Lo que la sabiduríA



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LO QUE LA SABIDURÍA


ANTIGUA ESPERA

DE SUS DISCÍPULOS


MANLY PALMER HALL

PRIMERA PARTE


ADVERTENCIA A LOS ESOTERISTAS

Por más que hoy día sea grande el número de movimientos religiosos tanto heterodoxos como ortodoxos, son muy pocas las organizaciones de esa naturaleza que inspiran a sus feligreses a servir a sus semejantes, dándoles orientaciones a la vez prácticas y espirituales. Uno a uno, los diversos cultos están siendo absorbidos por el materialismo y el espíritu comercial del mundo en el cual por necesidad fueron establecidos. No debe extrañarnos esto, puesto que muy difícilmente podríamos separar nuestra religión de nuestra vida cotidiana. Podremos darle múltiples nombres, pero ello no obstará para que la religión siga reflejando las creencias y el carácter moral de quienes configuran su organización.

Las formas modernas de vida no son saludables, las organizaciones erigidas por gente insana no pueden ser normales. El comercialismo ha atacado todas las esferas de la sociedad, se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida. El género humano de nuestra actualidad se ha enloquecido con la sed del dinero. Está enfermo de "ventajas personales". No hará nada por servir al prójimo; en cambio hará todo lo posible para que su mediocridad se transforme de la noche a la mañana en un poder comercial. El esfuerzo identificado con la falta de ética de la competencia es la responsable absoluta de estas condiciones de vida. La concusión ha eclosionado en todas las manifestaciones de la vida. No hay institución que no esté tocada, en cierta forma más o menos atenuada, de deshonestidad moral, y dado que no hay forma de vida que no esté comercializada y pervertida, tampoco podremos esperar que la religión haya escapado a esto.

La historia no registra prostitución mayor que la que hoy día se enmascara bajo el nombre de “psicología" y "nuevo pensamiento". El arte de atontar al público ha evolucionado desde la bufonada innoble de la Edad Media hasta el pulcro fariseísmo del siglo veinte. Del mismo modo en que las gaviotas siguen al barco, esta verdadera maldición de los tiempos contemporáneos ha seguido la cresta de la ola de autosuficiencia y perversión moral que produjo nuestra era comercial.

Bien entendidas, esto es, aplicadas al servicio de la humanidad, la psicología, la metafísica y el "nuevo pensamiento" resultan muy recomendables; más aún, sus verdades constituyen necesidades candentes para la humanidad ignorante de nuestros días. Pero, ¿qué es lo que ha ocurrido? Esos nombres han sido utilizados para concitar toda clase de infamias, en lo mental, lo moral, lo espiritual y lo físico, a tal grado que hoy día sólo conocemos la prostitución y la comercialización de las verdades por las cuales estas ciencias fueron creadas. Sus resultados se basan en la premisa de que la gente con quien trabajan, es demasiado ignorante para cobrar conciencia de la injuria que se está cometiendo con ella.

No debe creerse que estamos atacando los principios que fundamentan esos cultos y filosofías, como así tampoco la verdad que tales cultos y filosofías representan. Ni atacamos a la gente sincera que trata de ayudar a otros a formar y desarrollar el carácter. Sólo atacamos a la perversión de la verdad y a las personas que, ocultando sus crímenes bajo el manto de la sabiduría, desvían deliberada y conscientemente al público buscando solamente el engrandecimiento y enriquecimiento propio.

En el capítulo 14, versículo 30 del Evangelio de San Juan, dice Jesús: "Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada de mi." La Antigua Sabiduría no es de este mundo, pertenece a una esfera totalmente distinta. No le interesa a ella mejorar la condición material del individuo desde el punto de vista de ubicar a éste en posiciones ejecutivas o de rodearlo de opulencia. La Antigua Sabiduría trata de formar el carácter del ser humano, sabiendo que si se lo lleva a hallarse y a dominarse a si mismo, se habrá logrado mucho más que si se lo convierte en líder o rector de multitudes.

La Verdad expresa la síntesis de la Sabiduría Divina. La Verdad es la eterna realidad de las cosas. La psicología y la metafísica, tal como se enseñan en nuestros días, no son verdaderas, y las cosas enseñadas bajo la denominación de "verdad" no son nada mejores que aquellos que las enseñan. Un hecho intelectual no es necesariamente una verdad, y su mala aplicación constituye siempre una falsedad.

Cuando el individuo trata de ganar eficiencia burocrática a expensas de otros; cuando asiste a una escuela nocturna con el fin de aprender a ser un ratero moral, cobra el privilegio de actuar “a su manera”, en la medida en que esté dispuesto a aceptar las consecuencias del karma. Recordemos que cuando Lucifer decidió rebelarse contra Dios, la deidad le permitió hacerlo. Es desmoralizador para una comunidad el que la gente crea que Dios da o autoriza a que se dé clases de astucia comercial, de “ventajerismo”, de impedir juicios hipotecarios, o que Él recomienda meditar en silencio con el fin de eliminar cónyuges indeseables. La psicología moderna ha hecho aparecer deshonesto a Dios, tan deshonesto como las personas que promulgan estas doctrinas. Todo esto obra con efecto destructivo sobre la vida y la salud del género humano. Veamos algunos puntos en que la Sabiduría Antigua era firme y la religión moderna es endeble. Los tomaremos del mundo que nos rodea, del mundo cotidiano, sin necesidad de entrar en abstracciones.

1. En todo lo que se refiera a la adquisición de conocimientos, la Sabiduría Antigua dice: "Primeramente, purifica tu propia vida." Esto quiere decir exactamente lo que dice. Hasta que el egoísmo no haya sido desterrado del alma del estudiante, éste no podrá tener ninguna aspiración de conocimiento que le sirva para propósito alguno más alto que el del estímulo mental. Los cultos psicológicos del mundo moderno pasan esto enteramente por alto y omiten subrayar las virtudes esenciales de la naturaleza humana; en cambio, ponen énfasis en los deseos, en los apetitos de cosas que no pueden ser alcanzadas por medios normales. En un tiempo los hombres morían por la Verdad; ahora la Verdad muere en manos de los hombres.

2. Los apóstoles que murieron por su fe, los cristianos que cantaban en la arena mientras se soltaba sobre ellos a los leones hambrientos, o se los colgaba de estacas para que, convertidos en antorchas vivientes, iluminasen los jardines del palacio de Nerón, era gente que dio demostraciones vivas de sinceridad, humildad, honestidad y devoción a los primeros seguidores de Cristo. El propio Maestro fue guiado a la montaña por los demonios, y tentado por la visión de las fastuosas ciudades tendidas en los valles. Los antiguos iniciados fueron tentados por las cosas de este mundo. Buddha, junto a la cuna de su pequeño hijo renunció a las riquezas de la vida mundana y se decidió por la vida peregrina del asceta. La gran necesidad de misericordia inundó su alma, y lo sacrificó todo a su amor grande y desinteresado. Las voces mundanas tientan de continuo a los estudiantes; sólo los que son fuertes alcanzarán la sabiduría que buscan. El verdadero ocultista no aspira más que a la sabiduría. Cuando Salomón levantó sus manos a su Dios, Jehová habló desde los cielos para preguntarle qué quería, y Salomón respondió pidiéndole el don de la sabiduría. Jehová le preguntó si no deseaba alguna otra cosa; Salomón respondió: "No; solo quiero sabiduría". Y Dios dijo a Salomón que por haber pedido únicamente la sabiduría, le daría además todas las otras cosas, y que a partir de ese día y hasta el fin del mundo, no habría rey más rico, más grande ni más lleno de bendiciones que él. Estos son puntos dignos de ser considerados a la luz de la psicología moderna.

No bien escuchamos las palabras de los exponentes modernos de las cosas divinas, echamos de ver que logran convertir a la gente al ofrecer al ignorante precisamente las mismas cosas que los maestros antiguos rechazaron como tentaciones del demonio. Los líderes de los nuevos cultos prometen repetidamente a sus discípulos las “ciudades de los valles”. Y los crédulos seguidores de tales “maestros modernos” se atropellan unos a otros para caer a sus pies y aprender cómo, a través de la “personalidad magnética” o la “gimnasia mental” se puede adquirir las posesiones terrenales que los “maestros modernos" les han prometido. El crimen no está en desear las cosas de este mundo, pues hasta cierto punto, esas cosas son necesarias y buenas. El hombre no estaría ubicado en su esfera si no esperase lograr algún provecho de su estudio y su experiencia. El crimen, el mal, está en simular que estas doctrinas pervertidas obedecen a una inspiración espiritual y el asumir que el deseo principal de Dios es hacer que la gente alcance la independencia económica.

3. Compare el lector a los iniciados de otros tiempos, luchando para convertir a gente que no podía entenderlos, combatiendo la idolatría y la superstición, tratando de modelar un concepto más verdadero, más noble de la vida, peregrinando días y días por las ardientes arenas, como Moisés en el desierto, compare el lector a esas verdaderas mentes rectoras con las vanidosas mentes "rectoras" de nuestros días, y pregúntese luego a quién de ellos podría seguir. El género humano jamás ha deseado lo que le hace el mayor bien, pero, al igual que una criatura, tiende los brazos y llora pidiendo la luna. Hoy el género humano ignora qué es lo bueno para él; los individuos, en lugar de tratar de desarrollar simétricamente, armoniosamente, su constitución, han enloquecido tras un sistema de abracadabra filosófico que promete “algo” por nada, y permuta la sabiduría divina a precios módicos.

4. Sin esfuerzo, no hay inspiración; nadie puede cumplir por nosotros las tareas que a nosotros están encomendadas. La Sabiduría Antigua exigía muchos años de purificación y de preparación antes de que sus adeptos pudiesen considerarse aptos para impartir aún la instrucción más elemental. En cambio hay muchos ocultistas modernos que enseñan volublemente la matemática pitagórica y la numerología, y si uno asistiera sus “clases” todos los días por espacio de una semana, quedaría pasmado, por cierto en grado extremo, de lo poco que estos saben. Los ocultistas modernos se extrañan de que la mayoría de las claves de los misterios pitagóricos se hayan perdido para el mundo. La respuesta es simple. Jamás Pitágoras instruyó a ningún discípulo suyo en ninguno de sus conceptos filosóficos, antes de que tales discípulos hubiesen pasado por cinco años de la más estricta disciplina: entre otras cosas, una de las prescripciones de tal disciplina era la de que, durante los cinco años, no debían pronunciar una sola palabra, de manera de que luego supiesen sujetar la lengua. Realmente, tendríamos mucho menos trabajo si nuestros psicólogos actuales dejasen de hablar durante cinco años dado que la mayoría de ellos no predica con más fundamento que el de la elocuencia que le da un estudio de dos semanas adquirido de alguien no mejor informado que ellos mismos.

5. Hay otra clase de gente que discute el problema del infinito con la soltura más increíble, cuando todavía no ha llegado a ponerse de acuerdo con lo finito. Una de las reglas más interesantes de la Sabiduría Antigua es la de que ninguno de los iniciados debe discutir el Absoluto. Explican la hipótesis de la Causa Primera, pero establecen al fin que ningún ser humano, incluidos ellos mismos, conoce lo suficiente como para emitir una opinión o una definición inteligente al respecto; y ningún hombre sabio pretende discutir sobre lo que no conoce.

Cuando preguntaron a Buddha acerca de lo Absoluto, rehusó discutir el tema. El mismo silencio observó con respecto a los dioses, pues sentía que estaban por encima del plano de la inteligencia humana. Se le consideró, por consecuencia, ateo o, al menos, panteísta, cuando en realidad fue su respeto y reverencia a la deidad lo que lo llevó, en su sublime sabiduría, a dejar de pronunciar palabras cuya insuficiencia no haría más que profanar las cosas sagradas. Cuando los discípulos de Sócrates interrogaron a su maestro acerca de lo absoluto, éste rehusó discutir el tema, diciendo que ello sobrepasaba su saber, amen de que no tenía finalidad práctica en la vida cotidiana. Pero siempre habrá tontos que se zambullen donde los ángeles no se atreven a entrar. Mientras las inteligencias más grandes que produjo la humanidad no se atrevían a profanar con palabras lo que consideraban demasiado sagrado para ser abarcado por palabras, más de una persona sin información, ni idoneidad, ni nada mejor, trata de impresionar a los ignorantes con la discusión voluble de cosas que no conoce.

6. Sólo hay una serie de verdaderos ejercicios en el mundo: los llamados ejercicios esotéricos. Todas las naciones los han adoptado, agregando alguna modificación necesaria a las particularidades de raza, color y cualidades orgánicas. Los cristianos tomaron los suyos de los judíos, los judíos de los egipcios, los egipcios de los brahmans, y, así sucesivamente ad infinitum. Al dar Buddha una fe a la India, no hizo más que dar una doctrina para la consideración del pueblo, pues, siendo él mismo un Brahman, siguió el culto brahmánico de los ejercicios esotéricos. Los así llamados ejercicios esotéricos son aquellas fórmulas dadas directamente por labios de los iniciados a sus discípulos, bajo la promesa del secreto más absoluto, con el fin de que tales discípulos practiquen esos ejercicios para la espiritualización, eterización y purificación de sus cuerpos.

Uno de los peores crímenes de entre los que se cometen hoy en día es el de la enseñanza, por parte de “ocultistas” actuales, de prácticas dementes, homicidas y suicidas, encubiertas bajo la divisa de “instrucciones esotéricas”. Si estas prácticas o “instrucciones”, son llevadas a cabo persistentemente, ocasionarán con frecuencia la muerte del incauto estudiante. Una característica de la mente común de Occidente es el de su incapacidad para concentrarse con intensidad durante el tiempo suficiente sobre ninguna cosa; esto resulta favorable cuando evita el caer víctima de los oculistas falsos de nuestros días. Las instrucciones esotéricas que han ido a parar a manos de gente inhábil, ha sido a consecuencia de la traición a los votos que cometieron algunos iniciados de grados inferiores los cuales no fueron merecedores de haber adquirido tales instrucciones. Para recibirlas de esas fuentes, el recipiente también tiene que convertirse en cómplice del crimen. No sólo eso, sino que, además, el estudioso que accede a escuchar las instrucciones falsamente obtenidas, anula toda posibilidad de adquirir cualquier bien que en otra forma podría obtener, para si mismo.

Nadie que haya recibido las instrucciones sin la necesaria, preparación y aprendizaje que prescribe la Gran Escuela, podrá alcanzar la penetración espiritual anhelada. Mucho aflige a los Maestros ver a gente que, pudiendo obtener mejor realización, chapucea con así llamados ejercicios esotéricos, reuniéndose en círculos, meditando teatralmente, revolviendo los ojos y esperando sentados en recintos oscurecidos a la espera de alguna visión etérea. Pero no es el solo hecho de que haya gente que hace esto lo que aflige a los Maestros. Lo peor es la comprobación de que existen discípulos cuyo poder de discriminación ha permanecido en un nivel tan bajo que les permita ser cómplices de tales absurdos. No queremos decir con esto que no verán cosas, oirán voces y obtendrán ciertos poderes mediúmnicos. Queremos decir que serán menos útiles después de haber obtenido tales poderes que antes de haberlos adquirido, pues tendrán que desaprender lo aprendido sin sabiduría.

7. Los Maestros están siempre dispuestos a confiar en los discípulos y estudiosos que se muestren deseosos de recibir esa sabiduría que tan perentoriamente necesita el mundo. Si el estudioso desea convertirse en Maestro, se le propondrá una misión; que cumplir; naturalmente, si se prepara honesta, sincera e inteligentemente. La razón por la cual se imparten tantas falsas doctrinas radica en que la gente que tiene idea de ellas no se pregunta a sí misma si "esta teoría que tengo es verdadera". ¿Estoy viviendo la clase de vida que me permita recibir en mi alma la Verdad? ¿Soy desinteresado, franco, obediente, humilde y consagrado a mi tarea? ¿He llegado a desarrollar mi mente de manera tal que ya pueda pensar? ¿He abierto mi corazón de manera que ya pueda sentir? Si no lo he hecho, la cosa que he recibido ha sido deformada por el cristal a través del cual reluce, de modo que lo único que podré dar al mundo es una imagen deforme, una representación deshonesta de la verdad. ¿Consagro mi vida actual, con todo lo que soy, desinteresadamente y sin reservas, a mi tarea, o no soy más que un chapucero intelectual? ¿Soy un triunfador o un fracasado en la vida? ¿Estoy rodeado de amigos o de enemigos hechos por mí mismo? ¿Me respeta mi comunidad? ¿Dejo que los demás vivan su propia vida o trato de imponer mis creencias a cuanta persona entre en contacto conmigo? ¿He recibido o no he recibido, conscientemente y por encima de toda posibilidad de exageración mental, la instrucción personal de las verdaderas escuelas ocultistas? Yo y sólo yo sé esto. El resto del mundo, excepto unos pocos iluminados, tiene que creer en lo que digo. Si no he recibido tal instrucción, ¿soy lo suficientemente grande como para admitirlo y decir, con respecto a mis doctrinas, que no son más que opiniones personales mías; o proclamo tales opiniones como verdades universales, basado simplemente en el hecho de que yo creo en ellas?

El estudiante ha de plantearse todas estas preguntas, pues sólo él podrá responderlas; si no es honesto en punto a estas verdades fundamentales, puede llegar a perjudicar a mucha gente. Si cada maestro y discípulo se interrogase a sí mismo de ese modo, se evitaría muchas aflicciones, pues maestro y discípulo reconocerían que del mismo modo en que un árbol enfermo no puede dar buenos frutos, un cuerpo lleno de pecado o una mente pervertida, no pueden transmitir sabiduría. Lo igual engendra lo igual; el individuo excéntrico tiene ideas excéntricas, mientras que la mente sana ve las cosas sanamente.

8. Los psicólogos de hoy día nos enseñan que una persona puede influir sobre otra y llevarla a hacer cosas contrarias a su naturaleza. Es por eso que todo estudioso de las Escuelas de Misterios ha de tener cuidado, si es que estudia con algún psicólogo de que este psicólogo no lo esté “psicologizando”. Si alguien le enseña a uno cómo aventajar al prójimo, cómo utilizarlo para los propios fines, habrá que tener cuidado en que ese alguien no descubra la credulidad de uno y la capitalice por medio de la demostración de lo “aplicable” que resulta su filosofía. Estas cosas obran de dos modos; si uno espera “psicologizar” a otros, tendrá que estar dispuesto a ser “psicologizado” por esos otros. Pues la regla que no obre de dos maneras es una regla bien pobre. Lo que la gente quiere es que se invierta esta regla para su beneficio. La psicología “psicologizó” al público hasta que, en la misma forma que los niños siguieron al flautista de Hamelín, las mentes infantiles siguen las enseñanzas falsas hasta perderse en lo desconocido.

9. Entre los así llamados estudiantes de la verdad vemos los frutos del engaño que padece el mundo, enfermizos, nerviosos, incapaces de resolver sus propios problemas, lo pasan tratando de curarse los unos a los otros y esperando, como Micawbers espirituales, que ocurra algo. Hubo un tiempo en que esta gente fue útil, en que tales “estudiosos” fueron miembros inteligentes de su comunidad; pero actualmente se han enredado tanto en absurdos mentales que ya no prestan ninguna utilidad ni a sí mismos ni a la sociedad en general. Los más de entre ellos son como espantajos que asustan a sus semejantes apartándolos de la senda de la sabiduría.

10. La Sabiduría Antigua es sana y sensata. Trata de resolver los problemas que nos acosan hoy día. Es espiritual y racional en el sentido más elevado de la palabra. Trata de capacitar en mayor grado a hombres y mujeres, para encarar los problemas de las generaciones futuras. Se basa en las leyes de causa y efecto. No tiene fórmulas “patentadas”, ni “fórmulas sintéticas”, sino que moldea firme y sólidamente los caracteres de quienes se unen y colaboran con ella. La Sabiduría Antigua no es impartida por maestros juglarescos, sino por grandes mentalidades que se han dedicado desde el comienzo del mundo a la promulgación de las verdades sagradas. La Antigua Sabiduría habla con la experiencia de la eternidad, puesto que ha guiado y dado el ser a miles de naciones y sepultando a otras tantas cuando se desviaron del camino recto. Las naciones de la antigüedad que todavía existen son aquellas que han conservado sus leyes, mientras que las naciones que han caído, que han desaparecido, son aquellas que ignoraron los mandamientos de la Sabiduría Antigua.

No hay honor más insigne que el de ser llamado al servicio de esta eterna Sabiduría, que existió antes de todo principio y que, al final, llegará a ser el cuerpo exotérico visible que rija el planeta. Al trasponer las puertas del templo de esta Sabiduría, el ser humano pasa de lo temporal a lo eterno, de la ignorancia a la sabiduría. Es fuerte y grande esta Sabiduría Antigua. Es la tierra humedecida por las aguas de la vida, donde arraigan las semillas de toda doctrina, fe y religión. Toda doctrina, toda fe y toda religión se nutren, crecen y dependen de ella, florecen y se glorifican; y el oscuro suelo, el misterioso humus de donde surgen es la Sabiduría Antigua. De ella vienen; a ella retornarán. Son temporales; ella es eterna.
SEGUNDA PARTE
EL ADVENIMIENTO DE LAS ESCUELAS DE MISTERIOS
Desde los tiempos más remotos, la creencia en un Ser superior y supremo, que se manifiesta en la totalidad de lo que el ser humano sólo manifiesta en parte, ha sido una verdad y creencia básica compartida por todos los humanos. El hombre primitivo, abriéndose paso por el lodo y el fango de los pantanos paleozoicos, se golpeaba el velludo pecho con sus largos y deformes brazos y elevaba su grito hacia un Dios desconocido. Y hasta los velludos antropoides de nuestros días, según nos cuentan los exploradores, tienen ciertos rudimentos de prácticas religiosas. Sin alma pero sapientes, elevan al cielo su caras semihumanas y juntan sus manos como para rezar. Nadie sabe desde cuándo existe el espíritu de veneración - el intenso deseo de expresar la gratitud por el simple privilegio de existir -, pero no cabe duda de que es tan antiguo como la historia misma. Los primeros escritos que se conocen se refieren a los dioses. Probablemente, los primeros edificios fueron templos, pues día a día vamos cobrando conciencia cada vez mayor de que toda estructura existente en la naturaleza es un santuario construido sin acompañamiento de voces humanas o golpes de martillo. Pero no sólo es un santuario, sino también un altar. Y no sólo es un altar, sino también la ofrenda que se hace en el altar. No hay voz, no hay pueblo que no rinda culto a algún Dios, a alguna presencia sentida en silencio, a algún poder visto en el cielo.

La totalidad de los seres humanos se dividen en cuatro clases generales, pero cada ser humano vive únicamente en una parte de si mismo, o, más bien, reduce las restantes partes para hacer resaltar por encima de ellas su parte predominante. La más baja de tales divisiones es la de la naturaleza física; los que en ella residen son de “tierra”, son “terrestres”; no viven más que para la satisfacción de su naturaleza física. Su idea del cielo es la de un lugar donde hay mucha comida, mucho fasto y poco a ningún trabajo que realizar. Son los Sudras Brahmánicos, quienes nacidos en cadenas, están condenados a vivir y morir atados a los grillos de la baja calidad orgánica. La misma estructura de sus carnes y huesos les impide tanto la fineza o perfección del cuerpo como la del alma. Las mentes de tales seres sólo funcionan en parte. Sus cuerpos antes parecen prisiones que lugares de residencia. Se diferencian de los otros temperamentos como el caballo de tiro se diferencia del caballo árabe de pura raza. Lo mismo que caballos de tiro, tales seres viven para llevar a cabo las tareas más bajas, sumidos en el tráfago de sus mediocres destinos. Son los trabajadores que, en verdad, se ganan el pan con el sudor de su frente. Si se les da opulencia, no son capaces de mantenerse en ella. Si se los rodea de lujo, son incapaces de apreciarlo. Son los seres oscuros, terrestres, que deben inclinarse por siempre ante la inteligencia. No aman a Dios porque no lo comprenden. Son como los velludos antropoides, que elevan los brazos hacia elementos desconocidos.




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