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Revista de Psicoanálisis,,LXXI,4,689-704,2014

Complejo de la madre [mujer] humillada: déficit e injurias narcisistas


Raquel Zonis Zukerfeld

No existe nada más peligroso

que una mujer humillada.

Anónimo Popular

Introducción

La noción de narcisismo fue introducida por Freud para dar cuenta de una modalidad de elección objetal. Considerado en principio como una fase, luego como una estructura, hasta que finalmente es relegado a partir del desarrollo de su segunda teoría pulsional. De todas maneras el narcisismo sigue impregnando toda su obra y ha dado lugar a desarrollos postfreudianos absolutamente necesarios para dar cuenta de la teoría y clínica actual. ¿Cómo explicar los problemas identitarios, los estados de vacío, de desinvestidura del yo y de aspiraciones a ideales imposibles si no disponemos de concepciones tales como la de narcisismo negativo?

Por otra parte el narcisismo inicia el recorrido psicoanalítico por el mundo de los ideales: yo ideal e ideal de yo, en principio no diferenciados con claridad. Con posterioridad, el ideal del yo se asocia al super yo y forma parte de la lógica del conflicto intersubjetivo, mientras que el yo ideal representa la condición omnipotente que implica la identificación primaria con otro ser cargado de omnipotencia. Así es que existen dos maneras diferentes de interiorizar un ideal que se comparará con el yo y regulará su autoestima. Existen autores que identifican al narcisismo que proviene del ideal del yo como narcisismo trófico, y al narcisismo del yo ideal como narcisismo negativo o deficitario. Mientras el ideal en tanto ideal del yo es parte del conflicto intersubjetivo (narcisismo trófico ligado a la estructura edípica), el ideal, como yo ideal, en su predominio, es el resultado de una carencia que no se plantea como conflicto sino como déficit. Por otra parte en Introducción del Narcisismo (1914) Freud plantea que una parte de la autoestima es un residuo del narcisismo infantil, otra parte de la satisfacción de la libido objetal y una tercera

del cumplimiento del Ideal.

Si se piensa en la abundante experiencia clínica que proviene de lo que en psicoanálisis se ha llamado principalmente patologías narcisistas, pero también patologías de frontera, de borde, de desvalimiento o del acto y que suelen incluir a las llamadas normopatías, eclosiones somáticas, adicciones y trastornos de la conducta alimentaria, se observará que los investimientos parentales narcisistas son deficitarios, escasos o intrusivos, y las satisfacciones objetales por diferentes motivos se encuentran obstaculizadas, por lo tanto la autoestima, siguiendo la fórmula freudiana, queda casi totalmente a merced de la satisfacción del ideal.

Eiguer, (2009) plantea la visión vincular en relación a la autoestima y señala que “[…] el reconocimiento coloca en el centro del debate la identidad de cada uno: aquello que la mirada del otro transporta en cuanto a la valorización del sujeto contribuye a la solidez de su autoestima” (p. 3, la cursiva es del autor).

Green ya en la década del 60 al revisitar el narcisismo introducido por Freud va a enfatizar que:
El narcisismo primario no se puede entender como un estado, sino como una estructura. La mayoría de los autores no sólo lo tratan como si fuera un estado, sino que se refieren a él sólo como narcisismo de vida, guardando silencio —el silencio mismo que lo habita-sobre el narcisismo de muerte, presente en la forma de la abolición de las tensiones hasta el nivel cero.( Green,1966,p.83)
Y en el 2011 sostiene que Freud en la última teoría pulsional relegó al narcisismo a un segundo plano y escribe que:

Uno no puedo menos que impresionarse ante lo que aparece en Freud como una asombrosa negligencia […] Después de Lacan, Grunberger desarrolló una visión personal que convertía al narcisismo en una instancia. Por mi parte propuse una concepción dual donde oponía un narcisismo de vida vinculado al Eros, que aspiraba a la unidad del yo en detrimento del objeto, y un narcisismo de muerte, que sigo llamando narcisismo negativo, como manifestación de la pulsión destructiva, tendiente al nivel cero de excitación y que apunta a la propia desaparición del yo. ( Green, 2011, pp.103-104, la cursiva es del autor)


Y es este narcisismo negativo, producto de la carencia de investidura y sus diferentes derivaciones, que en la clínica pueden agruparse como efectos del déficit narcisista.
La cuestión de los déficits y la humillación
El término déficit alude a insuficiencia o carencia de algo cuya constelación patogénica se diferencia de la de conflicto como ha señalado Killingmo (1989) quien sostiene que en el déficit la propia evolución de la estructura del yo ha sido dañada.

La noción de déficit está implícita en los primeros escritos freudianos sobre las neurosis actuales. Justamente sus manifestaciones clínicas eran propias de lo que hoy en día llamaríamos déficit de actividad fantasmática o déficit representacional’. Otro antecedente de la noción de déficit se encuentra en las ideas de Fairbairn –citadas por Coderch (2010). Aquí la base principal de las perturbaciones psíquicas es una deficiente estructuración de la mente originada por la división e internalización de los objetos insatisfactorios o agresivos y la consecuente división del yo para controlarlos. Existen otros desarrollos postfreudianos al respecto (v.g. Kohut) y. la escuela psicosomática de Paris ha desarrollado lo que Marty (1990) denominó “insuficiencias cuantitativas y cualitativas de las representaciones psíquicas” (p.57) posteriormente entendida como mala mentalización.

Pero es Killingmo (1989) quien reintrodujo esta noción en la teoría cuando afirma que “a nivel de principios, debemos hablar de dos mecanismos patológicos separados, el del conflicto y el del déficit. (p.111). Caracteriza al déficit -entendido como modo de funcionamiento psíquico- por la necesidad de afirmación del sí mismo, intolerancia a la frustración y la búsqueda permanente de la aceptación del otro.

Hugo Bleichmar (1997 ) refiere tres condiciones diferenciables: a) el déficit por carencia, “cuando el objeto externo dejó de aportar algo esencial para la constitución de cierta función del psiquismo, sostén de la autoestima ”, b) déficit por trauma, “cuando el objeto externo persiguió, aterrorizó, culpabilizó, controló abusivamente, traumatizó psíquica o físicamente” y c) déficit por identificación patológica “cuando la patología resulta de la identificación del sujeto con la patología de los padres.” (Pág.162)

Pensamos entonces que cuando hablamos de déficit podemos referirnos a la mentalización y a los recursos yoicos, pero también -y en especial- a los aspectos identitarios y la autoestima. Es así que todo déficit es en definitiva un déficit narcisista con sus derivaciones para la constitución subjetiva y las configuraciones vinculares. Si retomamos ahora la concepción freudiana sobre la autoestima y la circulación de los ideales, podemos pensar que existiendo carencias de investidura parental y carencias objetales la estima de sí se juega toda en el logro del ideal. Es aquí que diferenciamos un ideal del yo asociado al narcisismo positivo y la intersubjetividad, del narcisismo negativo o tanático del yo ideal que desmiente la alteridad y tiende a la descarga. En el primer caso las carencias devienen en heridas narcisistas que Baranger (1991) define “como todo lo que viene a disminuir la autoestima del yo o su sentimiento de ser amado por objetos valorados” (p. 130). Sin embargo, por otra parte, las heridas narcisistas son parte constitutiva de la trama edípica y constituyen la necesaria pérdida de la omnipotencia infantil que implica la aceptación de la alteridad la diferencia sexual, el envejecimiento y la muerte (Mc Dougall,1991).Se trata de los procesamientos propios del narcisismo trófico o positivo comandado por el ideal del yo, que cuando no se producen dejan el liderazgo de la condición subjetiva en poder del yo ideal y su potencial de desmentida radical, generador de la condición deficitaria. Y justamente a mayor carencia mayor predominio de este último. Por otra parte es importante señalar que los déficits narcisistas podrían tener dos evoluciones propias del predominio del yo ideal. La primera es la búsqueda permanente de gloria o perfección y su consiguiente fracaso, que es lo que entendemos como déficit narcisista simple, asociado a las problemáticas depresivas, a la vulnerabilidad somática y a una constelación de problemáticas clínicas actuales. En este caso la promesa de gloria, inalcanzable pero siempre presente, domina el escenario del déficit simple.

La segunda variante es la de haber alcanzado el ideal y haberlo perdido en lo que significa una verdadera injuria narcisista. Esta injuria implica la noción de humillación que se entiende como la acción y efecto de humillar o humillarse, es decir herir el amor propio o la dignidad entendida como estima y respeto que una persona tiene de sí misma y merece que se lo tengan. Eiguer, (2009) cita a Honneth quien distingue tres ámbitos de reconocimiento y construcción de la identidad: la familia, la relación con la justicia y el ámbito social y señala que: “[...] en las relaciones con estos tres medios; el individuo puede sentir menosprecio y ser ignorado, es decir una desmentida del reconocimiento. En sus relaciones con el medio circundante, las humillaciones corren el riesgo de amenazar su honor y su dignidad.” (Pág.4)

Y es a partir de la vivencia de humillación que puede desarrollarse la furia narcisista y el pasaje al acto con toda la carga de violencia o la búsqueda de la gloria perdida y perfección para restituir el déficit. Este es el déficit con injuria narcisista que constituye el núcleo central de lo que llamamos complejo de la [mujer] madre humillada.
El complejo de la [mujer] madre humillada

Green introduce la noción de “complejo de la madre muerta” como una conformación clínica detectable en la transferencia, de la que se deduce una historia de desinvestimiento materno del niño con una brusca retracción narcisista en la madre, que ocasiona la desinvestidura de su imago en la mente de su hijo, generando un agujero psíquico. Esta condición está asociada a la llamada depresión esencial (Marty, 1990) y a toda la serie del vacío y la serie blanca desarrollada por Green y Marty, como una típica problemática narcisista. Green (1980 ) señala entonces que:


[...]La madre, por alguna razón, se ha deprimido. La variedad de los factores desencadenantes es aquí muy grande. Desde luego, entre las causas principales de esa depresión materna encontramos la pérdida de un ser querido: hijo, progenitor, amigo íntimo, o cualquier otro objeto investido fuertemente por la madre. Pero también se puede tratar de una depresión desencadenada por una decepción que inflige una herida narcisista: un revés de la fortuna en la familia nuclear o en la familia de origen, un enredo amoroso del padre, que abandona a la madre, una humillación, etcétera. (p.172, la cursiva es mía)
En otro trabajo (Green, 2011) escribe sobre “una madre que está en otra parte”, inaccesible, a la que el hijo se va fijando progresivamente en un vínculo ambivalente de un amor apasionado que esconde las permanentes recriminaciones.(Pág.306)

Aquí es importante diferenciar tres aspectos: a) una pérdida objetal que es propia clásicamente de un duelo normal, b) un duelo patológico con una herida narcisista y c) aquellas pérdidas que cuando adquieren la dimensión de injuria producen la vivencia de humillación. Así es que llamamos “complejo de la madre [mujer[ humillada” a la condición de injuria narcisista, que implica la no investidura del hijo que deviene en investidura hostil y a partir de allí la posibilidad de la actuación filicida de dicha hostilidad o sobreinvestidura para compensar en el hijo su propio déficit narcisista.

En lo que denominamos el complejo de la madre [mujer] humillada (Zukerfeld, 2012) lo que describimos entonces es la injuria narcisista, con sentimientos de desubjetivización, y prohibición de acceso al ideal de modo que algo que ya le estaba dado le es prohibido. Esto da lugar a la furia narcisista directa, o la búsqueda de que otro (el hijo como extensión narcisista también humillado ) cumpla con su ideal y suture su herida. El primer caso sería el de la mujer humillada, un déficit por injuria en la que el cumplimiento del ideal -que estaba asegurado- le es negado, y produce un colapso o derrumbe narcisista sin posibilidad de restitución. Aquí la hostilidad y la furia vindicativa contra el objeto es su única salida. En el caso de la madre humillada – es decir esa mujer humillada devenida en madre- la secuencia puede ser humillación y furia narcisista con odio filicida, o humillación con sobreprotección ambivalente y restitución del déficit a través del hijo. La madre humillada buscará que sea el hijo quien vuelva a restituir su narcisismo injuriado.

En la madre muerta se describe un hecho desencadenante, a partir del cual se produce la retracción narcisista y la desinvestidura libidinal del hijo; en la madre humillada, entendemos que no es un hecho o acontecimiento , sino una configuración de sucesos o acontecimientos que intervienen en la constitución misma de su subjetividad o constitución narcisista. En la “madre muerta” hay una ausencia de madre –como vacío psíquico- en la mente del hijo; en la “madre humillada” hay una ausencia de hijo -como otro diferente- en la mente de la madre.

Se trata de una clínica donde existe una historia donde muchas veces han sucedido abusos o violaciones, o embarazos no deseados con manifestaciones de franco rechazo, sobreprotecciones correlativas a la tendencia filicida y/o utilizaciones inconscientes reivindicativas de los hijos. Y también es posible incluir aquí las situaciones de repudios o traiciones conyugales, acceso a condiciones sociales o económicas después perdidas, y sometimientos vinculares que suelen despertar sentimientos vengativos.

Por otra parte esta clínica –que entendemos bastante habitual- encuentra en la mitología, en la literatura y en la historia varios ejemplos paradigmáticos cuyo estudio plantea –a nuestro entender- interesantes reflexiones si se tiene en cuenta la perspectiva psicoanalítica hasta aquí presentada.


Tetis, Olimpia, Medea, Jasmine (Blanche) y Caridad Mercader
Desde el carro de Helios, Medea increpa a Jasón:

¡Oh niños, cómo habéis perecido por la locura de vuestro padre!.

Jasón replica:



Pero no los destruyó mi mano derecha.

Medea responde:



No, sino tu ultraje y tu reciente boda.

Eurípides (431 ac. )


Tetis es una nereida enamorada de Zeus quien la rechaza, porque es advertido que el hijo que tendría con ella iba a destronarlo y ocupar su lugar, es así que por temor los dioses la obligan a casarse con un mortal, el pastor Peleo (Grimal,1951). Ella –resentida- ahoga a sus seis primeros hijos. Cuando alumbra al séptimo niño, Aquiles, lo quiere hacer invulnerable y, para ello, lo sumerge en el lago Estigia sujetándole por el talón que, de esta forma, queda seco y vulnerable. Constituye un hecho único en toda la mitología, en el sentido de la humillación que implica que una diosa sea forzada a tener hijos con un simple mortal. Todas las relaciones de dioses con mortales fueron elegidas por los dioses y diosas y en muchos casos dieron origen a otros famosos héroes como Heracles, Perseo, Teseo o Eneas1. Todos ellos –a diferencia de Aquiles- fueron triunfadores en sus tareas y misiones. Tetis podría haber seguido el destino de las grandes diosas primordiales Gea y Rhea dado que su hijo con Zeus que la cortejaba estaba destinado a ser el rey de los dioses del Olimpo y este futuro fue frustrado. La ambivalencia con su descendencia producto de su casamiento con un simple mortal, constituye una “historia familiar” que cualquier psicoanalista actual tendría en cuenta para pensar el vínculo materno-filial y la evolución posterior de Aquiles. De hecho éste fue abandonado sin ser amamantado ni criado por su madre quien después reaparece sobreprotegiéndolo como expresión del otro polo de su profunda ambivalencia. Se debe recordar que Tetis es una madre humillada que primero rechaza a su hijo y por otra parte Aquiles queda prendado de esa madre, en una de las relaciones diádicas mas intensas de la mitología griega, que el poema de Homero expresa apasionadamente. En la guerra de Troya Aquiles por su rivalidad con Agamenón decide no combatir pero su madre se le aparece y le señala dos destinos : el de la tranquilidad de la larga vida y la familia, si se retira, y el de la gloria inmortal si combate hasta morir. (Homero, Canto IX, 308, p.146)

De este modo lo que en la voz materna se presenta como advertencia es en realidad una inducción y Aquiles elige la inmortalidad que es el deseo de su madre y que va a gobernar su destino.

La historia de Olimpia, la madre de Alejandro Magno –adorador de Aquiles- posee una estructura con ciertos parecidos. Una mujer en el mundo helénico no formaba parte de los acontecimientos, los padecía, y pocas veces los protagonizaba , salvo que tuvieran relación con algún hombre. Olimpia planea la muerte de su marido Filipo II, debido al repudio del que fue objeto y debido además a que el nuevo casamiento de Filipo II y, por ende, nuevo hijo de éste podía hacer peligrar el futuro reinado de Alejandro. A partir de ese momento su vida se convierte en intrigas políticas, asesinatos y una fuerte inducción a su hijo Alejandro para avanzar ilimitadamente en la conquista de Asia en la cual muere joven.

Si Tetis es humillada por Zeus, y Olimpia por Filipo II con efecto en sus respectivos hijos, que les restituyen las glorias perdidas con su sacrificio, la historia de Medea, que padece el repudio de Jasón, plantea una diferencia dentro de la misma estructura, debido aquí al filicidio directo a partir de la humillación. Según cuenta el mito, Jasón, debe conseguir la piel del vellocino de oro. Al llegar a tierras orientales donde este vellocino se encontraba, Medea (princesa y sacerdotisa de la región) se enamora perdidamente de Jasón y urde un plan para ayudarlo La expedición es exitosa , pero en un momento Jasón decide separarse de Medea (con quien ya tenía dos hijos) y casarse con Glauce, la hija de Creonte, rey de Corinto. Medea asesina a Glauce con sus habilidades de hechicera y luego mata a los hijos que tuvo con Jasón.

Eurípides (431 ac.) exalta los valores femeninos y le hace decir a Medea:



De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. [...] Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde, para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina. (www.dominiopublico.es/libros/E/Euripides/Eur%C3%ADpides%20-%20Medea.pdf, no hay página)

Es interesante señalar que Pier Paolo Pasolini elige a María Callas para protagonizar el rol de Medea en su film del mismo nombre. La gran cantante había abandonado su carrera al poco tiempo de una apasionada relación con el magnate griego Aristóteles Onassis. Este luego la abandona por Jacqueline Kennedy. Se ha señalado que la Callas fue el prototipo de la mujer divinizada y abandonada a quien Pasolini le devuelve el amor del público y repara su humillación.

Esta reparación en la vida real que no tuvo el personaje mitológico, tampoco la tuvo el personaje de Tennesse Williams Blanche Dubois que inspiró –con modificaciones- al de Jasmine de Woody Allen (2013). El film cuenta la historia de una mujer de la alta sociedad neoyorquina, Jasmine, a quien su marido ha engañado, y estafado, y se traslada a vivir a la humilde vivienda de su hermana Ginger, en San Francisco. Jasmine y Ginger son hermanas adoptadas que provienen de familias biológicas diferentes; una es linda, rubia, elegante, casada con un millonario exitoso y la otra es morocha, pobre y casada con un perdedor. Jasmine es la elegida de la madre, designada a tener una vida brillante. Y lo logra, hasta que sufre la humillación de su marido cuando él le confiesa que está enamorado de su secretaria y que va a dejarla. Jasmine se derrumba pero su odio es mayor a su derrumbe y busca vengarse. Para ello denuncia a su marido que cae preso, y aunque esto implica también la pérdida de todo para ella, lleva adelante su venganza. Ginger tiene dos hijos y Jasmine no los tiene. Comienza una relación con un político de la elite californiana pero le miente sobre su historia y a punto de casarse, la mentira es descubierta y él la repudia. Ginger, por su parte sostiene una relación con un joven de clase social baja y algo violento, a quien primero rechaza, pero luego de una experiencia con otro hombre donde también es abandonada vuelve a él resignada. El film comienza con Jasmine hablando con su compañera de asiento en un avión, en un largo monólogo, donde relata su vida gloriosa, llena de privilegios, y finaliza con una escena donde con la mirada perdida habla en un banco de plaza a una mujer que se levanta y la abandona.

Entendemos que Jasmine es una mujer humillada que padece la injuria de haber llegado al ideal y haberlo perdido. Su déficit narcisista es recubierto con arrogancia y algo de fabulación. Ginger, en cambio, nunca ha llegado al ideal y siempre busca la aceptación del otro, en especial el amor de su hermana. Se trataría de dos variantes del déficit: uno por efecto de una humillación y el otro por una carencia que busca permanentemente un ideal inalcanzable. Pero por otra parte es interesante pensar en la existencia de un déficit anterior. En el diálogo siguiente entre Jasmine, sus sobrinos y su hermana GInger puede apreciarse este aspecto:

La escena es en la casa de Ginger donde aparecen sus hijos que saben que su tía Jasmine fue adoptada

Sobrinos: ¿Tu también fuiste adoptada?

Ginger: Fuimos adoptadas, nacidas de padres diferentes pero cuidadas por la misma madre y padre

Sobrinos: Y te gustaron tus nuevos padres?

Ginger: Me escapé de casa tan rápido como mis pies me pudieron llevar

Sobrinos: ¿Por qué?

Ginger: Porque a mi madre le gustaba la tía J pero no yo

Jasmine: Detente Ginger

Sobrinos: ¿Por qué?

Ginger:(sin escuchar a Jasmne) Porque ella tenía mejores genes

Jasmine: No, no les digas eso..

Ginger: Por qué , estoy mintiendo acaso?
Y posteriormente otro dialogo entre ellas dos, después que Jasmine conociera al novio de Ginger, da la pauta de sus diferencias en relación con el ideal.

.

Jasmine: Tu gusto por los hombres deja bastante que desear

Ginger: Yo se que estos no son tu tipo de hombres

Jasmine: Tendrías que tener alguien decente, alguien que te saque de este agujero

Ginger: Si pensara que puedo tener algo mejorpero nadie ha tocado a mi puerta.
Tanto Jasmine como Ginger padecen un déficit narcisista pero Jasmine es una mujer humillada por la injuria de perder su ideal del mismo modo que Tetis, Olimpia y Medea. Señalamos anteriormente que esta última frente a la injuria actúa una ira filicida mientras que las dos primeras procuran la restitución narcisista a través de la gloria de sus hijos. Todas ellas son mitos y creaciones literarias donde Homero, Eurípides, Tenesse Williams y Woody Allen ponen en evidencia - a nuestro entender- el tema de la madre-mujer humillada.

Pero en la realidad social y política del siglo XX existe un ejemplo paradigmático que ejemplifica varios aspectos de esta condición que llamamos complejo de la madre [mujer] humillada y sus derivaciones trágicas. Se trata de Caridad Mercader2, la madre de Ramón Mercader, asesino de León Trotsky. (Mercader & Sanchez,1990). Caridad nació en Cuba y siendo niña su familia se radicó en España formando parte de la elite social de la zona. A los 16 años se casó con Pablo Mercader Medina, unión que significó el enlace entre dos familias poderosas de la burguesía de Barcelona, y tuvo cinco hijos. Caridad no fue feliz en su matrimonio. Pablo en la intimidad le imponía ciertos comportamientos sexuales poco convencionales que le provocaron un profundo desprecio no solo dirigido a su marido sino a la clase social a la que pertenecía. Intentando distanciarse del entorno de su marido comenzó a tomar clases de pintura y a formar parte de círculos intelectuales y bohemios. Frecuentó círculos anarquistas, llegando incluso a proporcionarles información que atentaban contra los intereses empresariales de los Mercader.

El deterioro económico de la familia Mercader y su romance con el aviador francés Louis Delrieu provocaron el fin de su matrimonio. Caridad se refería a él como: Era joven, elegante y caballeroso, y estaba envuelto en la aureola mítica de heroísmo. A esta relación se le atribuye el viraje ideológico de Caridad al comunismo y a su intensa participación en atentados terroristas que hicieron que su familia en el intento de preservarla la internaran en un manicomio donde estuvo tres meses incomunicada, sometida a un tratamiento agresivo, con frecuentes duchas de agua fría y sesiones de electroshock. Nunca les perdonó esta experiencia traumática y, a partir de entonces, se desvinculó de su familia y clase social. Se fue a vivir con su amante y sus cinco hijos. Tuvo un intento de suicidio cuando su amante Louis la abandona y por tal motivo Pablo Mercader se lleva a vivir con él a sus hijos. Luego, ya recuperada, Caridad viaja a París donde ingresa en el partido comunista. Instalada en México integró, junto a su hijo Ramón, la operación encargada, por orden de Stalin, para asesinar a Trotsky. Ramón se encargó de la tarea pero cae preso y Caridad, huye del país, dejando a un abogado encargado de defender a su hijo. Es condecorada con la Orden de Lenin y más adelante le confiesa a un amigo su participación y la de su hijo en el asesinato de Trotski: “He hecho de Ramón un asesino [...] De mi pobre Luis, un rehén, y de mis otros dos hijos unas puras ruinas. ¿Y cuál ha sido mi recompensa a cambio de eso? ¡Cuatro porquerías! [en referencia a la medalla de la Orden de Lenin y a la de Héroe de la Unión Soviética concedida a Ramón](Gorkin,2001). Leonardo Padura (2008) describió a Caridad de la siguiente forma:
Caridad del Río no solo había sido quien educó a su hijo en el odio y lo puso en contacto con los oficiales del tétrico NKVD soviético encargados de concebir y ejecutar el asesinato, sino que lo alentó e impulsó en su misión hasta esa misma tarde del 20 de agosto, [..] cuando vio entrar a Ramón Mercader en la casa de Trotsky y en las cloacas de la historia del siglo.(Pág.91). 

El 6 mayo de 1960 Ramón Mercader acabó su condena, y pudo viajar a Moscú, donde seguía viviendo su hermano Luis. A partir de aquel momento Caridad viajaría esporádicamente a la URSS a visitar a sus hijos y nietos. Según su hijo Luis, nunca pudo adaptarse a la vida en la Unión Soviética y le atribuye la frase solo sirvo para destruir el capitalismo, pero no sirvo para construir el comunismo(Mercader & Sanchez,1990,p.139)

La relación Caridad-Ramón es la de una mujer humillada al menos tres veces (en su matrimonio, por su familia de origen y por su amante) donde las injurias devienen en violencias vindicativas como Medea y donde busca su restitución narcisista a través de su hijo Ramón convirtiéndolo en un asesino, como Tetis con Aquiles y como Olimpia, en parte, con Alejandro.

El caso Julián3


Me llamo Julián, tengo 38 años, soy ingeniero, vivo solo, ninguna relación me dura más de un año. Tenía ganas de comenzar una terapia, no se, ... me interesa

A continuación describe minuciosamente las tareas que desempeña en la empresa en la que trabaja hace 10 años. Se lo nota entusiasmado, intensamente conectado con su relato. Es de Tucumán y vino a Buenos aires para realizar sus estudios universitarios. Viaja mucho por motivos de trabajo, no le gusta, pero siente que es un reconocimiento por parte de sus jefes y que no puede defraudarlos. Durante el primer año de tratamiento habla fundamentalmente de su trabajo, se siente respetado por sus compañeros y especialmente considerado por sus jefes; lo llaman para todo y eso le da mucha seguridad aunque lo exige cada vez más.

Las relaciones con las mujeres no parecen conflictivas, aunque es conciente que no ocupan mucho tiempo en su vida. De todas maneras disfruta de su compañía y se siente exitoso con ellas. De su historia infantil no habla. Solo menciona a su madre y abuela que viven juntas en Tucumán.

A mi madre cada tanto le mando recortes donde aparece mi nombre, folletos, ese tipo de cosas. Luego de las vacaciones de verano, Julián reanuda el tratamiento y a la analista le sorprende su aspecto: se lo ve mal, delgado, desalineado. Pide sentarse, llora y como puede relata que la empresa estaba por retirarse del país y que habían decidido prescindir de sus servicios. El sentimiento de derrumbe era total. Aparecen ideaciones suicidas, ya nada tiene sentido para él, tiene la convicción de que no podrá salir de esta situación y que nada le interesa.

En una sesión posterior, muy alterado, dice que está muy preocupado porque su madre iba a venir a visitarlo y aún no le había dicho nada acerca de su situación. Seguía mandándole folletos, fotocopias de trabajos viejos y dinero tal como lo hacía antes. Dice que le haría un daño terrible si se entera: sé que la mato, siempre le di seguridad, se siente orgullosa de mí”.

Este comentario y la inminente llegada de la madre introduce un nuevo escenario en su tratamiento. Comienza a relatar las dificultades económicas en su infancia; relata el silencio de su abuela: nunca hablaba, tenía la mirada triste. Su madre trabajaba todo el día, lavaba ropa, también era muy silenciosa, poco afectuosa, muy exigente con el estudio. En esa cuestión estuvo siempre muy atenta, hizo un gran sacrificio para que él pudiera seguir sus estudios.

No conoció otros miembros de la familia; siempre estuvieron solamente los tres, hasta que en un verano en Córdoba se encuentra con un primo bastante mayor que él, quien hace referencia al “rígido de tu abuelo”; él no entiende por qué, lo único que sabía era que su abuelo había muerto antes de que naciera. Busca conversación con este primo y sin ponerse en evidencia se encuentra con aspectos de su historia que nunca había escuchado. Su madre había quedado embarazada a los 17 años; ella decía que había sido con un señor muy importante del pueblo quien negaba esta relación. Cuando el abuelo se entera se va de la casa, dejando a las dos mujeres solas. Ellas se mudan y alejan de toda la familia, criando a Julián en la total ignorancia de lo sucedido. A partir de ese momento cuenta que puede comprender los silencios de la abuela, esa mirada que a veces era triste y otras le daba miedo. Entiende de dónde venía esa exigencia a dar cada vez más o por qué nada le alcanzaba, por qué no toleraba el silencio o la inactividad.

Pensamos que Julián se conecta por primera vez en esos dos años de tratamiento con parte de su historia. Estos contenidos no estaban reprimidos sino escindidos y el éxito profesional que había logrado durante diez años le permitió alcanzar un equilibrio precario en constante tensión, fusionado con esta madre deficitaria, a quien completaba cumpliendo su mandato.

Cuando la empresa lo despide sobreviene el derrumbe. Su identidad se disuelve, se siente humillado, sin futuro, desesperanzado. Se reconstruye el escenario del desamparo producido por esos padres violentos que abandonan y expulsan. Pero esto no podía ser verbalizado, sólo aparecían sentimientos confusos, malestar y deterioro físico.

Probablemente el temor a la mirada de la madre por un lado y la actitud afectuosa de la terapeuta le permiten reconectar estos aspectos disociados del comercio libidinal. Así fue reconociendo su terrible necesidad de superación y para qué y quiénes eran los tributarios de semejantes ofrendas. ¿Cuánto más tendría que hacer para reparar la humillación familiar, cuántos folletos y trabajos tendría que producir para rescatar el honor de su madre?.

Julián no entendía cómo habiendo tan pocas palabras entre ellos, estos mandatos estaban tan claramente entendidos y no era consciente de los esfuerzos y las consecuencias que implicaba satisfacerlos.

Pensamos que la madre de Julián fue una mujer humillada, por un lado por el que aparentemente era el padre de Julián, un hombre poderoso de la zona donde vivían y que ella imaginaba iba a cambiarle la vida, por otra parte su propio padre al enterarse de su embarazo abandona la casa dejando aún más en la miseria a la madre y a la abuela.

Es en su hijo y en las ambiciones que en él proyecta donde puede lograr alguna reparación. Julián es el Aquiles que le devuelve a Tetis la gloria perdida. Cuando Julián fracasa se derrumba y siente la humillación que su madre había vivenciado y ocultado.

Reflexiones finales



Woman is the nigger of the world
Yes, she is, think about it [...]

If she won't be a slave, we say

that she don't love us [...]

Woman is the slave of the slaves

if you believe me, you better scream

"Woman Is the Nigger of the World",

John Lennon & Yoko Ono, 1972


La condición femenina ha tenido en el mundo occidental una profunda evolución durante el siglo XX en relación a logros sociales y políticos y a la revolución sexual de mediados de ese siglo. Sin embargo los problemas derivados de la violencia de género y la cultura patriarcal subsisten hoy en día y el psicoanálisis actual se ocupa de ello. Es indudable que existen para la mujer importantes logros objetales en áreas laborales y profesionales que han reubicado el valor de la maternidad como un deseo y no como un destino natural. En este sentido el papel masculino también ha variado del mismo modo que las estructuras familiares y la construcción de la identidad sexual.

Pero en este trabajo lo que se ha tratado de plantear es la importancia del déficit y la injuria narcisista y sus vicisitudes más allá de todos los evidentes progresos sociales. No es lo mismo la pérdida objetal que la injuria narcisista y esta a su vez no es semejante en sus efectos a las heridas narcisistas necesarias para disminuir la omnipotencia infantil. La injuria implica humillación, es decir un ataque a la dignidad y por lo tanto la probabilidad de la furia narcisista y la venganza. De allí que el saber popular le atribuya al despecho femenino un potencial de máxima violencia tal como describe la cita inicial de este trabajo. Pero es sabido que existen en nuestra cultura jóvenes, adultos y ancianos de género masculino humillados con distintos efectos psicológicos y sociales ¿Por qué le damos relevancia y hasta un perfil psicopatológico al “complejo de la mujer-madre humillada? Justamente por esto último: ser madre implica el establecimiento de un vínculo primario decisivo tal como lo pensó Green cuando describió el “complejo de la madre muerta” en el que está inspirado el ”complejo de la madre [mujer] humillada”

De allí que en el caso que la mujer sea madre es importante el estudio de esta configuración por el efecto en los hijos cuando ocupan el lugar de la restitución narcisista. Por otra parte – aún sabiendo los efectos de violencia que genera el “hombre humillado”- es necesario remarcar que el género femenino padece una particular esclavitud a ideales culturales dominantes para regular su autoestima. Por eso conviene recordar que John Lennon y Yoko Ono (1972) escriben su canción en la década del setenta aludiendo a una esclavitud que hoy subsiste en algunos ámbitos culturales, pero que ha tenido notables progresos en 40 años. Pero la esclavitud que genera el ideal, cuando existe una condición deficitaria, facilita la vivencia de humillación y sus secuelas. Así es que el psicoanálisis actual debe tener en cuenta concepciones tales como el de narcisismo negativo para entender todo lo que se juega en la aspiración a ideales imposibles entronizados por la cultura que a la larga son una de las fuentes de violencias y de menosprecio por la dignidad humana.
Descriptores: INJURIA - MADRE MUERTA-NARCISISMO NEGATIVO- DEFICIT- HUMILLACION
Resumen
Se presenta lo que denominamos “complejo de la madre [mujer] humillada” como la condición de injuria narcisista, que implica la no investidura del hijo que deviene en investidura hostil y a partir de allí la posibilidad de la actuación filicida de dicha hostilidad o sobreinvestidura para compensar en el hijo su propio déficit narcisista. Esta noción está inspirada en el “complejo de la madre muerta” de Andre Green en la que se describe no solo la pérdida objetal sino la vivencia de humillación que pensamos es importante diferenciar de dicha pérdida. Se plantea la importancia que en este caso tiene la condición de déficit narcisista que puede ser simple o con injuria que genera humillación. . En este último caso se puede producir la furia narcisista directa o la búsqueda de la restitución narcisista a través del hijo.

Se trata de una clínica donde existe una historia donde muchas veces han sucedido abusos o violaciones, o embarazos no deseados con manifestaciones de franco rechazo, sobreprotecciones correlativas a la tendencia filicida y/o utilizaciones inconscientes reivindicativas de los hijos. Y también es posible incluir aquí las situaciones de repudios o traiciones conyugales, acceso a condiciones sociales o económicas después perdidas, y sometimientos vinculares que suelen despertar sentimientos vengativos.

Se analizan las historias de la díada Tetis-Aquiles, Olimpia-Alejandro Magno y Caridad Mercader-Ramón Mercader donde la injuria y humillación generan violencia e intentos restitutivos a través de los hijos con efectos filicidas indirectos, el caso de Medea-Jasón con efecto filicida directo y el de Jasmine (Blanche) como ejemplo de mujer humillada que no ha sido madre. Se presenta finalmente un caso clínico.

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1 Eneas es –por contraposición- el ejemplo paradigmático de una historia opuesta a la de Aquiles. Es hijo del amor de Afrodita con el pastor Anquises- amor elegido y consensuado- , es el protegido de los dioses, salvador de troyanas y de su padre, y fundador de Roma y el mundo latino.

2 Agradezco al Lic. Augusto Abello la información sobre este trágico personaje.

3 Este caso, con modificaciones y agregados, se encuentra en Zukerfeld,R & Zonis Zukerfeld,R. (2006) Psicoanálisis en el siglo XXI. Sobre ideales culturales y vulnerabilidad. En Procesos Terciarios: de la vulnerabilidad a la resiliencia, pp. 163-166.



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