Maltrato infantil intrafamiliar



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UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA.

FACULTAD DE PSICOLOGÍA.

MONOGRAFÍA FINAL DE GRADO.

MALTRATO INFANTIL INTRAFAMILIAR.

Mónica Elizabeth Pérez Falero.

CI 3.825.065-3

Tutor: Mag. Lic. en Psicología- Darío de León.

Montevideo- Uruguay

Julio, 2014

Índice

RESUMEN……………………………………………………………….. Pág. 4

FUNDAMENTACIÓN…………………………………………………… Pág. 5

MARCO TEÓRICO.

CAPÍTULO 1: “CONSIDERACIONES ACERCA DE LA INFANCIA” Pág. 6

    1. Concepción de Infancia……………………………………………..Pág. 6 - 7



    1. El siglo XVIII. Perfil de una nueva noción de infancia…………Pág. 7- 8



    1. La evolución del niño/a en nuestro país…………………………Pág. 8 - 10

CAPÍTULO 2: “DERECHOS DE INFANCIA”………………………….Pág. 11

2.1 La Convención Internacional sobre Derechos del Niño……Pág.11-12

2.2 Derechos del Niño en Uruguay………………………………….Pág.12-13

2.3 Familia y Derechos………………………………………………...Pág.13-14

CAPITULO 3: “MALTRATO INFANTIL”…………………………….Pág. 15

3.1 Definición……………………………………………………………...Pág. 15

3.1Tipos de Maltrato Infantil……………………………………………Pág.15-16

3.3 Detección de situaciones de Maltrato Infantil…………………..Pág.17

3.4 Indicadores de Maltrato Infantil…………………………………...Pág.17-20

3.5 ¿Cómo se produce el abuso sexual infantil?............................Pág.20-21

3.6 Estructura del Maltrato Infantil…………………………………….Pág.21-22

3.7 Consecuencias del Maltrato Infantil Intrafamiliar……………....Pág.22-25

CAPÍTULO 4: “POLÍTICAS PÚBLICAS DE PROTECCIÓN A LA INFANCIA

EN URUGUAY”…………………………………………Pág. 26

4.1 Antecedentes…………………………………………………………Pág.26-27

4.2 Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia

(SIPIAV)………………………………………………………………… Pág.27-29

4.3 Modelo de Atención de SIPIAV……………………………………Pág.29-30

4.4 Mapa de Ruta. Para las situaciones de maltrato y abuso sexual en

Niños, niñas y adolescentes detectadas en el ámbito escolar…..Pág.30-31

4.5 Mapa de Ruta. Para la prevención y la atención de situaciones de

maltrato y abuso sexual infantil en el sector salud………………..Pág.31-32

4.6 Protocolo de Intervención para Situaciones de Violencia hacia Niños,

Niñas y Adolescentes……………………………………………………Pág. 32

CONCLUSIONES…………………………………………………………Pág.33-34

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS……………………………………Pág.35-38

RESUMEN.

El siguiente trabajo constituye la monografía final de la Licenciatura en Psicología de la Universidad de la República en Montevideo, Uruguay.

El tema que se aborda corresponde a Maltrato Infantil Intrafamiliar y a cómo las diversas situaciones de maltrato infantil afectan el desarrollo integral del niño/a en una etapa evolutiva fundamental, con posibles consecuencias físicas y psicológicas que amenazan su futura integración psicosocial.

Se hace un recorrido por la evolución de los conceptos de infancia hasta llegar a la inclusión de niño/as como sujetos de derecho destacando el giro de relevancia que significa este hecho para configurarse como ciudadanos y ciudadanas.

Se trata de analizar las diferentes tipologías de maltrato infantil, las características que poseen, el escenario en nuestro país con respecto a este tema, así como los programas que se han implementado para tratar de revertir esta situación.

La problemática del maltrato infantil se caracteriza por ser un fenómeno de causalidad compleja que nos enfrenta a dificultades a la hora de implementar acciones para su erradicación.

El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre las posibles dificultades en la instrumentación de las acciones de los programas, que abordan las situaciones de maltrato infantil.

FUNDAMENTACIÓN.

En nuestro país el maltrato infantil constituye un grave problema social que vulnera los derechos de niños y niñas en una etapa en la que requieren especial atención y cuidados. El problema es considerado relevante en diversos aspectos: como una cuestión social, de salud pública, de derechos humanos, de obligaciones y responsabilidades por parte del Estado.

La protección de niños y niñas debe ser una responsabilidad de toda la comunidad en su conjunto, por lo tanto nos involucra a todos como sociedad y su abordaje resulta complejo y difícil de elaborar.

Frecuentemente recibimos información acerca del maltrato que son víctimas niños y niñas por parte de los adultos, hechos que representan una de las formas más extremas de vulneración de los Derechos Humanos.

En nuestro país la violencia hacia los niños/as constituye un problema que se ha venido registrando a través de los años y que ha sido reflejo de inequidades arraigadas en la sociedad en los diferentes ámbitos. La violencia se ha sustentado en relaciones de poder que aplican un ejercicio de dominación que se suscita de forma naturalizada basándose en la inequidad por ejemplo el género, la identidad sexual, clase social, raza, etc. Aquellas personas más afectadas son las que se encuentran más vulnerables como los niños y niñas, adolescentes, mujeres y grupos minoritarios que son los que están expuestos a la dominación.

Por su parte la Organización Mundial de la Salud (2014), lo considera como un problema mundial de salud pública por las consecuencias físicas y emocionales a que se ven sometidos estos niños/as. Según datos de dicha organización aproximadamente un 20% de las mujeres y un 5 a 10% de los hombres expresan haber sufrido abusos sexuales en su infancia y un 23% de personas de ambos sexos manifiestan haber recibido malos tratos físicos cuando eran niños (OMS, 2014).

Si bien nuestro país ha dado un vuelco importante generando políticas de intervención en malos tratos hacia la infancia, las cifras nos muestran que continúa siendo difícil combatir este flagelo; lo que nos lleva a preguntarnos ¿Cuáles pueden ser las principales dificultades que se presentan en los programas del Estado para enfrentar el maltrato infantil en nuestro país?

CAPÍTULO 1: “CONSIDERACIONES ACERCA DE LA INFANCIA”.

1.1 El concepto de infancia.

La concepción de infancia ha sufrido grandes transformaciones a lo largo de la historia. Desde tiempos inmemoriales se ha pasado desde un lugar de indiferencia e insignificancia hasta llegar hoy a constituirse niños y niñas como sujetos de derecho.

Hipócrates consideraba que se debía de elegir cuales bebes se tenían que criar y cuáles no. Aquellos que presentaban algún tipo de debilidad o malformación no tenían oportunidad de seguir viviendo. Los griegos, quienes resaltaban la fuerza y realzaban la estética corporal, consideraban que el niño pequeño era un potencial adulto mientras fuera saludable y estuviera disponible para la sociedad (Amorín, 2010). Como resultado de estas situaciones, los niños/as resultaban propiedad de los padres no siendo sujetos pertenecientes a dignidad ni derecho alguno. La sociedad romana por su parte, practicaba la asfixia por inmersión a los niños/as que resultaban débiles o tenían alguna mal formación. El trato era despiadado y cruel. La niñez quedaba invisibilizada como tal, resultando en algo molesto, como una carga que significaba una amenaza hacia los padres poniendo en juego la sobrevivencia de ellos, sobre todo en las familias más pobres.

En el imaginario social los niños/as como personas con sus características singulares no tenían su propio lugar, no eran considerados como sujetos con derechos sino que eran percibidos desde una lógica adulto-céntrica. Las pinturas de esta época dan cuenta de esta situación, donde podemos percibir en los cuadros las imágenes de niños/as realizados con la proporción de la figura del adulto, pero en dimensiones más pequeñas (Amorín, 2010).

En el Renacimiento en cambio, los niños/as comienzan a ser dibujados como tales dándoles a su cuerpo una figura más proporcionada y discriminada del adulto. En esta época, si bien se admite la peculiaridad del cuerpo infantil, no se le reconoce todavía como ser infantil.

Aries (1987), destaca que en la Edad Media no había infancia. Las niñas eran criadas en la vida doméstica para el matrimonio y los niños eran integrados a la sociedad ni bien completaban sus capacidades psicomotoras. Los niños/as vivían mezclados con los adultos no habiendo diferencias entre ellos. La categoría de infancia no existía como tal, la familia no era procuradora de afectos. Su función consistía en ser conservadora de los bienes y ejercer la práctica de oficios. El afecto ente padres e hijos y entre los esposos no era indispensable, aunque si existía se consideraba que sería más favorable.

Para De Mausse (1982), la inexistencia de la infancia antes del siglo XVII, se debía a la inmadurez del mundo adulto y no a la falta de amor. Según este autor la infancia ha estado presente siempre bajo la forma de infanticidio y de ultraje no siendo considerado un delito en la antigüedad, no resultando condenado y no sintiéndose culpa alguna. En el Medioevo existía la creencia de que los niños/as no sentían placer ni dolor y por tanto se justificaban los castigos hacia ellos/as. Los castigos físicos eran considerados educativos por lo que su severidad era avalada por la sociedad.

Fue después del Renacimiento que se comienza a aconsejar que los castigos fueran más moderados, aunque en realidad lo que se hacía era cambiar un castigo por otro.



1.2 Siglo XVIII. Perfil de una nueva noción de infancia.

Con Rousseau (1712-1778), se dan aportes importantes al concepto de infancia. En su novela, El Emilio de 1762, escribe que hay que recurrir a una educación temprana porque considera que los niños/as se encuentran en un estado de naturaleza y tienen un estado de pureza original. Rousseau manifestaba que el hombre no era malo por naturaleza sino que era la sociedad quien lo corrompía y por eso le daba importancia a una educación temprana para impedir que esto sucediera. Plantea a la niñez y a la juventud como etapas propias que deben ser consideradas con sus características respectivas y ser valoradas con respeto.

Se quita la concepción de infancia de “pecado original” para asociarlo con una idea de pureza, tratando de convertir a niños/as en adultos civilizados y domesticados que puedan hacer uso de la razón.

La familia y luego la escuela se encargan de sacar a los niños/as del mundo adulto por lo que se constituyen en las dos instituciones que se dedicarán a la educación integral de los mismos. La aparición de la escuela marca un punto importante en la diferenciación hacia el tratamiento de la infancia; aparece como un ámbito de encierro para disciplinar y educar a niños/as constituyéndose en el surgimiento de la categoría infancia en el marco del capitalismo industrial. (Bustelo, E. 2012).

La familia se vuelve más endógena, se confina en sí misma en su vida privada buscando mayor identidad incluyendo a los niño/as.

La revolución industrial en el siglo XVIII introduce la maquina del capitalismo, comienzan nuevos medios de producción y por consiguiente se producen cambios en las modalidades de trabajo. Esto trae aparejado nuevas demandas de mano de obra y los niños participaran siendo fuerza de trabajo a partir de los 7 años de edad. Durante esta época, aparece la modalidad de atender a los niños de acuerdo a sus características para poder formarlos y dominarlos mejor con el objetivo de tener una buena inserción en los medios de producción.

En el siglo XIX, la infancia comienza a ser valorada como una etapa en sí misma con las características de la vida infantil. Surge un interés científico por los comportamientos infantiles pero con un objetivo de poder, en el marco de un disciplinamiento y vigilancia, con un fuerte contenido de normas religiosas en relación a la crianza.

El recorrido por las diferentes etapas nos muestra la construcción social que se ha hecho de la infancia y los movimientos que ha tenido de acuerdo al contexto y al momento histórico de la humanidad. Las diversas formas de ser reflejan construcciones entre el mundo adulto y el mundo infantil dentro de los ordenamientos sociales características a cada época. Podemos constatar que la categoría de infancia surge de las prácticas sociales y culturales presentes en la sociedad, lo que es transportado a las reglas, discursos y disciplinamiento ente los adultos y niño/as.



1.3 La evolución del niño en nuestro país.

Según Barrán (2011), en las concepciones pedagógicas que predominaban antes y durante el siglo XIX, el niño fue considerado como un hombre pequeño. El uso del castigo corporal era utilizado como pena y como corrección de los niños, adolescentes y hombres. Las personas mayores, jóvenes y niños convivían y eran partícipes de la cultura denominada bárbara.

Luego, la época civilizada dará un giro a estas prácticas culturales. Los/as niños pasarán a ser vistos como seres diferentes con derechos y deberes apropiados para su edad. La escuela y el juego serán reservados especialmente hacia los niños/as, así como se limitará la participación en las ceremonias de muerte por ejemplo. Se separarán los adultos de los niños/as en los dormitorios, también en los almuerzos, cenas así como también habrá separación en la enseñanza, en la recreación y en los espectáculos (Barrán, 2011).

De las prácticas anteriores donde existía la indiferenciación entre niños/as y adultos ahora se pasa a diferenciarlos y a apartarlos/as en procura del amor y la vigilancia.

Barran (2011), relata que la sociedad civilizada pudo ver al niño en una situación indiferenciada con el mundo adulto y a consecuencia de esto lo/a segrega y aísla. Lo que esa sociedad civilizada no hizo además de verlo/a, fue tratar de integrarlo/a. Esta integración no se hizo por dos aspectos que había logrado la nueva cultura que eran: por un lado el temor a la sexualidad, y por otro el respeto a la seriedad de la vida que habían logrado los adultos. A la escuela primaria debían ir niños/as no menores de 6 años ni mayores de 14 porque los adolescentes eran peligrosos. No debían concurrir a las visitas, solo cuando eran llamados por el visitante, debiendo tener un comportamiento respetuoso y contestar las preguntas que se le hicieran para retirarse luego. El mundo del trabajo había cambiado a los adultos y contrastaba ahora con el mundo infantil, identificado con el juego y la indisciplina.

También el Estado empezó a visualizar al niño/a, y en 1877 se creó el Asilo Maternal diurno para niños/as de 2 a 8 años, dirigido a padres que por el hecho de trabajar no podían atenderlos. Luego en 1892 se inauguró el primer Jardín de Infantes, el cual fue dirigido por la maestra Enriqueta Compte y Riqué. La Facultad de Medicina en 1894, hace la apertura de su Clínica para Niños dirigida por Francisco Soca (Barrán, 2011).

El Derecho y la escuela valeriana fueron importantes para evitar el castigo del cuerpo a niños y niñas catalogado como la máxima barbarie. Durante 1848 se habían prohibido en las escuelas estatales los castigos corporales, pero las autoridades junto con la sociedad las seguía aceptando. El 30 de octubre de 1877, José Pedro Varela firmó el Reglamento General donde se estableció incluso la amenaza con suspensión y privación de sueldos para los maestros que suministraran castigos. Entre 1874 y 1876, Varela aconsejó cambiar el método de enseñanza, que consistía en el predominante manejo de la memoria para insistir en las demás facultades mentales y física de los/las alumnas. El castigo corporal que los padres infligían a los hijos/as tenía otra valoración social y se lo aceptaba si estaba dentro de límites prudentes para esa época.

Los niños/as, aunque se les consideraba amados tenían que ser vigilados y culpabilizados ya que eran pensados como barbaros/as. La escuela estatal quería reprimir sus sentimientos catalogados como inferiores, y por su parte la Iglesia en la palabra de Monseñor Mariano Soler proclamaba la necesidad de dominar esos malos instintos. Lo bien visto en los niños/as era la obediencia, la docilidad, la puntualidad y el respeto (Barrán, 2011).

El juego y la ociosidad fueron consideradas también como preferencias bárbaras del niño/a y eran objeto de vigilancia de los catecismos y libros de lectura. Se promulgaba el no estar procurando el ocio y el deber de siempre estar ocupándose de algo útil, ya que tanto la Iglesia como la escuela sostenían que el ocio incrementaba la imaginación y como resultado se cometían excesos como una sexualidad temprana y viciosa.

La sensibilidad civilizada permitió dos métodos en el pasaje del niño bárbaro al niño dócil que fueron: “la vigilancia externa y la culpabilización interna, el mirar de la autoridad y el mirarse como transgresor” (Barrán, 2011, p.312).

De esta manera el niño/a debía auto-vigilarse y juzgarse a sí mismo lo que lo libraría del castigo. El descubrir al niño/a, proclamó el amor paterno en función de una necesaria vigilancia y una incesante culpabilización. Así la desobediencia era sentida como una falta contra el amor proporcionado y de ese modo podía someterse a los llamados pequeños bárbaros.

Mediante esta manera de proceder el padre obtendría “un hijo cariñoso y dócil, y la represión del alma lograría sus objetivos sin recurrir a La barbarie de castigar al cuerpo” (Barrán, 2009, p 314).

De este recorrido por los diferentes enfoques de la infancia, podemos ver el trato por parte del mundo adulto hacia el mundo infantil, desde una consideración como objeto hasta la proclamación de una sensibilidad civilizada que promulgó el amor materno-paterno como herramienta culpabilizadora del niño/a, haciendo sentir la desobediencia como una falta hacia el amor ofrecido por los padres.

Podemos observar que el maltrato infantil no siempre fue reconocido como problema, sino que en muchas ocasiones se justificaban determinados tratos y se los catalogaban como necesarios.

Estas ideas legitimizadoras hacia el maltrato infantil se han ido modificando de acuerdo a los avances de las distintas corrientes ideológicas, políticas, sociales pero aun hoy quedan determinadas prácticas permitidas socialmente y que atentan contra los Derechos Humanos de los niños/as.

CAPÍTULO 2. “DERECHOS DE INFANCIA”.

Durante la segunda mitad del siglo XX se produce un giro importante acerca de la conceptualización de la infancia, surgiendo el 20 de noviembre de 1959, la Declaración de los Derechos del Niño y posteriormente, en 1989, La Convención Internacional sobre Derechos del Niño. Por primera vez en la historia de la humanidad se reconoce a niños/as como sujetos de derecho incluyéndolos como ciudadanos/as y haciendo que los adultos se responsabilicen por ellos.



2.1 La Convención Internacional sobre Derechos del Niño.

La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) fue adoptada por las Naciones Unidas en el año 1989. Considera a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos lo que supone superar las concepciones de infancia como personas incapaces y no ser receptáculo de las decisiones adultas sobre sus personas. Refleja una nueva perspectiva entorno a los niños/as destacando que no son propiedad de sus padres, sino que son seres humanos destinatarios de sus propios derechos. Ubica al niño/a como miembro de una familia y una comunidad con derechos y responsabilidades adaptadas a la etapa evolutiva que esté viviendo y procura que el Estado tome las medidas necesarias para brindar atención y cuidado a niños /as, en caso de no cumplimiento por parte de la familia.

En el art. 19 se proclama que: “los Estados Partes adoptaran todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo” ( Naciones Unidas. Asamblea General, 1989).

El derecho a ser oído, a que se tenga en cuenta su opinión, a la participación y a asociarse son distintos niveles del mismo derecho: el ser tenido en cuenta e incidir en la toma de decisiones sobre los temas que le afectan (arts. 12, 13,14 y 15).

Además de los derechos humanos de todas las personas, los niños, niñas y adolescentes tienen derechos de protección especial por su condición de edad como son: principio de autonomía progresiva, principio del interés superior del niño, principio de no discriminación, principio de efectividad y principio de co-responsabilidad. Reconocer los derechos de los niños/as requiere la superación de los conceptos de: incapacidad-inmadurez como obstáculo para el ejercicio de los derechos, y reconocer formas diferentes pero igualmente valiosas de ejercicios de derechos según la edad.

Galvis, L.( 2009), destaca que sin perder de vista la definición de niño que aporta la CIDN, se ha hecho necesaria la distinción entre primera infancia y niñez propiamente dicha, distinciones que son importantes a la hora de establecer especificidades en el diseño de políticas públicas que garanticen los derechos en las diferentes etapas de la infancia. Con la entrada en vigencia de la CIDN, se fortaleció la disciplina del derecho de infancia con lo que se abrió un espacio académico para la especialización de su estudio. En cuanto a la aplicación para lograr el propósito de que los niños/as vivan en un ambiente de felicidad y amor, la Cumbre de las Naciones Unidas por la infancia mostró el incumplimiento por parte de muchos países con respecto a las obligaciones adquiridas cuando se ratificó la CIDN.

La explotación laboral, el abuso y explotación sexual, la participación en guerras siguen azotando a niños y niñas en el planeta (Galvis, 2009). Otro aspecto a considerar según la autora, es la falta de perspectiva de género que ha estado ausente en la Convención. Sólo se menciona en el ordinal d) del artículo 29 a propósito de la educación: “ hay que preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre; con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena”. La perspectiva de género no formó parte de la preocupación de los legisladores para la promulgación de tan importante instrumento a nivel internacional.

Compartimos la importancia de la igualdad de género como condición necesaria para obtener las mismas oportunidades y responsabilidades como base fundamental de los derechos humanos.

Con respecto a la CIDN, podemos decir que fue muy significativo el avance en la consideración de los niños/as como personas a quienes la familia, la sociedad y el estado les deben brindar protección y cuidados en su condición de sujetos de derechos. El discurso parece consolidarse cada vez más a favor de recapacitar acerca de los derechos del niño, mientras que la coherencia con la práctica constituye todavía un reto para gran parte de la sociedad.

2.2 Derechos del Niño. La situación en Uruguay.

En nuestro país, a partir de la aprobación de la Convención sobre los Derechos del niño se inició la redacción de un nuevo Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA) que terminó de elaborarse en el año 2004. Entre los artículos a destacar expondremos: “Artículo 3. (Principio de protección de los derechos).- Todo niño y adolescente tiene derecho a las medidas especiales de protección que su condición de sujeto en desarrollo exige por parte de su familia, de la sociedad y del Estado”.

“Artículo 8. (Principio general).- Todo niño y adolescente goza de los derechos inherentes a la persona humana”.

“Artículo 15. (Protección especial).- El Estado tiene la obligación de proteger especialmente a los niños y adolescentes respecto a toda forma de: A) Abandono, abuso sexual o explotación de la prostitución. B) Trato discriminatorio, hostigamiento, segregación o exclusión en los lugares de estudio, esparcimiento o trabajo. C) Explotación económica o cualquier tipo de trabajo nocivo para su salud, educación o para su desarrollo físico, espiritual o moral. D) Tratos crueles, inhumanos o degradantes. E) Estímulo al consumo de tabaco, alcohol, inhalantes y drogas. F) Situaciones que pongan en riesgo su vida o inciten a la violencia, como el uso y el comercio de armas. G) Situaciones que pongan en peligro su seguridad, como detenciones y traslados ilegítimos. H) Situaciones que pongan en peligro su identidad, como adopciones ilegitimas y ventas. I) Incumplimiento de los progenitores o responsables de alimentarlos, cuidar su salud y velar por su educación”.

“Artículo 18: (Objetivos).-Son objetivos fundamentales: A) Promoción social. Deberá asegurarse la promoción tendiente a favorecer el desarrollo integral de todas las potencialidades del niño y del adolescente como persona en condiciones de ser en desarrollo, a efectos de procurar su integración social en forma activa y responsable como ciudadano. B) Protección y atención integral. Deberá asegurarse una protección integral de los derechos y deberes de los niños y adolescentes, así como asegurar una atención especial por parte del Estado y de la sociedad ante la necesidad de ofrecer atención personalizada en determinadas situaciones”.

2.3- Familia y Derechos.

Tal como es expresado en la Convención sobre los derechos del niño, así como en el Código de la Niñez y la adolescencia, la familia debe proteger a los niños/as brindándoles el cuidado necesario para su desarrollo integral. El rol de la familia como protector de la infancia debe de ser garantizado por parte del Estado quien debe de desarrollar políticas públicas adecuadas para que puedan cumplir con las pautas de crianzas adecuadas hacia sus hijos. La responsabilidad parte de la familia o las personas que tienen a cargo el cuidado de los niños/as en el ámbito privado. Cada agente tiene sus responsabilidades, la familia tiene sus obligaciones y el Estado y la sociedad deben de asegurar que esto se cumpla.

La familia constituye el ambiente natural para que crezcan los niños/s y en ese ámbito deben encontrar felicidad, cuidado y contención no debiendo haber en su interior situaciones de maltrato, ya que son las personas con quien han establecido los más importantes vínculos y en quienes se supone que deben de confiar para crecer seguros física y psíquicamente.

En el Código del Niño y adolescente en el Artículo 16 se establece que: “(de los deberes de los padres o responsables).- Son deberes de los padres o responsables respecto de los niños y adolescentes: A) Respetar y tener en cuenta el carácter de sujeto y del derecho del niño y del adolescente. B) Alimentar, cuidar su salud, su vestimenta y velar por su educación. C) Respetar el derecho a ser oído y considerar su opinión. D) Colaborar para que sus derechos sean efectivamente gozados. E) Prestar orientación y dirección para el ejercicio de sus derechos. F) Corregir adecuadamente a sus hijos o tutelados. G) Solicitar o permitir la intervención de servicios sociales especiales cuando se produzca un conflicto que no pueda ser resuelto en el interior de la familia y que pone en grave riesgo la vigencia de los derechos del niño y del adolescente. H) Velar por la asistencia regular a los centros de estudio y participar en el proceso educativo. I) Todo otro deber inherente a su calidad de tal”.

Por lo referido anteriormente se destaca la importancia de que el niño/a viva en una familia que le pueda prestar debida atención y afectos. El problema está cuando en estos núcleos familiares, no se presentan las conductas adecuadas de crianza hacia niños y niñas. Las familias que no presentan pautas adecuadas hacia sus hijos/as y son portadoras de violencia requieren de una intervención en su interior, y es aquí donde se necesitan respuestas por parte de las políticas públicas del estado.

La familia resulta el contexto mejor para el niño/a, siempre que este ambiente familiar no afecte el interés superior del niño/a. Por tanto una disposición de los medios necesarios para ayudar a los padres, madres o tutores a superar las dificultades que le impiden un trato adecuado para sus hijos resulta clave en la aplicación de políticas que apunten al abordaje del tema del maltrato infantil.




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