La representación de lo femenino y lo masculino en adultos mayores



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PRIMER ENCUENTRO DE FORMADORES DE ADULTOS MAYORES



LA REPRESENTACIÓN DE LO FEMENINO

Y LO MASCULINO EN ADULTOS MAYORES
Lic. Daniel Fernando Lentini-UNSL-Argentina (1)

Mgtr. Ana María Scipioni-UNSL-Argentina (2)

Lic. Paula Etel Mallea-UNSL-Argentina (3)

Lic. Melisa Noelia Perea-UNSL-Argentina (4)



EJE PROBLEMÁTICO Efectos de las intervenciones educativas
La evaluación de esta experiencia educativa –implementada desde 1993 en la Universidad Nacional de San Luis, a través de Cursos/Talleres para personas mayores de 50 años- nos ha permitido arribar a resultados que nos indican que la misma posibilita cambios favorecedores en diversas áreas (salud física, mental, relaciones familiares y sociales) y facilita modificar prejuicios e ideas erróneas acerca del envejecimiento.

Nuestra preocupación desde el inicio fue crear dentro de la Universidad un espacio para los viejos, este espacio ha sido ocupado mayoritariamente por mujeres.

Esta situación y la reiteración de planteos por parte de nuestras alumnas, de situaciones de discriminación sufridas por ellas, nos llevó a implementar talleres sobre género. Asimismo la escasa producción en investigación y teoría acerca de las relaciones de edad y género nos impulsaron a indagar desde esta perspectiva.

Hemos encontrado que entre los estudios interdisciplinarios de género y las investigaciones acerca de la vejez hay convergencias, en el sentido que ambos campos enfatizan la importancia de la discriminación y la estereotipia de las representaciones colectivas, en la producción de malestares específicos observables en los actores sociales que constituyen sus respectivos objetos de estudio (Meler, 2002)

Entendemos que el término género abarca al conjunto de características, de oportunidades y de expectativas que un grupo social asigna a las personas y que éstas asumen como propio, basándose en sus características biológicas, en su sexo.

“El género de una persona es, esencialmente, una construcción social – no natural que varía de un grupo a otro y de una época a otra. Se construye mediante procesos sociales de comunicación y a través de formas sutiles, durante los procesos de crianza y educación” (GTZ, 1994)

Aunque sexo y género no designan la misma cosa, es común considerarlos idénticos y entender como naturales cuestiones que son producto de la cultura.

Es decir que tanto las características femeninas como masculinas son adquiridas mediante complejos procesos individuales y sociales. Por lo tanto, también es aprendido cómo deben comportarse según su identidad de género y los roles que les toca desempeñar.

De esta manera, consideramos que los roles de género y la jerarquía de poder que consagra la discriminación de la mujer son transformables.

Sostenemos que la cultura actúa como un poderoso instrumento que va modelando la personalidad de los sujetos, sus formas de comportamiento, sus maneras de razonar y sus escalas de valores.

Es así que, tanto niñas como niños van internalizando mediante el proceso de identificación iniciado en la familia, formas de actuar, sentir y valorar con lo que socialmente se consideran atributos de la feminidad y de la masculinidad y a los que se les atribuye distinto valor.

Sobre esta base, se estructuran estereotipos que constituyen modelos aceptados socialmente y que son expresiones directas de valores y creencias culturales.



OBJETIVO

El objetivo de este trabajo es identificar la presencia de prejuicios o modelos esteriotipados de género en adultos mayores y las posibles diferencias según los años de asistencia a los Cursos/Talleres y/o el acceso a información sobre la temática.

Nuestra hipótesis es que el conocimiento y las prácticas sociales, basadas fundamentalmente en la no discriminación, la evitación de las generalizaciones con la consiguiente revalorización del “caso por caso”, es decir la particularidad de cada sujeto y la posibilidad de elegir desde el propio deseo, pueden incidir sobre ellos permitiéndoles visualizar situaciones que son culturales y han sido naturalizadas.

Metodología

Se ha trabajado con 70 alumnos, de los cuales un 60% ingresa en el 2004 y un 40% lleva varios años en el programa.

Se ha aplicado una encuesta con una serie de 20 enunciados que procuran indagar sobre los mandatos diferenciales para varones y mujeres. Para visualizar el grado de acatamiento a los mismos, se les brindó 3 posibilidades de respuesta: de acuerdo; en desacuerdo y relativo.

Hemos dividido la muestra en dos grupos:



Grupo I: N = 30, que llevan varios años en el programa y/o han tenido acceso a la temática de género.

Grupo II: N = 40, que recién ingresan al programa.

Se han trabajado principalmente los ítems que:

Destacan diferencias entre ambos grupos;

Donde aparecen debilitados los estereotipos en ambos grupos, y

Los específicos de vejez y género.

Interpretación de los resultados

Analizaremos en primer lugar los ítems donde se presentan diferencias entre ambos grupos.

El ítem 7 afirma que “la naturaleza biológica hace a las mujeres más capaces que a los varones para el cuidado de los hijos”; en tanto el 20 enuncia que: “las características biológicas hacen a la mujer más apta para las tareas dentro de la casa”.

Las respuestas obtenidas marcan una clara diferencia entre los grupos, siendo significativamente superior los acuerdos en el Grupo II: 33 al ítem 7 y 31 al ítem 20.

Indudablemente estas frecuencias religan a la mujer a lo biológico y de esa manera naturalizan la división del trabajo no pudiendo percibir que estas tareas están a su cargo por razones estrictamente culturales.

Esto está directamente relacionado con el mito mujer = madre que recurre a la ilusión de naturalidad y de esa manera adscribe la maternidad a un fenómeno de la naturaleza por la anidación interna, mamas y la noción de instinto materno, como creencia colectiva que gracias a él toda madre será guiada para encontrar las conductas adecuadas que le permitirán resolver todas las cuestiones planteadas por la crianza de los hijos.

Esta capacidad de reproducción –que no podemos considerar exclusivamente biológica- se usa para mantenerla ceñida no solo a la crianza de los hijos sino también a las tareas del hogar. Esto constituye un hito ideológico que no responde a leyes naturales, sino a una distribución del trabajo y de los roles reglamentados históricamente por el varón.

Estos son conceptos que han sido ampliamente trabajados en los Cursos/Taller tanto de Desarrollo Humano como en los de Género.

El empoderarse de conocimientos teóricos les permite –a algunos- correrse del lugar para el que han sido educados y rebelarse frente a paradigmas patriarcales.

Esto parece reflejarse efectivamente en la alta frecuencia de desacuerdos para éstos ítems en el Grupo I ( 17 para el ítem 7 y 20 para el ítem 20).

El ítem 1 en el que se consigna que: “la mayor responsabilidad económica del hogar debe recaer en el hombre”, también marca diferencias entre ambos grupos, ya que en el Grupo I se registran 5 acuerdos, y en el Grupo II 22. Es decir, que para los alumnos ingresantes al programa es aun muy fuerte el deber del hombre como proveedor que remite a la rígida división del trabajo y de roles de la sociedad tradicional. Esto indica para el hombre el espacio público, el rol instrumental y para la mujer el espacio privado y el área de los afectos y la expresión de sentimientos.

El ítem 19 afirma que: “un hombre se siente realmente hombre cuando ha alcanzado independencia económica y capacidad sexual”

Las diferencias entre ambos grupos se traducen en las siguientes frecuencias: para el Grupo I 3 acuerdos y para el II, 30. Esto nos indica que para estos últimos, persisten algunos mitos en los que se sustenta la socialización masculina. J. Corsi sostiene que entre las creencias, la sexualidad es el principal medio para probar la masculinidad y que la autoestima del varón se basa en los logros obtenidos en el ámbito económico y laboral.

En el grupo I los 15 desacuerdos y los 12 relativos nos indican que este mito parece haber sido sensible a los temas analizados en los grupos de clase, donde tanto las mujeres, como los varones pueden discutir y escuchar otras posibilidades para la masculinidad, más allá de la sexualidad y lo laboral.



Donde se debilitan los estereotipos en ambos grupos

En los ítems que se refieren a formas de crianza: “no es bueno enseñar a los hijos varones las tareas domésticas porque se pueden generar inclinaciones femeninas en sus comportamientos futuros” (ítem 15) y “las niñas que no sean entrenadas en labores domésticas no podrán realizarse como mujeres” (ítem 17); las respuestas a estas afirmaciones tiene un alto número de desacuerdos (Grupo I y II 55 y 56 respectivamente) que sumados a los relativos (12 y 10) dejan a los acuerdos en un lugar no significativo.

En estos grupos las preguntas acerca de la identidad sexual y su diversidad (gay-transexual-travesti-lesbiana) suele ser reiterada requiriendo información, por esto, quizás, no parece ser asociada a la posible influencia del ejercicio de las tareas domésticas, tradicionalmente privativas de lo femenino.

Respecto a la enseñanza de las niñas, este grupo etáreo ya recibió de sus propias madres y/o ellas o ellos transmitieron a sus hijas la necesidad del estudio para trascender del ámbito de lo doméstico.

Esto ha sido vivenciado en la cotidianeidad, donde la inclusión de la mujer en el trabajo ha implicado a todo el grupo familiar en lo doméstico.

Respecto a la afirmación del ítem 4 “el trabajo doméstico debe tener reconocimiento económico y social” en ambos grupos el acuerdo es casi total (59 + 7 relativos).

Cabe señalar que este es un tema que ha tenido frecuente difusión a través de los medios a partir de iniciativas políticas de otorgar jubilación a las amas de casa. Esta postura ha estado basada en considerarlo trabajo, ya que es una tarea que se ocupa de la transformación final de bienes para el consumo. Se tiene en cuenta, además, que en la medida que las mujeres ponen en marcha dentro de sus hogares esta fuerza de trabajo posibilitan y mantienen la fuerza de trabajo del varón que sale al mundo público a ganar su salario.

Los sujetos de la muestra parecen darse cuenta que la remuneración o no de estas tareas se enmarcaría dentro del respeto que se deben entre sí los seres humanos y que ya no sirven las explicaciones de antaño de que estas ocupaciones son realizadas simplemente por amor.

Nuestros alumnos adultos mayores son permeables a lo difundido por los medios que como es sabido, transforma las representaciones sociales y han posibilitado que el trabajo del ama de casa deje de ser invisible.

El ítem 8 “en el varón debe prevalecer la fortaleza, la racionalidad, la seguridad y la agresividad” recibe un gran número de desacuerdos: 24 en el Grupo I y 27 en el II; siendo menos significativos los acuerdos y los relativos.

El estereotipo tradicional de masculinidad impone a los hombres sacrificios con el propósito de no contener ningún sesgo de feminidad . Según Badinter, la feminidad aparece como natural, mientras que la masculinidad se adquiere “pagándola muy caro”. Una de las características rechazadas –consignada en observaciones- fue la agresividad, que sin duda ha provocado sufrimiento no sólo a las mujeres sino también a los varones.

Seguridad y fuerza son cualidades que se tambalean en la vejez en donde caen los imaginarios haciéndose más presentes los límites.



Con respecto a la relación entre vejez y género, se formularon 3 afirmaciones:

“La función esencial de las adultas mayores es ocuparse de sus nietos” (ítem 3), recibió 21 desacuerdo en el Grupo I y 25 en el Grupo II, las restantes frecuencias se agruparon en relativo.

Esto nos está indicando, en algún punto, una ruptura con el prejuicio mencionado. Para interpretar este dato debemos tener en cuenta por un lado las características de la muestra de viejos que asisten a los Cursos/Talleres, que ven en esa participación un nuevo modo de reinsertarse en la sociedad, limitando el “ser para el otro” y buscando otros proyectos para la mujer que envejece, proyectos que no sólo tienen que ver con el ámbito privado.

El porcentaje de relativo es un indicador de la libertad de elección y de la aceptación de las contingencias. Poder aceptar que para algunas podrá ser lo esencial y para otros no, es aceptar las diferencias y la imposibilidad de respuestas que abarquen un todo.

En el ítem 6 “No es correcto que las mujeres formen nuevas parejas en la tercera edad”, los desacuerdo, son 19 para el Grupo I y 24 para el II; el resto de las frecuencias se agrupan en la categoría relativo.

Más allá de que en los hechos se dé la búsqueda de un nueva pareja, desde el discurso está el rechazo a esta afirmación con un sesgo “moralista” (“no es correcto”). De alguna forma se rompe con los “mitos esperables”, ligados a la edad.

Sabemos que, sobre todo, las adultas mayores han sufrido mayor discriminación sexual y han tenido que superar el no ser objeto de deseo por parte de los demás. Parece revalorizarse la propia elección y el no considerar a la viudez o el divorcio como una retirada de la vida.

Estas posibilidades de autorrealización indudablemente son características de esta muestra que ha buscado, para transitar su vejez, ámbitos y actividades que no han estado cultural y socialmente previstas para ellas.

El ítem 11: “Al llegar a la vejez en las mujeres desaparece el deseo sexual”, registra en los 2 Grupos 33 desacuerdos y 32 respuestas relativas. Si bien en el Grupo II, hay dos acuerdos y tres no responden al ítem.

Sabemos que uno de los prejuicios más fuertes sobre los viejos es que son asexuados; y en mayor medida aún se desestima el erotismo de las mujeres. Los sujetos de esta muestra en general no acuerdan con esto o por lo menos la afirmación expresada en el ítem es puesta en duda.

Estas temáticas son ampliamente desarrolladas, discutidas, debatidas y objeto de preguntas por parte de los alumnos. Se transmiten las concepciones freudianas acerca de la libido, de la sexualidad y su diferencia con la genitalidad, se rescata la indestructibilidad del deseo y la persistencia de la pulsión desde el nacimiento hasta la muerte. Llevados a reprimir lo sexual, ahora les es posible comenzar a aceptar que se puede disfrutar a cualquier edad, sin temor a ser considerados “viejos verdes” o “viejas locas”, y que el deseo sexual presente en ambos géneros puede mostrarse sin vergüenza.

Consideraciones finales

Rescatamos la relevancia de las respuestas relativo en ambos grupos. Esto estaría contradiciendo uno de los prejuicios más frecuentes hacia los viejos: la rigidez. En estas respuestas pareciera evidenciarse un rescate de la subjetividad, es decir, la particularidad de cada persona impidiendo conceptualizaciones generalizadoras como “todos los mayores” creen, hacen o desean tal cosa.

En relación a esto podemos decir también, que la vejez es propicia para que la armadura de la identidad se resquebraje, desaparezca la completud imaginaria, caigan las certezas y se impongan espacios de reflexión y duda.

Es de destacar que en los items que se refieren a las relaciones específicas entre vejez y género, las respuestas se acumulan en desacuerdo y relativizando los estereotipos propuestos, en los que se alude directamente a las adultas mayores.

No podemos dejar de tener en cuenta que esta muestra está conformada en su mayoría por mujeres. Mujeres que se encuentran en transición. Los mandatos recibidos no les sirven ya que en estos tiempos de cambio han perdido vigencia.

Cambios a los que se han ido acomodando en mayor medida las mujeres. El visibilizar sus carencias y necesidades de actualización o incorporación de conocimientos, las ha llevado ha buscar lugares –en este caso la Universidad- en donde pueden reinsertarse de un modo activo, convirtiéndose ellas mismas en fuentes de innovación.

Parecería que en la hiancia entre el modelo materno absolutamente patriarcal y el de esta generación de la muestra quedaron resquicios no sometidos a la opresión y por los que se les ha permitido –a algunas- la salida a otra posición. Es así que observamos en muchas de nuestras alumnas que están recuperando la autonomía personal y rechazando lugares de desprestigio.

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  1. Docente-Investigador Responsable de Psicología del Desarrollo y Director del Proyecto de Investigación sobre Vejez en la Universidad Nacional de San Luis (Argentina) dlentini@unsl.edu.ar

  2. Docente-Investigadora Responsable de Psicología Evolutiva e Integrante del Equipo de Investigación sobre Vejez en la Universidad Nacional de San Luis (Argentina) amscipio@unsl.edu.ar

  3. Integrante del Equipo de Investigación sobre Vejez en la Universidad Nacional de San Luis (Argentina)

  4. Integrante del Equipo de Investigación sobre Vejez en la Universidad Nacional de San Luis (Argentina




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