Literatura inglesa I tema 6: El teatro de Shakespeare II



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La identificación del cuerpo del monarca con la monarquía y el estado propició que cualquier delito contra la persona del rey fuese un delito de estado. Se ha analizado asimismo la dinámica de connivencia y resistencia frente a los intereses de la corona, dada la dependencia de los dramaturgos con la corte. La ofensa de la mujer al marido rebasaba el carácter individual para adquirir connotaciones sociales. Para Tennehouse, el paralelismo entre el ámbito individual y el social era evidente para el público.

En el caso de la mujer aristocrática, su cuerpo despliega una homología con la monarquía y cualquier indicio de polución afecta al conjunto del cuerpo social. La posesión de su cuerpo implica la del estado. El cuerpo femenino se rige en icono del estado y hay que garantizar su inviolabilidad.

El neohistoricismo se apoya en Foucault quien en su obra Vigilar y Castigar analiza la reforma de los sistemas carcelarios y dice que el cambio consistió en el refinamiento del castigo, sustituyendo el doblegamiento asociado al suplicio físico por el sometimiento psicológico que conseguía cuerpos dóciles. El éxito del sistema se basa en una compleja red de vigilancia social con los mecanismos para su interiorización.

En multitud de obras del período las protagonistas femeninas constituyen una amenaza para la integridad de la jerarquía de la sangre, al permitir la penetración de un advenedizo en el cuerpo político. Todas ellas toman decisiones contra los parientes masculinos lo que amenaza con enturbiar la pureza de sangre aristocrática. Su sexualidad es una forma de corrupción y son castigadas por ello.



El discurso de la obra es más complejo porque Webster adorna a la duquesa con toda suerte de virtudes, al igual que a Antonio. Sus detractores no son en modo alguno comparables al padre herido de King Lear sino seres despreciables. Pero los argumentos aducidos son los usuales, relacionados con el honor masculino y la lujuria femenina. Y aunque la duquesa se rebela inicialmente contra lo que considera una opresión, el autor pone en sus labios el reconocimiento de la señal del castigo divino, la interiorización y el acatamiento:

A partir de ese momento resta la resignación ante lo inevitable. Su única súplica es por la prontitud de que se le ahorre sufrimiento.



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