La victoria sobre el pecado



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La victoria sobre el pecado

Si juzga a sí mismo ―es decir, si admite su pecado verdaderamente delante de Dios aquí en el tiempo― puede gustar el perdón en esta luz. La Palabra de Dios dice: Si nos juzgamos a nosotros mismos, Dios es tan bueno y justo para perdonar nuestros pecados”.

La gente no es capaz vencer el pecado ni por medio de la psicología, ni por las teologías modernas, ni por los meditaciones orientales... La victoria depende de nuestra profunda comunión con Cristo. Lo esencial es estar en Cristo Jesús ―nuestro Señor― por la fe. Esto significa que en el momento presente particular estoy en Él no sólo de forma pasiva, pero en ese momento yo Le amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

Amarlo significa ofrecerle mis poderes espirituales: corazón = emociones, alma = potencias del alma, es decir, la memoria y la razón, así como mis miembros. Amarlo con todas mis fuerzas significa darle mi voluntad.

Esta es la estrategia de la lucha espiritual, la lucha contra el pecado y el espíritu de la mentira y la muerte. Esta lucha está conectado con la vida eterna en Cristo Jesús. Si no lucha, ya ha perdido. Debe darse cuenta a qué o a quién usted está apegado. Naturalmente, el hombre es arrastrado por el pecado a través de sentimientos impulsivos, verdad falsa y malos hábitos. Esto conduce a la esclavitud. No podemos vencer por nuestro esfuerzo humano. Se nos ha dado la victoria como un don de Dios en Cristo Jesús. La estrategia de la lucha espiritual no es tratando de superar el pecado, pero enfocándose en Jesús, porque Él ya había vencido el pecado por Su muerte en el Calvario. Por lo tanto, es imposible hablar de la parcial victoria humana. Incluso si lográramos alguna, conduciría al orgullo y, por último, a mucho mayor fracaso y vergüenza.

Así que la esencia de esta lucha espiritual se puede expresar con el siguiente lema: ¿Dónde está Jesús ahora? ¿Y dónde estoy yo? Si estoy absorto en mí mismo, en mis fantasías, en mi propia verdad, en mi propio bien, en mi propia justicia, etc., es sólo una cuestión de tiempo hasta que sufra humillación y finalmente enfrente la muerte. Si estoy en tal nivel, estoy influenciado por el orgullo humano que utiliza altos términos como “estar a la altura”, “cultura teológica”, “saber teológico”, “no tener complejos”, etc. Pero en tal nivel perderé.



Si quiero superar, debo estar en Jesucristo. La comunión con Jesús es una cuestión de la obediencia de la fe. Significa andar en la presencia de Dios, o, en otras palabras, permanecer en Cristo y en Su Palabra, o andar en el Espíritu. Estos términos de la Escritura señalan el don de la victoria sobre el pecado. Por lo tanto, el apóstol Juan dice: Todo aquel que permanece en Cristo no peca, y no puede pecar”.

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