Los arquetipos, según jung



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LOS ARQUETIPOS, SEGÚN JUNG

Lo


que marcó la diferencia entre Freud y Jung fue su distinta concepción

respecto al inconsciente. Freud entendía que existe un inconsciente

personal, al que denomina subconsciente, y al que si bien le concede ser

el


motor principal de la psique, no pasa de un trasfondo de sentimientos

acumulados a través de la biografía de cada persona. Jung no podía

aceptar

tal concepción que reducía de sobremanera la dimensión humana. Jung

entendía

un inconsciente que iba mucho más allá de lo biográfico o personal.

Entendía

un inconsciente universal y “suprapersonal” al que denominó

inconsciente

colectivo.


Yo diría que Jung entiende muy bien la importancia del inconsciente y

hace girar toda su psicología alrededor del mismo. Entiende el papel

principal que el inconsciente desempeña en el centro de la psique, en un

equilibrio dinámico consciente - inconsciente, y se da cuenta

perfectamente

de que el pensamiento es intuición además de raciocinio y de sentimiento.

Nos da una imagen de hasta el punto que comprende el valor de la intuición

su acertada observación de que “no existe una sola idea o concepción

esencial que no posea antecedentes históricos”. Y los arquetipos,

alrededor

de los cuales gira la concepción psicológica de Jung, son los contenidos

o

estructuras de este inconsciente colectivo.


Hay una palabra que Jung utiliza muchas veces para expresar una

cualidad

esencial de los arquetipos, la numinosidad. Una y otra vez habla de la

fuerza numinosa de los arquetipos. Y cuando entendemos bien lo que

significa

esta palabra, el carácter sagrado o de deidad del numen, entendemos

también

el alcance que Jung concede a los arquetipos y al inconsciente. Reconoce,

en

efecto, en ellos una entidad real, que si bien deja para los físicos, se



trasluce continuamente en sus escritos, en los que siempre planea lo que

podríamos denominar una realidad metafísica de fondo. Reconoce al

inconsciente, aparte de la fuerza numinosa de los arquetipos, la

capacidad

de intuir y hasta la posibilidad de prever el futuro y, si esto

pareciera

poco, incluso le reconoce la posibilidad de hacerse con todo el control

de


la psique y “poseer” al individuo, como explicación a los conocidos

fenómenos de posesión espírita.


Jung busca e investiga a los arquetipos en las doctrinas de las tribus

primitivas, en las doctrinas secretas esotéricas, en las religiones, en

los

mitos y leyendas, en los símbolos del Tarot, en las imágenes de la



Alquimia

... y muy especialmente en los sueños, en los que se apoya para la

psicoterapia. Encuentra el ánima en el centro de la psique masculina y

el


ánimus en la psique femenina, siendo sus aportaciones al respecto

-ánima-ánimus- ya como un clásico dentro de la Psicología. Encuentra el

arquetipo de la madre, los arquetipos de la transformación, y muchos más.

Y

reconoce que su número es ilimitado.


Compara la fuerza de los arquetipos con la de los instintos animales.

Así


en “El hombre y sus símbolos” dice: “Son una tendencia tan marcada como

el


impulso de las aves a construir nidos, o el de las hormigas a formar

colonias organizadas”. Aunque no lo he encontrado claramente expuesto,

entiendo que Jung ya ve un continuum instintos - arquetipos, uno en el

terreno de las necesidades fisiológicas y básicas, y otro en un orden

superior propiamente psicológico.

DE PLATÓN A NUESTROS DÍAS


El gran precursor de los arquetipos fue el filósofo griego Platón, que

vivió

entre 427 y 347 a. d. J. Es evidente que, en general, los conocimientos



humanos siguen una evolución positiva con el tiempo. Podemos comprobar

repasando la Historia como el hombre va progresando paso a paso a través

de

un lento camino de descubrimientos. Pero ¿siempre sigue una evolución



positiva?. A mi entender, la revisión de la concepción filosófica de

Platón


es un ejemplo de que no siempre se sigue en todo un progreso lineal

ascendente. Su concepción ética y metafísica creo que es injustamente

olvidada o infravalorada o pretendidamente superada por la

intelectualidad

de nuestro tiempo. Y pienso que no hay motivo. Yo acabo de leer “Fedón”,

que forma parte de sus “Diálogos”, y me doy cuenta de que la sabiduría

de

este gran filósofo, discípulo y seguidor de Sócrates, dista mucho de



estar

superada en lo concerniente a Ética y Metafísica. Y, en lo que se

refiere a

otras cuestiones en las que hoy vamos muy por delante, hasta intuye que

la

tierra es redonda y flota en el cielo, e incluso explica que “Se dice



que,

si se mira la Tierra desde un punto elevado, se parece a uno de esos

balones

de cuero”. No me explico como lo sabían, pero de cualquier forma indica

que

Platón también en esto tuvo buen tino en elegir las informaciones. Pero



veamos su concepción respecto a los arquetipos.
Platón no veo que utilice la palabra arquetipo. Si bien arquetipo es

una


palabra griega, que si miro al diccionario griego encuentro que quiere

decir


“original”, de lo que habla Platón es de las “ideas”. Todas las cosas

materiales comprendía que tienen su modelo y su esencia en otra dimensión,

el reino de las ideas. Los cosas materiales y también las abstractas,

como


la igualdad, lo bueno, lo bello, lo justo, el amor, la santidad, lo

grande,


lo pequeño e innumerables cosas más, tienen su esencia en unas ideas que

habitan en el cielo empíreo. Y es nuestra alma la que puede recurrir a

estas

ideas a través del pensamiento porque posee su misma esencia. Platón no



concibe el pensamiento sin el apoyo de las ideas que asientan en otra

dimensión.


En los “Diálogos” de Platón, concretamente en “El banquete, o del

amor”, podemos encontrar en boca de Fedro que: “El Amor es un dios muy

grande... no hay dios tan antiguo como él... Según Hesiodo, al principio

existió el Caos, después la Tierra de amplio seno, base eterna e

inquebrantable de todas las cosas, y el Amor. Hesiodo, por consecuencia,

hace que la Tierra y el Amor sucedan al Caos.” En estas palabras podemos

encontrar un ejemplo paradigmático de la fuerza y el realismo, o mejor

la


numinosidad, que Platón confiere a las ideas, en este caso al amor. Y

aquí


me parece adecuado hacer unas reflexiones. En la Grecia Antigua

florecieron

las artes, las letras y las ciencias, y allí tuvo lugar el nacimiento de

la


genuina Filosofía. Aquel brote pujante y creativo de filósofos no deja

de


sorprendernos y nos hace preguntar por qué allí y entonces. A mi se me

ocurren algunos factores. La primacía militar, sin duda, fue un factor

que

lo hizo posible. También la democracia entiendo que fue un factor



primordial, por el hecho de reconocer en cada ciudadano el derecho a

votar y


¡a pensar¡, nada de lo cual se reconoce en las dictaduras. Pero lo que

quiero especialmente señalar, como factor positivo, son sus creencias

religiosas. Aquellos filósofos sabían muy bien que las historias y

andanzas

que se explicaban sobre los dioses del Olimpo eran meras fabulaciones,

pero


entendían una realidad subyacente. Entendían la existencia de otra

dimensión

bajo cuya influencia vivían. De alguna forma la vivenciaban. Lo cual les

alejaba del reduccionismo materialista y me parece un inestimable

reconocimiento a las posibilidades del hombre y una base y un acicate

para


ejercer la más noble de las artes, el arte de pensar.
Más todo esto sucedió hace casi dos milenios y medio, situémonos

ahora en

nuestro tiempo. Veamos primero que nos dice la Nueva Física. Actualmente

sabemos muchas cosas sobre Física, el progreso en este campo ha sido

espectacular. Sabemos de la naturaleza del calor, de la luz y de la

electricidad. Conocemos su naturaleza vibratoria. Maxwell, ya a mediados

del

siglo XIX, describió matemáticamente el espectro de las ondas



electromagnéticas. Para algunos observadores este fue el mayor

descubrimiento de la historia de la Ciencia. Yo diría, a todo caso, que

el

mayor descubrimiento ha sido el campo vibratorio, a cuyo logro



contribuyeron Maxwell y muchos otros investigadores. Y viene al caso que

hable del campo vibratorio porque él nos sitúa en lo que yo hasta me

atrevo

a llamar una nueva dimensión de la realidad. En efecto, ya no existe sólo



la

materia que se toca y percibe con nuestros sentidos. Ya no bastan tres

dimensiones para tasar toda la realidad, hace falta considerar el estado

energético vibratorio, y aquí veo yo una nueva dimensión de la materia.

Una

nueva dimensión de la realidad, este campo energético vibratorio, que



nos

acerca a hacer posible aquel cielo empíreo de las ideas. Así lo

vislumbran

muchos científicos, no todos ni quizá la mayoría que se ha quedado

anclada

en lo tridimensional, pero es evidente que se ha abierto claramente una

ventana desde el punto de vista de la Ciencia. Dos científicos que han

visto


claramente este resplandor han sido David Bohm y Rupert Sheldrake.
David Bohm, que falleció hace pocos años, fue un físico eminente,

conocido en el mundo científico por sus trabajos sobre Física Cuántica.

Colaboró con Einstein, trabajó con Oppenheimer. Bohm fue una de estas

personas que entendía bien que para que la materia se manifieste tal

como la

vemos necesita de un orden subyacente. Yo creo que podríamos dividir a

las

personas en: las que les llama la atención la necesidad de un orden detrás



de lo que ven y las que prescinden de este aspecto. En suma, asombrarse

o no


ante el orden de la Naturaleza. Los científicos, por ejemplo, son

propensos

a centrarse en lo que ven y miden y a prescindir de semejantes

consideraciones. Pues bien, en este aspecto, David Bohm no era un científico

típico, porque a él sí que le llamaba la atención el orden, hasta tal

punto


que fue un destacado investigador del mismo, y muchos de nosotros le

conocemos especialmente por esto. Bohm llegó a la conclusión de que el

mundo

material que nosotros vemos, tocamos y medimos es el orden explícito



(también llamado: explicado o desenvuelto). Y llegó a la conclusión de

que


detrás existe el orden que no se ve, el orden implícito, el cual a su

vez


procede de un orden superimplícito o supercampo, al que denomina

holomovimiento, por su dinámica holográfica en la que el todo está en

cada

una de sus partes. Verdad, amigo lector, que el cielo empíreo de Platón



así

ya parece una teoría muy actual.


Y el que acaba de actualizar la concepción platónica es Rupert

Sheldrake.

Este bioquímico inglés está propugnando que detrás de la materia y de

todo


lo que se nos hace aparente, incluso tan sutil como los pensamientos y

las


ideas, existen unos campos morfogenéticos, es decir unos campos que

engendran la forma de esta materia o de estos pensamientos e ideas. De

tales

campos morfogenéticos habían hablado ya anteriormente otros autores,



pero

Sheldrake le da al tema una especial vitalidad. Lo aplica a las moléculas,

a

los átomos. a la morfogénesis biológica, a la evolución, a los instintos,



a

la conducta y al pensamiento. El proceso formativo que tendría lugar a

través de un fenómeno de resonancia, la resonancia mórfica, está detrás

de


cuanto a nosotros se nos hace aparente, y sería necesario para dar

explicación a la vida, a la evolución, a la conducta animal y a muchos

enigmas que un reduccionimo materialista obstinado no puede responder.

Rupert Sheldrake es un personaje muy conocido en el mundo por la defensa

de

esta causación formativa y ha escrito varios libros al respecto. Se



trata,

en suma, de propugnar, dentro de los términos que permite la Nueva Física,

una nueva dimensionalidad que yo entiendo que es imprescindible para

completar el gran rompecabezas de la Naturaleza. En la línea que Platón

señaló claramente, y en la línea a la que David Bohm dedicó los máximos

esfuerzos.


LOS ESTADOS MODIFICADOS O NO ORDINARIOS DE LA CONSCIENCIA

Aparte de la vigilia y el sueño, el ser humano puede

experimentar diversos estados de la consciencia que podemos llamar

modificados o no ordinarios. Así por ejemplo tenemos: los estados de

consciencia patológicos que son característicos de las psicosis, los

estados


hipnóticos o modificados por la hipnosis, y los estados de consciencia

modificados por las drogas alucinógenas. También las fases culminantes

del

yoga así como el éxtasis místico llevan a estados característicos no



ordinarios de la consciencia. En lo que nos vamos a centrar

especialmente es

en los estados de consciencia que se consiguen a través de la técnica

establecida por Stanislav Grof y que llama terapia holotrópica.


Stanislav Grof es uno de los fundadores de la Psicología

Transpersonal y

tiene una amplísima experiencia en los estados de consciencia

modificados

por el LSD, de cuando este tipo de experimentación no le resultaba

ilegal. Y

ahora, desde hace ya muchos años, trabaja con la terapia holotrópica que

también lleva a unos estados modificados de consciencia, a través de una

técnica de respiración acelerada y profunda con la consiguiente producción

de hipocapnia (descenso del anhídrido carbónico). Siempre con la intención

de abrir nuevas posibilidades a la mente, de abrir a nuevos parámetros y

a

una nueva sabiduría.


Con estas vivencias alucinatorias, Stanislav Grof observa con

frecuencia

un salto cualitativo de las experiencias individuales a las experiencias

de


amplitud cósmica. Observa la sensación de que la consciencia del

individuo

se ha expandido, y también casos de regresiones e identificaciones a

recuerdos embriónicos o a nivel celular, y a animales o plantas, y también

recuerdos de antepasados y vivencias de episodios de vidas anteriores.

Podríamos decir, en suma, que estas vivencias alucinatorias nos

introducen a

un reino transpersonal - más allá de lo personal - de posibilidades

ilimitadas.
Dice Grof: “Si queremos comprender el reino de lo transpersonal

debemos


concebir la consciencia de una manera completamente nueva. Sólo entonces

podremos atisbar más allá de la creencia de que la consciencia es un

producto del cerebro humano, que se halla confinada en el interior de la

estructura ósea de nuestro cráneo... Contrariamente a lo que parece

mostrarnos la experiencia cotidiana, la consciencia es independiente de

nuestros sentidos físicos, aunque se halle, no obstante, mediatizada por

ellos en nuestra percepción cotidiana de la vida.”

Dice también Grof: “Nuestra investigación sobre los estados no

ordinarios de consciencia avala la concepción de C.G. Jung, quien sugería

que, en nuestros sueños y visiones, podemos experimentar mitos ajenos a

nuestra cultura a los que no hemos podido tener acceso mediante lecturas,

imágenes o conversaciones. Se trata, en definitiva, del inconsciente

colectivo, un océano infinito de conocimiento en el que todos podemos

beber.”


UNOS PATRONES DE CONDUCTA

Dentro del polifacetismo que es lógico encontrar en las

manifestaciones del inconsciente, una de estas facetas son los patrones

de


conducta. Una realidad que, muy justamente, llama la atención dentro del

ámbito de la Psicología. Yo pretendo, a continuación, exponer algunos

ejemplos representativos de patrones de conducta, según la visión de sus

autores y que son una incursión, forzosamente limitada, dentro de esta

temática de las pautas y proyectos de vida. Y excuso decirle, amigo

lector,


que cuando hablamos de patrones de conducta hablamos de arquetipos.

Siendo


como son universales, si no ¿de dónde provendrían?.
Un autor que se ha ocupado de los patrones de conducta es Allan B.

Chinen, que es psiquiatra y profesor de la Universidad de California en

San

Francisco. Ha escrito “Más allá de héroe”, sobre cuyo libro me voy a



referir. Su fuente de estudio han sido las historias y cuentos populares

recopiladas no importa de qué parte del mundo, y también ha indagado en

las

normas de las sociedades secretas y en las costumbres, el folklore y el



arte

de las sociedades primitivas. Se ha centrado en los relatos de hombres,

en

historias sobre varones maduros. Es una búsqueda de la virilidad madura



más

allá del héroe guerrero y patriarca. Más allá de este héroe típico,

guerrero

y dominador, personificado en la figura del rey - guerrero, con lo que

significa de agresividad, desprecio a los demás seres humanos y

desprecio a

lo femenino. Chinen busca, en las historias de hombres que han alcanzado

la


mitad de su vida, unos valores que provengan de una masculinidad

profunda. Y

encuentra al “cazador, chamán y tramposo”, que según sus cálculos e

investigaciones es más antiguo que el rey - guerrero. Encuentra un patrón

de

conducta que significa “una fuerza masculina que evita la guerra, honra



lo

femenino y reconoce el equilibrio de la naturaleza”.


El patrón de conducta de esta virilidad que va más allá del héroe

sabe


valorar el lado femenino, “la sensibilidad, la vulnerabilidad y la

intuición” inherentes a lo femenino. Y las historias de lo que Chinen

llama

el “hermano tramposo” aportan unos valores que implican ser “más



tolerantes con las diferencias de opinión, las ideas nuevas de las

generaciones más jóvenes y la propia complejidad interna”.


En los relatos estudiados por Chinen encuentra también una vocación a

“ir no se sabe dónde y a traer no se sabe qué”. Y puntualiza que “para

llevar a cabo esta llamada, los hombres necesitan toda la disciplina,

perseverancia y valor que aprendieron en sus luchas heroicas de juventud,

y

toda la astucia y cálculo que el Tramposo pueda enseñarles. Pero el



objetivo

de las estratagemas no es la recompensa personal ni la autosatisfacción

privada, sino más bien la generosidad, la creatividad, el bien común y,

en


última instancia, el enriquecimiento de la humanidad.” Y, un poco después

vuelve a insistir Chinen, “el rey - guerrero tiene un papel que desempeñar

en la vida de los hombres. Del héroe - patriarca los hombres aprenden

disciplina, perseverancia y valor. En el período heroico de la vida los

hombres desarrollan un fuerte ego, un sólido sentido de identidad y una

consciencia liberada de los instintos ... Los relatos de hombres son

claros

en este punto: sólo los individuos que ya han dominado la vía del héroe



y

del patriarca se embarcan en la búsqueda de algo que les trascienda.”


La mujer tiene sus características propias que determinan la sintonía

con


unos arquetipos también diferenciados, siendo precisamente éste un campo

-

el campo de los arquetipos femeninos - donde, a mi entender, puede y



debe

progresar el feminismo en su lucha por los valores auténticos. Muchas

autoras lo ha entendido así, y una de ellas es Maureen Murdock. Esta

psicoterapeuta y profesora de la Universidad de Los Angeles ha escrito

“El

viaje heroico de la mujer”, en el que se describe la trayectoria de una



serie de patrones arquetípicos que se suceden en la vida de la mujer.

También la mujer empieza por el arquetipo del héroe. “La heroína empieza

a

desarrollar habilidades masculinas”, intenta abrirse camino en el



competitivo mundo de la productividad y de la búsqueda del éxito. “Se va

enfrentando a las Pruebas de Camino en la medida que va teniendo que

aceptar

el desafío de superar los mitos de la inferioridad, la dependencia y

amor

romántico de la mujer”. Y “una vez que encuentra ese Tesoro del Éxito



dentro de un mundo de varones, o tras haber empleado hasta la propia

sangre


en el intento, la heroína experimenta un profundo sentimiento de Aridez

Espiritual.” Y aquí, en lo que se corresponde con una cierta madurez

propia

ya de la mediana edad, y con total similitud a lo que sucede en el varón,



empieza lo que podemos llamar el viaje post-heroico, el que vimos que

nos


llevaba más allá del héroe. Sigamos, pues, a Maureen Murdock.
La heroína intenta entonces recuperar los valores propios y más

genuinos

de la mujer. Busca a la Diosa, a la feminidad perdida. “Un período

aparentemente de vagar sin rumbo, de dolor y de rabia, que no parece

tener

final”. “La heroína anhela volver a reunirse con su naturaleza femenina



y a

curar la Ruptura Madre/Hija, la herida que resultó del rechazo inicial

de lo

femenino.” Posteriormente, en este viaje evolutivo, intenta la “sanación



de

lo masculino herido”, intenta recuperar la naturaleza masculina, y hasta

es

posible ver que “la heroína se convierte en una guerrera espiritual”. Y



el

final de este viaje, tal como lo señala Maureen Murdock, es conseguir

integrar sin reservas la parte masculina y la femenina, lo que significa

la


culminación de las energías y el no renunciar a nada de lo aprendido. La

heroína “puede navegar por las aguas de la vida cotidiana y escuchar

las

enseñanzas de lo profundo.”


Ann G. Thomas es escritora y ejerce de psicoterapeuta en California,

y en


la misma línea de los dos autores comentados, ha escrito “Esa mujer en

que


nos convertimos”. A través de su experiencia y apoyándose en cuentos,

mitos


y leyendas, observa las fases y patrones que se suceden a partir de la

mediana edad, cuando podríamos decir que comienza el camino hacia la

vejez.

Una primera tarea es descubrir el “oscuro femenino”. Es importante



hacerlo

porque esto les convierte en “mujeres sabias”, en contraste con lo

contrario, no encontrar esta sabiduría, que lleva al “tono incisivo e

iracundo de la bruja y de la hechicera malévola”. De igual modo la mujer

tiene que saber encontrar el arquetipo de la “buena madre”, con todo el

caudal de energía benéfica que ello significa para ella misma y para los

demás. Una etapa culminante la ve también Ann Thomas en la integración

del


ánimus, un complemento de madurez necesario que aleja a la mujer de la

agresividad, de la amargura o de la dependencia. Y, aún más al final, señala

al sentido personal que es indispensable dar a la vida: “encontrar la

historia de la propia vida, y desde ahí, extraer sentido y sabiduría.”


También investigando las distintas pautas de conducta, la analista

junguiana y psiquiatra Jean Shinoda Bolen ha escrito “Las diosas de

cada

mujer”. Entiende, al igual que los autores antes referidos, el



transcurso de

la vida de la mujer como el viaje de la heroína a través de

responsabilidades, obstáculos y peligros, y en pos de unos logros y un

sentido. Pero lo que fundamentalmente llama la atención a Jean Shinoda

es la

diversidad de tipos psicológicos de mujer, la forma distinta como cada



mujer

afronta sus problemas y enfoca su vida, o sea los diferentes patrones de

comportamiento que, como buena seguidora de Jung, interpreta como

arquetipos. Y teniendo bien clara esta diversidad, ha sabido encontrar

una

analogía entre estos patrones de comportamiento y los de las diosas del



Olimpo. Una idea interesante y lúcida porque estas diosas míticas en

realidad son la expresión de unos arquetipos universales. Muchas mujeres,

dice, cuando se les explica la historia de alguna de estas diosas,

asienten

con un “¡ajá¡” al sentirse identificadas con aquella problemática y

forma


de comportarse. Y la autora selecciona a siete diosas griegas, las seis

del


Olimpo a las que añade Perséfone, y a través de sus historias

reconstruye

unas pautas arquetípicas de comportamiento bien actuales en las que

puede


fundamentar su psicoterapia. Son las pautas de comportamiento respecto a

la


familia, al matrimonio, a la autonomía o a los sentimientos, de Artemisa,

de


Atenea, de Deméter... Con unos rasgos de universalidad que les hace de

todos


los tiempos y lugares.

MIS OBSERVACIONES Y MI CONCEPCIÓN SOBRE LOS ARQUETIPOS


1º/ Los arquetipos que he observado especialmente.- He observado

especialmente los arquetipos de la mesianidad y los de la trascendencia.

Veamos.

El arquetipo de la mesianidad me ha llamado poderosamente la atención



y

lo he visto aquí, allá y por doquier al reparar en la conducta humana.

Lo he

visto en los más cuerdos y en los más locos, en los más sabios y en los



más

ignorantes, en los creyentes y en los ateos, en las personas reales y en

las

de ficción literaria. Es precisamente en el mundo de la locura donde se



puede observar de una forma más espectacular, desnuda y sin ambages,

pero el


cuerdo no lo es mucho si no da un sentido y una finalidad a su vida, si

le


falta el toque de la mesianidad

.

Existen unos mesías auténticos, como Jesucristo, Moisés, Zaratustra,



Krishna, Buda o Mahoma, o cualquiera de los filósofos idealistas que ha

pretendido transmitir proyectos e ideas salvadoras para la Humanidad.

También existen los falsos mesías. En todos los manicomios hay alienados

con


ideas mesiánicas que pretenden ser portadoras de ideales o proyectos que

han


de salvar al mundo, o que poseen altos secretos del más elevado interés

e

importancia. Y los más peligrosos fueron -o son- aquellos personajes



que,

muy a distancia de los manicomios y al amparo de una reconocida “grandeza”,

en nombre de la patria, del orden, del progreso, de la raza o de un alto

destino, ejercieron un poder personal avasallador y violento. Como la

mayoría de los héroes guerreros, de los que la Historia de todos los

tiempos


nos ofrece abundantes muestras, con una mesianidad que hasta podemos

calificar, en muchos casos, de diabólica.


Pero también, amigo lector, existe la misión de cada uno de nosotros.

No


somos seres carentes de sentido, el hombre es un ser en busca de sentido.

Esta misma búsqueda ya es un impulso que no tendría explicación en un

reino

del azar. Nuestra admiración por el héroe que cumple con la misión que



le es

encomendada es un signo de esta influencia arquetípica. Nuestra vocación

hacia una profesión o a realizar algo, o nuestra aceptación de las

responsabilidades respecto a lo que nos rodea e incumbe, son una muestra

inequívoca del arquetipo de la mesianidad que planea sobre nuestras

vidas.


Reparar en los personajes históricos o los héroes de ficción que

admiramos,

y, sobre todo, indagar nuestras aspiraciones vocacionales, puede

clarificar

las influencias arquetípicas que nos impulsan y nos puede ayudar a vivir

en


paz con ellas, dando a nuestras vidas una salida operativa y

satisfactoria.

Unas influencias arquetípicas que, en realidad, si las observamos con

valores adecuados, si las interpretamos bien, lo que nos dicen es que

empleemos nuestras posibilidades para hacer un mundo mejor. A nivel

personal, familiar o social, en la medida de los talentos o

posibilidades

que nos hayan sido dados. Una mesianidad que empieza por nosotros mismos,

por nuestra propia evolución, sigue con el impulso a cumplir con la

maternidad o paternidad, y nos lleva a mirar con sentido de

responsabilidad

hacia nuestro alrededor.


Otro arquetipo que todos podemos observar con facilidad es el de la

trascendencia. Es el que nos hace captar la existencia de otra dimensión

trascendente, más allá de lo que nos es posible percibir a través de los

sentidos. A este respecto el mundo se divide en creyentes y no creyentes,

del mismo modo que hay altos y bajos o gordos y flacos. Creer en una

religión o en una dimensionalidad que nos trasciende ya es una buena

muestra

de la influencia de la propia realidad arquetípica. Claro que también

puede

ser un prejuicio impuesto de forma dogmática, pero, en lo que tiene de



genuina aceptación intuitiva, es consecuencia de la influencia arquetípica

de aquella realidad. Y aquí nos debemos plantear una pregunta muy

interesante: Los no creyentes ¿es que no están también expuestos al

influjo


de la misma realidad arquetípica?. Precediendo a la respuesta, bien

corresponde en este caso un veamos y punto y aparte.


Claro que unas personas son más receptivas que otras a los arquetipos.

Claro también que unos valores adecuados, que implican una “buena fe”

en el

mejor de los sentidos, sintonizan mejor con la dimensionalidad



trascendente.

Y ambas cosas, la receptividad y los valores, evidentemente marcan unas

diferencias entre creyentes y no creyentes. Pero poco sería el poder de

la


realidad arquetípica si no ejerciera ningún influjo sobre los no

creyentes.

Amigo lector, es que la realidad arquetípica ejerce también una poderosa

influencia sobre los no creyentes. Iré explicando diversos aspectos

emotivos, intelectivos o conductuales que delatan esta influencia

arquetípica. Probablemente no estarán todos los que son pero seguro que

son

todos los que están. Veamos.


1/ Cualquier creencia esotérica, cualquier convicción metafísica o

cualquier superstición es una buena muestra de la influencia de la

realidad

arquetípica.

2/ Los principios éticos y sociales son valores inherentes a cada

individuo, pero también están presentes en la realidad arquetípica. Y así

no

es de extrañar que el altruismo, el sentido de la justicia, o el



respeto

por la naturaleza y los derechos humanos, tengan una característica

universalidad, y no es de extrañar que el hecho de ser creyente o no, no

sea


a este respecto determinante.

3/ Los sentimientos y las aspiraciones romántias, esta exaltación del

amor, este presentimiento de unos horizontes lejanos indefinidos, esta

reivindicación de la intuición, esta ansia de volar por encima de lo

materiático... son consecuencia del influjo de la realidad trascendente.

4/ La fascinación por lo mágico es otro signo de esta influencia. Me

refiero, por ejemplo, a la fascinación por los cuentos y leyendas y

cuanto


tenga algo de mágico, como el cine de Supermán o la Guerra de las

Galaxias.

Esta magia de cuentos, leyendas o cine interesa a niños y adultos, si

bien


los niños son más receptivos, quizá por estar aún menos moldeados por la

influencia materiática de la educación y de la propia vida.

5/ El miedo a la muerte es otra muestra donde cabe observar la

influencia

de lo trascendente, si bien hay que hacer algunas matizaciones. El miedo

a

la muerte puede provenir, simplemente, del miedo a dejar nuestro mundo



material. Pero, ¿es esto sólo?. No es esto sólo. Así como la intuición

de


otra vida puede ser un evidente consuelo para morir en paz, también

puede


ser lo contrario y resultar una fuente de inquietud. Sea creyente o no,

porque la realidad arquetípica está más allá de las creencias.


2º/ Una realidad que rebasa al propio término “arquetipo”.- Amigo

lector,


hemos llegado a un punto en que Vd. puede hasta pensar en una exaltación

por


parte del autor. No es eso, es la propia realidad la que es capaz de

desbordarnos y sucede aquello que Hamlet advirtió a su amigo Horacio,

cuando

le dijo que hay más cosas en el cielo y la tierra de lo que en principio



cabe imaginar.

Creo que para no “escandalizarse” con los arquetipos hay que

entender a

fondo algunos conceptos de la Física. Esto es lo que he intentado hacer

yo.

Ha sido una larga aventura de muchos años, una búsqueda impulsiva en la



que

me movía por una fascinación más que por un objetivo concreto. Me comenzó

a

fascinar la Relatividad y me continuó fascinando la Física Cuántica, y



la

búsqueda duró años y años. Ahora, observe que he estado hablando en

pasado,

tengo la impresión de que ya llegué al final de esta aventura en el

campo de

la Física, que ya llegué a las cimas que me propuse. Efectivamente,

siento

la satisfacción de haber entendido algunas cosas y de haber alcanzado



unos

objetivos. Intentaré explicarle, en el espacio que considero prudencial

para

no alargarme inoportunamente, algunos de estas concepciones, que como



verá

tienen mucho que ver con la realidad arquetípica.


En esta aventura de búsqueda he asistido, como estudioso, al

descubrimiento, por parte de la Física, de la realidad vibratoria de la

materia. Estudié a fondo la discusión histórica sobre la naturaleza de

la


luz como partícula o como onda, vi traspasada esta misma cuestión a la

realidad última de la materia que son las partículas, y, por último,

pude

contemplar intelectivamente el gran descubrimiento de la Física Cuántica



que

llegó a entender muy bien que la realidad básica de las partícula

materiales

es el campo vibratorio. La propia concepción de la partícula así como su

medida se basa en la famosa ecuación de onda, fundamento de todo el

edificio

cuántico. O sea que el campo vibratorio pasa a ser una nueva dimensión

de la


realidad. Podríamos decir que hasta aquí asistí al espectáculo como

espectador, atónito por esta magna concepción del mundo científico, pero

como espectador. Sin embargo, llegó un momento que yo pensé que tenía

algo


que decir, entendí que las cosas no terminaban aquí, entendí que detrás

de


la vibración hay algo más. Veamos.

Se trata de entender si detrás del fenómeno vibratorio está el vacío

y

punto, o si existe otra realidad básica que da soporte a innumerables



aspectos que de otra forma se quedan “colgados”. ¿De dónde extrae la

vibración la substancia que vibra?, o dicho de otra forma, lo que vibra

¿es

el vacío?. ¿De dónde surge este maravilloso orden matemático que rige



al

campo vibratorio y que ya existía en tiempo del Big-Bang?. O ¿es que la

esencia de la realidad psíquica no exige una substancia propia, más allá

de


la simple “secreción neuronal”?. Me formulé estas y otras preguntas, y

tengo la sensación de que encontré unas respuestas. Por supuesto que no

acepté lo del vacío y punto como respuesta. Entendí que detrás del campo

vibratorio existe un campo puro o esencial, que es la materia prima, que

es

la fuente del orden y que es la esencia de la consciencia y de los



valores

de nuestra psique.


Entendí la existencia de un campo puro, esencial o primordial que es

la


esencia de nuestra psique. Y entendí el continuum Física - Metafísica

por el


que nuestra mente es una realidad psico - cósmica. Hasta puedo postular

que


este campo puro o esta realidad psíquica es un punto de referencia

universal

para la Física. Lo que Michelson y Morley buscaron en el éter, resulta

que


estaría en esta otra realidad metafísica. Entendí estas y otras cosas

que


explico en “El continuum Física - Metafísica” que publico por Internet

(www.psicostasia.com). Pero lo que nos interesa ahora es pararnos a

pensar

en la mente como realidad psico - cósmica, porque aquí, amigo lector, ya



encontramos esta base para los arquetipos que forzosamente nos tiene que

desbordar, por más fríamente que la observemos. Y tenemos que todo

concuerda: el cielo empíreo de las ideas de Platón, las teorías de Bohm

y de


Sheldrake, los hallazgos de la Psicología Transpersonal con los estados

modificados de consciencia... También otros investigadores postulan este

campo puro: el campo primordial de Guitton o la concepción mente -

materia


del propio Schrödinger, son buenas muestras que además indican que

vamos


por buen camino, del mismo modo que existen claros antecedentes lejanos

en


las grandes y más antiguas civilizaciones que sorprendentemente también

lo


intuyeron, o no tan sorprendentemente si contamos con esta realidad

psico -


cósmica.
Cuando entendemos esta realidad psico - cósmica entendemos la

naturaleza

de los arquetipos, y no sólo esto sino que al mismo tiempo comprendemos

que


esta realidad desborda al término “arquetipo”. Necesitamos una palabra

que


podamos aplicar a todos los entes de este campo puro o esencial. Yo

sugiero


el término “eidad”, en la línea de Platón, derivado de “eidos”, idea.

Podemos continuar hablando de arquetipos, que es una acertada expresión,

pero en determinados casos forzosamente la palabra se nos va a quedar

corta


y entonces nos conviene hablar de eidades o de substancia eidética. Se

me


ocurren algunos ejemplos de este desbordamiento del término arquetipo.

Veamos unos ejemplos.


Sea Vd. aficionado o no al fenómeno OVNI, habrá oído hablar de ellos

o

hasta quizá haya visto alguna luz misteriosa en el cielo nocturno. El



caso

es que muchas personas han visto alguna vez enigmáticas evoluciones de

luces

en la noche. Los comentaristas suelen enumerar las posibles



explicaciones, y

, dejando aparte como posibilidad los artefactos terrestres o de otros

planetas, si quieren completar el abanico de explicaciones, recurren a

que


pueden ser producto del inconsciente o que pueden proceder de otra

dimensión

que está aquí junto a nosotros. Pues bien, a mi entender, estas dos

posibilidades se convierten en una sola al aceptar la realidad psico -

cósmica, y sería más correcto hablar en este caso de eidades que de

arquetipos. Otro tanto sucede con las psicofonías, aquellas enigmáticas

voces “sin causa” que aparecen grabadas en casetes y son tema de

investigación parapsicológica . También en este caso se apela al

inconsciente y a otra dimensión, e igualmente podemos ver unificadas

ambas


posibilidades y se nos manifiesta la conveniencia de hablar de eidades.
Otro ejemplo lo tenemos si revisamos algunos arquetipos de la

trascendencia. Cuando un místico tiene un éxtasis superior conecta con

la

Consciencia Cósmica o, lo que es lo mismo con la Divinidad. Otras veces



el

místico conecta con entidades que podemos calificar como deidades o

divinidades. O también el romántico o el poeta conecta con lo

trascendente

cuando vislumbra un más allá perdido en el infinito. Y, naturalmente,

podría


citar más ejemplos, pero el caso es que, para incluir a todas las

entidades

trascendentes, la palabra arquetipo queda desbordada y encuentro más

adecuado utilizar un término como eidad que tiene una significación más

amplia e inespecífica.
Creo que la realidad arquetípica supera la actual terminología y va a

precisar además de toda una taxonomía. Será necesario considerar órdenes

superiores y órdenes inferiores o básicos. También entiendo que será

conveniente hablar de arquetipos o eidades generales y arquetipos o

eidades

especiales. Veamos algunos ejemplos. Hemos hablado de unos arquetipos

que

podemos incluir dentro de un orden superior, pero ¿y el ámbito de los



instintos es ajeno a los arquetipos?. Yo creo que no, entiendo que las

necesidades básicas, como lo relacionado con la supervivencia y el sexo,

están bajo los patrones de influencia arquetípica. De unos arquetipos

que


podemos denominar básicos o inferiores. Y en cuanto a lo de general y

especial, observemos las modalidades específicas dentro de una más

general

trascendencia que acabamos de mencionar, u observemos el arquetipo de la

mesianidad y veremos que, de una forma general, puede incluir otros más

especiales, como el arquetipo del héroe y todos los que se contienen en

los

patrones que van más allá del héroe.



Y todo apunta a que los arquetipos van a ser materia de estudio, no

ya


sólo para todo el próximo siglo, me atrevo a decir que van a ser materia

para mientras el hombre habite el planeta y tenga necesidad de saber. Yo

lo

veo como un tema que, si bien viene de antiguo, sólo se ha comenzado a



desbrozar. Lo que me permite prever a la Eidética - la ciencia que

estudie


la substancia eidética - con un gran futuro, o quizá mejor, como la

ciencia


del milenio al que entramos.

Corresponde al Cap. X de “La inteligencia intuitiva”, publicado a través



de

Internet, en la librería virtual de: www.psicostasia.com



In L.V.X

Miriam


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