Los miles de desertores usa durante las guerras intercapitalistas de rapiña en Vietnam e Irak



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1) Expropiación de todas las grandes y medianas empresas industriales, comerciales y de servicios, sin compensación alguna.

 

2) Cierre y desaparición de la Bolsa de Valores.

 

3) Control obrero colectivo permanente y democrático de la producción y de la contabilidad en todas las empresas, privadas y públicas, garantizando la transparencia informativa en los medios de difusión para el pleno y universal conocimiento de la verdad, en todo momento y en todos los ámbitos de la vida social.

 

4) El que no trabaja en condiciones de hacerlo, no come.

 

5) De cada cual según su trabajo y a cada cual según su capacidad.

 

6) Régimen político de gobierno basado en la democracia directa, donde los más decisivos asuntos de Estado se aprueben por mayoría en Asambleas, simultánea y libremente convocadas por distrito, y los altos cargos de los tres poderes, elegidos según el método de la representación proporcional, sean revocables en cualquier momento de la misma forma.



 

Teniendo en cuenta que, desatender la urgencia de esto que es cada vez más necesario y perentorio hacer, supone agudizar y prolongar todas las fatales y dolorosas consecuencias de esa renuncia. Incluyendo en ellas a las guerras que, según avanza el progreso científico-técnico incorporado a los medios bélicos, pueden ya hoy hacer desaparecer para siempre todo rastro de vida humana en la Tierra, acabando con su historia. Esto es, pues, lo que hay que proponerse impedir, sacando una y otra vez incansablemente a la luz pública en todos los ámbitos de la vida social, las fuerzas ignotas todavía ocultas para una mayoría, que siguen moviendo al Mundo en el absurdo y criminal sentido autotanático de la humanidad. Tal es ésta la única forma de contribuir a que seamos los propios seres humanos conscientes de la realidad que vivimos, quienes corrijamos a tiempo esta ominosa deriva hacia el posible destino fatal que nos está peligrosamente deparando el sistema capitalista. Para que así y sólo así seamos la mayoría de los seres humanos explotados y oprimidos, quienes decidamos lo que es imperioso hacer, en el sentido de cambiar el rumbo de esta perversa locura histórica de periódica destrucción y muerte masiva, hacia un futuro prometedor sin explotación permanente del trabajo asalariado ni crisis económicas que, inevitablemente, han venido derivando en guerras fratricidas.


Pensemos finalmente ahora en los que forman parte de los gobiernos en este mundo, incluyendo a quienes nunca antes han pasado por esa experiencia de mando irresponsable potencialmente criminal y aspiran a ello, participando en las instituciones estatales. ¿Ignoran acaso estos sujetos la verdad de la realidad que brevemente acabamos de describir? Rotundamente ¡NO! Todos sin excepción no pueden ignorar que la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio está en la raíz de la competencia que ha hecho a la historia del capitalismo. 1) A la conversión del pequeño capital nacional en gran capital internacional de carácter oligopólico y, 2) a sus crisis económicas periódicas cada vez más profundas y difíciles de superar, que han desembocado en las consecuentes guerras civiles e internacionales. Pero callan deliberadamente sobre éste trascendental y decisivo asunto, porque de lo contrario no podrían aspirar a compartir el poder político en las instituciones estatales, tal como se ha venido demostrando que esa es su máxima aspiración. Porque les conviene ajustarse al “status quo” del que viven y/o pretenden vivir, pretextando hipócritamente querer “reformar” el sistema, suponiendo hacer posible lo imposible, a saber: que las ganancias crecientes del capital sean históricamente compatibles con el progresivo bienestar de los explotados. Y porque si se propusieran decir la verdad no podrían disputarle a la derecha liberal el lugar que ellos alternativamente aspiran a ocupar en las instituciones. Eluden esta verdad pragmáticamente o la disfrazan por la cuenta que les trae, espontáneamente convertidos en unos despreciables vividores oportunistas al servicio del llamado pensamiento único burgués, en un sistema económico-social y político que les interesa y, solo por eso —que nada tiene que ver con la verdad—, se han propuesto preservarlo, convertidos así en un apéndice suyo. A propósito de este asunto, relativo al comportamiento falaz e interesado de los políticos profesionales institucionalizados de la llamada “izquierda política”, sin excepción, en setiembre del pasado año bajo el título: Breve historia de la propiedad privada capitalistadecíamos lo siguiente:

<acumulación de capital explotando trabajo asalariado en la sociedad civil, la clase propietaria de los medios de producción y de cambio convierte a los distintos Estados nacionales en mercados, donde las distintas empresas compiten entre sí para poner el poder político de las instituciones estatales, al servicio de sus respectivos intereses económicos particulares. Para tal fin, los capitalistas compran la voluntad de los políticos profesionales que gobiernan esos Estados. Les corrompen. Un modus operandi que no sería posible sin los necesarios vínculos entre la vigente propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio, y la democracia representativa que les posibilita lograr ese propósito de un modo indirecto: por mediación del sufragio universal que delega la voluntad política de los electores en determinados sujetos electos, organizados en distintos partidos políticos, quienes prometen representarles en las instituciones estatales. Es esta una tramposa y delincuencial conjugación de la praxis política entre candidatos a ser representantes, y electores que les votan para que supuestamente les representen. Tramposa y delincuencial, porque tras cada acto electoral los candidatos electos dejan en papel mojado sus promesas de gobierno, para lucrarse atendiendo exclusivamente a los intereses de los empresarios capitalistas. Burlan así la voluntad popular y el interés general. Un negocio que se acuerda y ejecuta en la discrecional intimidad que permiten los muy bien alfombrados y amueblados despachos de las distintas dependencias estatales, donde los políticos y los empresarios convierten secretamente la cosa pública en cosa privada.

Tal es la ceremonia y el embeleco sobre el cual se ha podido venir sosteniendo, durante dos siglos, el sistema de vida basado en la explotación de trabajo ajeno y el reparto cada vez más desigual de la riqueza. Incluso en épocas de crisis1. Hablar de un máximo histórico de desigualdad social relativa entre ricos y pobres, no significa que ese proceso haya llegado a su límite, sino que la desigualdad ya no se nutre tanto de la plusvalía relativa (que aumenta por efecto de la productividad a expensas del salario sin perjuicio de su poder adquisitivo)2, sino más bien de la plusvalía absoluta que solo aumenta por el mayor esfuerzo en el trabajo y la penuria creciente de los más pobres: el aumento de su miseria en perjuicio de su vida3. Un fenómeno ligado a la ignorancia, que a su vez induce a la pasividad y la sumisión: dos preciadas “virtudes ciudadanas” cuyo cultivo en la conciencia de los explotados la gran burguesía encarga a los más hábiles administradores políticos, formados en esos estratos intermedios de la sociedad, es decir, la pequeña burguesía intelectual. De modo que:

Mientras la clase oprimida —en nuestro caso el proletariado— no está madura para liberarse ella misma (porque desconoce la verdad sobre la realidad en que vive), su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda (a instancias de partidos políticos “reformistas” estatizados, como es hoy el caso en España de “Izquierda Unida”, “Podemos” y demás “mareas” adosadas)>>. (F. Engels: “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” Cap. IX Barbarie y Civilización Pp. 105. Versión digitalizada Pp. 100. Lo entre paréntesis nuestro.).


Todo ser humano se distingue de cualquier otro animal, en que éste último no es capaz de transformar la naturaleza para satisfacer sus necesidades y, por consiguiente, debe limitarse a vivir de lo que la naturaleza le ofrece directamente. A diferencia de los demás animales y a instancias de su trabajo, el ser humano crea en medida continuamente creciente, las condiciones materiales de su vida que le permiten satisfacer sus necesidades, en virtud de que es capaz de transformar esencialmente la naturaleza, reproduciendo al mismo tiempo su propia vida material. Así definieron esta diferencia Marx y Engels entre 1845-46 en su obra conjunta titulada: “La ideología alemana”:

<(genéricos) de los demás animales (irracionales) por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero los humanos comienzan a ver la diferencia tan pronto producen sus medios de vida (transformando la naturaleza), paso éste que se halla condicionado por su organización corpórea. Al producir sus medios de vida, el ser humano produce su propia vida material (a instancias de la naturaleza pero independientemente de ella, dado que la transforma para sus propios fines)>>. (Op. Cit. Ed. L’ Eina/Barcelona 1988. Cap. 1 parágrafo 2 Pp. 12. Lo entre paréntesis nuestro). Versión digitalizada ver en Pp. 2.
Según esta comparación ratificada por la historia, el ser humano genérico se distingue de los animales, en que éstos últimos son incapaces de transformar el medio natural en que viven para satisfacer sus necesidades y, por consiguiente, su animalidad les constriñe y limita a servirse de lo que la naturaleza les ofrece de modo inmediato. Así las cosas, si consideramos que el capitalismo desde hace ya dos siglos, no ha dejado de ser el medio social “natural en el que han venido sobreviviendo las sucesivas generaciones de seres humanos social y políticamente subalternos, ¿no es tan cierto esto como que a la luz de las sucesivas crisis económicas y consecuentes guerras genocidas, los empresarios y sus representantes políticos en general han perdido la condición genérica distintiva de los seres humanos respecto de los animales? ¿Y qué decir de los oportunistas advenedizos despreciables de la izquierda burguesa reformista, que para seguir cómodamente medrando en él, sostienen que este actual sistema de vida es perfectible pero esencialmente inmutable y eterno? ¡Como si su esencia no consistiera en la explotación cada vez más cruel y escandalosa de trabajo humano ajeno, determinada por un sistema de vida que alcanzó ya los límites históricos posibles de su existencia, pero que no desaparecerá por sí mismo automáticamente, sino que será tan necesario como imprescindible acabar políticamente con él!
Ya hemos reincidido en explicar el porqué de este proceso histórico necesario. Y es que según aumenta la productividad del trabajo determinada por el adelanto científico-técnico incorporado a los instrumentos de producción, el incremento del empleo asalariado disminuye relativamente cada vez más y, con él, la masa de ganancia. Hasta que la producción global llega a un punto en que no puede continuar sin que la ganancia sólo pueda surgir a costa de la disminución no sólo relativa sino absoluta de los salarios:

<(de los asalariados) es el punto conclusivo necesario del desarrollo al cual tiende inevitablemente la acumulación capitalista, de cuyo curso no puede ser apartada por ninguna reacción sindical por poderosa que ésta sea. Aquí se encuentra fijado el límite objetivo de la acción sindical. A partir de un cierto punto de la acumulación, el plusvalor obtenido no resulta suficiente para que la acumulación de capital pueda proseguir sin atacar las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados. O el nivel de los salarios es deprimido por debajo del nivel anteriormente existente, o la acumulación se estanca, es decir, sobreviene el derrumbe del sistema capitalista>>. (Henryk Grossmann: “La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista” Ed. Siglo XXI/México1979. Cap. 3 Consideraciones finales Pp. 386).
Pero que se sepa, ninguno de los más destacados teóricos asumió la supuesta teoría del derrumbe automático del capitalismo. En una carta ya citada por nosotros que Marx remitió a Engels el 30 de abril de 1868, siguiendo el curso de su pensamiento en los Tomos II y III de su obra central: “El capital”, concluyó diciéndole a su entrañable amigo que:

<>. (“Cartas sobre El Capital” Editora política La Habana/1983 Pp. 218).
Ergo: Si a estas alturas del proceso, los explotados y oprimidos seguimos confiando en que los vividores políticos profesionales de todos los colores al servicio del sistema, asuman nuestros propios intereses, ¡vamos de culo! ¡A ver si espabilamos de una vez por todas! Porque como dijera el propio Marx: “Nadie hará por los trabajadores lo que ellos no sepan hacer por sí mismos”

GPM.


1 Engañosa porque antes de los comicios la voluntad mayoritaria de los electores no suele coincidir con la verdadera intención política de los distintos candidatos. Fraudulenta porque después de eso que ellos llaman “la fiesta de la democracia”, los electos acaban haciendo todo lo contrario que prometieron.

2 El plusvalor relativo aumenta a expensas del salario con cada progreso de la fuerza productiva del trabajo, a instancias del desarrollo científico-técnico incorporado a los medios de producción (maquinaria y herramientas). Una explotación que al aumentar la eficacia productiva del trabajo, disminuye el valor y el precio de cada unidad de producto, dejando intacto el poder adquisitivo de los salarios y el nivel de vida de los asalariados y su familia.

3 El plusvalor absoluto aumenta intensificando los ritmos del trabajo humano por unidad de tiempo empleado, y/o mediante el aumento especulativo de los precios que conforman la canasta familiar de los asalariados, lo cual en conjunto atenta contra la integridad físico-psíquica del trabajador y el nivel económico de vida en su familia.


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