Los recursos analógicos en las relaciones de ayuda



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LOS RECURSOS ANALÓGICOS EN LAS RELACIONES DE AYUDA

El cuento

Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús:

¿Por qué les hablas en parábolas?”



Jesús les respondió: “A ustedes se les ha concedido

conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no.

Porque al que tiene se le dará más

y tendrá en abundancia, pero al que no tiene,

se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven,

oyen, pero no escuchan ni entienden””.

Mt. 13,10-17

De acuerdo a la estructura, el significado del texto y la adecuación en el contexto; los textos pueden dividirse en lógicos, analógicos y paralógicos.

Los textos lógicos presentan una estructura coherente, su contexto de significado es homogéneo y se adecúan de buena manera al contexto. Dicen literalmente aquello que quieren decir en un contexto compartido. Su significado literal y su significado intencional son iguales.

El discurso lógico es el más empleado en las intervenciones dialógicas, preguntas o cuestionamientos, confrontaciones, reflexiones, hipótesis, instrucciones, prescripciones, etc. apegado a las teorías del hablante. El discurso lógico se organiza alrededor de una estructura discursiva, con un argumento que sigue un razonamiento y una secuencia organizada de manera que llegue a una conclusión lógica o coherente. Es el discurso de las ciencias exactas, de la metodología de la investigación, de la lógica formal.

Los textos paralógicos fracasan en su intención comunicativa pues se producen en diferentes contextos, independientemente de la coherencia estructural que posean y de la similitud de significados. Es el discurso esquizofrénico o el surrealista, etc.

TEXTOS ANALÓGICOS

Por su parte, los textos analógicos se caracterizan por la ausencia de homogeneidad en el significado: dicen metafóricamente aquello que quieren decir dentro de un contexto compartido. Hay una diferencia entre el significado literal y el significado intencional. Estos textos pueden considerarse no directivos en la construcción de significados. Se trata de un re-curso y no del dis-curso.

El re-curso analógico se presenta paralelo al contenido de la intervención y se puede echar mano de él en el momento que se requiera, pues actúa no sobre la capacidad de razonamiento sino sobre la imaginación o sensibilidad, facilitando el acceso indirecto a la reflexión.

Dado que no posee la significación semejante, al texto analógico se le excusa de la exigencia de realidad o veracidad que rige a los discursos lógicos. Se libra también de las limitaciones de tiempo y espacio, dominando más bien la ucronía y la utopía de mundos imaginarios a través de las fórmulas estereotipadas como: “Érase una vez”, “Érase que se era”, “Había una vez”, “En un lugar”, “En una ocasión”, etc.

En algún momento el discurso lógico de un evento real se puede convertir en un discurso analógico, si se refiere a la dimensión metafórica. El hundimiento del Titanic puede convertirse en la imagen de la soberbia y la inconsciencia humanas. La metáfora nos lleva del más allá del texto, otorgándole un significado nuevo.

El texto analógico no es el más usado entre las personas que se dedican a la ayuda o acompañamiento de otros. Sin embargo es casi imposible alejarse de él en las interacciones humanas de todos los días, sea con metáforas, sueños, cuentos, novelas, refranes, películas, etc.


  1. LA METÁFORA

Y es que el lenguaje en sí mismo es una metáfora. Quizá con excepción de las onomatopeyas, las palabras no significan nada por sí mismas, sino por su relación analógica o metafórica con un objeto. Algunas palabras se refieren a otras del mismo texto, como las anáforas (pronombres o palabras referidas anteriormente) y las catáforas (pronombres o palabras referidas posteriormente) y otras formas de redundancia.

Entre el significante y el significado, el léxico y la semántica, existe una correspondencia arbitraria; la prueba está en que una cosa se puede decir de tantas formas en idiomas distintos. Algunas palabras surgen de un vocabulario básico sobre el que se van generando derivaciones. Muchas de construyen por desinencias (leña – leñador, papel – papelería); por prefijos (a, con, in, per, re, ex – sistencia) o de palabras compuestas (araña y tela – telaraña), etc. Por ejemplo, de la raíz “plicar” (plegar, meter algo dentro de otra cosa) podemos derivar com-plicar, explicar, im-plicar, etc. Estas analogías han dejado de ser metáforas pues su significado ya no es libre y se convierten en léxico directo.

Otras palabras ya son metáforas adoptadas en el lenguaje ordinario. Por ejemplo: texto originalmente significa “tejido” (textum en latín). Angustia, relacionada con el concepto de “angosto o estrecho”.

En el lenguaje hay una base de experiencia sensible y la analogía funciona como puente hacia la representación mental. Por eso ninguna metáfora puede entenderse o representarse sin esa base experiencial. Aristóteles diría: “No hay nada en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos”.

Dejamos de lado las metáforas poéticas porque nos interesan las metáforas de todos los días, en las que vivimos y nos movemos. Expresiones que estructuran nuestras acciones y nuestros pensamientos, como por ejemplo: “perder el tiempo”, “ir por caminos diferentes”. Lakoff y Johnson (1986) proponen tres tipos:

+ Las de orientación: arriba-abajo, dentro-fuera, delante-detrás, profundo-superficial, central-periférico. Por ejemplo: lo bueno está arriba y lo malo abajo, se convierten en: “Levantar el ánimo”, “arrastrar la cobija”, “tener el ánimo por los suelos”, etc.

+ Las ontológicas. Por ejemplo, la mente humana es un recipiente, da lugar a: “no me cabe en la cabeza”, “métete esto en la cabeza”, “eres un cabeza hueca”, etc.

+ Las estructurales. Por ejemplo, el discurso como tejido, da lugar a: “perder el hilo”, “ideas hilvanadas”, “atar cabos”, narración con nudo y desenlace”, “hilar muy fino”, etc.

A veces la analogía se presenta como comparación, “nuestras vidas son como los ríos”. Otras como equivalencia, “nuestras vidas son los ríos”; y otras como sustitución, “el río de la vida”. Una vez hecha la sustitución la metáfora adquiere entidad propia.

Algunas metáforas tienen un carácter tan universal que más bien parecieran arquetipos inconscientes, como el sueño del viaje, volar o caer de un precipicio, etc. Otras pertenecen a grupos culturales, como las imágenes relacionadas a las estaciones, así “la flor de la vida”; o grupos generacionales, como “el canto de las sirenas”, “resetear tu vida”. También están las metáforas propias u originales en cuanto son creadas por un individuo en su idiosincrasia.

La metáfora tiene una riqueza especial que conviene valorar porque establece un camino de retorno a la experiencia originaria que de otra manera sería inaccesible. Por ejemplo, una mujer dice: “mi esposo me trata como una alfombra, me pisa, me humilla…”. Si tomamos la metáfora como acceso a la experiencia podemos comprender y regresar por el mismo camino para ofrecer un cambio de perspectiva (vuelta terapéutica). Diremos algo así como: “una alfombra colgada en la pared se convierte en un tapiz que es admirado y respetado por todos quienes contemplan su belleza”. La reutilización que se haga de las metáforas por los ayudadores o acompañantes puede resultar muy beneficiosa, siempre que se establezca empatía con el mundo analógico del que la expresa. Adicionalmente, la metáfora puede convertirse en un anclaje que resignifique la vida y obra de la persona.

En otras ocasiones puede ser el facilitador, el maestro, etc. quien ofrezca la metáfora o imagen para que el sujeto pueda plasmar su experiencia.

La metáfora puede afectar a una palabra, una oración u otros elementos. Pero en el caso de los proverbios o refranes, puede extenderse a una parte o a la frase entera. Casi siempre, como sucede en las fábulas, mitos, parábolas o en los sueños, conviene considerar que es el total del relato el que adquiere una dimensión metafórica. Esto quiere decir que el texto expreso tiene una doble significación, una literal y otra intencional, y su comprensión exige casi siempre la creación de otro texto lógico para su interpretación o en forma de moraleja.


  1. LOS REFRANES

Los refranes populares o proverbios también forman parte de la riqueza de la sabiduría transmitida oralmente. Participan de las características del discurso analógico al no exigírsele la univocidad del sentido y el apego a la realidad. Este recurso se presenta flexible para ser aplicado a múltiples situaciones y personas con intensidades e incluso niveles de significación distintos. Tienen como esencia una finalidad moralizante, ejemplar o instructiva al igual que las fábulas o las parábolas.

La información que contienen puede ser de cualquier campo de la vida del hombre. Lo mismo informan sobre meteorología: “Año de nieves, año de bienes”, que aluden a enseñanzas de la vida: “No hay mal que por bien no venga”. Otras veces exaltan virtudes o actitudes: “La gota orada la piedra”, o censuran conductas: “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”.

Su importancia estriba en que frecuentemente el refrán nace como condensación de un cuento tradicional, y expresa las creencias y supersticiones de cada cultura y cada región. Sin desconocer que dada su cortedad es fácilmente transmisible.

Como recurso, la paremiología tiene provecho en la intención de clarificar la experiencia humana a fin de hacerla más comprensible. Habría que prevenir que la persona que las utiliza se oculte en esta sabiduría para justificar algunas conductas negativas y una actitud pasiva. Por ejemplo en el dicho: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Igualmente si su uso es indiscriminado conviene detectar si es que el recurso no está evitando el compromiso personal del lenguaje en primera persona.

Entre las personas de cierta edad es común escuchar en sus conversaciones un toque de estos recursos, a veces con conocimiento de los orígenes del refrán, otras, las más, de manera casi intuitiva o de forma heredada.


  1. NARRATIVAS

Según su estructura compositiva pueden adoptar la forma desde relatos cortos a novelas largas como “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, “Crimen y Castigo”, de Dostoievski o “La Montaña Mágica”, de Tomas Man.

Son relatos analógicos en los que cada lector puede extraer su riqueza con la lectura que hace de ellos. Algunos sirven directamente como analogías de vicios o virtudes, de forma total o en los personajes, como el “Avaro” de Moliere, o “Macbeth” de Shakespeare, prototipos de la avaricia o la ambición y la traición respectivamente.

La extensa producción literaria en forma de mitos, cuentos, parábolas, fábulas, leyendas, tragedias, dramas, comedias, poemas, novelas, etc. se convierte en un tesoro ingente donde extraer imágenes, prototipos, metáforas o analogías que pueden ser de gran utilidad en el acompañamiento.

Naturalmente hay que tener en cuenta los que el propio acompañado pueda producir en forma de cartas, cuentos o relatos breves, con los que pueda dar forma a sus pensamientos, sentimientos, resolución de conflictos.

Fábulas

La Fábula, en oposición a la novela o el drama, así como el cuento, la parábola o la leyenda, debido a su formato breve es de un argumento fácil de recordar y a ello contribuye el verso, el ritmo y la rima. Durante siglos fue el canal de la sabiduría popular. Aquí un ejemplo del ilustre laguense José Rosas Moreno, “el poeta de la niñez” y el mejor fabulista mexicano.



“Cuentan que cierto grillo
llegó a un palacio a entrar;
subió las escaleras
y del salón real
paróse en los umbrales
y comenzó a cantar:
“Yo vivo con los reyes, Cricric, cricric, cric, cric.”

Oyó su rudo canto


una águila al pasar
y dijo: “Amigo mío,
muy orgulloso estás,
mas grillo tu naciste,
y aunque por ser audaz
hoy en palacio vivas,
grillo doquier serás””.

Esta fabula nos trae el mensaje que:

Debemos ser audaces sin embargo,

pero no por eso olvidar nuestras raíces

o mejor dicho seamos siempre humildes de corazón.

Mitos


Los mitos son otros textos narrativos que aportan grandes enseñanzas a la vida de las personas, aunque sin embargo, cada día son menos los interesados en conocer a fondo estos pasajes de la literatura universal.

Por su origen etimológico hace referencia a una narración fantástica y el término equivale a “relato” en griego. Hoy en día el término se refiere a las narraciones de naturaleza simbólica que tienen un significado existencial trascendente. Su función es dar respuesta a los grandes interrogantes: ¿Qué hacemos en este mundo? y ¿Cómo explicamos nuestra propia historia? Han surgido para mostrarnos que el objetivo de la vida humana no es la inmortalidad sino una vida ordenada según el orden cósmico. La “vida buena” para los griegos consistían en vivir lúcidamente, aceptar la muerte, vivir en armonía consigo mismo y con el cosmos. Los mitos funcionaron como lecciones de sabiduría laica que los filósofos posteriores irán desgranando en sus enseñanzas.

Los pueblos construyen sus mitos para explicar sus orígenes (genealogías) y los orígenes del mundo (cosmogonías), la aparición del hombre sobre la tierra (génesis), y los grandes misterios existenciales o morales de la vida (el amor, la muerte, el destino, el bien y el mal, etc.).

Los que son compartidos por varias personas y confieren identidad y pertenencia a un grupo suelen tener una dimensión émica (quiénes somos, por qué estamos aquí) y ética (cuál es el camino que nos lleva a cumplir el destino implícito en el mito). Algunos tienen carácter universal por su conocimiento en muchas culturas: la creación del hombre (génesis), la pérdida del paraíso inicial (pecado original), las grandes catástrofes (diluvio universal), o la expectativa de grandes acontecimientos escatológicos (apocalipsis).

Otros son sólo mitos familiares o de pareja, según algunos acontecimientos que marcaron un destino compartido en el árbol genealógico. En algunas familias los mitos son más bien limitantes: el abuelo que desapareció dejando en la pobreza a la familia. Aunque también los hay potenciadores: el hermano que subió la montaña contra todo pronóstico.

En la relación de ayuda conviene tener presentes algunos mitos universales que aportan luces y se convierten en modelos de los comportamientos humanos. En el lenguaje cotidiano utilizamos metáforas y expresiones de imágenes míticas sin siquiera conocer su sentido y origen (Ferry 2009). Por ejemplo: partir en búsqueda del “vellocino de oro”, “coger al toro por los cuernos”, introducir en casa del enemigo un “caballo de Troya”, limpiar los “establos de Augias”, seguir “el hilo de Ariadna”, tener un “talón de Aquiles”, padecer la nostalgia de “la edad de oro”, observar la “Vía Láctea”, participar en los “Juegos Olímpicos”…Otras, más numerosas, se refieren al carácter de algún personaje, que conocemos de nombre pero no sabemos la razón, por ejemplo: pronunciar palabras “sibilinas”, dar con una “manzana de la discordia”, “dárselas de Casandra”, tener un “Mentor”, caer en “brazos de Morfeo”, o tomar “morfina”, “tocar el Pactolo”, perderse en un “laberinto”, estar dotado de una fuerza “titánica” o “hercúlea”, padecer el suplicio de “Tántalo”, pasar por el “lecho de Procusto”, ser un “Anfitrión”, un “Pigmalión” enamorado de su criatura, abrir un “Atlas”, blasfemar como un “carretero”, lanzarse a una empresa “prometeica”, “vaciar el tonel de las Danaidas”, hablar con voz “estentórea”, cruzarse con “Cerbero” en las escaleras, “montar al estilo de las Amazonas”, imaginar “Quimeras”, dejar “de piedra” como hacía “Medusa”, dejarse llevar por el “pánico”, abrir “la caja de Pandora”, tener el “complejo de Edipo”… Numerosas expresiones recuerdan también los lugares célebres de la mitología, como el “campo de Marte”, los “campos Elíseos” o, el “Bósforo”… Estos y más son metáforas que viven dormidas en el lenguaje de todos los días y conviene despertarlas conociendo su origen, por cultura, por placer, por justicia o por ayudar a alguien que se identifica.

Leyendas

Hay otros relatos que no tienen un carácter tan trascendente o mítico sino más bien épico, como las aventuras de Ulises en su viaje de regreso a Ítaca, construidos sobre la base de hechos más o menos históricos, en este caso la guerra de Troya. A estos textos se les conoce como leyendas e igualmente funcionan como espejo de la policromía humana.

Nuevamente hacemos la invitación a conocer y visualizar en esas obras y sus personajes una forma alternativa de favorecer el proceso de crecimiento personal o de los otros. Aquí un ejemplo:

Ulises y las sirenas: mantener el rumbo.

Es el símbolo exacto del proceso de una persona en camino hacia la autonomía, lleno de escollos y cantos de sirena –símbolos de creencias irracionales, de lo vano y falaz-; un camino de autoconocimiento, de escucha de las propias perturbaciones, de lucha, de firmeza y de constancia, de recuperación y de centramiento en el eje del propio yo, como Ulises atado al palo mayor de su nave, y de apertura a nuevos horizontes.

Cuentos


"Sé la importancia del cuento,

la belleza de la alegoría,

la inocencia de una comparación,

la sonrisa de una anécdota,

la chispa de un chiste,

la profundidad de una parábola.

Decirlo todo sin decir nada, entretener sin comprometer,

abrir ventanas sin forzar a mirar,

pasar un buen rato y cambiar quizá una vida."

Carlos G. Vallés

Las grandes cosas



que no se pueden poner en forma de cuento

es muy discutible que valga la pena decirlas”

Claudio Naranjo

Etimológicamente el cuento o la narración o el relato proviene de la misma raíz “relatus”. El diccionario de la Real Academia Española, lo refiere al “conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho”. Esta narración incluye analogías o figuras que por medio de metáforas consecutivas, hacen patente un sentido recto y otro figurado, ambos completos, para dar a entender una cosa expresando otra diferente.

Para Antonio Núñez, un experto en el área de la comunicación estratégica, el relato es “una herramienta de comunicación estructurada en una secuencia de acontecimientos que apelan a nuestros sentidos y emociones. Al exponer un conflicto revela una verdad que aporta sentido a nuestras vidas” (Nuñez, 2007, 93).

Algunos cuentos orientales son de origen desconocido porque se remontan a tiempos muy lejanos y tal vez, hayan sido formados por una comunidad y no un hombre particular. Nosotros disponemos de ellos gracias a compiladores que en su trabajo los han aplicado, como por ejemplo: Jorge Bucay, Anthony De Mello, Osho, Ramiro A. Calle, José María Doria, Nick Owen, Michel Dofour, Bernardo Ortín y Trinidad Ballesteros, Alejandro Jodorowsky, Idries Shah, Soler Conangla, Juan A. Razo, Ana María Schlüter (analizando los cuentos de los Hermanos Grimm), David Noonan (aplicando las fábulas de esopo al mundo laboral), Mette Norgaard (revisando los cuentos de Hans Christian Andersen), etc.

Sobre estos cuentos orientales breves podemos decir que aparecen en todas las tradiciones espirituales, orientales y occidentales, filosóficas y religiosas (hindúes, judíos, persas, japoneses, etc.). Y es que el cuento ha sido y seguirá siendo uno de los medios privilegiados de enseñanza, más precioso y más preciso. Tal vez el término cuento no sea el más adecuado para algunas narraciones desde nuestra mirada occidentalizada, pues poco tienen en común con la estructura y significado que culturalmente tenemos.

Estos relatos tienen la función de: “ilustrar una situación” en la que aparecen determinadas actitudes y comportamientos que aluden o bien a estados psicológicos, o a etapas de la búsqueda espiritual. Por ejemplo: el peso de las creencias y la necesidad de adquirir la percepción correcta, es decir, la capacidad de percibirse a sí mismo y al mundo tal como es y no tal como somos. También se abordan temas morales, donde se resaltan conductas, posiciones éticas y valores.

En estos cuentos destacan los personajes del maestro y el discípulo. Quizá en alusión a anécdotas reales, que por su lucidez para mostrar situaciones, han sido transmitidas a través de los siglos, y ofrecen al lector la oportunidad de colocarse como aprendiz. Poseen, además, varios niveles de lectura que se adaptan al estado interior del lector –tanto psicológico, moral o espiritual- y a cada cual le entregan un tipo de enseñanza acorde a su capacidad y entendimiento. Por ejemplo:

Dos monjes y una mujer.

Dos monjes iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar pero tenía miedo, así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla. El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro, esto estaba prohibido. Un monje no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado sino que la había llevado sobre sus hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enfadado se volvió hacia el otro y le dijo:

-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

-¿De qué estás hablando, qué está prohibido? -le dijo el otro-.

-¿Te has olvidado?, llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado-.

El otro monje se rió y luego dijo:

-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú, todavía la estás cargando...

Los personajes son elementos importantísimos en los relatos pues ellos encarnan el conflicto propio –lucha interna entre su lado claro y oscuro o su sombra- y el del relato; son los modelos de conducta. La mayoría de los relatos incluyen “arquetipos”, que en el lenguaje de Jung son formas que siempre han estado vivas en el inconsciente colectivo de todas las sociedades, por lo que su fuerza trasciende los contextos particulares. Según las expertas Pearson y Mark, (Núñez, 2007, 156 ss.) los más socorridos son: El inocente/infantil, el explorador/vagabundo, el héroe o guerrero/fanático de la violencia, el sabio/dogmático, el rebelde/sin sentido, el mago/manipulador, el amante/marioneta, la persona normal/vacío personal, el bromista/sin trascendencia, el protector/ignorarse a sí mismo, el creador/perfeccionista, el soberano/tirano.

Dada su brevedad estos se leen o explican en un lapso de tiempo corto, aun si el ayudado no lo conoce. En occidente tenemos conocimiento de algunas colecciones como el “Panchatantra”, “Las mil y una noches”, Las fábulas de Esopo o Fedro, “El Decamerón”; anteriores a la invención de la imprenta.

Otras obras tienen un origen más cercano y un autor, por ejemplo: las de Jean de la Fontaine (El gato y el ratón, El león que iba a la guerra, El mono y el gato, Los dos gallos, La gallina de los huevos de oro, Los ladrones y el asno, etc.) Charles Perrault (La cenicienta, Caperucita roja, La bella durmiente, Pulgarcito, El gato con botas, Barba azul, etc.) Los Hermanos Grimm (Blanca nieves y los siete enanos, Hansel y Gretel, El sastresillo valiente, La cenicienta, El lobo y los siete cabritos, etc.) Hans Christian Andersen (El ave fénix, El traje nuevo del emperador, etc.) Félix María Samaniego (La lechera, La Cigarra y la hormiga, La gallina de los huevos de oro, El cuervo y el zorro, etc.); que siguen siendo en gran parte recolectadas de la sabiduría popular.

Sin pretender lograr una clasificación exhaustiva y limitante, podemos distinguir una variedad de relatos breves de gran provecho para la ayuda personal:

Una categoría es la de relatos breves (cuentos, anécdotas) paremiológicos, dada su finalidad claramente instructiva o moralizante, lo que los constituye en desarrollo ilustrados de los propios proverbios. Aquí una lista de ejemplos de dichos o proverbios que resumen relatos y la posible situación crítica de la persona. (Estos comentarios no son excluyentes de cualquier otro que el lector pueda descubrir. La casuística es casi infinita).



Plantearse problemas de conciencia con excesivo rigor, coartar la espontaneidad por criterios absurdamente estrictos, reprimir la bondad natural en aras de las normas externas.

“Los monjes y la joven del kimono”

“Haz el bien sin mirar a quién”

Considerarse desgraciado por alguna pérdida, atribuir la situación a la mala suerte, desesperar antes de la hora.

“El guerrero y su caballo”

“No hay mal que por bien no venga”

Hacerse cargo de algo que no le toca en detrimento de sus propios intereses.

“El perro y el burro”

“Meterse en camisa de once varas”

Querer contentar a todo el mundo o hacer caso de lo que la gente dice para evitar la crítica.

“El anciano, el hijo y el burro”

“Ande yo caliente y ríase la gente”

Mostrarse obsesivo con la limpieza y el orden en detrimento de la naturalidad y la disponibilidad para otras cosas.

“El novicio escrupuloso”

“A veces, lo mejor es enemigo de lo bueno”

Espantarse por las propias emociones, intentando controlarlas en exceso por considerarlas inadecuadas o inapropiadas.

“El monje imperturbable”




Sentirse desanimado ante las dificultades para remontar una situación difícil.

“Las dos ranas en un establo”

“La gota pequeña orada la piedra”

Esperar a que sean los otros los que tomen la iniciativa o responsabilidad para resolver las cosas.

“Las tres ranas”

“El infierno está lleno de buenas intenciones”

Alimentar los sentimientos de odio o rencor en una relación.

“Los dos lobos”

“Siembra vientos y cosecharás tempestades”

También consideremos las anécdotas referidas a algunos personajes –en Oriente el más conocido es el Mulá Nasrudín- que adquieren un valor paradigmático o propedéutico, como la que se cuenta del director de orquesta Herbert Von Karajan, el cual un día andando por la ciudad de Nueva York se topó con un desconocido al llegar al ángulo de una esquina, éste le soltó de forma airada y sonora un insulto, llamándole “imbécil”, a lo que el director contestó, quitándose el sombrero respetuosamente: “Von Karajan, mucho gusto”. O la que se refiere a la construcción del puente de Brooklyn, etc.

Otras son observaciones de acontecimientos que encierran una especial enseñanza; muchas provienen de la sabia naturaleza, por ejemplo: “El bambú japonés”, “La longevidad del águila”, “El adiestramiento de delfines”, “Las estaciones del año”, etc.

Otros relatos son más extensos y no sería posible leer o explicar en una sola sesión. Algunos son desarrollos o paráfrasis de obras anteriores y se les conoce como libros de autoayuda por su finalidad, ejemplos recientes de estos son: “Y colorín colorado este cuento aun no se ha acabado”, “La princesa que creía en los cuentos de hadas”, “Juan Salvador Gaviota”, “El caballero de la armadura oxidada”, “El principito”, “El monje que vendió su ferrari”, “Los hombres de las cavernas”, “El Profeta”, “El Alquimista”, “Las voces del desierto”, “La brújula interior”, “La vaca”, “Dios vuelve en una Harley”, etc.

En estas obras, la totalidad de la historia o los asuntos de los personajes pueden favorecer que el lector se identifique en algún aspecto de su proceso. Por ejemplo: el farolero de “El Principito” es una buena metáfora de los rituales obsesivo-compulsivos que nos impiden disfrutar las cosas. El castillo del silencio de “El Caballero de la armadura oxidada” evoca claramente la necesidad de recogernos en silencio y soledad si queremos llegar a contactar con nuestras emociones. Las columnas o los robles de “El Profeta” constituyen una potente imagen de la pareja que sostiene conjuntamente el matrimonio, pero que a su vez deben mantener una sana distancia para no confundirse o hacerse sombra mutuamente hasta impedir el crecimiento personal. “El Alquimista” es la historia de un héroe que busca su tesoro lejos de su hogar para luego regresar a él y hallarlo en su propia morada, sufriendo durante el viaje una profunda transformación en su visión del mundo y la realidad. “Dios vuelve en una Harley” es la historia de una mujer que ante el rompimiento de su relación con un hombre decide encerrarse en su mundo y recibe de Dios seis mandamientos personalizados.

En el cuento occidental, para nosotros llamado “clásico”, el contenido –personajes y escenarios- gira casi exclusivamente en torno al concepto de “viaje iniciático”, con sus elementos: crisis de la situación establecida, confrontación entre el bien y el mal, pruebas a vencer, logro a conquistar, proceso de transformación del protagonista de persona normal a héroe -con quien nos identificamos- y establecimiento de un nuevo orden.

Los cuentos se mueven en tres planos simbolizados por tres grandes funciones: el rey con sus deseos es principio de inteligencia y objetivos inaccesibles; el héroe es principio de compromiso que supera los obstáculos; y el hada, principio de apoyo a los éxitos (Debailleul, J. y Fourgeau, C., 2002, p. 14). También se pueden identificar estos tres elementos como: carencia-partida-final feliz (Lambruschi, 2009).

Los cuentos se viven como representaciones simbólicas de problemas universales del ser humano y de posibles soluciones a estos problemas, gracias a la generalidad, la abstracción, la normalidad de las figuras, la suspensión en el espacio y en el tiempo, así como la inmutabilidad del esquema de desarrollo. Un cuento siempre trata de algo que amenaza el curso de la vida y muestra un camino evolutivo que va del enfrentamiento con el problema al establecimiento de una nueva situación (Kast, 2005). Como ejemplos mencionemos: la Caperucita Roja, que representa la parte amada de nosotros mismos en camino hacia encuentros valiosos, enfrentando peligros (lobo) y la ayuda de una conciencia despierta que nos salva (el cazador). El Sastrecillo Valiente, que con su leyenda en el cinto: “siete de un golpe”, llega a defender al rey y a casarse con la princesa. Blanca Nieves, donde aparece el drama de crecer, de madurar y o feo de la vida (enanos). La Cenicienta, con la realización maravillosa de sus deseos (la fiesta en el palacio), superando adversidades (ambiente familiar), con recursos inesperados (el hada), que provocan el cambio esperado (la boda con el príncipe) (Moragues, 2009). Y un largo etc.

Este camino entraña peligros, rodeos, fracasos y tribulaciones de toda índole. En el fondo son las mismas contingencias que se ciernen sobre nosotros. Es un esquema más o menos reconocible y permanente.

Para ambos –orientales y occidentales- es válido decir que no tienen una interpretación “correcta”; cada cuento admite múltiples interpretaciones y se pueden comentar desde diferentes ópticas. Lo ideal sería que la interpretación se hiciera desde todos los ángulos y por el mayor número de personas posible, porque en cada interpretación introducimos también nuestra personalidad. Recordemos que los cuentos son metáforas, y las metáforas nunca admiten una única interpretación (Kast, 2005).

El factor más importante es que tienen el “poder” de sensibilizar los centros superiores de conciencia (Armendáriz, 2006, p. XV) y provocar en ella un impacto capaz de situar al oyente o al lector en un estado de comprensión más elevado, brindándole la oportunidad de reflejarse en una situación concreta donde puede reconocerse. El espacio mental construido a través del relato representa una “campo” emocional, donde las necesidades afectivas, de relación se vuelven el foco de atención (Lambruschi, 2009). Éste ha sido la razón para que este tesoro de sabiduría haya pervivido durante siglos con frescura y vigencia.

Cómo funcionan

Existe una indudable afinidad entre el psiquismo humano y el arte de expresarse mediante relatos. Estos tienen un efecto sobre los dos hemisferios cerebrales, especialmente el derecho donde el individuo con su creatividad trata de establecer una correlación entre su situación actual –casi siempre conocida- y los nuevos datos suministrados por el relato.

El hemisferio izquierdo sería el responsable de las actividades racionales y analíticas como el lenguaje, la escritura, la aritmética, el pensamiento lineal, la comunicación digital, etc. Por su parte, el hemisferio derecho se ocuparía de las actividades sensoriales, emocionales y globales, como la intuición, la síntesis, la comprensión del lenguaje, la música, los sueños, los gestos inconscientes, la comunicación analógica, etc.

El hemisferio izquierdo se interesa sobre todo en los componentes, procesando la información en secuencias, en series, según un patrón temporal, descodificando las señales acústicas (lenguaje oral, matemáticas, nociones musicales) y traduciéndolas en palabras tras haber analizado.

El hemisferio derecho estaría entonces especializado en el tratamiento simultáneo y analógico de la información. Se interesaría primordialmente en los conjuntos y se dedicaría a integrar las partes para formar un todo. Investigaría las estructuras y las relaciones. En él se encuentra la fuente de la creatividad y el cambio. Posee entre sus funciones la construcción icónica de nuestro mapa del mundo, captando las configuraciones y estructuras de conjuntos o sistemas complejos amplios. Según Watzlawick, "comprende la totalidad basándose en una de sus partes esenciales" (Pérez, 1994, p.17).

Anthony De Mello llegó a convencerse tanto de la fuerza de los cuentos metafóricos que abandonó todo tipo de predicación discursiva para dedicarse únicamente a narrar historias y cuentos procedentes de las más diversas tradiciones religiosas.

Milton Erickson desarrolló su método de enseñanza y de terapia con la alegoría terapéutica. El maestro o el terapeuta tras haber comprendido el problema de la persona, inventa una alegoría o un relato metafórico que permita al individuo contemplar su problema bajo una nueva luz, y al mismo tiempo, le sugiera las posibles soluciones (González, 2000). Afirma que en el hombre existe una mente consciente –situada en el hemisferio izquierdo- y una mente inconsciente, aparentemente ubicada en el hemisferio derecho. Considera que las soluciones a los problemas están del lado derecho y que el izquierdo, normalmente limitante por sus aprendizajes no permite recuperarlas. En el inconsciente están los recursos aprendidos durante la vida. (Dufour, 2008).

En un primer momento, el hemisferio izquierdo pierde su importancia, es decir la mente consciente, lo que en Gestalt equivaldría al Z.I.M., sobre todo cuando el sujeto se encuentra en trance –hipnosis leve-. Es el momento en el que el narrador accede al aspecto más intuitivo del oyente, a su espontaneidad, creatividad, etc. La narración comienza penetrando el mundo interno del que escucha. En un momento posterior, el hemisferio izquierdo intentará sintetizar el trabajo de la primera parte, encontrando similitudes coherentes. Si la historia toma una dirección imprevista, el oyente se ve entonces forzado a restablecer la coherencia de su modelo del mundo comprometido con el relato y, en ese preciso momento, modifica su mundo de creencias y de ideas definidas. En esta circunstancia el relato nos permite recoger el pasado, situarnos en el presente y proyectar el futuro.

Ventajas de su uso

La lista de ventajas en el uso de las narraciones –cortas/largas, orientales/occidentales, en prosa/en verso, de autor/anónimas- que a continuación aparece está tomada de varios autores, entre ellos Nick Owen, Michel Dufour, Ortín y Ballesteros, Robert Fisher, Leticia Dotras, Antonio Núñez; que no dudan en alabar los beneficios del uso de los relatos como los hemos entendido. Para efectos de este trabajo sólo se consideran algunas de las muchas afirmaciones que se encuentran:



  • Estimulan los dos hemisferios cerebrales del neocórtex. Actúan a nivel consciente e inconsciente.

  • Son seductores. No son amenazantes.

  • Presentan un problema como una nueva oportunidad. Reformulan conductas o actitudes desde una perspectiva diferente.

  • Estimulan la confianza y la independencia del individuo para captar por sí mismo el sentido del mensaje y sacar conclusiones o realizar acciones correspondientes.

  • Pueden vencer la natural resistencia al cambio.

  • Modelan la flexibilidad.

  • Pueden despejar la confusión y estimular la sensibilidad.

  • Estimulan la memoria, pues la idea se memoriza mejor y sin esfuerzo.

  • Estimula la creatividad, suscitan la curiosidad. Aumentan la expectación y el efecto Zeigarnick o Scheherezade –ley de la percepción de completés-.

  • Se puede utilizar en gran número de estrategias terapéuticas por su flexibilidad.

  • Es un acceso rápido a los recursos del inconsciente.

  • Demuestran que la percepción es proyección.

  • Conectan pasado, presente y futuro.

  • Las historias incompletas o abiertas motivan al oyente a darles una solución que el consciente ignora.

  • Tienen aplicación en la inmensa mayoría de las situaciones de la vida.

  • Sus destinatarios son cualquier persona, de cualquier edad o condición. Especialmente para “los que son como niños”.

  • Todo relato habla de nosotros, de nuestras relaciones, nuestros conflictos.

  • Un buen relato tiene muchos niveles de significado.

  • Guardan una sana distancia con nuestros problemas y preocupaciones.

  • Nos permiten soñar despiertos.

  • La magia y la fantasía tienen su espacio para actuar.

  • La vida es, ni más ni menos, un cuento que nos contamos.

  • Los temas son universales, lo mismo que los personajes arquetípicos.

  • Son despertadores de la capacidad de aprender, de la expansión de consciencia y del darse cuenta. Son las grandes avenidas para el desarrollo personal.

  • Son una gran broma de la sabiduría al mundo racional que para perpetuarse se ha conservado en ingenuas historias.

  • El relato produce evasión, autorrealización imaginativa y renovación.

  • Dicen cosas que no se pueden decir de otro modo.

  • Con la integración de los personajes, los relatos nos hacen competentes: el rey que representa la cabeza, el saber, la reflexión; el héroe que representa el corazón, las actitudes, lo afectivo; y el hada que representa el hacer, los procedimientos. Así, los relatos nos ayudan a preguntarlo todo, experimentarlo todo y realizarlo todo.

  • El relato usa el lenguaje metafórico y abierto a la interpretación de cada uno: todo es percepción subjetiva.

  • Es una herramienta al alcance de todos.

Crear un relato eficaz

La magia de un relato está basada en una serie de elementos interrelacionados y de igual importancia. Conviene considerarlos para el momento en que se requiera proponer uno. Ortín y Ballesteros (2005, 161-247); y Dufour (2008, 31-33) proponen los siguientes:



  1. Dirigir el relato a la solución o estado deseable para el oyente.

  • Milton Erikson propone al oyente dirigir la atención a un tiempo, en el futuro, cuando el problema estuviera resuelto y de ahí contar cómo se superaron las dificultades.

  • La conciencia también se dirige hacia sensaciones acerca de cómo se verá, sentirá y oirá cuando todo esté resuelto.

  • Considerar:

  • Conectar a la persona con su parte fuerte/positiva, su tono vital deseado.

  • Orientarse al objetivo y disponer de alternativas de acción.

  • El significado de las cosas para nosotros.

  • Desafiar las creencias limitantes.

  • Recuperar el control interno de las decisiones.

  • Formular los objetivos correctamente (en afirmativo, determinar consecuencias, control de la persona, especificar quién-dónde-cuándo-cuánto, susceptibles de evaluación, recursos adecuados, examinados en distintas perspectivas y enmarcados en tiempo).

  • El conflicto no se debe atacar directamente porque la resistencia sería mayor; si no más bien enfocarse en la estructura que lo soporta.

  • Por ejemplo: “…cuando llegó a la cima de la montaña, todos los animales quedaron asombrados al constatar la fuerza de voluntad que tenía aquel gusano”.




  1. Dirigir el relato a la percepción que la persona tiene del problema.

  • Algo impactante para la persona es ver reproducido su problema en otra. Esta cualidad se llama isomorfismo o analogía.

  • Milton E. defendía la idea de que hay que introducirse en el relato del sujeto y arruinárselo desde dentro.

  • Considerar:

  • El mapa no es el territorio. La persona se relaciona con su experiencia mental, su interpretación del problema, no con el problema directamente.

  • Es prácticamente imposible transmitir exactamente lo que pensamos.

  • Un mapa estrecho del mundo dejará fuera más gente. Los símbolos universales son buen elemento de éxito.

  • No somos capaces de percibir toda la información, tenemos que transformarla para comprenderla.

  • Las distorsiones de la realidad vienen de tres filtros: neurológico (registros visuales, auditivos), social y cultural (creencias, conceptos) y personal (subjetividad). Todos ellos le otorgan irrepetibilidad al mapa.

  • No hay mejores o peores mapas, sino más adecuados, más funcionales en la realidad.

  • El lenguaje que utiliza el cliente refleja el sistema representacional que predomina (visual, auditivo, kinestésico, olfativo, gustativo) y un buen uso puede provocar múltiples hechizos.

  • La versión rígida de la generalización, la eliminación y la distorsión puede convertirse en profecía autocumplida.

  • El mecanismo de comparación entre lo exterior y su experiencia permite al cliente ampliar su mapa en cualquier momento.

  • Por ejemplo: “…miró atentamente y encontró que…”; “…todo tenía un aroma tan agradable…”; “se escuchaban las voces de los que creían que podía hacerlo…”; “…sintió una emoción desconocida en todo su cuerpo que lo avergonzó…”; “su voz era dulce como agua que corre libre”.




  1. Dirigir el relato al estado personal que mantiene el conflicto.




  • La experiencia puede ser tan fuerte que eclipsa el verdadero problema.

  • Considerar:

  • Para recordar lo aprendido hay que retornar al estado en que se aprendió. Incorporar en el relato los sucesos de la situación problemática.

  • Para enseñar algo es importante producir un estado de aprendizaje.

  • Algunos aspectos para provocar el estado: cuidar la fisiología, emoción predominante, pensamiento y conciencia ecológica.

  • El estado de flujo o de máximo rendimiento se logra estando en el presente. Se acompaña de una sensación de alegría, bienestar y olvido de sí.

  • Por ejemplo: “…un burro cayó al fondo de un pozo y las personas, al no poderlo sacar, comenzaron a darlo por muerto…”




  1. Dirigir el relato a los escenarios y situaciones en los que el problema no aparece.




  • Los problemas se dan en contextos particulares.

  • La imprecisión en el contenido, en el tiempo y el lugar es uno de los factores más hipnóticos y estimula la creatividad.

El miedo suele tener relación con la dimensión territorial. La imagen del viajero, del caminante, nos remite a la imagen de la libertad.

  • Por ejemplo: “En una ocasión, iban de camino dos hombres…”




  1. Dirigir el relato al cambio de perspectiva o enfoque de la persona con respecto al conflicto.




  • Modificar la construcción lingüística ayuda a cambiar de enfoque. Por ejemplo: piense sobre ello, piense en ello, piense a través de ello…

Existen cuatro posiciones: yo, tú, él y metaposición. No se pueden defender todas las perspectivas a la vez; sin embargo, deben compatibilizarse.

Muchos desórdenes se producen por el aferramiento a una posición subjetiva sobre las situaciones de la vida.



  • Por ejemplo: “no había considerado esa posibilidad”; “salió de sí mismo y pudo ver el campo en su derredor”; “sospechaba desde antes que algo no tenía bajo control y lo comprobó al escuchar los rumores”.




  1. Dirigir el relato a la percepción del tiempo.




  • El tiempo es circular pero su percepción lineal se instala en la mente humana.

  • El tiempo debe incluirse en la planeación de proyectos y cambios o comenzará la ansiedad. Se pueden elegir el escenario y las perspectivas pero el tiempo no.

  • Podemos modificar la percepción sensorial del tiempo en el presente.

  • Por ejemplo: “al cruzar por la calle y ver aquello sintió que esta experiencia ya la había vivido”; “…más tarde o más temprano vendrá para rescatarme”.

  1. Dirigir el relato a las capacidades o puntos fuertes de la persona aunque no participen directamente en el problema.




  • Es esencial confiar en que la persona cuenta con los recursos necesarios para resolver sus problemas.

  • El lado fuerte suele ser olvidado en tiempos de crisis.

  • La transferencia de recursos de un área que la persona siente como competente al área que siente como conflictiva suele dar buen resultado para que la persona recuerde sus capacidades.

  • La solución del problema pasa por la ampliación del foco de atención en el espacio en que se desarrolla.

  • Nos planteamos los problemas que podemos resolver, en caso contrario no los consideraríamos como conflictos.

  • Por ejemplo: “recordó que tenía en su poder aquellas monedas de oro”; “…el mago le entregó una bolsa con los conjuros para combatir al dragón”; “encontró aquella espada que, por obra del destino, se ajustaba perfectamente a su mano. Pareciera que fue suya en otra vida”.




  1. Dirigir el relato a las creencias y expectativas limitantes que lo sustentan.




  • Las creencias, expectativas o temores que tenemos sobre las cosas tienden a hacerse realidad.

  • Las creencias son los principios por los que nos guían, sean ciertos o no; y no necesariamente lo que declaramos. Se manifiestan en los hechos, no en las palabras.

  • Considerar:

  • Las creencias limitantes hay que cambiarlas por otras que sean liberadoras o potenciadoras. No es conveniente eliminarlas sin más.

  • Todas las creencias nos aportan beneficios. Las preguntas esenciales son: ¿qué hace por mí esta creencia? ¿me ayuda o me perjudica? ¿es muy antigua? ¿es siempre cierta? ¿qué preferiría creer? ¿cómo mejorará o empeorará la situación con la nueva creencia?

  • Por ejemplo: “aquel niño aprendió que no sabe todo de la vida”; “…se colocó en posición de quien quiere escuchar algo nuevo sin perder detalle”; “…al ver sus pantalones viejos los encontró cortos y roídos, muy desagradables para seguirlos llevando”.

En cuanto a su narración, conviene establecer una relación de confianza donde el individuo se sienta seguro. El contacto existe cuando uno conecta con la persona en su propio modelo del mundo y en su propio terreno; cuando se sintoniza.

El narrador debe contar el relato de la manera más inocente posible. Algunas veces la presentación es totalmente directa, otras, como anécdota o experiencia. No sólo es importante la elección de las palabras, sino el tono de voz y los movimientos de cabeza y cuerpo.

En un ambiente de formación, capacitación o la terapia como tal, pueden surgir diversas circunstancias susceptibles de convertirse en objeto de una alegoría, de nosotros depende que sepamos cazarlas al vuelo. Esta es una habilidad que se logra al mantener la atención en dos espacios alternativos, la situación de la persona o del grupo y la situación que la ilumina. Obviamente requiere, como toda habilidad, la práctica y la constancia.

El relato debe adaptarse al auditorio, por lo que el narrador ha de estar familiarizado con él. El narrador es un puente entre la sabiduría universal y las necesidades particulares.

El mejor momento para la narración de un relato es cuando la mente consciente está confundida. Erikson usaba las sorpresas, juegos de palabras, bromas o frases humorísticas. Bandler usa mensajes extraños. Williams sugiere usar preguntas que carecen de respuesta exacta.

La utilización de cuentos, parábolas, anécdotas, en las relaciones de ayuda, es una herramienta que queda al libre albedrío de quien escucha con atención la experiencia profunda de un semejante aquejado por alguna circunstancia de la vida. Dispone ellos en cualquier momento pues los tiene “a la mano”. Quizá el propio ayudado tenga un cuento favorito con el que se identifica en ese momento o lo ha acompañado en varias estaciones de su vida (Martín y Vázquez, 2005) y se convierte en una forma de explorar.

Lo importante es que la herramienta se utilice con finalidades terapéuticas en el momento que se considere más apropiado o semejante a la realidad escuchada o sentida, atendiendo siempre a evitar malos entendidos o herir susceptibilidades. Cuidando que la imagen presentada sea una propuesta para el ayudado y no una etiqueta o un traje echo a la medida sin su consentimiento.

Cómo aprovecharlos personalmente.

Parece que está claro que los cuentos tienen una finalidad: el crecimiento personal por el encuentro con la Verdad interna, con la divinidad.

Una forma de leer los cuentos es por mera distracción o entretenimiento. La lectura es rápida y superficial, sin considerar los detalles ni la identificación con los personajes. Esta manera de leer ayuda, no obstante que no se haga con plena consciencia debido a la disposición de los elementos y a que la sabiduría penetra por la sutileza de los símbolos.

También se pueden leer de manera pausada, reflexiva y con la ayuda de los demás. Quizá convenga una segunda lectura y la identificación con algún personaje para lograr exprimir su contenido. Todavía más rico será jugar varios roles y moverse entre los personajes. El trabajo en pequeños grupos compartiendo la propia verdad tiene un encanto especial. No olvidar que la intención es llevar lo descubierto a la propia vida. ¡Siempre a la propia vida!

Otra forma de trabajar los cuentos es leerlo atentamente y dejar que su melodía vaya permeando a lo largo del día en nuestras acciones; como unos anteojos que nos ayuden a ver qué acontecimientos o detalles de la rutina se parecen a lo que el cuento nos ilustró. Por la noche, antes del descanso, podemos regresar al cuento y repasarlo. Quizá en el sueño de ese día vengan los ángeles y nos indiquen el camino que estaba ahí frente a nosotros sin que lo pudiéramos ver previamente.

Para cerrar, transcribo un texto que aparece al inicio del libro “La oración de la rana”, de uno de los maestros en el uso de este arte: Anthony De Mello:



"Resulta bastante misterioso el hecho de que, aun cuando el corazón humano ansía la Verdad, pues sólo en ella encuentra liberación y deleite, la primera reacción de los seres humanos ante la Verdad sea una reacción de hostilidad y de recelo. Por eso los Maestros espirituales de la humanidad, como Buda y Jesús, idearon un recurso para eludir la oposición de sus oyentes: el relato. Ellos sabían que las palabras más cautivadoras que posee el lenguaje son: "Érase una vez..."; y sabían también que es frecuente oponerse a una verdad, pero que es imposible resistirse a un relato. Vyasa, el autor del "Mahabharata", dice que, si escuchas con atención un relato, nunca volverás a ser el mismo, porque el relato se introducirá en tu corazón y, como si fuera un gusano, acabará royendo todos los obstáculos que se oponen a lo divino".

[...] “Dado que cada uno de estos relatos es una revelación de la Verdad, y dado que la Verdad con "V" mayúscula significa la verdad acerca de ti, cerciórate de que, cada vez que leas un relato, estás buscando resueltamente un más profundo conocimiento de ti mismo".

OBRAS Y AUTORES CITADOS:

Bucay, J. (2002). Cartas para Claudia. Océano, México.

(2002). Recuentos para Demián. Océano, México.

(2003). Cuentos para pensar. Océano, México.

Calle, R. (comp.) (2009). 101 Cuentos clásicos de la India (versión electrónica).

(2009). Cincuenta cuentos para meditar y regalar. Sirio, España, 2ª Edición.

Calle, R. y Vázquez, S. (comps.) Los 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de oriente (versión electrónica).

Coelho, P. (1997). El Alquimista. Grijalbo, México.

Cruz, C. (2010). La vaca (versión electrónica).

Debailleul, J. y Fourgeau, C. (2002). Realizarse mediante la magia de las coincidencias. Desclée De Brouwer, España.

De Mello, A. (1991). La oración de la rana (versión electrónica). Sal Terrae, España.

Doria, J. (2004). Cuentos para aprender a aprender. Gaia, España.

Dotras, L. (2001). Cuentos para educar. CCS, España.

Dufour, M. (2008). Cuentos para crecer y curar. Sirio, España.

(1997). Cuentos para crecer en armonía. Sirio, España.

Dupeyron, O. (2010). Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado. Disidente, México, 22ª. Edición.

Ferry, L. (2009). La Sabiduría de los Mitos. Aprender a Vivir II. Taurus, España.

Fisher, R. (2006). Valores para pensar. Obelisco, España.

(2000). El Caballero de la armadura oxidada. Obelisco, España, 44ª Edición.

González, L. (2000). Psicología de la Excelencia Personal. Edizioni del Teresianum, México.

Grad, M. (2008). La princesa que creía en los cuentos de hadas. Obelisco, España. 55ª Edición.

Jodorowsky, A. (2008). La sabiduría de los cuentos. Obelisco, España, 11ª Edición.

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