La protección de la dependencia



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  1. Las consecuencias del envejecimiento.

Como reiteradamente se ha apuntado ya con anterioridad, aunque es un error identificar pura y simplemente dependencia con mayor edad, lo cierto es que el envejecimiento de la población tiene una fuerte incidencia en el tratamiento de la dependencia, tanto por el incremento cuantitativo que representa, como por haber traído a primer plano de la atención social estas situaciones. De ahí que al hacer una aproximación al tema de la dependencia no pueda prescindirse de una evaluación de la evolución demográfica.


La población española envejece, dentro de un contexto de envejecimiento de la población de Europa, en la que -dentro del marco de la Unión Europea, su población con 65 o más años pasará de representar el 16,2% al 20,6% del total de la población.


Tasa de la población de 65 y más en relación con el total

País

2000

2020

Alemania

16,1

21,7

Austria

15,4

19,9

Bélgica

16,7

19,8

Dinamarca

14,7

18,6

España

17,0

19,8

Finlandia

14,9

23,1

Francia

15,9

20,6

Grecia

17,1

20,6

Irlanda

11,2

14,5

Italia

18,0

23,2

Luxemburgo

14,6

17,9

Países Bajos

13,6

18,9

Portugal

15,3

17,9

Reino Unido

15,6

18,9

Suecia

17,3

22,1

Total UE

16,2

20,6

Estas tasas se reflejan en valores absolutos, de acuerdo con los datos de la Comisión Europea, que se reflejan en el cuadro siguiente:




Evolución de la población de 65 y más años (millones de personas)

País

2000

2020

2050

Increm. % 2000-2050

Alemania

13,6

18,3

21,6

58,9

Austria

1,3

1,7

2,3

76,9

Bélgica

1,7

2,2

2,7

58,8

Dinamarca

0,8

1,1

1,2

50

España

6,6

8,0

11,6

75,7

Finlandia

0,8

1,2

1,3

62,5

Francia

9,4

13,9

16,6

76,6

Grecia

1,8

2,2

3,1

72,2

Irlanda

0,4

0,6

1,1

175,1

Italia

10,3

13,2

16,1

56,3

Luxemburgo

0,1

0,1

0,1

--

Países Bajos

2,2

3,3

4,3

95,4

Portugal

1,5

2,0

2,9

93,3

Reino Unido

9,3

11,7

15,4

65,6

Suecia

1,5

2,0

2,3

53,3

Total UE

61,3

80,6

102,7

67,5

Las mayores necesidades de las personas dependientes (lo sea en razón de la propia discapacidad o por la mayor edad) vienen a coincidir en el tiempo con la crisis del modelo de cuidados informales a través de la familia, que tiene su origen tanto en los cambios en las estructuras familiares como en la progresiva, y deseable, incorporación de la mujer al mundo del trabajo, lo cual acarrea mayores demandas de cuidados formales o institucionales. Por una parte, existe el objetivo de incrementar la tasa de actividad, sobre todo de las mujeres, dentro de las recomendaciones aprobadas por el Consejo Europeo; pero, de otro, esa mayor participación laboral de la población va a incidir, de forma importante, en la continuación de los cuidadores informales.


Las personas en situación de dependencia (lo sean en razón de la edad o por causa de discapacidad) necesitan de actuaciones especiales que su propia familia, en la mayoría de los casos, no les puede facilitar, y sus pensiones, de disponer de ellas, tampoco son de una cuantía tal que puedan hacer frente a los costes que genera esa nueva situación. Tampoco parece socialmente asumible que los últimos años de vida de las personas mayores se conviertan en una auténtica ruina económica para ellos mismos y para sus familiares, si es que los tienen, o la situación se convierta en un motivo más de abandono familiar y rechazo social. No hacer nada es desde luego condenar a muchas personas en situación de dependencia, ya sea por su discapacidad o por su edad, a una situación de tremenda injusticia social y a desarrollar sus vidas de forma penosa y financieramente ruinosa.
Frente a esta situación, se intenta poner remedio a través de los mecanismos de lucha contra la dependencia. Existe un cierto confusionismo sobre el concepto de dependencia, como si se tratase de una situación nueva, cuando lo cierto es que el riesgo de la dependencia ha existido siempre, aunque en la actualidad el fenómeno se exterioriza de forma diferente y existe una percepción distinta a la de hace algunos años por parte de la sociedad acerca de cómo y quienes han de proteger ese riesgo. Como se ha indicado, en la Recomendación (98) 9 del Comité de Ministros del Consejo de Europa se define la dependencia como un estado en el que las personas, debido a la falta o a la pérdida de autonomía física, psicológica o mental, necesitan algún tipo de ayuda y asistencia para desarrollar las actividades diarias. Lo que antes eran ayudas dispersas (prestaciones económicas de la Seguridad Social por gran invalidez, residencias públicas de ancianos con escasos recursos, ayuda a domicilio, etc.) y subsidiarias del cuidado familiar, hoy se reclama que se reconozcan también de responsabilidad pública y para toda la población dependiente. De ahí, por ejemplo, el planteamiento de reconocer la dependencia como una nueva rama protectora, del que también en España, aunque con cierto retraso respecto de otros países de la Unión Europea, se efectúan las correspondientes propuestas.
Esta situación se pone de relieve, de igual modo, en España, ya que, como resultado del incremento de la esperanza de vida, que es ya de 74 años en los varones y de 82 en las mujeres, la población mayor española ha experimentado un crecimiento muy considerable en las últimas décadas. El número de personas mayores de 65 años se ha duplicado en los treinta años que median entre 1970 y 2000, pasando de 3.290.000 personas (un 9,7 por ciento de la población total) a más de 6.620.000 (16,8 por ciento de la población total). El número de personas mayores de 85 años ha crecido a una velocidad todavía mayor, multiplicándose por 3,5 en las tres últimas décadas, en las que ha pasado de 180.000 en 1970 a casi 650.000 a finales del año 2000.
Evolución de la esperanza de vida en España. (1970-2020)


Año

Varones

Mujeres

Diferencia

1970

69,6

75,1

5,5

1980

72,5

78,6

6,1

1990

73,4

80,5

7,1

2000

74,1

81,9

7,8

2010

75,3

83,0

7,7

2020

76,0

83,7

7,7


Nota: Los datos referidos a 2000, 2010 y 2020 son proyecciones.
Fuente: Elaboración a partir de IMSERSO: “Las personas mayores en España. Informe 2000”. Madrid. 2001.

Crecimiento de la población mayor en España. (1970-2001) (en miles)


Año

Población total

De 65 años y más

Ratio

1970

34.041

3.291

9,7%

1981

37.683

4.237

11,2%

1991

38.872

5.352

13,8%

2001

39.366

6.679

17,0%



Fuente: Elaboración propia a partir de los Censos de Población de 1970, 1981 y 1991, y FERNANDEZ CORDON, J. A. “Proyecciones de Población Española” (Hipótesis A). Madrid. FEDEA. Documento de Trabajo 98-11. 1998.

De acuerdo con todas las proyecciones demográficas, este fenómeno del envejecimiento va a continuar en los próximos años, en los que la población mayor seguirá incrementándose a la vez que disminuirá la proporción de personas en edades jóvenes, como se refleja en el cuadro siguiente.


Estructura proyectada de la población por grupos de edad. (2001-2026)


Años

Menos de
15 años


%

15/64 años

%

65 años
y más


%

Ratio de dependencia

2001

5.762.516

14,6

26.924.570

68,4

6.678.746

17,0

24,8

2006

5.741.654

14,5

26.946.058

68,0

6.923.437

17,5

25,7

2011

5.992.762

14,9

26.918.750

67,1

7.223.049

18,0

26,8

2016

6.256.775

15,4

26.868.573

65,9

7.618.546

18,7

28,4

2021

6.220.539

15,1

26.965.016

65.4

8.039.945

19.5

29,8

2026

6.023.968

14,4

26.930.976

64,6

8.762.884

21,0

32,5


Fuente: Elaboración propia a partir de FERNÁNDEZ CORDÓN, J. A.: “Proyecciones de Población Española. (Hipótesis A). Madrid. FEDEA. Documento de Trabajo 98-11, 1998.

En consecuencia, se va a producir un envejecimiento importante de la población española, que se traducirá en un incremento de la ratio de dependencia (porcentaje que supone la población de 65 y más años respecto de la de 15 a 64 años) de casi 8 puntos (pasando de 24,8 a 32,5) conforme a una hipótesis moderada, que prevé una pequeña recuperación de la tasa de fecundidad y un incremento constante de la inmigración.


La comparación de las pirámides de la población española en los años 2001 y 2026, construidas de acuerdo con las proyecciones anteriores, muestra con meridiana claridad la dimensión de este proceso de envejecimiento demográfico, que está transformando de forma sustancial la estructura de la población española.
El envejecimiento de la población va a verse incrementado por la aparición del fenómeno llamado “envejecimiento del envejecimiento”, es decir, el que afecta a la población de más edad (por lo general, por encima de los 80 u 85 años), el cual va a experimentar un aumento, a un ritmo muy superior al que tendrá el segmento de personas con 65 o más años. A causa de este hecho (que ya está presente en la sociedad española, pero que se agravará en el futuro), el grupo de las personas de 80 y más años se ha triplicado en los últimos 30 años (los transcurridos entre 1971 y 2000), pasando de medio millón a más de 1,1 millones de personas: las previsiones demográficas apuntan a que dicho grupo superará los 2,25 millones en el año 2016, lo que significa que, para la fecha señalada, el 5,6 por 100 de los españoles tendrán más de 80 años. A su vez, las personas mayores de 85 años, que en la actualidad unos son 650.000, alcanzarán el millón cien mil personas en 2021.

Evolución de la población de 65 y más años, por grupos de edad (2001-2026), en miles.



Año

65 a 74
años

Porcentajes sobre:

75 a 84
años

Porcentajes sobre:

85 años
y más

Porcentajes sobre:

Población
Total

Mayores
de 65

Población
Total

Mayores
de 65

Población
Total

Mayores
de 65

2001

3.821

9,7

57,2

2.227

5,7

33,3

631

1,6

9,4

2006

3.625

9,2

52,4

2.588

6,5

37,4

710

1,8

10,3

2011

3.563

8,9

49,3

2.776

6,9

38,4

885

2,2

12,2

2016

3.934

9,7

51,6

2.656

6,5

34,9

1.029

2,5

13,5

2021

4.239

10,3

52,7

2.678

6,5

33,3

1.123

2,7

14,0

2026

4.699

11,3

53,6

2.990

7,2

34,1

1.074

2,6

12,3


Fuente: Elaboración propia a partir de FERNÁNDEZ CORDÓN, J. A.: ”Proyecciones de Población Española". (Hipótesis A). Madrid. FEDEA. Documento de Trabajo 98-111. 1998.

La evolución de la población mayor en los próximos años está condicionada por la historia demográfica española. Como se refleja en la tabla siguiente, la caída de la natalidad que se produjo en España en los años que siguieron a 1936, especialmente en el quinquenio 1936-40, tiene su lógica influencia en el número de personas que se incorporan a la población mayor sesenta y cinco años más tarde, es decir, a partir del año 2001. Como resultado de la llegada a la edad de jubilación de generaciones menos numerosas, se producirá, en la primera década del siglo XXI, una apreciable disminución del ritmo de crecimiento de la población mayor en su conjunto, que aliviará la presión que, en los últimos años, ha venido ejerciendo el crecimiento continuado de la población mayor sobre los sistemas de pensiones. Desde esta perspectiva, la primera década del siglo XXI podría significar una especie de “tregua demográfica” para nuestro sistema de Bienestar Social.



Crecimiento de la población mayor por quinquenios (2001-2026)


Grupos de edad

2001-06

2006-11

2011-16

2016-21

2021-26

65-69

-259.279

163.137

207.852

107.460

353.628

70-74

63.594

-225.635

163.009

197.828

106.659

75-79

137.672

68.035

-182.768

154.348

177.906

80-84

223.648

119.419

63.264

-132.465

133.695

85-89

48.223

144.023

83.801

45.133

-78.528

90 y +

30.833

30.633

60.339

49.095

29.579

TOTAL

244.691

299.612

395.497

421.399

722.939

65-79

-58.013

5.537

188.093

459.636

638.193

80 y +

302.704

294.075

207.404

-38.237

84.746


Fuente: Elaboración propia a partir de FERNÁNDEZ CORDÓN, J. A.: “Proyecciones de Población Española”. (Hipótesis A). Madrid. FEDEA. Documento de Trabajo 98-11, 1998.

Al tiempo de esa ralentización del crecimiento de la población mayor en su conjunto, se va a producir un incremento muy considerable del número de personas mayores de 80 años (el grupo de población en el que se concentran la mayor parte de las situaciones de dependencia, también denominado como “la cuarta edad”), que aumentará en 600.000 personas en sólo diez años. La pretendida “tregua” no es, pues, más que una ilusión, pues la presión sobre los recursos no va a desaparecer, sino que simplemente se desplazará desde las prestaciones económicas hacia las prestaciones de servicios, y va a exigir un importante esfuerzo inversor para poner al día nuestra insuficiente red de apoyos y asistencias.


A partir de 2011, el crecimiento global de la población mayor volverá a intensificarse, debido a la incorporación de generaciones más numerosas. Ese crecimiento alcanzará una particular intensidad a partir del año 2020, en el que empezarán a incorporarse a la población mayor las primeras generaciones del “baby-boom”, que en España comenzó a producirse a finales de los años cincuenta.

Este intenso proceso de envejecimiento no debe ser considerado en sí mismo como un problema, sino como un nuevo dato del cambio estructural que está experimentando nuestra sociedad y como una oportunidad social que es necesario aprovechar. El envejecimiento de la población constituye una de las transformaciones sociales más importantes producidas en el último tercio del pasado siglo y es la expresión de un gran logro humano, que nos está permitiendo vivir más y vivir mejor. Pero supone, a la vez, un importante reto para nuestra sociedad, pues el incremento del número de personas mayores y, dentro de éstas, el de las personas de edad más avanzada, se traduce en unas necesidades de atención crecientes. Todos los expertos que estudian las consecuencias que, para las sociedades modernas, tiene el fenómeno del envejecimiento coinciden en afirmar que el problema fundamental es cubrir las necesidades de cuidados y atención a las personas en situación de dependencia, cuyo número se está viendo enormemente incrementado como consecuencia del aumento de la población de avanzada edad.




  1. La incidencia de género motivado por el envejecimiento.

La mayor esperanza de vida de las mujeres hace que éstas sean mayoría dentro de la población mayor: de cada 100 personas mayores de 65 años, 58 son mujeres. La preponderancia demográfica femenina es mayor conforme avanza la edad (67 mujeres por cada 100 personas de más de 80 años). No obstante, no se espera que la proporción de mujeres entre la población mayor (aunque sí su número) se incremente en los próximos años.


Sin embargo, de esos datos no se puede extraer la conclusión de que esos años que viven más que los hombres mantengan su calidad de vida, ya que esa mayor longevidad se acompaña de fuerte dependencia y el deterioro de su calidad de vida se produce a una edad más temprana que en los hombres. Los datos existentes sobre auto-percepción del estado de salud confirman que, tanto los varones como las mujeres, perciben un deterioro de su salud conforme aumenta la edad, pero con una diferencia sistemática: a igual edad siempre es mayor entre las mujeres la proporción que considera mala o muy mala su salud.
El género es un importante factor de desigualdad en la vejez, que se refleja en aspectos como el estado de salud, la modalidad de convivencia y el nivel de ingresos. La mayor longevidad de las mujeres, al combinarse con el hecho de que en las parejas predomina una diferencia de edad en favor del hombre, tiene como consecuencia una tasa más alta de viudedad y también tasas más altas de algunas modalidades de convivencia (en solitario y sin cónyuge o pareja). Ocho de cada diez personas mayores que se ven forzadas a vivir solas son mujeres. Por otra parte, el 84% de las familias monoparentales tienen como persona de referencia a mujeres de más de 45 años.
La viudedad supone también una merma importante del nivel de ingresos. Hay que tener en cuenta que muchas de las mujeres mayores no han tenido un trabajado asalariado, por lo que no han generado pensión propia, y al enviudar ven muy mermada la pensión que recibía su cónyuge. Así, la “historia económica” de la mujer es un determinante de los preocupantes niveles de pobreza que aún se dan entre la población mayor femenina.
Junto al estado de salud y el nivel de ingresos, el nivel de instrucción (íntimamente ligado a las condiciones económicas) y de status social es otro determinante del nivel de dependencia, que se agrava según se reducen esos niveles. No estará de más recordar que, por ejemplo, el porcentaje de mujeres analfabetas es algo más del doble que el de varones.



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