación, que influyen en los procesos educativos, de individualización, de competencias, de autonomía y socialización. Por ello, la familia que crea el joven tiene mucho que ver con el funcionamiento de la familia de origen; cada grupo familiar construye su nueva realidad a partir de la deconstrucción de culturas personales y familiares de los miembros que la integran. (Elías, Peñate & San, 2013) Para el adolescente y el joven la familia, como espacio de socialización, es muy importante, en tanto debe ofrecerle oportunidades reales de desempeñar nuevos roles, que le permitan ejercitarse en el papel de adulto que tiene que asumir. Sin embargo, desde sus diferentes escenarios de actuación, profesionales de la investigación, familiares, maestros, y población en general han constatado evidencias de problemáticas que en muchas ocasiones, entorpecen el pleno desarrollo de las generaciones más jóvenes, principalmente las asociadas a la violencia y otras vulnerabilidades.

Ante la realidad cubana actual, esta temática resulta relevante y de gran interés para los cientistas sociales, por su repercusión en el funcionamiento de la sociedad en general. Razón por la que, en esta ocasión, se presenta la sistematización de una parte de la producción científica nacional respecto a adolescentes y jóvenes que conviven con manifestaciones de violencia, y en situación de riesgo o vulnerabilidad, a partir de la incidencia del medio familiar.

Para la elaboración del informe de investigación fue examinada la producción científica nacional de los últimos quince años, respecto a la temática. Se incluyen resultados de investigaciones, tesis de licenciaturas, maestrías y doctorados, así como artículos y ponencias, elaborados por investigadores de diversas disciplinas de las ciencias sociales cubanas1. Ello responde al primer resultado del proyecto de investigación “Adolescentes y jóvenes cubanos en los ámbitos de familia y pareja”, que desarrolla el Centro de Estudios sobre la Juventud. El mismo pretende contribuir a transformar algunos modos de interacción de adolescentes y jóvenes en torno a: relaciones afectivas, información/orientación y participación en los ámbitos de familia y pareja.
DESARROLLO

La violencia como fenómeno social ha estado presente en todas las sociedades desde tiempos remotos, matizada por las características propias de cada época. Ha sido estudiada desde diferentes entornos, ilustrándose, en alguna medida, su articulación con las edades más jóvenes en los diferentes espacios de socialización. No es solo un reflejo del funcionamiento general de la sociedad, pues también evidencia la no correspondencia entre la difundida visión de la familia como espacio de seguridad, tranquilidad, y la realidad de las familias reproductoras de prácticas violentas. En este entretejido social confluyen el afecto y la solidaridad, con relaciones de conflicto y autoridad2.

Al respecto, en los estudios revisados sus autores3 profundizan, principalmente, en las diferentes manifestaciones de violencia que tienen lugar dentro del medio familiar. En todos los casos, con una relación directa o indirecta, en adolescentes y jóvenes, implicando consecuencias negativas para sus modos de interacción en este ámbito. Se reconoce que en la vida cotidiana existe una elevada tendencia a recurrir a la fuerza y la coerción, como medios para solucionar situaciones que debieran ser mediadas a través de instrumentos convenidos como reglas de convivencia social.

El medio familiar es uno de los escenarios donde se hace visible el uso de la violencia como recurso para ejercer el poder de unos miembros sobre otros. Al interior de la familia los roles a asumir por sus miembros se deben corresponder a las exigencias aprendidas y aprehendidas, en un proceso de socialización que responde, en principio, a los cánones de una cultura y estructura social patriarcal, donde se vivencian manifestaciones de violencia no solo por género, sino también por edad4.

En la investigación: Violencia intrafamiliar en Cuba. Aproximaciones a su caracterización (Díaz et al., 2006), sus autores refieren estudios desarrollados por investigadores del CIPS, en los que se constatan representaciones de niños, adolescentes y jóvenes que evidencian la presencia de modelos y valores sexistas en los sujetos y en las familias. Afloran prácticas relacionales entre los miembros de la familia, caracterizadas por conflictos permanentes o habituales entre diversas figuras adultas -fundamentalmente padres y madres- y sentimientos de victimización en los más jóvenes.

En el Trabajo de Diploma: Violencia intrafamiliar en adolescentes (Rodríguez, 2003), se revela la presencia de manifestaciones de violencia en un grupo de estudiantes del Preuniversitario “Manuel Ascunce Domenech”. En esta investigación, los indicadores considerados para evaluar la violencia física son: maltratos (golpes, empujones, cachetadas), tirar objetos para ocasionar daño a la otra persona, detención brusca contra la voluntad del otro y castigos físicos. Mientras que para medir la violencia psicológica se registran: las críticas constantes, las prohibiciones injustificadas, la violencia verbal y el chantaje emocional. Estas últimas manifestaciones tenían mayor presencia y, paradójicamente, en la mayoría de los casos estudiados, eran invisibilizadas como actos de violencia.

En: La familia vista por niños y adolescentes cubanos (Durán, 2003), aproximadamente la mitad de los sujetos estudiados señala expresiones de violencia intrafamiliar, fundamentalmente de tipo psicológica. Se obtuvo un comportamiento diferenciado por sexo, en cuanto a la variedad de las representaciones que implican formas de maltrato en las relaciones hogareñas, siendo mayor en los varones que en las hembras. Este estudio evidenció que las confrontaciones y conflictos que se originan en los intercambios familiares tienen, en muchos casos, matices de violencia. La magnitud de representaciones en esta dirección indica que, en el modo de vida de la familia cubana, se mantienen concepciones del control -específicamente del castigo- y formas de relación, que denotan presencia de violencia intrafamiliar5.

Estudios realizados desde el CESJ (Santillano, 2006 y 2010), abordan las diferencias existentes en las relaciones con adolescentes al interior de las familias, a partir de la pertenencia a uno u otro sexo. En los resultados obtenidos se constató que, en muchos casos, las diferencias traían consigo mayor vivencia de violencia en las muchachas respecto a sus similares varones. Esta autora también refiere en el artículo: Violencia y adolescencia en el marco familiar. Premisas para su prevención desde la crítica de la vida cotidiana (Santillano, 2009), que el modelo patriarcal que prima en las familias influye en la existencia de modos de interacción que validan la violencia como una pauta de comportamiento. Este modelo se encuentra sobre la supuesta existencia de desigualdades jerárquicas inamovibles entre los seres humanos, las cuales legitiman muchos de los desequilibrios de poder que aparecen en las situaciones violentas. Esta estructura familiar, evidencia el imaginario social y la existencia de vínculos perjudicialmente estáticos, perfectamente aplicable a la relación que se establece entre adolescentes y adultos.

Se ha demostrado que la edad y el rol social suponen una falsa traducción del respeto y de la autoridad, sobre la base de naturalizar estilos de relación a veces dañinos, y que defienden ideologías autoritarias. El estudio realizado por la referida investigadora (Santillano, 2006), parte de que las dificultades entre los adolescentes y sus figuras filiales ocurren como consecuencia de la poca claridad en los límites individuales. Necesariamente estos deben ser considerados para que la cadena: rol, límite, espacio, ejercicio de la autoridad, no devenga en algún tipo de violencia.

Reafirmando lo anteriormente expuesto, se encuentra el trabajo: Familias cubanas en transición: enfoques, polémicas y desafíos (Campoalegre, 2012). En él, la autora manifiesta que en la comunicación familiar existen debilidades centradas en lo normativo al estilo patriarcal, las cuales exacerban las situaciones de violencia familiar con sus nefastas secuelas. Evidentemente, ello repercute en los comportamientos de adolescentes y jóvenes. Al igual que otros autores e investigadores (Arés, 2014; Castro, 2014), destaca cómo la hiperbolización de la función económica ha tenido sus efectos en el resto de las funciones familiares, especialmente en la educativa. Señala que la comunicación es mayormente regulativa, a veces informativa, pero poco relacionada con contenidos afectivos; se muestra la ausencia de habilidades para la solución constructiva a los problemas. Se viven los conflictos como amenaza y no como una oportunidad para el cambio.

Resalta la investigación: Las pequeñas víctimas de la violencia intrafamiliar: papel de la socialización en el maltrato infantil (Rodríguez, 2010), donde se estudia a los adolescentes como víctimas de la violencia, develando datos sociodemográficos, tipo de relación que establecen con padres y familiares significativos, y tipo de violencia que ejercen los adultos. Los adolescentes maltratados muestran conductas violentas y comportamientos no acordes a su edad. La violencia predominante es la de tipo psicológico (humillaciones, críticas, gritos, amenazas). En estas familias prima la negligencia o el abandono y las condiciones de vida deplorables. En tal caso, la familia resulta un espacio vulnerador de los derechos de los adolescentes, no constituyendo un ámbito de contención y apoyo emocional.

En el Trabajo de Diploma: Relación entre la violencia intrafamiliar y los comportamientos violentos de un grupo de adolescentes que cumplen sanción. Un estudio de caso (Feria, 2011), se vinculan dos conceptos: violencia intrafamiliar y comportamientos violentos. El estudio de esta relación, aunque no declarado como objetivo, ha sido observado en el resto de las investigaciones consultadas, en tanto la familia constituye espacio de aprendizaje de modos de interacción que se emplean fuera del marco familiar en las relaciones con los otros en diversos contextos. En adolescentes de 16 a 19 años se encontró que “el desarrollo de comportamientos violentos guarda estrecha relación con la violencia que tienen lugar en la familia y la forma en que es entendida la masculinidad por cada uno de ellos, a partir de un aprendizaje de modelos patriarcales, lo cual influye en su manera de relacionarse y de afrontar los conflictos que se les presentan (…).” (Feria, 2011, p. 94)

Otra de las investigaciones: La salud familiar y algunas de sus características, en los hogares de adolescentes maltratados (Rodríguez, 2012), estudia la violencia hacia los adolescentes vinculada a categorías, como la salud familiar. Dentro de los resultados se constató la existencia de familias disfuncionales y afectaciones en la salud familiar. La investigación también indaga en la percepción y representaciones en torno a las dinámicas que entorpecen la salud familiar. Es interesante apreciar que las técnicas empleadas fueron aplicadas a los familiares de los adolescentes. En tal sentido, los resultados están permeados por la mirada adulta, excluyendo a los miembros más jóvenes.

Esta particularidad también se observó en el estudio: Familia de adolescentes con intento suicida: características y funcionalidad. Propuesta de una intervención educativa (García, 2011). En él se caracteriza a este tipo de familia, explorando variables vinculadas a su funcionamiento y necesidades de aprendizaje. La mayoría de los análisis realizados parten de las perspectivas y apreciaciones de los adultos, quienes a su vez, constituyen la población meta para el programa de intervención, excluyendo a los adolescentes. Ello devela que en las investigaciones sociales, aún se precisa intencionar la participación de los adolescentes, no solo en la comprensión de determinado fenómeno, sino como entes activos en su transformación.

En otra arista de la violencia, se puede citar la investigación: HSH y homosexuales trasvestis: Violencia en parejas del mismo sexo (Alfonso & Rodríguez, 2004), en la que se entrevistaron jóvenes trasvestis menores de 35 años, residentes en las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Ciudad de La Habana6 y Matanzas. En la totalidad de las parejas investigadas se constató que sus miembros, debido a su orientación y comportamientos sexuales, eran sometidos a algún tipo de violencia psicológica (amenazas de abandono, descalificaciones, aislamiento social, prohibiciones, etc.), física (bofetadas, golpizas, empujones) y/o sexual (insinuaciones, ofensas, acoso sexual, relaciones sexuales no deseadas, etc.).

Desde esta perspectiva, también se encuentra la investigación: Estrategia psicoeducativa para disminuir las manifestaciones de violencia intrafamiliar en estudiantes homosexuales universitarios (Larquin, 2013). Se encontraron manifestaciones de violencia física, económica y psicológica, siendo esta última la que predomina. Las situaciones descritas generan, en estos sujetos y sus familiares, dificultades en la comunicación y estados emocionales negativos.

Debido a lo novedoso del asunto abordado, estos estudios resultan de gran interés en el ámbito científico y social, en la medida que contribuyen a desmontar mitos, tabúes y prejuicios en torno a la orientación sexual. A su vez, patentizan la permanencia, hasta nuestros días, de elementos homofóbicos y contrarios a la libre expresión de la diversidad sexual, los que históricamente han estado presentes en la sociedad cubana.

Por otro lado, resaltan también varios enfoques referidos a trastornos de conducta presentes en adolescentes y jóvenes, los cuales en la mayoría de los casos han tenido relación directa con manifestaciones de violencia. Los estudios tenidos en cuenta, como regularidad, parten del análisis o caracterización del medio familiar, como escenario principal para la génesis de situaciones de riesgo o vulnerabilidad. Un mal tratamiento a estas condicionantes, generadas en muchos casos en el ámbito familiar, unido a la falta de influencia positiva de otros agentes de socialización, pueden conllevar a la proliferación de comportamientos no ajustados a lo establecido socialmente.

En torno a esta temática, resulta interesante la investigación realizada por especialistas del ICCP, bajo el título: Estudio de profundización del diagnóstico de los alumnos, maestros y familias en el Consejo Popular Jesús María (Castillo, et al., 2004). Sus autores demostraron que los diferentes procesos de socialización dados, a partir de las condiciones en que se desarrolla cada niño y niña, se asocian a la situación de desventaja social dentro de un proceso de socialización marginal. En los casos estudiados, la desestructuración familiar es considerada como un indicador de los estilos de vida marginales, lo que conlleva a un alto riesgo para la formación de los menores de edad.

En el proyecto: Los chicos del barrio. Una experiencia educativa para la participación social, coordinado también, por especialistas del ICCP, se pretende estimular el desarrollo de niños, adolescentes y jóvenes en situación de desventaja social. El mismo abarca las diversas esferas de vida en las que se desenvuelven estas poblaciones. Se integran diferentes actores sociales con el objetivo de emplear las potencialidades del entorno, y así contribuir, al desarrollo, inclusión social y equidad de la población objeto de estudio. (Castillo, 2005) La familia desde esta perspectiva es una protagonista más que se articula con el resto de los actores de la comunidad para la educación de los hijos.

La Tesis de Maestría: Alternativas de orientación a la familia como parte del perfeccionamiento del tránsito y la inserción social del menor con necesidades educativas, conductuales y emocionales de categoría III (Peña, 2002), particulariza en la investigación de menores comisores de hechos delictivos y sus familias. En ella se corrobora la pertenencia de estos adolescentes transgresores a familias calificadas de disfuncionales, así como sus elevadas necesidades educativas. Resalta la debilidad o inexistencia de los vínculos entre sus familias y los centros educativos donde han cursado estudios. En cada uno de estos ámbitos socializadores (familia y escuela) acontecen dificultades diversas, las que se articulan entre sí y dan por resultado las problemáticas señaladas.

En la investigación: Condicionantes que propician que algunos adolescentes se asocien a grupos informales de amigos con características negativas (López, 2005), se estudia a adolescentes que han manifestado conductas tipificadas como delito, en este caso el robo con violencia e intimidación en las personas, percibiendo la influencia del grupo informal en la aparición de las mismas. En cuanto a las motivaciones que propiciaron la integración a estos grupos, se declara la pertenencia a un medio familiar desfavorable y la desatención escolar. La escasa atención de la familia respecto al cumplimiento de sus funciones, el desconocimiento del grupo de amigos y de las actividades en las que se involucraban, denotaron un déficit en la mediación de otros agentes socioeducativos sobre la conducta de los adolescentes.

Castillo (2006) en su estudio: El medio familiar y otros factores que influyen en la aparición de conductas delictivas en los menores y adolescentes, aborda los motivos que refieren los adolescentes para cometer conductas que la ley tipifica como delito. Dentro de los resultados de la investigación se aprecia la incidencia de vivencias negativas en el entorno familiar, tales como: disfuncionalidad, dificultades en la convivencia, ausencia de normas, separación de los padres, violencia intrafamiliar y hábitos tóxicos.

Por otra parte, Taín (2010) en: Fenómenos que pueden influir en el desarrollo de la conducta delictiva de los adolescentes. Una mirada desde el medio familiar, evalúa el modo en que la disfuncionalidad familiar incide en la aparición de conductas catalogadas como delito. Se demuestra que las manifestaciones de dichas conductas no son resultantes -necesariamente- del bajo nivel cultural y educacional de los sujetos. La autora refiere que, características como la desintegración familiar, la ausencia de alguna de las figuras parentales y la desatención a sus necesidades; así como el inadecuado control de las actividades en las que se inserta el menor de edad y una comunicación intrafamiliar deficiente, afectan el desarrollo integral de los adolescentes.

El estudio también revela la influencia de otros agentes de socialización, como la comunidad, en las manifestaciones de estas conductas. Aunque la investigación no se adentra en los modos de interacción que se suceden en estos espacios, introduce el concepto de comunidad, lo cual ofrece la oportunidad de encauzar investigaciones que no limiten el análisis de estos comportamientos, desajustados de lo socialmente establecido, a la mera influencia familiar.

Estudios referidos a la temática de la pobreza en Cuba, abordan aspectos esenciales que guardan estrecha relación con la manifestación de estas conductas. Tal es el caso de: Familia y pobreza en Cuba. Estudio de casos (Zabala, 2010), donde la autora reconoce la existencia de diferentes factores que condicionan dichas manifestaciones conductuales, entre ellos: condiciones socioeconómicas desfavorables; poca sistematicidad en el vínculo hogar-escuela; inadecuados métodos educativos; normas de conducta insuficientes e inestables; limitaciones de la atención paterna.

Por su parte, la investigación: Caracterización de las familias de los adolescentes institucionalizados en la E.F.I “Celia Sánchez Manduley” en la provincia de Las Tunas (Batista y Moreno-Aureoles, 2011), se propuso identificar los indicadores de funcionabilidad de las familias de los adolescentes matriculados en esta institución. En tal sentido, se pudo comprobar que: Existen factores que influyen negativamente en la formación y desarrollo de las familias objeto de estudio, entre los que se encuentran: las relaciones familiares ineficientes, la carencia de recursos adaptativos y la hipertrofia en el cumplimiento de la función educativa. La estructura familiar que predomina es monoparental, con presencia de la figura femenina y pérdida del rol paterno posterior al divorcio.

La Tesis de Diploma: Estudio socio-familiar de adolescentes con trastornos de conducta de las Escuela de Formación Integral “José Martí” (Knight, 2012) abordó una muestra total de adolescentes varones provenientes, la mayoría, de familias disfuncionales. En cuanto a la estructura y composición, prevalece la monoparental extendida. Además, es de notar los desequilibrios en cuanto al poder, el deficiente establecimiento de los límites y la sobredimensión de la función económica respecto al resto de las funciones familiares. Igualmente se exploran las vivencias de manifestaciones de violencia intrafamiliar, vistas como agravantes de la conducta, predominando las de tipo psicológica y física.

De las investigaciones consultadas, solo en: Influencia de agentes de socialización en la conducta de jóvenes internos por delito de robo con fuerza (Rodríguez, 2011) se hace referencia a los jóvenes que han presentado conductas delictivas, priorizando el estudio de la influencia de los agentes de socialización en estas manifestaciones. En tal sentido, se caracteriza el rol que desempeñan la familia, la escuela y los grupos informales en la aparición de estas conductas en jóvenes internos. Los métodos educativos empleados por los familiares son el permisivo y el autoritario, contemplando este último la agresión física y verbal como modo de ejercer la autoridad. El resto de los agentes de socialización (ámbito escolar y grupo de amigos) también influyen negativamente en las conductas de los jóvenes, en tanto existen modos de interacción en estos contextos que potencian estilos de comunicación deficientes y realización de actividades inadecuadas.
CONCLUSIONES

En resumen, las investigaciones apuntan que, los modos de interacción de adolescentes y jóvenes en el ámbito familiar -en tanto escenario ideal para su pleno desarrollo psicosocial- se han visto influenciados, directa o indirectamente, por los diferentes matices de la violencia que tienen lugar al interior de sus familias. Resulta evidente, en la mayoría de los casos, la invisibilidad o no asociación de los maltratos psicológicos a acciones violentas. Este elemento, al no estar concientizado en los más jóvenes, y sobre todo por las familias, limita las acciones a desplegar en busca de una transformación real de la problemática existente. Los resultados también demuestran que en este ámbito no solo hay manifestaciones de violencia a través del maltrato físico, sino también de la subvaloración, la manipulación afectiva, la amenaza del abandono o la imposición de la voluntad. Elementos estos muy presentes en la vida cotidiana, en el trato hacia adolescentes y jóvenes.

Son muy pocos los trabajos en los que intencionalmente los más jóvenes son estudiados como objeto o sujeto de violencia dentro del medio familiar. Los estudios parten, en principio, del análisis de las familias, y dentro de ellas -necesariamente- afloran estos grupos poblacionales, pero sin ser declarados, previamente, como el centro de estudio en la mayoría de las investigaciones que se realizan.

Los análisis que abarcan, de manera integradora, elementos teóricos-metodológicos sobre la problemática son escasos. Aspecto este esencial para lograr una comprensión de las verdaderas causas generadoras de estas conductas, en los diferentes escenarios de actuación y etapas del ciclo vital que vivencian las familias.

Las investigaciones consultadas reconocen, además de la familia, la influencia de otros agentes de socialización como la comunidad y el grupo informal de amigos en la manifestación de conductas desajustadas de lo socialmente establecido, sin embargo es necesario continuar explorando esta interrelación. La mirada a los adolescentes y jóvenes desde las expresiones de estas conductas no debe ser descontextualizada de sus entornos cercanos. Lograr la articulación entre los distintos agentes de socialización (familia, comunidad, grupo de amigos, medios de comunicación) en el desarrollo de la personalidad de estas poblaciones, resulta un desafío con vistas al diagnóstico y la transformación social.

En las investigaciones ha predominado el estudio de los factores que inciden en la aparición de estas conductas en adolescentes y jóvenes. Parten, sobre todo, de la caracterización de la estructura y el funcionamiento familiar como predisponentes para la emergencia de patrones de comportamientos inadecuados. La mirada hacia estas poblaciones se puede describir como un ciclo, donde se reflejan vivencias en dinámicas familiares desfavorecedoras, las cuales permean el comportamiento desviado de los más jóvenes, a partir del aprendizaje de modelos impropios en su espacio de socialización primario.

Los resultados han constatado que: En cuanto a su composición, predominan las familias extensas y monoparentales con ausencia de una de las figuras filiares, sobre todo del padre, y por tanto, escasa o nula incidencia en la educación del adolescente. Prevalecen las familias disfuncionales, con inadecuados métodos educativos que pueden ser permisivos o negligentes. No obstante, al parecer, las condiciones de vida no resultan determinantes para la manifestación de estos comportamientos, el peso se concentra en el cumplimiento de la función educativa por parte de la familia. Sin embargo, en aquellas donde las condiciones materiales son precarias, se aprecia una hipertrofia de la función económica que limita, a su vez, el cumplimiento del resto de las funciones familiares.

Se aprecian dificultades en la comunicación y vivencias de violencia intrafamiliar, tanto psicológica como física, constituyendo un modo de interacción entre sus miembros de cualquier edad. Siendo así, más allá de ser la familia un espacio generador de bienestar, se convierte en un ámbito donde se vivencian dinámicas de relaciones negativas y poco potenciadoras del desarrollo de adolescentes y jóvenes.



El estudio de la familia y el modo en que sus miembros adultos asumen actitudes y comportamientos que inciden en la educación de sus adolescentes, ha sido un eje temático privilegiado. Sin embargo, en el caso particular de la población juvenil, escasean los resultados de investigación que exploren esta arista. Se puede inferir que no se visualiza cómo la educación familiar se extiende a lo largo del desarrollo humano. En este sentido, señala Arés: “La educación familiar no se detiene a lo largo del tiempo, pero los códigos comunicativos y estilos relacionales deben modificarse en función de la etapa del ciclo vital que se atraviese.” (Arés, 2010, p. 23) Es por ello que, si bien es cierto que en ambas etapas de la vida varían los modos de interacción entre el joven y la familia de origen, aún resulta una problemática que debe constituir objeto de estudio, con una mirada intencionada, por parte de los cientistas sociales.
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1Las instituciones visitadas fueron: el Centro de Estudios Sobre la Juventud (CESJ), la Facultad de Psicología, el Departamento de Sociología, Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), todos de la Universidad de La Habana, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP) y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). También fueron tenidos en cuenta estudios realizados por instituciones académicas de otras regiones del país como la Universidad de Oriente, la Universidad de Las Tunas y la Universidad Central de Las Villas “Martha Abreu”.

2 Específicamente la violencia intrafamiliar es definida por investigadores del CIPS, como: “Todo acto u omisión intencional, que tiene lugar en el ámbito de las relaciones interpersonales en la familia y es capaz de producir daños físicos, psicológicos o patrimoniales a su(s) propio(s) ejecutor(es), o a otros miembros(s) del grupo, causando irrespeto a los derechos individuales”. (Díaz, et al., 2006, p.36)

3 (Rodríguez, 2003; Durán, 2003; Peñate, 2003 y 2009; Alfonso & Rodríguez, 2004; Díaz et al., 2006; Santillano, 2006 y 2010; Rodríguez, 2010; Feria, 2011; Rodríguez, 2012; Larquin, 2013)

4 Para la socióloga cubana Clotilde Proveyer el concepto de patriarcado es esencial para entender las causas de la violencia contra la mujer y la violencia intrafamiliar. Las relaciones patriarcales legitiman el poder de los hombres de la generación mayor para controlar y decidir por la familia. Además, establecen un orden jerárquico mediante el cual las mujeres, las generaciones jóvenes y las ya ancianas deben subordinarse a los hombres mayores. (Proveyer, 2005)

5 La experta en temas de familia, Mareléen Díaz Tenorio, ha planteado que la definición de la violencia intrafamiliar no debe limitarse a las acciones que producen daños o dejan marcas visibles en el cuerpo de las víctimas, sino que existen otras conductas en las familias, cuyas afectaciones pueden ser más perjudiciales y duraderas en el tiempo, aunque no sean perceptibles a simple vista. De ahí que, la violencia intrafamiliar es un trastorno de la dinámica familiar que requiere de un tratamiento especializado, dada la alta complejidad del mismo y su repercusión tan desfavorable en las edades más jóvenes. (Díaz, 2006)

6 Se respeta la nomenclatura existente en la fecha de realización de la investigación.

Catálogo: acta -> 2015 -> GT-21
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