Literatura española



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LITERATURA 2º BACHILLERATO. TEMA 3.
REALISMO Y NATURALISMO.



  1. CONTEXTO HISTÓRICO.




  1. Contexto histórico y social.

- Cronología: Segunda mitad siglo XIX

- Con la revolución industrial se implanta la sociedad capitalista.

- La burguesía llega al poder y se vuelve conservadora. El liberalismo burgués anterior se divide entre conservadores y progresistas.

- Además hay tensiones entre la burguesía y el proletariado. Surgen las ideologías revolucionarias, (socialismo, anarquismo, etc.). El movimiento obrero se organiza en la I y la II Internacional.

- En toda Europa hay gobiernos absolutistas conservadores que fomentan el nacionalismo patrio y las políticas imperialistas. Se trata de unificar los factores culturales y los mercados interiores: unificación alemana 1871, italiana 1870, desarrollo de potencias como EEUU y Rusia. Luego viene la expansión colonial de la vieja Europa en busca de nuevos mercados y materias primas.




  1. Contexto cultural.

Nuevas corrientes filosóficas: - Positivismo: opuesto al Idealismo romántico.

- Materialismo: sólo interesa la materia.

- Marxismo: desea destruir la sociedad burguesa.

Nuevas corrientes científicas: - Experimentalismo: todo debe comprobarse.

- Evolucionismo: (Darwin, evolución especies).

- Leyes de la herencia: (Mendel). Determinan.

- Psicología y Sociología, (ciencias nuevas)


  1. Aplicación al contexto español.

Economía: Pobreza. La población crece pero la industrialización es insuficiente.

Sociedad: Continuas tensiones sociales y políticas entre distintos sectores sociales.

- Burguesía–Aristocracia (dos Españas enfrentadas, innovadora-tradicional).

- Burguesía dividida: Conservadores-Progresistas (no se ponen de acuerdo).

- Burguesía-Movimientos de izquierdas, (demócratas, republicanos, etc.).



Política: - Hasta 1868. Isabel II. Gobierno liberal conservador.

- Revolución del 68. Amadeo I. I República. Triunfo burguesía progresista.

- 1875. Restauración borbónica. Alfonso XII, hijo de Isabel II. Turno partidos.

Cultura: Refleja las luchas de la época. (No se consigue la convivencia pacífica).



  1. EL ARTE Y LA LITERATURA EN LA 2º MITAD DEL S. XIX.

La literatura recoge las ideologías políticas, las luchas sociales y el afán científico. Los nuevos movimientos literarios son el Realismo y el Naturalismo, que no se oponen al Romanticismo, sino que representan su evolución: desarrollan el “costumbrismo” romántico con intención crítica, pero eliminan lo fantástico y lo sentimental.




  1. La novela realista.

En el Realismo se busca la reproducción exacta de la realidad, para lo cual se usan técnicas científicas como la observación y la experimentación. Incluso se utilizan las nuevas ciencias: la psicología para la descripción de personajes y la sociología para la pintura de ambientes. El retrato fiel de la sociedad obedece a un propósito de crítica social. Para conseguirlo el autor debe adoptar una posición lo más objetiva posible, aunque la crítica se adivina a través de la frecuente ironía del narrador.

El género literario que mejor se adapta a estos objetivos es la novela, que experimenta un gran impulso en esta época, sólo comparable al que le diera Cervantes en el Siglo de Oro. Se produce una profunda renovación de las técnicas narrativas: predomina el narrador omnisciente, más poderoso que nunca, pero aparecen nuevos tipos de narrador, por ejemplo el narrador testigo, un personaje secundario que contempla los hechos directamente, a veces un narrador protagonista, más objetivo que el de la picaresca. Los personajes presentan una psicología compleja y en su caracterización se usan técnicas novedosas como el monólogo interior, que consiste en reproducir sus pensamientos en 1ª persona, a veces de modo caótico, tal como se forjan en la mente humana. En ocasiones se recurre al sueño y al delirio para revelar motivaciones ocultas del subconsciente, siguiendo las doctrinas de Freíd. Los diálogos se reproducen con métodos tradicionales a los que se añade el estilo indirecto libre, que permite la matización del narrador en 3ª persona y evita la reiteración de los verbos de lengua. Para la pintura de ambientes se utilizan descripciones detalladas y precisas. El estilo literario es sencillo y sin adornos. Se busca la fiel reproducción de los distintos registros lingüísticos de la sociedad, incluso los más vulgares, o las jergas, o las variantes regionales, o el lenguaje infantil, o el habla de personajes extranjeros.
Entre los autores europeos inspiradores de la nueva corriente destacan los franceses Balzac y Flaubert, (el creador de Madame Bovary), o el inglés Dickens, (padre de criaturas desvalidas como Oliver Twist y David Copperfield). En la narrativa rusa están Tolstoi (Guerra y paz, Anna Karenina) y Dostoyevski (Crimen y castigo).

Para los autores españoles, el realismo había sido una constante desde La Celestina al Quijote, pasando por la novela picaresca, así que los escritores de la época recogieron enseguida la influencia del realismo europeo. Pero hay dos vertientes en el Realismo español. El realismo tradicionalista representa una realidad idealizada y defiende valores tradicionales; en él destacan Pereda, cantor del mar y la montaña de Cantabria, (Peñas arriba, Sotileza), y Valera , (que describe una Andalucía brillante en Pepita Jiménez o Janita la Larga). El realismo más puro y crítico, de ideología progresista, está representado por Galdós, el gran pintor de Madrid, y Clarín, retratista de Oviedo desde las páginas memorables de La Regenta.


Galdós es el mejor retratista de la sociedad burguesa. Tiene una larguísima producción caracterizada por la observación que le permite copiar fielmente la realidad y así denunciar sus defectos. Sus personajes pasan de una novela a otra y se retratan mediante el simbolismo de sus nombres, sus acciones, palabras, pensamientos y sueños. Entre sus obras destacan los Episodios nacionales, serie de novelas históricas sobre los hechos del siglo XIX. Las Novelas Contemporáneas son un auténtico fresco de la sociedad madrileña con claro protagonismo femenino: Fortunata yJacinta, Tormento, Misericordia, La de Bringas. El abuelo es quizá su obra más naturalista.

Viridiana, Nazarín... (Novelas Espirituales; algunas llevadas al cine por Luis Buñuel).



  1. La novela naturalista.


La novela naturalista es el producto del Realismo llevado al extremo. Su fundador fue el francés Emile Zola, cuyas teorías sobre la novela se basan en conceptos científicos: materialismo, (el hombre es sólo materia, no hay ningún componente espiritual), determinismo, (todo individuo está determinado por la herencia genética y las circunstancias sociales en las que vive), y experimentación, (conociendo las circunstancias de un individuo se puede predecir su comportamiento, así que el novelista experimenta con sus personajes y los coloca en situaciones límite). Para poner en práctica estas teorías Zola elegía personajes conflictivos, (psicópatas, delincuentes, enfermos mentales…) y los colocaba en ambientes marginales, de modo que sus novelas reflejan el rostro más oscuro de la sociedad. Las teorías de Zola exigen un ateísmo absoluto, no pudieron ser asumidas por los escritores de su época, que en general eran cristianos. Así que el único naturalista puro es el propio Zola. Pero otros autores copiaron sus técnicas: temas truculentos, ambientes turbios, personajes sórdidos, lenguaje vulgar, observación y documentación… Hay ejemplos en Galdós y Clarín pero sobre todo en Emilia Pardo Bazán y V. Blasco Ibáñez.

TEXTOS PARA COMENTARIO.

A tener allí la flauta y no estar dormida Serafina, hubiera acompañado con el dulce instrumento aquellas melodías interiores, lánguidas, vaporosas, llenas de una tristeza suave, crepuscular, mitad resignación, mitad esperanzas ultratelúricas y que no puede conocer la juventud; tristeza peculiar de la edad madura que aún siente en los labios el dejo de las ilusiones y como que saborea su recuerdo.

Pero ya que no la flauta, tenía la pluma: la pluma, que no hacía ruido, sino muy leve, al rasguear sobre el papel con aquellos perfiles y trazos gruesos, enérgicos, en claro-oscuro sugestivo, equivalente al timbre de una puerta o de una placa.

Sí, poco a poco fue sintiendo Bonis que la música del alma se le bajaba a los dedos; las curvas de su arabesco se hacían más graciosas, sus complicaciones y adornos simétricos más elegantes y expresivos, y la indeterminada tracería se fue cuajando en formas concretas, representativas; y al fin brotó, como si naciera de la cópula de lo blanco y de lo negro, brotó en un cielo gris la imagen de la luna, en cuarto menguante, rodeada de nubes, siniestras, mitad diablos o brujas montados en escobas, mitad colmenas de formas fantásticas, pero colmenas bien claras, de las que salían multitud de bichos, puntos unidos a otros puntos que tenían cuerpos de abejas, con patas, rabos y uñas de furias infernales. Aquellas abejas o avispas del diablo, volaban en torno de la luna, y algunas llenaban su rostro, el cual era, visto de perfil, el del mismísimo Satanás, que tenía las cejas en ángulo y echaba fuego de ojos y boca. Por encima de esta confusión de formas disparatadas, Bonis dibujó rayas simétricas que imitaban muy bien la superficie del mar en calma, y sobre la línea más alta, la del horizonte, volvió a trazar una imagen de la noche, pero de noche serena, en mitad de cuyo cielo, atravesando cinco hileras de neblina tenue, las líneas del pentagrama, se elevaba suave, majestuosa y poética, la dulce luna llena: en su disco, elegantes curvas sinuosas decían: Serafina.

Media hora larga le costó al soñador su composición simbólica; mas fue premio de la inspiración y del esfuerzo un noble orgullo de artista satisfecho; sensación que se mezcló enseguida con un enternecimiento austero y en su austeridad voluptuoso, que le hizo inclinar la cabeza, apoyar la frente en las manos y meditar sollozando y con lágrimas en los ojos.

-¡Qué vida extraña! ¡Qué cosas pueden pasarle por el alma a un pobre diablo! -pensaba Bonis.

La alegoría, que le había salido sin querer de la pluma, estaba bien clara, era la síntesis de su vida presente. En el cielo de sus amores, en la región serena, sobre el océano de sus pasiones en calma, brillaba la luna llena, el amor satisfecho, poético, ideal, de su Serafina. Ya no eran aquellos los días de las borrascas sensuales, en que el amor físico, mezclándose al platónico, se entregaba al arabesco de la pasión disparatada y caótica; el alma ya se había sobrepuesto y daba el tono al cariño, que, al arraigarse y convertirse en costumbre, se había hecho espiritual. Y de repente, de poco tiempo a aquella parte, debajo del océano, en las regiones misteriosas del abismo en las que habitaba el enemigo, de las que venían voces subterráneas de amenaza y castigo, aparecía como un reflejo infiel, otro cielo con otra luna, un cielo borrascoso con espíritus infernales vestidos de nubarrones, con el mismísimo demonio disfrazado de cuarto menguante... de la luna de miel satánica, de Valpurgis, que su mujer, Emma Valcárcel, había decretado que brillara en las profundidades de aquellas noches de amores inauditos, inesperados y como desesperados.


Clarín, Su único hijo. Madrid, Cátedra, 2001. Cap.XI, pp. 337-338.

Al pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo, Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó, una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural. Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.


Fortunata y Jacinta, Benito Pérez Galdós
Uno de los recreos solitarios de don Fermín de Pas consistía en subir a las alturas. Era montañés, y por instinto buscaba las cumbres de los montes y los campanarios de las iglesias. En todos los países que había visitado había subido a la montaña más alta, y si no las había, a la más soberbia torre. No se daba por enterado de cosa que no viese a vista de pájaro, abarcándola por completo y desde arriba. Cuando iba a las aldeas acompañando al Obispo en su visita, siempre había de emprender, a pie o a caballo, como se pudiera, una excursión a lo más empingorotado. En la provincia, cuya capital era Vetusta, abundaban por todas partes montes de los que se pierden entre nubes; pues a los más arduos y elevados ascendía el Magistral, dejando atrás al más robusto andarín, al más experto montañés. Cuanto más subía más ansiaba subir; en vez de fatiga sentía fiebre que les daba vigor de acero a las piernas y aliento de fragua a los pulmones. Llegar a lo más alto era un triunfo voluptuoso para De Pas. Ver muchas leguas de tierra, columbrar el mar lejano, contemplar a sus pies los pueblos como si fueran juguetes, imaginarse a los hombres como infusorios, ver pasar un águila o un milano, según los parajes, debajo de sus ojos, enseñándole el dorso dorado por el sol, mirar las nubes desde arriba, eran intensos placeres de su espíritu altanero que De Pas se procuraba siempre que podía. Entonces sí que en sus mejillas había fuego y en sus ojos dardos: En Vetusta no podía saciar esta pasión; tenía que contentarse con subir algunas veces a la torre de la catedral. Solía hacerlo a la hora del coro, por la mañana o por la tarde, según le convenía. Celedonio, que en alguna ocasión, aprovechando un descuido, había mirado por el anteojo del Provisor, sabía que era de poderosa atracción; desde los segundos corredores, mucho más altos que el campanario, había él visto perfectamente a la Regenta, una guapísima señora, pasearse, leyendo un libro, por su huerta; que se llamaba el Parque de los Ozores; sí, señor, la había visto como si pudiera tocarla con la mano, y eso que su palacio estaba en la rinconada de la Plaza Nueva, bastante lejos de la torre, pues tenía en medio la plazuela de la catedral, la calle de la Rúa y la de San Pelayo. ¿Qué más? Con aquel anteojo se veía un poco del billar del casino, que estaba junto a la iglesia de Santa María; y él, Celedonio, había visto pasar las bolas de marfil rodando por la mesa. Y sin el anteojo, ¡quiá!; en cuanto se veía el balcón como un ventanillo de una grillera. Mientras el acólito hablaba, así, en voz baja, a Bismarck, que se había atrevido a acercarse, seguro de que no había peligro, el Magistral, olvidado de los campaneros, paseaba lentamente sus miradas por la ciudad, escudriñando sus rincones, levantando con la imaginación los techos, aplicando su espíritu a aquella inspección minuciosa; como el naturalista estudia con poderoso microscopio las pequeñeces de los cuerpos. No miraba a los campos, no contemplaba la lontananza de montes y nubes; sus miradas no salían de la ciudad.

Vetusta era su pasión y su presa. Mientras los demás le tenían por sabio teólogo, filósofo y jurisconsulto, él estimaba sobre todas su ciencia de Vetusta. La conocía palmo a palmo, por dentro y por fuera, por el alma y por el cuerpo, había escudriñado los rincones de las conciencias y los rincones de las casas. Lo que sentía en presencia de la heroica ciudad era gula; hacía su anatomía, no como el fisiólogo, que sólo quiere estudiar, sino como el gastrónomo que busca los bocados apetitosos; no aplicaba el escalpelo, sino el trinchante.

Y bastante resignación era contentarse, por ahora, con Vetusta. Pas había soñado con más altos destinos, y aún no renunciaba a ellos. Como recuerdos de un poema heroico leído en la juventud con entusiasmo, guardaba en la memoria brillantes cuadros que la ambición había pintado en su fantasía; en ellos se contemplaba oficiando de pontifical en Toledo y asistiendo en Roma a un cónclave de cardenales. Ni la tiara le pareciera demasiado ancha; todo estaba en el camino; lo importante era seguir andando.
Clarín, La Regenta. Cap.I.

VIDEOS ILUSTRATIVOS


Resumen bien explicado, buena imagen. 8’ http://www.youtube.com/watch?v=bDH8Lg64JAU&feature=related

Resumen para ver y leer. 2’ http://www.youtube.com/watch?NR=1&feature=endscreen&v=oVxqhL630cI
Doña Perfecta. 1’35 http://www.youtube.com/watch?v=6Prk0YmL9MM&feature=related

Tormento. 1’40 http://www.youtube.com/watch?v=Pw3MTgzthK4

Misericordia. 1’50 http://www.youtube.com/watch?v=Jze_uGPGo28

El abuelo-1. 1h. 15’ http://www.youtube.com/watch?v=RgKHqT7fqNA

El abuelo-2. 1h. 10’ http://www.youtube.com/watch?v=RFaCqLh0v2w

El abuelo. Discurso en el casino. 6’20 http://www.youtube.com/watch?v=Kdql-cy3sSg

Episodios nacionales. Presentación de la serie de 2012. 43’’ http://www.youtube.com/watch?v=33RPGJloV5o






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